Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
lunes, 13 de febrero de 2023
Conejos: LA CARTUJA DE PARMA, de Stendhal
martes, 6 de julio de 2021
Venecia: VICTORIA ACCORAMBONI, de Stendhal
(Fragmento)
Albano era un puerto muy seguro para él, pues, desde hacía muchos años, la casa Orsini estaba unida a la república de Venecia por servicios recíprocos. Ya en este país seguro, el príncipe Orsini no pensó más que en gozar de los esparcimientos de diversas estancias, y, con este propósito, alquiló tres magníficos palacios: uno en Venecia el palacio Dandolo, en la calle de la Zecca; otro en Padua, el Fostarini, situado en la magnífica plaza llamada la Arena; el terceto lo eligió en Salo, en la deliciosa orilla del lago de Garda; este último palacio había pertenecido tiempo atrás a la familia Sforza Pallavicini.
A los señores de Venecia (el gobierno de la república) les satisfizo mucho la llegada a sus estados de tan insigne príncipe y se apresuraron a ofrecerle una nobilísima condotta (o sea una cantidad muy considerable, pagadera anualmente, que el príncipe habría de emplear en reclutar una tropa de dos o tres mil hombres y asumir el mando de la misma). El príncipe declinó con mucho desparpajo este ofrecimiento, contestando, a través de los emisarios, que aunque, por inclinación natural y hereditaria en su familia, le sería muy grato servir a la serenísima república, dependiendo como dependía en aquel momento del rey católico, no le parecía conveniente aceptar otra obligación. Esta respuesta entibió un tanto la buena disposición de los senadores. Inclinados antes a dispensarle en nombre de todo el pueblo, una recepción muy honorable cuando ra a Venecia, dicha respuesta los determinó a dejar que llegara como un simple particular.
El príncipe Orsini, enterado de codo esto, decidió no ir a Venecia. Estando ya cerca de Padua, dio un rodeo en esta admirable región y se encaminó con toda su escolta al palacio preparado para él en Salo, a orillas del lago de Garda. Allí pasó todo el verano entre los más agradables y variados pasatiempos. Llegada la época de cambiar de residencia, el príncipe hizo algunos pequeños viajes, de los que sacó la conclusión de que ya no podía resistir el cansancio como antes; temió por su salud; por fin pensó ir a pasar unos días en Venecia, pero su esposa, Victoria, le disuadió y le indujo a permanecer en Salo.
Algunos pensaron que Victoria Accoramboni se había dado cuenca de los peligros que corrían los días de su marido y que, después de inducirle a permanecer en Salo, pensaba llevarle más adelante fuera de Italia; por ejemplo, a alguna ciudad libre de Suiza; de este modo, para el caso de morar el príncipe, ponía en seguridad su persona y su fortuna particular.
Stendhal: Henri Beyle (Francia, 1783-1842).
La ilustración corresponde al interior del Palazzo Danndolo en Venecia, en la actualidad Hotal Danieli.
martes, 15 de mayo de 2018
Mayo: LA CARTUJA DE PARMA, de Stendhal
jueves, 23 de febrero de 2017
Carnaval: ROJO Y NEGRO, de Stendhal
(Fragmento del capítulo XL: La reina Margarita)
sábado, 28 de junio de 2014
Espejos (58): ROJO Y NEGRO, de Stendhal
(Fragmento del capítulo XLIX: La ópera bufa)
miércoles, 20 de febrero de 2013
AMOR A PRIMERA VISTA, según Nabokov, Carlos Fuentes, Stendhal, Pacheco y García Márquez
Me es muy difícil expresar con la fuerza adecuada aquella llamarada, ese estremecimiento, ese impacto de apasionada anagnórisis. En el brevísimo instante durante el cual mi mirada envolvió a la niña arrodillada (sobre los severos anteojos negros parpadeaban los ojos del pequeño Herr Doktor que me curaría de todos mis dolores), mientras pasaba junto a ella en mi disfraz de adulto –un buen pedazo de triunfal virilidad–, el vacío de mi alma logró succionar cada detalle de su brillante hermosura, para cotejarla con los rasgos de mi novia muerta. Poco después, desde luego, ella, esa nouvelle, esa Lolita, mi Lolita, habría de eclipsar por completo a su prototipo. Todo lo que quiero destacar es que mi descubrimiento fue una consecuencia fatal de ese «principado junto al mar» de mi torturado pasado. Entre ambos acontecimientos, no había existido más que una serie de tanteos y desatinos, y falsos rudimentos de goce. Todo cuanto compartían formaba parte de uno de ellos.
Se podría considerar como la influencia principal de Aura al relato La cena, de Alfonso Reyes -quien devino en mentor literario de Carlos Fuentes a partir de que coincidieron en Brasil, siendo éste todavía un niño, debido a los cargos diplomáticos que desempeñaban tanto Reyes como el padre de Fuentes en la embajada mexicana-. Sin embargo, hubo quienes, como fue el caso de Ricardo Garibay, le adjudicaron el estigma de ser una copia de Los papeles de Aspern, novela de Henry James (aseveración que concita varias objeciones, aunque de momento no es este el espacio oportuno para expresarlas). De manera que no deja de ser estimulante ocuparme ahora de procurar establecer una similitud entre la Lolita de Nabokov y una obra permeada por la fantasía sobrenatural como Aura.
- Le dije que regresaría...
- Buenas tardes.
La joven inclinará la cabeza y la anciana, al mismo tiempo que ella, remedará el gesto.
- Es el señor Montero. Va a vivir con nosotras.
Te moverás unos pasos para que la luz de las veladoras no te ciegue. La muchacha mantiene los ojos cerrados, las manos cruzadas sobre un muslo: no te mira. Abre los ojos poco a poco, como si temiera los fulgores de la recámara. Al fin podrás ver esos ojos de mar que fluyen, se hacen espuma, vuelven a la calma verde, vuelven a inflamarse como una ola: tú los ves y te repites que no es cierto, que son unos hermosos ojos verdes idénticos a todos los hermosos ojos verdes que has conocido o podrás conocer. Sin embargo, no te engañas: esos ojos fluyen se transforman como si te ofrecieran un paisaje que sólo tú puedes adivinar y desear.
- Sí. Voy a vivir con ustedes.
Giró con rapidez sobre sus talones Julián, quien ante la mirada dulce y llena de gracia de la señora de Rênal, perdió buena parte de su timidez. La belleza de la dama que tenía delante fue parte a que lo olvidara todo, incluso el objeto que a la casa le llevaba. La señora de Rênal hubo de repetir su pregunta.
-Vengo para ser preceptor, señora- pudo responder al fin, bajando avergonzado los ojos, llenos de lágrimas que procuró secar como mejor pudo.
La señora de Rênal quedó muda de asombro. Julián no había visto en su vida una criatura tan bien vestida, y mucho menos así de hermosa, hablándole con expresión tan dulce.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Páginas ajenas, a propósito de los carbonarios: VANINA VANINI, de Stendhal (fragmentos)

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