(Fragmento)
Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
martes, 27 de agosto de 2024
Mirándolas dormir: LA INCREÍBLE Y TRISTE HISTORIA DE LA CÁNDIDA ERÉNDIRA Y SU ABUELA DESAL- MADA, de Gabriel García Márquez
(Fragmento)
miércoles, 24 de abril de 2024
Mirándolas dormir: MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES, de Gabriel García Márquez
jueves, 12 de enero de 2023
Enero: CIEN AÑOS DE SOLEDAD, de Gabriel García Márquez
(Fragmento del capítulo II)
lunes, 11 de abril de 2022
Día de reyes: LOS REYES MAGOS NO EXISTEN, Camilo José Cela, Gabriel García Márquez y Cabrera Infante
Después de eso, García Márquez -al igual que le aconteció a Cela-, recuerda su amarga confrontación con el realismo del mundo adulto:
"- Todavía eres más niño de lo que yo pensaba. No
es eso, es referente a los Reyes Magos.
Por fin: lo había visto venir desde el
principio. ¿Qué será?
- ¿Lo de los Reyes?
- Sí, hijito, lo de los Reyes. ¿No te diste
cuenta que ella trataba de decirles a ustedes que los Reyes no existían?
No me había dado cuenta de ello, pero comenzaba
a darme cuenta de lo que mi madre se traía entre manos. Ella tomó aliento.
- Pues bien: ella lo hizo sin malicia, pero de
despreocupada que es, yo lo hago por necesidad. Silvestre, los Reyes Magos no
existen.
Eso fue todo lo que dijo. No: dijo más, pero yo
no oí nada más. Sentí pena, rabia, ganas de llorar y ansias de hacer algo malo.
Sentí el ridículo en todas sus fuerzas al recordarme mirando al cielo en busca
del camino por donde vendrían los Reyes Magos tras la estrella. Mi madre no
había dejado de hablar y la miré y vi que lloraba.
- Mi hijito, ahora quiero pedirte un favor:
quiero que mañana vayas con este peso y compres para ti y para tu hermano algún
regalito barato y lo guardamos hasta pasado. Tu hermano es muy chiquito para
comprender.
Eso o algo parecido fue lo último que dijo,
luego agregó: «Mi niño», pero yo sentí que no era sincera, porque esas palabras
no me correspondían: yo no era ya un niño, mi niñez acababa de terminar.
Pero las lecciones de la hipocresía las aprende
uno rápido y hay que seguir viviendo. Todavía faltaban muchos años para hacerme
hombre, así que debía seguir fingiendo que era un niño. Al día siguiente me
encontré con Fernandito cuando venía de la tienda. Llevaba yo bajo el brazo un
par de sables de latón y sus vainas y un pito de auxilio, que me habían costado
setenta centavos. Me acerqué a Fernandito que pretendía no haberme visto.
- Oye, Fernandito -le dije, amistoso-, un amigo
vale más que un secreto. Te voy a decir lo que le pedí a los Reyes.
Me miró radiante, sonriendo.
- ¿Sí? ¿Dime, dime qué cosa?
- Un sable de guerra.
Y para completar el gesto infantil, imité un guerrero con su sable en la mano, el pelo revuelto y una mueca de furia en el rostro."
En fin, que los reyes magos no existen pero en algún momento fueron posibles porque en el universo infinito de la imaginación infantil así quisimos que fuese. Negarlos, dice Cela, es pecar contra la fantasía, al hacerlo, según García Márquez, habremos perdido la inocencia. Parecerá ridículo, pero he decidido volver a dejar mis zapatos a la vista durante la próxima noche de reyes, sólo para "seguir creyen- do". Qué importa que amanezcan vacíos.viernes, 7 de mayo de 2021
Miércoles de ceniza: EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA, de Gabriel García Márquez
(Fragmento)
Para Florentino Ariza aquella era una noche de regreso a los desmanes cándidos de la adolescencia, cuando aún no lo había desgraciado el amor. Pero sabía, más por escarmiento que por experiencia, que una felicidad tan fácil no podía durar mucho tiempo. Así que antes de que la noche empezara a decaer, como ocurría siempre después de la repartición de los premios a los mejores disfraces, le propusoa la muchacha que se fueran a contemplar el amanecer desde el faro. Ella aceptó complaicida, pero después que acabaran de repartir los premios.
A Florentino Ariza le quedó la certeza de que aquella demora le salvó la vida. En efecto, la Muchacha le había hecho una seña de que se fueran para el faro, cuando dos cancerberos y una enfermera del manicomio de la Divina Pastora le cayeron encima. La buscaban desde que se escapó, a las tres de la tarde, no sólo ellos sino toda la fuerza pública. Había decapitado a un guardián y herido mal a otros dos con un machete que le arrebató al jardinero, porque quería salir a bailar en el carnaval. Pero a nadie se le había ocurrido que estuviera bailando en la calle, sino escondida en alguna de tantas casas que habían registrado hasta en las cisternas.
No fue fácil llevársela. Se defendió con unas tijeras de podar que tenía ocultas en el corpiño, y se necesitaron seis hombres para ponerle la camisa de fuerza, mientras la muchedumbre atascada en la Plaza de la Aduana aplaudía y rechiblaba de júbilo, creyendo que la captura sangrienta era una de tantas farsas del carnaval. Florentino Ariza quedó desgarrado, y desde el Miércoles de Ceniza pasaba por la calle de la Divina Pastora con una caja de chocolates ingleses para ella. Se quedaba viendo a las reclusas que le gritaban toda clase de improperios y piropos por las ventanas, las alborotaba con la caja de chocolates, por si acaso tenía la suerte de que también se asomara ela por entre las barras de hierro. Pero nunca la vio. Meses después, al bajarse del tranvía de mulas, una niñita que iba con su padre le pidió una bolita de chocolate de la caja que él llevaba en la mano. El padre la regañó y le pidió excusas a Florentino Ariza. Pero él le dio la caja completa a la niña pensando que aquel gesto lo redimía de toda amargura, y calmó al papá con una palmadita en el hombro.
- Eran para un amor que se lo llevó el carajo -le dijo.
Gabriel García Márquez
(Colombiano fallecido en México, 1927-2014). Obtuvo el premio Nobel en 1982.
miércoles, 17 de febrero de 2021
La cruz de ceniza en la frente de los Buendía
lunes, 11 de enero de 2021
Año nuevo: CIEN AÑOS DE SOLEDAD, de Gabriel García Márquez
viernes, 22 de mayo de 2020
Epidemias: EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA, de Gabriel García Márquez
viernes, 8 de febrero de 2019
Febrero: EL GENERAL EN SU LABERINTO, de Gabriel García Márquez
(Fragmento)
«¿Te acuerdas de ese vals?»
martes, 23 de octubre de 2018
Otoño: EL OTOÑO DEL PATRIARCA, de Gabriel García Márquez
(Fragmento del capítulo final)
miércoles, 19 de septiembre de 2018
Equinoccio: CIEN AÑOS DE SOLEDAD, de Gabriel García Márquez
(Fragmento del capítulo IV)
jueves, 16 de agosto de 2018
Agosto: EN AGOSTO NOS VEMOS, de Gabriel García Márquez
Obtuvo el premio Nobel en 1982.
jueves, 22 de marzo de 2018
Nieve: EL RASTRO DE TU SANGRE EN LA NIEVE, de Gabriel García Márquez
miércoles, 8 de noviembre de 2017
Los eclipses de García Márquez
Por ejemplo, en el Otoño del patriarca, casi desde el principio se establece: "... políticos de letras y aduladores impávidos que lo proclamaban corregidor de los terremotos, los eclipses, los años bisiestos y otros errores de Dios..." Aunque lo más significativo aparece en el segundo capítulo, a través de la relación del general con el personaje idealizado de Manuela Sánchez: "... soñando con vivir de nuevo aquel instante feliz aunque se torciera el rumbo de la naturaleza y se estropeara el universo, deseándolo con tanta intensidad que terminó por suplicar a sus astrónomos que le inventaran un cometa de pirotecnia, un lucero fugaz, un dragón de candela, cualquier ingenio sideral que fuera lo bastante vertiginoso para causarle un vértigo de eternidad a una mujer hermosa, pero lo único que pudieron encontrar en sus cálculos fue un eclipse total de sol para el miércoles de la semana próxima a las cuatro de la tarde mi general, y él aceptó, de acuerdo, y fue una noche tan verídica a pleno día que se encendieron las estrellas, se marchitaron las flores, las gallinas se recogieron y se sobrecogieron los animales de mejor instinto premonitorio, mientras él aspiraba el aliento crepuscular de Manuela Sánchez que se le iba volviendo nocturno a medida que la rosa languidecía en su mano por el engaño de las sombras, ahí lo tienes, reina, le dijo, es tu eclipse, pero Manuela Sánchez no contestó..." Hasta concluir ese capítulo con su ausencia: "... y a medida que se disipaban las sombras de la noche efímera se iba encendiendo en su alma la luz de la verdad y se sintió más viejo que Dios en la penumbra del amanecer de las seis de la tarde de la casa desierta, se sintió más triste, más solo que nunca en la soledad eterna de este mundo sin ti, mi reina, perdida para siempre en el enigma del eclipse, para siempre jamás, porque nunca en el resto de los larguísimos años de su poder volvió a encontrar a Manuela Sánchez de mi perdición en el laberinto de su casa..."
En el cuento El mar del tiempo perdido, escrito en 1961 y publicado como parte del volumen La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, en 1972, aparece el siguiente párrafo:
"Tobías encontró a todo el mundo despierto después de las nueve. Estaban sentados a la puerta, escuchando los viejos discos de Catarino, en la misma actitud de fatalismo pueril con que se contempla un eclipse. Cada disco les recordaba a alguien que había muerto, el sabor que tenían los alimentos después de una larga enfermedad, o algo que debían hacer al día siguiente, muchos años antes, y que nunca hicieron por olvido.
Crónica de una muerte anunciada, que es una obra a la que le tengo particular aprecio y la considero un relato perfecto, también incluye la referencia a un eclipse. "Para la inmensa mayoría sólo hubo una víctima: Bayardo San Román. Suponían que los otros protagonistas de la tragedia habían cumplido con dignidad, y hasta con cierta grandeza, la parte de favor que la vida les tenía señalada. Santiago Nasar, había expiado la injuria, los hermanos Vicario habían probado su condición de hombres, y la hermana burlada estaba otra vez en posesión de su honor. El único que lo había perdido todo era Bayardo San Román. 'El pobre Bayardo'
Concluiré con una referencia a su novela más reciente, Memoria de mis putas tristes: "De joven iba a los salones de cine sin techo, donde lo mismo podía sorprendernos un eclipse de luna que una pulmonía doble por un aguacero descarriado."
martes, 4 de abril de 2017
Los carnavales de Macondo
Bernarda se quitó el antifaz.
«Lo que te pregunto es cuánto cuestas de por vida», le dijo.
Le había llamado la atención en el tranvía por la impavidez con que viajaba en medio del escándalo de la parranda pública. No debía tener más de veinte años, y no parecía con ánimos de carnaval, a no ser que estuviera disfrazada de inválida: tenía el cabello muy claro, largo y liso, suelto al natural sobre los hombros, y una túnica de lienzo ordinario sin ningún adorno. Era ajena por completo al revoltijo de músicas por las calles, los puñados de polvos de arroz, los chorros de anilina que les tiraban a los pasajeros al paso del tranvía, cuyas mulas iban blancas de almidón y con sombreros de flores durante aquellos tres días de locura. Aprovechándose de la confusión, Florentino Ariza la invitó a tomar un helado porque no pensó que diera para más. Ella lo miró sin sorpresa. Dijo: "Acepto con mucho gusto, pero le advierto que estoy loca". Él se rió de la ocurrencia, y la llevó a ver el desfile de carrozas desde el balcón de la heladería. Luego se puso un capuchón alquilado, y ambos se metieron en la ronda de bailes de la Plaza de la Aduana, y gozaron como novios acabados de nacer, pues la indiferencia de ella se fue hasta el extremo contrario con el fragor de la noche: bailaba como una profesional, y era imaginativa y audaz para la parranda, y de un encanto arrasador.

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