Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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viernes, 17 de noviembre de 2023

Eclipse solar: CRÓNICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO, de Haruki Murakami


(Fragmento del capítulo 2: Luna llena y eclipse solar.
Sobre los caballos que morían en sus establos)

- Lo leí hace poco en el periódico. Te lo quería contar pero se me olvidó. Lo explicaba un veterinario en una entrevista: el caballo, tanto física como psicológicamente, es de lo más sensible a la influencia de la luna. Conforme se va acercando la luna llena, se vuelve terriblemente irritable y también tiene problemas físicos. Las noches de luna llena, muchos enferman y aumenta de manera extraordinaria el número de caballos que muere. Nadie sabe a ciencia cierta por qué sucede, pero es una realidad estadística. Ese veterinario, especializado en caballos, decía que las noches de luna llena está tan ocupado que apenas puede dormir.
 
- Caramba -dijo mi mujer.
 
- Peor aún es el eclipse solar. Los días que hay un eclipse solar, la situación de los caballos es todavía más trágica. No puedes imaginarte el número de caballos que puede llegar a morir un día de eclipse total de sol. Lo que quería decirte es que en este mismo instante, en algún lugar de la tierra, hay caballos que mueren, uno tras otro. Comparado con esto, que tú te metas con alguien no tiene la menor importancia. Intenta imaginarte los caballos muriendo. Imagínatelos una noche de luna llena, tumbados sobre la paja de sus establos, echando espumarajos blancos por la boca, jadeando agónicamente.
 
Ella pareció reflexionar unos instantes sobre los caballos muriendo en sus establos.
 
- Realmente tienes un extraño poder de convicción -dijo con tono resignado-. No me queda más remedio que darte la razón.
 
Haruki Murakami (Japón, 1949). 

lunes, 19 de diciembre de 2022

Navidad: AL SUR DE LA FRONTERA, AL OESTE DEL SOL, de Haruki Murakami

"Nat King Cole cantaba Preterid. Yo, claro está, no entendía ni una palabra de la canción en inglés."

(Fragmento del primer capítulo)

Un día del mes de diciembre, próxima ya la Navidad, me encontraba con Shimamoto en la sala de estar de su casa. Escuchábamos música, en el sofá, como de costumbre. Su madre había salido por alguna razón y estábamos los dos solos. Era una tarde de invierno oscura, nublada y gris. La luz del sol resaltaba las micros- cópicas partículas de polvo y asomaba tímidamente a través de unas nubes plomizas. Todo cuanto se reflejaba en mis pupilas carecía de contornos definidos y movimiento. El atardecer se acercaba y la habitación estaba tan oscura como si fuera de noche. Creo que no había ninguna luz encendida. Sólo la placa al rojo vivo de la estufa de gas iluminaba tenuemente las paredes. Nat King Colé cantaba Preterid. Yo, claro está, no entendía ni una palabra de la canción en inglés. A mis oídos sonaba como un conjuro. Pero a nosotros nos gustaba y, como la habíamos escuchado tantas veces, nos habíamos aprendido de memoria los primeros versos.

Preterid you're happy when you're blue
It isn 't very hard to do.

Ahora sí entiendo lo que significa. «Cuando estés triste, finge que eres feliz. No es tan difícil»: igual que la sonrisa que ella esbozaba siempre. Ésa es, desde luego, una manera de ver las cosas. Pero a veces cuesta.

Haruki Murakami (Japón, 1949).

martes, 28 de agosto de 2018

Agosto: CRÓNICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO, de Haruki Murakami

 
(Fragmento del capítulo 18: Noticias de Creta)

A finales de agosto recibí una postal de la isla de Creta. El sello era griego y también eran griegas las letras del timbre. No había ninguna duda de que la enviaba la mujer que antes había sido Creta Kanoo. Aparte de ella, no conocía a nadie más que pudiera enviarme una carta desde Creta. Pero en el remitente no aparecía nombre alguno. «Quizá no ha decidido aún cómo se llama», pensé. Las personas, si no tienen nombre, no pueden escribirlo. Pero no sólo faltaba el nombre, no había ni una sola línea escrita. Sólo mi nombre y dirección, con bolígrafo azul, y el timbre de la oficina de correos de Creta. En el anverso, una fotografía en color de las playas de la isla. Una playa de arena blanquísima circundada de rocas y una joven con el pecho desnudo tomando el sol. El mar era de un azul profundo y en el cielo flotaba una nube blanca que parecía artificial. Tan compacta que daba la impresión de que era posible tenerse en pie y andar sobre ella.
 
Al parecer, la mujer que antes había sido Creta Kanoo había llegado sin novedad a la isla de Creta. Me alegré por ella. Allí pronto encontraría un nuevo nombre. Y, con el nombre, una nueva identidad y una nueva vida. Pero ella no me había olvidado. Me lo anunciaba aquella postal sin una sola línea escrita que me había enviado desde Creta.
 
Para matar el tiempo le escribí una carta. No sabía su dirección, tampoco su nombre. Era una carta que, desde buen principio, no pensaba enviar. Simplemente me apetecía escribirle una carta a alguien.


Haruki Murakami (Japón, 1949). 

sábado, 24 de mayo de 2014

Espejos (23): CRÓNICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO, de Haruki Murakami

"Y nosotros nos limitamos a creer, de manera empírica, que la imagen reflejada en el espejo es la real."

Capítulo 12:
Lo que descubrí al afeitarme
Lo que descubrí al despertar
 
(Fragmento)

Deposité sobre la mesa la mano izquierda abierta y me quedé contemplando la palma unos instantes. Era la de siempre. No se apreciaba ninguna transformación. Ni estaba cubierta de hojas de pan de oro ni le habían salido membranas. No era ni bonita ni fea.
 
- ¿Cambios evidentes a los ojos de cualquiera?
 
¿Como, por ejemplo, que me salieran alas en la espalda?
 
- Pues, tal vez algo por el estilo -contestó Malta Kanoo con tono calmado-. Aunque, por supuesto, no es más que una posibilidad entre muchas otras.
 
- Sí, claro -dije-. Entonces, ¿no ha percibido usted ningún cambio?
 
- Parece que no se ha producido ninguno. Al menos por ahora. Si me hubieran salido alas, por mucho que me pesase, me habría dado cuenta, ¿no le parece?
 
- Posiblemente sí -asintió Malta Kanoo-. Pero tenga cuidado, señor Okada. No es nada fácil conocer el estado en que uno se encuentra. Por ejemplo, uno no puede mirarse directamente a la cara con sus propios ojos. Sólo podemos mirar la imagen que nos devuelve el espejo. Y nosotros nos limitamos a creer, de manera empírica, que la imagen reflejada en el espejo es la real.
 
 
Haruki Murakami (Japón, 1949)