Vancouver: el invierno a plenitud en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne)

jueves, 30 de junio de 2022

Junio: DRÁCULA, de Bram Stoker

"Con manos que temblaban de ansiedad, destrabé las cadenas y corrí los pesados cerrojos. Pero la puerta no se movió."

30 de junio, por la mañana.

Estas pueden ser las últimas palabras que jamás escriba en este diario. Dormí hasta poco antes del amanecer, y al despertar caí de rodillas, pues estoy determinado a que si viene la muerte me encuentre preparado.

Finalmente sentí aquel sutil cambio del aire y supe que la mañana había llegado.

Luego escuché el bienvenido canto del gallo y sentí que estaba a salvo. Con alegre corazón abrí la puerta y corrí escaleras abajo, hacia el corredor. Había visto que la puerta estaba cerrada sin llave, y ahora estaba ante mí la libertad. Con manos que temblaban de ansiedad, destrabé las cadenas y corrí los pesados cerrojos.

Pero la puerta no se movió. La desesperación se apoderó de mí. Tiré repetidamente de la puerta y la empujé hasta que, a pesar de ser muy pesada, se sacudió en sus goznes. Pude ver que tenía pasado el pestillo. Le habían echado llave después de que yo dejé al conde.

Entonces se apoderó de mí un deseo salvaje de obtener la llave a cualquier precio, y ahí mismo determiné escalar la pared y llegar otra vez al cuarto del conde.

Podía matarme, pero la muerte parecía ahora el menor de todos los males. Sin perder tiempo, corrí hasta la ventana del este y me deslicé por la pared, como antes, al cuarto del conde. Estaba vacío, pero eso era lo que yo esperaba. No pude ver la llave por ningún lado, aunque el montón de oro permanecía en su lugar. Pasé por la puerta en la esquina y descendí por la escalinata circular y a lo largo del oscuro pasadizo hasta la vieja capilla. Ya sabía yo muy bien donde encontrar al monstruo que busca- ba.
 
Bram Stoker (Irlanda, 1847-1912).

domingo, 26 de junio de 2022

Junio: NOCHE DE JUNIO, de Víctor Hugo


Muere el día en verano. De sus flores cubierto,
el campo vierte a lo lejos un perfume embriagante.
Con los ojos cerrados y el oído entreabierto,
dormimos en un sueño más claro y fascinante.

Es más grata la sombra y el lucero es más puro.
Una luz imprecisa los espacios colora,
y el alba dulce y pálida, esperando su hora,
vaga toda la noche al pie del cielo oscuro.


Víctor Hugo (Francia, 1802-1885).

(Traducido al español por Andrés Holguín).

viernes, 24 de junio de 2022

Junio: ALLÍ, RUBIO SOFOCO DE LA SIESTA..., de Juan José Domenchina

"Ve, ve desnuda y sola, en estos meses de estío (...) a recordar entre mieses,"

Allí, rubio sofoco de la siesta,
allí, mujer y espiga, entre las mieses,
allí fueron tus glorias y reveses
y la amapola -el grito- de tu fiesta.

Allí supiste todo lo que cuesta
el dejarse vivir -sin que supieses
que pagabas de más, aunque te dieses
de menos- en el curso de una siesta.

Una tarde de junio, como ésta...
Sí, desde allí, donde me aguardas, vieses
de aquel sol tan alto lo que resta...

Ve, ve, desnuda y sola, en estos meses
de estío, y no en la siesta, ve a la puesta
del sol, a recordar entre mieses.


Juan José Domenchina (España, 1898-1959).

martes, 21 de junio de 2022

Solsticio: EL HORIZONTE, de Patrick Modiano

"Nunca había sido tan azul el azul del cielo."

(Fragmento)

Al día siguiente, el hombre le mandó uno de sus poemas antiguos para que viera de lo que era él capaz cuando tenía la edad de Bosmans. Y para que le sirviera de ejercicio de estilo.

No hubo nunca un mes de junio más espléndido
que junio del cuarenta en el solsticio.
Las personas mayores habían perdido la guerra
y tú corrías por el carrascal y te desollabas las rodillas
niño puro y violento
lejos de las aldeanas de las chiquillas viciosas.
Nunca había sido tan azul el azul del cielo.
A lo lejos veías pasar por la carretera
al joven tanquista alemán
con el pelo rubio al sol
hermano tuyo
en infancia.
 
 
Patrick Modiano (Francia, 1945). Obtuvo el premio Nobel en 2014.

martes, 14 de junio de 2022

Junio: CATORCE DE JUNIO, de José Saramago


Cerremos esta puerta.
Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan
Como de sí mismos se desnudarían dioses.
Y nosotros lo somos, aunque humanos.
Es nada lo que nos ha sido dado.
No hablemos pues, sólo suspiremos
Porque el tiempo nos mira.
Alguien habrá creado antes de ti el sol,
Y la luna, y el cometa, el espacio negro,
Las estrellas infinitas.
Ahora juntos, ¿qué haremos? Sea el mundo
Como barco en el mar, o pan en la mesa,
O el rumoroso lecho.
No se alejó el tiempo, no se fue. Asiste y quiere.
Su mirada aguda ya era una pregunta
A la primera palabra que decimos:
Todo.


José Saramago (Portugal, 1922-2010).
(Traducido al español por Pilar del Río).

sábado, 4 de junio de 2022

Junio: SUITE FRANCESA, de Irène Némirovsky

"Se apagaban todas las lámparas, pero bajo aquel dorado y transparente cielo de junio se distinguían todas las calles..."

(Párrafo inicial de la novela)
 
La guerra Caliente, pensaban los parisinos. El aire de primavera. Era la noche en guerra, la alerta. Pero la noche pasaría, la guerra estaba lejos. Los que no dormían, los enfermos encogidos en sus camas, las madres con hijos en el frente, las enamoradas con ojos ajados por las lágrimas, oían el primer jadeo de la sirena. Aún no era más que una honda exhalación, similar al suspiro que sale de un pecho oprimido. En unos instantes, todo el cielo se llenaría de clamores. Llegaban de muy lejos, de los confines del horizonte, sin prisa, se diría. Los que dormían soñaban con el mar que empuja ante sí sus olas y guijarros, con la tormenta que sacude el bosque en marzo, con un rebaño de bueyes que corre pesadamente haciendo temblar la tierra, hasta que al fin el sueño cedía y, abriendo apenas los ojos, murmuraban: «¿Es la alarma?» Más nerviosas, más vivaces, las mujeres ya estaban en pie. Algunas, tras cerrar ventanas y postigos, volvían a acostarse. El día anterior, lunes 3 de junio, por primera vez desde el comienzo de la guerra habían caído bombas sobre París. Sin embargo, la gente seguía tranquila. Las noticias eran malas, pero no se las creían. Tampoco se habrían creído el anuncio de una victoria. «No entendemos nada», decían. Las madres vestían a los niños a la luz de una linterna, alzando en vilo los pesados y tibios cuerpecillos: «Ven, no tengas miedo, no llores.» Es la alerta. Se apagaban todas las lámparas, pero bajo aquel dorado y transparente cielo de junio se distinguían todas las calles, todas las casas. En cuanto al Sena, parecía concentrar todos los resplandores dispersos y reflejarlos centuplicados, como un espejo de muchas facetas. Las ventanas mal camufladas, los tejados que brillaban en la ligera penumbra, los herrajes de las puertas cuyas aristas relucían débilmente, algunos semáforos que, no se sabía por qué, tardaban más en apagarse...
 
 
Irène Némirovsky (Escritora en lengua francesa nacida en Ucrania, 1903-1942)

jueves, 2 de junio de 2022

Junio: DESDE ÁFRICA, de Isak Dinesen

"A la noche siguiente se ven centenares y centenares en los bosques."

Las luciérnagas

Aquí en el altiplano, cuando la temporada de lluvias ha terminado, y en la primera semana de junio las noches comienzan a tornarse frías, aparecen las luciérnagas en los bosques.

En un atardecer se pueden ver dos o tres, estrellas solitarias aventureras flotando en el aire transparente, subiendo y bajando como sobre las olas o como si hicie- ran reverencias. Con el ritmo de su vuelo sus linternas diminutas se encienden o apagan. Se les puede atrapar y dejarlas brillar sobre la palma de la mano, despiden una luz peculiar, un misterioso mensaje que torna la piel verde pálido con un hálito a su alrededor. A la noche siguiente se ven centenares y centenares en los bosques.

Por alguna razón se mantienen a cierta altura, a cuatro o cinco pies de la tierra. Resulta imposible no imaginar a una multitud de chiquillos entre seis y siete años que corren en la oscuridad del bosque sosteniendo velas, varitas portadoras de un fuego mágico, saltando y retozando alegremente mientras giran sus pequeñas antorchas. Entonces los bosques se llenan de una vida salvaje y juguetona, en tanto que todo permanece en un perfecto silencio.

Isak Dinesen: Karen Blixen (Dinamarca, 1885-1962).

miércoles, 1 de junio de 2022

Junio: EL GLOBO FANTASMA, de Rubem Fonseca

"En junio  los cielos se llenaban de globos y junio estaba por llegar..."

(
Fragmento)

Un globo gigantesco, el más grande del mundo, dijo el informante.

¿Dónde?, pregunté.

Todo lo que sé es que ya compraron diez toneladas de papel de seda.

Así son los informantes: oyeron decir, sólo saben la mitad, la mitad que es falsa.

Yo formaba parte de un Grupo especial creado para estudiar y proponer maneras de evitar que los globeros construyeran y soltaran globos, sobre todo durante el mes de junio, en las fiestas dedicadas a San Juan y San Pedro, los santos de los coheteros. Los globos eran ilegales. Al caer incendiaban la vegetación de los parques de la ciudad, instalaciones industriales, residencias particulares. Se habían hecho campa- ñas publicitarias, con la colaboración de los medios, sin resultado.

Yo era el representante de la policía en el Grupo. Los otros miembros eran dos mujeres, una del ayuntamiento y la otra de la agencia federal responsable del medio ambiente. Siempre me gustó trabajar con mujeres. Las dos eran inteligentes y dedicadas. Y también fanáticas de la ecología, para ellas el árbol era la mejor cosa que existía en el mundo. Creían que el problema tenía una solución simple: cárcel para los globeros. En junio los cielos se llenaban de globos y junio estaba por llegar y sabía que mi vida se convertiría en un infierno. Además, por si fuera poco, cometí la imprudencia de contar a mis compañeras del Grupo la historia del globo de diez toneladas de papel de seda. Las dos quedaron indignadas.

Ya me imagino el tamaño de la mecha de un globo como ése.

Está preocupado por el tamaño de la mecha, no por las calamidades que puede causar, dijo Marina. Tienes hombres, armas, la ley, ¿por qué no acabas con esos globeros?

El problema es muy complicado.

Ya oímos esa disculpa antes, dijo Marina.

Y ese globo gigante es sólo un rumor.

Vamos a suponer que no sea sólo un rumor, dijo Fabiana. Encarcelar a los responsables de ese superglobo serviría de ejemplo, tendría un efecto persuasivo.

Los portugueses trajeron el globo a Brasil hace cientos de años. Pero, como ocurre con todas las tradiciones, el tiempo acabará también con ésta. La urbanización…


Rubem Fonseca (Brasil, 1925-2020).