Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
Mostrando las entradas con la etiqueta Juana de Ibarbourou. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Juana de Ibarbourou. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de mayo de 2018

Largo fue el día de mayo y fragante la noche...


En la poesía de Ricardo Molina (1917-1968) se advierten algunas estrofas afortunadas que hacen referencia al mes de mayo. Por ejemplo, su Elegía XII inicia así: "Dicen que el mes de mayo es el mes del amor,/ pero yo me pregunto si hay alguna estación/ que no lo sea..."

Antes, en la Elegía III dice: "soñando bajo el sol y a la vuelta perdidos,/ pálidos y perdidos en la luna de mayo", culmina con una nostalgia muy lograda:

Largo fue el día de mayo y fragante la noche.
Como sombras pasamos entre los juncos húmedos.
El viento se enredaba en los avellanares.
El arroyo expiraba en un verde gemido
y el viento se extendía sobre nosotros mudo.

Su Elegía X abre con la siguiente estrofa: "En las tardes de mayo cuando el aire brillaba/ con un azul radiante y en las olas del musgo/ se mecía la blanca flor de la sanguinaria,/ te amaba casi más que a nadie en este mundo". Para después establecer: "¿si las tardes de mayo son tan claras y bellas/ y te amo, amor mío, más que a nadie en el mundo?" Y desembocar finalmente en el desengaño: "No creíste, ah, nunca creíste que pudiera/ acabar el amor de aquella primavera,/ pero la vida es siempre más larga que el amor/ y si la dicha es bella como una flor de mayo,/ como una flor de mayo breve es también su flor".

Estas líneas pertenecen a Invitación a la dicha: "Bésame ahora que es primavera/ y el chamariz canta y vuela en un árbol,/ ahora, amor mío, que estamos en mayo". Este poema se expone a la inevitable comparación con La hora, de la uruguaya Juana de Ibarbourou.
¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!
 
Hoy y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Se percibe una similitud entre dichos poemas que me parece requiere de mayor atención, por lo que en los días subsecuentes me ocuparé de ambos con el fin de procurar algo más conclusivo.

Jules Etienne 

martes, 21 de enero de 2014

El verano en enero


En los primeros renglones del relato Boca de sapo, de Isabel Allende, incluido en el volumen Cuentos de Eva Luna, el personaje que narra se lamenta: "Eran tiempos muy duros en el sur. No en el sur de este país, sino del mundo, donde las estaciones están cambiadas y el invierno no ocurre en Navidad, como en las naciones cultas, sino en la mitad del año, como en las regiones bárbaras."

En la estrofa VI, En este tiempo, del Coral de año nuevo para la patria en tinieblas, en su Canto General, es evidente cuando Pablo Neruda se refiere al mes de enero describiendo frutos maduros y se pregunta sobre el brillo de los campos de trigo:

... piensa que soy el viento de enero,
viento Puelche, viento viejo de las montañas
que cuando abres la puerta te visita
sin entrar, aventando sus rápidas preguntas.
Dime, has entrado a un campo de trigo o de cebada,
están dorados? Háblame de un día de ciruelas.
Lejos de Chile pienso en un día redondo,
morado, transparente, de azúcar en racimos,
y de granos espesos y azules que gotean
en mi boca sus copas cargadas con delicia.
Dime, mordiste hoy la grupa pura
de un durazno, llenándote de inmortal ambrosía,
hasta que fuiste fuente tú también de la tierra,
fruto y fruto entregados al esplendor del mundo?

Por su parte, la argentina Alfonsina Storni en su poema Capricho 2, describe al mes como un jardín:
Sí, vanas mariposas sobre jardín de Enero,
nuestro interior es todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
decorado en escamas de serpientes del mal.

Gabriela Mistral, chilena como Neruda e Isabel Allende, en su poema Nocturno escribe: "Te acordaste del fruto en febrero", más adelante continúa: "Caminando vi abrir las violetas", y luego culmina la estrofa "para no ver más enero ni abril". Mientras que en La mujer fuerte establece: "Segar te vi en enero los trigos de tu hijo". Es decir, todas son referencias o actividades propias del estío.

Finalmente, en su poema La enredadera, la uruguaya Juana de Ibarbourou desborda el entusiasmo de la primavera a punto de transformarse en verano.

Por el molino del huerto
asciende una enredadera.

El esqueleto de hierro
va a tener un chal de seda

ahora verde, azul más tarde
cuando llegue el mes de Enero

y se abran las campanillas
como puñados de cielo.

Alma mía: ¡quién pudiera
Vestirte de enredadera!

Por eso al leer un poema que mencione de manera específica un mes en particular o alguna de las estaciones del año, uno debe tener la curiosidad de ubicar su procedencia, si se menciona enero en el hemisferio sur, recién está empezando el verano, mientras que en el norte, nos encontramos bajo la nieve del invierno boreal. Neruda precisa en el mismo Canto General: "del grave invierno austral" y en varias ocasiones reitera la idea del "invierno en el sur", como en la cuarta estrofa de América, no invoco tu nombre en vano o en El fugitivo, cuando dice: "Era invierno en el Sur./ La nieve había/ subido a su alto pedestal, el frío/ quemaba con mil puntas congeladas."

Silvina Ocampo, en su relato La boda, subraya el clima en agosto: "El día de nuestro casamiento fue el más frío del año. Nos tocó casarnos en el mes de agosto. Temí que la helada se transformara en nieve aquella mañana y desbaratara de ese modo la fiesta que, después de todo, iba a ser lo más agradable de la boda."

Pero regresando a la temporada estival en enero, que es el tema que motiva el presente texto, Tomás Eloy Martínez en El Cantor de Tango, ubica en Buenos Aires la acción del siguiente párrafo:

A mediados de enero de 2002, en uno de los peores días del verano, cuando parecía que la gente estaba acostumbrándose a la incesante desgracia, Alcira me contó que, poco antes del recital fatídico en Parque Chas, Martel había leído la historia de un crimen ocurrido entre 1978 y 1979, y había conservado el recorte con la intención de dar allí también otro de sus conciertos solitarios.

La novela Rayuela, de Julio Cortázar, acontece entre Francia y Argentina, de ahí que establezca puntual "Del lado de acá" o "Del lado de allá", se refiera a "la primavera sonriente de París", y un inglés escriba una carta quejándose sobre la ausencia de las mariposas en marzo para advertir que "el verano pasado estaba lleno de mariposas", en cambio durante el mismo marzo, es cuando llega el otoño a Buenos Aires.


Jules Etienne

viernes, 8 de marzo de 2013

Para hablar de las mujeres poetas un 8 de marzo


Hoy es 8 de marzo, día internacional de la mujer, y además es viernes. Asegura Isabel Allende en Afrodita: "El viernes se supone que es el día de la mujer, los otros seis pertenecen al hombre". Y es que su etimología indica que proviene del latín, Veneris dies, el día de Venus, la diosa del amor y la belleza según la mitología romana, equivalente de la griega Afrodita, que es precisamente el título de la ecléctica obra referida.

Decía Karen Blixen -o Isak Dinesen, que al fin y al cabo era su seudónimo literario-, nacida a finales del siglo antepasado, en 1885, que sería glorioso el día en el que las mujeres fuesen reconocidas como seres auténticos y tuviesen el mundo a su disposición, le faltó rematar precisando: tal y como les sucede a los hombres. Sin duda se refería a la necesidad de las mujeres, durante la época en que le tocó vivir, de tener una presencia masculina a su lado para adquirir respetabilidad. Por eso las jóvenes huérfanas Lucan y Zosine, protagonistas de su novela Vengadoras angelicales, asumen que deberán mantenerse de pie "contra todo el mundo".

Ya Sor Juana Inés de la Cruz, desde el siglo XVII, señalaba la necedad masculina en aquella famosa redondilla: "Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón,/ sin ver que sois la ocasión/ de lo mismo que culpáis". Poema que satiriza la insistencia de los hombres cuando tratan de seducir a una mujer sin admitir su cuota de responsabilidad, para después culparla por la ligereza de haber accedido a sus peticiones.

Margaret Atwood en su novela Tengo hambre de ti, describe a un hombre que se ha casado con su esposa porque "suponía una huída de las mujeres polifacéticas, suntuosas, arteras y contradictorias", y explica la razón: "Quería transparencia, certeza, fidelidad". La descripción viene al caso no sólo por la reconocida postura feminista de dicha autora canadiense, sino porque Alfonsina Storni, aun cuando transcurrieron siglos, recogió en un poema, publicado en 1918, el mismo viejo reclamo de Sor Juana, seguramente dedicado a un hombre que buscaba lo que el personaje de la novela de Atwood:

Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
-Dios te lo perdone-,
me pretendes casta
-Dios te lo perdone-,
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

Habla con los pájaros
y llévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

Esta fecha coincide también con el aniversario del natalicio de Juana de Ibarbourou (marzo 8 de 1892), la poeta uruguaya a quien se le conocía de manera coloquial como Juana de América. Originalmente pensé en su poema titulado Marzo, el cual se incluye en la segunda parte (Claros caminos de América) del volumen La rosa de los vientos. Sin embargo, este otro titulado precisamente Mujer, en el que lamenta los límites de la condición femenina en sus tiempos -la primera mitad del siglo XX-, me parece más oportuno. 

Si yo fuera hombre ¡qué hartazgo de luna
de sombra y silencio me había de dar!
¡Cómo, noche a noche, solo ambularía
por los campos quietos y por frente al mar!
Si yo fuera hombre ¡Qué extraño, qué loco,
tenaz vagabundo había de ser!
Amigo de todos los largos caminos
que invitan a lejos para no volver!

Cuando así me acosan ansias andariegas
¡Qué pena tan honda me da ser mujer!


Jules Etienne

La ilustración corresponde a Venus y las ninfas tomando un baño (1776),
de Louis Jean Francois Lagrenée