Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
Mostrando las entradas con la etiqueta José Lezama Lima. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta José Lezama Lima. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de junio de 2024

Mirándolas dormir: PUEDO MIRAR y SONETOS A LA VIRGEN, de José Lezama Lima

"Si se acerca dormida, extensa y prolongada, entre sábanas que su gloria envuelven..."

Puedo mirar

Puedo mirar tus manos preferidas
y el acanto de tus sienes redoradas.
Puedo mirar las aves sepultadas
por las frías guirnaldas otoñales.
Quiero mirar láminas de arena
y sus precisos fuegos rodadores.
Estoy mirando tu pregunta preferida.

Vuelan guirnaldas y más arenas ruedan,
mejor que en esa pregunta diferente
-carroza de mariscos y delfines-
que corría entre consejos de oro,
tibia, vuelta y renacida,
iris tan terco,
que me obligaba a señalar los ríos
en el mapa de tu recuerdo,
frío, desordenado por el viento.

Si se acerca, dormida,
extensa y prolongada,
entre sábanas que su gloria envuelven
y dulces la proclaman,
abstrayéndose en blanco, prolongándose
en celeste llamada a tu blancura.
Si despierto, tropiezo,
en el halo que tu respiración empaña
y en aquella nueva humedad
que pervierte el encantado
tacto y es la caricia al fervor.

Si dormido,
esa reciente concha y medialuna,
flecha de tu pregunta adormilada,
ni divierte ni extiende,
sillar semimoviente y hojas despedidas
hacia el centro de tu ciudad
rendida, golpeada
por tu fuga y mi fuga.

Estoy mirando tu pregunta preferida.

Sonetos a la virgen

I

Deípara, paridora de Dios. Suave
a giba del engañado para ser
tuvo que aislar el trigo del ave, el ave
de la flor, no ser del querer.

El molino, Deípara, sea el que acabe
la malacrianza del ser que es el romper.
Retuércese la sombra, nadie alabe
la fealdad, giba o millón de su poder.

Oye: tú no quieres crear sin ser medida.
Inmóvil, dormida y despertada, oíste
espiga y sistro, el ángel que sonaba,

la nieve en el bosque extendida.
Eternidad en el costado sentiste
pues dormías la estrella que gritaba.

José Lezama Lima
(Cuba, 1910-1976).

miércoles, 30 de marzo de 2022

DÍA DE REYES, de José Lezama Lima


Es el día, como decía Baudelaire, en que todos se ríen con dientes de igual blancura. Los reyes con sus mazorcas de oro y el buey con su tibio aliento, se hacen de la flor del homenaje para el niño. ¿Quién no recuerda la medianoche del Día de Reyes? despiertos, jadeantes, cuando los tres reyes apretaron nuestra mano, cambiaron sonrisas, volcaron su cornucopia de halagos y nos dejaron el recuerdo de la monarquía universal de la bondad, la bruñida estrella de la alegría compartida e interpretada.

Publicado en el Diario de la Marina, en La Habana, el 6 de enero de 1950.

José Lezama Lima (Cuba, 1910-1976).

La ilustración corresponde al castillo de los tres reyes magos del Morro, en La Habana, Cuba.

jueves, 1 de junio de 2017

Carnaval: PARADISO, de José Lezama Lima

"... era muy codiciada los días de carnaval, regalaba una posición más cómoda para la visión..."

(Fragmento inicial del capítulo VII)

La casa de Prado, donde Rialta seguía llorando al Coronel, se expresaba por las dos ventanas de su pórtico. Una verja de hierro aludía a un barroco que desfallecía, piezas de hierro colado colocadas horizontalmente, abriéndose a medida que ascendían en curvaturas que se juntaban en una boca floreada. Por la mañana, a la hora de la limpieza, las otras dos puertas se abrían, quedando la verja detrás de un portal apuntalado por tres columnas macizas, con una base corintia. Una de las verjas era tan sólo una ventana, aunque respaldada también por puertas. La otra se abría como si fuese también una puerta. Ambas ventanas, de las que una era también puerta, eran seguidas por dos puertas con persianas. Después, dos piezas de madera que se plegaban, cerraban en su totalidad las dos piezas anteriores, que abrían la sala al portal. La puerta que sólo servía como ventana, era muy codiciada los días de carnaval, regalaba una posición más cómoda para la visión, y daba un resguardo para la irrupción violenta de las serpentinas, para el fluir de las gentes, llenas de gritos y de gestos en aspa o esgrima sonambúlica.
 
 
José Lezama Lima (Cuba, 1910-1976)

La ilustración corresponde al Paseo del Prado en La Habana durante los días de carnaval.

martes, 19 de enero de 2016

Unicornios: LOS DIOSES, de José Lezama Lima

"... se perdieron al contemplar las flechas..."

(Fragmento)
 
El unicornio, con dos jinetes,
comienza a lamer las flechas.
Van a la nieve de la extensión,
a la invariable línea del horizonte.
Regresa el unicornio, los jinetes
se perdieron al contemplar
las flechas cubriendo los ojos,
la boca y los labios balbuceando
el aislamiento de las letras,
sin ser pesada por la boca,
ni derretidas por los labios.
Los jinetes regresaron con un nuevo lenguaje,
tardaron demasiado tiempo
en ser interpretados
y huyeron de nuevo.
Desaparecían y ceñían
la novísima discontinuidad
del tiempo, roto el sueño
de la sucesión numérica.
 
 
José Lezama Lima (Cuba, 1910-1976)

La ilustración corresponde a La caza del unicornio, de Jan van der Straut (alrededor de 1596). 

sábado, 21 de junio de 2014

Espejos (51): QUEDA DE CENIZA, de José Lezama Lima

"... viejos espejos habitados por lámparas erectas que no pueden inclinarse para descorrer los rostros..." 

IV 

Tu transparencia intocable muda las frondas
y deshace en las ventanas un jardín con ojos de interminable túnel.
El escondido sueño viene a doblar la arboleda,
a colocar en el espejo que se hunde sin despedirse
múltiples seres de pequeñas miradas tintineantes.
Las únicas miradas dueñas del anochecer recargado.
Las últimas frondas que caen como el cansancio del humo
y se despiden galantes en el crepúsculo de los cambiantes ardores.
En la medianoche de verano el ruiseñor y sus letargos
cierran todas las compuertas que conducen a los viejos espejos
habitados por lámparas erectas
que no pueden inclinarse para descorrer los rostros
que los espejos han enviado como burbujas hacia la luna.
La lámpara frente al espejo y el espantoso choque de las nubes
no podrán compararse a los paseos de muertos y vivientes
en torno al mismo lago del tedio,
donde los seres esconden sus huesos blandos
y sus lenguas crecidas en las excesivas frondas
ignoran que pueden volar mansamente por el cielo del paladar.
Pero la nostalgia de esta noche crecida
entre dos ríos breves, levemente impulsados,
es algo más que un fruncimiento de interpretación venturosa,
es un polvo que la noche propaga con manchas agrandadas,
o una arena incontenible que detiene tus pasos y tus últimas voces
al borde mismo de la noche extendida de una boca a otra boca.
 
 
 
José Lezama Lima (Cuba, 1910-1976)