Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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sábado, 22 de enero de 2022

Día de reyes: EL PÁJARO AZUL, de Maurice Maeterlinck


(
Fragmento del primer acto, cuadro I)

La cabaña de Bucheron

Los tres niños Tyl, Ryl y Myl están dormidos. A su lado, en pie, está la Madre Tyl; Padre Tyl aviva el fuego de la chimenea, la cabaña estaba adornada con algunos motivos navideños.

Voces (En cámara de eco; cada vez más lejanas): ¡El Pájaro Azul!...; ¡El Pájaro Azul!... ¡El Pájaro Azul...!

Padre Tyl: ¿Se han despertado?

Madre Tyl: No, hablan en sueños.

Tyl (Entre sueños): ¡El Pájaro Azul!

(Padre Tyl entra en la casa con la leña).

Madre Tyl: ¿Has oído?

Padre Tyl: Lo he oído perfectamente; han dicho el...

Myl (Entre sueños): ¡El Pájaro Azul!

Padre Tyl: Y ahora Myl también lo ha dicho.

(Llega en primer término por la derecha, afuera de la cabaña, el Tío Nicolas y luego Ágata, vienen en un trineo; Ágata es su nieta).

Padre Tyl: ¿Qué es eso del pájaro azul?

Madre Tyl: Lo único que sé es que en la carta que escribieron anoche a los Reyes Magos sólo pusieron eso: «El Pájaro Azul».

Ágata: ¡Abuelito!

Tío Nicolás: ¿Sí?

Ágata: Yo quiero el Pájaro Azul.

Padre Tyl: Oyeron decir a la nieta del anciano cartero Nicolás que quería un Pájaro Azul.

Madre Tyl: Pobre Ágata...

Padre Tyl: Les dije que no pusieran los zapatos en...

(Cruza el anciano Nicolás que se ha levantado del trineo; saca una carta de la vieja cartera que trae en bandolera).

Padre Tyl: ... en la ventana: se podrían mojar; será mejor en la chimenea.

Madre Tyl: No grites, vas a despertarles. (El viejo Nicolás golpea la puerta con el aldabón). ¿Quién será a estas horas?

Padre Tyl (Mirando): ¡El Pájaro Azul!... ¡El Pájaro Azul!, ¡Mejor deberían pedir otro par de zapatos; y unos abrigos nuevos sería más práctico! (Y abre la puerta).

Tío Nicolás: Buenas noches; carta.

Padre Tyl: Buenas noches, Nicolás. ¿Qué tal tu nieta?

Tío Nicolás: Como siempre.

(Madre Tyl abraza a la pequeña Ágata).

Madre Tyl: Hola, Ágata, preciosa: ¿Cómo estás?

Ágata: ¿Y Ryl, Myl y Tyl?

Padre Tyl: Están dormidos: ¿vendrás mañana a jugar con ellos?

Ágata: Sí.

Madre Tyl: ¿Qué les has pedido a los Reyes Magos?

Ágata: Es un secreto; pero sé que si me lo traen podré volver a jugar con los demás niños como antes que me cayera desde la roca.

Maurice Maeterlinck
(Belga fallecido en Francia, 1862-1949). Obtuvo el premio Nobel en 1911.

jueves, 16 de septiembre de 2021

Venecia: MONNA VANNA, de Maurice Maeterlinck


Acto primero
(Sala en el palacio de Guido Colonna)

Escena primera

Guido y sus lugartenientes Borso y Torello, cerca de una ventana abierta por donde se divisa la campaña pisana.

GuidoLa extremidad a que estamos reducidos ha obligado al Consejo* a confe- sarme los desastres que nos había ocultado. Los dos ejércitos que Venecia enviaba a nuestra ayuda, los han sitiado ya los florentinos, en Bibiena al primero, al otro en Elci. Las gargantas de la Vernia, de Chiusi y Montalone, Arezzo y todas las salidas del Casentino están en poder del enemigo. Nos hallamos aislados del resto de la tierra, y estamos sin defensa a merced de los odios de Florencia, que no perdona nunca si no tiembla. Los soldados y el pueblo todavía ignoran estos males; mas son cada momento más serios y alarmantes los rumores. ¿Qué harán cuando conozcan lo que pasa? Su ira y su terror desesperado caerán sobre nosotros y el Consejo… Ya su exasperación llega al delirio por tres meses de sitio, de inútil heroísmo, de hambre y sufrimientos como pocas ciudades han sufrido. La única esperanza que aún mantiene su irritada obediencia, pronto va a desplomarse sobre ellos; vendrá la rebelión, el enemigo… y luego el fin de Pisa...

Borso: Mis hombres nada tienen; ni una flecha les queda, ni una bala, y en vano volcarían en los sótanos todos los toneles para encontrar alguna pólvora.

Torello: Ayer lancé nuestra última metralla contra las baterías de San Antonio y de la torre de Stampace; y, como sólo tienen sus espadas, los mismos estradiotas se niegan a acercarse a las murallas.

Borso: Mirad de aquí la brecha que han abierto las balas de Prinzívalo en los muros que defendían los auxiliares venecianos… Tiene cincuenta brazas; un rebaño completo de carneros podría pasar por ella… ¿Quién puede resistir? Los romañoles, esclavos y albaneses me han declarado ya que están resueltos a desertar en masa, si no capitulamos esta noche.

Guido: El Consejo, en los últimos diez días, ha enviado a tres ancianos del colegio para capitular; ninguno ha vuelto…

Maurice Maeterlinck (Belga fallecido en Francia, 1862-1949).
Obtuvo el premio Nobel en 1911.

* Es probable que en esta versión la palabra italiana Consiglio haya sido traducida como Consejo, lo que sería correcto, pero la acepción Concilio, que proviene del mismo término, tal vez fuese más adecuada.

La ilustración corresponde a la película muda que adaptó en 1922 el drama lírico original.

lunes, 8 de julio de 2019

Tu boca: PELEAS Y MELISANDA, de Maurice Maeterlinck


(Fragmento del cuarto acto, escena IV)

Melisanda (con voz ahogada): ¡Ah!... ¡Está detrás de un árbol!

Peleas: ¿Quién?

Melisanda: ¡Golod!

Peleas: ¿Golod?... ¿Dónde?... No veo nada...

Melisanda: Allí... donde acaban nuestras sombras...

Peleas: Sí, sí; le he visto... No nos volvamos bruscamente...

Melisanda: Tiene la espada...

Peleas: Yo no tengo la mía...

Melisanda: Ha visto que nos abrazábamos...

Peleas: No sabe que le hemos visto... No te muevas; no vuelvas la cabeza... Se arrojaría sobre nosotros... Se estará quieto mientras crea que no sabemos... Nos observa... Aún está inmóvil... Vete, vete enseguida por aquí... Yo le esperaré... le detendré...

Melisanda : ¡No, no, no!...

Peleas: ¡Vete, vete! ¡Lo ha visto todo!... ¡Nos matará!...

Melisanda: ¡Mejor! ¡Mejor! ¡Mejor!...

Peleas: ¡Viene! ¡Viene!... ¡Tu boca!... ¡Tu boca!...

Se besan desatinadamente.

Peleas: ¡Oh! ¡Oh! ¡Todas las estrellas se caen!...

Melisanda: ¡Sobre mí también! ¡Sobre mí también!...

Peleas: ¡Más! ¡Más! ¡Dame!... ¡Dame!...

Melisanda: ¡Toda! ¡Toda! ¡Toda!...

Golod se precipita sobre ellos con la espada en la mano, y hiere a Peleas, que cae junto a la fuente. Melisanda huye llena de espanto.

Melisanda (huyendo): ¡Oh! ¡Oh! ¡No tengo valor!... ¡No tengo valor!...

Golod la persigue a través del bosque, en silencio.


Maurice Maeterlinck (Belga fallecido en Francia, 1862-1949).
Obtuvo el premio Nobel en 1911.

Las ilustraciones corresponden a la puesta en escena de Pelleas et Mélisande en el año de 1904,
con Sarah Bernhardt interpretando del peronaje masculiomo de Pélleas.

lunes, 15 de enero de 2018

Nieve: DESEOS INVERNALES, de Maurice Maeterlinck

"Sólo alumbra la luna errante, con su tristeza siempre igual, en la helada hierba invernal..."

Lloro los labios ya gastados
donde los besos no han nacido,
y los deseos abandonados
sobre dolores abatidos.
La nieve cubre el arenal.
Del cielo gris, es duro el ceño.
Y en el alcázar de mis sueños
lobos que rondan el umbral,
y observan en mi alma cansada,
mirando aquello que pasó,
toda la sangre derramada
por el cordero que se heló.
Sólo alumbra la luna errante,
con su tristeza siempre igual,
en la helada hierba invernal,
mis ansias, de hambre agonizantes.


Maurice Maeterlinck (Bélgica, 1862-1949), recibió el premio Nobel en 1911.

La ilustración corresponde a Moonlight Snow, de Keith Mack.

domingo, 14 de enero de 2018

Nieve: LOS CIEGOS, de Maurice Maeterlinck


(Fragmento)

Primer ciego de nacimiento: Oigo el viento del Norte.

La sexta ciega: Creo que ya no hay estrellas. Va a nevar.

Tercer ciego de nacimiento: Si alguno de nosotros se duerme, hay que despertarle.

El ciego más viejo: Yo, sin embargo, tengo sueño. (Una ráfaga de viento hace revolotear las hojas secas).

La ciega joven: ¿Oyen las hojas secas? Creo que alguien viene hacia nosotros...

Segundo ciego de nacimiento: Es el viento: ¡escuchen!

Tercer ciego de nacimiento: ¡No vendrá nadie!

El ciego más viejo: Los grandes fríos van a llegar...

La ciega joven: Oigo andar a lo lejos.

Primer ciego de nacimiento: No oigo más que las hojas secas.

La ciega joven: ¡Oigo andar muy lejos de nosotros!

Segundo ciego de nacimiento: ¡No oigo más que el viento del Norte!

La ciega joven: ¡Digo que alguien viene hacia nosotros!

La ciega más vieja: Oigo un ruido de pasos muy lentos...

El ciego más viejo: ¡Creo que las mujeres tienen razón! (Empiezan a caer grandes copos de nieve).

Primer ciego de nacimiento: ¡Oh! ¡Oh! ¿Qué es este frío que cae sobre mis manos

El sexto ciego: ¡Nieva!

Primer ciego de nacimiento: ¡Apretémonos unos contra otros!

La ciega joven: Pero ¡escuchen el ruido de pasos!

La ciega más vieja: ¡Por Dios! ¡Un momento de silencio!

La ciega joven: ¡Se acercan! ¡Se acercan! ¡Escuchen! (Aquí el Niño de La ciega loca se echa a llorar súbitamente en la oscuridad).

El ciego más viejo: ¿Llora el niño?

La ciega joven: ¡Ve! ¡Ve! ¡Puesto que llora, es que ve algo! (Coge en brazos al Niño y adelanta en la dirección de donde parece venir el ruido de pasos; las otras mujeres la siguen ansiosamente y la rodean). Voy a su encuentro.

El ciego más viejo: ¡Tengan cuidado!

La ciega joven: ¡Oh! ¡Cómo llora! ¿Qué tiene? No llores. No tengas miedo; no hay nada que temer; estamos aquí; estamos en derredor tuyo. ¿Qué ves? No temas nada. ¡No llores así! ¿Qué ves? Di, ¿qué ves tú?

La ciega más vieja: El ruido de pasos se acerca por aquí. ¡Escuchen! ¡Escuchen!

El ciego más viejo: Oigo el roce de un vestido contra las hojas secas.

El sexto ciego: ¿Es una mujer?

El ciego más viejo: Es ruido de pasos!

Primer ciego de nacimiento: ¿Será acaso el ruido del mar en las hojas secas?

La ciega joven: ¡No, no! ¡Son pasos! ¡Son pasos! ¡Son pasos!

La ciega más vieja: Vamos a saberlo; escuchad las hojas muertas.

La ciega joven: ¡Los oigo, los oigo casi a nuestro lado! ¡Escuchen! ¡Escuchen! ¿Qué ves tú? ¿Qué ves tú?

La ciega más vieja: ¿Hacia qué lado mira?

La ciega joven: ¡Sigue el ruido de los pasos! ¡Miren! ¡Miren! Cuando le vuelvo del otro lado, se vuelve para ver... ¡Ve! ¡Ve! ¡Ve! ¡Es seguro que ve algo extraño! ...

La ciega más vieja: (Se adelanta.) Levántenlo por encima de nosotros para que pueda ver.

La ciega joven: ¡Apártense! ¡Apártense! (Levanta al Niño por encima del grupo de ciegos). ¡Los pasos se han detenido entre nosotros!...

La ciega más vieja: ¡Están aquí! ¡Están en medio de nosotros!

La ciega joven: ¿Quiénes son? (Silencio).

La ciega más vieja: ¡Tengan piedad de nosotros! (Silencio. El Niño llora desesperadamente).


Telón

 
 
Maurice Maeterlinck (Bélgica, 1862-1949). Obtuvo el premio Nobel en 1911.
 
La ilustración corresponde a la puesta en escena de Los ciegos por parte del grupo Toneelhuis,
bajo la dirección de Guy Cassiers en 2014.

jueves, 12 de octubre de 2017

Eclipse: LA PRINCESA MALENA, de Maurice Maeterlinck

 
(Fragmento del quinto acto, escena segunda)*
 
Sala que precede a la capilla del castillo.
 
Hay en ella multitud de personas, cortesanos, damas, esperando. La tempestad continúa.

Un señor (en una ventana): ¿Se ha visto nunca noche semejante?


Otro señor: ¡Mirad los pinosl ¡Venid a ver el bosque de pinos a esta ventana! ¡Se inclina hasta el suelo entre relámpagos! ¡Diríase un rio de relámpagos!
Un tercer señor: ¿Y la luna? ¿Habéis visto la luna?

Segundo señor: Jamás he visto luna más espantosa.

Tercer señor: El eclipse no terminará antes de las diez.


Primer señor: ¡Y las nubes! ¡Miras las nubes! Dirianse rebaños de elefantes negros que estuviesen pasando desde hace tres horas por encima del castillo!

Segundo señor: Le hacen temblar desde la cueva al granero.

Hialmar: ¿Qué hora es?

Primer señor: Las nueve.

Hialmar: Ya llevamos más de una hora esperando al Rey.

Tercer señor: ¿Aún no se sabe dónde está?

Hialmar: Las siete beguinas son las últimas que le han visto en el corredor.

Segundo señor: ¿A qué hora?

Hialmar: Alrededor de las siete.

Segundo señor: ¿No ha avisado?

Hialmar: No ha dicho nada. Algo debe haber sucedido. Voy a ver.

Sale.

Segundo señor: Los mismos dioses no saben lo que ocurre en noches como esta.


Maurice Maeterlinck
(Escritor belga en lengua francesa, 1862-1949). Obtuvo el premio Nobel en 1911.

* En la versión original es la escena segunda, puesto que hay una primera que ocurre en un cementerio adjunto al castillo bajo la tormenta. Allí se encuentra reunida una multitud de campesinos, sirvientes, ancianos y niños. Todos observan la luna cuando un campesino señala que está negra y un sirviente exclama: "¡Un eclipse! ¡Un eclipse!", al momento en el que cae un rayo. Por algún motivo inexplicable, en la traducción de Martínez Sierra dicha escena fue suprimida, y por lo tanto el quinto acto da principio con la que en realidad era esta escena segunda.

La ilustración corresponde a la puesta en escena de La princesa Malena dirigida por Yves Beaunesne en 2001.