Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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jueves, 26 de octubre de 2023

Eclipse solar: PARAÍSO PERDIDO, de John Milton

 
(Fragmento)
 
Versión rimada:
 
Así el sol, al nacer en una oscura
Atmósfera cubierta de vapores,
Sólo despide tristes resplandores,
O alguna claridad poco segura;
Y tal también se ve descolorido
Cuando su hermana eclipsa su encendido
Inmenso disco, que penado arroja
Algún rayo de luz funesta y roja,
Anuncio de sucesos desgraciados,
Terror de los más altos potentados,
Mas con todo, a pasar de las fatales
Tinieblas con que espanta a los mortales,
Los demás astros nunca lo disputan
El Reino, y vasallaje lo tributan.
Tal el terrible Arcángel se presenta:
Su resplandor celeste, aunque eclipsado
Eclipsa a los demás. Su rostro, arado
Por el vengador rayo, está cubierto
De negros surcos...
 
Versión en prosa:
 
Era comparable con el sol naciente cuando sus rayos atraviesan con dificultad la niebla, o cuando situado a espaldas de la luna en los sombríos eclipses difunde un crepúsculo funesto y atormenta a los reyes con el temor que inspiran sus revoluciones. Así oscurecido, brillaba más el arcángel que todos sus compañeros: pero surcaban su rostro profundas cicatrices causadas por el rayo, y en la inquietud que en sus demacradas mejillas y bajo sus cejas se retrataba, al par que en su intrepidez, e indomable orgullo, parecía anhelar el momento de la venganza.
 
John Milton (Inglaterra, 1608-1674).
 
La ilustración corresponde a la recreación visual de Paraíso perdido por Terrance Lindall.

lunes, 16 de octubre de 2023

Eclipse solar: EL SIGLO MALDITO, de Geofrrey Parker

"... cinco chivos expiatorios «naturales»: las estrellas, los eclipses, los terremotos, los cometas y manchas solares."
 
(Fragmento del capítulo 1: La pequeña edad de hielo)
 
La popularidad de las obras de teatro, la sodomía y la brujería como explicaciones de la catástrofe en el siglo XVII apenas eran nada en comparación con los cinco chivos expiatorios «naturales»: las estrellas, los eclipses, los terremotos, los cometas y las manchas solares. En Alemania, un diplomático sueco se preguntaba en 1648 si el aluvión de rebeliones de la época podía «explicarse mediante algún tipo de configuración general de las estrellas en el firmamento»; mientras que, según un cronista español, únicamente «la malignidad de los astros» podía explicar la coincidencia de que «en un año (1647-1648) que no sólo en Nápoles, sino también en Sicilia, en el Estado Eclesiástico, en Inglaterra y Francia, y aún en la Metrópolis del Oriente, se veyan (sic) o se prevenían para el siguiente atrocidades y casos tan raros, que en otra ninguna era». Pocos años más tarde, el historiador italiano Maiolino Bisaccione argumentaba en este mismo sentido que sólo «la influencia de las estrellas» podía haber generado tanta «ira entre el pueblo contra los gobiernos» de su época.
 
Otros culpaban a los eclipses. El autor de un almanaque español estaba completa- mente seguro de que un reciente eclipse de Sol había producido «grandes alborotos de guerra, como mudanzas de estados, daño en gente popular» entre marzo de 1640 y marzo de 1642 (así como otras catástrofes meticulosamente pronosticadas hasta el año 2400). Una recopilación inglesa similar predecía que los dos eclipses lunares y el pronóstico de una inusual conjunción planetaria para 1642 traerían «muchos accidentes extraños», a saber, «graves fiebres tercianas, guerra, hambruna, peste, incendios de viviendas, violaciones, despoblación, homicidios, sediciones secretas, destierros, encarcelamientos, muertes violentas e inesperadas, asaltos, robos e invasiones piratas». Otro, por lo demás, sensato cronista, escribió dos años después de la revolución de Nápoles de 1647 que la culpa de todo la tenía un reciente eclipse solar; mientras que en Irán, otro eclipse solar acaecido en 1654 condujo a algunos «sabios persas» a afirmar que aquello significaba «que el rey había muerto; otros decían que habría una guerra y derramamiento de sangre; otros, en cambio, que se producirían muertes por doquier». En la India, incluso los emperadores mongoles tomaban precauciones especiales durante los eclipses, permaneciendo bajo techo y comiendo y bebiendo muy poco; mientras que en el Paraíso perdido, escrito entre 1658 y 1663, John Milton se hacía eco del pánico popular cuando el Sol
... desde detrás de la Luna
en los sombríos eclipses difunde un crepúsculo funesto
sobre la mitad de las naciones; y con el temor al cambio
desconcierta a los monarcas.


Geoffrey Parker (Inglaterra, 1943).

jueves, 23 de abril de 2020

Epidemias: PARAÍSO PERDIDO, de John Milton

"... y entre tantas calamidades, la devastadora Peste, que sola más vidas devora en un breve momento..."

(Fragmento del libro undécimo)

Dentro de esos dominios temerosos,
Es donde se amontonan
Cuantas penas padecen los humanos
La rabia, con los ojos centelleantes.
Del delirio los ímpetus insanos:
La locura, variando por instantes
Mil ideas extrañas:
El cólico, torciendo las entrañas
Doloridas: la piedra, atormentando
Las úlceras roedoras, destrozando
Los cuerpos a porfía:
La amarilla vigilia, con hundidos
Ojos: la tos ferina, los oídos
Estremeciendo: la melancolía,
Con lánguido mirar: al apurado
Asma siempre alentando, y siempre ahogado.
La hidrópica hinchazón: la consumida
Tisis: el fiero hervor de la encendida
Calentura: el catarro, encrudeciendo
Los humores, y el pecho endureciendo
De la acre gota los intolerables,
Dolores; y entre tantas formidables
Calamidades, la devastadora
Peste, que sola más vidas devora
En un breve momento,
Que en muchos días su escuadrón sangriento.


John Milton (Inglaterra, 1608-1674).

sábado, 9 de marzo de 2019

Tu boca: PARAÍSO PERDIDO, de John Milton

"A estas palabras; el modelo hermoso de las mujeres, Eva, le replica: ¡Oh tú, objeto querido de mi ardiente amor..."

(Fragmento del cuarto libro)
 
Retirémonos, pues, y disfrutemos
Del sueño a que la noche nos convida,
Y en la fresca mañana volveremos,
A la rosada aurora adelantados,
A dar a este jardín nuestras labores.
Hay varias plantas cuya desmedida
Lozanía de ramas y de flores
Sofoca los retoños moderados
De otras, y así cortar es necesario
De sus brotes el lujo extraordinario,
Que no es más que una estéril abundancia
Del cenador en la agradable estancia
Hay también porción de hojas marchitadas
Y de ramas quebradas
Que quitar: Pero es tarde ya. Durmamos,
Y la naturaleza repongamos.
A estas palabras; el modelo hermoso
De las mujeres, Eva, le replica:
¡Oh tú, objeto querido de mi ardiente
Amor; tú, de mi vida cara fuente!
¡Con qué gusto me entrego a tu juicioso
Dictamen en un todo! Dios se explica
Por tu boca: esto basta: me someto.


John Milton (Inglaterra, 1606-1674).