Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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jueves, 14 de febrero de 2019

El romance está en tu boca


"Tú y yo en la boca sentimos nacer lo que no vive,
lo que es el beso indestructible cuando la boca son alas,
alas que nos ahogan mientras los ojos se cierran,
mientras la luz dorada está dentro de los párpados."
 Vicente Aleixandre

Ahora que se celebra el tradicional festejo del día de San Valentín, y que todo gira en torno a corazones y labios en forma de beso, tratar de recordar la poesía romántica sería tarea inagotable, en cambio es más factible concentrar ese esfuerzo sobre un tema específico, alrededor de una de sus expresiones más típicas. El pez por su boca muere”, decía el refrán tradicional, luego las voces anónimas de la sabiduría coloquial añadieron: “y el enamorado con la boca quiere.

¿Cuántas veces las canciones y los poemas se han referido a “tu boca”? Tal vez la más afortunada entre tantas sea aquella que corresponde al capítulo 7 de Rayuela, de Julio Cortázar: “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.”

Ramón de Campoamor, publicó en el lejano 1838 el poemario Ternezas y flores, del que forma parte el titulado precisamente Tu boca. Estas son tres de sus estrofas rimadas:

Y si con sombras de bien
tal vez el mal se divisa,
es porque en ella se ven
guardar la miel de su risa
las flechas de su desdén.

Si a mí su rigor alcanza,
al ver su hermosura, siente
el corazón doble holganza;
y aunque un desdén me atormente,
déme una risa esperanza.

¡Bien haya la dulce boca,
que sólo sus frescos labios
el aura pasando toca;
que haciendo el ámbar agravios,
su miel a gustar provoca!

Casi contemporáneo es el trágico Poeta, di paso, del colombiano José Asunción Silva, quien en determinado momento escribe: “desnuda tú en mis brazos, fueron míos tus besos”, para culminar ante el ataúd de la amada:

Tú, mustia yerta y pálida entre la negra seda,
la llama de los cirios temblaba y se movía,
perfumaba la atmósfera un olor de reseda,
un crucifijo pálido los brazos extendía
¡y estaba helada y cárdena tu boca que fue mía!

Más recientes, del siglo pasado, son los poemas Hiperestesia, del ecuatoriano Miguel Ángel León, y Palabras para algo más que un dolor, del español Luis Rosales. Dice el primero: “Mi boca como un sello en tu boca se graba”, mientras que éste último concluye así: 

"... y el beso que te doy deje de ser una caricia
y sea más bien una pregunta,
esa pregunta destituyente
que no me atrevo a hacer sino en tu boca,
pues todo lo que soy depende de ella,
depende de saber que nuestro amor pudo resucitarnos
-ésta fue su misión y la ha cumplido--
pero
sólo puede durar
mientras que dura un beso
."

En los día subsecuentes y aprovechando el pretexto que proporciona la fecha, emprenderé en Mitos y reincidencias una exploración por el ámbito poético de "Tu boca", desde los sudamericanos Jorge Luis Borges o Mario Benedetti, y sus respectivas paisanas Alfonsina Storni y Delmira Agustini, hasta el otro lado del océano, con Federico García Lorca y Manuel Machado, o los ganadores del premio Nobel de literatura Pablo Neruda y Vicente Aleixandre.

Así sean bocas de ceniza, como la que refiere Juana de Ibarbourou, o de fresa, como la princesa de Rubén Darío, los labios han sido siempre una representación simbólica del romance.

Jules Etienne

jueves, 14 de febrero de 2013

¿Qué me gustaría que me regalaran el día de San Valentín?


Se dice que la celebración del día de San Valentín tiene un origen literario, ya que fue Geoffrey Chaucer en su poema El parlamento de las aves, quien lo mencionó por primera vez en el siglo XIV, y por esa misma época es que se convirtió en un festejo, en principio tuvo lugar únicamente en Inglaterra, hasta llegar a ser tan generalizado tal y como lo conocemos ahora. El poema en cuestión dice:

Para esto era el día de San Valentín
Cuando todas las aves vienen su pareja a elegir

(For this was on Saint Valentine’s day,
When every fowl comes there his mate to take)

Con posterioridad Shakespeare también lo menciona en la tragedia de Hamlet, que debió ser escrita en los albores del siglo XVII, ya que Nicholas Ling y John Trundell la publicaron por primera vez en 1603. La alusión se presenta cuando Ofelia conversando con el rey, comienza a cantar:
 
«Mañana es el día de San Valentín,
temprano, al amanecer,
y yo estaré en tu balcón;
tu enamorada seré.»

Entonces él se levantó y vistió
y a la doncella hizo entrar
que de su alcoba doncella
ya nunca saldría jamás.

La costumbre de las tarjetas con forma de corazón llamadas valentines, se inició en los Estados Unidos a mediados del siglo XIX. De manera que aunque el santo a quien se atribuye la condición de patrono de los enamorados era romano, la costumbre de celebrarlo es de origen anglosajón.

Y si Chaucer poetizaba el encuentro de las aves durante el día de San Valentín, no deja de ser curioso que en Japón, según lo narra Yasunari Kawabata en su novela País de nieve, tiene lugar el festival de los pájaros, lo que también coincidiría con el título del citado poema: "El 14 de febrero se celebraba el Festival de los Pájaros, una fiesta infantil tradicional en los pueblos de la montaña." Pero tratándose de una obra con autoría de Kawabata, merece que el día de mañana me ocupe de reproducir el párrafo completo que alude a la fecha. 

El cineasta Luis G. Berlanga, quien dirigió la colección de narrativa erótica La sonrisa vertical, de editorial Tusquets -hasta su muerte en 2010-, en su prólogo para la antología Cuentos eróticos de San Valentín, al que titula Un bombón, se lamenta de que siendo esta una fecha "en la que se celebra el amor, o el enamoramiento, o las dos cosas", se encuentre más bien con "pasteles, rosas y cajas de bombones en forma de corazón", en lugar de que se "evoquen imágenes más eróticas y picantes". Después, esto es lo que asegura la habría gustado recibir como obsequio:

"En cambio, yo siempre he tenido muy claro qué me gustaría que me regalaran por San Valentín.

Mi regalo es un bombón, pero aún no puedo comérmelo. Me ha hecho salivar nada más verlo, envuelto en un gran lazo de seda rojo que lo cubría por entero (bueno, la cubría por entero), excepto por tres franjas que dejaban ver carnes muy blancas y pálidas. Es un bombón, pero gime, y gemirá todavía un poco más, hasta que esté a punto de caramelo. Debajo del lazo, venía desnuda, lista para que yo empiece a vestirla, que es –como ya he dicho hasta la saciedad– de las cosas que más me erotizan. La he vestido con medias negras de rejilla pequeña, muy finas y suaves, hasta medio muslo. Zapatos de tacón, de un vistoso color rojo y de diecisiete centímetros de altura (me consta que existen porque los he visto hace poco en un desfile de una marca de ropa conocida), que dan una curvatura extraña y poco natural al empeine. Liguero rojo con calados, que se sujeta a las medias con unos botoncitos en forma de corazón, porque es San Valentín. Corsé, de cuero y rojo también, muy apretado en la cintura, tanto que apenas puede respirar, y que le deja libres los pechos. Collar de cuero, que cuando mueve el cuello le roza justo debajo de la mandíbula, y abajo, en el comienzo de la curva de los hombros. Guantes de piel hasta la mitad del antebrazo, y por último, una venda en los ojos. Lo que más me excita, sin embargo, son las cuerdas con las que la he atado, que le pasan por los lugares más insospechados y le resaltan todas las partes del cuerpo que no están ocultas. Por supuesto que, dentro de unos minutos, voy a darle unos azotes, porque es San Valentín."

Lástima que Luis G. Berlanga ya no pueda apreciar el corsé rojo con el que se ilustra, en su honor, el presente texto.


Jules Etienne