Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
Mostrando las entradas con la etiqueta Lajos Zilahy. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Lajos Zilahy. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de marzo de 2024

Mirándolas dormir: ALGO FLOTA SOBRE EL AGUA, de Lajos Zilahy

"... en una tenue y opaca media luz. Su rostro brillaba sobre la almohada, listada a rayas..."

(
Fragmento inicial del capítulo III)

Yacía tendida en la cama, sobre las almohadas que olían a manzanas y en la penumbra del cuarto, porque las ventanas bajas y el techo con anchos puntales, igualmente bajo, mantenían la estancia en una tenue y opaca media luz.

Su rostro brillaba sobre la almohada, listada a rayas, como una suave mascarilla de yeso.

Así permanecía desde la tarde anterior y todavía no había recobrado el sentido. Pero ya se podía colegir, por el lento movimiento de su pecho, que dormía profunda e inconscientemente. El señor Samson frotó las extremidades de la enferma, la fría espalda, sus senos y su vientre con un líquido fuerte y de punzante olor, y declaró que volvería en sí, recomendando que la dejasen dormir tranquila.

Lajos Zilahy
(Húngaro nacido en Rumania y fallecido en Serbia, 1891-1974).

lunes, 26 de septiembre de 2022

Septiembre: LAS CÁRCELES DEL ALMA, de Lajos Zilahy

"... se escuchaban los lamentos de un tarogato que parecía cantar un adiós al verano."

(Fragmento inicial)

Era un día de septiembre; las siete de la tarde. Desde las colinas de Buda, se oían los lamentos de un tarogato que parecía cantar un adiós al verano.

En la esquina, apoyado en un bastón, un joven escuchaba aquella lejana música, fumando un cigarrillo. Ahora que ya estaba a dos pasos de la casa del doctor que le había invitado a tomar el té, no tenía la menor gana de subir, ni de mezclarse con tantas personas desconocidas a las que no sabría qué decir. Las relaciones que surgen en estas ocasiones sólo sirven para que cuando, dos semanas más tarde, se tropieza con una de ellas en el tranvía, no se sepa qué hacer: ¿debemos saludar o no a esa señora del sombrerito de terciopelo, que ocupa el asiento de enfrente, y a quien sólo entrevimos fugazmente en un té? No saludarla estaría mal, pero saludarla aún peor, pues estos encuentros nos obligan a conversaciones más que embarazosas.

El joven continuaba escuchando la armoniosa melodía del tarogato y le parecía bas- tante más grato pasar aquel delicioso crepúsculo de septiembre paseándose por las tranquilas y silenciosas callejuelas de Buda.

Lajos Zilahy
(Húngaro nacido en Rumania y fallecido en Serbia, 1891-1974).

miércoles, 20 de mayo de 2020

Epidemias: ALGO FLOTA SOBRE EL AGUA, de Lajos Zilahy

"Cuando ocurrió la última epidemia de peste exterminaron a todos los gatos blancos..."

(Fragmento inicial del capítulo XI)

Los buques mercantes venidos de muy lejos no sólo traían a gentes chillonas y mercancías de estilo nuevo, sino que de las entrañas de su casco escapaban, de vez en cuando, ratas que a veces eran causa, en las ciudades ribereñas, de terribles epidemias. Tres años atrás uno de aquellos barcos había importado la disentería, que escogió sus víctimas principalmente entre los niños. Esta vez circularon noticias alarmantes de que acababa de volver la peste, de la que no habían oído hablar hacía quince años. Desde luego, resultaba imposible averiguar qué barco la había traído.

En el patio de La Oca Silvestre se congregó un grupo de personas con los rostros asustados. Un mozo de molino afirmaba que una noche, en las cercanías del mercado de trigo, le había atraído la atención una cosa extraña. Del buque llamado Ramma, que había levado anclas días atrás, había saltado al agua un gato blanco como la nieve, de dimensiones poco corrientes, que nadó hasta la orilla, maulló de un modo extraño y desapareció entre los matorrales.

Hubo quienes asintieron con la cabeza, de manera muy significativa, al escuchar la narración del molinero, pues también en aquella región se prestaba crédito a la superstición, muy divulgada, de que la peste se esconde en los gatos blancos sin mácula. Cuando ocurrió la última epidemia de peste exterminaron a todos los gatos blancos y, efectivamente, el contagio cesó poco después, sin perdonarse, desde entonces, la vida a un solo gato de aquel color.

Lajos Zilahy
(Húngaro nacido en lo que hoy es Rumania y fallecido en Serbia, 1891-1974).