Vancouver: atardecer en la bahía al final de la primavera. (Fotografía de Jules Etienne).

jueves, 31 de agosto de 2023

Agosto: A MEDIANOCHE, de Jaime Sabines


A medianoche, a punto de terminar agosto, pienso con tristeza en las hojas que caen de los calendarios incesantemente. Me siento el árbol de los calendarios.

Cada día, hijo mío, que se va para siempre, me deja preguntándome: si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido a la esposa, ¿cómo se llama al que pierde un hijo? ¿cómo, el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme si me pierdo a mí mismo?

El día y la noche, no el lunes ni el martes, ni agosto ni septiembre; el día y la noche son la única medida de nuestra duración. Existir es durar, abrir los ojos y cerrarlos.

A estas horas, todas las noches, para siempre, yo soy el que ha perdido el día. (Aunque sienta que, igual que sube la fruta por las ramas del durazno, está subiendo en el corazón de estas horas, el amanecer).

Jaime Sabines (México, 1926-1999).

miércoles, 16 de agosto de 2023

Tampico: EL LARGO VUELO DEL CANARIO, de Antonio Rodríguez Simón

"... al irse acercando al muelle, sobre un hermoso edificio de ladrillo rojo que parecía recién construido..."

(
Fragmentos del capítulo I)

Se levantaron temprano al día siguiente y después de recorrer un buen trecho del muelle se metieron a una fonda. El ron seguía corriendo a borbotones por todos lados con el pretexto de la entrada del nuevo siglo; desayunaron cualquier cosa para después caminar por el muelle (el autor se refiere al muelle de La Habana). Durante el trayecto Pancho mal leía el nombre de algunos barcos: "Virginia de Churruca", "Satrústegui", "Orinoco", "Marqués de Comillas"... al llegar a la posada Juan comentó:

- ¿Qué te parece si buscamos la manera de irnos a Tampa?

- La verdad es que no tenemos más que de dos sopas: Tampa o regresar a Canarias.

- ¡Eso nunca! Mejor regresemos al muelle a ver si algún barco sale para allá.

Lo recorrieron de punta a punta y casi al final estaba un barco petrolero descargando. Pancho leyó: "Faja de oro*, Tampico, Tampa."

- ¡Mira Juan, este seguramente ha de ir para allá!

Subieron la escalerilla y le dijeron al marinero que vigilaba la entrada que tenían urgencia de hablar con el capitán, el marinero les pidió que esperaran un momento y regresó enseguida diciéndoles que el capi los esperaba en su oficina, recorrieron el pasillo y tocaron en la puerta que les indicó.

- ¡Adelante! -contestó una voz ronca.

(...)

- Allá lo que sobra es trabajo, con el asunto del petróleo -indicó el capitán.

- ¿Cuánto nos cobraría por llevarnos?

- Cuánto será bueno... cuánto será bueno... ¿qué les parece 150 dólares por cada uno?

- Hombre -refunfuñó Juan- eso vale un pasaje a España y esto es mucho más cerca. Qué tal unos cincuenta dólares por cada uno.

- No, por esa cantidad no me arriesgo a que me fastidien por andar llevando pasajeros, éste es un barco de carga.

- Bueno, que sean 150 dólares por los dos; es que realmente contamos con muy poco dinero.

El capitán miró a ambos de arriba abajo y después de pensarlo un poco les dijo:

- Esta bien ¿traen ahí la lana... quiero decir el dinero?

- No, Lo tenemos en el hotel, pero regresamos enseguida.

(...)

"... para que revueltos entre la gente pasaran por migración sin problemas."

Al amanecer del quinto día avistaron el puerto de Tampico; al irse acercando al muelle, sobre un hermoso edificio de ladrillo rojo que parecía recién construido**, estaba la leyenda que Pancho leyó en voz alta: "Bienvenidos a Tampico, Tampa, México".

Bajó atropelladamente en busca de su amigo y se topó con él en la escalera.

- Tanto que me has presumido de tus conocimientos de geografía y para que te vayas enterando, Tampa está en México.

- ¡Tú estás loco, cómo va a estar en México!

- Pues sube a cubierta para que lo veas.

- Ahí lo tienes: "Bienvenidos a Tampico, Tampa, México".

Un marinero que pasaba les dijo que se fijaran bien, que ahí no decía Tampa sino Tamps., que es la abreviatura del estado de Tamaulipas.

- ¿La abreviatura de qué?

Los dos amigos se miraron con cara de idiotas mientras el marinero se retiraba muerto de risa.

El muelle y la ciudad de Tampico continuaban todavía celebrando la entrada del nuevo siglo. El capitán les indicó que debían esperar a que empezaran a subir los amigos y familiares de los marineros, para que revueltos ente la gente pasaran por migración sin problemas.

Antonio Rodríguez Simón (España, 19¿?).

* El buque petrolero originalmente llamado Barneson fue construido en 1914 y años más tarde, en 1937, vendido a una compañía naviera italiana que lo rebautizó como Genoano; en abril de 1941, cuando se encontraba atracado en el puerto de Tampico, fue incautado por el gobierno mexicano junto con otros navíos con motivo de la segunda guerra mundial. En diciembre se le asignó el nombre Faja de Oro para que navegara con bandera mexicana. Fue hundido por un submarino alemán en mayo de 1942. El nombre del barco provenía de la región petrolera más productiva del mundo en su momento, ubicada en la huasteca y cuyo primer pozo fue perforado en 1904. La designación de Faja de Oro aconteció una década más tarde. De manera que no hay posibilidad alguna de que en el año de 1900 hubiese un buque petrolero mexicano con ese nombre atracado en los muelles de La Habana.

** La aduana marítima de Tampico comenzó su construcción en el año de 1896, bajo el gobierno de Porfirio Díaz. El edificio de ladrillo inglés color rojo fue inaugurado en octubre de 1902 por el propio presidente Díaz. 

lunes, 14 de agosto de 2023

Tampico: VIVA, de Patrick Deville

"Grúas y pontones, puntales de carga y plataformas, palmeras y cocodrilos. Y el olor a petróleo..."

En Tampico

Todo comienza y acaba con el ruido que hacen aquí los picadores de herrumbre. Los capitanes y los armadores desconfían de los marineros desocupados en los muelles. De ahí la pica, el bote de pintura y el pincel. El paisaje portuario es el de un filme de John Huston, El tesoro de la Sierra Madre. Grúas y pontones, puntales de carga y plataformas, palmeras y cocodrilos. Y el olor a petróleo y a suciedad grasiente, a brea y a alquitrán. Y una llovizna caliente que lo moja todo esta tarde, y la silueta furtiva de un hombre que no es Bogart, sino Sandino. A punto de cumplir los treinta, parece que tiene veinte; es frágil y de baja estatura. Sandino lleva atuendo de mecánico, con la llave inglesa en el bolsillo; comprueba que no le están siguiendo, se aleja de los diques rumbo al barrio de las cantinas, donde tiene lugar la reunión clandestina. Tras haber abandonado Nicaragua y corrido mundo durante bastante tiempo, el mecánico marinero Sandino deja su petate y descubre el anarcosindicalismo. Es obrero en la Huasteca Petroleum de Tampico.

Al fondo de los callejones del puerto se encienden las lámparas, los conspiradores se reúnen en la penumbra de una trastienda alrededor de Ret Marut, el más agueriido. Éste ha llegado a México como fogonero a bordo de un navío noruego. Dice ser marino polaco o alemán, un revolucionario. Bajo la gorra proletaria se ve un rostro común, con un pequeño bigote que le da aspecto de anarquista de la banda del francés Bonnot. Al término de la Primera Guerra Mundial, Ret Marut participó en el intento de insurrección de Múnich. Condenado a muerte, desapareció y cambió de nombre con frecuencia, comenzó a escribir poemas y novelas, a combatir la soledad con el lápiz y a acumular cuadernos. Muy pronto enviará a Alemania El tesoro de la Sierra Madre, cuya acción transcurre en Tampico, y que firma con uno de sus seudónimos: Traven. Utilizará decenas de ellos. Para la fotógrafa Tina Modotti, en México, él será Torsvan.

En cuanto a Sandino, sale de la cantina en plena noche, fortalecido por esos consejos polacos o alemanes, con la cabeza llena de llamas revolucionarias, y se apresura en la lluvia bajo los conos naranjas de las farolas de sodio. Bien que podríamos seguirle. Le veríamos regresar a Nicaragua, cambiar el mono de obrero de la refinería por la vestimenta de jinete, con las cartucheras cruzadas sobre el pecho y el sombrero Stetson, tomar el mando de la guerrilla y convertirse en el glorioso general Augusto César Sandino, el «general de los hombres libres», en palabras de Henri Barbusse. Le veríamos cabalgar al frente de su batallón de plebeyos que nunca será vencido, empujando hasta el mar al ejército de ocupación de los gringos y prosiguiendo la gran obra de Bolívar. La cabalgata de las tropas sandinistas levanta sobre el horizonte el polvo amarillo de la Nueva Segovia de Nicaragua. Pero no le seguiremos. En la bruma del calor, otro petrolero noruego, una gran muralla rojo y negro, atraviesa el golfo de México y se acerca al puerto de Tampico. A bordo de él, otro revolucionario escucha el ruido de los picadores de herrumbre y los gritos de las aves marinas.

De Tampico a ciudad de México

(Fragmento inicial)

Al pie de la escala de desembarco del Ruth, petrolero noruego en lastre, al proscrito Trotski le devuelven la pequeña pistola que le confiscaron al embarcar, tres semanas antes. Quien comandó a uno de los ejércitos más importantes del mundo desliza en su bolsillo toda la potencia de fuego que le queda. Es un hombre de alborotados cabellos blancos y edad madura, cincuenta y siete años, y a su lado, con el cabello gris, está su mujer: Natalia Ivánovna Sedova. Están pálidos, deslumbrados por el sol después de la penumbra del camarote.

Patrick Deville (Francia, 1957).

(Traducido al español por José Manuel Fajardo).

domingo, 13 de agosto de 2023

Tampico: LA LEYENDA DELICTIVA DEL CAPITÁN FANTASMA

El 16 de noviembre de 1956 el diario El Sol de Tampico consignó en su encabezado la fuga de El Jimmy del penal de Andonegui.

Salvador Reyes Quezada (1922-1982), fue un delincuente a quien suele describirse como una leyenda negra. Su habilidad para fugarse de los penales le valió el mote de
Capitán Fantasma, sobre todo en la prensa amarillista de la época. Siempre se ha dicho que nació en Tampico, y hasta un corrido del dueto Carlos y José (si el personaje en cuestión hubiera sido narcotraficante, se le podría calificar sin duda como un narcocorrido), con ese mismo título de El capitán fantasma, así lo canta:

Del Jimmy Reyes Quezada
voy a cantar un corrido
Ni la cárcel lo enmendaba
La conoció desde niño
Fue el destino
Quien marcara
Que agarrara mal camino

Ya lo echaron al olvido
Era el Capitán Fantasma
Si alquien merece un corrido
Es él por grandes hazañas
De fugarse del presidio
Cuantas veces lo intentara

(...)

Estado de Tamaulipas
Puerto Jaibo de Tampico
Ahí lo viste nacer
La fecha no se las digo
Al que el destino empujara
Por la senda del delito

Sin embargo, David García Salinas en su libro La derrota del Capitán Fantas- ma (publicado en 1983), establece que en realidad nació en Los Ángeles, California, aunque su infancia transcurrió en Tampico, donde inició su larga trayectoria criminal:

"Vine a México a buscar a un tío mío de la colonia Morelos y que unos muchachos me dieron asilo y me metieron en este lío. Dije que soy inocente pero no me creyeron. Nací en Los Ángeles, puede usted investigar ahí mi fecha de nacimiento, soy de 1922." (Página 36)

Respecto a esa época durante la cual residió en Tampico, en el prólogo de la citada investigación refiere:

"... esa pandilla sustraía desde hacía ocho meses accesorios de los coches y por la nula vigilancia los chicos seguían en sus raterías, capitaneados por El Ruidos, delin- cuente con negros antecedentes.

Los pequeños eran huérfanos o procedían de padres desobligados, pendencieros e irresponsables, que además de sostener cotidianas reyertas con sus esposas, a las que maltrataban cuando estaban ebrios y deseaban hacer el amor, aventaban a sus hijos a la calle sin preocuparse por indagar que amistades tenían estos. Los progeni- tores de El Jimmy, cuyo nombre de pila era Santiago Reyes Quezada, no eran la excepción.

Ya en la jefatura de policía de Tampico, Tamaulipas, institución en la que El Jimmy, como le conocían..." (Página 11)

Y prosigue un poco más adelante:

"El Ruidos dice que es amigo del agente Martínez y cuñado del teniente Vélez, por eso cada rato lo agarran y sale pronto. Viven en Cerrada Carranza, en una vieja vecindad.

La conversación se dio por concluida. El Jimmy y otros cuatro menores detenidos en otros rumbos de Tampico fueron trasladados en una patrulla a la correccional. A decir verdad, el vetusto edificio le inspiró horror similar al que causan los cuentos de aparecidos e historias truculentas para incitar a los niños a obedecernos." (Página 13)

Jules Etienne

sábado, 12 de agosto de 2023

Tampico: CARAMELO o PURO CUENTO, de Sandra Cisneros

"... y comenzar su empresa como propietario del primer cine con aire acondicionado de Tampico."

(
Fragmento del capítulo 9: Tía Güera)

- Sabes que pienso que no hubo divorcio porque no hubo boda, dice mamá. ¿Me entiendes, Méndez?

- ¿Cómo se podrían haber casado? Si todavía estaba casado legalmente con otras dos -tía Ninfa susurra en voz alta.

- ¡No me digas! -dice tía Licha.

- Una en Durango y otra en Tampico. Por eso nunca tuvo que dejarla -tía Ninfa continúa-. Esa es la versión que yo oí.

- ¡A poco!! ¡Qué barbaridad! -dice Licha.

- Sólo te digo lo que me contaron.

(Fragmento del capítulo 50: Ni contigo ni sin ti)

Enrique Aragón era lo que se podría llamar un hombre bonito. Había cumplido con su obligación y escogido una profesión honorable ante los ojos de su familia. Eso era todo lo que pedían.

- Cualquier cosa que no sea mesero o maricón. Eso es lo que el abuelo Enrique Aragón le había dicho a su hijo, Enrique Aragón, Junior,  como bendición antes de partir al norte a buscar fama y fortuna en los Estados Unidos. Su abuelo había tenido la buena fortuna de encontrarse con el presidente Venustiano Carranza y su destacamento huyendo de la Ciudad de México con todo el oro del país en los bolsillos y en las alforjas. Tanto así que les resultaba imposible dejar atrás a las fuerzas de Obregón que los perseguían. Habían tenido que deshacerse de bolsas del erario por aquí y por allá, intercambiando fortunas por sus vidas, y había sido el destino de este patriarca Aragón, encontrarse una mañana camino a Veracruz con un compinche de Carranza en un momento desesperado y decisivo. Por haberlo escondido detrás de una maceta de barro, el patriarca Aragón había recibido en pago un sombrero lleno de monedas de oro. Con esto, pudo huir del calor aletargado del pueblo en que nació y comenzar  su empresa como propietario del primer cine con aire acondicionado de Tampico.

(...)

Era cierto. Acaso no se había enamorado de la suplente de Greta Garbo, una cosita cubana llamada Gladys Vaughn (Vasconcelos, de soltera), la había tomado por esposa  e instalado en el casco de una calabaza  dorada en Tampico preñada de tantas semillas como para ocasionar que su cuerpo envejeciera prematuramente por el impacto de demasiados nacimientos, demasiado pronto.

Sandra Cisneros
(Estados Unidos, 1954).

(Traducido del inglés por Liliana Valenzuela).

La ilustración corresponde a la fachada del cinema Encanto, inaugurado en 1944
y que fuera la primera sala de cine en Tampico con aire acondicionado,
cuyo propietario original desde que comenzó como cine Princesa en 1913,
era un empresario estadounidense de nombre R. H. Heyers.

viernes, 11 de agosto de 2023

Tampico: DECIR ADIÓS ES MORIR UN POCO (páginas 156 y 157)

"Una canadiense errabunda que encalló en la playa de Miramar. De manera por demás simbólica, se enamoró de un hombre que llevaba el lugar en su apellido: Mar."

(Fragmento del capítulo XV: Las sucias conciencias)

Hacinados en un vagón del metro, zarandeados en cada estación al detenerse y reanudar la marcha, adviertes como aquí se condensa y trivializa la condición estoica de los mexicanos. No en vano Quetzalcóatl proclamaba el autosacrificio voluntario como la más alta expresión de la vida. En cada mexicano pervive, inconsciente, un fragmento de fatalidad histórica. Somos Cuauhtémoc luchando contra el invasor a pesar de que las profecías divinas ya habían determinado su derrota. Somos Santa Anna, vencido y postrado en la Casa Blanca ante el presidente Jackson. Somos Ernesto Zedillo mendigando la ayuda financiera del exterior para superar una crisis, consecuencia de su ineptitud. Celebramos la adversidad porque nos permite enfrentarnos a ella en condiciones de desventaja. Un ejemplo viviente se tambalea frente a ti: un trovador urbano, arrancado al desierto potosino o a la miserable sierra mixteca, en un alarde de equilibrio mantiene su canto mal pagado a pesar de los empellones y los vaivenes del vagón.

"De diario me estás mirando, de diario me miras pobre. Sol que tú eres tan parejo para repartir tu luz, habrías de enseñarle al amo a ser lo mismo que tú". La historia nacional está repleta de heroicidades en batallas perdidas: abundancia de mártires o niños héroes y apenas un cinco de mayo. Tres siglos de saqueo colonial que desembocan en la dictadura de Don Porfirio y la rapiña perversa de nuestro villano predilecto: Salinas de Gortari. Aún seguimos expiando el pecado original de La Malinche, la madre de nuestro mestizaje. Si bien, en tu caso, tanta divagación no se justifica puesto que tu madre ni siquiera es mexicana. Una canadiense errabunda que encalló en la playa de Miramar. De manera por demás simbólica, se enamoró de un hombre que llevaba el lugar en su apellido: Mar. "Dicen que al agua salada tiene varias seducciones, la cosa está comprobada. La cosa está comprobada que mantiene a tiburones y a la sirena encantada." Ella siempre deseó que fueras abogado para honrar entonces el suyo, su last name, Law, que significa ley. Pero cuando estudiabas el segundo año de Derecho te tropezaste con el oficio. Empezaste como aprendiz de reportero y lo dejaste todo, tu familia, la carrera, el puerto, para emigrar a esta ciudad. El ombligo del pedazo de mundo que se extiende del Usumacinta al Bravo. "Qué lejos estoy del pueblo donde he nacido..."
 
Jules Etienne
 
La ilustración corresponde al amanecer en la playa de Miramar en Tampico.
La fotografía es propiedad del Patronato Playa Miramar, A.C..

jueves, 10 de agosto de 2023

Tampico: LOS DETECTIVES ASESINOS y 2666, de Roberto Bolaño

"El día de la fiesta aparezco yo y dos o tres o cuatro invitados famosos y la fiesta es un éxito."

(
Fragmento de la segunda parte: Los detectives salvajes, 1976-1996)

11

Y yo: viva, sintiendo un retortijón en el estómago, mientras pensaba en los tiempos pasados y en la hora que era en aquel momento, es decir, la hora en que la noche se hunde en la noche, nunca de golpe, la noche patialba del DF, una noche que se anuncia hasta el cansancio, que vengo, que vengo, pero que tarda en llegar, como si también ella, la méndiga, se quedara a contemplar el atardecer, los atardeceres privilegiados de México, los atardeceres de pavorreal, como decía Cesárea cuando Cesárea vivía aquí y era nuestra amiga. Y entonces fue como si viera a Cesárea en la oficina que tenía el general Diego Carvajal, sentada en su mesa, delante de su máquina de escribir reluciente, hablando con los guaruras del general que por lo común se pasaban las horas muertas allí también, sentados en los sillones o apoyados en las puertas mientras el general alzaba la voz en el interior de su despacho y Cesárea, para que se estuvieran ocupados o porque verdaderamente los necesitaba, los mandaba a hacer recados o a buscar un determinado libro a la librería de don Julio Nodier, libro que necesitaba consultar para sacar una o dos ideas o una o dos citas para los discursos del general que según Manuel ella misma preparaba. Unos discursos estupendos, muchachos, les dije, unos discursos que dieron la vuelta a México y que fueron reproducidos en periódicos de muchas partes, de Monterrey y de Guadalajara, de Veracruz y de Tampico, y que a veces nosotros leíamos en voz alta en nuestras reuniones de café.

(Fragmento de 2666: La parte de los crímenes)

Digamos que yo me encargo de los invitados famosos. Todo depende del dinero. Llevar a un presentador famoso a Aguascalientes tal vez no sea posible. Pero si la fiesta es en Cuernavaca, tal vez yo consiga hacerlo aparecer por ahí. No digo que sea fácil ni tampoco que sea barato, pero puedo intentarlo. Llevar a un galán de telenovela a Aguascalientes sí que es posible, aunque tampoco te sale barato. Si el galán no está en su mejor momento, por ejemplo, si no ha trabajado en el último año y medio, la posibilidad de que aparezca por tu fiesta es mayor. Y el precio no es excesivo. ¿Cuál es mi trabajo? Pues convencerlos de que vayan. Primero los llamo por teléfono, voy a tomar un café con ellos, los sondeo. Luego les hablo de la fiesta. Les digo que si se dejan ver por allí hay un dinero para ellos. Llegados a este punto, generalmente entramos en un regateo. Yo oferto poco. Ellos piden más. Acercamos posiciones lentamente. Les aclaro el nombre de sus anfitriones. Les digo que es gente importante, gente de provincia, pero gente importante. Les hago repetir el nombre de la mujer y del marido varias veces. Me preguntan si yo estaré allí. Claro que estaré allí. Supervisándolo todo. Me preguntan por los hoteles de Aguascalientes, de Tampico, de Irapuato. Buenos hoteles. Además, todas las casas adonde vamos tienen un montón de habitaciones para invitados. Al final llegamos a un acuerdo. El día de la fiesta aparezco yo y dos o tres o cuatro invitados famosos y la fiesta es un éxito.

Roberto Bolaño (Chileno fallecido en España, 1953-2003).

miércoles, 9 de agosto de 2023

Tampico: LA INVENCIÓN DEL MAR, de Daniel Sada

"... al mar hay que utilizarlo, luchar contra sus fuerzas infinitas sin perder de vista que jamás se logrará domeñarlo."

A menos de cien kilómetros al sur de Ciudad Juárez, Chihuahua, se encuentra el desierto de Samalayuca. Lo insólito de esta enorme zona árida es que durante las épocas de sequía, cuando el sol cae a plomo, se puede percibir un vasto territorio de espejismos que hace las veces de mar. ¿Un mar en pleno desierto?, ¿será?, ¿cómo asegurarlo? Lo cierto es que todavía a estas alturas del milenio, de tanto en tanto algunas familias y ciertas personas -a quienes no se puede acusar de locas- acuden a Samalayuca como si fuesen a una playa. Llevan trajes de baño, anteojos polarizados, bronceadores, gorros, chanclas de cuero o de hule, toallas largas, sombrillas, etc., y se hacen las ilusiones al creer tener frente a sí un mar anchuroso, un escenario traducido en un inmenso resol, es decir carente de agua, ni siquiera una poca, caray, y sin la coba característica de la brisa ni el adorno equidistante de veleros o barcas que bregan por ahí y por allá. El engaño es asumido de raíz, como si se tratara de un milagro óptico, sobre todo por aquellas personas que no conocen el mar verdadero y tal vez jamás lo conocerán. Para ellos el mar es un entorno remoto, casi ficticio y casi inanimado, aunque armónico y coloro, tal como aparece en las fotografías propias de cualesquier propaganda turística.

Hasta la edad de 17 años yo tampoco tenía idea de lo que era el mar verdadero: sus olas, sus peligros, su fauna marina y mucho menos los paseos en lancha, yate o barco, y aún menos esas cosas de pesca acorde al movimiento de las aguas. Habitante del desierto, en Coahuila, estaba acostumbrado al mentidero de los espejismos y no faltó alguien que me dijera que aquello se parecía al mar, aunque nada de una intentona de baño o de pesca o algo por el estilo, sino que debía de conformarme con esa noción idílica, siempre ambigua, de la vastedad marítima. Recuerdo que un tío mencionó el nombre Samalayuca y nos dijo en lo que consistía, pero él mismo, haciendo cálculos, adujo que quedaba más cerca el puerto de Tampico y las playas de Ciudad Madero que el espejismo excitante de Samalayuca. El tío era rico y fue él quien nos animó a unos primos y a mí, con la venia de nuestros padres, a conocer el mar, el de a de veras, ¿acaso para desengañarnos?

Ahora que veo las fotografías de Silvia Calatayud me remonto a aquella primera sensación que tuve frente al mar. La rémora airosa y acuática no fue sólo el efecto de observar el ya no espejismo, que tiene algo de infantil, sino la lucha del hombre contra el monstruo, el esfuerzo permanente por usufructuar a poco su riqueza inconmensu- rable, pues tuve oportunidad de bregar en un barco pesquero. Estas imágenes en blanco y negro tienen el matiz de la nostalgia, necesario para la imaginación, y me permiten recordar que el mar además de idílico es cruento, porque propicia la aventura, así como la pertinencia para una denodada reconquista. Silvia Calatayud humaniza esos avatares. Su ojo no busca el encuadre estático, sino que lo prefigura en la lejanía, antes se impone la pesca (esa paciencia inaudita) vista como acecho o como incertidumbre, o la captura misma, estentórea, gozosa, derramada en la cubierta, o esos rostros endurecidos de pescadores que apenas se atreven a sonreír.

Cuando regresé al desierto supe que el mar ya jamás sería una fantasía inane. Descreí de los espejismos a sabiendas de que no podía introducirme en ninguno de ellos, y me compadecí de los hombres y las mujeres del desierto que se aferran a ese ilusionismo milagroso, como si fuera una compensación desvirtuada, pero aun así azul y propiciatorio. Las fotografías de Silvia Calatayud parecen decirnos que al mar hay que utilizarlo, luchar contra sus fuerzas infinitas sin perder de vista que jamás se logrará domeñarlo. Cierto es que su magnitud ulterior, siempre impensada, ofrece todavía una posibilidad de noción idílica, tal como la percibí aquella vez en Tampico, sólo que en lo inmediato queda latente la opción de enfrentar sus peligros, a reserva de disfrutar después de su riqueza.

Daniel Sada (México, 1953-2011).

lunes, 7 de agosto de 2023

Tampico: JUAN RULFO, AUTOBIO- GRAFÍA ARMADA o LAS MAÑAS DEL ZORRO, de Reina Roffé

"Después tuve que salir: estuve en Tampico..."

(
Fragmento)

"Sí, pescaba extranjeros. Perniciosos. Primero aquí, en la ciudad de México. Después tuve que salir: estuve en Tampico, en casi todo el país. Llegué a Guadalajara, otra vez. Los agentes de inmigración revisaban el documento de los extranjeros. Los que estaban ilegalmente en México, los que habían cometido algún delito. Entonces se los busca y se los deporta. Total: una tarea policíaca..."

Reina Roffé (Argentina, 1951).

Juan Rulfo (México, 1918-1986).

domingo, 6 de agosto de 2023

Tampico como entorno en la novela popular española y las historietas gráficas


Debido a su condición de puerto petrolero, Tampico fue el escenario de sucesos reales de espionaje en las dos guerras del siglo veinte, puesto que para las naciones involucradas en ambos conflictos el suministro de combustible resultaba vital. Eso provocó que se tejieran numerosas leyendas al respecto, la mayoría de ellas apócrifas, aunque paralelos prevalecieron los hechos rescatados por la historia. De tal manera que para los autores de novela popular del género detectivesco y de espionaje en nuestro idioma, Tampico resultaba un pretexto ideal para ese tipo de relatos.

Ya en fecha reciente, el pasado 3 de agosto, aquí en Mitos y reincidencias tuvimos un adelanto con Sirenas tropicales, publicada en versión posterior como Arde petróleo, de Peter Debry (seudónimo de Pedro Víctor Debrigode, originario de Barcelona, 1914-1982). Y en esa misma colección, Servicio Secreto de editorial Bruguera, se publicaron, con el número 303, Tumbas en Tampico, de Mark Halloran (uno de tantos seudónimos utilizados por su autor, el catalán Jordi Gubern, 1924-1996), y más tarde Nuestro hombre en Tampico, con el número 1645 en dicha colección, firmada por Adam Surray (seudónimo de José López García, La Coruña, 1943). La propia editorial Bruguera lanzó otra serie llamada La Huella, en la que apareció, en 1976, un bolsilibro con el título de Agente Tampico, autoría de Lou Carrigan (cuyo verdadero nombre era Antonio Vera Ramírez, otro catalán de obra prolífica, nacido en 1934, quien sumó más de un millar de novelas cortas).

Una larga lista de títulos formaron esa colección denominada Servicio Secreto, que se inició en 1950 con La brigada de los suicidas, de Peter Debry -y que era un antecedente de Sirenas tropicales, con el número 4, en la que el mismo personaje se traslada a Tampico-, hasta Diana con silueta de un hombre, de Joseph Berna, que puso fin a la colección con el número 1796, en mayo de 1985, es decir, luego de 35 años.

La luna es más luna en Tampico (historieta gráfica, primera página)


A manera de posdata


Aunque se trata de un relato de horror escrito originalmente en inglés, y por lo tanto este no sería su espacio adecuado, no encuentro otra opción que incluirlo, puesto que no se merece un texto por sí solo. El problema con esta narración titulada Pobrecito Tampico o Pobre Tampiquito (Poor Little Tampico), de Hannes Bok (1914-1964), publicada en el número correspondiente a julio de 1942 de la revista Weird Tales, es que la referencia a Tampico no corresponde a la ciudad, sino que es el nombre propio del niño protago- nista de la historia en cuestión. Su lectura en inglés es posible con este vínculo en Internet Archive.

Jules Etienne

sábado, 5 de agosto de 2023

El día del número cinco


Me permitiré abrir un paréntesis en el tema relativo a Tampico, que ahora nos ocupa en
Mitos y reincidencias, sólo para consignar la visita número 555,555 casualmente hoy 5 de agosto. No es que la cifra tenga alguna importancia o significado en particu- lar, pero tampoco deja de parecer curioso que haya acontecido de esta manera.

Si se le compara con otros sitios que también abordan la literatura, tal vez resulte una cifra modesta, pero de ninguna manera despreciable. Gracias a quienes suelen detenerse a leer los textos que hasta la fecha superan ya los dos mil quinientos. Y ahora a regresar a nuestro tema que se encuentra próximo a su conclusión. De acuerdo con el orden cronológico (año de nacimiento) que ha sido el criterio para incluir a cada uno de los autores, aún faltan Roberto Bolaño, Sandra Cisneros, Patrick Deville, Elizabeth Braun y Martín Solares, entre otros.

Jules Etienne

viernes, 4 de agosto de 2023

Tampico: SIRENAS TROPICALES, de Peter Debry


(Fragmento del capítulo III: La O.S.S. y sus suicidas)

- De acuerdo. Bien; supongo que vamos ya camino de Tampico.

- Las sucesivas y extrañas muertes de varios oficiales de petroleros norteamericanos, ocurridas en Tampico, así como de dos financieros relacionados con los pozos petrolíferos mexicanos, han tenido como explicación oficial la de accidentes. Pero uno de nuestros agentes, poco antes de ser apuñalado, había, enviado un mensaje. Lacónico. Decía simplemente que estaba sobre la pista de una cantante mexicana llamada Luana Vélez, que se exhibe en un cabaret de la frontera, en la ciudad de Nuevo Laredo.

- ¿Robert Lark ha ido a entablar amistad con Luana Vélez?

- Ha hecho más, señor. Ha buscado refugio, esposado, en la casita solitaria de la cantante.

- Si la mexicana es nerviosa pudo recibirlo a tiros.

- Éste es el peligro menor que a cada minuto corre el menos expuesto de mis agentes, señor.

- Bien. Robert Lark ha entablado amistad con Luana Vélez.

- En Tampico hay una zona que llaman el barrio reservado, Es como la Kasbah de Argel. Un lugar donde sólo pueden entrar, seguros de salir con vida, la hez y escoria del Continente. Lo peor del hampa. Ninguno de mis agentes lograría entrar en ese barrio, señor.

- La prensa le hace la suficiente propaganda a Robert Lark para que ésta le sirva de la mejor tarjeta de introducción en la Kasbah de Tampico.

- Las muertes de los oficiales y financieros del «trust» petrolífero me han hecho deducir que en la Kasbah hay un grupo de pistoleros que por sus procedimientos tienen que ser yanquis. Y sí Luana Vélez es la que sirve de enlace desde Nuevo Laredo, indudablemente no se dejará perder la ocasión de contar con un valioso elemento como lo es Robert Lark.

Peter Debry
Pedro Víctor Debrigode (España, 1914-1982).

La novela policiaca Sirenas tropicales, de Peter Debry, apareció publicada por primera vez en el año de 1950, como el número 4 de la colección Servicio Secreto que recién había iniciado Editorial Bruguera en España. Su propio autor, cuyo verdadero nombre era Pedro Víctor Debrigode, decidió modificarla suprimiendo el epílogo y los títulos de algunos capítulos así como eliminando muchas de las descripciones en busca de un estilo más directo y apropiado para el género. Esa nueva versión sería publicada como Arde el petróleo en 1973, formando parte de la serie Punto Rojo de la misma editorial.

jueves, 3 de agosto de 2023

Tampico: ARRÁNCAME LA VIDA, de Ángeles Mastretta

"Después de que unos marinos gringos fueron detenidos en Tampico (...) vaticinó el desembarco de tropas gringas en Veracruz."

(
Fragmento del capítulo IV)

Quién sabe cómo el papá de Eulalia estaba siempre al tanto de todo. Después de que unos marinos gringos fueron detenidos en Tampico por andar merodeando cerca del puente Iturbide, él vaticinó el desembarco de tropas gringas en Veracruz. Antes de que Zacatecas fuera tomada por Villa, previó varios días de lucha sangrienta y más de cuatro mil muertos en la batalla.

Como todo lo adivinaba, supo también que Eulalia iba a tener un hijo de Andrés y tras la inevitable pesadumbre se dedicó a mezclar profecías sobre la guerra y el futuro de su nieto. Eulalia aceptó que le cambiara el cuerpo y que poco a poco se le fuera estirando con la presencia del hijo, sin dejar de levantarse en la madrugada para la ordeña o de ir con Andrés a hacer las entregas en la carreta.

Una mañana de mediados de julio, don Refugio Núñez amaneció anunciando la derrota del traidor. No bien lo dijo y la Cámara de Diputados le aceptó la renuncia a Victoriano Huerta. De ahí empezó a vaticinar la caída de Puebla, la de Querétaro, Saltillo, Tampico, Pachuca, Manzanillo, Córdoba, Jalapa, Chiapas, Tabasco, Campe- che y Yucatán.

Ángeles Mastretta (México, 1949).

miércoles, 2 de agosto de 2023

Tampico: DE PASO, de Paco Ignacio Taibo II

"Me fui al muelle para ver a las personas bajar de los barcos..."

(
Fragmento inicial del capítulo Tres)

Me había dicho que ese día cumplía 16 años, que tenía ya la edad de un hombre. No me hice maldito caso. Me fui al muelle para ver a las personas bajar de los barcos. Todo el camino fui sabiendo que iba al puerto y no importaba que cerrara los ojos, porque nunca me perdería, porque con la pura nariz yo iba a llegar siguiendo el olor de la grasa rancia, de los desperdicios, del sudor, las fritangas. Y si no podía oler, podía oír, porque aquella brisa también traía ruidos: los motores de las grúas, los engranes chillando, la música tristona de «El Tropical», un bar de putas. La brisa traía muchas cosas ese día, porque no todas las veces uno cumple 16 años y es grande, incontenible dentro del overol de trabajo gris y bajo el sombrero de palma que un viejo me regaló, porque otro viejo se lo regaló cuando era joven. La brisa olía a dólares, billetes de tinta verde y fresca, billetes relucientes, de los que yo no tenía; y la brisa olía a petróleo, porque todo Tampico huele a petróleo, y la brisa sonaba a un bolero romántico.

De esos sonidos, de esos olores que recuerdo, pienso que yo entonces sabía que iba al puerto a ver barcos en los que no habría de irme. Esos olores me hacen pensar que Tampico ha cambiado, que ya no huele a dólar. Pero entonces no pensaba así, ni siquiera podía llegar a imaginar que los sombreros de palma serían mucho mejores de los que hacen ahora.

Pero ese día el olor estaba ahí y yo estaba con él, y el olor a brisa de mar, a grasa rancia, a petróleo y a dólares se descolgaba de las palmeras, bajaba por los muros de las casas blancas y parecía un poco manchado de sol.

Paco Ignacio Taibo II (Español nacionalizado mexicano, 1949).