Luz del verano sobre la bahía en Vancouver. (Fotografía de Jules Etienne).

miércoles, 31 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LOS ASESINA- TOS DEL ROSARIO, de William X. Kiensle

"Deja un rosario en cada víctima para puntualizar que lo está haciendo durante los días de pentiencia de la cuaresma."

(Fragmento del jueves 31 de marzo)

- Nellie, eso es.Acabo de regresar a la morgue y leí de nuevo algo que escribí antes de la cuaresma. Decía que los católicos acostumbran el ayuno y la abstinencia todos los días de cuaresma. Pero durante los últimos años se supone que sólo deben hacer penitencia el miércoles de ceniza y cada viernes de cuaresma. Eso debe ser. El asesino del rosario ha ejecutado un sacerdote o una monja los miércoles de ceniza y los últimos cuatro viernes. Deja un rosario con cada víctima para puntualizar que lo está haciendo durante los días de penitencia de la cuaresma.

Kane caviló durante unos minutos, su mente exploraba las posibilidades: «De acuer- do, suponiendo que eso tiene sentido... ¿Qué significa?»

- Nellie... si es que estoy en lo cierto, el asesino va a atacar mañana y de nuevo el próximo viernes -Viernes Santo, el último viernes de la cuaresma-. Y entonces dará todo por concluido.

William Xavier Kiensle (Estados Unidos, 1928-2001).

martes, 30 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: EL RECURSO DEL MÉTODO, de Alejo Carpentier

"... negados a trabajar, cantando, con acompañamiento de bandurrias, cuatro o guitarra..."

(Fragmento del quinto capítulo)

Y si raras habían sido las Navidades últimas, más rara fue, aquella vez, la Semana mayor, pues en ella en vez de evocarse la Invención de la Santa Cruz, se asistió, a lo largo y ancho del territorio nacional, a la Invención de la Huelga.

Todo empezó el Miércoles de Ceniza, como quien no dice nada, por el paro insólito de unos braceros en el Ingenio América, que se negaron a aceptar unos vales canjeables por mercancía en el pago de sus jornales. Pronto, el movimiento se extendió a todos los centrales azucareros. Los guardas rurales, los guardias montados, las guarni- ciones provincianas, fueron movilizadas: pero nada podían contra hombres que ni manifestaban, ni alborotaban, que no «alteraban el orden público», sino que permane- cían quietamente en los portales de sus viviendas, negados a trabajar, cantando, con acompañamiento de bandurrias, cuatro o guitarra:

Yo no tumbo caña
que la tumbe el viento
o que la tumben las mujeres
con su movimiento.

Aquella huelga fue ganada.

Alejo Carpentier
(Cubano nacido en Suiza y fallecido en Francia, 1904-1980).

lunes, 29 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: EL ÁNGEL QUE NOS MIRA, de Thomas Wolfe

"Sólo el Bufón de Lear le parecía admirable; un bufón triste, trágico, misterioso."

(Fragmento del capítulo 23)

Leyó todas las obras menos Timón, Tito Andrónico, Pericles, Coriolano y El rey Juan, pero la única que mantuvo su interés desde el principio hasta el fin fue El rey Lear. Muchos famosos pasajes declamatorios le habían sido familiares durante años, gracias a los recitados de Gant, pero ahora le cansaban. Y todos los juegos de palabras de los bufones, que Margaret reía sumisamente y eran exhibidos como muestra del gran ingenio del maestro, sentía vagamente que eran muy obtusos. Nunca confió en el humor de Shakespeare, pues sus graciosos no eran solo bufones pomposos, sino también insulsos.

«Por mi parte preferiría conllevar contigo a cargar contigo; sin embargo, no llevaría ninguna cruz si cargase contigo, pues creo que no llevas dinero en la bolsa.»

Estas cosas le recordaban desagradablemente a los Pentland. Sólo el Bufón de «Lear» le parecía admirable; un bufón triste, trágico, misterioso. En cuanto a los demás, componía parodias que, con maliciosa sonrisa, se decía que harían desternillarse de risa a la posteridad. Tales como: «Sí, tío, y si el martes de carnaval fuese miércoles de ceniza, yo caparía a tu gallo, como dijo Tom O’Ludgate al pastor cuando vio que ya no había velloritas. ¿Ladras con dos gargantas, Cerbero? Siéntate, muchacho, ¡siéntate!».

Thomas Wolfe (Estados Unidos, 1900-1938).

domingo, 28 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: EL OBELISCO NEGRO, de Erich María Remarque

"La más joven de las hijas de Knopf aparece ante nosotros todavía soñolienta..."

(Fragmento del capitulo Fin de la inflación, un marco por un trillón)

- Natural, tal vez, pero no justo. 

-¿Por qué no justo? -le pregunto.

- Es algo muy complicado que no puedo ahora. Estoy demasiado cansado para analizar complejidades psicológicas. Los hombres calvos no deberían pelear. Deberían limitarse a filosofar, como Sócrates.

- Entonces llevarás una vida muy solitaria. Todo indica el advenimiento de un período de trifulca generalizada. Eso se respira en el ambiente.

- No estoy de acuerdo contigo. Una especie de horrible carnaval ha terminado. ¿No vamos, acaso, hacia algo parecido a un miércoles de ceniza general? Una gran pompa de jabón acaba de estallar.

- ¿Y después?

- ¿Después de qué? -me pregunta.

- Alguien soplará otra pompa mucho más grande.

- Tal vez.

Llegamos al jardín. Las cruces parecen grises bajo la luz lechosa del amanecer. La más joven de las hijas de Knopf aparece ante nosotros, todavía somnolienta. Al parecer estaba esperando nuestra llegada.

- Papá me ha dicho que está dispuesto a revenderle la lápida por doce trillones.

- Dígale, nenita, que le daremos por ella ocho marcos. A condición de que se decida antes del mediodía. El dinero va a escasear mucho.

- ¿Cómo? —pregunta Knopf que desde la ventana de su alcoba lo ha oído todo.

- Ocho marcos, Herr Knopf. Y después del mediodía no valdrá más que seis. El dinero, en vez de subir, está desplomándose ahora aparatosamente. Quién lo hubiera creído, ¿eh?

Erich María Remarque (Alemán fallecido en Suiza, 1898-1970).

sábado, 27 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: CANCIÓN PARA MORIR DE AMOR EN TIEMPO DE CARNAVAL, de Louis Aragon

"El miércoles me hacen un signo de la cruz..."

Domingo y
Lunes limpio
París
El domingo lloro que el martes río
Lunes dominó sin polvo de arroz
El amor se perderá en su magia
Martes
Carnaval todos los techos se fríen
Martes
Carnaval
Martes
Martes gris
Por donde vienes
Miércoles de
Ceniza
 
Martes
Miércoles
Mi corazón se pierde
 
El miércoles me hacen un signo de la cruz
Miércoles mentiroso quieres que te crea
Que el amor está en la tierra y ya todo frío
Es mío
Señor y yo soy su presa
La noche será larga y la cama estrecha
El cielo está abierto todo rojo en el lugar
Por donde te iras lejos
El miércoles desciende
 
Martes
Miércoles
Mi corazón se pierde
 
(Dimanche et
Lundi nettoyez
Paris
Dimanche pleurons que mardi je rie
Lundi domino sans poudre de riz
L'amour se perdra dans ta féerie
Mardi
Mardi gras tous les toits sont frits
Mardi
Mardi gras
Mardi
Mardi gris
Par où t'en viens-tu
Mercredi des
Cendres

Mardi
Mercredi
Mon cœur s'y perdit

Mercredi me fait un signe de croix
Mercredi menteur veux-tu que je croie
Qu'Amour est en terre et déjà tout froid
Il est mon
Seigneur et je suis sa proie
La nuit sera longue et le lit étroit
Le ciel est ouvert tout rouge à l'endroit
Par où tu t'en vas
Mercredi descendre
Mardi
Mercredi

Mon cœur s'y perdit)
Louis Aragon (Francia, 1897-1982).
 
(Traducido del francés por Jules Etienne).

viernes, 26 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: CATERVA, de Juan Filloy

"Cenizas de serpentinas y papel picado en el suelo."

(Fragmento)

Miércoles de ceniza.

Iban los cinco en taxi. Rumbo al Parque Sarmiento.

Cruzaban la ciudad en la modorra de la tarde. Calles huecas. De rato en rato una que otra jardinera de reparto. Gargantas y cornetas afónicas. Cenizas de serpentinas y papel picado en el suelo. Cenizas de insomnio en las fisonomías transeúntes. Cenizas de holgorio en el aire. La alegría fugaz había decantado alborozos y arreba- tos dejando un tedio gris de sedimento.

Miércoles de ceniza.

Juan Filloy (Argentina, 1894-2000).

jueves, 25 de marzo de 2021

Venecia: 16 SIGLOS DE HISTORIA


Según la antigua tradición, hoy 25 de marzo de 2021 al mediodía, se celebran 16 siglos de la fecha en que se fundó Venecia. Aclara Abel de Medici en la revista National Geographic: "La realidad es que la creación de la ciudad fue un proceso gradual y resulta difícil dar una fecha precisa para su naciimiento." Aunque más adelante añade que la tradición sitúa el nacimiento de la ciudad cuando tres cónsules de Padua fueron enviados a la laguna Véneta, con el fin de establecer un emplaza- miento seguro para un puerto comercial, y entonces fue que colocaron la primera piedra de la iglesia de San Giacomo del Rialto. Y como bien señala: no todos los días se cumplen 1600 años.

Así pues, podemos concluir que esta fecha corresponde a la tradición y el espíritu de celebrar una de las ciudades más singulares y hermosas del mundo, por encima del rigor histórico de su fundación en el sentido estricto.

En su generoso testimonio personal En esto creo, con un afán más alegórico que descriptivo, Carlos Fuentes asegura "recordar y describir a Venecia como la ciudad donde ninguna huella de pisadas queda sobre la piedra o el agua. En ese lugar de espejismos, no hay cabida para otro fantasma que el tiempo, y sus huellas son insensibles."

Venecia ha sido inspiración y asombro para los artistas -ya sean pintores, músicos o escritores- que han tenido el privilegio de vivir en ella, o padecer el llamado síndrome de Stendhal. Aquí en Mitos y reincidencias ya nos hemos ocupado de Venecia con abundantes referencias a cuya lectura invitamos a los visitantes del blog.

Jules Etienne

La ilustración corresponde a la iglesia de San Giacomo del Rialto en la actualidad.

miércoles, 24 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LA ISLA, de Aldous Huxley


 (Fragmento del capítulo VII)

- ¿Pero sucede?

- En muchos casos, sí.

- ¡Sencillísimo! -Había una nota de ironía en su voz.

- Maravillosamente sencillo -convino ella-. Y sin embargo, por lo que sé, somos las únicas personas que enseñamos sistemáticamente la autodeterminación a sus hijos. Ustedes no hacen más que decirles lo que se supone que deben hacer y dejan las cosas tal como están. Lo único que hacen es ofrecerles disertaciones estimulantes y castigos. Pura y simple idiotez.

- Idiotez pura y sin aditamentos -admitió él, y recordó a Mr. Crabbe, el director de su escuela, hablando sobre el tema de la masturbación; recordó las palizas y los sermo- nes semanales, y el Servicio de Conminación en el Miércoles de Ceniza. "Maldito el que peca con la esposa de su vecino. Amén."

- Si sus niños toman la idiotez en serio, crecen y se convierten en miserables pecadores. Y si no la toman en serio, crecen y se convierten en miserables cínicos. Y si reaccionan del cinismo desdichado, lo más probable es que se conviertan en papistas o marxistas. No es extraño que tengan ustedes esos millares de cárceles e iglesias y células comunistas.

- En tanto que en Pala, supongo, tienen ustedes muy pocas.

Susila meneó la cabeza.

- Aquí no hay ningún Alcatraz -dijo-. No hay un Billy Graham, ni un Mao Tse-tung, ni Madonas de Fátima. No hay infiernos en la tierra, ni pasteles cristianos en el cielo, ni pasteles comunistas en el siglo XXII. Nada más que hombres y mujeres con sus hijos, tratando de aprovechar lo mejor posible ahora y aquí, en lugar de vivir en ninguna otra parte, como lo hace la mayoría de ustedes, en algún otro tiempo, en algún otro universo imaginario de habitación casera. Y en realidad no tienen la culpa. Están casi obligados a vivir como viven, debido a que el presente es tan frustrador. Y es frustrador porque jamás se les ha enseñado a franquear la brecha existente entre la teoría y la práctica, entre sus resoluciones de Año Nuevo y su conducta real.

Aldous Huxley (Inglés fallecido en Estados Unidos, 1894-1963).

(Traducido al español por Floreal Mazía).

martes, 23 de marzo de 2021

MIÉRCOLES DE CENIZA, de José Antonio Ramos Sucre

 "... un mensaje del pasado radiante en el recuerdo de anticuadas músicas."

(Poema en prosa)

Sobresale en el concurso de los fieles ingenuos por la severa majestad que levanta su hermosura decaída. Lucen las galas últimas de la juventud con el doliente esplendor de la tarde, y aridece y blanquea sus cabellos el implacable otoño que arranca las hojas trémulas. Las melancólicas memorias de sus años juveniles sugieren la nostalgia de espléndidos festejos en un castillo señorial abandonado, y a oscurecer de lágrimas sus ojos viene, en el umbral de la vejez, un mensaje del pasado radiante en el recuerdo de anticuadas músicas.

El olvido, inexorable centinela, custodia su ventana, y ya ante ella no sucumben las demandas suplicantes, como olas rumorosas y humildes al pie de una roca inaccesible. Esquiva su alma la mundana agitación, y moderada por el desengaño, vuela como la enlutada golondrina a recogerse en el ambiente místico del templo. Allí queda cautiva de la música que surge y se dilata cual la humareda lenta del incienso, y abomina del siglo entre un rumor de fúnebres latines.

Ocupa su alma el pensamiento de lo que es divino e inmortal desde que tuvo el espejo para su belleza mustia la censura pesimista de la calavera, y viste desde entonces los sombríos colores que simbolizan la desolación de nuestra vida y que son propios para lamentar el estrago irremediable del tiempo. La injuria de los años no oscurece el espejo de sus ojos que alumbran con vivo esplendor, como en virtud de un rito perenne. Ellos prestan a su rostro religiosa gravedad y la exhiben agotada y penitente cual si extenuara su vida el culto de un numen adusto.

Arrepentida de profanos coloquios y ávida de dolores, guarda para la cruz inflexible la confidencia de sus cuitas. Con desear para su frente, por piadosa imitación, la corona de sangrientas espinas ahuyenta el recuerdo de las fiestas. Para expiar las mundanas ilusiones satisface el extremo de la enmienda y eleva sobre el yermo de su vida, para alumbrar el resto de su viaje, el cirio de cadáverica luz.

José Antonio Ramos Sucre (Venezolano fallecido en Suiza, 1890-1930).

lunes, 22 de marzo de 2021

MIÉRCOLES DE CENIZA, de Alfred Lichtenstein

"El cielo está frío y azul. O la luna es amarilla y plana. Un bosque tiene muchos árboles..."

Ayer todavía me volví, empolvado y adicto,
en el mundo de los sonidos multicolores.
Hoy todo se ha ahogado hace mucho tiempo.
Aquí hay una cosa.
Hay una cosa.
Algo se parece a esto.
Algo parece diferente.
Con qué facilidad alguien apaga
toda la tierra floreciente.
El cielo está frío y azul.
O la luna es amarilla y plana.
Un bosque tiene muchos árboles individuales.
No hay nada más por qué llorar.
No hay nada más por qué gritar.
¿Dónde estoy?


Alfred Lichtenstein (Alemán fallecido en Francia, 1889-1914).

domingo, 21 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: SUSANITA Y LA CUARESMA, de Ramón López Velarde

"Porque en las comidas de abstinencia hay platillos de privanza eclesiástica. Lentejas, capirotada..."

(Fragmento)

Ha esparcido el miércoles de ceniza su polvo gris sobre la ciudad. Ni por ser éste el año del Centenario, ha podido sustraerse el municipio a la calma tristona de la Cuaresma. Matracas y ventarones: he aquí todo. Digo mal, muy mal. Porque en las comidas de abstinencia hay platillos de privanza eclesiástica. Lentejas, capirotada, chilaquiles, camarón, torrejas... Y es lo que dice en su sabiduría anticlerical el doctor Barreto: "¿Así entiende la iglesia la templanza?" Para la penetrante observación de mi maestro, el doctor Barreto, la abstinencia de carnes fue establecida no como un remedio contra la gula ni como un sacrificio grato al cielo, sino como una mera práctica de higiene. El alumno que olvide esto ya lleva noventa y nueve probabili- dades de salir reprobado en medicina legal.

Ramón López Velarde (México, 1888-1921).

sábado, 20 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LA MUERTE DEL MAGO, de Géza Csáth

"... murió el miércoles de ceniza, temprano por la mañana."

(Fragmento inicial)

El mago era un hombre con menos de treinta años, cuyo rostro encogido ya era muy triste y arrugado para los niños, de tanto opio, cigarrillos y besos; murió el Miércoles de Ceniza, temprano por la mañana. En un salón de baile o en un banquete, no lo sé. Se sentó en un pequeño reservado, solo y pobre. No cabe duda de que para cuando salga el sol, ya estará rígido, y lo habrás visto bien. Pero él no estaba triste por eso.

Probó, como era de suponerse, todo tipo de hechizos; la última vez, incluso solo, por lo que era mayor el riesgo, pero nada funcionó, y para el amanecer de ese Miércoles de Ceniza, tras el gran fracaso, tuvo que terminar con su vida. Se reclinó sobre dos sillas de la mesa y cerró los ojos.

Su padre, un hombre amable, fuerte y de hombros anchos, llegó primero.

- Te dije que ibas a tener problemas con el opio. Que eso acabaría por arruinarlo todo. Mírame, tengo cincuenta. Viví de otra manera. Muy diferente.

Su madre, una mujer pálida, muerta hace ya mucho tiempo, se cubrió la cara con un pañuelo y sollozó abrazando la cabeza del mago.

- ¿Por qué no quisiste vivir como es debido, hijo? CasarteAhora vas a morir como un perro callejero. Tu esposa habría cerrado tus ojos. Yo, como ves, ya no puedo porque estoy muerta. ¿Dónde están ahora tantas mujeres que te amaban?

- No me gustó ninguna de ellas-, dijo el mago-. De todos modos, lo único que tengo que hacer es morir por las mujeres.

Géza Csáth (Húngaro nacido y fallecido en Serbia, 1887-1919).

viernes, 19 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: EL MILAGRO DEL MIÉRCOLES DE CENIZA, de Yevgueni Zamiatin

"Y luego, una habitación tranquila donde todo es blanco: paredes, puertas..."

(Fragmentos)

El doctor Voïtchek escuchaba. Los dos cuernos leonados de su cabello se agitaron y la sonrisa imperceptible se estrechó.

- Perfecto -dijo-. Veamos. Hoy es lunes. Ven a verme el miércoles. Es mi día en el hospital.

¡Y fue ese miércoles, que resultó ser Miércoles de Ceniza, que sucedió la "Cosa"!... Un pálido día de febrero bajo un cielo invernal. Ventanas celestes, el viento... ¡todo vuela!... Y luego, una habitación tranquila donde todo es blanco: paredes, puertas, asientos, de una blancura un poco angustiosa porque parece fuera de esta vida, donde las cosas son diversas y tumultuosas y donde el blanco se mezcla tan despiadadamente con el negro...

(...)

- Ese es el gran secreto, hijo mío. No te lo revelaré hasta el día que cierre los ojos por toda la eternidad.

Llegó ese día. El destino quiso que cayera en febrero, como el Miércoles de Ceniza de memoria milagrosa. Eran las mismas nubes, el mismo viento y, bajo un cielo invernal, las mismas ventanas de un azul brillante. En la pared, frente al sacerdote, palpitaba una cruz oscura: cruzaba la sombra de la ventana. Con todo su ser tendido hacia esa cruz, con el rostro contraído, el canónigo Simplicio le hizo una señal a Félix:

- Ahora, Félix, nosotros dos... no, no, doctor, no se vaya. Sabe tanto como yo y si es necesario puede confirmarle que las cosas sucedieron como lo digo.


Yevgueni Ivánovich Zamiatin (Ruso fallecido en Francia, 1884-1937).

Es posible la lectura del texto íntegro traducido al francés en La Bibliothèque russe et slave.

jueves, 18 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: ¿QUIÉN ES ULISES?, de Carl Jung


(Fragmento)

Ulises es en Joyce el Dios creador, un verdadero demiurgo, que ha conseguido librarse de la implicación en su mundo, tanto espiritual como físico, y contemplarlo con una consciencia desprendida. Con el hombre Joyce, se comporta Ulises como Fausto con Goethe, o Zaratustra co Nietzsche. Ulises es el más elevado yo que, del ciego barullo universal, retorna al lar divino. Ulises no aparece en todo el libro, el propio libro es Ulises, un microcosmos en Joyce, del mundo del yo y el yo de un mundo hecho uno solo. Ulises sólo puede retornar cuando ha vuelto las espaldas al universo. Aquí reside el fundamento más profundo que hace al espíritu y al mundo, imagen universal del Ulises: el 16 de junio de 1904, un día de la vida cotidiana de todo el mundo, en el que tantos insignificantes seres potenciales han hecho y dicho sin tregua cosas sin principio y sin objeto, en forma fantasmal o ensoñada, irónica, negativa, horrible y diabólica, y, sin embargo, una verdadera imagen del mundo que podría ocasionar una verdadera pesadilla o un humor cósmico de un miércoles de ceniza...

Carl Gustav Jung (Suiza, 1875-1961).

miércoles, 17 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: ULISES, de James Joyce

"Creo que está en Dublín, no sé dónde..."

(Fragmento del capítulo 16: Eumeo)

- Creo que está en Dublín, no sé dónde -contestó Stephen sin darse por aludido- ¿Por qué?

- Un hombre dotado -dijo el señor Bloom sobre el seños Dedalus senior-, en más de un aspecto, y un raconteur de nacimiento como hay pocos. Quizá podría usted volver -arriesgó, aún pensando en la desagradabilísima escena en la estación de Westland Row en que se hizo perfectamente evidente que los otros dos, esto es, Mulligan y aquel amigo suyo, el turista inglés, que acabaron por engañar al tercer compañero, estaban intentando visiblemente, como si la maldita estación entera les perteneciera, dar esquinazo a Stephen en la confusión.

No hubo respuesta consiguiente a la sugerencia, sin embargo, en realidad estando demasiado atareadamente ocupados los ojos de la imaginación de Stephen en pintarse el hogar familiar la última vez que lo vio, con su hermana, Dilly, sentada junto a la lumbre, el pelo caído, esperandp a que se hiciera un cacao flojo de Trinidad que estaba en el puchero manchado de hollín para poderlo tomar con caldo de avena en vez de leche después de los arenques del viernes que habían comido a dos por penique, con un huevo por cabeza para Maggy, Bloody y Katey, mientras que el gato bajo la calandria devoraba una masa de cáscaras de huevo y cabezas chamuscadas de pescado y huesos en un trozo de papel de estraza de acuerdo con el tercer mandamiento de la Iglesia de ayunar o guardar abstinencia en los días de precepto, siendo entonces las témporas o, si no, miércoles de ceniza o algo así.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               James Joyce (Irlandés fallecido en Suiza, 1882-1941).

(Traducido al español por José María Valverde).

martes, 16 de marzo de 2021

MIÉRCOLES DE CENIZA, de Joan Maragall

"También sonríen mis nubes cruzadas por un chorro de poesía."

¡Miércoles de Ceniza, oh tú que extiendes
tus nubes rosadas
sobre la ciudad de mis pensamientos,
igual que en la otra de calles pobladas!
Es en ésta que algún sonriente rayo
del sol de febrero
deja la alegría.
También sonríen mis nubes cruzadas
por un chorro de poesía.

Es como una vuelta eterna al principio,
es la juventud siempre renovada.
De la neblina del mucho pensar
surge una palabra
toda iluminada
con un sentido nuevo: la niebla se deshace,
y el pensamiento toma otra vez fuerza;
un día, esta palabra te tendrá
a ti; también a ti, al verla impresa;
y también a tus ojos atónitos brillará
en ese instante, como recién creada.

Seré yo quien entraré traidoramente
en tu casa, cuando menos lo pienses,
y aguardaré allí, en la penumbra
durante días,
hasta que al verte solo
en tu alcoba, recluido en la tristeza,
sobre ti caeré cual chorro de sol
con mi perenne grito juvenil.
Me meteré en tus ojos, hasta tu corazón.
Mi brillante puñal hasta la entraña
te penetrará, dándote la vida con la muerte.


Joan Maragall (España, 1860-1911).

(Traducido del catalán por José Batlló).

lunes, 15 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: UNA CARTA A CAROLINE (Correspondencia), de Gustave Flaubert


Carta a su sobrina Caroline fechada la noche del lunes 15 al martes 16 de marzo de 1880.*

No quisiera molestar a mi Loulou; ni a mí tampoco. Entonces, esto es lo que debes hacer: mantén tu habitación tal y como está pero tienes que deshacerte del piano (como ya está convenido), de la lámpara colgante en el comedor, la máquina de coser, el cofre y el sofá persa -o por lo menos del cofre-. Podrías poner el sofá persa en la antesala. Haz los arreglos necesarios para que el pasillo quede libre. Por último, quédate sólo con lo que te sea realmente últil para dormir y vestirte, llévate el busto a tu habitación (o déjalo sobre la estantería de la biblioteca)...

En cuanto a tu viaje a Croisset, me parece, querida, que harías bien en venir hasta después de terminar tus obras pictóricas. Sería lo más prudente.

Tengo planeado un almuerzo el día de pascuas, Zola, Goncourt, Daudet y Charpentier han estado esperando esta invitación durante largo tiempo. Jules Lemaitre también debe venir este domingo de Pascua. Me lo prometió en su última visita el miércoles de ceniza. Debo escribirles a estos señores por la mañana una vez que termine esta carta.

En consecuencia, te propongo que vengas un poco después, al final de la otra semana, entre el 5 o el 6 de abril. Ernesto no puede haber llegado a París antes del 20. Infórmate de su llegada, y tú regresarás, para que mi habitación quede libre los primeros días de mayo, no pido más. Este viejo incluso estará feliz de pasar unos días más contigo allí. Tú me llevarás a la exposición. ¿Estamos de acuerdo?

El viejo te abraza muy fuerte.

* Esta carta fue escrita por Flaubert a menos de dos meses de su muerte, el 8 de mayo de 1880.

Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880).

domingo, 14 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: VENUS CATEDRÁTICA (tratado de galantería), de Ciro Bayo


(Fragmento del capítulo XXV)

Antes, el rey corriendo de grupo en grupo, festejando a las damas; ahora recluído en Marly, especie de convento de doradas celdas, feamente hundido en un sillón y a su lado la favorita, rígida, sentenciosa y vestida como una abadesa.

Algo de esta metamorfosis se había operado en Ninón, si bien no en tal extremo. Medio arrepentida, también ella se esforzaba en combatir su invencible inclinación a la voluptuosidad; contándose que a propósito de las palabras que el sacerdote pro- nuncia el primer día de cuaresma al imponer la ceniza en la frente, debía agregarse al Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás: Hay que renunciar a los amores.

Ciro Bayo y Segurola (España, 1859-1939).

La ilustración corresponde a Ninon de L'Enclos, personaje histórico sobre el que gira la obra.

sábado, 13 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LA VÍSPERA DE LA CUARESMA, de Antón Chéjov

"Delante de una mesa manchada de tinta y arañada, se encuentra Stiopa, colegial del segundo grado."

- ¡Pawel Vasilevitch! -grita Pelagia Ivanova, despertando a su marido-. Pawel Vasilevitch, ayuda un poco a Stiopa, que está preparando sus lecciones y llora.  Pawel Vasilevitch, bostezando y haciendo la señal de la cruz delante de la boca, contesta bondadosamente:  
- Ahora mismo, mi alma.
  
El gato, que dormía junto a él, levanta a su vez el rabo, arquea la espina dorsal y cierra los ojos. Todo está tranquilo. Se oye cómo detrás del papel que tapiza las paredes los ratones circulan. Pawel Vasilevitch se calza las botas, viste la bata y, medio dormido aún, pasa de la alcoba al comedor. Al verlo entrar, otro gato, que andaba husmeando una galantina de pescado sita al borde de la ventana, da un salto y se oculta detrás del armario.
  
- ¿Quién te manda oler esto? -dice Pawel Vasilevitch al gato, mientras cubre el pescado con un periódico-. Eres un cochino y no un gato.
  
El comedor comunica directamente con la habitación de los niños.
  
Delante de una mesa manchada de tinta y arañada, se encuentra Stiopa, colegial del segundo grado. Tiene los ojos llorosos. Está sentado; las rodillas levantadas a la altura de la barbilla, y se agita como un muñeco chino, fijos los ojos en su libro de problemas.
  
- ¿Qué? ¿Estudias? -le pregunta Pawel Vasilevitch, sentándose junto a la mesa y bostezando siempre-. Sí, niño, sí, nos hemos dormido, nos hemos hartado de blinnis y mañana ayunaremos, haremos penitencia y luego a trabajar. Todo lo bueno se acaba. ¿Por qué tienes los ojos llorosos? Se ve que, después de los blinnis, el estudiar te coge cuesta arriba. Eso es.
   
- ¿Qué es eso? ¿Te estás burlando del niño? -pregunta Pelagia Ivanova desde el aposento vecino-. Ayúdalo, en vez de mofarte de él. Si no, mañana ganará otro cero.  
- ¿Qué es lo que no comprendes? -añade Pawel Vasilevitch dirigiéndose a Stiopa.  
- La división de los quebrados.  
- ¡Hum! Es extraño. Esto no tiene nada de particular. Coge la regla y léela atentamente. Ella te enseñará lo que has de hacer.  
- La cuestión es saber cómo se debe hacer. Enséñaselo tú mismo.  
- ¿Que te diga cómo? Muy bien; dame tu lápiz. Imagínate que tenemos que dividir siete octavos por dos quintos... ¡Oye; el té! ¿Está listo? Me parece que ya es tiempo de tomarlo... Sigamos la operación. Imaginémonos que no son dos quintos, sino tres quintos. ¿Qué obtendremos?  
- Siete por dieciséis -contesta Stiopa.  
- Es así; perfectamente; pero el caso es que lo hemos hecho al revés. Ahora para corregir... ¡Me has trastornado la cabeza! Cuando yo frecuentaba el colegio, mi maestro, un polaco, me equivocaba cada vez que le daba la lección. Al empezar por explicar un teorema se ponía encarnado, corría por toda la clase como si lo persiguieran, tosía y acababa por llorar. Nosotros, generosos, hacíamos como si no lo comprendiéramos. ¿Qué tiene usted? ¿Le duelen acaso las muelas? -le preguntábamos-. Nuestra clase se componía de muchachos traviesos, sin duda; mas por nada en el mundo hubiéramos pecado de falta de generosidad. Alumnos como tú no los había; todos eran mocetones; por ejemplo, en la tercera clase había uno que se llamaba Mamajin. ¡Qué tronco, Dios mío!; su estatura era de más de dos metros. Sus puñetazos eran temibles. Al caminar hacía temblar el suelo. Pues esto mismo Mamajin... 

Detrás de la puerta resuenan los pasos de Pelagia Ivanova. Pawel Vasilevitch guiña el ojo y dice a Stiopa:
  
- Tu madre viene. Sigamos... De modo que lo has comprendido bien -dice alzando la voz-. Para hacer esta operación se requiere... 
 
Pelagia Ivanova exclama:
  
- El té está listo.
  
Pawel Vasilevitch arroja el libro y van a tomar el té. En el comedor se hallan ya, en torno de la mesa, Pelagia Ivanova, una tía que jamás despegaba los labios, otra tía que es sordomuda, la abuela y la comadrona.
  
El samovar canta y despide ondas de vapor que suben hasta el techo. De la antesala, las colas al aire, llegan los gatos, soñolientos y melancólicos.
  
- Bebe más té -dice Pelagia Ivanova a la comadrona-. Endúlzalo más; mañana es vigilia; hártate.
  
La comadrona toma una cucharadita de dulce, la acerca a sus labios con indecisión, pruébalo y su cara se ilumina.
  
- Muy bueno es este dulce. ¿Lo han hecho en casa?  
- ¡Naturalmente! Todo lo confecciono yo misma. Stiopa, hijito mío, ¿no es demasiado flojo tu té?... ¿Te lo has bebido ya?... Te voy a poner otra tacita.
  
Pawel Vasilevitch, dirigiéndose a Stiopa:
  
- Aquel Mamajin no podía soportar al maestro de francés. «Yo soy de noble estirpe», alegaba Mamajin. «Yo no he de permitir que un francés sea mi superior; nosotros vencimos a los franceses en 1812.» A Mamajin se le propinaban palizas; pero, en general, cuando él veía que lo iban a castigar, saltaba por la ventana y no se le veía más en cinco o seis días. Su madre acudía al director, suplicando que mandara a alguien en busca de su hijo y que lo reventara a palos. «Por Dios, señora, suplicaba el maestro, si hacen falta cinco auxiliares para sujetarlo.»  
- ¡Jesús, qué pillete! -murmura Pelagia Ivanova aterrorizada-. ¡Y qué madre más importuna!  

Todos callan. Stiopa bosteza y contempla en la tetera la figura de chino que ya vio mil veces.

Las dos tías y la comadrona beben el té que vertieron en los platillos. El calor que dan la estufa y el samovar es sofocante. En la fisonomía de todos se revela la pereza de quien tiene el estómago repleto y que, sin embargo, se cree dispuesto a comer todavía. El samovar está vacío; se retiran las tazas; mas la familia continúa en torno de la mesa. Pelagia Ivanova se levanta de cuando en cuando y se encamina a la cocina para entenderse con la cocinera respecto a la cena. Las dos tías permanecen inmóviles y dormitan sin cambiar de postura. La comadrona tiene hipo y a cada momento exclama:
  
- Se diría que apenas he comido y bebido.
  
Pawel Vasilevitch y Stiopa, sentados aparte, ojean un periódico ilustrado de 1878.
  
«El monumento de Leonardo de Vinci, frente a la galería Víctor Manuel» -lee uno de ellos-. Vaya, parece un arco de triunfo. Un caballero y una señora. En perspectiva, hombrecitos.  
- Aquel hombrecito -dice Stiopa- se parece a un colegial.  
- Vuelve la hoja. «La trompa de una mosca vista al microscopio.» Valiente trompa. Valiente mosca. ¿Qué aspecto será el de una chinche vista al microscopio? ¡Qué feo es eso!
  
En el reloj suenan las diez. La cocinera entra y se prosterna a los pies de su amo:
  
- Perdóname, por Dios, Pawel Vasilevitch -dice ella levantándose en seguida.  
- Y tú perdóname también -responde Pawel Vasilevitch con indiferencia.
  
La cocinera pide perdón en la misma forma a todos los presentes, excepto a la comadrona, que ella no considera digna de tal atención. Así transcurre otra media hora en toda calma.  
El periódico ilustrado es relegado encima de un sofá, y Pawel Vasilevitch declama unos versos que aprendió en su niñez. Stiopa lo contempla, escucha sus frases incomprensibles, se frota los ojos y dice:
  
- Tengo sueño, me voy a acostar.  
- ¿Acostarte? No es posible. Si no has comido nada...  
- No tengo hambre.  
- No puede ser -insiste la madre asustada-. Mañana es vigilia... 
 
Pawel Vasilevitch interviene.
  
- Es imposible...; hay que comer. Mañana comienza la Cuaresma...; es necesario que comas.  
- ¡Tengo mucho sueño!  
- En tal caso, a comer en seguida -añade Pawel Vasilevitch con agitación...-. ¡Pronto! ¡A poner la mesa!  

Pelagia Ivanova hace un gran gesto y corre hacia la cocina, como si se hubiese declarado en la misma un incendio.
  
- ¡Pronto! ¡Pronto! Stiopa tiene sueño. ¡Dios mío! Hay que apresurarse.  

A los cinco minutos, la mesa está puesta; los gatos vuelven al comedor con los rabos erguidos, y la familia empieza a cenar. Nadie tiene hambre. Los estómagos están repletos. Sin embargo, hay que comer.
 
Antón ChéjovAnton Pavlovich Chekhov
(Ruso fallecido en Alemania, 1860-1904).

La ilustración corresponde a un detalle del cuadro
Niño y mujer bebiendo té (1880), de Vladimir Makovsky.

viernes, 12 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LA REGENTA, de Leopoldo Alas «Clarín»


(Fragmento del capítulo X)

«Pero no importaba; ella se moría de hastío. Tenía veintisiete años, la juventud huía; veintisiete años jde mujer eran la puerta de la vejez a que ya estaba llamando... y no había gozado una sola vez esas delicias del amor de que hablan todos, que son el asunto de comedias, novelas y hasta de la historia. El amor es lo único que vale la pena de vivir, había ella oído y leído muchas veces. Pero ¿qué amor? ¿dónde estaba ese amor? Ell no lo conocía. Y recordaba entre avergonzada y furiosa que su luna de miel había sido una excitación inútil, una alarma de los sentidos, un sarcasmo en el fondo; sí, sí, ¿para qué ocultárselo a sí misma si a voces se lo estaba diciendo el recuerdo?: la primer noche, al despertar en su lecho de esposa, sintió junto a sí la respiración de un magistrado; le pareció un despropósito y una desfachatez que ya que estaba allí dentro el señor Quintanar, no estuviera con su levita larga de tricot y su pantalón negro de castor; recordaba que las delicias materiales, irremediables, la avergonzaban, y se reían de ella al mismo tiempo que la aturdían: el gozar sin querer junto a aquel hombre le sonaba como la frase del miércoles de ceniza, quia pulvis es! eres polvo, eres materia... pero al mismo tiempo se aclaraba el sentido de todo aquello que había leído en sus mitologías, de lo que había oído a criados y pastores murmurar con malicia... ¡Lo que aquello era y lo que podía haber sido!... Y en aquel presidio de castidad no le quedaba ni el consuelo de ser tenida por mártir y heroína... Recordaba también las palabras de envidia, las miradas de curiosidad de doña Águeda (q. e.p. d.) en los primeros días del matrimonio; recordaba que ella, que jamás decía palabras irrespetuosas a sus tías, había tenido que esforzarse para no gritar: «¡Idiota!» al ver a su tía mirarla así. Y aquello continuaba, aquello se había sufrido en Granada, en Zaragoza, en Granada otra vez y luego en Valladolid. Y ni siquiera la compadecían. Nada de hijos. Don Víctor no era pesado, eso es verdad. Se había cansado pronto de hacer el galán y paulatinamente había pasado al papel de barba que le sentaba mejor. ¡Oh, y lo que es como un padre se había hecho querer, eso sí!; no podía ella acostarse sin un beso de su marido en la frente. Pero llegaba la primavera y ella misma, ella le buscaba los besos en la boca; le remordía la conciencia de no quererle como marido, de no desear sus caricias, y además tenía miedo a los sentidos excitados en vano. De todo aquello resultaba una gran injusticia no sabía de quién, un dolor irremediable que ni siquiera tenía el atractivo de los dolores poéticos; era un dolor vergonzoso, como las enfermedades que ella había visto en Madrid anunciadas en faroles verdes y encarnados. ¿Cómo había de confesar aquello, sobre todo así, como lo pensaba? y otra cosa no era confesarlo.»

Leopoldo Alas «Clarin» (España, 1852-1901).

La ilustración corresponde a la primera página del manuscrito original de la novela.

jueves, 11 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LA CONFESIÓN DE TEÓDULO SABOT, de Guy de Maupassant

"Mataba un cerdo todos los años el miércoles de ceniza para comer carne todos los viernes de Cuaresma..."

 (Párrafos iniciales)

Al entrar Sabot en la taberna del pueblo se alegraba el cotarro. Le reían las gracias antes que abriese la boca. Sus burlas eran de lo más chusco. Y ¡que odio a la clericalla! ¿Transigir con el clero? No, no y no. ¡Comerse crudos a los curipastros! ¡La carne de sacristía es tierna y jugosa!

Teodulio Sabot, carpintero en Martinville, representaba en el pueblo las ideas radica- les más avanzadas. Era un hombre alto, de pocas anchuras, con los ojos grises y malicioso, las labios delgados y el pelo muy lacio, caído sobre la frente. Al oírle decir con tono picaresco: "Nuestro santísimo padre... curda", nadie podía contener la carcajada. Nunca dejaba de trabajar en domingo durante la hora de la misa. Mataba un cerdo todos los años el miércoles de ceniza para comer carne todos los viernes de Cuaresma y toda la Semana Santa, y cuando se cruzaba en la calle con el cura, decía siempre, acentuando la mofa: "Vedle: tan satisfecho porque acaba de tragarse a Dios".

Guy de Maupassant (Francia, 1850-1893).

Miércoles de ceniza: DOS AÑOS EN LAS INDIAS OCCIDENTALES FRANCESAS, de Lafcadio Hearn


(Capítulo II de La Viruela)

... Miércoles de ceniza. A pesar de eso, la última mascarada tendrá lugar esta tarde; el carnaval dura en Martinica un día más que en cualquier otra parte.

Desde la primera semana de enero, en todos los distritos del país se llevan a cabo festejos salvajes cada domingo -bailando en las carreteras al ritmo frenético de los tamtams-, también danzas africanas como nunca se habían visto en St. Pierre. En la ciudad, sin embargo, se nota menos animación que en años anteriores; -la natural alegría de la población ha sido visiblemente afectada por el advenimiento de un terrible y desconocido visitante de la isla, -La viruela: llegó en un barco de vapor desde Colón.

... Era septiembre. Sólo dos casos habían sido reportados cuando todas las colonias británicas vecinas declararon una cuarentela contra La Martinica. Después, otras colonias de las Indias Occidentales hicieron lo mismo. Solamente dos casos de viruela. "Pero habrá unos dos mil dentro de un mes", contestaron los gobernadores ante las indignadas protestas. Entre la población de las Indias Occidentales la enfer- medad tiene un significado casi desconocido en Europa y los Estados Unidos: es una plaga exterminadora.

Lafcadio Hearn: Yakumo Koizumi (Inglés de padre irlandés y madre griega nacido en Grecia, radicado en Estados Unidos y las Indias Occidentales francesas, nacionalizado japonés y fallecido en Japón, 1850-1904).

(Traducido al español por Jules Etienne).

miércoles, 10 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: CENIZA, de Emilia Pardo Bazán

 "... la miraron fríamente y deletreando lo que en su frente se leía, repitieron atónitos: ¡Pecado!"

(Fragmento)

Nati miró a la vidriera que había quedado abierta. Una claridad lívida, azulada y triste hacía amarillear la de los focos eléctricos. Era el amanecer que derramó en las venas de Nati más hielo. Apagó las luces, se envolvió en una bata acolchada y con inmensa fatiga se dejó caer en el ancho diván oriental. Por un instante le pareció que cerraba sus ojos un invencible sueño, pero casi al punto la despabiló una idea: ¡Miércoles de Ceniza! Había escogido la mañana del Miércoles de Ceniza... para su desatinada aventura.

... ¡Miércoles de Ceniza!... El mismo día en que su madre, después de una vida de virtudes y sufrimientos, había entregado el alma; día que se conmemoraba para Nati el más triste aniversario. ¿Cómo no se acordó antes de arreglar la escapatoria? ¿Cómo la imagen del martes de Carnaval borró de su mente el recuerdo del Miércoles de Ceniza?

Saltó Nati del diván, dando diente con diente, pero animada por una resolución: la de expiar, la de hacer penitencia, la de reconciliarse con Dios sin tardanza. Abrió el armario y se calzó ella misma: descolgó un traje, el más sencillo, negro; se echó una matilla, se envolvió en un abrigo... y desandando lo andado, volviendo a recorrer salones y pasillos, bajando la escalera, lanzóse a la calle. Iba como en volandas, impulsada por una sed de purificación parecida al deseo de lavarse que se nota después de un largo viaje, cuando nos encontramos cubiertos de suciedad y de impurezas. ¡La Iglesia! ¡La redentora, la consoladora, la gran piscina de agua clara agitada por el ángel y en que se ssumerge el corazón para salir curado de todos los males y nostalgias! Nati corría pareciéndole que cuanto más se apresuraba más se alejaba de la bienhechora iglesia. Por fin la divisó, cruzó el pórtico, persignándose, tomo agua bendita y se arrodilló delante del altar, donde un sacerdote imponía la ceniza a unos cuantos fieles madrugadores... Nati presentó la frente, oyó el fatídico Memento homo, quia pulvis eris..., y sintió los dedos del sacerdote que tocaban sus sienes, y a la vez un agudo dolor, como si la hubiesen quemado con un ascua... Al mismo tiempo, los devotos, postradoa alrededor, la miraron fríamente y deletreando lo que en su frente se leía escrito, repitieron atónitos: «¡Pecado!»

Alzóse Nati de un brinco, y huyó de la iglesia. Había amanecido del todo; era hermosa la mañanita, y las calles estaban llenas de gente. Nati percibió que se volvían, que la contemplaban con extrañeza, que la señalaban, que se reían, que exclamaban: «¡Pecado! ¡Pecado!»

Emilia Pardo Bazán (España, 1851-1921).

El texto íntegro se puede leer en Ciudad Seva.

martes, 9 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: GUSTAVO VASA, de August Strindberg


(Fragmento del primer acto)

El redoble de tambores ahogados se escucha desde el exterior.

Todos (poniéndose de pie de un salto): ¿Qué es eso?

Monseñor: ¿No conoces el avispón que zumba antes de picar?

Anders: Ese es el mismo tipo de ruido que se escuchaba el miércoles de ceniza en Tuna Gard.

Inghel: No menciones ese baño de sangre, o no podré controlarme. (Apasionadamente) ¡No hables de eso!

Nils: ¡Escúchalo girando, girando como un gato! ¡No, no confíes en él!

El redoble de los tambores se acerca.

August Strindberg (Suecia, 1849-1912)

(Traducido al español por Jules Etienne).

La ilustración corresponde a la pueste en escena de la obra en Suecia por el Malmö Stadsteater en 1970.

lunes, 8 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: EL PRIMO BASILIO, de Eça de Queirós

"La espuma las encantó: miraban las copas, calladas, con un hondo bienestar."

(Fragmento del capítulo V)

Luisa preguntó:

- ¿Quieres champaña?

Lo tenía muy bueno; se lo enviaba a Jorge, un español propietario de unas minas.

Fue ella misma a buscar la botella, le quitó su papel azul y con risitas y sustos hicieron saltar el tapón. La espuma las encantó: miraban las copas, calladas, con un hondo bienestar. Leopoldina se jactó de saber descorchar muy bien el champaña; habló vago de pasadas cenas…

¡El miércoles de Ceniza, hace dos años!

Y muy recostada en la silla, con una cálida sonrisa, las aletas de la nariz dilatadas y las pupilas húmedas, miraba con sensualidad las vivas burbujas que subían, sin cesar, dentro de la fina copa.

Si yo fuese rica, bebería siempre champaña -dijo.

José María Eça de Queirós (Portugués fallecido en Francia, 1845-1900).

(Traducido al español por Elena Losada Soler).