Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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miércoles, 2 de junio de 2021

Venecia: EPITAFIO DE ANDRÉ NAUGER, de Jean-Antoine de Baïf

"... que te recuerdo en mi lectura solemnizar, esta hiedra, este laurel, estas flores, este vino nuevo..."

No todos, Nauger, no todos hemos muerto,
No, no, la muerte no usa su autoridad
Sobre nosotros, Nauger, que tenemos la seguridad
de los gusanos porque vivos permanecemos, es cierto.

Todavía vivías cuando recordamos
Tus canciones bien hechas, tú, que de Francia
tendrías la tumba, y del nacimiento a Venecia.
Muerto, mejor que vivo, quienes vivimos te honramos.

Ronsard, y yo Baïf, que te recuerdo en mi lectura
Solemnizar, esta hiedra, este laurel,
Estas flores, este vino nuevo, esta miel.

Ronsard cuida tu gloria viviente,
Yo, tu Baïf, nacido en la misma simiente,
Con nuestras lágrimas te entregamos a tu sepultura.


Jean-Antoine de Baïf (Francés nacido en Venecia, 1532-1589).

Margaret de Schweinitz en Los epitafios de Ronsard se refiere a André Nauger como André Navagero.

lunes, 20 de abril de 2020

Epidemias: LOS DEMONIOS, de Pierre de Ronsard

"... y hacen que las nubes lluevan sangre..."

(Fragmento)

Los malos acarrean en la tierra
pestes, hambres, trabajos y tormentos,
y causan en el aire mil rumores
para con el estruendo amedrentarnos.
Y veces hay nos fingen la vista
dos soles, o la Luna obscura y negra,
y hacen que las nubes lluevan sangre
y que horrendos prodigios se nos muestren.


Pierre de Ronsard (Francia, 1524-1585).

(Traducido al español por Andrea Pescioni).

martes, 5 de marzo de 2019

Tu boca: ODA A SU QUERIDA, Pierre de Ronsard

"Entrelazados, nos haremos los lascivos, en el estilo de los amantes, que retozan libres en la cama..."

Mientras en el templo estemos
Arrodillados, nos haremos
Los devotos, siguiendo el modo
De los que a Dios van a alabar,
Inclinados en el lugar
De la iglesia el más remoto.

Pero cuando en el lecho estemos
Entrelazados, nos haremos
Los lascivos, en el estilo
De los amantes, que retozan
Libres en la cama, y allí gozan
Cuando se hacen cien cumplidos.

¿Por qué, entonces, cuando quiero
O morder tu hermoso pelo,
O besar tu boca amada,
O acariciar tu bello seno,
Te haces la monja como siendo
En un convento encerrada?

¿Para quién guardas estos ojos
Y tus senos deliciosos,
Tu bella boca y tus mejillas?
¿Deseas besar a Plutón
Cuando allí tan lejos Carón
Te haya llevado en su barquilla?

Endeble, después de tu muerte
Sólo tendrás allende en suerte,
Una boquita desvaída:
Y estando muerta te veré
Mas a las sombras no diré
Que antaño fuiste mi querida.

Sin piel será ya tu figura,
Y de este rostro y su hermosura,
Ya ni las venas quedarán.
Sólo dientes tendrás apenas,
Como se ve en las calaveras
Que en el cementerio están.

Por eso, mientras tengas vida
Cambia de parecer, querida,
Y no me escatimes tu boca:
Incontinente morirás,
Entonces te arrepentirás,
Por haberme sido hosca.

¡Ah, que desfallezco; ah, bésame!
¡Ah, querida mía, acércate!
Huyes cual cervato pequeño,
Sufre que al menos se solace
Mi mano un tanto entre tus senos,
O más abajo, si te place.


Pierre de Ronsard (Francia, 1524-1585). 

 (Traducido al español por Sonia Mabel Yevara).