Luz del verano sobre la bahía en Vancouver. (Fotografía de Jules Etienne).

viernes, 31 de diciembre de 2021

El año nuevo según Goethe


En las páginas de
Werther que corresponden a los últimos días del año -en el capítulo que lleva por título 20 de diciembre-, puede leerse una alusión respecto a la inminencia del año nuevo:

Los abrazó cariñosamente, se disponía a abandonarlos, cuando el más pequeño dio señales de querer decir algo al oído. El secreto se redujo a participarle que sus hermanos mayores habían escrito felicitaciones para el año nuevo: una para el papá, otra para Alberto y Carlota, y otra para Werther. Todas las entregarían por la mañana temprano el primer día del año. Estas palabras le enternecieron: hizo algunos regalos a todos y tras de encargarles que saludaran a su papá, montó a caballo y se marchó llorando.

El año nuevo (Zum neuen Jahr) es un poema leído por su autor el 31 de diciembre, día de San Silvestre, de 1801, es decir, como preámbulo para recibir 1802, ante un grupo de siete parejas denominado la Coronilla de los miércoles.

Entre lo viejo,
entre lo nuevo
aquí estamos complacidos,
nos proporciona felicidad.
Y el pasado significa
tener la confianza
de mirar hacia adelante
y mirar también atrás.

Las horas de peste
y de tristeza separan
a la fidelidad del sufrimiento
y al amor de la lujuria;
Días mejores
nos volverán a reunir,
los cantos serenos
fortalecen el pecho.

Sufrimientos y alegrías
se desvanecen,
son quienes se unen
alegremente recordados.
¡Oh el extraño
giro del destino!
¡Antigua conexión,
nuevos regalos!

Gracias a la lluvia,
felicidad creciente,
gracias al destino
por un bien viril,
regocíjate en el cambio
de instintos alegres,
amor abierto,
¡resplandor secreto!

Otros estarán mirando
las opacas arrugas
que cubren a los viejos
tristes y tímidos;
pero los ilumina el brillo
de la amistosa lealtad;
mira como el recién llegado
se encuentra con lo nuevo.

Al igual que en el baile
de pronto se separa
la pareja amorosa
para encontrarse de nuevo;
entonces, a través de la vida
en su difracción confusa
nos guía por la pendiente
para entrar al año nuevo.


Johann Wolfgang von Goethe (Alemania, 1759.1832).

(La traducción del párrafo de Werther es de José Valor y del poema El año nuevo de Jules Etienne).

jueves, 30 de diciembre de 2021

Año nuevo: TESS, LA DE LOS D'UBERVILLE, de Thomas Hardy

"... y llegó por fin la víspera de Año Nuevo, el día de la boda."

(Fragmento del capítulo XXXIII)

Así pasaron otras noches y otras mañanas, y llegó por fin la víspera de Año Nuevo, el día de la boda.

No se levantaron los novios a la hora del ordeño, pues su última semana la habían pasado en la vaquería más bien en concepto de huéspedes que de otra cosa, habiéndose visto favorecida Tess con una habitación para ella sola. Al bajar para tomar el desayuno, les sorprendió el cambio que en honor suyo había sufrido la amplia cocina. El lechero, a cierta hora de la madrugada, había mandado blanquear el rincón de la chimenea, pintar de colorado los ladrillos del hogar y sustituir por una cortina de damasco, de un amarillo rabioso, el viejo y renegrido cortinón de lana de rameado dibujo que colgaba del medio punto. Aquella innovación en lo que constituía el foco de la estancia en las tristes mañanas de invierno comunicaba a toda ella un aspecto festivo.
 
- Yo deseaba hacer algo en su honor -dijo el ganadero-, y como no querían ustedes ni oír mentar a la orquesta de violines y violones que se acostumbraba traer en otro tiempo para la ceremonia, pues se me ocurrió esta idea que, como ven, no mete bulla.
 
Vivían tan lejos de allí los parientes de Tess que aunque los hubiera invitado no hubiera podido asistir ninguno de ellos a la ceremonia. En cuanto a los padres de Ángel, éste les había escrito a su tiempo, asegurándoles que le darían mucho gusto viniendo alguno por lo menos para el día de su boda. Escribió también a sus hermanos, que sin duda estaban enojados con él, pues no le contestaron. Pero sus padres le escribieron en términos de cierta tristeza, deplorando la precipitación con que iba al matrimonio, aunque se conformaban con lo irremediable, diciéndole que, si bien no habían pensado nunca que hubiera de casarse con la moza de una lechería, ya tenía una edad en la que cada cual está capacitado para ser el mejor juez de sus actos.
  
Thomas Hardy (Inglaterra, 1840-1928).