Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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domingo, 4 de septiembre de 2022

Golondrinas en septiembre: SEPTIEMBRE, de Luigi Pirandello

"... golondrinas vagabundas si alguna vez (...) volvieran, felices las casitas suyas encontrarían."

Las esperanzas se van
como golondrinas a fin de año:
¿volverán?
En mi viudo y fiel corazón
aún cuelgan los nidos
en que los gritos
ya suenan cortos y alegres:
golondrinas vagabundas, si alguna vez
con el reino
de mi Sol volvieran,
felices las casitas suyas
encontrarían.

(Le speranze se ne vanno
come rondini a fin d ’anno:
torneranno?
Nel mio cor vedovi e fidi
stanno ancora appesi i nidi
che di gridi
già sonaron brevi e gaj:
vaghe rondini, se mai
con i raj
del mio Sole tornerete,
le casucce vostre liete
troverete
.)

Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1934.

(Traducido del italiano por Jules Etienne).

sábado, 29 de enero de 2022

Día de reyes: LA VIDA DESNUDA, de Luigi Pirandello

"Y en los camellos con mantas, coronados y solemnes, los tres Reyes Magos..."

Un Goy*

(Fragmento)

Porque hay que saber que, no obstante la gran masacre, el señor Pietro Ambrini, con una magnífica cara dura, aquel año, había pensando en celebrar, para sus queridos nietos, la festividad de la Santa Navidad con más pompa de la habitual. Y se había hecho fabricar muchos pastores de terracota: los pastores que llevan sus humildes ofrendas a la gruta de Belén, al niño Jesús recién nacido. Endellas de ricota inmaculada, Encellas, cestas de huevos y quesos y también rebaños de suaves ovejitas y mulos también cargados de otras más ricas ofrendas, seguidos por viejos capataces y campesinos. Y en los camellos, con mantas, coronados y solemnes, los tres Reyes Magos, que vienen con su séquito desde lejos, detrás del cometa que se ha detenido sobre la gruta de corcho, donde en un lecho de paja verdadera se encuentra el róseo niño de cera, entre María y san José; y san José lleva en la mano el báculo florecido y detrás se encuentran el buey y la mula.

El querido abuelo había querido que aquel año el pesebre fuera muy grande y en relieve, con colinas y precipicios, pitas y palmeras, y senderos por los cuales se tenían que ver todos aquellos pastores, que por eso eran de varias dimensiones, con sus rebaños de ovejas y los mulos y los Reyes Magos.

Luigi Pirandello (Italia, 1867-1933).
Obtuvo el premio Nobel en 1934.

* De acuerdo con la traducción es un término hebreo para referirse a los no judíos.
(Traducido del italiano por Marilena de Chiara).

La ilustración corresponde a un nacimiento -Belén se le llama en España-
con cinco metros de longitud, en el distrito madrileño de Tetuán, en 2019.

viernes, 19 de julio de 2019

Tu boca: EL DIFUNTO MATÍAS PASCAL, de Luigi Pirandello

"... el tren de las doce, que va a Pisa."

(Fragmento inicial del capítulo 17: Reencarnación)

Llegué a la estación a tiempo de tomar el tren de las doce, que va a Pisa.

Después de sacar el billete, me acomodé en un coche de segunda, con la visera de la gorra de viaje calada hasta los ojos, no tanto porque no me vieran como para no ver yo a nadie. Pero seguía viendo, a pesar de todo, con el pensamiento, lo que no quería ver; me atosigaba la visión de aquel sombrero y aquel bastón que dejara encima del pretilillo del puente. Quizá alguno, al pasar por allí, los hubiese visto..., si no había ido ya algún sereno con el parte a la Comisaría... ¡Y yo estaba todavía en Roma! ¿Qué pasaría? Sentía que no vivía...

Hasta que, por fin, arrancó el tren. Por fortuna no había subido ningún otro viajero a mi vagón. Me puse en pie, alcé los brazos y lancé un interminable suspiro de satisfacción, como si se me hubiese quitado un peso de encima. ¡Ah! Volvía a contarme en el número de los vivos; a ser yo, ¡Matías Pascal! Me hubiera puesto a participárselo a todo el mundo a grito pelado: «¡Que soy yo, Matías Pascal! ¡Que soy yo! ¡No me había muerto! ¡Estoy aquí!» ¡Y no tenía ya que mentir, ni por qué temer que me descubrieran! Es decir, todavía no, hasta que no llegase a Miragno... Allí era donde tendría que darme a conocer como del mundo de los vivos e injertarme de nuevo en mis sepultas raíces... ¡Loco de mí ¿Cómo había podido figurarme que un tronco pudiese vivir cercenado de sus raíces? Y, sin embargo, todavía me acordaba de aquel otro viaje de Alenga a Turín; lo mismo que ahora, habíame considerado entonces feliz... ¡Loco! ¡Había sido un loco! «¡La liberación!», decía. ¡Aquello me había parecido la liberación! ¡Sí, con la capa de plomo de la mentira a cuestas! ¡Una capa de plomo encima de una sombra! ... Ahora volvería a cargar con la mujer y la suegra, es cierto... Pero ¿no había tenido que cargar con ellas también cuando era un muerto? Ahora, por lo menos, estaría vivo y podría defenderme. ¡Ah! ¡Ya nos las veríamos!

Al pensar en ello de nuevo, se me antojaba inverosímil la ligereza con que dos años atrás me lanzara yo fuera de la ley, a la aventura. Y volvía a verme en aquellos primeros días, dichoso en medio de la inconsciencia, o por mejor decir, de la locura, en Turín, primero, y después en otras poblaciones, en callada romería, mudo, solo, metido en mi concha, saboreando a mis anchas el sentimiento de lo que en aquella época se me antojaba mi felicidad; y evocaba mi paseo por Alemania, a lo largo del Rin, en un vapor. ¿Habría sido un sueño todo aquello? No, señor; que había sido realidad. ¡Oh, si hubiera podido yo hacer siempre aquella vida.... viajar como un forastero del vivir! ... Pero luego, en Milán.... aquel pobre perro que estuve a punto de comprarle al viejo que vendía cajas de cerillas... Ya entonces.

Torné con el pensamiento a Roma. Y entre como una sombra en la casa abandonada. ¿Dormirían todos? Adriana, quizá no; quizá me está aguardando todavía, esperándome de un momento a otro; le habrán dicho que yo he ido a buscar dos padrinos para batirme con el pintor Bernáldez; y como tardo, le entra mucho miedo y llora...

Me apreté la cara con ambas manos, sintiendo que el corazón se me encogía de angustia.

- Pero si yo no podía ser un viviente para ti, Adriana -gemí-, ¿no es mejor que ahora me creas muerto? Muertos los labios que cogieron aquel beso de tu boca... ¡Olvídame, pobre Adriana, olvídame!


Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1934.

La ilustración corresponde al puente de la Magdalena, conocido como "puente del diablo",
en la provincia de Lucca, al norte de Pisa. 

jueves, 29 de noviembre de 2018

Día de los muertos: LA ELECCIÓN, de Luigi Pirandello

"La Befana (...) no trae regalos. En cambio, los traen los muertos en la víspera de su día, hacia la medianoche..."
 
(Fragmento)
 
El día de los muertos es una fiesta para los niños de Sicilia. La Befana (tal vez porque en las casas de las ciudades y de los pueblos de las islas no hay caminos por los cuales ella pueda viajar) no trae regalos allí abajo. En cambio, los traen los muertos en la víspera de su día, hacia la medianoche: los parientes o los amigos difuntos traen, en su memoria, alguna monedita y dulces o juguetes, pero sólo a los niños listos. Más listas, según mi parecer, tendrían que ser las madres al no encender así, con miedo, la fantasía de sus hijos. Mi madre me enviaba sin más con mi tutor, Pinzone, al mercado de los juguetes.
 
Recuerdo qué pena febril, vibrante de mil deseos, me costaba la elección en aquel mercado.
 
Aturdido por los reclamos confusos y groseros de tantos vendedores gritando, me giraba perplejo hacia un lado y hacia el otro, escuchaba, durante un rato, el elogio de la mercancía de cada cual, mientras otras manos me invitaban con gestos vivacísimos desde los puestos vecinos y otras voces me gritaban que no me creyera aquellas promesas. De tal manera que habría tenido que deducir que no encontraría nada bueno en ningún lado, y viceversa, que lo bueno se encontraba en cada puesto.
 
 
Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1934.
 
(Traducido al español por Marilena de Chiara).
La ilustración corresponde al tradicional carretto siciliano (carrito siciliano).

martes, 21 de agosto de 2018

Agosto: ESTA NOCHE SE IMPROVISA, de Luigi Pirandello

"... y me veo en el campo, en agosto, niño de ocho años, detrás de la casa del criado, a la sombra de un olivo..." 

(Fragmento del tercer y último acto)
 
Verri: ¿Te da ansia?

Mommina: Tengo el corazón que me sube a la garganta.

Verri: ¡Ya lo creo! ¡La añoranza...!

Mommina: Tú quieres matarme...

Verri: ¿Yo? Tus hermanas, la que fuiste, tu pasado que te revuelve todo en tu interior, te hacen subir el corazón a la garganta.

Mommina (jadeante con las manos en el pecho): Por caridad... te lo suplico... ya no puedo ni respirar...

Verri: ¿Ves cómo es verdad, ves cómo es verdad lo que te digo?

Mommina: Ten compasión...

Verri: La que fuiste... los mismos pensamientos, los mismos sentimientos... los creías borrados, apagados, ¿no es verdad? ¡La más pequeña llamada...! ¡y ahí los tienes, en ti, vivos, los mismos!

Mommina: Los llamas tú...

Verri: No, cualquier cosa los llama, porque siguen vivos... tú no lo sabes, pero viven dentro de ti, agazapados bajo tu conciencia. ¡Toda la vida que has vivido, la tienes todavía viva dentro de ti! Basta una palabra, un sonido... la más pequeña sensación... Mira lo que me pasa a mí: el olor de la salvia... y me veo en el campo, en agosto, niño de ocho años, detrás de la casa del criado, a la sombra de un gran olivo, asustado por un gran abejorro azul, hosco, que zumba glotón dentro del cáliz blanco de una flor; veo aquella flor violentada temblando sobre su tallo al choque de la voracidad feroz de aquel bicho que me daba miedo; ¡y todavía tengo aquí aquel miedo, en los riñones, lo tengo aquí...! ...No digamos, tú... toda aquella vida tan buena, las cosas que ocurrían entre vosotras, muchachas, y todos aquellos jóvenes por la casa, encerrados en esta o en la otra habitación... ¡no lo niegues! He visto yo cosas..., aquella Nené, una vez, con Sarelli... Se creían solos, y habían dejado la puerta entornada... pude verlos... Nené simuló que huía por la otra puerta del fondo... había una cortina verde... salió, y reapareció en seguida, entre las alas de aquella cortina... se había descubierto el pecho, bajándose la malla de seda rosa... y con la mano hacía el ademán de ofrecérselo, y lo escondía en seguida con la misma mano... lo he visto yo; un pecho maravilloso, ¿sabes? Pequeño; ¡cabría todo en una mano! Todo estaba permitido... Antes de llegar yo, tú, con aquel Pomárici... ¡lo he sabido...! ¡Y antes de Pomárici, sabe Dios con cuántos otros! Durante años, aquella vida, con la casa abierta a todo el mundo... (Se le acerca, tembloroso, desfigurado.) Tú, algunas cosas... conmigo por primera vez... Si verdaderamente, como me dijiste, las ignorabas hasta entonces... no habrías podido hacerlas...
  

Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1934.
 
La ilustración corresponde a Michele di Mauro como Rico Verri y Tatiana Lepore como Mommina, en la puesta en escena de Esta noche se improvisa (Questa sera si recita a soggetto) dirigida por Virginio Liberti.

martes, 6 de febrero de 2018

Páginas ajenas: COMO MUERE, de Luigi Pirandello



De un almendro pende
su manto de nieve
el invierno que ya muere.
El manto blanco y tenue
sobre las ramas se posa
y cada grumo es una flor.

Echado al pie del tronco
mira el invierno a lo alto
con ojos acuosos, atento.
¿Mariposas o flores?
Ya no ve su manto,
furioso, sopla: el viento.

Es sólo un débil aliento
que agita las flores apenas
y otra, otra pena
el destino le reserva.
Todo muere, las briznas de hierba
la crin, la barba, el prado.


Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1934.
 
(Traducido al español por Milagros Marinas y Elisa Catalá).

lunes, 12 de junio de 2017

Carnaval: ENRIQUE IV, de Luigi Pirandello

"¡Y el no ver ya nada más de todo aquello que sucedió después de aquel día de carnaval!"

(Fragmento del segundo acto)

Enrique IV: ¿Y la vistió usted de marquesa de Toscana a ella también? ¿Sabe, doctor, que corrió usted el riesgo de hacer que la noche retornara a mi cerebro? ¡Bendito sea Dios! Hacer que los retratos hablen, que se salgan vivos de sus marcos... (Contempla a Frida y a Di Nolli, después mira a la marquesa, y finalmente se mira el traje que tiene puesto.) ¡Oh, es una combinación magnífica! Dos parejas... ¡Magnífico, doctor, magnífico!... Para un loco... (Señalando apenas a Belcredi.) A él, esto le parecerá ahora una mascarada fuera del tiempo, ¿no es así? (Se vuelve para mirarlo.) Ya puedo quitarme este disfraz para irme contigo, ¿no te parece?
 
Belcredi: ¡Conmigo! ¡Con nosotros!
 
Enrique IV: ¿Adónde? ¿Al Círculo? ¿De frac y corbata blanca? ¿O a casa de la marquesa, los dos juntos, tú y yo?
 
Belcredi: ¡Adonde quieras! ¿Querrías, acaso, permanecer aún aquí, para perpetuar, solo, lo que fue una desdichada broma en un día de carnaval? Es increíble, te lo aseguro, que hayas querido continuarla, después de haberte liberado de la desgracia que te había ocurrido.
 
Enrique IV: Desde luego... Pero ya ves. Es que al caerme del caballo y golpearme la cabeza, estuve loco de veras, no sé por cuánto tiempo...
 
Doctor: ¡Ah! ... Eso... ¿Y duró mucho tiempo?
 
Enrique IV: (Rapidísimo, al doctor). Si, doctor, mucho, cerca de doce años. (Y en seguida, volviendo a hablar con Belcredi.) ¡Y el no ver ya nada más de todo aquello que sucedió después de aquel día de carnaval! El cambio de las cosas, su evolución..., los amigos..., cómo me traicionaron; el sitio que otros tomaron, no lo sé, pero lo supongo, en el corazón de la mujer que amaba; los que habían muerto; los que habían desaparecido..., todo esto, ¿comprendes?, no fue para mí una burla, como a ti te parece.
 
 
Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1934.
 
La ilustración corresponde a la puesta en escena de Enrique IV en el teatro Goldoni de Venecia.

viernes, 30 de octubre de 2015

Venecia: EL DIFUNTO MATÍAS PASCAL, de Luigi Pirandello

"... estando en Venecia tropecé con un anciano gondolero que se empeñó en que yo era alemán o austríaco..."

(Fragmento del capítulo 12: De noche, mirando al río)

Había ya consumado de pies a cabeza mi transformación exterior; todo afeitado, con unos lentes de color azul claro y el pelo largo, artísticamente revuelto, ¡parecía enteramente otro! Me detenía a veces a hablarme a mí mismo delante de un espejo y no podía contener la risa.
 
- ¡Adriano Meís! ¡Para ti es la vida! ¡Qué lástima que tengas que ir hecho un adefesio! ... Pero, después de todo, ¿qué más te da? Ruede la bola. Si no fuera por este ojo que conservas de aquel otro, de aquel bestia, no resultarías tan feo, después de todo, pese a lo estrafalario de tu figura. Cierto que mueves a risa a las señoras. Pero de ello no tienes tú, en el fondo, la culpa. Si aquel otro tío no hubiera gastado el pelo corto no te verías obligado ahora a llevar tu melena; y también me consta que no vas así de afeitado como un cura por tu gusto. ¡Paciencia! Cuando las bellas rían... ríete tú también; es lo mejor que puedes hacer.»
 
Vivía, por lo demás, conmigo y de mi sustancia. Apenas si cruzaba la palabra con los fondistas, camareros y vecinos de mesa, y jamás entablaba con ellos conversación seguida. Es más: de la cortedad que experimentaba hube de inferir que no era yo dado a la mentira. Esto aparte de que tampoco los demás mostraban mucha gana de pegar conmigo la hebra, acaso porque, al ver mi rara estampa, me tomaban por extranjero. Recuerdo que estando en Venecia tropecé con un anciano gondolero que se empeñó en que yo era alemán o austríaco, sin que hubiera forma de sacarlo de su error. Yo había nacido en la Argentina, sí, señor; pero de padres italianos. Mi verdadera «rareza», digámoslo así, era muy otra, y sólo yo la sabía: que yo no era ya yo; en ningún registro civil constaba mi persona, excepto en el de Miragno, sólo que como muerto y con otro nombre.
 
 
Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1934.