Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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miércoles, 28 de agosto de 2024

Mirándolas dormir: ¿QUIÉN LE TEME A VIRGINIA WOOLF?, de Edward Albee

"Acabo de ver a su esposa desde el pasillo (...) Profundamente dormida... y con el pulgar en la boca."

(Fragmento del acto segundo)

Walpurgisnacht

Jorge (a Nico, que estâ en el mueble bar): Ya veo que te estás sirviendo, muy bien... bien. Le doy el brevaje a Marta y estamos listos.

Marta (sospechosa): ¿Listos para qué?

Jorge (pausa... se lo piensa): Pues, no sé. ¿Con algo tenemos que divertimos, no? (a Nico, que se aleja del mueblebar) Acabo de ver a su esposa desde el pasillo. Estâ en el baño. Tranquila... muy tranquila. Profundamente dormida... y con el pulgar en la boca.

Marta: ¡Ooooh!

Jorge: Enrollada como un feto, chupândose el dedo.

Nico (un poco incômodo): Supongo que estâ bien.

Jorge (expansivo): jPues claro que estâ bien! (Le da la copa a Marta) Toma.

Marta (aún en guardia): Gracias.

Edward Albee (Estados Unidos, 1928-2016).

(Traducido del inglés por Mario Juan Serrano).

sábado, 24 de agosto de 2024

Mirándolas dormir: EJERCICIO PARA CINCO DEDOS, de Peter Shaffer


(
Fragmento de la escena II del segundo acto)

Walter: No...

Stanley: ¿Piensas que no lo sé? ¿Qué tan sensible tienes que ser para eso? Dímelo, porque no sé mucho acerca de ese tipo de cosas... (Su amargura aumenta otra vez) Yo estoy siempre demasiado ocupado haciendo dinero. (Violento) Vamos, dime. La gente sensible tiene sentimientos profundos, ¿no es así? Por eso sufren mucho.

Walter: Por favor, señor Harrington.

Stanley (con violencia): No quiero escuchar.

Walter: Discúlpeme. (Se levanta, se dirige a la puerta, la abre, y baja las escale- rasStanley se queda con la mirada fija. Entonces camina hacia la puerta de la recámara, la abre apenas lo suficiente para cerciorarse de que Pamela está dormida. Convencido de que ella no ha escuchado nada, cierra la puerta de la recámara y apaga la calefacción. También apaga las luces del aula. Cierra la puerta y sale bajando las escaleras rumbo la sala.)

Peter Shaffer
(Inglés fallecido en Irlanda, 1926-2016).

La ilustración corresponde a Jason Merrells caracterizado como Stanley Harrington
durante la puesta en escena de la obra en el teatro londinense Coronet, en 2016.

sábado, 17 de agosto de 2024

Mirándolas dormir: TIEMPO DE LADRONES (La historia de Chucho el roto), de Emilio Carballido

"Lo oía cantar, contigo dormida sobre mi pecho. Era un cenzontle."

Segunda tanda; segunda jornada

(Fragmento)

Chucho le aprieta un seno. Ella se estremece. Solloza. Pausa. Se recarga en él.

Matilde: Yo te veía desde el balcón, cuando saltabas la reja del jardín. El gran danés salía a tu encuentro y te lamía las manos. Trepabas por la yedra. Un ruiseñor cantaba toda la noche.

Chucho: Lo oía cantar, contigo dormida sobre mi pecho. Era un cenzontle. Tus sábanas bordadas, ramos de flores y de iniciales, que acariciaba al mismo tiempo que tu cuerpo.

Matilde: Perfumaba las sábanas antes de que llegaras. Y tú cortabas algunas flores del jardín, para mí. Subías con ellas entre los dientes.

Chucho: Nos bañábamos juntos en tu tina, llena de espuma perfumada. Tenía patas de león, llaves doradas, jaboneras de porcelana en forma de esfinge.

Matilde: Tus manos ásperas, tu piel oscura, tu cuerpo duro, delgado, fuerte... (Solloza).

Chucho: Lo besabas todo, no te cansabas de tocarlo y de verlo.

Matilde: Nunca había visto un hombre desnudo. Me asombrabas, me aterrabas. Y después, me caías encima, como si fueras a destruirme, y eras tan tierno, tan dulce, tan amoroso... (Él la abraza).

Chucho: Nos dormimos una mañana. Y no pude salir. Permanecí en tu cuarto; como un fantasma retrasado. Cuando llegaron a limpiar me escondí en tu ropero. Me subiste comida, vino, pasteles... Cenamos juntos, en el suelo... Encendiste muchas velas...

Matilde: Qué terror más hermoso, todo el día... (Lo enfrenta) ¿Por qué no me dejaste huir contigo?

Chucho: Porque era yo un ladrón.

Emilio Carballido (México, 1925-2008).

viernes, 16 de agosto de 2024

Mirándolas dormir: CONFESIONES DE UNA MÁSCARA y LA PRINCESA AOI, de Yukio Mishima

"Sugiko siempre se quedaba dormida en el mismo instante en que apoyaba su cabeza en la almohada..."

Confesiones de una máscara

(Fragmento del capítulo 1)

Sugiko era una chica saludable, rebosante de vida. Nunca había conseguido dormirme sin dificultades, y, cuando me quedaba a dormir en casa de mi prima, en la misma habitación que ésta y al lado de ella, contemplaba con una mezcla de admiración y envidia la manera en que Sugiko siempre se quedaba dormida en el mismo instante en que apoyaba su cabeza en la almohada, como si fuera una máquina.

La libertad de que gozaba en casa de Sugiko era mucho mayor que la que me concedían en mi casa. Como los imaginarios enemigos que querían raptarme -es decir, mis padres- no estaban presentes, mi abuela me daba mayor libertad sin la menor aprensión. Allí no había necesidad alguna de que no me apartara de su vista, como ocurría en casa.
(Traducido del inglés por Andrés Bosch).

La princesa Aoi

(Fragmento inicial)

En la sala de un hospital, a medianoche. A la izquierda, una gran ventana con cortinas. Al fondo una cama. Acostada en la cama, Aoi. A la derecha una puerta.

Hikaru (Con el impermeable puesto y una valija en la mano, aparece con la enfermera. Es un joven hermoso. En voz baja): Está profundamente dormida.

Enfermera: Sí, duerme profundamente.

Hikaru: ¿No se despertará aunque hablemos en voz alta?

Enfermera: No, con la droga que ha tomado, no despertará fácilmente aunque haya mucho ruido.

Hikaru (Mirando atentamente el rostro dormido de Aoi): ¡Qué rostro sereno!

Enfermera: Sí, ahora está sereno.

Hikaru: ¿Ahora?

Enfermera: Sí, porque cuando llega medianoche...

Hikaru: ¿Sufre?

Enfermera: Mucho.

Yukio Mishima (Japón, 1925-1970)..

jueves, 11 de julio de 2024

Mirándolas dormir: MARAT-SADE (Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat), de Peter Weiss


(
Fragmento de la escena final del primer acto)

Balancándose y riendo a carcajadas, el padre y la madre se llevan la carreta con los figurantes. Roux acude para tomar, con retraso, la defensa de Marat.

Roux: ¡Pobre del ser excepcional que se atreve con todos los límites para forzarlos, para franquerlos! Por todas parte esos brutos, fieles a sus viejas tradiciones, obstacu- lizan su camino y lo cubren de injurias. Querías claridad y por eso escrutabas en la luz y en el fuego.

(Agitación al foro)

Querías averiguar el arte de domar la energía y estudiabas por eso la electricidad. Querías dilucidar las funciones del hombre y por eso intentaste saber lo que sería el alma.

(Algunos pacientes se adelantan y agrupan)

...el alma, o sea, ese grumo de vacuos ideales y moral incoherente; y tú pusiste el alma en el cerebro para que aprendiera a pensar, pues para ti el alma, ¿qué es sino una cosa práctica gracias a la cual podemos regular y dominar nuestra existencia? Y viniste a la Revolución porque te pareció que ante todo había que cambiar radical- mente este estado de cosas y que sin ese cambio ninguna empresa nuestra podría realizarse.

(Se levanta Coulmier. Las hermanas y los enfermeros se precipitan sobre Roux y lo arrastran hacia el foro. Sade está de pie, erguido, delante de su silla, y sonríe.

Carlota Corday duerme en su banco. Duperret está sentado en el suelo, delante de ella).


El coro (sobre fondo musical mientras las hermanas cantan una letanía):

Marat, ¿qué están haciendo con la revolución?
Lo que ocurre nos causa malísima impresión.
Nosotros somos pobres, no nos dan ocasión.
No esperes a mañana, dice nuestra canción.

(Fin de la música)

El pregonero (sacude su carraca):

Suspendamos ahora brevemente
esta acción cuyo fin es inminente.
Gocemos de un momento de respiro
cual si éste fuera un juego divertido;
cual si el fin que resuelve los problemas
pudiera retrasarse por las buenas.
Y pudiera ponerse a nuestro gusto
el desenlace en el momento justo.

(Breve silencio. Se adelanta a primer término. En voz más baja, confidencial)

Gocemos los que aquí tenemos suerte
sin olvidar durante el entreacto,
fumando un cigarrillo, que espera aquí la muerte
Marat en su bañera, doliente y tumefacto.

Peter Weiss
(Alemán nacionalizado sueco, 1916-1982).

(Versión teatral al español de Alfonso Sastre).

Las ilustraciones corresponden a la puesta en escena de la obra en el teatro Pigott,
Universidad de Stanford, noviembre de 2001.

jueves, 11 de abril de 2024

Mirándolas dormir: NUESTRO PUEBLO, de Thornton Wilder

"Señora Webb: No se ha despertado todavía. Aún no ha emitido donido alguno. George: ¡Emily dormida!"

(
Fragmento del segundo acto)

Sra. Webb: ¡Dios mío! Me asustaste. Bueno, George, puedes estar aquí un momento bajo techo, pero sabes que no puedo pedirte que entres.

George: ¿Por qué no?

Sra. Webb: George, tú sabes tan bien como yo… el novio no debe ver a la novia el día de la boda hasta la hora de la ceremonia.

George: Ah... Eso no es más que una superstición. Buenos días, Sr. Webb. (Entra el Sr. Webb).

Sr. Webb: Buenos días, George.

George: Sr. Webb, ¿usted no cree en esa superstición, verdad?

Sr. Webb: Millones han respetado esa superstición, y tú no querrás ser el primero en violar la costumbre.

George: ¿Cómo está Emily?

Sra. Webb: No se ha despertado todavía. Aún no ha emitido sonido alguno.

George: ¡Emily dormida!

Sra. Webb: ¡No en balde! Estuvimos despiertas hasta las tantas, cosiendo y empacando. Ahora te diré lo que voy a hacer. Quédate aquí un momento con Webb y tómate esta taza de café; yo voy arriba para vigilar que ella no baje y te sorprenda aquí. Hay también tocino, pero no te demores mucho. (La Sra. Webb sale. Silencio embarazoso. El Sr. Webb moja roscas en el café. Más silencio).

Sr. Webb (Abruptamente y muy alto): Bueno, George, ¿cómo te sientes?

George (Paralizado, atragantado con el café) Muy bien, muy bien. (Pausa.Señor Webb, ¿qué sentido común puede haber en semejante superstición?

Sr. Webb: Bueno... mira, la mañana de su boda, la novia sólo está pensando en la... ropa y cosas por el estilo… ¿No te parece que probablemente sea por eso?

George: Sí... no lo había pensado antes.

Sr. Webb: Una muchacha es susceptible de estar un poco nerviosa el día de su boda. (Pausa)

George: Ojalá que un hombre pudiera casarse sin todos esos ajetreos.

Sr. Webb: Los hombres siempre se sienten así cuando se casan, George, pero no les ha servido de nada. Las mujeres son las que han inventado las bodas, hijo. Durante un rato las mujeres se lo cogen todo para ellas. Un hombre resulta muy poquita cosa en una boda, George. Todas esas buenas mujeres cierran filas para asegurarse que el enlace sea del modo más público posible.

Thornton Wilder
(Estados Unidos, 1897-1975).

sábado, 30 de marzo de 2024

Mirándolas dormir: MELUSINA Y EL ESPEJO, de José Bergamín

"Entra Melusina, como cansada disponiéndose a desnudarse ante el espejo."

(
Fragmento del primer acto)

Escena IV (Tocador de Melusina. Igual que en le escena segunda, Arlequín con los ojos vendados, sosteniendo juntos los tres pedazos del espejo roto. Polichinela al lado. Es de noche. Entra Melusina, como cansada disponiéndose a desnudarse ante el espejo. Música como en la escena segunda).

Arlequín (Dice mientras Melusina se va desnudando, quedándose, al final, dormida):

Pusiste en mí tu amor cuando pusiste
tu vida en la mudanza de los vientos;
y tu alma en los mudables pensamientos
de alegres ilusiones que perdiste.
Vuelves de nuevo a mí los ojos, triste
de habérmelos quitado tan violentos,
mirando tus pasados sentimientos
que, deshechos, en lágrimas volviste.
No sabes si son tuyos o son míos
estos breves reflejos en pedazos,
estas prendas de amor, estos despojos;
pues para tan perdidos desvaríos
tiendes en vano con afán tus brazos,
vierten en vano lágrimas tus ojos.

(Vuelve el canto con la música dentro).
Canto:

Aunque a la desdicha tuya
ser dicha no le convenga,
no hay mal que por bien no venga
ni bien que por mal no huya.

Mira, Melusina bella
que una sola sombra son,
con tres nombres de ilusión,
Clavel, Maravilla, Estrella.
No persigas en su huella
la razón que las detenga:
que no hay amor que no tenga
sombra que ahuyente la suya,
aunque a la desdicha tuya
decirlo no le convenga.
Fantasma que nace y muere
en el cristal de un espejo,
no es amor, es un reflejo
con el que el amor te hiere.
Si tu desdicha prefiere
ser dicha para ser tuya,
desdiciéndose de suya
porque tu amor la mantenga:
no hay mal que por bien no venga
ni bien que por mal no huya.


(Melusina queda como desmayada, a medio desnudar, dormida; sigue la música mientras hablan Arlequín y Polichinela).

Arlequín (Quitándose la venda de los ojos): Es la primera vez que una mujer engaña a un espejo.

Diablo: Y la primera vez que un espejo engaña al diablo.

Arlequín: ¿Y podrás saber tú, que eres un pobre diablo, en qué sueña, en qué piensa, qué quiere Melusina?

Diablo: Lo que una mujer sueña o no sueña, piensa o no piensa, quiere o no quiere, ¡eso no hay diablo que lo sepa!

Mutación

José Bergamín (España, 1895-1983).

Melusina y el espejo lleva el subtítulo de Una mujer con tres almas y porqué tiene cuernos el diablo.

viernes, 23 de febrero de 2024

Mirándolas dormir: ADIÓS A LA BOHEMIA, de Pío Baroja

"... le dijiste que se acostara en la nuestra y te tendiste en el sofá (...) y al verte dormida pensaba: Es una mujer buena..."

(
Fragmento)

TriniEs que te quería.

RamónUn poco quizá, pero mucho menos que yo... ¿Y cuando vino aquel poeta enfermo a casa, no recuerdas?

Trini: Sí.

RamónLo estoy viendo entrar; nevaba fuera, y nosotros hablábamos con una vecina alrededor de la estufa. ¡Cómo temblaba el pobrecillo! No he encontrado á nadie en el café, recuerdo que nos dijo castañeteándole los dientes, y voy á pasar aquí un rato, si no os estorbo. Tú le invitaste á cenar, y cuando él nos dijo que hacía ya mucho tiempo que no dormía en una cama, tú le dijiste que se acostara en la nuestra, y te tendiste en el sofá. Yo pasé la noche sentado, fumando, y al verte dormida pensaba: Es una mujer buena, muy buena. Y ya ves, cuando después reñíamos algunas veces...

Trini: ¿Algunas veces sólo?

Ramón: No muchas veces. Pues bien ; cuando reñíamos, yo pensaba: Sí; tiene estos y estos defectos, pero es una mujer buena.

Trini: (Avanzando la mano) Tú también has sido bueno para mí.

Ramón: (Tomando la mano entre las suyas) No; yo no.

Pío Baroja (España, 1872-1956).

viernes, 16 de febrero de 2024

Mirándolas dormir: PUCK DE LA COLINA DE POOK, de Rudyard Kipling

"... y encuentra a Titania, reina de las hadas, dormida."

(
Fragmento del capítulo I: La espada de Weland)

Los niños estaban en el teatro representando ante las tres vacas todo lo que podían recordar del Sueño de una noche de verano. Su padre les había hecho un extracto de la larga comedia de Shakespeare y lo habían ensayado con él y con su madre hasta que lo aprendieron de memoria. Comenzaron cuando Nick Bottom, el tejedor, aparece entre los matorrales con una cabeza de asno sobre sus hombros y encuentra a Titania, reina de las hadas, dormida. Después pasaron a la escena en la que Bottom solicita de las tres pequeñas hadas que le rasquen la cabeza y le traigan miel y concluyeron cuando cae dormido en los brazos de Titania. Dan interpretaba los papeles de Puck y de Nick Bottom y también los de las tres hadas. Llevaba un gorro de trapo acabado en punta, para hacer de Puck, y una cabeza de asno de papel que se rasgaba si no se manejaba con cuidado, extraída del interior de un triquitraque navideño, para representar a Bottom. Una hacía de Titania, con una guirnalda de columbinas y una varita en los dedos.
Rudyard Kipling
(Británico nacido en la India y fallecido en Inglaterra, 1865-1936).
Obtuvo el premio Nobel en 1907.

domingo, 4 de febrero de 2024

Mirándolas dormir: NO LA HAGAS Y NO LA TEMAS, de Eusebio Blasco

"Duerme en paz, vida mía, esposa modelo, dulce compañera, ángel de mi hogar, (...) Una mujer joven, hermosa,..."

(
Fragmento de la escena III)

Genoveva dormida, Carlos.

(En este momento tose ligeramente Genoveva. Carlos oculta rápidamente la carta y se queda parado un momento mirando hacia la «chaise longue». Después va de puntillas a mirar a su mujer que continúa dormida).

Carlos: Duerme como un lirón. (Leyendo) «¡Ay, amigo mío! ¿Porqué le he conocido a usted ¿Por qué le he encontrado en mi camino? ¿Debo sentirlo? ¿Debo arrepentirme de ello? porque la verdad es que mi voluntad ayer tan firme, cede ante la fuerza de la simpatía. Sí; ¿a qué negarlo? Ya puedo atreverme a decirle a usted las palabras de la heroína de cierta novela: Tú puedes hacer dichosa una vida infeliz, tú eres acaso quien me adivina y me compadece, tú estimas en mucho lo que él tiene en tan poco, mi corazón está triste y desamparado.» Oh, esto es muy bonito. Esto es muy delicado. Esto no es novela de folletín; no señor, esto es suyo... ¡Válgame Dios! Cuando uno piensa que todo esto es mentira! Yo quiero a mi mujer, a mi pobrecita mujer, que es tan buena... y ella a mí, no tenemos hijos, no hay lazo que apriete nuestros dos corazones, y tal vez por eso me permito yo estas picardigüelas. Pero indudablemente estas picardigüelas van a durar poco. Esta mujer, que me escribe de esta manera, me gusta y me hace gracia, pero su falta de franqueza me repugna. (Mirando a Genoveva) Duerme en paz, vida mía, esposa modelo, dulce compañera, ángel de mi hogar, encanto de mi vida. Decididamente esta es la última traición que te hago, (al público) ¿Una mujer joven, hermosa, que no tiene caprichos, ni parientes, ni amigos?, que sólo piensa en mí... ¡Estoy seguro de que sueña conmigo, que no tiene más pensamiento que su casa tranquila, ni más deseo que hacer- me dichoso!... Verdaderamente es una picardía venir a estas horas, olvidarla así, dejarla sola y triste, y enferma... y juro a fe de Carlos... ¡qué egoísta es el hombre! (Mirándola extasiado¡Pobrecilla! ¡Qué sueño tan tranquilo! ¡Qué frente tan serena! ¡Qué encantadora paz! ¡Tú no sabes cuánto te quiero yo, libertino y todo! ¡Cuánto te agradezco el cariño que pones en mí, pensando en mí, tan sólo en tu Carlos de tu alma!

Genoveva (soñando): ¡Federico! (Dígase como si el sueño fuese muy agradable, sin violencia ni esfuerzo. Hay momentos de pausa, durante los cuales Carlos se queda asombrado, inmóvil, confundido ante lo inesperado del sueño que acaba de sorprender. Baja al proscenio, vuelve a quedarse pensativo; pero demostrando el dolor que le ha producido oír aquella palabra. El rostro del actor debe reflejar todo género de dudas).

Carlos: Ha dicho... Ha dicho... ¿Federico? (Vacila un instante y va corriendo al sofá para llamar a su esposa). Genoveva (ella sigue durmiendo. Carlos vuelve a bajar al proscenio diciendo): No, ¿qué iba yo a hacer? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto, Carlos? ¿Qué impresión es esta tan desagradable que en un instante te ha herido el alma como de muerte? (Pausa). Federico. ¿Quién se llama Federico? No tengo ningún amigo que se llame así, ni ella tampoco, que yo sepa. (Énfasis en este «que yo sepa»). ¿Federico? ¿Federico? ¿Quién es? ¿Quién? No lo sé, vamos, no sé quién es. Me ahogo... No tiene hijos, no tiene amigos, no sale de casa... es decir, si no... yo no puedo saberlo todo... yo ignoro tal vez... yo... (Va hacia la «chaise longue» con rabia, se detiene, vuelve a bajar. Hágase esta escena lo más dramática posible). |Me estoy muriendo! (Se deja caer sobre una silla). ¡De qué le sirve al hombre la inteligencia, de qué el talento, de qué el estudio y la observación y la ciencia adquirida, si no sabe ni puede leer en el fondo de un alma! ¡Si oye soñar a su mujer y no puede adivinar lo que sueña!

Eusebio Blasco (España, 1844-1903).

jueves, 11 de enero de 2024

Mirándolas dormir: EL VERGONZO- SO EN PALACIO, de Tirso de Molina

"Yo quiero dar a entenderme como que dormida estoy."

(Fragmentos del tercer acto)

Madalena
(En vano me resisto.
Yo quiero dar a entenderme
como que dormida estoy.)

Mireno:
Don Dionís, señora, soy.
¿No me responde? ¿Si duerme?
Durmiendo está. Atrevimiento,
agora es tiempo. Llegad
a contemplar la beldad
que ofusca mi entendimiento.
Cerrados tiene los ojos.
Llegar puedo sin temor;
que, si son flechas de Amor,
no me podrán dar enojos.
¿Hizo el Autor soberano
de nuestra naturaleza
más acabada belleza?
Besarla quiero una mano.
¿Llegaré? Sí...pero no;
que es la reliquia divina
y mi humilde boca indina
de tocarla. ¿Pero yo
soy hombre y tiemblo? ¿Qué es esto?
Ánimo. ¿No duerme? Sí.

Llega y retírase.

Voy. ¿Si despierta? ¡Ay de mí,
que el peligro es manifiesto
y moriré si recuerda
hallándome de este modo!
Para no perderlo todo
bien es que esto poco pierda.

El temor el Amor venza.
Afuera quiero esperar.

(...)

Madalena:
Mucho lo deseo oír.
Acabad ya, por mi vida.

Mireno:
Es tan grande el juramento
que anima mi atrevimiento.
Vuestra excelencia dormida...
Tengo vergüenza.

Madalena:
Acabad;
que estáis, don Dionís, pesado.

Mireno:
Abiertamente ha mostrado
que me tiene voluntad.

Madalena:
¿Yo? ¿Cómo?

Mireno:
Alumbró mis celos,
y en sueños me ha prometido... 

Madalena:
¿Sí?

Mireno:
...que he de ser preferido
al conde de Vasconcelos.
Mire si en esta ocasión
son los favores pequeños.

Madalena:
Don Dionís, no creáis en sueños;
que los sueños sueños son.


Tirso de Molina (España, 1579-1648).

miércoles, 10 de enero de 2024

Mirándolas dormir: OTELO, de William Shakespeare


(Fragmento inicial del acto V, escena segunda)

Alcoba en el castillo.

Desdémona duerme. A su lado una luz. Entra Otelo en escena.

Otelo: Con razon lo hago, con razon ¡alma mia! No os lo quiero contar, cas- tas estrellas. Tampoco quiero derramar la sangre de ella, ni ajar su cútis más blanco que la nieve, y más tierno que mármol sepulcral. Y con todo eso, tengo que matarla, para que no engañe á otros hombres. Apagaré esta luz... y luego aquella. Si apago esta luz y luego me arrepiento puedo volver á encenderla, pero si te apago á tí, luz clarísima, primor y ejemplar de la naturaleza, ¿dónde hallaré el fuego de Prometeo, para volverte á dar la vida? Si arranco la flor de su tallo, ¿cómo he de restituirla su frescura y lozanía? Necesario es que se marchite. Quiero respirar por la última vez su aroma exquisito. (La besa.) ¡Oh regalado aliento de su boca, casi bastas para arrancar el hierro de la mano de la justicia! Otro beso y nada más. ¡Quédate así, cuando yo te mate: que muerta y todo te he de amar! Otro beso, el último. Nunca le hubo más delicioso ni más fatal: lloremos. Mi llanto es feroz, y mi ira es como la de Dios, que hiere donde más ama. Ahora se despierta.

Desdémona (despertando): ¿Eres tú, Otelo?

William Shakespeare (Inglaterra, 1564-1616).

La ilustración corresponde a William Bryant (Otelo) y Amy Jirsa (Desdémona),
durante la puesta en escena de la obra por Flatwater Shakespeare, en 2011.

martes, 24 de octubre de 2023

Eclipse solar: HAMLET, de William Shakespeare

"... se ocultó el sol entre celajes funestos y el húmedo planeta, cuya influencia gobierna el imperio de Neptuno, padeció eclipse como si el fin del mundo hubiese llegado."
 
(Fragmento del primer acto, escena I)
 
Horacio: Yo te lo diré, o a lo menos, los rumores que sobre esto corren. Nuestro último Rey (cuya imagen acaba de aparecérsenos) fue provocado a combate, como ya sabéis, por Fortimbrás de Noruega estimulado por la más orgullosa emulación. En aquel desafío, nuestro valeroso Hamlet (que tal renombre alcanzó en la parte del mundo que nos es conocida) mató a Fortimbrás, el cual por un contrato sellado y ratificado según el fuero de las armas, cedía al vencedor (dado caso que muriese en la pelea) todos aquellos países que estaban bajo su dominio. Nuestro Rey se obligó también a cederle una porción equivalente, que hubiera pasado a manos de Fortimbrás, como herencia suya, si hubiese vencido; así como, en virtud de aquel convenio y de los artículos estipulados, recayó todo en Hamlet. Ahora el joven Fortimbrás, de un carácter fogoso, falto de experiencia y lleno de presunción, ha ido recogiendo de aquí y de allí por las fronteras de Noruega, una turba de gente resuelta y perdida, a quien la necesidad de comer determina a intentar empresas que piden valor; y según claramente vemos, su fin no es otro que el de recobrar con violencia y a fuerza de armas los mencionados países que perdió su padre. Este es, en mi dictamen, el motivo principal de nuestras prevenciones, el de esta guardia que hacemos, y la verdadera causa de la agitación y movimiento en que toda la nación está.
 
Bernardo: Si no es esa, yo no alcanzo cuál puede ser..., y en parte lo confirma la visión espantosa que se ha presentado armada en nuestro puesto, con la figura misma del Rey, que fue y es todavía el autor de estas guerras.
 
Horacio: Es por cierto una mota que turba los ojos del entendimiento. En la época más gloriosa y feliz de Roma, poco antes que el poderoso César cayese quedaron vacíos los sepulcros y los amortajados cadáveres vagaron por las calles de la ciudad, gimiendo en voz confusa; las estrellas resplandecieron con encendidas colas, cayó lluvia de sangre, se ocultó el sol entre celajes funestos y el húmedo planeta, cuya influencia gobierna el imperio de Neptuno, padeció eclipse como si el fin del mundo hubiese llegado. Hemos visto ya iguales anuncios de sucesos terribles, precursores que avisan los futuros destinos, el cielo y la tierra juntos los han manifestado a nuestro país y a nuestra gente... Pero. Silencio... ¿Veis?..., allí... Otra vez vuelve... Aunque el terror me hiela, yo le quiero salir al encuentro. Detente, fantasma. Si puedes articular sonidos, si tienes voz háblame. Si allá donde estás puedes recibir algún beneficio para tu descanso y mi perdón, háblame. Si sabes los hados que amenazan a tu país, los cuales felizmente previstos puedan evitarse, ¡ay!, habla... O si acaso, durante tu vida, acumulaste en las entrañas de la tierra mal habidos tesoros, por lo que se dice que vosotros, infelices espíritus, después de la muerte vagáis inquietos; decláralo... Detente y habla... Marcelo, detenle.
 
William Shakespeare (Inglaterra, 1564-1616).
 
La ilustración corresponde a los personajes Marcelo, Bernardo y Horacio, escena inicial del primer acto de Hamlet.

lunes, 26 de junio de 2023

Tampico: EL CHINO, de Luis Felipe

"Se oscurece la escena y del techo, como una lluvia de estrellas, caen los chispazos de un corto circuito."

(
Fragmentos del primer acto)

Palma: Se llamaba ... se llama José.

Alameda: ¡José! ¡Válgame Dios, con los Josés que hay por el mundo!

Palma: Sus compañeros le decían Tampico.

Alameda: A todos los marineros los llaman por el puerto de origen. Si se enrolan en La Habana, durante todo el vieja los llaman «Habana», aunque sean de la Patagonia.

Palma: Este es mexicano. Así me lo dijo. Además tiene… tenía acento... ¿Vivieron ustedes durante mucho tiempo en la calle Damas?

Alameda: En Damas y Desamparados. En los altos estaba la posada del chino Luis. Nena me estuvo hablando de las canciones.

Caridad: Fue un buen tiempo aquél, ¿eh, Alameda?

Alameda: Como que éramos jóvenes. Hemos estado ensayando.

(...)

Palma: Me ha ratificado el informe: en el último viaje del «Red Bay» no se encontraba a bordo ningún tripulante de nacionalidad mexicana, ningún José, nadie a quien llamaran «Tampico». El informe de la compañía consignataria también ha sido ratificado: seis meses antes del torpedeamiento, se desenroló en La Habana un tal José Urquiza, mexicano, natural de Tampico, de treinta y cinco años de edad. También me ratificaron del Control de Pasajeros que nadie de esas señas ha salido del territorio nacional. ¡Está aquí! ¡Cerca de mí! ¡Cuántas veces habré cruzado a dos pasos de él, en la calle! ¡Tengo que encontrarlo, Nena! Ayúdeme usted, que es hábil y tenaz.

Nena: Calma. Ya veremos. Por ahora tenemos al chino... Si el chino no recuerda...

Palma: Tiene que recordar, estoy segura. Eran íntimos amigos. Aparte de que aquella noche ocurrieron cosas extraordinarias.

(...)

(Todos atónitos miran hacia la puerta, menos Robert que sigue atendiendo las luces. Entra José el Mexicano. Viste rudo pantalón de marino y la peculiar camiseta a rayas de manga corta.)

José: Vengo de Belén. Me dijeron que en esta casa alguien me buscaba.

Palma (En voz baja): Es él. Su misma voz.

Robert (Al electricista): Haga la conexión triple… Así no así no…

Sergio (A José):  Es cierto. Me han dicho que su nombre es…

José: Me llaman José el Mexicano. Soy natural de Tampico.

Sergio: Alguien lo busca, en efecto. Esta señora. ¿La conoce?

Robert (Al electricista): ¡Bruto! ¡Bruto! (Corren los electricistas por la escena). Haga lo que le digo ... ¡Conecte ahora! (El mismo juego de luz anterior. Vuelve a quedar la escena en rojo).

Sergio (A José): ¿La conoce?

José (Mirando a Palma fijamente): Trato de recordar…

Sergio: Es extraño. Aquí está su amigo Luis.

Chino: Capitán no es amigo de este señor.

José (Extrañado): No lo conozco.

Robert (A los electricistas): ¡Brutos! ¡Brutos!

(El mismo juego de sucesión de luces de diversos colores. Corren los electricistas. Confusión. Se oscurece la escena y del techo, como una lluvia de estrellas, caen los chispazos de un corto circuito. Oscuridad total).

Robert (Corriendo y fritando): ¡Desconecte! !Desconecte! ¡Un fusible!

Silencio. Se ilumina el teatro. Y habrá caído el

Telón

Carlos Felipe Hernández (Cuba, 1914-1975).

viernes, 28 de abril de 2023

Tampico: APUNTES SOBRE EL TEATRO EN MÉXICO, de José Martí

"... hacerlas representar por la compañía que dirige en Tampico y (...) venir con ellas a México..."

Un proyecto del actor mexicano Zerecero

Este estudioso actor intenta reunir todas las obras dadas a la escena por escritores mexicanos, hacerlas representar por la Compañía que dirige en Tampico, y una vez acostumbrados los actores a interpretar las creaciones escénicas de los escritores patrios, venir con ellas a México y dar aquí al público cuanto para el teatro han producido nuestros poetas y literatos notables.

Este proyecto responde a una necesidad que ha tardado mucho en hacerse sensible. Un pueblo nuevo necesita una nueva literatura. Esta vida exuberante debe manifestarse de una manera propia. Estos caracteres nuevos necesitan un teatro especial. ... México necesita una literatura mexicana. Si anda México escaso en actores propios, consecuencia justa es ésta de la escasez y apartamiento de propios autores. La independencia del teatro es un paso más en el camino de la indepen- dencia de la nación. El teatro derrama su influencia en los que, necesitados de esparcimiento, acuden a él. ¿Cómo quiere tener vida propia y altiva, el pueblo que paga y sufre la influencia de los decaimientos y desnudeces repugnantes de la gastada vida ajena? ... La literatura es la bella forma de los pueblos. En pueblos nuevos, ley es esencial que una literatura nueva surja. ... Las manos que han surgido de una tierra virgen, no han debido ser hechas para aplaudir las postrimerías de una tierra cansada y moribunda. El teatro es copia y consecuencia del pueblo. Un pueblo que quiere ser nuevo, necesita producir un teatro original.

José Martí (Cuba, 1853-1895).

Esta crónica apareció publicada el 11 de mayo de 1875 en la Revista Universal
bajo la firma de Orestes, el seudónimo utilizado por José Martí en ese tipo de artículos.

jueves, 23 de febrero de 2023

Conejos: CUENTAS ATRASADAS, de Manuel Bretón de los Herreros

"¿Quién corre dos liebres a un tiempo?"

(
Fragmento del acto tercero)

Escena VII

Eulalia, don Leoncio y Casimira.

Casimira (a Eulalia, sin ver a don Leoncio y enseñándole un ramo): Al fin, al pie de un albaricoque le hallé. ¿Vino...? ¡Ah, que está aquí!

Leoncio (a Casimira): Sí, vida mía... (¿Quién corre dos liebres a un tiempo?)

Casimira (aparte a Eulalia): ¿Ves que buen mozo? Como un roble.

Eulalia: No sé... no he mirado... Adiós. (Aunque mi tía se enoje, no la espero aquí testigo de peligrosos amores).

Sale y entra en la casa.

Manuel Bretón de los Herreros (España, 1796-1873).

miércoles, 22 de febrero de 2023

Conejos: LA MARQUESA DE PRETINTAILLE, de Jean-François Bayard

"Porque a final dde cuentas tú le disparaste (...) ¿A ese conejo, mi señor?... incapaz..."

(
Fragmento del acto único)

Escena II

Los mismos, Jean Grivet, domésticas, el guardabosques.
(El guarda porta un fusil y un conejo; dos domésticas detienen a Jean Grivet por el cuello).

El marqués: ¡Silencio Louison!...
El guarda: ¡Silencio!...
Jean: Yo no fui mi señor... soy incapaz...
El marqués: ¿No fuiste tú?
Jean: ¡De verdad!... Yo amo bastante al buen Dios.
El marqués (con impaciencia): Pero, ¿entonces quién?... ¿entonces quién?
Jean: ¡Maldición!... es el fusil.
Todos (riendo): ¡Ah!... ¡Ah!... ¡Ah!...
El marqués: ¡Pero, ese fusil travieso! ... Fuiste tú quien lo disparó.
Jean: Inocentemente, vamos, mi señor... sin intención ni mala fe.
Louison:¡Oh!, sobre eso, mi señor, yo le juro...
El marqués: ¡Silencio, Louison!
El guarda: ¡Silencio!...
El marqués: ¡Pues claro!... ese es el punto fuerte... y tengo cuiriosidad de saber cómo te vas a justificar... (mostrando al conejo) Porque, a final de cuentas, tú le disparaste.
Jean: ¿A ese conejo, mi señor?... incapaz... y puedo decir que cuando todo sucedió, yo estaba aún más molesto que él.
El marqués: ¿Me vas a demostrar que es su culpa?
Jean: Sí, mi señor, sí, fue su culpa... yo no culpo a este conejo... tengo en cuenta su desgracia... pero fue él quien se equivocó.
El marqués: ¡Estos villanos están actuando de mala fe!...
Louison (mirando a Jean): ¡Vamos!... ¡Vamos!... (lo insta para que se acerque al marqués).
Jean: Esto es lo que pasó... Fui a llevar este rifle a Pierre Chenu, del pueblo vecino... un gran bebedor, que toma, que toma... (el marqués se mueve incómodo) Bueno, da igual... así que estaba atravesando vuestro gran bosque sin pensar en conejos... ¿qué me hacen los conejos?... ¿son asunto mío los conejos?... pensé tan poco en eso que me puse a cantar a todo pulmón (comienza a cantar). Pequeños pájaros en la arboleda...

Jean-François Alfred Bayard (Francia, 1796-1853).

(Traducido del francés por Jules Etienne).