Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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martes, 5 de marzo de 2024

Mirándolas dormir: LA CARRETA, de B. Traven

"... la muchacha dormía profundamente (...) colocó a la muchacha sobre el zacate en tanto le preparaba un lecho..."

(
Fragmento final del capitulo XII)

Quiso hacer alguna pregunta, pero se percató de que la muchacha dormía profun- damente.

Tomándola en sus brazos, la llevó a través del camino que los separaba del campa- mento.

Todos sus compañeros dormían. Algunos parecían haber bebido excesivamente festejando a San Caralampio, pues se hallaban tendidos como perros en el campo y se agitaban gruñendo mientras dormían.

Con ternura colocó a la muchacha sobre el zacate en tanto le preparaba un lecho confortable en la carreta. Cuando lo tuvo listo la colocó en él cuidadosamente.

Estaba rendida y solo de vez en cuando se le oía suspirar suavemente. Él tendió su petate bajo la carreta y se acostó. Su último pensamiento fue que nunca antes había dormido con la alegría que aquella noche llenaba de esperanzas su corazón, haciéndole presentir los días más dulces y amables de su vida; días que le harían olvidar todos los trabajos y preocupaciones de su dura existencia. Y su mente, velada ya por el sueño, lo condujo tan lejos que murmuró: «No hay vida mejor sobre la tierra que la del carretero.»

B. Traven: Ret Marut, Hal Croves o Traven Torsvan
(Alemán nacionalizado mexicano, 1882-1969).

(Traducido al español por Esperanza López Mateos).

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Tequila: JUGANDO CON BOMBAS, de B. Traven


(Fragmento)

El jurado se retira. En menos de media hora, pues sus miembros tienen asuntos que atender, regresa. El veredicto es: "No culpable".

Natalio es puesto en libertad inmediatamente. El y sus testigos, incluyendo a Filomena y a su nuevo hombre, van a la cantina más próxima a celebrar el acontecimiento con dos botellas de tequila. Las botellas pasan de boca en boca sin que ninguno haga uso de los vasos. Todos saborean un poco de sal y chupan limón. Cuando las botellas están vacías, Natalio regresa a su trabajo, pues restando algunas horas hábiles todavía, él, minero honesto, no quiere perderlas.

Como de costumbre el sábado siguiente se celebra el baile en el pueblo, al que Natalio asiste. Allí encuentra a una joven que, sabedor a de sus virtudes de hombre sobrio y trabajador, acepta su proposición para vivir con él como su mujer.


B. Traven: Ret Marut, Hal Croves o Traven Torsvan
(Escritor alemán nacionalizado mexicano; 1882-1969)

sábado, 16 de septiembre de 2023

El tequila como símbolo del festejo patrio


"... y podía cuando menos agradecer al tequila tal
honestidad, por breve que fuese su duración."

Malcolm Lowry en Bajo el volcán.
 
Cada año, durante esta temporada septembrina en que se acostumbra a celebrar, con desvelos y tragos, el llamado Grito de la Independencia, el fervoroso ritual gira con frecuencia en torno a una botella de tequila. En ningún momento durante el resto del año ni bajo cualquier otro pretexto, se consume tanto tequila como en estas fechas. Las estadísticas no mienten, los robos de licores se triplican y el principal objetivo suele ser el tequila, la bebida más simbólica para refrendar la condición de mexicano: euforia, patrioterismo ocasional y violencia, que exaltan su intensidad.
 
La literatura no ha sido ajena a su influjo. Tal vez la novela más emblemática sea Nieves, de José López Portillo y Rojas, no sólo porque acontece precisamente en la población de Tequila, en el estado de Jalisco, sino porque además el protagonista desciende de fabricantes de tequila. Los renglones con que da principio ya presagian el entorno en el que acontecerá la acción: "Cierto que Tequila debe su celebridad a ser el centro de producción alcohólica que lleva su nombre." Más adelante un pasaje de la obra se ocupa del proceso para su destilación y se extiende a lo largo de varias páginas. Luego de esa prolija descripción concluye con que: "El líquido que se recoge es el famoso aguardiente de Tequila, que tibio, es dulce y no quema la boca; embria- ga fácilmente y se llama tuba".

El poeta Efraín Huerta recordaba su encuentro con Pablo Neruda en 1942:
 
Tres oradores abrieron el programa, y dos poetas lo cerraron: Pablo Neruda y yo.  Poco antes de empezar el acto, Pablo me invitó a tomar una copa. Lo  que quería era leerme el poema que diría. Era el Canto a Stalingrado.  La cantina donde brindamos con tequila está allí todavía: La Castellana, en Antonio Caso e Insurgentes Centro. Yo sólo le recomendé a Pablo que cierta palabra sucia la suprimiera, o que la pusiera en francés, por sonar más belicosa. Se quedó en francés.”
 
El mismo Huerta que le recomendaría a su amigo, el peruano Hildebrando Pérez, la mejor manera de beberlo, en Para que aprenda a tomar un caballito de tequila.
 
Acerca la mano hacia la ansiosa boca, como a la distancia de más o menos veinte centímetros: abre la boca y con la mano derecha golpea los dedos –tensos– de la mano izquierda. La sal salta hacia la boca y el ritual empieza. Chupa un limón. Bebe.
Un caballito te da de cinco a seis sorbitos
”.
 
Muchos años después, el chileno Roberto Bolaño, quien viviera una larga temporada en México, escribió en su poema Para Efraín Huerta: “… mientras a tus espaldas los poetas/ bebían tequila y hablaban en voz baja.”
 
Carlos Fuentes en Cambio de piel, tras de que el mozo entra con una botella de tequila sobre una bandeja de latón y la deja sobre la mesa, advierte:
 
- Esto no me va a caer bien, Ligeia. Lo sabes de sobra. Los dos se miraron mientras sorbía lentamente el tequila.”
 
El cónsul alcohólico que protagoniza la novela Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, exaltaba algunas de sus cualidades: “hasta (y podía cuando menos agradecer al tequila tal honestidad, por breve que fuese su duración) de ser amado.”
 
Jack Kerouac, emblema de la generación beatnik, es autor de En el camino, donde define a México como el país de la tierra caliente y el tequila. Tom Robbins lo alude con frecuencia, por ejemplo, en También las vaqueras sienten melancolía, cuando comienza el incendio y la orquesta sigue tocando Allá en el rancho grande: “Sacó la madre a la hija del remolque como si la sacase del Club El Lagarto en llamas. (En el punto culminante del pavoroso incendio una hilera de botellas de tequila sobrecalentadas empezaron a estallar entre las llamas)". Y en Naturaleza muerta con pájaro carpintero se ocupa a su vez del tequila, como “la bebida favorita de los delincuentes” a quienes suele traicionar, y lo define como “líquido geométrico de la pasión”, un “dios majadero que copula en el aire con las almas de las vírgenes moribundas” y también “agua salvaje de la hechicería”.

Relación que viene a coincidir  con la que por su parte establece el británico D. H. Lawrence en La serpiente emplumada, cuando describe: “... las caras verdaderamente terribles de algunos tipos de la ciudad, tumefactas a causa del veneno del tequila y con los ojos un poco vidriosos y como si mirasen a través de un velo de maldad. En ninguna parte había encontrado rostros en los que se pintase el mal con tanta claridad como los que se veían en México.”

Otro inglés, como lo era Lawrence, que se ocupó de México a lo largo de su obra -con una visión a menudo acerba-, fue Graham Greene, quien menciona al tequila en sus novelas El poder y la gloria y Caminos sin ley, además del relato El billete de lotería, las cuales revisaremos en otra ocasión.
 
Debo, por supuesto, mencionar los poemas Ponderación y signo del tequila, del colombiano Álvaro Mutis y Entre la piedra y la flor, de Octavio Paz, pero mejor he optado por  incluirlos completos en los próximos días, lo mismo que las referencias hechas por José Revueltas en sus novelas Los días terrenales y Los errores, por Martín Luis Guzmán en La sombra del caudillo, y Mariano Azuela en Los de abajo, así como unos párrafos del relato Jugando con bombas, del enigmático B. Traven.

Cómo olvidar que el perro del rancho en Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, se llamaba precisamente Tequila, y que los personajes gemelos de La zona del silencio, de Homero Aridjis, llevaban por nombre Mezcal y Tequila.
 
Jules Etienne

lunes, 14 de agosto de 2023

Tampico: VIVA, de Patrick Deville

"Grúas y pontones, puntales de carga y plataformas, palmeras y cocodrilos. Y el olor a petróleo..."

En Tampico

Todo comienza y acaba con el ruido que hacen aquí los picadores de herrumbre. Los capitanes y los armadores desconfían de los marineros desocupados en los muelles. De ahí la pica, el bote de pintura y el pincel. El paisaje portuario es el de un filme de John Huston, El tesoro de la Sierra Madre. Grúas y pontones, puntales de carga y plataformas, palmeras y cocodrilos. Y el olor a petróleo y a suciedad grasiente, a brea y a alquitrán. Y una llovizna caliente que lo moja todo esta tarde, y la silueta furtiva de un hombre que no es Bogart, sino Sandino. A punto de cumplir los treinta, parece que tiene veinte; es frágil y de baja estatura. Sandino lleva atuendo de mecánico, con la llave inglesa en el bolsillo; comprueba que no le están siguiendo, se aleja de los diques rumbo al barrio de las cantinas, donde tiene lugar la reunión clandestina. Tras haber abandonado Nicaragua y corrido mundo durante bastante tiempo, el mecánico marinero Sandino deja su petate y descubre el anarcosindicalismo. Es obrero en la Huasteca Petroleum de Tampico.

Al fondo de los callejones del puerto se encienden las lámparas, los conspiradores se reúnen en la penumbra de una trastienda alrededor de Ret Marut, el más agueriido. Éste ha llegado a México como fogonero a bordo de un navío noruego. Dice ser marino polaco o alemán, un revolucionario. Bajo la gorra proletaria se ve un rostro común, con un pequeño bigote que le da aspecto de anarquista de la banda del francés Bonnot. Al término de la Primera Guerra Mundial, Ret Marut participó en el intento de insurrección de Múnich. Condenado a muerte, desapareció y cambió de nombre con frecuencia, comenzó a escribir poemas y novelas, a combatir la soledad con el lápiz y a acumular cuadernos. Muy pronto enviará a Alemania El tesoro de la Sierra Madre, cuya acción transcurre en Tampico, y que firma con uno de sus seudónimos: Traven. Utilizará decenas de ellos. Para la fotógrafa Tina Modotti, en México, él será Torsvan.

En cuanto a Sandino, sale de la cantina en plena noche, fortalecido por esos consejos polacos o alemanes, con la cabeza llena de llamas revolucionarias, y se apresura en la lluvia bajo los conos naranjas de las farolas de sodio. Bien que podríamos seguirle. Le veríamos regresar a Nicaragua, cambiar el mono de obrero de la refinería por la vestimenta de jinete, con las cartucheras cruzadas sobre el pecho y el sombrero Stetson, tomar el mando de la guerrilla y convertirse en el glorioso general Augusto César Sandino, el «general de los hombres libres», en palabras de Henri Barbusse. Le veríamos cabalgar al frente de su batallón de plebeyos que nunca será vencido, empujando hasta el mar al ejército de ocupación de los gringos y prosiguiendo la gran obra de Bolívar. La cabalgata de las tropas sandinistas levanta sobre el horizonte el polvo amarillo de la Nueva Segovia de Nicaragua. Pero no le seguiremos. En la bruma del calor, otro petrolero noruego, una gran muralla rojo y negro, atraviesa el golfo de México y se acerca al puerto de Tampico. A bordo de él, otro revolucionario escucha el ruido de los picadores de herrumbre y los gritos de las aves marinas.

De Tampico a ciudad de México

(Fragmento inicial)

Al pie de la escala de desembarco del Ruth, petrolero noruego en lastre, al proscrito Trotski le devuelven la pequeña pistola que le confiscaron al embarcar, tres semanas antes. Quien comandó a uno de los ejércitos más importantes del mundo desliza en su bolsillo toda la potencia de fuego que le queda. Es un hombre de alborotados cabellos blancos y edad madura, cincuenta y siete años, y a su lado, con el cabello gris, está su mujer: Natalia Ivánovna Sedova. Están pálidos, deslumbrados por el sol después de la penumbra del camarote.

Patrick Deville (Francia, 1957).

(Traducido al español por José Manuel Fajardo).

miércoles, 26 de julio de 2023

Tampico: MEMORIA DEL FUEGO III, de Eduardo Galeano


1923
Tampico

Traven*

Un barco fantasma, viejo navío destinado al naufragio, llega a las costas de México. Entre sus marineros, vagabundos sin nombre ni nación, viene un sobreviviente de la revolución aniquilada en Alemania.

Este camarada de Rosa Luxemburgo, fugitivo del hambre y de la policía, escribe en Tampico su primera novela. La firma Bruno (sic) Traven. Con ese nombre se hará famoso, pero nadie conocerá nunca su rostro, ni su voz, ni su huella. Traven decide ser un misterio, para que la burocracia no lo etiquete y para mejor burlarse de un mundo donde el contrato de matrimonio y el testamento importan más que el amor y la muerte.

Eduardo Galeano (Uruguay, 1940-2015).

* Este breve texto de Galeano contiene varias imprecisiones. La más grave es referirse a él como Bruno Traven. Su seudónimo literario era B. Traven, así lo asegura Karl Guthke, su biógrafo más prolijo y Gabriel Figueroa en su Recuerdo de B. Traven, publicado en el diario La Jornada el 3 de febrero de 2008, lo define con estas palabras: "B. Traven. Escritor. Autor de todos los libros publicados en el mundo con el nombre de B. Traven". De tal manera que es incorrecto referirse a él con el nombre de Bruno, cuyo origen es apócrifo. Por otra parte, en el referido artículo, Figueroa describe varios encuentros, incluido el abrazo mutuo al enterarse de la muerte de Esperanza López Mateos, cuñada de Figueroa y primera traductora al español de la obra de Traven. Siempre tuvo un espacio propio con Figueroa: "Cuando estaba en la ciudad de México, se hospedaba en nuestra casa de Coyoacán, donde le teníamos un departamento permanente." Este es el vínculo de acceso con el artículo mencio- nado de La Jornada: Recuerdo de B. Traven, en el que se pueden confirmar sus relaciones personales y su matrimonio con Rosa Elena Luján. Ya para concluir, cabría añadir que Traven era padrino de Gabriel Figueroa Flores, por lo tanto, compadre de Figueroa. De manera que la aseveración de que "nadie conocerá nunca su rostro ni su voz, ni su huella", no es más que pura fantasía de Galeano. El único hecho confirmado es que se trataba, en efecto, de un personaje muy elusivo que llegó como exiliado a Tampico, donde escribió su primera novela, y la misma ciudad apareció más tarde como escenario en sus trabajos literarios posteriores El tesoro de la Sierra Madre y La rosa blanca.

Jules Etienne 

miércoles, 10 de mayo de 2023

Tampico: EL TESORO DE LA SIERRA MADRE, de B. Traven

"Por fin descubrió a un hombre vestido de blanco inmaculado que cruzaba la plaza en dirección del cine Alcázar..."

(
Fragmentos del primer capítulo)

Había que recorrer una larga distancia para llegar al río abierto. Parecía que aquel sitio era el punto de reunión de todos los holgazanes del puerto. Cuando Dobbs llegó, aquello estaba lleno de mestizos, indios y blancos de la misma condición social de Dobbs. Ninguno vestía traje de baño. Más allá, río arriba, las muchachas se bañaban, también desprovistas de ropa y en unión de algunos jóvenes para darle mayor anima- ción al acto.

En las altas colinas que formaban los bancos del río, hacia el este, se hallaba la sección residencial del puerto. Allí vivían con sus familias, en hermosos bungalows, norteamericanos, ingleses, suecos y holandeses, empleados de las compañías petroleras. La ciudad era muy baja, estaba solamente a algunos palmos sobre el nivel del mar; hacía un calor sofocante y raramente llegaba hasta ella la brisa del mar. Las colonias de los extranjeros acomodados, situadas en las colinas, recibían la fresca brisa del mar toda la tarde y durante la noche. Los bungalows en que a la hora del té y del bridge se disfrutaba mejor eran aquellos situados al borde de las colinas, desde donde era posible ver el río. Las damas que allí se reunían a la hora del té, quienes no podían mezclarse a los nadadores aun cuando bien lo deseaban, iban provistas de sus anteojos de campo para poder atisbar a los bañistas desnudos. El espectáculo era tan interesante, que ni por un momento pensaban en el bridge. Tal vez a ello se debía que la colonia se llamara «Bella Vista»

(...).

Casi cuatro kilómetros tenía que caminar Dobbs para regresar al puerto. La natación y la caminata habían despertado su hambre; así, pues, volvió a emprender la caza. Durante mu-cho tiempo ninguna ocasión se presentó a sus ojos y tuvo que tragarse muchos discursos y buenos consejos sobre los sin trabajo, muchas frases molestas sobre los extranjeros holgazanes que se dedican a importunar a los ciudadanos honestos. Pero cuando se tiene hambre no se pone atención a tales sermones y el sentimiento de que la mendicidad no se hizo para un norteamericano se olvida cuan- do hay necesidad de comer.

Por fin descubrió a un hombre vestido de blanco inmaculado que cruzaba la plaza en dirección del cine Alcázar y pensó: «Hasta ahora he tenido suerte con quienes visten de blanco; probemos con este tipo.»

Nuevamente obtuvo cincuenta centavos.

(...)


Aquella noche encontró en el hotel a otro norteamericano que también deseaba dirigirse a Tuxpan, pero que no encontraba quien lo acompañara.

Al escuchar el nombre de Tuxpan, la palabra mágica, Dobbs se alegró ante la idea de visitar en compañía de Moulton los campos petroleros, en donde sin duda habría algo que hacer.

No es fácil ir a Tuxpan sin dinero. La mitad del camino se hace por carretera, por la que raramente puede hallarse algún carro; la otra mitad la constituye un gran lago que es menester surcar en barquitas y lanchas de gasolina, en las que se ha desechado la costumbre de aceptar «moscas» y en las que necesariamente hay que pagar pasaje.

Claro que es posible rodear la laguna, pero no existe carretera alguna y la caminata duraría dos semanas; en cambio esto ofrece la ventaja de poder visitar un gran número de campos petroleros, y fue esa la razón por la que los dos hombres eligieron aquel medio.

B. Traven: Ret Marut (Alemán nacionalizado mexicano, 1882-1969).

martes, 22 de noviembre de 2022

Letras de la revolución: CANASTA DE CUENTOS MEXICANOS, de B. Traven


CORRESPONSAL EXTRANJERO

Hubo un tiempo en que creí seriamente poder llegar a ser un gran corresponsal extranjero, si se me daba una oportunidad. Escribí, por lo tanto, una elegante carta en finísimo papel a cierto diario importante de mi tierra, detallando mis grandes habilidades y mi vastísima experiencia, para terminar solicitando, con mucha modestia, la chamba que tanto ansiaba.

El editor, sin duda un hombre muy ocupado, aunque muy amable, contestó como sigue: "Mándeme reportaje sangriento, bien jugoso, al rojo vivo y si posible referente a algún episodio en que el matasiete Pancho Villa tenga el papel principal. Pero tiene que ser sensacional, candente, incendiario."

Esto me cayó bien, pues ya varias veces había sido prisionero de guerra de Villa y en tres ocasiones hasta se me había advertido que se darían órdenes de que fuese fusilado a la mañana siguiente, si persistía en ser un "entrometido importuno e indeseable, y además por andar husmeando lo que no me importaba". Sin embargo, nunca había presenciado episodio alguno con mucha sangre, al menos la bastante como para complacer al sediento editor.

Era a mediados de 1915, después de la toma de Celaya, cuando yo me encontraba viviendo en la ciudad de Torreón. Una mañana estaba parado en la banqueta muy cerca de la entrada del Hotel Principal, donde me había hospedado la noche anterior. Salí a ver cómo estaba el tiempo y a llenarme los pulmones de aire fresco mientras llegaba la hora del desayuno.

Pues bien, ahí estaba yo parado contemplándome las manos y pensando que las uñas ya aguantarían una recortadita. Mientras tenía las manos extendidas con las palmas para abajo, una espesa gota roja salpicó mi mano izquierda. En seguida otra gota igual, roja y gruesa, cayó sobre mi mano derecha.

Miré hacia arriba para ver de dónde podría venir esa pintura, pero antes de poder descubrir algo, cayeron sobre mis ojos, cegándome temporalmente, unas cuantas gotas más, extraordinariamente gruesas, que rebotaron en mi nariz. Usé mi pañuelo para limpiarme los ojos, y al ver al suelo noté que ya había seis charquitos de esa espesa pintura roja tan repugnante.

Una vez más miré hacia arriba y vi que, precisamente sobre mi cabeza, había una especie de balcón. Eso me convenció de que algún obrero debía de estar pintando la barandilla de dicho balcón y que el tal tipo desde luego debía ser un sujeto bastante descuidado.

Empujado por mi deber cívico, caminé hacia la calle, hasta cerca de la mitad, desde donde podía ver mejor el balcón y gritarle al tal pintor que tuviera más cuidado con su trabajo, pues podía fácilmente arruinar los trajes nuevos de las damas que salieran del hotel.

No era pintor alguno que trabajara en el balcón. Tampoco era pintura la que caía tan libremente sobre los huéspedes del hotel que entraban y salían. Era algo que yo no esperaba ver tan temprano y en una mañana tan hermosa y apacible. La barandilla estaba hecha de hierro forjado en un estilo fino y bellamente trabajado. Sobre cada uno de los seis picos de hierro de dicha barandilla estaba ensartada una cabeza humana, acabada de cortar. El hotel tenía cuatro balcones iguales, a cada uno de los cuales se podía llegar por una ventana estilo francés que daba desde el cuarto, y cada balcón tenía seis picos de hierro y cada uno lucía un adorno igual.

Horrorizado me precipité hacia adentro a ver al dueño del hotel, esperando encontrar- lo desmayado o en agonía. Solamente se encogió de hombros y dijo con displicencia:

- Eso no es nada nuevo, amigo. Si no hubiera nada que ver esta mañana, eso sería una gran novedad. Pero eche una mirada al otro lado de la calle. ¿Qué ve? Sí, un restaurante, y muy cerca de los ventanales, Pancho y sus jefes están desayunando. Panchito, sabe usted, es de muy buen diente, pero no se le abre el apetito si no tiene esta clase de adorno ante sus ojos. Fíjese en ese coronel de bigotes que ve ahí. Se llama Rodolfo Fierro. Él es quien cuida que el adorno siempre esté listo al momento de sentarse Panchito a desayunar.

- ¿Quiénes son esos pobres diablos ensartados allá arriba? -pregunté.

- Generales y otros oficiales de los bandos opuestos que tuvieron la mala suerte de perder alguna escaramuza y caer prisioneros. Siempre hay un par de cientos en la lista de espera, así es que Pancho puede estar seguro de su buen apetito todos los días.

- Bueno, pues eso sí que es noticia para enviar a la gente de allá del otro lado del río  -contesté-, pero, óigame, noté una cabeza que a mi parecer no es la de un nativo, sino más bien como la de un extranjero, un inglés o algo por el estilo.

- No, no es la cabeza de un inglés la que vio -dijo el hotelero con su fuerte acento norteño, al mismo tiempo que se me acercaba tanto que su cara estaba casi pegada a la mía mientras hablaba-. No, no es un inglés. No se equivoque usted, amigo. Es la de un cabrón tal por cual corresponsal de un periódico americano. ¿Por qué tiznados tienen estos gringos que meter sus mugrosas narices en nuestros asuntos? Es lo que quiero yo saber. Por lo que yo he visto, ellos tienen en casa bastante cochinada y podredumbre, tanta, que ya mero se ahogan en ella. Pero estos malditos gringos nunca se ven su cola. Siempre andan metiéndose en los líos de otros. ¿Qué tiznados hacen aquí? Si quiere saber, amigo, le diré que bien, merecido se lo tiene ese ensartado allá arriba. Que sirva aquí de algo útil; nosotros siquiera los usamos para aperitivos de Pancho. Es para lo que sirven. Sí, señor; esa es mi opinión sincera.

Pulí esta historia cuidadosamente, la escribí a máquina en el papel más caro que pude encontrar, y la mandé por correo esa misma tarde al editor aquel tan amable.

A vuelta de correo tenía su respuesta. También mi reportaje devuelto. En lugar de adjuntar la acostumbrada nota impresa rehusándolo, se había tomado la molestia de escribir unas cuantas líneas personalmente como acostumbran hacerlo los editores amables para hacerle sentirse a uno mejor.

Aquí están. Las líneas, quiero decir, no los editores amables. "Su reportaje no tiene interés para nuestros lectores. Le falta jugo, sangre, y no es movido. Peor todavía, Pancho ni siquiera toma parte activa en él. Por mi larga experiencia como editor le sugiero olvidarse de llegar a ser corresponsal extranjero. De Ud. atentamente, El Editor."

Seguí el honrado consejo de ese editor tan amable y me olvidé completamente de llegar a ser corresponsal extranjero para un periódico americano, y creo que esta es la razón por la cual todavía conservo mi cabeza sobre los hombros, siendo que Pancho desde hace tiempo que se fue a su último descanso sin la suya.


B. Traven: Ret Marut, Hal Croves o Traven Torsvan
(Escritor alemán nacionalizado mexicano; 1882-1969)

viernes, 26 de junio de 2020

Epidemias: EL TESORO DE LA SIERRA MADRE, de B. Traven

"... todos los habitantes de la república deben haberse vacunado (…) para prevenir la epidemia de viruela."

(Fragmento del capítulo XVIII)

- Buenos días, señores. ¿En qué puedo servirles?

- En mucho -contestó uno de ellos-. ¿Vienen ustedes de las montañas?

- Sí, ¡y vaya que es pesado el viaje! Conseguimos algunas pieles que pensamos vender en San Luis Potosí.

- ¿Están todos ustedes vacunados?

- ¿Estamos qué?- ¿Tienen certificado de vacunación? Hay un decreto que ordena que todos los habitantes de la República deben haberse vacunado en un plazo de cinco años a la fecha, para prevenir la epidemia de viruela.

- Mire, caballero; a nosotros nos vacunaron de pequeños en nuestro país, pero no tenemos el certificado.

- Claro que no, caballero, ¿quién lo tendría? Ni yo -dijo el empleado riendo, secundado por los otros-. Soy delegado de Salubridad, enviado por estos rumbos para vacunar a todos, especialmente a los indios, quienes son particularmente atacados por la viruela. El trabajo es duro. Huyen cada vez que venimos al pueblo, tienen miedo; hemos necesitado de todo un regimiento para cogerlos. Se esconden en las montañas, en cuevas, en barrancas, entre la maleza y no regresan a casa hasta que saben que nos hemos marchado.

- Sí -interrumpió otro empleado-, véame la cara, toda arañada por una mujer que defendió a sus niños a quienes queríamos vacunar. Pero usted conoce nuestro país, vea la cantidad de ciegos a causa de la viruela. Mire a los miles de muchachas bonitas que son cacarizas.

- Y cuando acudimos para ayudar a estas gentes -intervino otro empleado- nos persiguen y hasta nos apedrean como si fuéramos sus peores enemigos, sin considerar que en realidad somos sus mejores amigos. No tienen que pagar ni un centavo, nuestros servicios son enteramente gratuitos y el gobierno solo pretende salvarlos.

Después habló el hombre de los anteojos:

- Mire, amigo: sabemos que tanto usted como sus compañeros están vacunados, pero quisiéramos pedirles un gran favor. Haga que ellos se aproximen y se dejen vacunar voluntariamente. Necesitamos mostrar a estas gentes ignorantes que ustedes no tienen miedo de lo que nosotros hacemos y que vienen a recibir su arañazo con el mismo gusto con que irían a un baile. Desde todos los jacales nos atisban en estos momentos; hace cuatro días que estamos aquí, ofreciendo nuestros servicios y tratando de convencer a estas gentes, sin éxito, y lo peor es que la Iglesia se ha declarado enemiga de la vacunación por el hecho de que no fue ordenada por el Señor, y la combate en la misma forma en que combate la educación para evitar que lean libros escritos en contra de la Iglesia y que escriban pecaminosas cartas de amor. Bueno, usted sabe bien de todo esto sin necesidad de que yo se lo diga. ¿Quiere ayudarnos?

- Desde luego -contestó Howard-, con mucho gusto haremos lo que quiera en su ayuda y en la del gobierno.

B. Traven: Ret Marut, Hal Croves o Traven Torsvan
(Alemán nacionalizado mexicano, 1882-1969).

(Traducido al español por Esperanza López Mateos).

domingo, 4 de noviembre de 2018

Día de los muertos: MACARIO, de B. Traven

"... para irse al bosque y regresar al anochecer con una carga de leña sobre su espalda."
 
(Fragmento inicial)
 
Macario era leñador en aquel pueblito. Padre de once hijos andrajosos y famélicos, no deseaba riquezas, ni cambiar el jacal que habitaba con su familia por una casa bien construida. En cambio tenía, eso sí, desde hacía veinte años, una sola ilusión. Y esa gran ilusión era la de poder comerse a solas, gozando de la paz en las profundidades del bosque y sin ser visto por sus hambrientos hijos, un guajolote asado entero.

Nunca logró llenar su estómago hasta sentirse satisfecho. Por el contrario, siempre se sentía próximo a morir de hambre. A pesar de eso, todos los días del año, sin exceptuar los domingos ni días festivos, tenía que salir de su hogar antes de que amaneciera para irse al bosque y regresar al anochecer con una carga de leña sobre su espalda. Aquella carga, que representaba una jornada de trabajo, la vendía por dos reales... y a veces hasta por menos.

Sólo durante la temporada de lluvias, cuando prácticamente no tenía competencia, y mejor aún en las fechas señaladas, como por ejemplo el día de los Fieles Difuntos, en que la demanda era mayor por parte de los fabricantes de velas y de los panaderos, que horneaban toda clase de panes de muerto y calaveras de azúcar, lograba que le dieran hasta tres reales por su carga de leña.


B. Traven: Ret Marut, Hal Croves o Traven Torsvan
(Alemán nacionalizado mexicano; 1882-1969).

jueves, 26 de julio de 2012

¿Quién fue en realidad B. Traven?


B. TRAVEN: UNA INTRODUCCIÓN, de Michael L. Baumann
(Fragmento)

Sólo con la filmación del Tesoro de la Sierra Madre en 1947, el público norteamericano en general conoció y se interesó en el misterioso B. Traven. Los lectores europeos habían estado interesados en él desde hacía largo tiempo. En 1948, un artículo de Luis Spota publicado en Mañana, revista de México, provocó una controversia acerca de la identidad de Traven; la controversia se extendió por varias publicaciones alemanas y norteamericanas y aún hoy no ha cesado. ¿Qué se descubrió? ¿Qué sabemos hoy acerca de la identidad de Traven?

Acerca de la identidad de B. Traven no sabemos nada. Pese a muchas afirmaciones e informes, la pregunta de quién fue realmente B. Traven permanece sin respuesta. Lo que hemos leído acerca de la última voluntad y el testamento de Traven en las cubiertas de las ediciones de la casa Hill and Wang de varias novelas de Traven (como Gobierno y Marcha a la montería) publicadas a principios de los setentas (a saber, que su verdadero nombre fue Traven Torsvan Croves, que nació en Chicago, Illinois, el 3 de mayo de 1890 y que utilizó como nombres de pluma B. Traven y Hal Croves) no prueba más que el hecho de que alguien escribió tal testamento. Hasta ahora no ha aparecido ningún registro civil o eclesiástico que muestre el nacimiento de Traven Torsvan Croves en Cook County el 3 de mayo de 1890, y aunque apareciera, tan sólo probaría que en esa fecha cierta señora Croves tuvo un hijo al que dio el nombre de Traven Torsvan, y no que el niño más tarde llegara a ser el escritor B. Traven. El 26 de marzo de 1969, la prensa internacional informó de la muerte de Hal Croves, diciendo que en realidad se trataba del escritor B. Traven; es posible que Croves fuese Traven, aun cuando repetidas veces negó esta suposición, entre 1946, año en que apareció en el escenario literario mundial, y 1969, año en que lo abandonó para siempre. Si Croves era Traven, no se ha encontrado de ello ninguna prueba.

Y ¿quién era Hal Croves? Croves fue el hombre que, en 1946, se presentó a John Huston en la ciudad de México como representante de Traven, con una carta supuestamente escrita por éste, en que afirmaba que Croves conocía la obra de Traven mejor que él mismo. La tarjeta de Croves decía que era un traductor procedente de Acapulco. Más tarde, Croves apareció en San José Purúa, Michoacán y en Tampico, donde Huston estaba filmando El tesoro de la Sierra Madre.

Dos años después, en 1948, en Acapulco resultó que Croves tenía otro nombre: Traven Torsvan (Berick y Bendrich eran otros probables nombres de pila). Con este nombre recibió un cheque por regalías del agente de Traven en Europa, Josef (o Joseph) Wieder en Suiza, y fue esta “prueba” la que hizo que el periodista mexicano Luis Spota, quien la había obtenido revisando la correspondencia de Torsvan, afirmara que era Traven. Torsvan lo negó.

Otra prueba aparente que unía el nambre del Torsvan de Acapulco con Traven por la misma época fue un paquete de libros que Upton Sinclair envió a “Mr. B. Traven” a la dirección de Esperanza López Mateos en la ciudad de México. Esperanza López Mateos, hermana de Adolfo López Mateos (Presidente de México entre 1958 y 1964), envió el paquete a Torsvan en Acapulco y alguien lo vio. Durante los años cuarenta, y hasta su muerte ocurrida en 1951, Esperanza López Mateos se dedicó a traducir al español las novelas de Traven. También se encargó de sus asuntos, y las obras de Traven llevaron el Copyright a nombre de la señorita López Mateos durante los cuarenta (a principios de los cincuenta el Copyright estuvo a su nombre y al de Josef Wieder).

En 1959, los dos nombres, Torsvan y Croves se volvieron sinónimos. En el otoño de ese año, Hal Croves fue a Inglaterra para asistir al estreno de la película El barco de la muerte (Das Totenschiff). Uno de los hoteles en que pararon él y su esposa fue el Berlin Hilton; el 19 de septiembre se registraron a nombre de “Torsvan también llamado Croves”.

Oficialmente, el nombre de F. Torsvan apareció por primera vez en 1926 (año en que se publicó en Alemania El barco de la muerte, la primera novela de B. Traven). Fue durante la primavera a principios del verano de ese año, cuando un ingeniero llamado F. Torsvan acompañó a una expedición arqueológica dirigida por Enrique Juan Palacios, a través de algunos lugares del estado de Chiapas, en el sur de México, y allí tomó unas fotos. Pronto abandonó la expedición y se dedicó a viajar solo. En 1928, Palacios se refirió a él como un noruego.

En 1930, Torsvan obtuvo una tarjeta de identidad en la ciudad de México. En ella aparecía como ciudadano norteamericano, de 40 años, nacido en Chicago; su lengua materna era el inglés; era soltero, blanco, de profesión ingeniero y de religión protestante; también decía que había entrado en México en junio de 1914, por Ciudad Juárez. En 1942, Torsvan obtuvo en Acapulco otra tarjeta de identificación; en ella aparecía el 5 de marzo de 1890 como su fecha de nacimiento, en Chicago; sus padres eran Burton y Dorothy Torsvan.

En 1951, Torsvan adoptó la ciudadanía mexicana; la fecha oficial de su nacimiento cambió al 3 de mayo de 1890, que como hemos visto era la fecha de nacimiento de Hal Croves, de acuerdo con el testamento de éste. Por cierto, en ese testamento, hecho el 4 de marzo de 1969, dice que el nombre de su madre fue Dorothy Croves.

B. TRAVEN, ¿UN AUTOR MEXICANO?, de Dietrich Rall
(Fragmento)

La discusión en torno al origen de B. Traven ha quedado plasmada en los anales de la literatura y en las obras de referencia. Incluso en la actualidad se identifica a B. Traven como autor norteamericano, noruego, sueco, polaco o germano-parlante, según los conocimientos de los redactores; incluso llegó a pensarse que detrás del seudónimo podrían ocultarse diversos autores mexicanos. Un artículo seriamente citado de Antonio Rodríguez, publicado en la importante revista mexicana Siempre! que durante los años sesenta se abocó a seguir el rastro de B. Traven, se intitulaba: "Esperanza López Mateos, ¿Fue B. Traven?" (abril 1 de 1964). Pero no solamente de la hermana de un presidente mexicano se pensó que podría ser el escritor fantasma. Karl Guthke mencionó aún otras variantes usuales: "¿Fue Traven el hijo de un pescador noruego o de un granjero americano del oeste medio o de un productor de teatro? ¿Fue el aprendiz de mecánico germano-polaco, Otto Feige, originario de Schwiebus cerca de Posen? ¿O acaso era un hijo bastardo del Káiser Guillermo II? Tenía cierto parecido con ambos..."

Cuando dejó de causar sensación, y el torrente de teorías acerca del verdadero Traven comenzó a menguar con la noticia de su muerte el 27 de marzo de 1969, en las necrologías subsiguientes, algunos periodistas y literatos gradualmente comenzaron a develar el misterio que rodeaba el origen y la vida de la persona que había cobrado fama mundial bajo el nombre de B. Traven.


La ilustración corresponde a una página del original en francés de B. Traven, retrato de un anónimo célebre (B. Traven, portrait d'un anonyme célébre, 2007), libro en el formato de historieta gráfica de Guy Nadaud: Golo. Recién apareció publicada en español por la editorial Sexto Piso con el apoyo del Conaculta.

miércoles, 25 de julio de 2012

Páginas ajenas: LA REBELIÓN DE LOS COLGADOS, de B. Traven


(Fragmento)

Los finqueros se hallaban constantemente a la caza de familias indígenas, mano de obra indispensable para los trabajos de sus fincas, y empleaban los medios más carentes de escrúpulos para conseguir arrancarlas de sus pueblos y colonias.

La posesión de esas familias era disputada entre los finqueros, como si se tratara de ganado sin hierro cuya propiedad trataban de asegurar. Las disputas por la propiedad de las familias indígenas y de sus numerosos progenitores se eternizaban, se transmitían de padres a hijos y subsistían aun cuando el objeto de ellas hubiera desaparecido mucho tiempo atrás, no sabiéndose ya exactamente cuál era la causa del odio mortal entre algunos finqueros vecinos.

Los jefes políticos, así como todos los otros funcionarios de la dictadura, se hallaban siempre, naturalmente, del lado de los poderosos finqueros. Cuando se les pedía que despojaran a alguna familia indígena de su pedacito de tierra, declarándola desprovista de derechos y valiéndose de cualquier otro medio criminal, inmediatamente lo hacían, dejando a las víctimas a merced del finquero. Este se encargaba de pagar las deudas de la familia y las multas exorbitantes, pero que tenían como objeto ahogarla en deudas de tal manera que el finquero quedara en posibilidad de adquirir derechos absolutos sobre la familia.

El hecho de que un finquero fuera pariente o amigo de un jefe político o de que asegurara a éste o a cualquier otro miembro de la tiranía una existencia larga y fácil, era suficiente para que la mano de obra indígena no faltara jamás en su finca.

Cándido había podido conservar su independencia y vivir libremente, gracias a su innata cautela de campesino, a su buen sentido natural y a la línea de conducta que se había trazado, de no ocuparse más que de su tierra, de su trabajo y del bienestar de los suyos.

La ranchería estaba compuesta por cinco familias que, como Cándido, pertenecían a la raza tsotsil. Sus tierras eran pobres como la suya. Sus jacales eran de adobe, con techos de palma, miserables. Llevaban una existencia tan dura como sólo los humildes campesinos indígenas son capaces de soportar. Sin embargo, todos los esfuerzos de los finqueros para convertirlos en peones habían fracasado, al igual que con Cándido. Los indios no ignoraban que la vida en la finca les sería menos dura; pero preferían quedarse en su tierra árida, seca -por ello a la colonia se le llamaba Cuishin, que quiere decir ardiente-, y vivir su vida precaria, con la agonía constante de ver destruídas sus cosechas, a perder la libertad, aun cuando a cambio de su servidumbre se les hubiera ofrecido el Edén. Preferían morir de hambre libres, independientes, a engordar bajo las órdenes de un amo.


B. Traven: Ret Marut, Hal Croves o Traven Torsvan
(Escritor alemán nacionalizado mexicano; 1882-1969)

martes, 24 de julio de 2012

Los misterios de Traven



Traven ha sido uno de los escritores más misteriosos. Su propia vida fue su mejor novela. Él mismo solía decir: "Las personas creativas no deben tener otra biografía que su obra". Como para esta ocasión me interesa rescatar una frase escrita en su diario, en julio de 1924, trataré de ser breve en cuanto a los aspectos biográficos que, como él mismo le dijera su editor, Ernst Preczang: "Veinte volúmenes en el formato de la enciclopedia Brockhaus son muy poco para publicar siquiera una parte".

A propósito de la inicial B. que precedía a su apellido, es común que se le considere la inicial de Bruno, lo cual es erróneo. Cuando ya era un escritor reconocido, en 1948, su editor le hizo llegar la carta de una mujer de nombre Irene Zielke, quien alegaba ser su hija. La respuesta de Traven fue la siguiente: "Es asombroso cuántas técnicas utiliza la gente para acercarse a las personas que tienen renombre. Esta joven es la novena hija ilegítima en busca de su padre que se ha dirigido a mí en los últimos diez años, de cinco países diferentes. Hace cuatro años, una mujer de Saskatchewan, Canadá, me escribió a través de su abogado, insistiendo en que ella era mi verdadera madre y que habíamos sido separados cuando yo era todavía un niño. Llegó a esa conclusión luego de la detallada descripción de una tormenta de nieve en Saskatchewan que aparece en uno de mis libros. Exigía los pagos de manutención que le corresponden a una madre por parte de su hijo. Otros parientes han aparecido, incluso en Checoslovaquia y Polonia; también en Chicago, los familiares de un tal Victor Bruno, quien desapareció hace treinta años para irse a México. Una de las revistas con mayor circulación de Nueva York publicó un artículo asegurando que yo debo ser el por tanto tiempo extraviado Victor Bruno, quien escribía con el mismo estilo en que lo hago yo. Como resultado de esa historia, me han llamado Bruno, a pesar de que ese no es mi nombre."

Ahora se sabe que Traven, Torsvan y Hal Croves -que es quien firma los guiones de las películas La rebelión de los colgados y Macario, ambos basados en obras de Traven-, eran todos al final, uno mismo: Red Marut. Pero tal y como lo plantea Karl Guthke, biógrafo de Traven, eso motivaría una nueva cuestión, ¿quién era Red Marut?

Al término de la primera guerra mundial y tras la derrota, en la primavera de 1919, surgió en Bavaria una República de los Concejos, integrada por obreros, agricultores y soldados. Incluso llegaron a crear un tribunal revolucionario. Uno de los miembros más notorios de las comisiones provisionales revolucionarias fue precisamente Red Marut, actor de teatro y periodista. Cuando las tropas del general Von Epp entraron en Munich el primero de mayo, reconocieron a Marut en las calles y fue arrestado. Lo presentaron ante el ministro de guerra bajo el cargo de alta traición que se castiga con pena de muerte. Cuando Marut esperaba su sentencia, tuvo lugar un forcejeo entre prisioneros y guardianes, lo que aprovechó para escapar. Se mantuvo huyendo por diferentes países de Europa hasta que en 1924 se embarcó en Londres, cuando ya existía una solicitud de deportación en contra suya, y ese verano apareció en Tampico trabajando en los campos petroleros -lo mismo que sus personajes de El tesoro de la Sierra Madre-, un individuo que se hacía llamar B. Traven, B. T. Torsvan o Traven Torsvan y que, aunque hablaba alemán, aseguraba que era originario de Chicago.

Red Marut tenía que morir para que de esa manera Traven pudiese existir. En las páginas de su diario, el 26 de julio de 1924, escribió, contundente y lacónico: "El bávaro de Munich ha muerto". No habían transcurrido ni dos años, cuando El barco de la muerte se publicó en Alemania y obtuvo un éxito instantáneo: vendió ciento veinte mil ejemplares. Era la primera novela firmada por B. Traven, un misterioso autor cuyo único contacto con sus editores se establecía a través de un apartado postal en Tampico, un remoto y desconocido puerto en el Golfo de México.


Jules Etienne

La ilustración corresponde a una fotografía de Tampico durante el auge petrolero.
(La traducción al español de la carta de Traven a su editor, es de Jules Etienne).