Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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lunes, 8 de enero de 2024

Mirándolas dormir: LA VIDA NUEVA, de Dante Alighieri

"... parecíame ver a una persona dormida, casi desnuda, sólo cubierta por un cendal..."

(
Fragmento del capítulo III)

Pensando en ella se apoderó de mí un suave sueño, en el que me sobrevino una visión maravillosa, pues parecíame ver en mi estancia una nubecilla de color de fuego, en cuyo interior percibía la figura de un varón que infundía terror a quien lo mirase, aunque mostrábase tan risueño, que era cosa extraña. Entre otras muchas palabras que no pude entender, díjome éstas, que entendí: Ego dominum tuus. Entre sus brazos parecíame ver a una persona dormida, casi desnuda, sólo cubierta por un cendal, y, mirando más atentamente, advertí que era la mujer que constituía mi bien, la que el día antes se había dignado saludarme.

Y parecióme que el varón en una de sus manos, sostenía algo que intensamente ardía, así como que pronunciaba estas palabras: Vide cor tuum. Al cabo de cierto tiempo me pareció que despertaba la durmiente y, no sin esfuerzo de ingenio, hacíale comer lo que en la mano ardía, cosa que ella se comía con escrúpulo. A no tardar, la alegría del extraño personaje se trocaba en muy amargo llanto. Y así, llorando, sujetaba más a la mujer entre sus brazos, y diríase que se remontaba hacia el cielo. Tan gran angustia me aquejó por ello que no pude mantener mi frágil sueño, el cual se interrumpió, quedando yo desvelado.

Dante Alighieri (Italia, 1265-1321).

sábado, 21 de octubre de 2023

Eclipse solar: DIVINA COMEDIA, de Dante Alighieri

"Si fuese cierto, se manifestaría en los eclipses de Sol, porque la luz de éste pasaría a través de la Luna..."
 
Paraíso
 
(Fragmento del Canto II)
 
- Verás de un modo cierto que tu creencia está basada en una idea falsa, si escuchas bien el argumento que voy a oponerte. La octava esfera os muestra muchas luces, las cuales puede verse que presentan aspectos diferentes así en calidad como en cantidad. Si esto fuera efecto solamente del enrarecimiento y la densidad, en todas ellas habría una sola e idéntica virtud, aunque distribuida en más o menos abundancia y proporcionalmente a sus respectivas masas. Siendo diversas las virtudes, necesariamente han de ser fruto de principios formales; y éstos, menos uno, quedarían destruidos por tu raciocinio. Además, si el enrarecimiento fuese la causa de aquellas manchas acerca de las cuales me preguntas, entonces o el planeta estaría en algunos puntos privado de su materia de parte a parte, o bien del modo que en un cuerpo alternan lo graso y magro, así el volumen de éste se compondría de hojas diferentes. Si fuese cierto lo primero, se manifestaría en los eclipses de Sol, porque la luz de éste pasaría a través de la Luna, como atraviesa por cualquier cuerpo enrarecido. Esto no es así; por lo tanto hemos de examinar el otro supuesto; y si llego también a anularlo, verás demostrado lo falso de tu opinión. Si ese cuerpo enrarecido no llega de un lado a otro de la Luna, es preciso que termine en algún punto donde su contrario no deje pasar la luz, y que el otro rayo reverbere desde allí, como el color se refleja en un cristal que está forrado de estaño. Pero tú dirás que el rayo aparece aquí más oscuro que en otras partes, porque se refracta desde mayor profundidad. De esta réplica puede librarte la experiencia, si haces uso de ella alguna vez, por ser la fuente de donde manan los arroyos de vuestras artes. Toma tres espejos: coloca dos de ellos delante de ti a igual distancia, y el otro un poco más lejos: después fija tus ojos entre los dos primeros. Vuelto así hacia ellos, dispón que a tu espalda se eleve una luz que ilumine los tres espejos, y vuelva a ti reflejada por todos; entonces, aun cuando la luz reflejada sea menos intensa en el más distante, verás que resplandece igualmente en los tres. Desvanecido ya el primer error de tu entendimiento, como a impulso de los cálidos rayos se desvanecen el color y el frío primitivos de la nieve, quiero mostrarte ahora una luz tan viva, que apenas aparezca sentirás sus destellos. Dentro del Cielo de la divina paz se mueve un cuerpo, en cuya virtud reside el ser de todo su contenido. El Cielo siguiente, que tiene tantas estrellas, distribuye aquel ser entre diversas esencias, distintas de él y que en él están contenidas. Los demás cielos, por varios y diferentes modos, disponen para sus fines aquellas cosas distintas que hay en cada uno, y sus influencias. Estos órganos del mundo van así descen- diendo de grado en grado, como ahora ves, de suerte que adquieren del superior la virtud que comunican al inferior. Repara bien cómo voy por este camino hacia la verdad que deseas, a fin de que después sepas por ti solo vencer toda dificultad. El movimiento y la virtud de las sagradas esferas deben proceder de los bienaventura- dos motores, como del artífice procede la obra del martillo. Aquel cielo, al que tantas luces hermosean, recibe forma y virtud de la inteligencia profunda que lo mueve, y se transforma en su sello. Y así como el alma dentro de vuestro polvo se extiende a los diferentes miembros, aptos para distintas facultades, así la inteligencia despliega por las estrellas su bondad multiplicada, girando sobre su unidad. Cada virtud se une de distinto modo con el precioso cuerpo a quien vivifica, y en el cual se infunde como en vosotros la vida. Por la plácida naturaleza de donde se deriva, esa virtud mezclada a los cuerpos celestes brilla en ellos, como la alegría en una pupila ardiente. De ella procede la diferencia que se observa de luz a luz, y no de los cuerpos densos y enrarecidos; ella es el principio formal que produce lo oscuro y lo claro, según su bondad.
 
Dante Alighieri (Italia, 1265-1321).

viernes, 24 de septiembre de 2021

Venecia: EL ARTE, de Marcel Schwob

"Y el pintor Jan van Scorel reconoció que estaba en la antigua Vía Latina..."

(Fragmento final del diálogo en el que intervienen: Dante Alighieri, Cimabue, Guido Cavalcanti, Cino da Pistoia, Cecco Angioleri, Andrea Orgagna, Fra Filippo Lippi, Sandro Botticelli, Paolo Uccello, Donatello, Jan van Scorel)

Y ahora la noche se aclaraba. Y Dante volvió a hablar con Jan van Scorel, y le dijo:

- Júzganos.

Y Jan van Scorel respondió:

- Me ha guiado el amor y lo seguiré dondequiera que me lleve. Nací junto a un mar gris, en un pueblo en las dunas, y trabajé en Amsterdam con mi maestro Jacob Kornelisz. Tenía una niña modesta y blanca, de doce años. La amaba y me fui a ganar dinero para casarme con ella. Y vi Speyer, Estrasburgo y Basilea. En Nurem- berg visité a Alberto Durero, y pasé por Estiria y Carintia. Ahora bien, había en esta región un gran barón que se enamoró de mi pintura. Tenía una hija ardiente y hermosa. Me ofreció que la casaría conmigo. Pero tenía en mi corazón la imagen de la niña de mi país, tan dulce, tan pura. Rechacé a la tentadora. Y fui a Venecia, donde un padre de las beguinas me llevó a Jerusalén para ver el Santo Sepulcro. Allí llegué a conocer la religión. Luego regresé vía Rodas y Malta otra vez a Venecia. De ahí viajé a Roma, donde el Papa me apoyó. Y sufro, porque mi amor se siente atraído por mi tierna niña; pero mi deseo es la tentadora de Carintia. Pero no podía pintar a la Virgen sin hacerla a semejanza de mi prometida; y sólo puedo imaginarme a Eve y Madeleine en el parecido de aquella cuyos ojos solicitantes me invitaron a romper mi juramento. Esta es mi historia: pero, oh Maestro, extiendo mi mano a mi amor.

Y Dante le dijo:

- Por lo tanto, nos has juzgado, porque no has abandonado a tu guía. Y te llevará más alto de lo que piensas, tal como el mío me ha llevado a mí. ¡Oh, Jan van Scorel, te sentirás miserable y decepcionado! La que amas está casada con un comerciante de oro; y tampoco encontrarás a la tentadora. Entonces entrarás en la religión y procla- marás tu arte a través de ella y en ella. Porque religión es el término del amor, o que la guía nos tome de la mano para subir la escalera sagrada, o que nos abandone frente al primer escalón.

Y Dante , alzando los ojos al cielo, vio una constelación límpida como agua temblo- rosa:

- Beatriz nos está llamando -dijo-, y tenemos que regresar. Recuerda las palabras divinas: "Busca y encontrarás".

El prado secreto desapareció con sus formas en la noche blanca. Y el pintor Jan van Scorel reconoció que estaba en la antigua Vía Latina; y, con la mirada baja, regresó a Roma.

Marcel Schwob (Francia, 1867-1905).

La ilustración corresponde al Parque del Acueducto en la Vía Latina de Roma, al atardecer.

martes, 6 de octubre de 2020

Epidemias: DIVINA COMEDIA, de Dante Alighieri


Canto XXIX

(Fragmento)

Yo no creo que ver mayor tristeza
en Egina* pudiera el pueblo enfermo,
cuando se llenó el aire de ponzoña,

pues, hasta el gusanillo, perecieron
los animales; y la antigua gente,
según que los poetas aseguran,

se engendró de la estirpe de la hormiga;
como era viendo por el valle oscuro
languidecer las almas a montones.

Cuál sobre el vientre y cuál sobre la espalda,
yacía uno del otro, y como a gatas,
por el triste sendero caminaban.

Muy lentamente, sin hablar, marchábamos,
mirando y escuchando a los enfermos,
que levantar sus cuerpos no podían.


Dante Alighieri (Italia, 1265-1321).

* Lo refiere Ovidio en su Metamorfosis: La diosa Juno, celosa de la hija de Eaco, rey de Egina, decidió castigar la isla con una epidemia de peste que flageló a todos sus habitantes, y sólo el rey logró sobrevivir. Entonces éste le suplicó a Júpiter que repoblara su reino convirtiendo en hombres a las hormigas, a lo que el dios accedió.

La ilustración corresponde al Canto XXIX de la Divina Comedia por Gustave Doré.

jueves, 28 de febrero de 2019

Tu boca: DIVINA COMEDIA, de Dante Alighieri

"... volvió hacía mí entre flores su semblante..."

Canto XXVIII del Paraíso

(Fragmento)
 
Solitaria mujer, vi que vagaba,
cantando y escogiendo flor y flores,
que esmaltaban la vía que cruzaba.
 
«Virgen bella que encienden los amores,
si juzgo por los rasgos del semblante
que son del corazón indicadores,
 
«dígnate proseguir más adelante,»
díjele, «más cercana a la ribera,
para entender lo que tu boca cante.
 
«Tú me haces recordar, donde perdiera
la diosa madre a su hija Proserpina,
cuando la hija perdió su primavera.»
 
Tal cual gira graciosa bailarina
sobre sus pies, poniendo uno delante,
y en equilibrio sobre sí se inclina,
 
volvió hacia mí entre flores su semblante,
que de jalde y de rojo se adornaba,
baja la vista, púdica y radiante;
 
y tanto más su aspecto me encantaba,
cuanto más las palabras entendía
del canto que de lejos me llegaba.
 

Dante Alighieri (Italia, 1265-1321).
 
(Versión rimada al español de Bartolomé Mitre). 

miércoles, 11 de julio de 2018

Solsticio: DIVINA COMEDIA, de Dante Alighieri

"... las dos guirnaldas cerca de nosotros giraba, respondiendo una a la otra."

(Fragmento)

Paraíso: Canto XII

Tan pronto como la última palabra
la bienaventurada llama dijo,
a girar comenzó la santa rueda;

y aún su vuelta no había completado,
cuando otra rueda giró en su derredor,
uniendo canto a canto y giro a giro;

canto que tanto vence a nuestras musas
y sirenas en esas dulces trompas,
como la luz primera a sus reflejos.

Como se ven tras la nube ligera
dos arcos paralelos y de un mismo
color, cuando a su sierva envía Juno,

que aquel de fuera nace del de dentro,
al modo del hablar de aquella hermosa
que agostó Amor cual sol a los vapores,

haciendo que la gente esté segura,
por el pacto que Dios hizo a Noé,
que al mundo nunca más anegaría:

así de aquellas rosas sempiternas
las dos guirnaldas cerca de nosotros
giraba, respondiendo una a la otra.

Cuando la danza y otro gran festejo
del cántico y del mutuo centelleo,
luz con luz jubilosa y reposada,

a un mismo tiempo y voluntad cesaron,
como los ojos se abren y se cierran
juntamente al placer que les conmueve;

del corazón de una de aquellas luces
se alzó una voz, que como aguja al polo
me hizo volverme al sitio en que se hallaba;

y comenzó: «El amor que me hace bella
me obliga a que del otro jefe trate
por quien del mío aquí tan bien se ha hablado.

Justo es que, donde esté el uno, esté el otro:
y así pues como a una combatieron,
así luzca su gloria juntamente.

La milicia de Cristo, que tan caro
costó rearmar, detrás de sus banderas
marchaba escasa, lenta y recelosa,

cuando el Emperador que siempre reina
ayudó a su legión en el peligro,
por gracia sólo, no por merecerlo.

Y, ya se ha dicho, socorrió a su esposa
con dos caudillos, a cuyas palabras
y obras reunióse el pueblo descarriado.

Allí donde se alza y donde abre
Céfiro dulce los follajes nuevos,
de los que luego Europa se reviste,

no lejos del batir del oleaje
tras el cual, por su larga caminata,
el sol se oculta a todos ciertos días...»*


Dante Alighieri (Italia, 1265-1321).

* Si bien no es unánime, la mayoría de las interpretaciones sobre este pasaje de la Divina comedia en que se menciona un festejo y se alude al sol, coinciden en que se refiere al solsticio de verano.

domingo, 28 de junio de 2015

Circe: DIVINA COMEDIA, de Dante Alighieri

 
(Fragmento del canto vigésimo sexto)
 
Círculo octavo del infierno: Fraude
 
El alto cuerno de la hoguera antigua,
como la llama que fustiga el viento,
al par que estaba inmóvil la contigua,
 
se agitó con activo movimiento,
como lo hace al hablar la lengua humana,
y echó hacia afuera su escondido acento:
 
«Cuando libre de Circe la inhumana,
que más de un año en Gaeta me retuvo,
donde antes de Eneas era soberana,
 
«ni el cariño por mi hijo me contuvo,
ni de mi viejo padre la ternura,
ni el amor de Penélope me abstuvo,
 
«de correr por doquier a la ventura,
por conocer el mundo como experto,
y al hombre con sus vicios y cultura.

«Lánceme sin temor en mar abierto,
con sólo un leño, y tuve por compaña,
pocos hombres, mas todos de concierto.
 
 
Dante Alighieri (Italia, 1265-1321).
 
(Versión rimada al español de Bartolomé Mitre). 

domingo, 4 de mayo de 2014

Espejos (3): DIVINA COMEDIA, Dante Alighieri


"Ante el espejo por placer me exorno; mas mi hermana Raquel, sólo se paga de estar ante él en incesante adorno."


Canto XXVII del purgatorio
 
(Fragmento)
 
Pienso que era la hora que en oriente
sobre el monte Citerea asoma el día,
en su fuego de amor por siempre ardiente,

y en sueños, percibir me parecía
joven bella, regando en una landa,
cogiendo flores, y que así decía:

“Si alguno acaso, quién soy yo demanda,
Lía me llamo, que moviendo en torno
las bellas manos, formo una guirnalda.

Ante el espejo por placer me exorno;
mas mi hermana Raquel, sólo se paga
de estar ante él en incesante adorno.

En verse el bello rostro ella se halaga,
como yo en adornarme con mis manos;
ella mirando, yo con lo que haga.”
 
 
Dante Alighieri (Italia, 1265-1321)
 
(Traducido del italiano por Bartolomé Mitre)
 
La ilustración corresponde a El baño de Venus (1639), de Simon Vouet.

viernes, 18 de abril de 2014

Sucedió un viernes santo


Durante la noche del jueves al viernes santo, emprendió Dante su viaje nocturno en La divina comedia, para recorrer los nueve círculos del infierno, las nueve terrazas del purgatorio y los nueve cielos (o astros, puesto que se menciona a la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Jupíter y Saturno) del paraíso, y así poder llegar a la ciudad de Dios.
 
Paul L. Maier en el capítulo XVIII de su novela Poncio Pilatos, establece que "Eran las seis de la mañana del viernes 3 de abril del año 33 D. C., para los judíos, Nisán 14 del año 3793". Y en el siguiente párrafo sugiere: "Pilatos miró Jerusalén en esa fresca mañana de primavera". En tanto que Pablo García Baena inicia su poema Viernes santo con una aseveración: "Hace frío en los atrios esta noche".
 
En la literatura hispanoamericana, se encuentran un par de referencias al viernes santo en obras de la picaresca costumbrista, como son los casos de El periquillo sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi, en la Nueva España, y el cuento La llorona del viernes santo, del peruano Ricardo Palma.
 
En el primer caso, este es el párrafo correspondiente: "El Viernes Santo salía en la procesión que llaman del Santo Entierro; había en la Carrera de la dicha procesión una porción de altares que llaman posas, y en cada una de ellos pagaban los indios multitud de pesetas, pidiendo en cada vez un respondo por el alma del Señor, y el bendito cura se guardaba los tomines, cantaba la oración de la Santa Cruz, y dejaba a aquellos pobres sumergidos en su ignorancia y piadosa superstición."
 
En cuanto al espíritu satírico de Palma, se aprecia desde el párrafo inicial: "Existía en Lima hace cincuenta años una asociación de mujeres todas garabateadas de arrugas y más pilongas que piojo de pobre, cuyo oficio era gimotear y echar lagrimones como garbanzos. ¡Vaya una profesión perra y barrabasada! Lo particular es que toda socia era vieja como el pecado, fea como un chisme y con pespuntes de bruja y rufiana. En España dábanles el nombre de plañideras; pero en estos reinos del Perú se les bautizó con el de doloridas o lloronas."
 
Dos poetas españoles, Pedro Calderón de la Barca y Jorge Guillén, se ocuparon del tema. El primero en El viernes santo escribe: "Solo, negado, escarnecido, muerto,/ enclavado en la Cruz, ¡oh Jesús mío!/ la frente inclinas sobre el mundo impío,/ en la cumbre del Gólgota desierto..." Casi al final de Viernes santo, dice Jorge Guillén: "Ha de morir el Hijo./ Tiene que ser el hombre más humano." Para culminar más adelante: "Es viernes hoy con sangre:/ Sangre que a la verdad ya desemboca."
 
Y ya que parece la medida es por pares, hay dos novelas con una óptica muy original que se ocupan de la vida, pasión y muerte de Jesucristo. Una de ellas es El evangelio según el Hijo, de Norman Mailer, narrada en primera persona, lo que algunos han considerado un sacrilegio; y la otra, La última tentación de Cristo, del griego Nikos Kazantzakis, que alcanzó la celebridad del escándalo gracias a la adaptación al cine que hiciera de ella Martin Scorsese en 1988.
 
Estos son unos párrafos de la obra de Mailer: "Me hundieron un clavo largo en cada muñeca, y otro clavo a través de cada pie. No grité. Pero vi que se dividían los cielos. Dentro de mi cráneo fulguró una luz y vi los colores del arco iris. Mi alma estaba luminosa de dolor.
 
Levantaron la cruz del suelo, y fue como si ascendiera más alto y hacia un mayor dolor. Un dolor que viajaba por un espacio tan vasto como los océanos. Me desvanecí. Cuando abrí los ojos, fue para ver a soldados romanos arrodillados sobre el suelo a mis pies. Discutían como dividir mi ropa, para que hubiera un pedazo de tela para cada uno. Pero mi viejo manto no tenía costura, pues era de una sola pieza."
 
Finalmente, concluye ese capítulo 48 -penúltimo de la novela-, de esta manera: "Entonces llegó mi muerte. Y es verdad que llegó antes de que me atravesaran el costado con la lanza. La sangre y el agua se me escaparon por el costado del cuerpo para señalar el fin de la mañana. Vi una luz blanca que brillaba como el fulgor del cielo, pero era lejana. Mi pensamiento postrero fue para la cara de los pobres, que eran hermosos para mí, y mi esperanza de que fuera verdad, como pronto dirían todos mis seguidores, que había muerto por ellos en la cruz."
 
La gran polémica en torno a La última tentación de Cristo resultó un tanto injusta por la exagerada repercusión que tuvieron los intentos de censura en contra de la película. Estos son los párrafos finales: "Sintió dolores atroces en las manos, los pies y el costado izquierdo. Sus ojos recobraron la vista y vio la corona de espinas, la sangre y la cruz. En el sol oscurecido centellearon dos anillos de oro y dos hileras de dientes agudos y blanquísimos. Resonó entonces una risa fresca y burlona, y los anillos y los dientes desaparecieron. Jesús quedó suspendido en el aire, solo.
 
Sacudió la cabeza y de pronto recordó dónde se encontraba, quién era y por qué sufría. Apoderóse de él una alegría salvaje e indomable. No, no, no era cobarde, desertor ni traidor. No; estaba clavado en la cruz, había sido leal hasta el fin y había cumplido la palabra empeñada. Durante segundos, cuando había gritado Eli Eli y se había desvanecido, la Tentación se había apoderado de él y le había extraviado. No eran reales las alegrías, las nupcias ni los niños; no eran reales los viejecitos decrépitos y envilecidos que le habían llamado cobarde, desertor y traidor. ¡No habían sido más que visiones suscitadas por el Maligno!... Sus discípulos estaban vivos y sanos; habían emprendido los caminos de la tierra y del mar y anunciaban la Buena Nueva. ¡Alabado sea Dios, todo ha ocurrido como debía ocurrir!
 
Lanzó un grito triunfal: ¡Todo está consumado!
 
Y era como si dijera: Todo comienza."
 
No se trata, de ninguna manera, de una selección exhaustiva sobre la presencia del viernes santo en la literatura, pero sí creo haber reunido una muestra representativa de diferentes géneros. Todo esto al margen de mis creencias particulares. Sólo tratando de no pasar por alto un día tan significativo en el mundo cristiano.
 
 
Jules Etienne
 
Para leer otros textos que refieren el tema se puede consultar esta etiqueta: Viernes santo.

La ilustración corresponde a Lamento de María Magdalena ante el cuerpo de Cristo (1867), de Arnold Böcklin.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Un hereje en el Paraíso


Hace unos días, cuando me referí a Cumpleaños, de Carlos Fuentes, mencioné a Siger de Brabante, ese personaje del siglo XIII, profesor de teología en la universidad de París, que proclamaba la eternidad del mundo y la negación de la inmortalidad del alma, por lo que su polémica al respecto con Santo Tomás de Aquino le provocó una confrontación con la iglesia católica que lo llevó a ser condenado como hereje en 1277.

Sin embargo, he encontrado para mi sorpresa, que Dante lo ubica en La Divina Comedia, en la esfera celestial del sol, la morada de los teólogos en el Paraíso, junto a Santo Tomás de Aquino, San Agustín, San Alberto Magno y Pedro Lombardo, entre otros, con lo que no sólo exime de las penas infernales a un hereje, patriarca del averroísmo y muerto en la excomunión, sino que lo encumbra junto a los santos teólogos. Y en el colmo del sarcasmo pone en boca de Santo Tomás, su adversario irreconciliable en el problema de las dos verdades y en el de la unidad del intelecto, un elogio que supondría la rehabilitación de su memoria, cuando dice que Sigiero -su nombre latinizado-, enseñaba sus verdades entre envidias, al final del Canto X, en El paraíso:

El que tengo a la diestra por vecino,
mi hermano fue y maestro; y este, Alberto,
grande en Colonia: yo, Tomás de Aquino.

Si de los otros quieres estar cierto,
que mi palabra siga tu mirada
girando por el cerco de concierto.

Procede entonces, Santo Tomás, a describir a Graziano, a Pedro Lombardo, a San Agustín y otros beatos, hasta que llega el turno de Brabante:

De ése por quien ya tu pregunta aguardo
de un espíritu son las claridades
que con grave pensar morir vio tarde:

de Sigiero es la luz, en las edades
que en la calle de Fuarre, como es fama,
dijo silogismos y entre envidias, sus verdades.

Es difícil comprender lo que motivó a Dante a reivindicar el nombre de Brabante al incluirlo en El paraíso, corriendo el riesgo de ser también condenado por la implacable inquisición.


Jules Etienne

(La traducción al español de La Divina Comedia, es de Bartolomé Mitre).

La ilustración corresponde a un fresco en el Casino Massimo de Roma,
de Philipp Veit (realizado entre 1817 y 1827), en el que aparecen Dante
y Beatriz, con Tomás de Aquino, Alberto Magno, Pedro Lombardo y
Siger de Brabante.