Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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sábado, 6 de abril de 2024

Mirándolas dormir: DADOS, NUDI- LLOS DE GUERRA Y GUITARRA y HERMOSOS Y MALDITOS, de F. Scott Fitzgerald

"... el pelo rubio de la chica se desparramaba sobre la hamaca (...) Dormía con la boca cerrada..."

Dados, nudillos de guerra y guitarra

(Fragmento)

El turista no se queda mucho tiempo. Dirige su coche a su villa isabelina de cartón piedra, a su carnicería normanda y antigua o a su palomar medieval e italiano, porque éste es el siglo XX y las casas victorianas están tan pasadas de moda como las novelas de la señora Humphry Ward.

No puede ver la hamaca desde la carretera, pero algunas veces en la hamaca hay una chica. Aquella tarde había una. Estaba dormida y no parecía darse cuenta de los horrores estéticos que la rodeaban, la estatua de piedra de Diana, por ejemplo, que en el jardín, a la luz del sol, sonreía como una estúpida.

Todo era extraordinariamente amarillo: aquella luz del sol, por ejemplo, era amarilla, y la hamaca era de ese detestable color que sólo poseen las hamacas, y el pelo rubio de la chica se desparramaba sobre la hamaca en una especie de comparación envidiosa.

Dormía con la boca cerrada y las manos unidas bajo la cabeza, como suelen dormir las jóvenes. Su pecho subía y bajaba suavemente, sin mayor énfasis que el balanceo de la hamaca.

Su nombre, Amanthis, estaba tan pasado de moda como la casa donde vivía. Lamen- to decir que sus raíces victorianas se interrumpían tajantemente en este punto.

(Traducido al español por Justo Navarro).

"Anthony encontró a Gloria dormida en una de las camas, con el brazo doblado alrededor de un objeto negro..."

Hermosos y malditos

(Fragmento del capítulo Sentimiento)

- Pero no será... como nuestras dos camas... nunca más. Cada vez que nos marchamos y nos mudamos hay algo que se pierde... algo que dejamos atrás. Nada se repite nunca por completo, y yo he sido tan tuya aquí...

Anthony la estrechó apasionadamente, captando -mucho más allá de cualquier crítica de sus sentimientos- una sabia percepción del momento presente, aunque solo fuera para ceder ante el deseo de llorar... Gloria, la indolente, siempre absorta en sus propios sueños, extrayendo patetismo de las cosas memorables de la vida y de la juventud...

Aquella tarde, horas después, cuando regresó de la estación con los billetes, Anthony encontró a Gloria dormida en una de las camas, con el brazo doblado alrededor de un objeto negro que al principio no fue capaz de identificar. Al acercarse más descubrió que era uno de sus propios zapatos, ni particularmente nuevo ni especialmen- te limpio, pero el rostro de Gloria, manchado de lágrimas, estaba pegado contra él, y Anthony entendió el antiguo y muy honorable mensaje que ella le dirigía. Con un sentimiento casi de embeleso, la despertó y vio cómo Gloria le sonreía con timidez, pero muy consciente de su sutileza imaginativa.

Sin necesidad de hacer una valoración de las ventajas e inconvenientes de estas dos cosas, a Anthony le parecía que se hallaba en algún lugar muy próximo al corazón del amor.
(Traducido al español por José Luis López Muñoz).

Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940).

miércoles, 3 de enero de 2024

Año nuevo: LA PRIMERA HERIDA, de F. Scott Fitzgerald

"El día siguiente a la fiesta de Año Nuevo se puso su nuevo traje de viaje y su nuevo abrigo de pieles..."

(Fragmento)

Para Josephine fue una época difícil. Se dio cuenta de lo cerca que había estado del desastre, y, con respeto incondicional y obediencia absoluta, trató de resarcir a sus padres por los problemas que, sin querer, había causado. En un principio decidió no ir a los bailes de Navidad, pero la convenció de lo contrario su madre: esperaba que su hija se distrajera con los chicos y chicas que volvían de vacaciones a casa. La señora Perry la llevaría al Este a principios de enero, al colegio Breerly, y, comprando ropa y uniformes, madre e hija pasaron muchas horas juntas, y la señora Perry estaba en- cantada con la madurez y el nuevo sentido de la responsabilidad que demostraba Josephine.
 
Y, a decir verdad, la nueva actitud de Josephine era sincera, y sólo una vez Jose- phine hizo algo que no hubiera podido contar en público. El día siguiente a la fiesta de Año Nuevo se puso su nuevo traje de viaje y su nuevo abrigo de pieles, salió de su casa por la acostumbrada puerta trasera y se subió al coche de Ed Bement. En el centro de la ciudad dejó a Ed esperándola en una esquina y entró en la heladería que había frente a la antigua Estación de la Unión, en la calle de LaSalle. Un individuo con un rictus de infelicidad y una mirada de perplejidad y desesperación la estaba esperando.
 
Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940).
 
(Traducido al español por Justo Navarro).

sábado, 23 de octubre de 2021

Venecia: HERMOSOS Y MALDITOS, de F. Scott Fitzgerald

"Las ilusiones románticas podrían volver a posarse en ella: el hechizo romántico de los azules canales de Venecia."

(Fragmento del libro tercero, capítulo III: ¡Da lo mismo!)

Italia; un veredicto favorable significaba Italia. Aquella palabra se había convertido para él en una especie de talismán, en un lugar donde sería posible desprenderse de las intolerables ansiedades de la existencia como si se tratara de un traje viejo. Irían primero a los balnearios y entre multitudes alegres y llenas de colorido olvidarían las grises secuelas de la desesperación. Maravillosamente renovado, Anthony pasearía de nuevo por la Piazza di Spagna al atardecer, entre aquella muchedumbre a la deriva de mujeres morenas, mendigos harapientos y austeros frailes descalzos. El recuerdo de las mujeres italianas le produjo una suave exaltación; cuando su bolsa estuviera otra vez llena, incluso las ilusiones románticas podrían volver a posarse en ella: el hechizo romántico de los azules canales de Venecia, de las doradas colinas verdeantes de Fiésole después de la lluvia, y de las mujeres, mujeres que cambiaban, se disolvían y mezclaban con otras mujeres hasta alejarse de su vida, pero sin perder jamás ni juventud ni belleza.

Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940).

(Traducido al español por José Luis López Muñoz).
La ilustración corresponde a Melodía veneciana, de Eugene von  Blaas (1910).

lunes, 8 de febrero de 2021

Febrero: HERMOSOS Y MALDITOS, de F. Scott Fitzgerald

"Todo el odio gratuito encerrado en el corazón de febrero estaba presente en el desolado y gélido viento..."

(Fragmento del capítulo Magia Negra)

El frío era realmente intenso. Todo el odio gratuito encerrado en el corazón de febrero estaba presente en el desolado y gélido viento que se abría camino a través de Central Park para recorrer luego la Quinta Avenida. Hablar era casi imposible, y el frío logró aturdir a Anthony de tal manera que cuando se volvió a la altura de la calle Sesenta y una, se dio cuenta de que Gloria no caminaba a su lado. Al mirar a su alrededor, la descubrió a cuarenta pies detrás de él, completamente inmóvil, el rostro oculto a medias por el cuello del abrigo de piel, e indignada o quizá divertida: Anthony no era capaz de decidir cuál de las dos cosas. El joven Patch volvió sobre sus pasos.

- ¡No quisiera interrumpir tu paseo! -exclamó ella.

- Lo siento muchísimo -respondió él lleno de confusión-. ¿Iba demasiado deprisa?

- Tengo frío -murmuró Gloria-. Quiero volver a casa. Y es verdad que vas demasiado de prisa.

- Lo siento mucho.

Uno al lado del otro emprendieron el camino de vuelta hacia el Plaza. A Anthony le hubiese gustado ver el rostro de Gloria.

F. Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940).

viernes, 18 de octubre de 2019

Tu boca: A ESTE LADO DEL PARAÍSO, de F. Scott Fitzgerald

"Por favor no te enamores de mi boca (…) Todo el mundo se enamora de mi boca,"

(Fragmento del libro segundo: La educación de un personaje)

Ella: A la mayoría de la gente le gusta como beso.

Él (Recordando): ¡Dios mío, ya lo creo! Bésame otra vez, Rosalind.

Ella: No; mi curiosidad por lo general queda satisfecha con una vez.

Él (Desanimado): ¿Se trata de otra norma?

Ella: Yo fabrico las normas según vienen al caso.

Él: Tú y yo nos parecemos en algo; excepto en que yo tengo mucha más experiencia.

Ella: ¿Qué edad tienes?

Él: Casi veintitrés años. ¿Y tú?

Ella: Diecinueve justos.

Él: Yo supongo que eres el producto de un colegio elegante.

Ella: No, todavía soy materia bruta. Me expulsaron de Spence, y no recuerdo porqué.

Él: ¿Cuál es tu forma natural de ser?

Ella: Oh, soy brillante, egoísta, emocional -si me emocionan-, me encanta ser admirada...

Él (De repente): No quiero enamorarme de ti...

Ella (Levantando las cejas): Nadie te lo ha pedido.

Él (Con la misma frialdad): Pero lo haré probablemente. Me gusta tu boca.

Ella: ¡Buf! Por favor no te enamores de mi boca; enamórate de mi pelo, de mis ojos. de mis hombros, de mis zapatillas, pero no de mi boca. Todo el mundo se enamora de mi boca.

Él: Es muy, bonita.

Ella: Demasiado pequeña.

Él: No es verdad. Vamos a ver.

(La besa de nuevo con la misma intensidad.)

Ella (Conmovida): Di algo dulce.

Él (Asustado): El cielo me asista.

Ella (Retirándose): No lo hagas... si te es tan duro.

Él: ¿Nos engañamos? ¿Tan pronto?

Ella: Nosotros no tenemos la misma idea del tiempo que las otras personas.

Él: Ya están aquí... las otras personas.

Ella: Vamos a engañarnos.

Él: No, no puedo: mis sentimientos...

Ella: ¿No serás sentimental?

Él: No, soy romántico. Una persona sentimental cree siempre que las cosas han de durar; un romántico espera contra toda esperanza. El sentimiento es emocional.

Ella: Y tú, ¿no lo eres? (Con los ojos casi cerrados.) Probablemente tú te halagas creyendo que es una actitud superior.

Él: Está bien, Rosalind, no discutamos; bésame otra vez.

Ella (Muy fría): No, no tengo el menor deseo de besarte ahora.

Él (Manifiestamente desconcertado): Hace un minuto querías besarme.

Ella: Ahora es ahora.

Él: Será mejor que me vaya.

Ella: Creo que sí.

(Él se va hacia la puerta).


Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940).

miércoles, 13 de febrero de 2019

Febrero y Tu boca: A ESTE LADO DEL PARAÍSO, de F. Scott Fitzgerald

"...el silencio muerto; el sonido aún no había despertado. ¡La vida crujía como el hielo! "

(Fragmento del capítulo Tom, el censor)

Las calles de febrero, barridas por el viento de noche, se llenan de extraños charcos casi intermitentes; las paredes..., arruinadas bajo el brillo de la nieve que chapotea bajo los faroles como aceite dorado de una divina máquina en una hora de estrellas y deshielo.

Extraños charcos, llenos de ojos de muchos hombres, saturados de una vida en un momento de calma... Oh, yo era joven, porque podía volver a ti, más finita y más bella, para gustar los sueños apenas recordados, dulces y nuevos en tu boca:

Hubo un murmullo en el aire de la medianoche: el silencio muerto; el sonido aún no había despertado. ¡La vida crujía como el hielo! Una nota brillante, y aparecías tú, radiante y pálida..., e irrumpía la primavera... (Los pequeños carámbanos, en los aleros; y la vacilante ciudad se desvanecía.)

Nuestros pensamientos eran una helada niebla a lo largo de las cornisas; nuestros espectros se besaron allá en lo alto, entre un laberinto de cables; el eco de una risa apagada que sólo deja el vano suspiro de un deseo juvenil; a las cosas que ella amaba siguió una gran pena que sólo dejó su cascara.


Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940). 

viernes, 15 de junio de 2018

Solsticio: EL GRAN GATSBY, de F. Scott Fitzgerald

"... las dos jóvenes señoras nos precedieron en la salida a la terraza..."

El día más largo del año...

- Usted debe conocer a Gatsby.
 
- ¿Gatsby? ¿Cuál Gatsby? -preguntó Daisy.


Antes de que pudiera replicar que era mi vecino anunciaron la comida; metiendo su tenso brazo en forma imperiosa bajo el mío, Tom Buchanan me sacó de la habitación como quien mueve una ficha de damas a otro cuadro.
 
Esbeltas, lánguidas, las manos suavemente posadas sobre las caderas, las dos jóvenes señoras nos precedieron en la salida a la terraza de colores vivos, abierta al ocaso, en donde cuatro velas titilaban sobre la mesa en el viento ya apaciguado.
 
- ¿Y velas por qué? -objetó Daisy, frunciendo el ceño y procediendo a apagarlas con los dedos-.
 
En dos semanas caerá el día más largo del año -nos miró radiante. ¿Esperas siempre el día más largo del año y después se te pasa desapercibido?  Yo siempre espero el día más largo del año y después se me pasa por alto.


Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940).

miércoles, 22 de febrero de 2017

Carnaval: EL PALACIO DE HIELO, de F. Scott Fitzgerald

"Lo están construyendo con los bloques de hielo más transparentes que han encontrado, y es enorme."

(Fragmento)

- Estamos en carnaval, ya sabes: el primero desde hace diez años. Y están levantando un palacio de hielo, el primero desde 1885. Lo están construyendo con los bloques de hielo más transparentes que han encontrado, y es enorme.
 
Sally se levantó, se acercó a la ventana, apartó los pesados cortinones y miró a la calle.
 
- ¡ Ah! -exclamó de repente-. ¡Hay dos niños haciendo un muñeco de nieve! Harry, ¿puedo salir a ayudarles?
 
- ¡Estás soñando! Ven y dame un beso.
 
Se apartó de la ventana a regañadientes.
 
- No creo que este clima sea el mejor para besarse, ¿no te parece? Vaya, que no tienes ninguna gana de quedarte quieto, sin hacer nada, ¿no?
 
- No vamos a quedarnos quietos. Tengo libre la primera semana que vas a pasar aquí, y esta noche vamos a ir a cenar y a bailar.
 
- Ay, Harry -confesó, sentándose a medias en sus piernas y en los cojines-, me siento confundida, de verdad. No tengo la menor idea de si me gustará este sitio, y no sé lo que la gente espera de mí, ni nada de nada. Tienes que ayudarme, querido.
 
- Te ayudaré -dijo con ternura-, si me dices que estás contenta de haber venido.
 
- Claro que estoy contenta, ¡terriblemente contenta! -murmuró Sally, introduciéndose entre sus brazos como ella sólo sabía hacerlo-. Donde tú estás, está mi casa, Harry.
 
 
Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940) 

lunes, 8 de agosto de 2016

Canícula: EL GRAN GATSBY, de F. Scott Fitzgerald

"... los días del sol canicular de la playa. Lentas, las blancas alas del bote se movían contra el azul del firmamento."
 
(Fragmento del capítulo VII)
 
Yo salí con ellos a la terraza. En el verde estuario, estancado por el calor, un botecito de vela se arrastraba con lentitud hacia el mar más fresco. Los ojos de Gatsby lo siguieron por un momento; levantó la mano y señaló hacia el otro lado de la bahía.

- Vivo exactamente al frente de ustedes.

- Eso veo.

Nuestros ojos se elevaron por sobre el rosal y el prado caliente y las basuras llenas de malezas de los días de sol canicular de la playa. Lentas, las blancas alas del bote se movían contra el frío limite azul del firmamento. Más allá se extendía el ondulado océano con su miríada de plácidas islas.

-Ese es un buen deporte -dijo Tom, asintiendo con la cabeza-. Me gustaría estar con él allá una hora.

Almorzamos en el comedor, oscurecido también para contrarrestar el calor, pasando la alegría tensa con cerveza fría.

-¿Qué va a ser de nosotros esta tarde? -exclamó Daisy-, ¿y el día siguiente, y los próximos treinta años?

-No seas morbosa -dijo Jordan-. La vida comienza de nuevo cuando llega la frescura del otoño.


Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940)

lunes, 15 de diciembre de 2014

Páginas ajenas: DOMINGO LOCO, de F. Scott Fitzgerald

 
 (Fragmento del segundo capítulo)

Joel no oía muy bien la canción; se sentía feliz, amigo de toda aquella gente, gente valerosa y trabajadora, superior a una burguesía que les ganaba en ignorancia e inmoralidad, y capaz de conquistar una posición de primera importancia en una nación que durante una década sólo había querido que la entretuvieran. Le gustaba... Le encantaba aquel mundo. Oleadas de buenos sentimientos recorrían a Joel. Cuando el cantante terminó su número y los invitados empezaron a acercarse a la anfitriona para despedirse, Joel tuvo una idea. Podría cantarles Dándole forma, una composición suya. Era su único número para las fiestas, había alegrado más de una y quizá le gustara a Stella Walker. Dominado por aquel deseo, mientras le bullían en la sangre los glóbulos escarlata del exhibicionismo, buscó a Stella.

- Por supuesto —exclamó ella-. ¡Te lo ruego! ¿Necesitas alguna cosa?
 
- Alguien tiene que hacer de secretaria, se supone que le estoy dictando.
 
- Yo seré la secretaria.
 
Cuando llegó la noticia al vestíbulo, los invitados que ya se ponían los abrigos para irse se apresuraron a volver, y Joel se vio frente a las miradas de una multitud de desconocidos. Tuvo un ligero presentimiento, porque se había dado cuenta de que el hombre que acababa de actuar era un famoso artista de la radio. Entonces alguien dijo «Chissss» y Joel se quedó solo con Stella, en el centro de un siniestro semicírculo indio. Stella le sonrió con expectación, y él comenzó. Su parodia se basaba en las limitaciones culturales del señor Dave Silverstein, un productor independiente; se suponía que Silverstein dictaba una carta esbozando el tratamiento de un guión que había comprado.
 
- ...la historia de un divorcio, los generadores más modernos y la Legión Extranjera -oyó que decía su voz, con el acento del señor Silverstein-. Pero tenemos que darle forma, ¿sabe? Una aguda punzada de incertidumbre lo atravesó. Las caras que lo rodeaban a la luz suavemente modulada reflejaban interés y curiosidad, pero no encontró ni la sombra de una sonrisa; exactamente delante de él, el Gran Amante de la pantalla le dedicaba una mirada feroz y tan penetrante como la mirada de una patata. Sólo Stella Walker lo contemplaba con una radiante sonrisa que nunca desfallecía.
 
-Si lo hiciéramos estilo Menjou, conseguiríamos una especie de Michael Arlen pero con ambiente de Honolulú.
 
En las primeras filas no se oía una mosca, pero del fondo llegaba un susurro, un perceptible desplazamiento hacia la izquierda donde estaba la puerta.
 
- ...entonces ella dice que él le atrae, le atrae sexualmente, y él se calienta y dice: «Ah, sí, sí, sigue deshaciéndote...» En algún momento oyó la risa contenida de Nat Keogh y aquí y allá le pareció ver alguna cara alentadora, pero al terminar tenía la desagradabilísima impresión de que había hecho el ridículo ante un importante sector del mundo del cine, de cuyos favores dependía su carrera.
 
Se encontró en medio de un confuso silencio, roto por la migración general hacia la puerta. Sentía la corriente de burla que resonaba entre los comentarios en voz baja; y entonces -todo en el espacio de diez segundos- el Gran Amante, con la mirada dura y vacía como el ojo de una aguja, le silbó, lo abucheó, y Joel sintió que aquel abucheo expresaba el humor de toda la sala. Era el resentimiento del profesional hacia el aficionado, de la comunidad hacia el extraño, los pulgares vueltos hacia abajo del clan. Sólo Stella Walker seguía a su lado y le daba las gracias como si hubiera logrado un éxito incomparable, como si fuera inconcebible que a alguien no le hubiera gustado. Cuando Nat Keogh lo ayudaba a ponerse el abrigo, lo invadió una oleada de irritación consigo mismo, y se aferró desesperadamente a su principio de no revelar jamás una emoción inferior hasta que ya no la sintiera.
 
- Ha sido un fracaso -dijo a Stella, sin darle importancia-. No te preocupes, es un buen número si se sabe apreciar. Gracias por haberme ayudado. La sonrisa no abandonó la cara de Stella. Joel hizo una especie de reverencia ebria y Nat lo arrastró hacia la puerta...
 
Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940)
 
 
 Domingo Loco (Crazy Sunday) provee un ejemplo excelente de la manera en la que Fitzgerald incorporaba incidentes autobiográficos a la ficción. El incidente acontecido en el té de los Calman estuvo basado en una exhibición impulsada por el alcohol por parte de Fitzgerald, en una reunión de la que Irving Thalberg y Norma Shearer eran los anfitriones. Fitzgerald canto una canción humorística: el actor John Gilbert y la actriz Lupe Vélez lo abuchearon; luego, Shearer le envió un telegrama para reanimarlo.
 
Mary Jo Tate en su ensayo crítico sobre F. Scott Fitzgerald
(A Literary Reference to His Life And Work).
 
 
(Traducido al español por Justo Navarro).

sábado, 13 de diciembre de 2014

En su aniversario luctuoso: LUPE VÉLEZ Y LA LITERATURA


A setenta años de su muerte

Es de suponerse que una mujer con la energía y el temperamento de Lupe Vélez no fuera capaz de pasar mucho tiempo en la inactividad que demanda la lectura. Sin embargo, lo que resulta curioso es la frecuencia y facilidad que tuvo para relacionarse con escritores. Ya en un texto previo, Los poetas enamorados de Lupe Vélez, he dejado testimonio de su romance con el poeta José Gorostiza y de la manera en que otros poetas mexicanos le expresaron su admiración, como sería el caso de Ermilo Abreu Gómez.

Valdría la pena consignar su romance con el novelista alemán Erich María Remarque, autor de Sin novedad en el frente -cuya adaptación al cine resultó, por cierto, afortunada y exitosa-. La propia fundación que lleva el nombre del escritor, en sus apuntes biográficos señala que la relación entre ambos tuvo lugar entre el 8 de septiembre de 1941 y el 26 de marzo de 1942, etapa en la que Lupe involucró a Remarque en su afición por las peleas de box y acudían con frecuencia a presenciarlas. Si se toma en cuenta que una de sus grandes pasiones fue la también actriz Paulette Goddard, ex esposa de Chaplin, con quien permaneció casado los últimos años de su vida, la intimidad con Lupe no resulta ninguna sorpresa. De hecho, en su obra Erich María Remarque: el último romántico, su biógrafo Tims Hilton asegura que Lupe Vélez ejercía sobre el escritor el mismo efecto tonificante que Goddard, porque el carácter de ambas poseía una vivacidad similar.

En las obras de algunos escritores hispanos se encuentran, como sería de suponerse, referencias a Lupe Vélez. Por ejemplo, en Diana o la cazadora solitaria, de Carlos Fuentes: “Garbo duró mucho y se retiró a tiempo. Anna Sten no duró nada, la retiraron a tiempo. Lupe Vélez duró mucho pero no supo retirarse a tiempo. A Valentino, lo retiró la muerte a los treinta años...”

O también en Este domingo, del chileno José Donoso:  Su padre se ponía furioso cuando le tomaba las lecciones. Por mucho que Álvaro estudiara nada se le quedaba en la cabeza. La Violeta jamás le dijo estudie, mire que va faltando poco para los exámenes y va a salir mal y va a tener que repetir el curso. No. Le decía, en cambio, oiga, don Alvarito, vamos al teatro, que están dando una de la Lupe Vélez, para que se distraiga de tantos numeritos que deben estar saltándole adentro de la cabeza, porque yo le digo, de salir bien va a salir bien, se lo aseguro yo, no se preocupe. Y sus ojos brillaban y sus carrillos colorados brillaban con una sonrisa y Álvaro le decía ya, bueno, ya está, vamos, pero si salgo mal en el examen es culpa tuya y te acuso con mi mamá.”

He preferido pasar por alto el fallido relato de Sealtiel Alatriste, con un peculiar sentido del humor, que lleva por título En defensa de la envidia (Crónica de la verdadera muerte de Lupe Vélez).

En un volumen que reúne los cuentos completos de F. Scott Fitzgerald traducidos al español, esta es la presentación que corresponde a Domingo loco (Crazy Sunday):

"Fitzgerald escribió Domingo loco (American Mercury, octubre de 1932) después de escribir en 1931 para la MGM el guión de La pelirroja, que nunca seria rodado. Estando en Hollywood, bajo la inspiración del alcohol, Fitzgerald interpretó una canción humorística en una fiesta que daban Irving Thalberg y Norma Shearer, y John Gilbert y Lupe Vélez lo abuchearon. El Post no aceptó el relato porque «ni pretendía ni probaba nada» y porque el final lo convertía en «difícil» para ellos, la revista de Hearst, Cosmopolitan, lo rechazó para evitar el riesgo de ofender a personalidades de Hollywood, aunque Fitzgerald insistía en que «había mezclado distintos personajes para que nadie pudiera ser reconocido, salvo, quizá, King Vidor, que se hubiera reído mucho con la historia». Harold Ober se vio impotente para colocar el relato en otra revista de gran difusión, debido a su contenido erótico y a su extensión. Fitzgerald se negó a escribir un final distinto y se lo vendió al American Mercury por 200 dólares. Lo incluyó en Taps at Reveille.

Con los siguientes párrafos concluye la primera parte de mi novela Una serenata para Lupe:

"El pasado existía nada más en su memoria y el futuro ya tampoco le importaba, sólo quedaba un presente insoportable en que lo único que buscaba era su propia muerte como excusa para cancelar las cuentas pendientes con su conciencia y las de los demás con respecto a ella. De pronto se encontraba a sí misma con la fatiga de vivir agazapada más allá de sus ojos, también en la voz, la sonrisa y en la piel desgastada por el vaivén de tantos amoríos, empecinada en saldar cuentas con las veinticuatro mentiras por segundo, una por cada hora del día, que contaba el cine.

La muerte ignora el pasado y anula el futuro. Es la voluntad de nada. No se arrepentía de lo que había vivido, sino de lo que estaría por vivir. Si la muerte es el silencio del tiempo, la realidad no sería más que el espejo de la verdad."
 
 
Jules Etienne