Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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martes, 14 de mayo de 2024

Mirándolas dormir: LA VIOLETA DEL PRÁTER, de Christopher Isherwood

"... donde se ha levantado un nuevo decorado: el dormitorio de Toni."

(
Fragmento)

Después del bullicio de la mañana, las tardes comienzan en un ambiente de ociosidad y reposo. Nos hemos trasladadom a otro plató, donde se ha levantado un nuevo decorado: el dormitorio de Toni. La primera escena que hay que rodar es la que precede a la llegada de la carta de Rudolf. Toni está echada en la cama, dormida; en sus labios aflora una sonrisa. Sueña con su amado y con la romántica cita del día anterior. En el exterior brilla una radiante mañana de primavera. Toni se mueve, despierta, se despereza, salta de la cama, cruza el cuarto corriendo, abre la ventana de par en par, respira con deleite el aroma de las flores y se pone a cantar el tema musical de la película.

Christopher Isherwood
(Inglés nacionalizado estadounidense, 1904-1986).

(Traducido al español por María Belmonte).

miércoles, 3 de abril de 2024

Mirándolas dormir: EL GRAN DINERO, de John Dos Passos

"Vio que la chica estaba dormida, con la cara hundida en la almohada."

(
Fragmento del cuarto capítulo de Charley Anderson)

- En lo que dices hay más verdad que poesía -dijo Charley entre dientes.

- La poesía... Adoro la poesía, ¿tú no?

Bailaron hasta que cerró el local. Salieron con paso tambaleante a las calles negras y desiertas. Pasaron dando traspiés junto a cubos de basura. Los gatos escapaban a su paso entre sus pies. Se detuvieron y hablaron del amor libre con un policía. Y en cada esquina se paraban para besarse. Mientras buscaba la llave en el bolso, ella dijo con aire pensativo:

- Las gentes que hacen cosas resultan luego los amantes más maravillosos, ¿no crees?

Charley fue el primero en despertarse. El sol entraba a raudales por una ventana sin cortina. Vio que la chica estaba dormida, con la cara hundida en la almohada. Tenía la boca abierta y parecía mucho más vieja que la noche pasada. Su piel era pastosa, de cierto tono verdoso, y sus cabellos eran un matojo de mechones.

Charley se vistió en silencio. Sobre unos grandes tableros, tapizados de grueso polvo y atestados de caprichosos dibujos de desnudos, encontró un trozo de carboncillo. En el reverso de una hoja de papel amarillo, donde podía leerse un poema a medio escribir, Charley escribió: «Lo he pasado maravillosamente... Adiós... Buena suerte, Charley». Y no se puso los zapatos hasta llegar al final de las crujientes escaleras.

Ya en la calle, en la ventosa y fría mañana primaveral, se sintió maravillosamente. Estalló en sonoras carcajadas. Qué pequeña y vieja gran ciudad.


John Dos Passos (Estados Unidos, 1896-1970).

sábado, 27 de enero de 2024

Mirándolas dormir: ROLLA, RONDÓ y PORCIA, tres poemas de Alfred de Musset

"¡Ay!, aquella desnuda cortesana, del sueño mal velada..."

Rolla: pequeño poema

(Fragmento)

¡Amar y siempre amar! frase armoniosa
que gime el viento en su postrer vagido,
frase feliz que agita voluptuosa
al ave tierna en el calor del nido.
Frase por las estrellas murmurada,
frase de ritmo mágico y diverso,
y a cuya dulce música adorada
por la esfera azulada
se ve girar sin fin el universo.

Santiago en tanto, inmóvil contemplaba
a la dormida y celestial María,
y un no sé qué en sus formas encontraba
que en otra parte contemplado había.
Tal vez por eso, triste y receloso
de aquel sueño ante el blando desvarío
del fondo de su pecho proceloso
se escapaba un suspiro yerto y frío.
¡Ay!, aquella desnuda cortesana,
del sueño mal velada por el manto,
era tal vez la desdichada hermana
de su vil abyección y de su llanto.
Y aquella estancia lúgubre y sombría
testigo mudo del placer gozado
dentro de algunas horas, no sería
más que la tumba fría
que encerrase su cuerpo ensangrentado.

En ti, criatura tierna y delicada,
la fiel resignación marca su huella,
es tu dolor de mi dolor hermano,
la luz de tu candor en mí destella,
tú eres la estatua pálida y yacente
que en mi tumba dormida
espera dulcemente
que nos una en la sombra eternamente
el hilo roto de mi frágil vida.
No te despiertes, no. Tu vida impura
es de la tierra, pero no tu sueño;
tu sueño celestial es casto y puro,
Dios en velar por ti pone su empeño.
Tú, desdichada niña, no has manchado
el manto virginal de tu pureza,
tú digna de mi amor serás y has sido,
tú que ocultando un ser en ti escondido
no tienes de ti más que tu belleza,
déjame que en los párpados te bese
que sólo a ti, niña inocente, quiero
con un beso abrasado de mi boca
dar antes de morir mi adiós postrero.

(Traducción rimada de Ángel R. Chaves).

Rondó

¿Hubo alguna vez tanta dulzura de corazón
para ver a Manon durmiendo en mis brazos?
Su frente coqueta perfuma la almohada;
En su hermoso pecho escucho su corazón mirando.
Un sueño pasa y viene a alegrarlo.

Así se duerme una flor de rosa mosqueta,
encerrando en su cáliz a una abeja.
La balanceo: una profesión más encantadora
¿Ha existido alguna vez?

Pero llega el día y la aurora rojiza florece
con el viento su ramo primaveral.
Peine en mano y perla en oreja
Hacia su espejo Manon corre para olvidarme.
¡Pobre de mí! Amor sin despertar ni mañana
¿Lo fue alguna vez?

"... al contemplar a una mujer dormida, no hay un alma que mantenga su dureza,..."

Porcia

(Fragmento)

¿Quién no sabe que la noche tiene tales poderes
que, como las flores, más bellas son las mujeres.
Y que el viento de la tarde se puede llevar
el más dulce aroma para respirar?
Por eso, sin ruido alguno que sorprenda su cura
Luigi, que admira su floreciente frescura
tan tranquila, tan pura, ojos moribundos, frente inclinada
igual que un joven cervatillo en el alto trigal recostada
entonces siente que, al contemplar a una mujer dormida,
no hay un alma que mantenga su dureza bien establecida
quién no encuentra algo que ver cuando su pena más dura 
se funde como en el fuego de una llama el bronce
porque, ¡en quien se puede confiar, Dios mío! Si natura
nos hace ver en su rostro tal impostura
que necesita partir en dos a la criatura
¡y defender su corazón del amor de sus ojos!

(Qui ne sait que la nuit a des puissances telles,
Que les femmes y sont, comme les fleurs, plus belles.
Et que tout vent du soir qui les peut effieurer
Leur enlève un parfum plus doux à respirer?
Ce fut pourquoi, nul bruit ne frappant son cure,
Luigi , qui l’admira it si fraîche épanouie,
Si tranquille, si pure, oeil mourant, front penché,
Ainsi qu’un jeune faon dans les hauts blés couché,
Sentit ceci, qu’au front d’une femme endormie,
Il n’est âme si rude et si bien a affermie
Qui ne trouve de quoi voir son plus dur chagrin
Se fondre comme au feu d’une flamme l’airain.
Car, à qui s’en fier, mon Dieu! si la nature
Nous fait voir à sa face une telle imposture,
Qu’il faille séparer la créature en deux,
Et défendre son coeur de l’amour de ses yeux!)

Alfred de Musset (Francia, 1810-1857).

(La traducción rimada de Rolla, es de Ángel R. Chaves y Porcia fue traducida del francés por Jules Etienne). 
La ilustración superior corresponde al cuadro Rolla, de Henri Gervex, quien lo pintó inspirado por el poema,
la otra es obra del pintor ruso hiperrealista Serge Marshennikov. 

viernes, 26 de enero de 2024

Mirándolas dormir: EL DIABLO MUNDO, de José de Espronceda

"... una mujer dormida sobre un lecho riquísimo allí está, los brazos fuera; palpítale desnudo el blanco pecho, vaga suelta su cabellera negra..."

(
Fragmento del canto VI)

Bella como la luz de la serena 
tarde que a la ilusión de amor convida, 
el alma acaso de amarguras llena, 
hermosa en el verano de la vida, 
una mujer dormida sobre un lecho 
riquísimo allí está, los brazos fuera; 
palpítale desnudo el blanco pecho, 
vaga suelta su negra cabellera; 
la almohada a un lado, la cabeza hermosa 
en un escorzo lánguida caída, 
turbios ensueños a su frente ansiosa 
vuelan tal vez desde su alma herida. 
Una velada lámpara destella 
su tibia luz en rayos adormidos. 
En desorden brillando en torno de ella 
mil lujosos adornos esparcidos, 
aquí un vestido de francesa blonda, 
la piocha allí de espléndidos brillantes, 
la diadema de piedras de Golconda, 
sobre el sofá los aromados guantes; 
de flores ya marchita la guirlanda, 
allí sortijas de oro y pedrería, 
arrojada en la alfombra rica banda 
bordada de vistosa argentería. 
Bandas, sortijas, trajes, guantes, flores, 
no os quejéis si os arroja con desdén. 
¡El placer, la esperanza y los amores 
ella arrojó del corazón también! 
¡Ay!, que los años de la edad primera 
pasaron luego y la ilusión voló, 
y al partirse dejó la primavera 
al sol de julio que agostó la flor. 
Y al alma sólo le quedó un deseo 
y un sueño le quedó a su fantasía, 
loco afán y engañoso devaneo 
que en vano en este mundo hallar porfía. 
Y el corazón que palpitaba ufano 
henchido de esperanza y de ventura, 
donde placer halló lo busca en vano, 
perdida para siempre su frescura. 
Y en vano en lechos de plumón mullidos, 
en rica estancia de dorado techo, 
se reclinan sus miembros adormidos 
mientras despierto le palpita el pecho. 
Y en él inquieto el corazón se agita, 
y un tropel de deseos y memorias 
su mente a trastornar se precipita 
volando ansiosa tras mentidas glorias. 
Y en vano busca con avaro empeño 
paz para el corazón en sus rigores; 
sus ojos cerrará piadoso el sueño, 
pero no el corazón a sus dolores.

José de Espronceda
(España, 1808-1842).

domingo, 21 de enero de 2024

Mirándolas dormir: LA SIESTA, de José Joaquín Pesado

"Quizá descuidada duerme, llena de ilusiones dulces en sus floridos vergeles."

(
Fragmento)

La primavera galana
Vida y esperanzas vierte:
Todos los seres se gozan;
Menos yo de Elisa ausente
.
Del tormento que me causa,
Quizá descuidada duerme,
Llena de ilusiones dulces
En sus floridos vergeles

Gozando la grata sombra
Que sobre la yerba ofrecen
Los frondosos naranjales
Y los erguidos cipreses.

Donde yedras y jazmines
Formando frescos doseles
Entre perfumes y flores
Del sol la guardan corteses.

Donde corriendo sonora
Por entre lirios la fuente,
Copia su beldad dormida
Que muda deidad parece.

¡Amor, que bella a mis ojos
Haces que su faz se muestre!
¡Cómo al mirar su hermosura
mi seno en fuego se enciende!

¿Do vas, atrevido amante?
Suspende al paso, detente,
No profanes atrevido
Ese misterioso albergue,

Si en él el amor se anida
Es el amor inocente;
El recato lo custodia,
Y la virtud lo defiende.

Mira dormidos sus ojos;
Mira por su linda frente
Vagar el dorado rizo,
Que el soplo del aura mueve.

Una posesión tan alta,
¿Quién es el que la merece?
Basta que tu amor conozca
Para que premiado quedes.

Basta que Elisa no ignore
Tus afectos reverentes,
Y que en su memoria ilustre
Alguna vez le recuerde.

José Joaquín Pesado (México, 1801-1861).

martes, 14 de marzo de 2023

Conejos: VILLANELA RÍTMICA, de Téophile Gautier

"Espantemos al conejo escondido..."

Cuando llega la nueva 
temporada
Cuando el frío ha desaparecido,
Iremos los dos, querida,
Para recoger lirios del valle en el bosque;
Bajo nuestros pies se desgranan las perlas
Que vemos temblar por la mañana,
Iremos a escuchar a los mirlos
Silbar.
Ha llegado la primavera, querida,
Es el mes de los benditos amantes,
Y el pájaro, satinando su ala,
Dice versos al borde del nido.
¡Oh! ven al banco de musgo,
Para hablar de nuestros bellos amores,
Y dime con tu voz tan dulce:
¡Siempre!
Lejos, muy lejos, extraviados en nuestra carrera,
Espantemos al conejo escondido,
Y al ciervo en el espejo de las fuentes
Admirando el gran bosque inclinado,
Luego, en la casa, todo alegre, todo a gusto,
En una canasta entrelazando nuestros dedos,
Volvamos trayendo fresas
del bosque.

(Villanelle rhythmique
Quand viendra la saison nouvelle,
Quand auront disparu les froids,
Tous les deux nous irons, ma belle,
Pour cueillir le muguet au bois;
Sous nos pieds égrenant les perles
Que l'on voit au matin trembler,
Nous irons écouter les merles
Siffler.
Le printemps est venu, ma belle,
C'est le mois des amants béni,
Et l'oiseau, satinant son aile,
Dit des vers au rebord du nid.
Oh! viens donc sur le banc de mousse,
Pour parler de nos beaux amours,
Et dis-moi de ta voix si douce:
Toujours!
Loin, bien loin, égarant nos courses,
Faisons fuir le lapin caché,
Et le daim au miroir des sources
Admirant son grand bois penché,
Puis, chez nous, tout joyeux, tout aises,
En panier enlaçant nos doigts,
Revenons rapportant des fraises
Des bois.)

Théophile Gautier (Francia, 1811-1872).

(Traducido del francés por Jules Etienne).

martes, 25 de octubre de 2022

Otoño: LAMENTACIÓN DEL GUARDAFRONTERAS, de Li Bai (Li Po)


En la puerta del norte
el viento gime enarenado, solo
desde el principio de los tiempos.
Caen los árboles
la hierba se marchita bajo el otoño.
Subo a la torre
a vigilar el territorio bárbaro:
castillos desolados, firmamento,
vastedad del desierto.
No queda muro en pie en toda la aldea.
Mil heladas blanquearon las osamentas.
Bajo arbustos y hierba se deshacen
los montones de huesos.
¿Quién es el responsable de esta ruina?
¿Quién despertó la cólera imperial
y atrajo a huestes enemigas
con atabales y tambores?
Fueron los reyes bárbaros.
La dulce primavera se transformó
en el otoño ávido y sangriento.
En el Reino Central ardió la guerra.

Somos pasto del tigre los guardianes.


Li Bai también conocido como Li Po (China, 701-762).

(La versión en español es de José Emilio Pacheco basada en la traducción al inglés de Ezra Pound).

jueves, 8 de septiembre de 2022

Golondrinas en septiembre: ODA A LAS ALAS DE SEPTIEMBRE, de Pablo Neruda

"... al vuelo del cielo que volvió a mi tejado: he comprendido al fin que las primeras flores son plumas de septiembre."

He visto entrar a todos los tejados
las tijeras del cielo:
van y vienen y cortan transparencia:
nadie se quedará sin golondrinas.

Aquí era todo
ropa, el aire espeso
como frazada y un vapor del sal
nos empapó el otoño
y nos acurrucó contra la leña.

En la costa del Valparaíso,
hacía el sur de la Planta Ballenera:
allí todo el invierno se sostuvo
intransferible con su cielo amargo.

Hasta que hoy al salir
volaba el vuelo,
no paré mientes al principio, anduve
aún entumido, con dolor de frío,
y allí estaba volando,
allí volvía
la primavera a repartir el cielo.

Golondrinas de agosto y de la costa,
tajantes, disparadas
en el primer azul,
saetas de aroma:
de pronto respiré la acrobacias
y comprendí que aquello
era la luz que volvía a la tierra,
las proezas del polen en el vuelo,
y la velocidad volvía a mi sangre.
Volví a ser piedra de la primavera.

Buenos días, señores golondrinas
o señoritas o alas o tijeras,
buenos días al vuelo del cielo
que volvió a mi tejado:
he comprendido al fin
que las primeras flores
son plumas de septiembre.


Pablo Neruda: Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto (Chile, 1904-1973).
Obtuvo el premio Nobel en 1971.

sábado, 4 de junio de 2022

Junio: SUITE FRANCESA, de Irène Némirovsky

"Se apagaban todas las lámparas, pero bajo aquel dorado y transparente cielo de junio se distinguían todas las calles..."

(Párrafo inicial de la novela)
 
La guerra Caliente, pensaban los parisinos. El aire de primavera. Era la noche en guerra, la alerta. Pero la noche pasaría, la guerra estaba lejos. Los que no dormían, los enfermos encogidos en sus camas, las madres con hijos en el frente, las enamoradas con ojos ajados por las lágrimas, oían el primer jadeo de la sirena. Aún no era más que una honda exhalación, similar al suspiro que sale de un pecho oprimido. En unos instantes, todo el cielo se llenaría de clamores. Llegaban de muy lejos, de los confines del horizonte, sin prisa, se diría. Los que dormían soñaban con el mar que empuja ante sí sus olas y guijarros, con la tormenta que sacude el bosque en marzo, con un rebaño de bueyes que corre pesadamente haciendo temblar la tierra, hasta que al fin el sueño cedía y, abriendo apenas los ojos, murmuraban: «¿Es la alarma?» Más nerviosas, más vivaces, las mujeres ya estaban en pie. Algunas, tras cerrar ventanas y postigos, volvían a acostarse. El día anterior, lunes 3 de junio, por primera vez desde el comienzo de la guerra habían caído bombas sobre París. Sin embargo, la gente seguía tranquila. Las noticias eran malas, pero no se las creían. Tampoco se habrían creído el anuncio de una victoria. «No entendemos nada», decían. Las madres vestían a los niños a la luz de una linterna, alzando en vilo los pesados y tibios cuerpecillos: «Ven, no tengas miedo, no llores.» Es la alerta. Se apagaban todas las lámparas, pero bajo aquel dorado y transparente cielo de junio se distinguían todas las calles, todas las casas. En cuanto al Sena, parecía concentrar todos los resplandores dispersos y reflejarlos centuplicados, como un espejo de muchas facetas. Las ventanas mal camufladas, los tejados que brillaban en la ligera penumbra, los herrajes de las puertas cuyas aristas relucían débilmente, algunos semáforos que, no se sabía por qué, tardaban más en apagarse...
 
 
Irène Némirovsky (Escritora en lengua francesa nacida en Ucrania, 1903-1942)

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Venecia: MENTIRAS, de Paul Bourget

"Venecia es siempre la patria de lo inverosímil, la ciudad de las ondinas, que en este extremo del Oriente se llaman sirenas..."

(Fragmento del capítulo XV: Los odios de Colette)

El sello de la carta le reveló que Claudio se hallaba al presente en Venecia. Con singular cuiriosidad rompió el sobre y leyó las páginas que siguen, andando por las tranquilas calles del barrio de San Germán, que le llevaban hacia el Sena, una mañana de primavera tan fresca y luminosa como su propio amor.

Venecia, palacio Dario, Abril 79.

«Escribo a usted, querido Renato, desde su Venecia, desde esta Venecia de donde usted ha evocado la cruel imagen de Celia, el dulce perfil de Beatriz, y como la hechicera Venecia es siempre la patria de lo inverósimil, la ciudad de las ondinas, que en este extremo del Oriente se llaman sirenas, he decubierto aquí un cuartito amueblado en el palacio más mono, sobre el Gran Canal, como lord Byron; un palazzino con medallones de mármol en su fachada, todo historiado, bordado, cincelado e inclinado de un ángulo, como yo en mis días malos. Mientras me ocupo de garrapatear a usted esta carta, siento el agua del Gran Canal debajo de mis ventanas y a mi alrededor la paz de esta ciudad -la Cora Pearl del Adriático, que diría un zarzuelista- en que se disfruta de un soñador silencio. ¡Ay, amigo mío! ¿Por qué no he podido desprenderme, al venir aquí, de mi corazón de escritor enfermo, de este corazón que siento gemir y golpear aún más fuerte en este suave silencio? (...)»

Paul Bourget (Francia, 1852-1935).

(Traducida al español por H. Giner de los Ríos).
La ilustración corresponde a un mosaico del Renacimiento
que figura en el ensayo Las sirenas de Venecia, de Alison Luchs.

viernes, 6 de agosto de 2021

Venecia: EN VÍSPERAS, de Iván Turguéniev

"Todo en ella es luminoso y claro, sin embargo, también se percibe una (...) tranquila sensualidad."

(Fragmento del capítulo XXXIII: Una visita a Venecia)

Para quien no haya visto Venecia en el mes de abril será difícil elaborar un retrato del indescriptible encanto de esta ciudad hechicera. La apacible serenidad de la prima- vera es para Venecia lo que el brillante sol estival a la gloriosa Génova o lo que el dorado púrpura otoñal es para Roma, ese gran anciano entre las ciudades. Y apenas la primavera nos agita y llena de deseo, también Venecia con su hermosura. Atormenta y provoca al inocente corazón con una sensación de alegría inminente, una alegría que es al mismo tiempo simple pero misteriosa. Todo en ella es luminoso y claro, sin embargo, también se percibe una calina somnolienta de tranquila sensualidad; todo es silencioso, aunque siempre está dando la bienvenida; todo sobre esta ciudad es femenino, incluso hasta su nombre; no por nada se le conoce como “Venecia la hermosa”.

Iván Turguéniev (Rusia, 1818-1883).

(Traducido al español por Jules Etienne).

domingo, 22 de marzo de 2020

Primavera: COMIENZA LA PRIMAVERA, de Hugo von Hofmannsthal

"A través de las lisas, deshojadas avenidas, llevan su agitación pálidas sombras."

Corre el viento de la primavera
por deshojadas arboledas,
cuántas cosas extrañas
hay en su soplo.

El viento se meció
allí donde hubo llanto,
y supo acomodarse
en un pelo revuelto.

El viento desprendió
las flores del acacio,
y refrescó los miembros
que en la respiración ardían.

Los labios que reían
supo tocar,
y husmeó los campos
blandos y desiertos.

Se deslizó por la flauta
como sollozante grito,
por el rojo del ocaso
pasó volando.

Silencioso voló
por cuartos con susurros,
y en su caída extinguió
el brillo de la lámpara.

Corre el viento de la primavera
por deshojadas avenidas,
cuántas cosas extrañas
hay en su soplo.

A través de las lisas,
deshojadas avenidas,
llevan su agitación
pálidas sombras.

Y aquel aroma
que consigo trajo
de donde arribó
desde ayer por la noche.


Hugo von Hofmannstahl (Austria, 1874-1929).

(Traducido del alemán por Rodolfo E. Modern).

sábado, 21 de marzo de 2020

Primavera: EPÍSTOLAS DE LAS HEROIDAS, de Ovidio

"Que si el fruto de Venus amoroso del bosque quitas, toda su frescura se ha de volver en páramo enfadoso."


(Fragmento de la epístola cuarta: Fedra a Hipólito)

Muchas veces sirvió de blando lecho
La grama a Venus y a su Adonis: tanta
Es la fuerza del amor si abrasa un pecho.

Meleagro también por Atalanta
Se ardía, y ella guarda de la fiera
La cabeza y la piel por prenda santa.

Amémonos los dos de esta manera,
Seamos de este número dichoso,
Y habrá en el bosque eterna primavera.

Que si el fruto de Venus amoroso
Del bosque quitas, toda su frescura
Se ha de volver en páramo enfadoso.


Ovidio: Publio Ovidio Nasón
(Poeta romano nacido en la actual Italia y fallecido en lo que ahora es Rumania, 43 a. de C.-17 o 18 a. de C.)

(Traducido al español por Diego Mexía de Fernangil).
La ilustración corresponde a El baño de Venus en el jardín inglés de Caserta, Italia.

viernes, 20 de marzo de 2020

Primavera: PRIMAVERA A LA VISTA, de Octavio Paz

"El mar respira apenas, brilla apenas (…) Está lleno de pájaros el mundo."

Pulida claridad de piedra diáfana,
lisa frente de estatua sin memoria:
cielo de invierno, espacio reflejado
en otro más profundo y más vacío.

El mar respira apenas, brilla apenas.
Se ha parado la luz entre los árboles,
ejército dormido. Los despierta
el viento con banderas de follajes.

Nace del mar, asalta la colina,
oleaje sin cuerpo que revienta
contra los eucaliptos amarillos
y se derrama en ecos por el llano.

El día abre los ojos y penetra
en una primavera anticipada.
Todo lo que mis manos tocan, vuela.
Está lleno de pájaros el mundo.


Octavio Paz (México, 1914-1998). Obtuvo el premio Nobel en 1990.

jueves, 19 de marzo de 2020

Primavera: EL DESTINO DE UN HOMBRE, de Mijail Shólojov

"... mientras los riachuelos de la estepa, rompiendo el hielo, corrían retozones, primaverales..."

(Fragmento inicial)

La primera primavera después de la guerra fue en el Alto Don excepcional: llegó impetuosa, y el deshielo se produjo rápido, a un tiempo. A fines de marzo, soplaron de las costas del mar Azov templados vientos y, dos días más tarde, ya estaban completamente desnudas las arenas de la margen izquierda del Don; se alzó, abombándose, la nieve que llenaba barranquillos y cañadas, mientras los riachuelos de la estepa, rompiendo el hielo, corrían retozones, primaverales, y los caminos se ponían casi intransitables.

En esa mala época de caminos anegados me cupo en suerte ir a la stanitsa de Bukanovskaia. Y aunque la distancia no era grande -cerca de sesenta kilómetros- no resultó tan fácil recorrerla. En compañía de unos camaradas, partí antes de salir el sol. Un par de caballos bien cebados, tensos como cuerda de guitarra los tirantes de los arneses, apenas podían arrastrar el pesado carricoche. Las ruedas se hundían hasta las pezoneras en la arena, húmeda, mezclada con nieve y hielo, y al cabo de una hora, en los ijares de los caballos y en sus ancas, bajo las finas correas de las retranquillas, aparecía ya una espuma abundante, blanca como de jabón, mientras el aire puro de la mañana se llenaba de un olor acre y embriagador a sudor de caballo y al recalentado alquitrán con que fueran pródigamente embadurnados los arreos.

En los lugares más penosos para los caballos, saltábamos del carricoche y seguía- mos a pie. Bajo nuestras botas altas chapoteaba la nieve acuosa, costaba trabajo andar, pero a ambos lados del camino se conservaba todavía el hielo -refulgente al sol como el cristal- y por allí era aún más difícil avanzar. Al cabo de unas seis horas sólo habíamos recorrido treinta kilómetros y llegábamos al lugar por donde debíamos cruzar el riachuelo Elanka.


Mijail Shólojov (Rusia, 1905-1984). Obtuvo el premio Nobel en 1965.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Primavera: DESPEDIDA DE UN PAISAJE, de Wislawa Szymborska

"No me causa dolor que los sotos de alisos recuperen su murmullo."

No le reprocho a la primavera
que llegue de nuevo.
No me quejo de que cumpla
como todos los años
con sus obligaciones.

Comprendo que mi tristeza
no frenará la hierba.
Si los tallos vacilan
será sólo por el viento.

No me causa dolor
que los sotos de alisos
recuperen su murmullo.

Me doy por enterada
de que, como si vivieras,
la orilla de cierto lago
es tan bella como era.

No le guardo rencor
a la vista por la vista
de una bahía deslumbrante.

Puedo incluso imaginarme
que otros, no nosotros,
estén sentados ahora mismo
sobre el abedul derribado.

Respeto su derecho
a reír, a susurrar
y a quedarse felices en silencio.

Supongo incluso
que los une el amor
y que él la abraza a ella
con brazos llenos de vida.

Algo nuevo, como un trino,
comienza a gorgotear, entre los juncos.
Sinceramente les deseo
que lo escuchen.

No exijo ningún cambio
de las olas a la orilla,
ligeras o perezosas,
pero nunca obedientes.

Nada le pido
a las aguas junto al bosque,
a veces esmeralda,
a veces zafiro,
a veces negras.

Una cosa no acepto.
Volver a ese lugar.
Renuncio al privilegio
de la presencia.
Te he sobrevivido suficiente
como para recordar desde lejos.


Wislawa Szymborska (Polonia, 1923-2012). Obtuvo el premio Nobel en 1996.

(Traducido al español por Gerardo Beltrán).
La ilustración corresponde a los árboles alisos del bosque Bialowieza en Polonia.