Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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viernes, 16 de febrero de 2024

Mirándolas dormir: PUCK DE LA COLINA DE POOK, de Rudyard Kipling

"... y encuentra a Titania, reina de las hadas, dormida."

(
Fragmento del capítulo I: La espada de Weland)

Los niños estaban en el teatro representando ante las tres vacas todo lo que podían recordar del Sueño de una noche de verano. Su padre les había hecho un extracto de la larga comedia de Shakespeare y lo habían ensayado con él y con su madre hasta que lo aprendieron de memoria. Comenzaron cuando Nick Bottom, el tejedor, aparece entre los matorrales con una cabeza de asno sobre sus hombros y encuentra a Titania, reina de las hadas, dormida. Después pasaron a la escena en la que Bottom solicita de las tres pequeñas hadas que le rasquen la cabeza y le traigan miel y concluyeron cuando cae dormido en los brazos de Titania. Dan interpretaba los papeles de Puck y de Nick Bottom y también los de las tres hadas. Llevaba un gorro de trapo acabado en punta, para hacer de Puck, y una cabeza de asno de papel que se rasgaba si no se manejaba con cuidado, extraída del interior de un triquitraque navideño, para representar a Bottom. Una hacía de Titania, con una guirnalda de columbinas y una varita en los dedos.
Rudyard Kipling
(Británico nacido en la India y fallecido en Inglaterra, 1865-1936).
Obtuvo el premio Nobel en 1907.

domingo, 3 de enero de 2021

Año nuevo: LA MARCA DE LA BESTIA, de Rudyard Kipling

".. algunas tierras en el Himalaya, cerca de un lugar llamado Dharamsala."

(Fragmento)

Cuando Fleete llegó a la India poseía un poco de dinero y algunas tierras en el Himalaya, cerca de un lugar llamado Dharamsala. Ambas propiedades le fueron legadas por un tío, y, de hecho, vino aquí para explotarlas. Era un hombre alto, pesado, afable e inofensivo. Su conocimiento de los indígenas era, naturalmente, limitado, y se quejaba de las dificultades del lenguaje.
 
Bajó a caballo desde sus posesiones en las montañas para pasar el Año Nuevo en la estación y se alojó con Strickland. En Nochevieja se celebró una gran cena en el club, y la velada -como es natural- transcurrió convenientemente regada con alcohol. Cuando se reúnen hombres procedentes de los rincones más apartados del Imperio, existen razones para que se comporten de una forma un tanto bulliciosa. Había bajado de la Frontera un contingente de Catch-'em Alive-O's, hombres que no habían visto veinte rostros blancos durante un año y que estaban acostumbrados a cabalgar veinte millas hasta el Fuerte más cercano, a riesgo de regalar el estómago con una bala Khyberee en lugar de sus bebidas habituales. Desde luego, se aprovecharon bien de esta nueva situación de seguridad, porque trataron de jugar al billar con un erizo enrollado que encontraron en el jardín, y uno de ellos recorrió la habitación con el marcador entre los dientes. Media docena de plantadores habían llegado del Sur y se dedicaban a engatusar al Mayor Mentiroso de Asia, que intentaba superar todos sus embustes al mismo tiempo. Todo el mundo estaba allí, y allí se dio un estrecha- miento de filas general y se hizo recuento de nuestras bajas, en muertos o mutilados, que se habían producido durante el año. Fue una noche muy mojada, y recuerdo que cantamos Auld Lang Syne con los pies en la Copa del Campeonato de Polo, las cabezas entre las estrellas, y que juramos que todos seríamos buenos amigos. Después, algunos partieron y anexionaron Birmania, otros trataron de abrir brecha en el Sudán y sufrieron un descalabro frente a los Fuzzies en aquella cruel refriega de los alrededores de Suakim; algunos obtuvieron medallas y estrellas, otros se casaron, lo que no deja de ser una tontería, y otros hicieron cosas peores, mientras el resto de nosotros permanecimos atados a nuestras cadenas y luchamos por conseguir riquezas a fuerza de experiencias insatisfactorias.
 
 
 Rudyard Kipling (Británico nacido en la India; 1865-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1907.

La ilustración corresponde a un paisaje invernal de Dharamkot, en las proximidades de Dharamsala.

sábado, 7 de marzo de 2020

Marzo: EL CUENTO MÁS HERMOSO DEL MUNDO, de Rudyard Kipling

"Mi ánimo variaba con el sol de marzo y con las nubes indecisas."

(Fragmento)

Reuní mis notas, las leí; el resultado no era satisfactorio. Volví a releerlas. No había nada que no hubiera podido extraerse de libros ajenos, salvo quizá la historia de la batalla en el puerto. Las aventuras de un vikingo habían sido noveladas ya muchas veces; la historia de un galeote griego tampoco era nueva y, aunque yo escribiera las dos, ¿quién podría confirmar o impugnar la veracidad de los detalles? Tanto me valdría redactar un cuento del porvenir. Los Señores de la Vida y la Muerte eran tan astutos como lo había insinuado Grish Chunder. No dejarían pasar nada que pudiera inquietar o apaciguar el ánimo de los hombres. Aunque estaba convencido de eso, no podía abandonar el cuento. El entusiasmo alternaba con la depresión, no una vez sino muchas en las siguientes semanas. Mi ánimo variaba con el sol de marzo y con las nubes indecisas. De noche, o en la belleza de una mañana de primavera, creía poder escribir esa historia y conmover a los continentes. En los atardeceres lluviosos percibí que podría escribirse el cuento, pero que no sería otra cosa que una pieza de museo apócrifa, con falsa pátina y falsa herrumbre. Entonces maldije a Charlie de muchos modos, aunque la culpa no era suya.

Rudyard Kipling
(Británico nacido en India y fallecido en Inglaterra, 1865-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1907.

martes, 4 de septiembre de 2018

Septiembre: WILLIAM, LA CONQUISTADORA, de Rudyard Kipling

"... y esperaba celebrar su vigésimo tercer cumpleaños ese septiembre."

(Fragmento de la primera parte)

No obstante, William había disfrutado enormemente durante esos cuatro años. Por dos veces había estado a punto de ahogarse mientras vadeaba un río a lomos de caballo; en una ocasión había escapado con un camello; había presenciado un ataque nocturno de ladrones al campamento de su hermano; había visto administrar justicia con largas varas bajo los árboles; podía hablar urdu e incluso un tosco punjabí con una fluidez que envidiaban las personas de más edad; había abandonado totalmente la costumbre de escribir a sus tías de Inglaterra o recortar las páginas de las revistas inglesas; había pasado por un año muy malo de cólera, viendo cosas que no pueden contarse; y había redondeado sus experiencias con seis semanas de fiebres tifoideas durante las que le habían afeitado la cabeza; y esperaba celebrar su vigésimo tercer cumpleaños ese septiembre. Es concebible que sus tías no aprobaran a una joven que no ponía nunca el pie en el suelo si había un caballo cerca; que cabalgaba para ir a los bailes con un chal puesto sobre las faldas; que llevaba el cabello corto y rizado por toda la cabeza; que respondía con indiferencia a los nombres de William o Bill; cuyo lenguaje estaba repleto de flores vernáculas; que podía actuar en los teatros de aficionados, tocar el banjo, mandar sobre ocho criados y dos caballos, con sus cuentas y sus enfermedades, y mirar a los hombres lenta y deliberadamente entre los ojos... eso después de que le habían propuesto matrimonio y habían sido rechazados.
 
 
Rudyard Kipling (Británico nacido en la India; 1865-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1907.
 
La ilustración corresponde al retrato de Rudyard Kipling por Burne Jones (1899).

jueves, 19 de julio de 2018

Solsticio: LOS CONSTRUCTORES DEL PUENTE, de Rudyard Kipling

"... el río se elevó de una manera corpórea, como una serpiente cuando bebe en el solsticio de verano."

(Fragmento)
 
Pero Madre Gunga no lucharía tal como Peroo deseaba. Tras la primera embestida corriente abajo, ya no hubo más murallas de agua, sino que el río se elevó de una manera corpórea, como una serpiente cuando bebe en el solsticio de verano, pellizcando y tocando los muros de contención, y remansándose detrás de los pilares hasta que incluso Findlayson empezó a calcular de nuevo la resistencia de su obra. Cuando llegó el día, el pueblo se quedó con la boca abierta.
 
- ¡Anoche mismo era como una ciudad en el lecho del río! -se decían los hombres unos a otros-. ¡Y mira ahora!

Y miraban y volvían a maravillarse de las aguas profundas, las aguas presurosas que lamían la garganta de los pilares. La otra orilla estaba velada por la lluvia, en la que el puente se introducía y luego desaparecía; corriente arriba, de los espolones sólo se veían los remolinos y la espuma, y corriente abajo el río enjaulado, liberado ya de sus guías, se extendía como un mar hasta el horizonte. Por él bajaban presurosos y juntos, dando vueltas en el agua, cadáveres de hombres y bueyes, y aquí y allá se veía un pedazo de techo de albarda que desaparecía al tocar un pilar.
 
- Gran inundación -dijo Peroo, y Findlayson asintió.

 
Rudyard Kipling (Británico nacido en la India; 1865-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1907.

martes, 19 de junio de 2018

Solsticio: PUCK DE LA COLINA DE POOK, de Rudyard Kipling


(Fragmento)

El teatro estaba en la pradera conocida por el Gran Declive. Un pequeño canal que llevaba agua a un molino situado dos o tres campos más allá, ceñía uno de sus confines y en la mitad de la ladera había un amplio y espacioso circulo de hierba oscura que formaba el viejo escenario donde se reunían las hadas. Las orillas del canalillo molinero se cubrían con matojos espesos de sauce, de avellano y de bola de nieve y proporcionaban lugares adecuados para esperar, antes de que llegase el momento de aparecer en escena; y hasta una persona mayor que conocía los contornos, había afirmado que ni el mismo Shakespeare hubiese podido imaginar escenario más adecuado para representar su obra. Como es lógico, no se les permitía actuar la noche misma del solsticio de verano, pero sí les dejaban bajar la víspera, después del té, cuando las sombras comenzaban a caer. Llevaban consigo la cena: huevos duros, galletas Bath Oliver y un sobrecillo con sal. Las tres vacas habían sido ya ordeñadas y pastaban sin pausa, produciendo un rumor de hierba desgarrada que descendía a lo largo de la pradera; el ruido del molino sonaba como pies desnudos arrastrándose sobre una superficie endurecida y un cuclillo, posado en el portón de la valía, entonaba su cantar de junio "cu-cu-cú" mientras un martín pescador volaba desde el canal al río que corría al otro lado de la pradera. Todo lo demás se cubría de una especie de calma adormecida, espesa, con perfume a hierba seca.

La comedia discurría a la perfección. Dan recordaba todos los papeles: Puck, Bottom y las tres hadas, y Una no olvidó tampoco ni una sola palabra del de Titania, ni siquiera el difícil fragmento en el que cuenta a las hadas cómo alimentar a Bottom coz, «albaricoques, higos verdes y zarzamoras», ni los versos concluidos en «íes». Quedaron ambos tan satisfechos que repitieron la obra tres veces, de principio a fin, antes de sentarse en el Centro del círculo, limpio de matojos y de cardos, para tomar los huevos y las galletas Bath Oliver. Fue entonces cuando oyeron un silbido entre los alisos de la orilla y ambos se pusieron en pie de un salto.

La maleza se abrió. Y en el mismo lugar donde Dan había interpretado a Puck, descubrieron la presencia de un personaje menudo, de tez morena, amplias espaldas, orejas agudas, nariz achatada y ojos azules y oblicuos, que les dirigía una sonrisa que iluminaba su rostro pecoso. Se llevó una mano a la frente como si estuviese observando a Quince, Snout, Bottom y todos los demás, ensayando Piramo y Tisbe, y con voz tan profunda como la de las tres vacas cuando pedían ser ordeñadas, comenzó:

¿Qué rústicos patanes son éstos que están charlando
tan cerca del lugar donde reposa la reina de las hadas...?

Se interrumpió, ahuecó la mano sobre un oído y con un guiño travieso, siguió recitando:

¡Cómo! ¿Van a representar una comedia?
Pues asistiré como espectador.
Y aún haré de actor si se presenta el caso...


Rudyard Kipling (Británico nacido en India; 1865-1936).
Obtuvo el premio Nobel en 1907.

(Traducido del inglés por Jorge Ferrer-Vidal).

jueves, 11 de enero de 2018

Nieve: KIM, de Rudyard Kipling

"Se hundieron en el lecho de blanda nieve y pizarra pulverizada por las heladas y se refugiaron de la tempestad en un campamento de tibetanos..."

(Fragmento)

Cruzaron a la fría luz de la luna un puerto lleno de nieve, y el Lama, jugando y bromeando con Kim, cayó de rodillas como un camello Bactriano -esos camellos de pelo áspero que se alimentan en la nieve y se ven a menudo en el Rashmir Serai-. Se hundieron en el lecho de blanda nieve y pizarra pulverizada por las heladas y se refugiaron de la tempestad en un campamento de tibetanos que hacían descender apresuradamente sus pequeños carneros cargados cada uno con un paquete de bórax. Llegaron a lomas cubiertas de hierba, manchadas todavía de nieve y atravesaron bosques y praderas. Durante todo el camino, Kedernath y Badrinath permanecieron impasibles; y únicamente, al cabo de muchos días de viaje, pudo Kim vislumbrar desde lo alto de un insignficante mogote de diez mil pies de altura, que algún apéndice o cuerno de los grandes señores había -aunque muy ligeramente- cambiado de silueta.

Al fin penetraron en un pequeño mundo aparte -un valle de muchas leguas, donde las elevadas laderas estaban formadas por rocas que se destacaban de las curvas de las montañas. Aquí un día de marcha, no les hacía avanzar, al parecer, a mayor distancia de la que puede recorrer un hombre soñando durante una pesadilla. Durante muchas horas faldearon penosamente un contrafuerte, y al terminar se encontraron con que ¡no era más que una lejana joroba de otro enorme contrafuerte destacado de la montaña principal! Una praderita redonda, se convirtió cuando llegaron a ella, en una vasta meseta que avanzaba enormemente hacia el valle. Tres días más tarde, no era más que una confusa arruga de tierra que se esfumaba hacia el sur.

- Aquí indudablemente deben vivir los Dioses -dijo Kim impresionado por el silencio y la rápida dispersión de las nubes, después de la lluvia-. ¡Este no es lugar a propósito para los hombres!


Rudyard Kipling (Británico nacido en la India, 1865-1933). Obtuvo el premio Nobel en 1907.

miércoles, 24 de julio de 2013

Otros poetas del solsticio

 
 
Como si lo que ya hemos leído sobre el solsticio de verano después de poco más de un mes no fuera suficiente, ahora pretendo reunir en este breve texto algunos otros poemas que abordan el tema, ya sea de manera evidente desde su título o sólo haciendo mención en el cuerpo de los mismos. Aquí tenemos la primera muestra, Solsticio de verano, cuyo autor es el primer premio Nobel de literatura nacido en el Caribe, Derek Walcott:

Sastres luctuosos de Belmont escrutan inclinados sobre
máquinas antiguas
donde cosen a junio y julio sin sutura.
El solsticio de verano, en tanto que uno aguarda sus
relámpagos,
el centinela armado
aguarda con el sopor el estallido de un fusil.
 
Para más adelante insistir en el clima tórrido de la época del año a la que se está refiriendo:
 
El mar en el solsticio de verano, la carretera ardiente, esta hierba,
estas cabañas que me formaron,
la selva y el azadón vislumbrados a la orilla del camino, en el margen del arte;
las alimañas zumban en el bosque sagrado,
nada le puede exterminar, se encuentra en la sangre;
sus bocas rosáceas, de querubines cantan la ciencia lenta
de morir -cabezas con un ala diáfana como gasa en el oído.
 
Ramón López Velarde, en Idolatría, con la ingeniosa audacia de su rima, implica ambos solsticios:
 
Idolatría
de los dos pies lunares y solares
que lunáticos fingen el creciente
en la mezquita azul de los Omares
y cuando van de oro son un baño
para la tierra y son preclaramente
los dos solsticios de un único año.
 
El rumano Paul Celan (cuyo verdadero apellido era Ancel pero con sus mismas letras formó el anagrama con el que se le conoce), escribió la totalidad de su obra en alemán y en su poemario La arena de las urnas incluye Canto de solsticio. Aunque las referencias al mismo no son claras -su poesía nunca lo es-, tal vez esa fuese la intención en este párrafo:
 
¡Cuán negro lo dejas estar en el valle! ¡Y arriba brilla y chispea!
Tú haces como si hubiera un segundo que fuera a soportar
la carga de roca de tu tiempo, para que tú a otros más fácil entregues el toque
de horas sin hora, el viento radiante del milenio...
 

En cambio, el propio Celan se percibe más directo en las primeras líneas de ¿Quién pagó la ronda?:
 
Hacía un tiempo claro, bebimos 
y berreamos la saloma de la ceniza
en honor de la gran avería del solsticio.
 
De la poeta española Victoria Atencia es esta lograda estrofa que también alude al solsticio de verano:
 
Junio, jacaranda azul que ya me dejas,
llévame de la mano al fuego del solsticio
con candelas que salten mientras se extiende el trébol
y me persuade un mar que belleza asegura.
 
La inevitable transformación de la primavera en verano motiva al catalán Pere Gimferrer:
 
El estío ha expulsado a este cadáver
yerto de la primavera. Y ahora el ojo
no captará las tenebrosas olas,
lienzo de resplandor lívido.
 
Voy a concluir con un párrafo de Rudyard Kipling, aun cuando no se trata de un poema sino de su relato Los constructores del puente, la descripción encierra, sin duda, un gran lirismo: "Tras la primera embestida corriente abajo, ya no hubo más murallas de agua, sino que el río se elevó de una manera corpórea, como una serpiente cuando bebe en el solsticio de verano..."
 
Como suele decir la sabiduría popular: "Ni son todos los que están ni están todos los que son", pero luego de haber incluido poemas en lengua española de Octavio Paz, Gabriela Mistral, Antonio Machado, Vicente Huidobro, Marco Antonio Montes de Oca, Tomás Segovia, Sergio Mondragón y un clásico como Lope de Vega, de los griegos Giorgos Seferis y Odysseas Elitis, Ernst Richard Stadler, fragmentos de El cementerio marino de Paul Valéry, la Divina comedia de Dante, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Cervantes o del Sueño de una noche de verano de Shakespeare, me parece que los fuegos del solsticio a los que se refiere Marguerite Yourcenar, ya han ardido lo suficiente aquí en Mitos y reincidencias.
 
 
Jules Etienne
 
La traducción al español del poema de Derek Walcott es de Roberto Diego Ortega, las de Paul Celan son de José Luis Reina Palazón.

martes, 19 de marzo de 2013

Rudyard Kipling: KIM, aventuras de un irlandés en la India


Como si las peripecias de Guillén de Lampart que inspiraron la novela Memorias de un impostor, de Vicente Riva Palacio, y se deduce que también la creación del legendario Zorro o del batallón de San Patricio -bautizados por el habla popular como "los colorados", debido a lo llamativo que resultaban algunos pelirrojos que lo integraban-, que se cambió al bando mexicano durante la guerra intervencionista contra Estados Unidos entre 1846 y 1848, no fueran suficiente, también la ficción se ha servido de personajes de origen irlandés para protagonizar novelas de aventuras, como sería el caso de Kim, de Rudyard Kipling. Ante el entusiasmo que provoca la celebración anual del santo patrono de Irlanda, hoy concluiré la crónica emprendida ayer con algunos párrafos de esta novela en los que Kipling describe el carácter típico de los irlandeses. Ya desde sus primeras líneas establece el origen de su protagonista:

Kim era un niño blanco, si bien de la clase más miserable. La mestiza que lo cuidaba (fumaba opio y tenía una tienda de muebles usados en la plaza donde tienen su parada los coches de alquiler más baratos) les dijo a los misioneros que era hermana de la madre de Kim; ésta había sido niñera de la familia de un coronel y se casó con Kimball O’Hara, joven sargento del regimiento irlandés de los Mavericks, que fue después empleado en los ferrocarriles de Sind, Panjab y Delhi Y su regimiento regresó a Inglaterra sin él. La madre de Kim murió de cólera en Ferozepore, y O’Hara se volvió un borracho holgazán, que recorría la línea con aquel niño, de ojos penetrantes, entonces de unos tres años de edad. Asociaciones benéficas y capellanes desearon hacerse cargo del niño, pero O’Hara los despachó a todos, hasta que tropezó con la mujer que fumaba opio, aprendió ese vicio y murió como los blancos pobres mueren en la India.

Una vez que ha quedado establecido el origen del protagonista, Kipling resalta su temerario sentido de la aventura:

Kim lanzó al aire el paquetito de papeles doblados, que fue a parar al sendero, junto al inglés; pero éste lo pisó, porque en aquel momento pasaba un jardinero dando la vuelta a la esquina de la casa. Cuando desapareció el criado, el inglés recogió el paquete dejando caer una rupia -Kim pudo oír el sonido metálico-, y se dirigió a la casa sin volver la cabeza ni una sola vez. Kim se apresuró a recoger la moneda; pero, a pesar de su educación indígena, era lo bastante irlandés por nacimiento como para no conceder al dinero sino una ínfima parte del interés de la aventura. Lo que más le gustaba era ver el efecto de la acción; así es que, en lugar de marcharse, se escondió entre la espesura, y, arrastrándose como un reptil, se acercó a la casa.

En el capítulo XIII se encuentran un par de párrafos que valdría la pena citar. El primero de ellos es una descripción que dice: "Llevaban unas polainas que no eran inglesas, y unos cinturones muy raros, que le recordaban vagamente los dibujos de un libro que había en la biblioteca de San Javier, y que se titulaba Las aventuras de un joven naturalista en México." Lo anterior en clara referencia a la obra del francés Lucien Biart, publicada en 1870. Unas páginas más adelante subraya el temperamento que se suele atribuir a los irlandeses:

Era demasiado tarde. Antes que Kim pudiese apartar al lama, el ruso le alcanzó con un puñetazo en plena cara. Un instante después comenzó a rodar por la vertiente abajo, con Kim atenazándole la garganta. El porrazo había despertado en la sangre del muchacho todos los desconocidos demonios irlandeses, y la caída rápida de su enemigo hizo el resto. El lama quedó de rodillas, medio atontado; los culís cogieron sus cargas y treparon monte arriba, tan de prisa como un hombre de las llanuras puede correr por una superficie horizontal. Habían visto un sacrilegio incalificable, y eso les impulsó a escapar antes que los dioses y los demonios de las montañas acudieran a vengarse.

Como el protagonista ha crecido y se ha educado en la India, conserva una dualidad en su carácter. Por una parte, está lo que ha heredado a través de la naturaleza de sus padres, en tanto que por la otra, todo lo aprendido y aquello que ha podido experimentar en el entorno del país en que nació.

Durante una hora más estuvieron haciendo y rehaciendo sus pequeños planes ingenuos, mientras Kim temblaba de frío y de orgullo. Lo humorístico de la situación cautivaba por igual su alma de irlandés y de oriental.

Por supuesto que el autor no elude las inevitables referencias al característico color de Irlanda: "Y señaló la bandera, que ondeaba agitada por la brisa de la tarde, (...) la había adornado con el emblema de su regimiento, el Toro Rojo, que es el timbre de los Mavericks, el gran Toro Rojo sobre el verde del campo irlandés." Así como a su tradicional catolicismo: "Creía Bennett que entre él y el cura de la Iglesia Católica Romana (del contingente irlandés) existía un abismo infranqueable". Suficientes muestras del conocimiento que Kipling tenía en cuanto al carácter de los irlandeses y, sobre todo, las marcadas diferencias con sus vecinos británicos.


Jules Etienne

La ilustración corresponde al museo Lahore, construido en el año de1864
y del cual John Lockwood Kipling, padre de Rudyard Kipling, fue su curador.
Se le menciona varias veces en el noveno capítulo de la novela.