Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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domingo, 28 de abril de 2024

Mirándolas dormir: LA CONDICIÓN HUMANA, de André Malraux

"Pero en aquel momento: el sueño y sus labios la entregaban a una sensualidad perfecta..."

El teléfono

(Fragmento)

Valeria dormía. La respiración regular y la dejadez del sueño henchían sus labios con dulzura y también con la expresión perdida que le suministraba el goce. «Un ser humano -pensó Ferral-; una vida individual, aislada, única, como la mía...» Se la imaginó habitando en su cuerpo, experimentando en su lugar aquel goce que él no podía volver a sentir más que como una humillación; se veía él también humillado por aquella voluptuosidad pasiva, por aquel sexo de mujer. «Eso es idiota; ella siente en función de su sexo, como yo en función del mío; ni más ni menos. Siente como un nudo de deseos, de tristeza, de orgullo; como un destino... Evidentemente.» Pero no en aquel momento: el sueño y sus labios la entregaban a una sensualidad perfecta, como si hubiese aceptado el no ser ya un ser vivo y libre, sino solamente aquella expresión de reconocimiento de una conquista física. El gran silencio de la noche china, con su olor a alcanfor y a hojas, adormecido él también hasta el Pacífico, la recubría fuera del tiempo: ni un navío llamaba; ni un tiro de fusil. No encerraba Valeria en su sueño los recuerdos y las esperanzas que él no poseería nunca: ella no era nada más que el otro polo de su propio placer. Jamás había vivido: nunca había sido una niña.

André Malraux (Francia, 1901-1976).

(Traducido al español por César A. Comet).

martes, 22 de marzo de 2022

Día de reyes: CONMEMORACIÓN DE LA MUERTE DE JUANA DE ARCO, de André Malraux

"... hablan de ella tal como los reyes magos, una vez en sus reinos, habían hablado de una estrella desaparecida..."

(Fragmento)

Todos habían conocido, o encontrado, a esta muchacha durante un año. Y aunque habían olvidado muchas cosas, no así la huella que les había dejado. El duque de Alençon la vio vestirse una noche cuando, con muchos otros, dormía sobre la paja: era bella, dice, pero ninguno se atrevió a desearla. Ante el escriba atento y respetuoso, el jefe militar tristemente vencedor evoca este minuto de hace veinte años, bajo la luz lunar… Recuerda también la primera herida de Juana. Ella había dicho: “Mañana mi sangre correrá, más arriba de mi seno”. Vuelve a ver la flecha que atraviesa el hombro, que sale por la espalda, y a Juana que prosigue el combate hasta la noche, que conquista finalmente la bastilla de Tourelles… ¿Vuelve a ver la coronación? ¿Creyó ella que coronaba a san Luis? ¡Ay! Para todos los testigos, es la dueña del tiempo en que los hombres vivieron según sus sueños y según su corazón, y desde el duque hasta el confesor y el escudero, todos hablan de ella tal como los reyes magos, una vez en sus reinos, habían hablado de una estrella desaparecida…

Orléans, fechado en Rúan el 31 de mayo de 1964.

André Malraux (Francia, 1901-1976).

lunes, 25 de enero de 2016

Unicornios: LA CONDICIÓN HUMANA, de André Malraux


(Fragmento de la Quinta Parte)

El cambio que había comprobado al entrar le inquietó de nuevo. Miró con toda atención, y quedó estupefacto de no haberlo visto antes: una de sus pinturas taoístas «como un ensueño» y sus dos estatuas más bellas habían desaparecido. Encima de la mesa, una carta. Letra de Chpilewski. Lo adivinó. Pero no se atrevió a leer la carta. Chpilewski le había prevenido que Kyo estaba amenazado: si cometía la imprudencia de hablar de él, no podría por menos de contarlo todo. Cogió la carta y se la echó al bolsillo.

En cuanto hubieron salido, encontraron los autos blindados y los camiones llenos de soldados.
 
Clappique casi había recobrado su calma; para ocultar su turbación, a la cual no podía sustraerse aún, se hizo el loco, como de costumbre.

- Quisiera ser encantador y enviar al califa un unicornio (un unicornio le digo) que apareciese del color del sol, en el palacio, gritando: «¡Sabes, califa, que la primera sultana te engaña! ¡Ni una palabra!» ¡Yo mismo, de unicornio, estaría asombroso, con mi nariz! Y, por supuesto, no sería verdad. Diríase que nadie sabe cuán voluptuoso es vivir, con los ojos de un ser, otra vida distinta de la suya. De una mujer, sobre todo...
 
- ¿Qué mujer no está dotada de una falsa vida, por lo menos para cada uno de los hombres que se le han acercado en la calle?
 
 
André Malraux (Francia, 1901-1976)
(Traducido al español por César A. Comet)