Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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jueves, 5 de marzo de 2020

Marzo: SOY VERTICAL, de Sylvia Plath

"Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas..."

Soy vertical

Pero preferiría ser horizontal.

No soy un árbol con mis raíces en la tierra
Absorbiendo minerales y amor maternal
De manera que cada marzo puedan resplandecer mis hojas
Tampoco soy la belleza en el lecho del jardín
Atrayendo mi porción de exclamaciones con espectaculares matices,
Ignorando que pronto perderé mis pétalos.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
Y no soy tan alta como la corola de una flor, pero más asombrosa, 
Y quiero la longevidad de uno y la temeridad de la otra.

Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,
De los árboles y las flores emanan frescos aromas,
Camino entre ellos, pero ninguno parece notarlo.
A veces pienso en eso cuando estoy durmiendo
Debo procurar parecerme a ellos - 
Los pensamientos se desvanecen.
Es más natural así, recostada.
Entonces, el cielo y yo podremos conversar.
Y seré útil cuando por fin permanezca en la tierra:
Los árboles podrán tocarme y las flores tendrán tiempo para mí.


(But I would rather be horizontal.

I am not a tree with my root in the soil
Sucking up minerals and motherly love
So that each March I may gleam into leaf,
Nor am I the beauty of a garden bed
Attracting my share of Ahs and spectacularly painted,
Unknowing I must soon unpetal.
Compared with me, a tree is immortal
And a flower-head not tall, but more startling,
And I want the one's longevity and the other's daring.

Tonight, in the infinitesimal light of the stars,
The trees and the flowers have been strewing their cool odors.
I walk among them, but none of them are noticing.
Sometimes I think that when I am sleeping
I must most perfectly resemble them -
Thoughts gone dim.
It is more natural to me, lying down.
Then the sky and I are in open conversation,
And I shall be useful when I lie down finally:
Then the trees may touch me for once, and the flowers have time for me.)


Sylvia Plath (Estados Unidos, 1932-1963).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

sábado, 23 de diciembre de 2017

Eclipse: CANCIÓN DE LUNA POR LA MAÑANA, de Sylvia Plath

"...toda la magia lunar es disoluta: No hay dulces disfraces que resistan esa mirada cuyo candor revela la pálida esfera del amor."
 
Oh luna de ilusión,
encantando hombres
con visiones de oropel
que corren por sus venas,

los gallos cacarean al rival
para burlarse en tu cara
y el eclipse es un óvalo
que nos conjura
 
dejar nuestra razón
y llegar a este
horizonte fabulado
de capricho.
 
El amanecer rasgará
tu velo de plata
que deja a los amantes pensar
en su hermosura;
 
la luz de la lógica
nos lo demuestra
toda la magia lunar
es disoluta:
 
No hay dulces disfraces
que resistan esa mirada
cuyo candor revela
la pálida esfera del amor.
 
En jardines de miseria
los durmientes despiertan
porque su dorado carcelero
cierra la rejilla.
 
Cada cuerpo sagrado
que a la noche cede
es desfigurado por el estudio
del microscopio:
 
los hechos han destrozado
del ángel su entorno
y la cruda verdad ha sesgado
al radiante limbo.
 
Reflejo aterrado
del sol abrasador:
se sumerge en tu espejo
y en él se ahoga.
 
(Moonsong at Morning
O moon of illusion,
enchanting men
with tinsel vision
along the vein,
 
cocks crow up a rival
to mock your face
and eclipse that oval
which conjured us
 
to leave our reason
and come to this
fabled horizon
of caprice.
 
Dawn shall dissever
your silver veil
which let lover think lover
beautiful;
the light of logic
will show us that
all moonstruck magic
is dissolute:
 
no sweet disguises
withstand that stare
whose candor exposes
love's paling sphere.
 
In gardens of squalor
the sleepers wake
as their golden jailer
turns the rack;
 
each sacred body
night yielded up
is mangled by study
of microscope:
 
facts have blasted
the angel's frame
and stern truth twisted
the radiant limb.
 
Reflect in terror
the scorching sun:
dive at your mirror
and drown within
.)
 
Sylvia Plath (Estadounidense fallecida en Inglaterra, 1932-1963). 

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

martes, 22 de julio de 2014

Espejos (82): ESPEJO, de Sylvia Plath

"Luego se vuelve hacia esas embusteras, las velas o la luna.Veo su espalda y la reflejo con fidelidad."

Soy de plata y exacto. No tengo prejuicios.
Todo lo que veo, lo trago de inmediato.
Tal y como es, intacto de amor o de antipatía.
No soy cruel, sólo veraz.
El ojo de un pequeño dios con cuatro esquinas.
La mayor parte del tiempo medito sobre la pared de enfrente.
Es rosa, con manchas. La he mirado tanto
Que creo ya es parte de mi corazón. Pero se mueve.
Caras y oscuridad nos separan una y otra vez.
Ahora soy un lago. Una mujer se reclina sobre mí,
Buscando a través mío quién es ella en realidad.
Luego se vuelve hacia esas embusteras, las velas o la luna.
Veo su espalda y la reflejo con fidelidad.
Me recompensa con lágrimas y ademanes.
Soy importante para ella. Viene y va.
Cada mañana es su rostro lo que reemplaza a la oscuridad.
En mí ha ahogado a una joven y desde mí una vieja
Avanza hacia ella día tras día, como un pez terrible.
 
 
(I am silver and exact. I have no preconceptions.
What ever you see I swallow immediately
Just as it is, unmisted by love or dislike.
I am not cruel, only truthful-
The eye of a little god, four-cornered.
Most of the time I meditate on the opposite wall.
It is pink, with speckles. I have looked at it so long
I think it is a part of my heart. But it flickers.
Faces and darkness separate us over and over.
Now I am a lake. A woman bends over me,
Searching my reaches for what she really is.
Then she turns to those liars, the candles or the moon.
I see her back, and reflect it faithfully.
She rewards me with tears and an agitation of hands.
I am important to her. She comes and goes.
Each morning it is her face that replaces the darkness.
In me she has drowned a young girl, and in me an old woman
Rises toward her day after day, like a terrible fish.)


Sylvia Plath (Estados Unidos, 1932-1963)

(Traducido del inglés por Jules Etienne)

lunes, 11 de febrero de 2013

A Sylvia Plath, cincuenta años después


Miró su rostro en el espejo por última vez, un testigo de plata exacto, sin prejuicios, cuyo reflejo le devolvía las lágrimas que ahora se llevaban los que alguna vez fueron sus sueños. No la vería envejecer. Era rubia y decían que tenía una sonrisa espléndida. Nada la entusiasmó tanto como las únicas dos cosas que realmente le importaron: la poesía y su amor por Ted. Estaba escribiendo mejor que nunca, repetían como un eco las voces de quienes leían sus poemas, pero él la dejó por otra mujer abriendo un hueco en su alma que ni siquiera el espejo, el ojo de ese pequeño dios de cuatro esquinas, podía percibir. Por eso, y sin que Frieda y Nicholas -el pequeño Nick recién había cumplido un año-, que dormían en la recámara, tuviesen la oportunidad de obsequiarle el aliento que necesitaba para seguir viviendo. Abrió el horno y dejó fluir el gas, hundió primero la cabeza y luego su vida entera en el mar vaporoso en que se ahogaba. A la mañana siguiente, su rostro no reemplazó a la oscuridad en la superficie del espejo.

Sylvia Plath se suicidó el 11 de febrero de 1963. Hoy se cumplen cincuenta años.

 
Jules Etienne

La ilustración corresponde a la tumba de Sylvia Plath en Heptonstall, Yorkshire.

jueves, 25 de octubre de 2012

ALFONSINA STORNI (1892-1938): Es un soplo la vida

 
Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más...
 
Alfonsina Storni murió un 25 de octubre...
 
Muchas veces, Alfonsina, me he preguntado: ¿Cuándo se mueren los poetas? ¿al decidir que ya expresaron todo lo que tenían que decir o al tomar conciencia de que su sensibilidad contrasta con la banalidad del mundo? O, tal vez, al ver a la realidad reflejarse en el espejo de su propia crueldad. ¿Por éso se suicidan los poetas? Como Sylvia Plath, por el abandono amoroso; como Yukio Mishima por su concepto -tan japonés- del honor; por el fracaso literario que no fue capaz de soportar Vladimir Maiakovski ("Lo difícil no es morir, sino seguir viviendo"); por intoxicación alcohólica como Dylan Thomas, Serguéi Esenin o Malcolm Lowry; mejor aún, como Cesare Pavese ("Vendrá la muerte y tendrá tus ojos..."), por la imposibilidad de vivir. O como tú, Alfonsina, para cortar de una vez el sufrimiento.
 
Un sendero de pena y silencio
llegó hasta el agua profunda...
 
Para esos poetas, lo dijo Ciorán: "Todo ha sido posible, salvo su vida." Pero ¿cómo mueren los poetas suicidas? Gabriel Ferrater cuando tenía treinta años, amenazó que nunca llegaría a los cincuenta y uno. Cumplió su palabra. Se asfixió atándose una bolsa de plástico en la cabeza antes de que eso sucediera. La poeta austríaca Ingeborg Bachmann, hizo realidad el viejo deseo -tan poético, habría que subrayarlo-, de una cama en llamas, pero no por las pasiones amorosas, sino que se quemó viva prendiéndole fuego. Un borracho encontró el cadáver de Gérard de Nerval ("Hoy no me esperes, porque la noche será blanca y negra..."), cubierto de nieve, luego de que se había ahorcado colgándose de una reja en un callejón de París. Paul Celán se arrojó al río Sena, Hart Crane saltó de la cubierta del buque Orizaba y su cadáver jamás fue encontrado en las aguas del Atlántico ("En la borda, el sabor a salitre/ me llama a ser océano./ Valoro la distancia/ y alzo el vuelo.") y tú, Alfonsina, simplemente te fuiste a perder en el mar.
 
Un sendero sólo de penas mudas
llegó hasta la espuma.
 
Y ¿qué cantan los poetas cuando van a morir? Georg Trakl había dicho: "No he vivido, lo sé.../ Tan sólo he muerto", y en su poema póstumo se lamentaba: "La llama ardiente del espíritu nutre ahora un tremendo dolor: ... los nietos nonatos." José Agustín Goytisolo escribió: "Ocurrió que fue siempre un solitario/ ocurrió que la vida dejó de interesarle." Anne Sexton en El Deseo de Morir aseguraba: "Los suicidas traicionan al cuerpo de antemano." Alejandra Pizarnik en su carta póstuma a Antonio Beneyto terminaba escribiendo: "Y aquí te dejo para ir a despachar la carta a un correo lejano que no cierra por la noche." Y también tú, Alfonsina, en un poema premonitorio lo advertías:
 
"Un día estaré muerta, blanca como la nieve,
dulce como los sueños en la tarde que llueve.
 
Un día estaré muerta, fría como la piedra,
quieta como el olvido, triste como la hiedra.
 
Un día habré logrado el sueño vespertino,
el sueño bien amado donde acaba el camino.
 
Un día habré dormido con un sueño tan largo
que ni tus besos puedan avivar el letargo."
 
La muerte desconoce el pasado y el futuro. Es el silencio del tiempo. El pasado ya no importa y el futuro se desvanece. Sea en el olvido o permaneciendo en la memoria ajena, la muerte, nuestra muerte, nos pertenece a cada uno de nosotros al igual que nos ha pertenecido la vida. El suicidio es, entonces, la voluntad de cancelar la memoria. Será una tarea para los vivos, los sobrevivientes, interpretar los motivos del suicida o lo que nos quiso legar en sus poemas.
 
Te vas Alfonsina, con tu soledad.
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando,
y te vas hacia allá en sueños dormida,
Alfonsina, vestida de mar.
 
Y ahí, en cada estrofa de un poema, en cada palabra, se percibe un fragmento de vida de quien lo escribió. En eso radica su inmanencia. De entre todas las muertes de poetas suicidas, me quedo con la tuya, Alfonsina. Elegiste un martes primaveral, el último acto fue tu mejor poema trágico: "Y el alma mía es como el mar." No creo que alguien lo haya expresado mejor:
 
"La vida mía debió ser horrible,
debió ser una arteria incontenible
y apenas es cicatriz que siempre duele."


Jules Etienne


La ilustración corresponde a una fotografía de Toni Frissell,
que fue publicada en la revista Harper's Bazaar, en 1947.

Esta es una liga al video con una de tantas versiones
(las hay desde Mercedes Sosa y Nana Mouskouri hasta Shakira) de la canción
Alfonsina y el mar, cuyas estrofas sirvieron como leitmotiv de este texto:

sábado, 19 de febrero de 2011

Plath, Quiroga y Hemingway: La predisposición al suicidio



Recuerdo que recién acababa de ver la película Sylvia -con Gwyneth Paltrow como la trágica Sylvia Plath-. Esa misma noche me puse a leer su poesía y un rato más tarde ya me encontraba en la tarea de traducir al español su poema Espejo. La estrofa final me parecía terrible, por amarga y dolorosa. Aunque entonces caí en la cuenta de que la vejez, después de todo, no es inevitable si se tiene una muerte temprana. En lo personal, siempre he temido más a la senilidad que a la muerte. Me aterra la idea de depender de otros hasta para las tareas cotidianas elementales y esa supervivencia más allá de la inutilidad me parece, de plano, la terca permanencia en un lugar que ya no nos corresponde. Creo que en eso radica la gravedad del suicidio desde el punto de vista de la iglesia, porque en ese caso no es una fuerza superior la que dispone el momento de morir, es un acto volitivo del propio ser humano que lo confronta con su creador, y equivale a un desafío: voy a vivir sólo hasta que yo quiera, hasta que sea mi voluntad. Supongo que eso habrá influido para que la incidencia de suicidios sea tan alta entre los escritores. Finalmente la creación de una obra literaria, con sus arbitrarias situaciones y personajes, al antojo de quien lo escribe, es lo que más puede asemejar a un humano con la divinidad.

A la fecha, todavía sigo sin comprender la gran tragedia de la religión judeo cristiana -en la que hemos sido educados en la cultura occidental-, en torno al suicidio. Griegos y romanos lo practicaban sin tanto dilema moral, para ellos se trataba más bien de una mera cuestión existencial. Todavía en la actualidad, para los japoneses es un acto decoroso. Por ejemplo, cuando un sujeto ha cometido una falta grave, se atormenta con el harakiri y se quita la vida -a propósito de escritores, así lo hizo Yukio Mishima-, de esa manera limpia su honor y el de su descendencia. Es decir, no se trata de un hecho condenable, por el contrario, exalta el valor y el sentido del honor de quien lo practica. Pero a los católicos nos enseñaron que el suicidio va contra los principios de la religión. Por eso no tenemos la visión del suicida, así sea un poeta, como un personaje de belleza trágica. Sylvia Plath se suicidó por amor, o más bien, por la ausencia de él. Cuando se percató de que jamás iba a recuperar el amor perdido, decidió que entonces su existencia carecería de sentido. Lo apostó todo al amor por una persona y perdió. Horacio Quiroga se quitó la vida para evitar el sufrimiento. Después de leer su biografía y con todo lo que padeció ¿no se había ganado el derecho a renunciar a la vida si ésta no iba a ser más que la prolongación de un flagelo? Sin duda se trata de algo muy subjetivo. Pero mi opinión ni siquiera importa, porque la única que realmente cuenta es la de la propia Sylvia Plath, o la de Quiroga o la de Alfonsina Storni.

Después de traducir el poema, escribí un texto tratando de retomar algunas de sus líneas -no se trataba de una paráfrasis porque no era otro poema ni tampoco una recreación-, más bien me ocupaba de su muerte, de los momentos en que debió asumirla y traté de imaginar lo que habría visto en el espejo, con la certeza de que era la última vez que vería su rostro reflejado en él. El título: Sylvia Plath también se suicidó en febrero, se lo puse ayer mismo como consecuencia de que recién me había ocupado de Horacio Quiroga, otro suicida del mismo mes.

En el transcurso del día, recordé que en alguna ocasión, escribiendo sobre los suicidios en la familia Hemingway, encontré una explicación científica:

Ernest Hemingway se disparó con su escopeta en 1954, unos días antes de cumplir los sesenta y dos años. No fue el primero ni el único caso de suicido en la familia, Clarence, su propio padre, también se suicidó a los 57 años, lo mismo que sus tíos Ursula y Leicester, así como su nieta Margaux. Un médico advirtió que el padre de Ernest Hemingway padecía de hemocomatosis, una enfermedad hereditaria que afecta el metabolismo del hierro, el cual se acumula en los tejidos afectando las funciones del páncreas y del hígado, lo que provoca inestabilidad en el cerebro y la consecuencia son severos y prolongados períodos depresivos. Por expresarlo en términos dramáticos: llevan el suicidio en la sangre.



Hace unos días, relataba los suicidios que rodearon al de Horacio Quiroga, tanto el de su primera esposa como el de sus dos hijos. El año antepasado, en marzo, también se suicidó Nicholas, el hijo menor de Sylvia Plath. Tenía un año cuando ella murió en 1963. Era biólogo, radicaba en Alaska y tenía 47 años cuando se ahorcó. Tal vez, en efecto, exista una deficiencia fisiológica que lo propicia. Más allá de cualquier divagación religiosa.


Jules Etienne