Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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lunes, 25 de marzo de 2024

Mirándolas dormir: EL HALCÓN MALTÉS, de Dashiell Hammett

"... la suave respiración de Brigid O'Shaugnessy tenía la regularidad del sueño profundo."

(
Párrafo inicial del capítulo X: El diván del Belvedere)

El día naciente había convertido a la noche en una sutil humareda cuando Spade se incorporó. Junto a él, el tenue respirar de Brigid O’Shaughnessy tenía la regularidad de un sueño profundo. Spade no hizo ruido al dejar la cama y la alcoba ni al cerrar la puerta de la habitación. Se vistió en el cuarto de baño. Luego examinó la ropa de la muchacha dormida, encontró en el bolsillo del abrigo una llave plana, la cogió y salió.

(Traducido al español, sin crédito, por Fernando Calleja).

El día que se iniciaba había reducido la noche a una neblina fina cuando Spade se incorporó. A su lado, la suave respiración de Brigid O’Shaughnessy tenía la regulari- dad del sueño profundo. Spade no hizo ruido al levantarse de la cama, dejar la habitación y cerrar la puerta. Se vistió en el cuarto de baño. Examinando luego la ropa de la chica dormida, cogió una llave plana de bronce que ella tenía en el abrigo y salió.
(Traducido al español por Francisco Páez de la Cadena).

Dashiell Hammett (Estados Unidos, 1894-1961).
Hammett nació el 27 de mayo, misma fecha que Louis Ferdinand Céline. Ambos fallecieron en 1961.

martes, 24 de diciembre de 2019

Navidad: EL HOMBRE DELGADO, de Dashiell Hammett


(Fragmento inicial del capítulo cinco)

Aquella noche Nora no pudo conciliar el sueño.  Estuvo leyendo las memorias de Chaliapin hasta que empecé a quedarme dormido, y entonces me despertó al preguntarme:
 
- ¿Estás dormido?
 
Le dije que sí. Encendió un cigarrillo, me lo dio y encendió otro para ella.
 
- ¿Nunca se te ha ocurrido volver a hacer de detective de cuando en cuando, nada más que por diversión? Quiero decir, cuando ocurre algo especial, como lo de Lindb...
 
- Cariño, mi teoría es que Wynant la mató y que la Policía le cogerá sin necesidad de que yo los ayude. En cualquier caso, no tiene nada que ver conmigo.
 
- No quise decir sólo eso, pero...
 
- Además, no tengo tiempo. Estoy demasiado atareado cuidando de que no pierdas el dinero por el cual me casé contigo-la besé-.¿No crees que si te tomaras un trago te ayudaría a dormir?
 
- No, gracias.
 
- Puede que te ayudara a hacerlo si me lo tomara yo.
 
Cuando volví con mi whisky a la cama encontré a Nora frunciendo el ceño al vacío.
 
- Es mona, pero anda mal de la cabeza -le dije-. No sería hija de su padre si estuviera cuerda. Es imposible saber hasta qué punto lo que dice es lo que piensa, ni hasta qué punto ha ocurrido lo que piensa. Me gusta la chica, pero creo que te estás metiendo en...
 
- Yo no estoy segura de que me guste-dijo Nora pensativamente-. pero aunque sólo la cuarta parte de lo que nos dijo sea verdad, está en un buen lío.
 
- Yo no puedo hacer nada para ayudarla.
 
-Ella cree que sí.
 
-Y tú también, lo cual viene a demostrar que no importa qué sea lo que pienses, siempre encontrarás a alguien que estará de acuerdo contigo.
 
- ¡Ojalá estuvieras un poco menos borracho para poder hablar contigo! -suspiró Nora. Se inclinó hacia mí para beber un sorbo de mi vaso-.Si me das mi regalo de Navidad ahora, te daré yo el tuyo.
 
- Con el desayuno -dije, sacudiendo la cabeza.
 
- Pero ¡si ya es Navidad!
 
- Con el desayuno.
 
- Lo que sea que me vas a regalar-dijo-, espero que no me guste.
 
 
Dashiell Hammett (Estados Unidos, 1894-1961).

lunes, 26 de mayo de 2014

Espejos (25): AQUEL ASUNTO DEL REY, de Dashiell Hammett

"Una graciosa muchachita vestida de rosa. Se paró delante de un espejo..."

(Fragmento)

Romaine Frankl se levantó y vagó por la habitación, moviendo dos centímetros una silla aquí, arreglando allá un adorno, sacudiendo los pliegues de una cortina de la ventana, pretendiendo que un cuadro estaba algo torcido, moviéndose de un lado para otro como si alguien la transportara. Una graciosa muchachita vestida de rosa.
 
Se paró delante de un espejo, se retiró un poco a un lado de modo que pudiera verme reflejado en él y se arregló los rizos del cabello mientras decía casi ausente:
 
- Muy bien. Einarson quiere una revolución. ¿Qué hará su muchacho?
 
- Lo que yo le diga.
 
- ¿Qué le dirá usted que haga?
 
- Lo que resulte más barato. Quiero llevármelo a casa junto con todo su dinero.
 
Se apartó del espejo y se vino hacia mí, me revolvió el cabello y me besó en la boca, tomando mi rostro entre sus manos calientes y menudas.
 
- ¡Deme rápido una revolución, detective! -me dijo. Sus ojos estaban negros de excitación, su voz era gutural, su boca reía y su cuerpo temblaba-. Detesto a Einarson. Utilícelo y destrócelo por mí. ¡Pero deme una revolución!
 
Me eché a reír, la besé y le di la vuelta encima de mi pecho para que su cabeza se apoyara en mi hombro.
 
- Veremos -prometí-. Voy a encontrarme con ellos a medianoche. Quizá entonces sepa algo.
 
- ¿Volverás después de la reunión?
 
- Intenta prohibírmelo.
 
 
Dashiell Hammett (Estados Unidos, 1894-1961)
Hammett nació el 27 de mayo, mañana se cumplen ciento veinte años de su natalicio. 

lunes, 5 de septiembre de 2011

NOVELA NEGRA: Algunos seudónimos notables



Tal y como me había comprometido a hacerlo cuando el número de visitantes a Mitos y reincidencias alcanzó la cifra de veinte mil, y en vista de que el texto con el título de Novela negra y seudónimos literarios del pasado 14 de febrero -fecha, por cierto, significativa para el hampa de Chicago ya que conmemora la célebre masacre de San Valentín de 1929-, se ha prestado a la confusión ya que se trata de una mera reflexión personal incitada por el encuentro BC negra 2011, que tuvo lugar en Barcelona, y no de una relación con los nombres de los autores del género que recurrieron a la seudonimia para publicar su obra. De tal modo que en esta ocasión me ocuparé de algunos escritores que adquirieron fama con su correspondiente seudónimo.

Comenzaré por dejar establecido que los más notables, como Dashiell Hammett, Raymond Chandler y James M. Cain, no acostumbraron el uso de un mote literario. El nombre completo del primero era Samuel Dashiell Hammett y algunas veces, sobre todo al principio de su carrera, cuando publicaba cuentos en la revista Black Mask, utilizó los seudónimos de Peter Collinson, Daghull Hammett, Mary Jane Hammett y Samuel Dashiell, aunque en este último caso ni siquiera debiera considerarse como tal debido a su obviedad. Las novelas El halcón maltés, La cosecha roja y El hombre delgado, fueron publicadas con su nombre auténtico. Raymond Chandler y James M. (por Mallahan) Cain, nunca escribieron bajo seudónimo.

Suele ubicarse a Ross Macdonald como el heredero más visible de la tradición iniciada por los citados Hammett y Chandler. Su nombre era Kenneth Millar y nació en un lugar llamado Los Gatos, en California, sus padres eran canadienses y por eso creció en la provincia de Ontario e incluso allí se casó en 1938. William Goldman describió su estilo como "la serie detectivesca más fina de todos los tiempos escrita en América". El nombre de su clásico personaje Lew Archer, está tomado de Miles Archer, socio de Sam Spade a quien asesinan al principio de El halcón maltés. Lo que Bogart representa en el cine para la obra de Hammett, es lo que Paul Newman significó para la de Macdonald, en películas como El blanco móvil y La piscina mortal.

Aun cuando en rigor no se trata precisamente un seudónimo, el caso de Patricia Highsmith, cuyo nombre era Mary Patricia Plangman, resulta interesante. Tejana de nacimiento, no conoció a su padre sino hasta que había cumplido los doce años. Tomó el apellido Highsmith de Stanley, su padrastro. Se inició como escritora cuandó tras una visita a México, en 1945, donde permaneció cinco meses en Taxco, escribió el volumen de cuentos En la plaza. La creadora del serial de Ripley publicó su primera novela, Extraños en un tren, cinco años después, la cual sería llevada al cine por Alfred Hitchcock con adaptación de Raymond Chandler. En 1952 apareció El precio de la sal, novela de tema lésbico con un sorpresivo final feliz, bajo el seudónimo de Claire Morgan. En 1989 fue reeditada como Carol. Nunca le molestó que juzgaran como misantropía su carácter introvertido: "Mi imaginación -aseguraba- funciona mucho mejor cuando no tengo que hablar con la gente."

James Hadley Chase, a quien se le conoce como el autor de No hay orquídeas para Miss Blandish y Con las mujeres nunca se sabe, se llamaba en realidad René Brazoban Raymond y aunque por lo general sus tramas se ambientaban en el período de la gran depresión estadounidense, en realidad era un inglés nacido en Londres que consultaba mapas y un diccionario de expresiones coloquiales para dotar de credibilidad a sus escenarios y personajes. También publicó bajo los seudónimos de James L. Doherty, Raymond Marshall y Ambrose Grant, este último para Más mortífero que el hombre. Sus novelas fueron frecuentemente adaptadas al cine y destaca de manera particular Eva, dirigida por Joseph Losey.

Si bien publicó La novia vestía de negro y el cuento La ventana indiscreta con su verdadero nombre de Cornell Woolrich, también era reconocido por su seudónimo de William Irish, al cual se acreditan novelas como Vals en la oscuridad. El nombre completo era Cornell George Hopley-Woolrich y La noche tiene mil ojos la firmó como George Hopley. Su obra ha sido objeto de múltiples versiones cinematográficas por parte de realizadores con el prestigio de Alfred Hitchcock, en el caso de La ventana indiscreta, y de Francois Truffaut, quien dirigió tanto La novia vestía de negro, con Jeanne Moreau, como La sirena del Mississippi, que adaptaba Vals en la oscuridad, con Jean Paul Belmondo y Catherine Deneuve como la pareja protagónica. Más tarde se volvería a filmar en inglés bajo el título de Pecado original, con Angelina Jolie y Antonio Banderas.

Salvatore Albert Lombino adoptó el apelativo legal de Evan Hunter cuando tenía veintiséis años, y su seudónimo favorito era el de Ed McBain, aunque también publicó como Hunt Collins, Curt Cannon, Richard Martsen, Ezra Hannon, John Abbott y alguna vez hasta como S. A. Lombino, que era su nombre auténtico. Si bien en el conjunto de su obra prevalece el género policiaco, una de sus novelas más notables fue Jungla de pizarras (Blackboard Jungle), que a su paso por el cine se volvería Semilla de maldad, drama sobre un maestro, la rebeldía y el racismo de sus alumnos de secundaria, a mediados de la década de los años cincuenta. Hunter escribió el guión para la película Los pájaros, de Alfred Hitchcock, adaptando una novela de Daphne du Maurier y también fue autor de libretos para la serie televisiva Columbo, los cuales firmó como Ed McBain. El cine francés recurrió en diversas ocasiones a sus novelas, destacando Lazos de sangre (Le Liens de Sang, aunque en España se exhibió como Laberinto mortal), dirigida por Claude Chabrol; y una de mis favoritas, Sin motivo aparente, sobre su novela Diez más uno (Ten Plus One), con un reparto encabezado por Jean-Louis Trintignant, Dominique Sanda y Laura Antonelli.

Mickey Spillane es como se conoce a Frank Morrison Spillane, un neoyorquino de Brooklyn que se inició escribiendo guiones para tiras cómicas como El Capitán América -lo cual es perceptible en el laconismo de sus diálogos y lo escueto de las descripciones-. Su primera novela, Yo, el jurado, apareció en 1946. Ha sido considerado uno de los autores más gruesos y menos literarios del género, creador del detective privado Mike Hammer y de la novela El beso mortal o Bésame moribunda (Kiss me, Deadly), que fue llevada al cine en 1955. Una traducción más actual circula en España con el título de Red Siniestra. La mejor herencia de Mickey Spillane al cine mexicano es, sin duda, la ingeniosa parodia Llámenme Mike, dirigida por Alfredo Gurrrola en 1979.

Boris Vian se hacía pasar por el traductor de Vernon Sullivan, un supuesto autor estadounidense de raza negra. Lo singular de su situación amerita ser abordada en un texto posterior.

Resulta curioso el hecho de que los novelistas del género en lengua española no recurren al empleo del seudónimo. Una lista muy amplia encabezada por los más destacados, Manuel Vázquez Montalbán y Andreu Martín, lo confirma. La excepción, notable por cierto, sería Honorio Bustos Domecq, el nombre urdido por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares para la serie de misterios resueltos desde la cárcel por Isidro Parodi, asunto del que ya me he ocupado con anterioridad: http://mitosyreincidencias.blogspot.com/2011/02/proposito-de-seudonimos-honorio-bustos.html

martes, 11 de enero de 2011

Páginas ajenas: EL HALCÓN MALTÉS, de Dashiell Hammett


(Fragmento)

- Este va a ser, señor mío, el relato más asombroso que haya usted oído; y lo digo a sabiendas de que un hombre que descuelle en su profesión debe de haber oído cosas muy fuera de lo corriente con el correr de los años.

Spade inclinó la cabeza cortésmente.

El hombre gordo arrugó los ojos y preguntó:

- ¿Qué sabe usted, señor mío, de la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, más tarde llamados Caballeros de Rodas y por otros nombres?

Spade alzó el puro en el aire.

- No mucho. Sólo lo que recuerdo de cuando estudiaba historia en el colegio. Eran cruzados, o algo así.

- Muy bien. ¿Recuerda usted que Solimán el Magnífico los echó de Rodas en 1523?

- No.

- Pues lo hizo, señor mío, lo hizo, y entonces se establecieron en Creta. Allí permanecieron siete años, hasta que en 1530 persuadieron al emperador Carlos V a que les cediera -y Gutman alzó tres hinchados dedos y contó de uno a tres- Malta, Gozo y Trípoli.

- ¿Sí?

- Sí, pero con estas condiciones: que tendrían que pagar al emperador un tributo anual consistente en un -alzó el dedo- halcón como reconocimiento de que Malta seguía bajo el dominio de España. ¿Comprende? El emperador se la cedía, pero únicamente a condición de que la habitaran, no pudiendo cederla o venderla a nadie.

- Sí.

El hombre gordo volvió la cabeza y miró sucesivamente a las tres puertas cerradas, acercó su sillón a unas cuantas pulgadas de distancia del de Spade y bajó la voz hasta que se convirtió en un ronco murmullo.

- ¿Tiene usted idea acerca de la riqueza, de la enorme riqueza, de la incalculable riqueza de la Orden en aquellos tiempos?

- Si no recuerdo mal -dijo Spade- tenían bien cubierto el riñón.

Sonrió Gutman indulgente.

-Bien cubierto, señor mío, se me antoja una expresión excesivamente moderada.

El susurro de su voz se hizo aún más bajo y cuchicheante:

- Nadaban en riquezas. No tiene usted idea. Ni usted ni nadie. Llevaban años y más años cogiéndoles botín a los sarracenos, y había llegado a atesorar lo que nadie sabe en gemas, metales preciosos, sedas, marfiles..., lo mejor del Oriente. Esto, señor mío, es pura historia. Todos sabemos que para ellos, y también para los Templarios, las guerras santas eran en gran medida una cuestión de botín. Pues bien, el emperador Carlos les cede Malta, y todo el censo que les pide es la entrega de un miserable pájaro al año. ¿No es muy natural que aquellos caballeros incalculablemente ricos buscaran alguna manera de expresar su agradecimiento? Y eso, señor mío, es precisamente lo que hicieron. Se les ocurrió la feliz idea de pagar a Carlos el tributo correspondiente al primer año, no con un ruin pájaro de plumas y carne, sino con un maravilloso halcón de oro, embellecido de la cabeza a las patas con las más finas joyas que hallaron en sus arcas. Y no olvide, señor mío, las tenían maravillosas: las mejores, las más ricas llegadas del Asia.


La ilustración corresponde al cartel Los personajes de El Halcón Maltés,
de Owen Smith, creados para la exposición sobre Dashiell Hammett
organizada por la municipalidad de San Francisco, California, en 2008.

lunes, 10 de enero de 2011

Dashiell Hammett: UN CINCUENTENARIO


Ahora forma parte del lenguaje coloquial de cualquier lector el término de novela negra, por eso resulta un tanto inusitado cuestionarse: ¿cuándo se empezó a utilizar? Se percibe tan familiar que ya no parece interesarnos lo relativo a su origen. Con mayor razón cuando contagió con tanta fortuna al cine, al grado de que lo volvió uno de los géneros de culto más respetados. Ningún cinéfilo que se precie de serlo puede deambular por la vida sin conocer El halcón maltés. El nombre de Sam Spade de inmediato nos remite a Humphrey Bogart. Pero la obra de Dashiell Hammett es bastante más que una novela que inspiró la película dirigida por John Huston en 1941 y que fuera protagonizada por uno de los mayores íconos en la historia del cine.

En el libro de aliento biográfico Dashiell Hammett, una hija recuerda, de Jo (diminutivo por Josephine) Hammett, ella se pregunta si la salud de su padre no se hubiera quebrantado tanto, si no hubiese sido contagiado por la influenza cuando se enlistó en el ejército durante la primera guerra mundial, ¿de todos modos hubiese sido escritor? O nos habríamos privado de la lectura de novelas como La cosecha roja y el cine carecería de uno de sus clásicos y de la afortunada serie de El hombre delgado (The Thin Man).

Hammett renovó la novela policiaca tradicional, divertimento basado en la observación que se resolvía a través del método deductivo, para desplazarlo por una renovada lógica de la acción, la que mejor reflejaba la realidad urbana de la ley seca y la gran depresión -con el respectivo colapso de los principios que habían regido en la sociedad estadounidense hasta entonces-, cuando la lucha por la supervivencia se inscribe en el marco de una ética del absurdo en la que distinguir el bien del mal deviene en un asunto aleatorio y los personajes sólo intentan mantenerse con vida: "Cuando no se ha fijado el rumbo, ni siquiera se necesita una brújula. Con la vida a la deriva, la única intención es mantenerse a flote".*

Su primera novela fue publicada en 1929, de la que André Gide señalaba en su diario, en 1943, al otro lado del Atlántico: "... en La cosecha roja, esos diálogos conducidos con mano maestra, son para enfrentarlos con Hemingway y hasta con Faulkner, todo el relato es de una habilidad y un cinismo impecables. En ese género es lo más notable que he leído." El poeta Luis Cernuda incluso fue más lejos al afirmar que "en sus mejores momentos nos parece superior" a los propios Hemingway y Faulkner.

Sin embargo, no deja de ser curioso lo que su hija admite: "Aunque nunca lo dijo, papá estaba profundamente decepcionado de sí mismo. Él quería ser reconocido como un autor serio, lo mismo que sus amigos con los que se tomaba sus tragos -los Faulkners, los Fitzgeralds. Pero pensaba que nunca lo consiguió. A pesar de que sabía que era bueno en lo que hacía, tal vez el mejor. Ciertamente fue uno de los más imitados. He tenido tanta influencia en la literatura americana como cualquiera, decía. Una copia manuscrita de El simple arte de matar, de Raymond Chandler, un tributo sincero y elocuente a su obra, fue una de las pocas posesiones personales que siempre conservó. Estaba muy orgulloso de su trabajo, pero hubiera querido hacer más."

Hombre congruente con sus ideas, Hammett tuvo el valor de comparecer ante el Comité de actividades antiamericanas que encabezaba el perverso senador McCarthy, y lo afrontó con gran dignidad. El proceso quedaría plasmado en Tiempo de canallas, escrito por Lillian Hellman, quien fuera su pareja durante buena parte de su vida. Al final fue condenado a seis meses de prisión por negarse a proporcionar información.

El 8 de enero de 1961, a las cuatro de la mañana, Lillian Hellman recibió una llamada del hospital. Hammett se encontraba muy mal. Ya no eran sólo el enfisema y el cáncer de pulmón con sus complicaciones cardíacas, sino que además presentaba un cuadro de neumonía. Se vistió de prisa y tomó un taxi. Al llegar junto a él, la enfermera, pensando que su muerte era inminente, le pidió que le gritara al oído para ver si reaccionaba. Sorprendido, todavía alcanzó a abrir los ojos y la miró con una profunda expresión de terror. Trató de alzar su cabeza pero ya no pudo. Nunca volvió a recuperar la conciencia. Murió a las siete de la mañana del 10 de enero. Hoy se cumplen cincuenta años de eso. Había nacido el 27 de mayo de 1894. Samuel Dashiell Hammett era su nombre completo. Es decir Sam, lo mismo que Spade.


* párrafo extraido de la novela Decir Adiós es morir un poco (página 99).

(La traducción del inglés de los fragmentos de Dashiell Hammett, una hija recuerda,
son de mi autoría)