Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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miércoles, 27 de marzo de 2024

Mirándolas dormir: UN MUNDO FELIZ, de Aldous Huxley

"... yacía Lenina profundamente dormida y tan hermosa entre sus rizos, tan conmovedoramente infantil..."

(
Fragmento del capítulo IX)

Media hora después se le ocurrió echar una ojeada por la ventana. Lo primero que vio fue una maleta verde con las iniciales L. C. pintadas en la tapa. El júbilo se levantó en su interior como una hoguera. Cogió una piedra. El cristal roto cayó estrepitosamente al suelo. Un momento después, John se hallaba dentro del cuarto. Abrió la maleta verde; e inmediatamente se encontró respirando el perfume de Lenina, llenándose los pulmones con su ser esencial. El corazón le latía desbocadamente; por un momento, estuvo a punto de desmayarse. Después, agachándose sobre la preciosa caja, la tocó, la levantó a la luz, la examinó. Las cremalleras del otro par de pantalones cortos de Lenina, de pana de viscosa, de momento le plantearon un problema que, una vez resuelto, le resultó una delicia. ¡Zis!, y después ¡zas!, ¡zis!, y después ¡zas! Estaba entusiasmado. Sus zapatillas verdes eran lo más hermoso que había visto en toda su vida. Desplegó un par de pantaloncillos interiores, se ruborizó y volvió a guardarlos inmediatamente; pero besó un pañuelo de acetato perfumado y se puso una bufanda al cuello. Abriendo una caja, levantó una nube de polvos perfumados. Las manos le quedaron enharinadas. Se las limpió en el pecho, en los hombros, en los brazos desnudos. ¡Delicioso perfume! Cerró los ojos y restregó la mejilla contra su brazo empolvado. Tacto de fina piel contra su rostro, perfume en su nariz de polvos delicados… su presencia real.

- ¡Lenina! -susurró-. ¡Lenina!

Un ruido lo sobresaltó; se volvió con expresión culpable. Guardó apresuradamente en la maleta todo lo que había sacado de ella, y cerró la tapa; volvió a escuchar, mirando con los ojos muy abiertos. Ni una sola señal de vida; ni un sonido. Y, sin embargo, estaba seguro de haber oído algo, algo así como un suspiro, o como el crujir de una madera. Se acercó de puntillas a la puerta, y, abriéndola con cautela, se encontró ante un vasto descansillo. Al otro lado de la meseta había otra puerta, entornada. Se acercó a ella, la empujó, y asomó la cabeza.

Allí, en una cama baja, con el cobertor bajado, vestida con un breve pijama de una sola pieza, yacía Lenina, profundamente dormida y tan hermosa entre sus rizos, tan conmovedoramente infantil con sus rosados dedos de los pies y su grave cara sumida en el sueño, tan confiada en la indefensión de sus manos suaves y sus miembros relajados, que las lágrimas acudieron a los ojos de John.

Aldous Huxley
(Inglés fallecido en Estados Unidos, 1894-1963).

lunes, 17 de octubre de 2022

Otoño: EL JOVEN ARQUÍMEDES, de Aldous Huxley

"... estábamos envueltos en un blanco vapor en donde los olivos color de bruma, que bajaban ante nuestras ventanas, hacia el valle, desaparecían..."

(Fragmento)

Había días de otoño en que todos los valles estaban llenos de neblina y las crestas de los Apeninos emergían, oscuras, de un liso largo blanco. Había días en que esa niebla invadía nuestras alturas y en que estábamos envueltos en un blando vapor en donde los olivos color de bruma, que bajaban ante nuestras ventanas, hacia el valle, desaparecían, fundidos, se diría, en su propia esencia; y las dos únicas cosas firmes y definidas del pequeño mundo vago en que estábamos confinados eran los dos altos cipreses negros que se elevaban sobre una pequeña terraza en saliente a unos cien pies cuesta abajo. Se levantaban negros, agudos y sólidos, gemelas columnas de Hércules en el confín del mundo conocido; y más allá sólo había nubes pálidas y alrededor nebulosos olivares.

Aldous Huxley (Inglaterra, 1894-1963).

(Traducido del inglés por Leonor de Acevedo).

miércoles, 24 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LA ISLA, de Aldous Huxley


 (Fragmento del capítulo VII)

- ¿Pero sucede?

- En muchos casos, sí.

- ¡Sencillísimo! -Había una nota de ironía en su voz.

- Maravillosamente sencillo -convino ella-. Y sin embargo, por lo que sé, somos las únicas personas que enseñamos sistemáticamente la autodeterminación a sus hijos. Ustedes no hacen más que decirles lo que se supone que deben hacer y dejan las cosas tal como están. Lo único que hacen es ofrecerles disertaciones estimulantes y castigos. Pura y simple idiotez.

- Idiotez pura y sin aditamentos -admitió él, y recordó a Mr. Crabbe, el director de su escuela, hablando sobre el tema de la masturbación; recordó las palizas y los sermo- nes semanales, y el Servicio de Conminación en el Miércoles de Ceniza. "Maldito el que peca con la esposa de su vecino. Amén."

- Si sus niños toman la idiotez en serio, crecen y se convierten en miserables pecadores. Y si no la toman en serio, crecen y se convierten en miserables cínicos. Y si reaccionan del cinismo desdichado, lo más probable es que se conviertan en papistas o marxistas. No es extraño que tengan ustedes esos millares de cárceles e iglesias y células comunistas.

- En tanto que en Pala, supongo, tienen ustedes muy pocas.

Susila meneó la cabeza.

- Aquí no hay ningún Alcatraz -dijo-. No hay un Billy Graham, ni un Mao Tse-tung, ni Madonas de Fátima. No hay infiernos en la tierra, ni pasteles cristianos en el cielo, ni pasteles comunistas en el siglo XXII. Nada más que hombres y mujeres con sus hijos, tratando de aprovechar lo mejor posible ahora y aquí, en lugar de vivir en ninguna otra parte, como lo hace la mayoría de ustedes, en algún otro tiempo, en algún otro universo imaginario de habitación casera. Y en realidad no tienen la culpa. Están casi obligados a vivir como viven, debido a que el presente es tan frustrador. Y es frustrador porque jamás se les ha enseñado a franquear la brecha existente entre la teoría y la práctica, entre sus resoluciones de Año Nuevo y su conducta real.

Aldous Huxley (Inglés fallecido en Estados Unidos, 1894-1963).

(Traducido al español por Floreal Mazía).

lunes, 18 de enero de 2021

La tristeza del tercer lunes de enero


Hoy es lo que se ha dado en llamar el lunes triste (Blue Monday), es decir, el día más depresivo del  año. Con ese motivo, en algún enero anterior escribí un texto titulado Propósitos y despropósitos del año nuevo, y en el mismo explicaba: Si bien es una designación por demás discutible, gracias a una fórmula desarrollada por el sicólogo Cliff Arnall, profesor de la Universidad de Cardiff, en el año 2005, en la que mediante una ecuación matemática que incluye media docena de elementos: el clima, las deudas, el lapso transcurrido después de los festejos navideños, el índice de motivación, la sensación de que ha llegado el momento de tomar decisiones y -lo que a mí me parece más simbólico-, el tiempo de confrontar lo que se suele denominar propósitos de año nuevo y que, a estas alturas, ya empezaron a ceder ante la realidad de las costumbres y vicios propios.

Valdría la pena acotar el hecho de que mientras aquí vivimos el invierno boreal, al sur del Ecuador se encuentran en pleno verano, de manera que el factor climatológico, el cual también influye según indica el profesor Arnall, allá no procedería, aunque al igual que nosotros también hayan brindado por el paso del año concluido hacia el que comienza.
 
En El mono epigramático dedicado, como su título sugiere, a reunir mis epigramas, se encuentra uno al que he titulado Augurio:

La cuenta regresiva ha empezado
el último día se sabrá con rigor
si experiencia hemos logrado,
y vivimos otro año mejor.

Considero que la clave de todo radica en la experiencia. Si cada año logramos acumularla, en lugar de envejecer nos iremos haciendo más expertos en el complicado oficio de vivir. "El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza", escribió André Maurois en su novela Climas. El problema es que no siempre existe la disposición de aprender, incorporar lo vivido para modificar conductas, asumir los errores cometidos pero emprender de nuevo el camino procurando que no se repitan. Decía Aldous Huxley en el memorable prólogo de su novela Un mundo feliz (A Brave New World), al referirse al remordimiento crónico como el más indeseable de los sentimientos. "Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse".

Por alguna extraña razón, parecería que forma parte de la condición humana el rechazo a la experiencia. Sobre todo si es ajena. Se nos podrá advertir lo que sucede si hacemos o dejamos de hacer esto o aquello. No importa, necesitamos experimentarlo en carne propia para comprenderlo. Hacemos más difícil el trayecto, en lugar de transitar por la vía más corta o por el lado sombreado de la vereda.

Karen Blixen, la escritora danesa que firmó su obra con el seudónimo literario de Isak Dinesen -y cuya prosa es definida por Vargas Llosa como "una anomalía genial"-, lo ha dicho, por supuesto, mucho mejor que yo. En su relato titulado El mono, que fue publicado en el volumen Siete cuentos góticos, la tía Cathinka le pregunta al pequeño Boris: "¿Qué es lo que cuesta mucho conseguir, se ofrece por nada y casi siempre se rechaza?" El niño escuchaba atento lo que la anciana tenía que decirle: "Experiencia, la experiencia de los viejos". Dicho lo anterior, le ofrece una reflexión acerca de los hijos de Adán y Eva, "si hubiesen estado preparados para hacer uso de la experiencia de sus padres, el mundo se habría comportado sensiblemente mejor desde hace seis mil años".

Jules Etienne

lunes, 22 de junio de 2020

Epidemias: LOS DEMONIOS DE LOUDUN, de Aldous Huxley

"... el precedente 22 de junio, habiendo dejado caer por equivocación el exorcista un poco de azufre ardiendo en la boca de la hermana Claire..."

(Fragmento del capítulo VII)

La epidemia de Loudun era una «enfermedad iatrogénica» producida y alimentada. por sus mismos médicos. 

La hermana Juana y las monjas, sus compañeras, habían tenido una educación religiosa desde su niñez y habían observado siempre una vida de perfecta castidad. Pues bien, como por vía de inducción, esas lecciones obraron a modo de un estímulo en su existencia creando dentro del cerebro y en la mente un centro psico-físico del cual habían de emanar las determinaciones con­tradictorias de irreligión y de obscenidad. Todas las colecciones de cartas espirituales abundan en referencias a aquellas horribles tentaciones contra la fe y contra la castidad y a las cuales se hallan sujetos muy especialmente los que buscan la perfección. Los buenos rectores de almas señalan que todas esas tentaciones son un rasgo normal y casi inevitable de la vida espiritual y que hay que cuidar que no ocasionen ningún mal que no pueda ser justificado. En tiempos ordinarios esos pensamientos y sentimientos negativos eran reprimidos y, si afloraban a la conciencia, rechazados por un esfuerzo de voluntad. Debilitada por alguna dolencia psicosomática y frenética a causa de su abandono o indulgencia con respecto a las fantasías de cosas irrealizables y prohibidas, la madre superiora perdió todo poder para controlar los indeseables resultados del proceso de la inducción. La conducta de los histéricos es contagiosa; por lo tanto, el ejemplo de la prio­ra fue seguido por las otras monjas. Muy pronto todo el convento se vio hundido y arrojado al paroxismo, profiriendo blasfemias y escupiendo obscenidades. En razón de una publicidad que se estimó había de ser favorable a las respectivas órdenes religiosas y a la Iglesia en general, o con la deliberada intención de mane­jar a las monjas como instrumento para la aniquilación de Grandier, los exorcistas hicieron cuanto estaba en su poder para alen­tar e incrementar el escándalo. Se forzó a las monjas a realizar las mayores extravagancias en público, fueron inducidas y animadas a blasfemar delante de distinguidos visitantes y a hacer los mayores disparates y los más disparatados desatinos. Hemos visto ya que a los comienzos de su dolencia la priora no creía ser víc­tima de posesión demoníaca. Sólo después que su confesor y los otros exorcistas le aseguraron reiteradamente que se hallaba repleta de demonios, la pobre sor Juana llegó por fin al convencimiento de que estaba endemoniada y de que su única preocupación desde entonces debía ser la de comportarse como tal. Y esto mismo ocurrió con alguna de las otras monjas.

Leemos en un libelo publicado en 1634 que la hermana Agnes se había dado cuenta en repetidas ocasiones, durante los exorcismos, de que ella no era una endemoniada. Pero los frailes le habían dicho que sí lo era y la habían obligado a seguir sometiéndose a aquellas ceremonias de expurgación. Y «el precedente 22 de junio, habiendo dejado caer por equivocación el exorcista un poco de azufre ardiendo en la boca de la hermana Claire, la pobre muchacha se retorció bañada en lágrimas diciendo que desde que le habían asegurado que se hallaba poseída por los demonios se encontraba dispuesta a creerlo, pero que no creía que mereciera ser tratada de aquel modo». Aquello, que comenzó espontáneamente como un acto de histeria, iba siendo completado por medio de la sugestión a cargo de Mignon, de Barré, de Tranquille y compañía. Todo fue muy bien comprendido a su tiempo. «Concedido que no hay engaño en el asunto -escribía el anónimo autor del libelo a que nos hemos referido-, ¿se sigue necesariamente que las monjas son posesas? Pero ¿no puede ser que en su locura y gracias a su imaginación disparatada ellas se crean poseídas cuando en realidad no lo están?» «Esto -continúa nuestro autor- puede acontecerles a las monjas por alguno de estos tres motivos: Primero: a causa de los ayunos, vigilias y meditaciones sobre el infierno y Satanás. Segundo: a consecuencia de alguna observación de su confesor; algo que les haga pensar que son objeto de tentación por parte del demonio. Y tercero: que el confesor, al darse cuenta de que ellas se comportan de manera extraña, imagine, en su ignorancia, que están poseídas o hechizadas, y luego por la influencia que ejerce sobre su pensamiento, las persuada de que es así.» En el presente caso la errónea creencia de la posesión era debida al tercero de los motivos. Lo mismo que los envenenamientos mercuriales y antimónicos de los primeros tiempos y los de azufre y las fiebres de los sueros de la época actual, así la epidemia de Loudun era una «enfermedad iatrogénica» producida y alimentada. por sus mismos médicos a quienes se consideraba como los restauradores de la salud de sus pacientes.


Aldous Huxley (Inglés fallecido en Estados Unidos, 1894-1963).

(Traducido al español por Enrique de Antón Cuadrado).

lunes, 7 de octubre de 2019

Tu boca: CONTRAPUNTO, de Aldous Huxley

"... mientras él prende fuego a los periódicos sobre ella y le deja caer las cenizas calientes sobre el cuerpo."

(Fragmento del capítulo XXV)

Quai Voltaire.
  
Sufro de un catarro y de un intenso aburrimiento, sólo momentáneamente aliviado por tu carta. En el fondo, París es terriblemente triste. Tengo unas ganas locas de tomar un avión que me lleve a algún otro lado, pero no sé adónde. Eileen vino a verme hoy. Quiere separarse de Tim, porque se empeña en que permanezca desnuda sobre la cama mientras él prende fuego a los periódicos sobre ella y le deja caer las cenizas calientes sobre el cuerpo. ¡Pobre Tim! Parece injusto privarlo de sus placeres inocentes. Pero Eileen tiene pánico a que la asen a la parrilla... Se tornó furiosa contra mí por echarme a reír y no darle muestras de mayor simpatía. Yo lo he tomado todo a broma. Como lo es. Una broma muy floja, sin embargo. Porque, como le ocurría a la Reina, no nos hace ninguna gracia. ¡Cómo te odio por no estar aquí para distraerme! Todo se puede perdonar, salvo la ausencia. Imperdonable Walter ausente, adiós. Tengo envidia de ti esta noche, de tus manos y de tu boca... ¿Y tú? ¿Lo recuerdas?
 L.

Aldous Huxley (Inglaterra, 1894-1963).

sábado, 7 de octubre de 2017

Eclipse: LA ISLA, de Aldous Huxley

"... favorables para una empresa conjunta por los de Aries –Murugan y yo– y ese típico Escorpión, el coronel D (...) planeada para la noche del eclipse lunar del próximo mes de noviembre."
 
(Fragmento del capítulo XIV)

Pero la llegada del cable de lord A no es la única noticia que tengo que trasmitirle. Los acontecimientos (como me enteré esta tarde por Bahu) se precipitan hacia el Gran Punto de Viraje de la Historia Palanesa... y se precipitan con más velocidad de lo que antes había considerado posible. Por motivos que en parte son políticos (la necesidad de compensar una reciente declinación en la popularidad del coronel D), en parte Económicos (las cargas de la Defensa son demasiado onerosas para ser soportadas por Rendang solo) y en parte Astrológicos (estos días, dicen los Expertos, son singularmente favorables para una empresa conjunta por los de Aries –Murugan y yo– y ese típico Escorpión, el coronel D), se ha decidido precipitar una Acción tentativamente planeada para la noche del eclipse lunar del próximo mes de noviembre. Siendo así, es esencial que los tres nos reunamos sin demora para decidir qué debe Hacerse, en estas Circunstancias nuevas y rápidamente cambiantes, para promover nuestros intereses especiales, materiales y Espirituales. El presunto "Accidente" que lo trajo a nuestras playas en este Momento Crítico fue como lo reconocerá usted, Manifiestamente Providencial. Debemos, pues, colaborar, como abnegados Cruzados, con el divino PODER que en forma tan inequívoca ha abrazado nuestra Causa. ¡DE MODO QUE VENGA EN EL ACTO! Murugan tiene el auto y lo traerá a nuestra modesta choza, donde, se lo aseguro, mi querido Farnaby, recibirá una muy cálida acogida de la bien sincerement vótre,
Fátima R.
 
 
Aldous Huxley (Inglés fallecido en Estados Unidos, 1894-1963). 

viernes, 24 de marzo de 2017

Carnaval: LOS ESCÁNDALOS DE CROME, de Aldous Huxley


"... y más vagamente aún con caro-carnis y sus derivados, como carnaval y carnación. Carminativo..."
(Fragmento)
- Se sufre mucho -continúo Dionisio- con eso de que las bellas palabras no significan nunca lo que deberían significar. No hace mucho, por ejemplo, se me ha echado a perder todo un poema, precisamente porque la palabra carminativo no significa lo que debería significar. Carminativo es admirable, ¿no es cierto?
- Admirable -asintío Mr. Scogan-. Pero, ¿qué significa?
- Es una palabra que yo había atesorado desde mi primera infancia -dijo Dionisio-, atesorado y amado. En mi casa me daban esencia de canela, cuando me hallaba resfriado -remedio inútil, pero no desagradable-. La vertían gota a gota, de unos frascos estrechos, en forma de dorado licor, fuerte y ardiente. En el rótulo había una lista de sus virtudes y entre otras cosas se decía que era en alto grado carminativo. Yo adoraba aquella palabra. "¿Será carminativo?", acostumbraba a decirme cuando tomaba mi dosis. Me parecía una palabra tan maravillosa para expresar aquella sensación de calor interior; aquel ardor, aquella -¿cómo lo diré?- satisfacción física que sentía después de beberme la canela. Más tarde, cuando descubrí el alcohol, la palabra carminativo expresaba para mí aquel ardor semejante pero más noble, más espiritual, que produce el vino, no sólo en el cuerpo, sino también el alma. Las virtudes carminativas del Borgoña, del ron, del viejo brandy, del Lacryma Christi, del Marsala, del Aleático, de la cerveza fuerte, de la ginebra, del champaña, del clarete, del crudo vino nuevo de las vendimias toscanas -yo las comparaba, las clasificaba-. El Marsala es rosadamente, aterciopeladamente carminativo; la ginebra pica y refresca al mismo tiempo que enardece. Me había formado toda una tabla de valores de carminación. Y ahora -Dionisio extendió las manos con las palmas hacia adelante, desesperado-, ahora ya sé lo que realmente quiere decir carminativo.

- Y bien ¿qué significa? -preguntó Mr Scogan, algo impaciente.

- Carminativo -dijo Dionisio, deteniéndose amorosamente en casa silaba-, carminativo. Yo vagamente imaginaba que tendría alguna relación con carmen-carminis, y más vagamente aún con caro-carnis y sus derivados, como carnaval y carnación. Carminativo... contenía la idea de canto, y la idea de carne sonrosada y cálida, con una evocación de las alegrías de la mi-Carême y las fiestas carnavalescas de Venecia. Carminativo... el calor, el ardor, el interior bienestar, todo ello estaba comprendido en aquella palabra. Y en lugar de eso...

- ¡Al grano, querido Dionisio! -protestó Mr. Scogan-. ¡Al grano!

- Pues bien, el otro día escribí un poema, -dijo Dionisio- escribí un poema sobre los efectos del amor.

- Otros han hecho lo mismo antes que usted -dijo Mr Scogan-. No hay motivo para avergonzarse.

- Yo quería expresar la idea -continuó Dionisio- de que los efectos del amor eran con frecuencia semejantes a los efectos del vino, esto es, que Eros podía embriagar lo mismo que Baco. El amor, por ejemplo, es esencialmente carminativo. Nos da la sensación de calor, de ardor...

Y la pasión, carminativa como el vino...

"Eso fue lo que yo escribí. No sólo el verso resultaba elegantemente sonoro; era también, me complacía en ello, muy propio y concisamente expresivo. La palabra carminativo, lo comprendía todo, ofrecía un primer plano detallado, exacto, y un inmenso, indefinido hinterland de sugestión.

Y la pasión, carminativa como el vino...

"En fin, que no me desagradaba. Y luego, de pronto, se me ocurre que, en realidad, yo no había nunca mirado aquella palabra en el diccionario. Carminativo había crecido, conmigo desde los tiempos del frasco de canela. Carminativo. Para mí, aquella palabra era tan rica de contenido como cualquier grandiosa y bien trabajada obra de arte; era un paisaje completo, con personajes y todo.

Y la pasión, carminativa como el vino...

"Era la primera vez que había confiado aquella palabra a la escritura, y sentía de pronto que necesitaba para ella una autoridad lexicográfica. Todo lo que tenía a mano era un pequeño diccionario inglés-alemán. Busqué la C, ca, car, carm. Allí estaba: Carminativo: Windtreibend. ¡Windtreibend! (¡Antiflatulento!) -repetía.
Mr. Scogan se echo a reír. Dionisio movió la cabeza.
- ¡Ah! -dijo- para mí aquello no era risible. Para mi señalaba el fin de un capítulo, la muerte de algo muy joven y precioso. En aquella palabra estaban contenidos los años de infancia y de inocencia -cuando yo creía que carminativo significaba, eso... carminativo. Y ahora, ante mi, yace el resto de mi vida-, un día, quizá diez años, medio siglo, durante los cuales ya sabré que carminativo significa windtreibend (Antiflatulento).
Plus ne suis ce qu j'ai été. Et ne le saurai jamais être.
- Es una revelación que le pone a uno meláncolico.
- Carminativo -dijo Mr. Scogan meditativamente.
- Carminativo -repitió Dionisio, y quedaron un momento silenciosos.
Aldous Huxley (Inglaterra, 1894-1963)

jueves, 29 de enero de 2015

Enero: CALÍGULA o el triunfo de la belleza, de Aldous Huxley

"... se resbala desde César por las escotadas piernas hasta el mar azul entre los navíos."
 
(La historia consigna que el emperador romano Calígula fue asesinado un 24 de enero)

Proa tras proa, los barcos flotantes
tienden un puente sobre el azul abismo; el abismo está trazado;

y en un caballo picazo César
se pavonea con toda su cabalgata.
 
Ebrios de su propia marcha acelerada marchan.
Las olas centellean como con ojos que todo lo ven;
los picados acantilados imitan su velocidad,
y ellos los cielos vacíos han colmado
 
de Dioses y Virtudes danzarinas, se coloca
Eolo, con sus gritos rugiendo,
concluido el templo de Vesta sobre el cabo
da vueltas como un tiovivo.
 
Con el enrollado caduceo en mano,
y con alas de oro por espuelas,
el joven César como Dios vestido mira
y vitorea a sus alegres marineros;
 
saluda cuando ellos tiran por el puente
a los viajeros de la ciudad costera;
se ríe mientras golpean las temblorosas cabezas,
empujándolas hasta ahogarse burbujeando.
 
Una combada espiral de movimiento se extiende
desde el cielo alegórico;
belleza, como el deliberado relámpago, que traspasa
el tronco enervado de Jove y el muslo de Juno,
 
que se desliza por el costado de Marte y toma
desde la cadera de la Virtud un recodo vertiginoso,
besa una nube y arremolinándose se inclina
hacia la tierra hasta el puño alzado de César.
 
 Desde el puente un diputado cae rodando
de cabeza, y la apresurada Belleza se resbala
desde César por las escotadas piernas
hasta el mar azul entre los navíos.


Aldous Huxley (Inglaterra, 1894-1963)
 
(Traducido al español por Jesús Isaías Gómez López)

miércoles, 9 de julio de 2014

Espejos (69): EL ESPEJO, de Aldous Huxley

"Pero ahora polvorientas telarañas se entrelazan por el espejo..."

A cámara lenta, la luz de la luna una vez atravesó
el soñador espejo,
donde, hincados, inviolablemente hondos,
viejos secretos no olvidados albergan
inolvidables maravillas.
Pero ahora polvorientas telarañas se entrelazan
por el espejo, el que antaño
viera los dedos que retiraban el oro
de una despreocupada frente;
y las profundidades son cegadas a la luna,
y olvidados sus secretos, nunca dichos.


Aldous Huxley (Inglaterra, 1894-1963)
 
(Traducido al español por Jesús Isaías Gómez López)

martes, 18 de diciembre de 2012

Sobre el fin del mundo: MONO Y ESENCIA, de Aldous Huxley



Sin duda se trata de un asunto que ha obsesionado a la humanidad. En las diferentes mitologías y religiones suelen haber numerosas profecías al respecto. Por eso tampoco resulta extraño que tanto para la literatura como para el cine haya sido el tema de tantas obras. En el cine incluso podría hablarse de un subgénero apocalíptico, frecuentemente emparentado con la ciencia ficción, como sería el caso de La guerra de los mundos, sobre la novela de H. G. Wells, aunque en otros casos, sin llegar a la completa destrucción del planeta, presenta visiones pesimistas del futuro de la humanidad, casi siempre exageradas, pero sin que por ello carezcan de validez en su carácter de advertencias.

Por ejemplo, Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, 1973), basada en una novela de Harry Harrison: Make Room! Make Room! (en España fue traducida como ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!), planteaba la posibilidad de que la escasez de alimentos llegara al grado de tener que fabricarlos de manera sintética, hasta que el protagonista descubre que la materia prima con que estos se elaboran son los propios seres humanos ya fallecidos. Cuando la novela fue publicada en 1966, se le consideró literatura de anticipación. Pronosticaba que a finales del siglo XX, Estados Unidos llegaría a tener 300 millones de habitantes padeciendo como consecuencia, entre otras calamidades, la ya mencionada. Sin embargo, lo esencial radica en que la sociedad extravía el sentido de la convivencia -al que se refería Rousseau como la voluntad general y el bien común en El contrato social- y se encamina hacia su autodestrucción. A propósito de Harrison, su relato El topo fue una de las fuentes primigenias del cineasta ucraniano Konstantin Lopushansky para su espléndida propuesta postapocalíptica Cartas de un hombre muerto (1986): el planeta después de una catástrofe nuclear. Conmovedora y con un aliento poético del que carece, por ejemplo, la más reciente El último camino (The Road, 2009), sobre la novela de Cormac McCarthy, ganadora del premio Pulitzer.

Por eso no deja de parecerme simpático, el hecho de que Aldous Huxley le haya pasado factura al cine cuando decidió escribir la mayor parte de su novela Mono y esencia (Ape and Essence) a la manera de un guión cinematográfico. Al principio se plantea una reflexión sobre la recién acontecida muerte de Mahatma Gandhi -la novela fue publicada en 1948 y Gandhi fue asesinado en enero de ese mismo año-, en estos términos: "Lo matamos porque, después de haber tomado parte breve, y fatalmente, en el juego político, rehusó continuar soñando nuestro sueño de un Orden nacional y una Belleza social y económica; porque intentó hacernos volver a los hechos concretos y cósmicos de la gente real y la Luz interior." Y continúa considerando que: "Los títulos que yo había visto aquella mañana eran parábolas: el suceso que registraban, una alegoría y profecía. En aquel acto simbólico, los que tanto anhelábamos la paz habíamos rechazado el único medio posible de lograrla y habíamos hecho una advertencia a todos los que, en el futuro, pudiesen abogar por procederes que no fuesen los que conducen inevitablemente a la guerra."

Un productor junto con un escritor, en su búsqueda de temas para filmar, se topan entre los libretos rechazados por el estudio en espera de ser incinerados, con el de Mono y esencia. El supuesto guión trata sobre el futuro de la humanidad después de un conflicto nuclear, y la estructura narrativa de la novela da el giro hacia el libreto al que se refiere.

"Voz en off: Este nuevo, claro día, es el veinte de febrero de 2108, y estos hombres y mujeres son miembros de la Expedición Redescubridora de América proveniente de Nueva Zelanda. Respetada por los beligerantes de la tercera Guerra Mundial (obsta decirlo, no por alguna razón humanitaria, sino simplemente porque, como el África Ecuatorial, era demasiado remota para que valiese la pena arrasarla), Nueva Zelanda sobrevivió y aún progresó de manera moderada en un aislamiento que, a causa de la peligrosa contaminación radioactiva del resto del mundo, fue casi absoluto durante más de un siglo. Pasado el peligro, acá vienen sus primeros exploradores, a redescubrir América desde el oeste."

La sorpresa que se llevan al toparse con que la costa californiana está habitada, pero por monos que han sometido a la especie humana -todos ellos clones de Albert Einstein-, a la condición de perros. No conozco otra sátira de Huxley más delirante que Mono y esencia, con un estilo tan alejado de, por ejemplo, Contrapunto, tanto que por momentos hasta parecerían obras de distinto autor. La literatura se desquitó en esta ocasión del cine, al robarle el formato para esta novela, sin embargo, me parece que la última vuelta de tuerca se dio cuando partieron de esa misma idea los productores del serial El planeta de los simios.


Jules Etienne

La ilustración correspondiente proviene del blog de David Greenfield.

viernes, 24 de junio de 2011

Huxley y Pavese: COINCIDENCIAS DE VERANO



Ya me he confesado un asiduo lector de la poesía de Cesare Pavese y, en general, de los poetas italianos. Así como también he comentado previamente el hecho de que durante mi juventud tuve la oportunidad de aproximarme a la obra de Aldous Huxley -junto con Herman Hesse, dos de los autores más significativos en aquella temprana etapa de mi vida-. Sin embargo, ahora que me he dado a la tarea de ubicar textos referentes al verano con motivo de esta época del año que estamos viviendo en el hemisferio boreal, me encuentro con auténtica sorpresa, por lo improbable del caso, que algunos poemas de Pavese coinciden en su descripción de la atmósfera veraniega con párrafos de Huxley.

Por ejemplo, en El joven Arquímedes, dice: "Al mediodía, en los ardores del verano, el paisaje se hacía oscuro, polvoriento, vago y casi descolorido bajo el sol del mediodía; los montes desaparecían entre las franjas temblorosas del cielo." Ahora estas estrofas de La noche, de Pavese: "A veces vuelve, en el día,/ en la luz inmóvil del día de verano,/ aquel lejano asombro./ Por la vacía ventana/ miraba el niño la noche sobre las colinas/ frescas y oscuras, y se asombraba de encontrarlas tan juntas;/ vaga y limpia inmovilidad."

Este es otro fragmento del mismo relato de Huxley: "Y esa vida, a medida que el sol declinaba, lentamente en la larga tarde, se hacía más suntuosa, más intensa momento por momento. La luz horizontal, con su acompañamiento de sombras alargadas y oscuras, desnudaba, por decirlo así, la anatomía del terreno." En el retrato que elabora Pavese en su poema Encuentro, se lee: "Me sorprende, al imaginarla, un lejano recuerdo/ de mi infancia vivida entre estas colinas,/ tan joven es. Semeja la mañana. Me muestra en los ojos/ todos los cielos lejanos de aquellas mañanas remotas./ Y tiene en los ojos un firme propósito: la luz más limpia/ que jamás tuvo el alba sobre estas colinas."

De nuevo Huxley: "Y al expirar el sol en el horizonte, mientras las colinas más distantes se enrojecían con su luz ardiente hasta que sus flancos iluminados tenían el color de rosas tostadas, los valles se colmaban con la bruma azul de la tarde. Y esa bruma subía y subía..." Con las palabras de Pavese en Manía de soledad: "La estancia está oscura y puede verse el cielo", para después continuar, "Veo el cielo, pero sé que entre los tejados de moho/ alguna luz brilla..." Del mismo párrafo de Huxley: "... el fuego se apagaba en los vidrios de las laderas habitadas. Sólo las cimas ardían todavía, pero todas también se apagaban por fin." Este es el remate de la última estrofa de También eres colina, de Pavese: "... un ardiente silencio/ abrasará los campos/ cual fogatas nocturnas."

Para concluir, regreso a Huxley: "Y luego, casi de golpe, con el pasar de una nube, o cuando el sol había declinado...", prosigue: "Un poco más y era de noche, y si la luna estaba llena..." Ahora, las líneas previas de la misma estrofa final en También eres colina: "Reencontarás las nubes,/ las cañas y las voces/ como sombra de luna."

Huxley y Pavese fueron contemporáneos, aquél era catorce años mayor. La razón por la que se pueden percibir ciertas similitudes entre ambos, es porque corresponden a imágenes del paisaje al norte de Italia. El joven Arquímedes comienza cuando su protagonista renta una casa en la Toscana -con ciertas incomodidades pero desde cuyas ventanas es posible ver la cresta de los Apeninos envueltos en la niebla-. Pavese era originario de la vecina región piamontesa. Uno escribía prosa en inglés y el otro poesía en italiano, sin embargo, como se puede constatar, convergen en algunas coincidencias descriptivas.


La ilustración corresponde a un paisaje de la Toscana entre la niebla.

lunes, 6 de junio de 2011

MIRANDO ATRÁS: vaticinios para este siglo



La semana pasada inicié la lectura de la novela de anticipación de Edward Bellamy cuyo título puede traducirse de manera literal Mirando Atrás (Looking Backward), aunque en español también se le conoce como El año 2000. Ahora que la he concluido, podré dar por terminado el tema.

El autor es clasificado como utopista porque, en efecto, propone una sociedad que en el futuro -el año 2000-, sería perfecta. Como también lo era el Mundo Feliz, de Aldous Huxley. Sin embargo, Bellamy se inspiraba en el ideal del socialismo utópico, igualitario, en tanto que Huxley proponía una sociedad estratizada en castas: Alfa, Beta, Gama, Delta y Epsilon. Tal vez -me pregunto-, esa habrá sido una de las razones por las que a mediados del siglo XX su obra se haya ignorado tanto, a pesar de que se le había aceptado con tal entusiasmo cuando fue publicada, que hasta se organizaron grupos que llevaban por nombre Bellamy Clubs, al tiempo que inspiraba los ideales de agrupaciones políticas que nacieron a finales del siglo XIX y comunidades utópicas. Pero durante el período de la guerra fría se desató una cacería de brujas implacable contra todo aquello que despidiera el tufo del marxismo y, supongo, una novela con estas características pudo ser condenada a desvanecerse sin remedio. Erich Fromm lo consideraba uno de los títulos más notables en la historia de la literatura estadounidense y en un prólogo para la edición de 1960, afirmó que: "Se trata de uno de los pocos libros cuya publicación generó un movimiento de masas de carácter político casi inmediato a partir de su publicación".

Valdría la pena subrayar que Bellamy la concibió en 1887 para editarse al año siguiente, en tanto que el tomo II de El Capital se publicó en 1885 -en alemán- y el tomo III, hasta 1894. Es decir, no se puede simplificar la propuesta de utopía socialista que se presenta en El año 2000 como una mera interpretación ficcionalizada de la teoría marxista por parte de su autor, puesto que al momento de escribirla, Engels todavía se encontraba trabajando en la corrección de los manuscritos que Marx había iniciado en 1863 y que no le fue posible publicar en vida, ya que murió en 1883.

De manera que, entonces, la propuesta más novedosa en su momento, era de carácter social. En tanto que en el plano futurista, sus aportaciones más notorias serían: la desaparición de la moneda de uso corriente, que se vería reemplazada por una tarjeta para efectuar todos los pagos, con el respaldo de una línea de crédito otorgada a cada individuo por el Estado (a Bellamy se le atribuye la invención del término "tarjeta de crédito"); en la sociedad del futuro todas las personas trabajan, tanto hombres como mujeres, hasta los 45 años, edad en la que alcanzan un retiro garantizado para poder dedicarse a cultivar su espíritu, de acuerdo con sus intereses y aficiones personales; las compras se pueden efectuar en grandes centros comerciales -bajo el nombre de Great City Bazaar- que ofrecen en un mismo espacio los diferentes productos que un ciudadano pueda necesitar; la luz eléctrica es de uso común y, sobre todo, el teléfono, a través del cual sería posible desarrollar una gran variedad de actividades, como para comunicarse a larga distancia, escuchar música y hasta participar en ceremonias religiosas. En este punto, también vale la pena recordar que la novela futurista París en el siglo XX, de Jules Verne, cuyos vaticinios eran sin duda más espectaculares, no fue publicada sino hasta 1994, como ya lo hemos visto antes en este mismo blog.

Ahora que he mencionado el aspecto religioso, no deja de llamar la atención que tratándose de un autor con posturas reformistas, en su novela se exalten al matrimonio, la familia y la religión, como las instituciones que prevalecen. Acorde con el estereotipo anglosajón, la sociedad podrá transformarse desde su propia estructura, pero la vida resultaría inconcebible sin el concepto del hogar, dulce hogar y el sermón dominical.

Al final, la historia da un giro innecesario hacia el romance. El personaje se enamora, en el futuro, de una joven muy parecida a la que había sido su prometida en el pasado, y quien además lleva el mismo nombre de ella. Después se enterará, con sorpresa, que "Edith no era otra que la bisnieta de mi perdido amor, Edith Bartlett". Y debido a que "Entre las reliquias de la familia se contaban un retrato de Edith Bartlett y algunos papeles suyos, entre ellos un paquete con mis cartas", fue que provocó en la joven una obsesión romántica que idealizaba al enamorado de su bisabuela y les decía a sus padres que "no se casaría hasta encontrar un novio como Julian West, y que en el siglo XX no había ningún hombre que se le pareciera".

Finalmente, en el capítulo 28, cuando la novela está a punto de terminar, West es despertado por Sawyer, su criado, con la queja de que conseguirlo le había costado más trabajo del habitual y aquél llega a su propia conclusión: "sería que este sueño cruel hubiera sido la realidad y esta agradable realidad aquel sueño".


La ilustración corresponde a una fotografía del edificio Bradbury, en la ciudad de Los Ángeles. Fue construido en 1893 con diseño del arquitecto George Wyman, quien aseguraba haberse inspirado en un pasaje de la novela de Edward Bellamy. Para quienes hayan visto la película Blade Runner, seguramente les resultará familiar.

lunes, 30 de mayo de 2011

También era un lunes



"El día 30 de mayo de 1887 cayó en lunes. Era una de las festividades nacionales en el último tercio del siglo XIX, y se le conocía con el nombre del Día de la Condecoración, por estar destinada a rendir honores a la memoria de los soldados del Norte que habían tomado parte en la guerra defendiendo la unión de los Estados. Los sobrevivientes de la lucha, acompañados por manifestaciones y bandas de música civiles y militares, en ceremonia tan solemne como emotiva, iban entonces a visitar los cementerios y en ellos depositaban ofrendas de flores sobre las tumbas de sus camaradas. El hermano mayor de Edith Bartlett había caído en una batalla y yacía en Mount Auburn, adonde la familia había adquirido el hábito de ir en ese día."

El párrafo anterior corresponde al principio del segundo capítulo de la novela Mirando atrás (Looking Backward), escrita por Edward Bellamy y publicada en 1888. En su época, llegó a considerarse como una de las más populares en los Estados Unidos, al lado de La cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stowe, y Ben-Hur, de Lewis Wallace. Su protagonista, Julian West, es un bostoniano de clase acomodada que padece de insomnio, por lo que se había visto obligado a construir una recámara subterránea y hermética, -de reminiscencias proustianas, aunque justo es reconocer que la heptalogía de En busca del tiempo perdido se comenzó a escribir hasta 1908-, debajo de su casa, para poder permanecer aislado del exterior: "Cuando una vez adentro se cerraba la puerta, parecía envuelta por el silencio de una tumba". El personaje, tras despedirse de su prometida, le indica a Sawyer, su criado, que lo despierte a las nueve de la mañana y se retira a dormir.

Al abrir los ojos se encuentra en un lugar diferente, en una casa ajena y ante la presencia de un extraño. Inquiere por su criado y el desconocido le responde que no le puede contestar con exactitud, a su vez le pregunta cuándo fue que se durmió. West precisa que era el Día de la Condecoración (esa fecha festiva se transformó en lo que en la actualidad se conoce como Memorial Day y se celebra justo el día de hoy). Al percibir el desconcierto de su interlocutor considera la posibilidad de haber dormido durante un día entero y de que ya fuese el mes de junio. Éste le aclara que es septiembre, le toma el pulso y le pide precisar el año: "Fue en 1887". Entonces procede a explicarle:

"Su aspecto es el de un joven de unos treinta años y su estado físico no difiere mucho del esperado en una persona que ha permanecido dormida durante tanto tiempo de manera profunda y tranquila, a pesar de todo lo cual, hoy es el día diez de septiembre del año 2000 y usted ha dormido exactamente cientro trece años, tres meses y cinco días."

Mañana martes concluiré mayo refiriéndome a algunos poemas que se ocupan de este mes que se acaba, para después retomar de nueva cuenta la novela de Bellamy, utopista que podría ubicarse entre la vocación profética de Jules Verne y el ambiente de las primeras novelas de Aldous Huxley, como Los escándalos de Crome.


La ilustración corresponde a la celebración del Día de la Condecoración (Decoration Day), en Scollay Square, en la ciudad de Boston, a finales del siglo XIX. Forma parte de la colección de Robert N. Dennis.

jueves, 5 de mayo de 2011

A propósito de ciegos



Con motivo de la muerte de Ernesto Sabato y recordando algunos de los títulos de su obra, me encontré con que Informe sobre ciegos, que yo conocía como la tercera parte de su novela Sobre héroes y tumbas -no diré que una de las más complejas porque todas sus novelas lo son-, también ha sido editada de manera independiente. Es decir, el carácter del texto es tan cerrado y posee una autonomía tal que, sin perder de vista el entorno del conjunto, ha sido posible su publicación al margen del resto de la novela.

Tanto el nombre como su tema me han remitido de inmediato al Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, y a una menos conocida En el país de los ciegos, de H. G. Wells. Como ávido lector de Carlos Fuentes, no podría dejar de mencionar Cantar de ciegos, aunque la referencia se queda atorada en el mero título, sin embargo, vendría al caso una frase de su novela Gringo viejo: "Ella quizá sabía que nada es visto hasta que el escritor lo nombra. El lenguaje permite ver. Sin la palabra somos todos ciegos." (Capítulo XVII).

El español Alberto Méndez reunió en un volumen cuatro relatos sobre la guerra civil, que incluso fueron adaptados al cine en 2008, pero no he tenido la oportunidad de leer, sin embargo, lo consigno porque su título me parece espléndido: Los girasoles ciegos.

Uno de mis autores preferidos durante la adolescencia fue Aldous Huxley, recuerdo que incluso mi trabajo de fin de cursos para la materia relacionada con la literatura que impartía el poeta Hugo Gutiérrez Vega en mi época universitaria, fue sobre la obra de Huxley. Viene al caso porque una de su novelas lleva por título Ciego en Gaza pero, sobre todo, porque siendo muy joven padeció de queratitis, lo que le llevó a perder la vista durante un año y medio, al grado de que tuvo que aprender a leer con el sistema Braille. Tras prolongados tratamientos y someterse a un programa de reeducación óptica, logró recuperar parcialmente su aptitud visual. Esa experiencia lo motivó a escribir El arte de ver, que se publicaría en 1942.

También Homero, John Milton y Jorge Luis Borges perdieron la vista. Borges incluso escribió un poema que se llama Un ciego y a uno de sus libros lo tituló Elogio de la sombra. "La gente se imagina al ciego encerrado en un mundo negro... Es falso... El mundo del ciego no es la noche que la gente supone", dijo alguna vez. Y es que los ciegos aquí mencionados habrán perdido sus ojos, pero no la capacidad de ver.

En su Carta sobre ciegos para uso de los que ven, Diderot elabora la siguiente reflexión sobre el espejo desde el punto de vista ajeno: "Nuestro ciego sólo conoce los objetos por el tacto. Por lo que dicen los demás, él sabe que los objetos se conocen mediante la vista, como él los conoce por el tacto; al menos, es la única noción que se puede formar. Además, sabe que nadie puede ver su propio rostro, aunque se lo pueda tocar. Por tanto -deduce-, la vista es una especie de tacto y sólo va dirigida a objetos diferentes a nuestro rostro y alejados de nosotros; por otra parte, el tacto no le da más que la idea del relieve. Así pues -añade-, un espejo es una máquina que nos pone en relieve fuera de nosotros mismos."

Me parece reconfortante que en la literatura se refieran a la ceguera por su nombre y no a través de los eufemismos burocráticos que ahora se han puesto de moda. Porque un invidente o minusválido visual, no es otra cosa que un ciego. La palabra en sí se aprecia más fuerte, categórica y hasta con una mayor carga poética.

A medida que voy mencionando otras obras, establezco una mayor distancia con mi intención original. De manera que más adelante regresaré al pretexto de los ciegos según Sabato, Saramago y Wells.


Jules Etienne

lunes, 11 de abril de 2011

Páginas ajenas: LA ISLA, de Aldous Huxley


(Fragmento del capítulo IV)

- Y hay nubes blancas -decía la voz-, y el cielo azul entre ellas es tan pálido, tan delicado, tan exquisitamente tierno...

Tierno, repitió él, el tierno cielo azul del fin de semana de abril que había pasado allí, con Molly, antes del desastre del matrimonio. Entre la hierba había margaritas y dientes de león, y al otro lado del agua se erguía la gigantesca iglesia, como un desafío de su austera geometría contra la locura de las suaves nubes de abril. Un desafío a la locura y al mismo tiempo un complemento de ella, una concordancia con ella en perfecta reconciliación. Así habría debido ser entre él y Molly... así había sido entonces.

- Y los cisnes -canturreó soñadora la voz-, los cisnes...

Sí, los cisnes. Cisnes blancos cruzando el espejo de jade y azabache... un espejo palpitante que se movía y temblaba, de modo que las argentadas imágenes se quebraban a cada rato y volvían a formarse, se desintegraban y recomponían.

- Como las invenciones de la heráldica. Romántica, imposiblemente bellos. Y sin embargo, helos ahí... aves de verdad en un lugar real. Tan próximos a mí, ahora, que casi puedo tocarlos... y sin embargo tan lejanos, a miles de kilómetros de distancia, Lejos, en esas aguas quietas, moviéndose como por arte de magia, suave, majestuosamente...


(Traducido del inglés por Floreal Mazía)