Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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domingo, 7 de febrero de 2021

Febrero: CANCIÓN DE FEBRERO, de Jorge Valdés Díaz-Vélez

"La noche sin tu piel crece más honda por las calles donde asperjas la lluvia."

"sobre el pecho del cielo, palpitando..."
Jaime Gil de Biedma

Leve y triste la tarde se retira
contigo hacia el crepúsculo y las horas
empiezan a doler en los distantes
repliegues de la sábana. De pronto
la noche ha regresado y es difícil
no pensar en tu boca momentánea
o en las altas comarcas de tu cuerpo
en lienzos de algodón en alabanza.
Ahora que no estás, vuelvo a mirar
el rayo que dividen tus pestañas
y el estremecimiento de tu espalda
moldeándome los brazos, la sonrisa
de tu sexo en los vértigos del labio,
el instante fluvial de tu alegría.
A lo lejos respira el mar, asciende
la blanda superficie su clausura
bajo un raso de líquidos cristales.
La noche sin tu piel crece más honda
por las calles donde asperjas la lluvia.
En silencio te recuerdo, muchacha,
con las últimas brasas que se apagan
contra el pecho del cielo, palpitando.


Jorge Valdés Díaz-Vélez (México, 1955).

domingo, 16 de febrero de 2020

Tu boca: PARIS AT NIGHT, de Jacques Prévert


Tres fósforos de uno en uno encendidos en la noche
el primero para ver tu rostro todo
el segundo para ver tus ojos
el último para ver tu boca
y la completa oscuridad para recordarme todo eso
al estrecharte en mis brazos.


Jacques Prévert (Francia, 1900-1977).

martes, 4 de febrero de 2020

Tu boca: CANCIONES PARA ELLA, de Paul Verlaine

"Sin la presencia bendita de tu cuerpo junto a mí, sin tu boca tan besada..."

CXV *

¡La horrible noche de insomnio!
- Sin la presencia bendita
de tu cuerpo junto a mí
sin tu boca tan besada
aunque demasiado astuta
y bien que de mala fe,
sin tu boca todo mentira,
pero tan franca, bien pensado
y que sabe consolarme
con el aspecto y la especie
de una fresca -y buena pieza-
de un muy plausible charlar,
y sobre todo sin el pentagrama
de tus senos y el milagro
múltiple y uno, flor y fruto,
de tus duros ojos de hechicera
duros y dulces a tu manera...
¡Buen Dios qué terrible noche!
 
 
Paul Verlaine (Francia, 1844-1896).
 
(Traducido al español por Manuel Machado). 
 
* En la traducción de Manuel Machado, que lleva por título Fiestas galantes, aun cuando incluye otros poemas de Verlaine publicados en Choix de poésie, -por eso el volumen en cuestión lleva el extenso subtítulo de Poemas saturnianos, La buena canción, Romanzas sin palabras, Sabiduría. Amor. Parábolas y otras poesías-, aparece con este número romano, equivalente al 115, pero en la edición original francesa de Chansons pour elle, lleva el número X, además de que, por alguna extraña razón, el formato también difiere y de esa manera
-basado en el antecedente francés- es como lo he reproducido aquí. El texto del poema en español sigue siendo fiel a la versión de Machado. 

lunes, 3 de febrero de 2020

Tu boca: EVASIONES EN LA CÁRCEL, de Curzio Malaparte

"... y bajar a tu lado por el triste declive al encuentro de los negros cisnes de ojos blancos..."

(Fragmento)

El lamento de los perros infernales suena en tus oídos mucho más dulce que mi amorosa plegaria. Estás ya perdida, ninguna fuerza del mundo podrá salvarte, tu condena empieza esta noche en esta hora interminable, en esta fugaz eternidad. Si por lo menos pudiese seguirte y bajar a tu lado por el triste declive al encuentro de los negros cisnes de ojos blancos, misteriosa Eurídice, no me será jamás concedido conocer tu secreto. Adiós, dentro de poco volverás de improvisto hacia atrás, levantarás los brazos con un gesto de terror, tu boca se abrirá con un horrendo aullido silencioso, tus pies descalzos seguirán en la hierba el plateado rastro de la serpiente de escamas rojas y verdes.

Huirás temblando, y no oirás el lamento del mar, el grito de las aves nocturnas, el llanto de los ciervos en la estática selva, no escucharás mi voz, mi ruego, la voz de Orfeo implorante. Un momento más, un solo momento, quédate todavía un instante a mi lado, en esta última orilla, bajo este último jirón de cielo, un solo instante antes de que se apague para siempre en tu corazón el recuerdo de los días claros, del dorado reflejo del sol sobre las piedras y las hojas de las nubes blancas sobre el cielo profundo. Llora, tienes tiempo todavía, un día quizá…


Curzio Malaparte: Curt Erich Suckert (Italia, 1898-1957).

domingo, 2 de febrero de 2020

Tu boca: UN AÑO YA, UN AÑO SOLAMENTE, de Roger Vitrac

"tu boca de pedrería..."

Malas voces entretejidas
en estas fuentes de miel
donde tu boca de pedrería
escupe el vitriolo del cielo.


Roger Vitrac (Francia, 1899-1952).

viernes, 31 de enero de 2020

Tu boca: RUBAIES, de Nâzım Hikmet

"... tu boca roja cuya miel me prohíben..."

(Fragmento inicial)

Era real el mundo que veías, Djelaleddin, y no quién sabe qué
Era inmenso, no creado ni esbozado por quién sabe qué causa primera.
La más bella cuarteta salida de tu carne, de tu boca,
no es aquella que empieza: “La imagen no es sino una sombra.”

Mi alma es el reflejo del mundo circundante.
Sin él, ella no existe y no maduraría ningún otro secreto.
La imagen de lo real más lejana y más próxima,
es la belleza de mi bien amada, cuya luz yo reflejo.
No es posible abrazar la íntima imagen que conservo de ti.
Decir que, sin embargo, tú estás en carne y hueso, allá, en mi ciudad.
Reales son tus grandes ojos, tu boca roja cuya miel me prohíben,
tu abandono de lengua rebelde y tu blancura que mi labio no alcanza.
Un buen día, la imagen de mi amada
me dijo, desde el fondo del espejo: “Existo yo, no ella.”
De un golpe, rompí el cristal y se acabó la imagen.
Mi amada está allá lejos, en tanto, sana y buena.

Ella me abrazó y me dijo: “Estos labios son reales como el mundo.
Este aroma lo exhalan mis cabellos, no tu imaginación.
Aun cuando los ciegos no las vean, las estrellas existen:
míralas en el cielo o en mis ojos.”

Cada día más próxima la hora de partir:
- ¡Adiós, querida Tierra!
y ¡Buen día,
Universo!

Tus ojos son panales desbordantes de miel.
Tus ojos, mejor dicho, desbordantes de sol.
Tus ojos, amor mío, se llenarán de tierra,
y habrá nuevos panales desbordantes de miel.

Ni de luz.
Ni de barro,
pero en la misma pasta se amasaron
mi querida, su gata y la azulina perla que usa su cuello.


Nâzım Hikmet
(Poeta turco nacido en Salónica, hoy Grecia, y fallecido en la entonces Unión Soviética, 1902-1961).

jueves, 30 de enero de 2020

Tu boca: ALFABETO, de Ion Vinea

"El agua viene de tu boca..."

El día termina en tus ojos.
El día viene de tus ojos.
El agua viene de tu boca.
Las flores se parecen a tus encías.
El aire es joven en tu voz.
La primavera viene de tu vestido.
Hiciste los pájaros con tus manos.
La sombra se esconde en el ángulo de tu cuerpo.
Las lágrimas son luces para tu oreja.
La risa es una canción para tus dientes.
La noche es un hechizo de tu cabello.
Dormir es un momento de tu seno.


Ion Vinea (Rumania, 1895-1964).

miércoles, 29 de enero de 2020

Tu boca: LA HISTORIA DE O, de Pauline Réage

"... tu boca, tu vientre y tu dorso están abiertos para nosotros. En presencia nuestra, nunca tocarás tus senos: el corsé los levanta para indicar que nos pertenecen."
 
(Fragmento del capítulo I: Los amantes de Roissy)
 
- Aquí estarás al servicio de tus amos. Durante el día, harás las labores que te ordenen para la buena marcha de la casa, como: barrer, ordenar los libros, arreglar las flores o servir a la mesa. No serán más pesadas. Pero, a la primera palabra o a la primera señal, dejarás de hacer lo que estés haciendo para cumplir con tu primera obligación, que es la de entregarte. Tus manos no te pertenecen, ni tus senos, ni mucho menos ninguno de los orificios de tu cuerpo que nosotros podemos escudriñar y en los que podemos penetrar a placer. A modo de señal, para que tengas siempre presente que has perdido el derecho a rehusarte, en nuestra presencia, nunca cerrarás los labios del todo, ni cruzarás las piernas, ni juntarás las rodillas (como habrás observado que se te ha prohibido hacerlo desde que llegaste), lo que indicará a tus ojos y a los nuestros que tu boca, tu vientre y tu dorso están abiertos para nosotros. En presencia nuestra, nunca tocarás tus senos: el corsé los levanta para indicar que nos pertenecen. Durante el día, estarás vestida, levantarás la falda si se te ordena y podrá utilizarte quien quiera a cara descubierta -y como quiera- pero sin hacer uso del látigo. El látigo no te será aplicado más que entre la puesta y la salida del sol. Pero, además del castigo que te imponga quien lo desee, serás castigada por la noche por las faltas que hayas cometido durante el día: es decir, por haberte mostrado poco complaciente o mirado a la cara a quien te hable o te posea: a nosotros nunca debes mirarnos a la cara. Si el traje que usamos por la noche deja el sexo al descubierto no es por comodidad, que también podría obtenerse de otra manera, sino por insolencia, para que tus ojos se fijen en él y no en otra parte, para que aprendas que éste es tu amo, al cual están destinados, ante todo, tus labios.
 
 
Pauline Réage: Anne Cécile Desclos (Francia, 1907-1998).

lunes, 27 de enero de 2020

Tu boca: ADA O EL ARDOR, de Vladimir Nabokov

"Puedo prestarte mi lengua -dijo la niña. Dicho y hecho. Una gran fresa hervida, todavía muy caliente."

(Fragmento del capítuo XVII)

El más voluminoso diccionario de la biblioteca decía, en el artículo «Labio»: «Cada uno de los dos pliegues carnosos que rodean una abertura».

Mileyshiy Emile (según llamaba Ada a monsieur Littré) lo decía así: «Parte exterior y carnosa que forma el contorno de la boca... Los dos bordes de una herida simple.» (Es que con nuestras heridas, hablamos; por nuestras heridas, tenemos hijos.) «Miembro que lame.» (¡Querido Emile!)

Una enciclopedia rusa, pequeña pero gruesa, no quería ver en la palabra gouba («labio») más que un tribunal administrativo de la antigua Lyaska, o un golfo del Ártico.

Los labios de Van y Ada eran absurdamente idénticos, en color y en textura. Por su forma, el labio superior de Van recordaba un ave marina de largas alas vista de frente, y el inferior, grueso y hosco, comunicaba a su expresión habitual un aire de brutalidad. No era así, desde luego, en el caso de Ada; pero, por lo demás, la curva de su labio superior y el grosor del inferior, con su mueca desdeñosa y su color rosa opaco, eran la réplica, en estilo femenino, de la boca de Van. Durante la «fase de los besos» de sus amorcillos (quince días de largos besuqueos húmedos y pegajosos, nada recomendables para su salud de adolescentes), parecía que entre sus cuerpos sedientos se interponía una pantalla de extraña pudibundez; era, no obstante, inevitable que ciertos contactos y contracontactos atravesasen aquella pantalla, como lejanas vibraciones de gritos de socorro. Concienzudamente, incansablemente, delicadamente, Van pasaba y repasaba sus labios sobre los labios de Ada, atacando, a contrapelo, su terciopelo ardiente, de arriba abajo, de derecha a izquierda, hacia dentro, hacia fuera, hacia la vida y hacia la muerte, y encontraba un sabor deleitable en el contraste entre la caricia alada del idilio visible y la congestión brutal de la carne escondida.

Y la imaginación les pedía nuevos besos.

- Querría -dijo él en cierta ocasión- probar el interior de tu boca. ¡Dios, cómo me gustaría ser un Gulliver minúsculo para poder explorar esa cueva!

- Puedo prestarte mi lengua -dijo la niña. Dicho y hecho.

Una gran fresa hervida, todavía muy caliente. Van la degustaba, se la tragaba todo lo dentro que ella se dejaba tragar, y luego, abrazando estrechamente a Ada, le lamía el paladar. Ambas barbillas se llenaban de saliva, «pañuelo», pidió la chica, y sin más preámbulo metió la mano en el bolsillo del pantalón de Van; pero la retiró al instante, y dijo a su compañero que le pasase el pañuelo él mismo. Huelgan comentarios.

(«Aprecié tu tacto», le dijo él un día que rememoraban, entre sonrisas y estremeci- mientos retrospectivos, aquellas delicias y aquellas dificultades. «Pero ¡cuánto tiempo perdimos!: ópalos irreparables.»)

Van se aprendió la cara de Ada. Nariz, mejilla, mentón, todo era de tal dulzura de contornos (asociaciones retrospectivas son nomeolvides, y flores en el cabello, y las cortesanas, terriblemente caras, de Wicklow), que un admirador extravagante habría evocado fácilmente en tomo a su perfil el pálido vello de una caña, hombre no pensante -pascaltrezza-, mientras que un dedo más infantil y más sensual se habría complacido -y se complacía, de hecho- en palpar aquella nariz, aquella mejilla y aquel mentón. Lo mismo que en Rembrandt, la rememoración es una fiesta en medio de las tinieblas. Los invitados al recuerdo se visten para las circunstancias, y se mantienen erguidos en sus asientos. La memoria es un estudio fotográfico de lujo en el infinito de una 5th Power Avenue. La cinta de terciopelo negro que sujetaba su cabellera aquel día (el día de la imagen mental) realzaba el lustre de su sien sedosa y la blancura de tiza de la raya de sus cabellos. La doble melena caía larga y lisa por el cuello, y se dividía a la altura de los hombros, de modo que entre las ondas de bronce negro se entreveía, en forma de elegante triángulo, la palidez mate de la piel.

Vladimir Nabokov
(Ruso nacionalizado estadounidense fallecido en Suiza; 1899-1977).

(Traducción de David Molinet).

domingo, 26 de enero de 2020

Tu boca: UNA TARDE DE OCTUBRE, de José Gorostiza

"Prodígame tu boca. Y muchos años contará la conseja en su murmullo: sus cabellos creyéronse castaños..."

Tu boca es como un trémulo poniente
de otoño, dormido entre las brisas,
donde viera su copo cada oriente
y cantan las sonrisas...
Prodígame tu boca. Y muchos años
contará la conseja en su murmullo:
"Sus cabellos creyéronse castaños;
sus besos, como seda en el capullo.
Una tarde de octubre dio su fina
boca en un beso, y esta serenata
cerró un libro de otoño y de neblina
con su broche de plata..."


José Gorostiza (México, 1901-1973).

viernes, 24 de enero de 2020

Tu boca: SI EL OLVIDO ES AGUA Y EL RECUERDO FUEGO..., de Ricardo Molinari


Si el olvido es agua y el recuerdo fuego,
¡ay! qué corazón de nieve tan triste tengo.
Si yo te viera con tu perfil perdido entre dos losas,
envueltos los pies desnudos en tus sábanas frías
y la azucena del pecho, lastimada, sin defensa,
mi mano quedaría sobre los techos golpeándose por
el filo de las tejas
hasta hacerse sangre y formar un río amargo
que bajara hasta el centro de la calle,
en busca de la basura.
¡Amor! ¡Amor! Qué es amor, sino quedarse más
solo con el corazón,
con el pensamiento estropeado, el cabello lleno de nubes
y hojas de Otoño. Sí, pero yo soy diferente: tengo
un cielo ardiendo en los ojos
y una muerte que me muerde los dedos
y me encarna las lágrimas.


Qué inútiles quedan los dientes después de nunca;
después de cerrar una ventana y romper los vidrios
para que se quede temblando el recuerdo
y no huya por encima de las cajas de sombreros,
hacia el mar.


Tu cabellera hundida, tu boca sorda, tu pecho enrojecido
de guardar tanta pluma de azucena prisionera.
¡Todo el amor del galápago!


¡Ay! qué viento frío te da vueltas el mundo de los caballos
y de las adelfas.
Mis brazos están dormidos, quebrados en un ataúd
de piedra profunda. Amor. Amor, viento mío.
Pero tu luna, qué grito tan alto sobre los álamos;
qué hemisferio de hielo líquido te envuelve los bosques,
tu voz perdida, tu sombra que huye con un clavel,
y el clavel con su esqueleto de ámbar, perfumado de nieve.


¡Cielo! ¡Cielo! Mi cielo muerto, con su isla de cieno
en la garganta.


Ricardo Molinari (Argentina, 1898-1996).

sábado, 18 de enero de 2020

Tu boca: UN AMIGO DUERME, de Jean Cocteau


Tus manos por las sábanas eran mis hojas muertas.
Mi otoño era un amor por tu verano.
El viento del recuerdo resonaba en las puertas
de lugares que nunca visitamos.
Permití la mentira de tu sueño egoísta
allá donde tus pasos borran el sueño.
Crees estar donde estás. Qué triste nos resulta
estar donde no estamos, así siempre.
Tu vivías hundido dentro de otro tú mismo,
abstraído a tal punto de tu cuerpo
que eras como de piedra. Duro para el que ama
es tener un retrato solamente.
Inmóvil, desvelado, yo visitaba estancias
a las que nunca ya retornaremos.
Corría como un loco sin remover los miembros:
el mentón apoyado sobre el puño.
Y, cuando regresaba de esa carrera inerte,
te encontraba aburrido, con los ojos
cerrados, con tu aliento y con tu enorme mano
abiertos, y tu boca rebosante de noche...


Jean Cocteau (Francia, 1889-1963).

jueves, 16 de enero de 2020

Tu boca: ANTOLOGÍA TRADUCIDA, de Max Aub


Definición de la historia, de Ibn Abu Hakin
 
La historia, hija, es un cúmulo de desesperanzas, dudas, desengaños, intrigas, emboscadas, crímenes, daños, hecatombes, suplicios, tormentos, martirios, degollinas, linchamientos, venganzas, penas, prisiones, vergüenzas, crucifixiones, bajezas, deslealtades, destierros, burlas, irreverencias, desórdenes, infidelidades, perfidias, alevosías, artificios, mala fe, tratos dobles y aun triples, perjurios, disimulos, mentiras, apostasías, traiciones, felonías, vilezas, malas partidas, asesinatos, estupros, injusticias, saqueos, robos, persecuciones, escombros que produjeron esto que ves; albricias, suaves encantos, dulces presencias, altísimos placeres, dorado vino, manjares gustosos, música prodigiosa, muelles alfombras, delicados perfumes, poesías espléndidas, miniaturas de colores inigualables, jardines frondosos, telas tan suaves como tus pechos, tu boca: sueño y sueños.
 
¡Oh maravilla de maravillas!
 
Atribuido a Ibn Abu Hakin (Arabia, siglo VIII) por
Max Aub (Hispano-mexicano nacido en Francia, 1903-1972)

viernes, 20 de diciembre de 2019

Tu boca: EL NUEVO REMORDIMIENTO, de Oscar Wilde

"... y él besará las todavía enredadas rosas de tu boca..."

El pecado era mío; yo no lo entendí.
Así que ahora es música prisionera en su cueva,
A salvo donde descienden las olas desordenadas
Se asientan con sus inquietos remolinos
Y en el hueco marchito de esta tierra
El verano ha cavado su propia tumba tan profunda,
Que los sauces plomizos apenas pueden anhelar
Un capullo de plata en la mano del invierno.

Pero, ¿quién es aquel que viene por la orilla?
(No, amor, ¡mira y adivina!) ¿Quién es ese
Que viene con la ropa teñida desde el sur?
Es tu recién encontrado Señor, y él besará
Las todavía enredadas rosas de tu boca,
Y yo te adoraré con mi llanto, como antes.

(The New Remorse

The sin was mine; I did not understand.
So now is music prisoned in her cave,
Save where some ebbing desultory wave
Frets with its restless whirls this meagre strand.
And in the withered hollow of this land
Hath Summer dug herself so deep a grave,
That hardly can the leaden willow crave
One silver blossom from keen Winter's hand.

But who is this who cometh by the shore?
(Nay, love, look up and wonder!) Who is this
Who cometh in dyed garments from the South?
It is thy new-found Lord, and he shall kiss
The yet unravished roses of thy mouth,
And I shall weep and worship, as before
.)



Oscar Wilde (Irlandés fallecido en Francia, 1854-1900).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

martes, 10 de diciembre de 2019

Tu boca: LOS AVISPONES, de Peter Handke


(Fragmento del capítulo Los avispones)

No tienes que mostrar que vas por un camino polvoriento. Los espectadores no tienen por qué enterarse de las características del camino. Basta con que Te vean andar. Tampoco es necesario mostrar que hace calor. Solamente debes tener cuidado al entrar para que aquellos que Te miran no piensen que Te has puesto en marcha justo ahora; cuando Te vean entrar, deben creer que ya llevas mucho tiempo andando. Tú entras no como si llegaras a este concreto y preciso lugar, sino a un lugar que es idéntico a todos los lugares por los que Tú ya has ido. El lugar al que Tú llegas y en el que Te presentas ante los espectadores no es distinto de los otros lugares. Tú no entras, no Te presentas en un escenario, más bien caminas por entre las miradas. No hay nadie. Los movimientos de Tus piernas son tales que suscitan en los que Te miran la idea de que ya van solas y de que Tú no pones nada de Tu parte para que avancen. Si miras a Tu alrededor, a los espectadores les tiene que parecer que miras siempre después de haber dado un número determinado de pasos. Al andar, Tu mirada no se ha apartado ni una sola vez de Tus pies. Miras a Tu alrededor como quien busca una sombra en una vasta extensión de terreno. Tu vestimenta es sencilla; no debe atraer la mirada de los espectadores. Llevas una camisa sin cuello, como un presidiario o un campesino. Hace poco que has llegado. Los espectadores ya habrán captado que estás en camino desde hace mucho. No necesitan saber más. Ahora tienes que este breve lapso de tiempo durante el cual los espectadores Te ven y que Tú puedes calcular midiendo Tus pasos con la abertura entre el pulgar y el índice, este tiempo que transcurre entre Tu primer movimiento visible a los espectadores y el momento en el que Te detienes y miras a Tu alrededor, a ellos, les parezca infinitamente largo. No basta con mostrar tu fatiga a los que desconocen lo que Te pasa, haciendo ver que Te pones de cuclillas y escupiendo sobre una piedra (por decir algo) que desentierras del camino para Ti, como recomienda el remedio casero para el dolor de costado. Solamente dispones de Tu cara y de Tus gestos. Tu voz, con la que podrías hablarles, ha enmudecido. Durante el minuto que has andado ha transcurrido medio día. Esto es lo que los otros tienen que entender. En medio día, la luz y el viento cambian. El camino cambia. Cambian las sombras de lo que se alza sobre la tierra. A los espectadores Tú sólo puedes mostrarles Tu propio cambio. Sin embargo, durante el minuto que Te han visto, no Te ha ocurrido otra cosa que lo que les has mostrado. No vale la pena que Te pongas la mano sobre los ojos y Te gires para ver los doce pasos que has dado ante ellos. No basta con que simules que no alcanzas a ver un final. Seguro que ellos entenderán lo que Tú representas y se dejarán convencer por Tus gestos de que tienen que multiplicar los pasos, sin embargo, no podrán entender cuánto tiempo ya ha transcurrido. No les llegará al corazón. Para mostrárselo, necesitarías magia o una gran elocuencia o una fórmula con la que pudieras encantar sus oídos. Pero se Te exige que permanezcas mudo. No basta con que cambies Tu modo de andar, no basta con modificar la expresión de la cara y que los ojos parpadeen, no basta con dejar que los brazos cuelguen lacios de los hombros. No dispones de una iluminación que podría mover Tu sombra. Tirarte al suelo de cansancio, no resultaría. Con ningún gesto, con ninguna expresión conseguirías resumir el tiempo transcurrido. Cualquier cosa que hicieras se convertiría en un espectáculo de títeres. Pero si Tú mismo representas esa comedia, se reirán de Ti, igual que si quisieras mostrar el paso del tiempo colocando delante de Ti la palma de la mano a modo de cronómetro y utilizaras como aguja el índice de la otra mano y los espectadores tuvieran ante sí los puntos invisibles que significan las horas, y Tu dedo que iría avanzando a cada paso que dieras. Tienes que mostrar doce pasos, doce horas. Ahora el dedo ha regresado al punto de partida. Simultáneamente, Tú te has detenido y Te propones descansar al lado del camino. Pero la magia que necesitas para que los espectadores capten el tiempo, la magia que los haga estremecer, está encerrada en Tu boca. Tu voz es muda. También en lo que sigue, Tu voz permanecerá muda. El ruido que en medio del movimiento que realizas para ponerte a descansar Te hace aguzar los oídos, Tú lo indicas levantando de lado la cabeza «como un ciego».
 
 
Peter Handke (Austria, 1942).
Hoy tuvo lugar en Suecia la ceremonia en que recibió
el premio Nobel de literatura correspondiente a 2019.
 
(Traducido al español por Anna Montané Forasté).

viernes, 22 de noviembre de 2019

Tu boca: PLENITUD, de Víctor Hugo

"El vaso en que ahora bebo y todavía tengo lleno. Mi alma tiene más fuego que ceniza."

Ya que he acercado mis labios a tu copa aún llena;
Ya que puse entre tus manos mi pálida frente;
Puesto que he respirado el dulce aliento
De tu alma, perfume soterrado en la sombra.
 
Puesto que me fue concedido escuchar lo que dices:
Las palabras donde se derraman los misterios del corazón;
Puesto que te he visto llorar y te he visto sonreír,
Tu boca sobre mi boca y tus ojos en mis ojos
.
 
Ya que he visto brillar sobre mi testa encantada
Un rayo luminoso de tu astro, ¡ay!, siempre velado.
Puesto que he visto caer en las ondas de mi vida
Un pétalo de rosa arrancado a tus días;
 
Puedo ahora decir a los años fugaces:
- ¡Pasen! ¡Sigan pasando! ¡Yo no envejeceré más!
Váyanse con todas las flores marchitas,
Tengo en el alma una flor que nadie puede cortar;
 
Ni con sus alas al chocar harán que derrame
El vaso en que ahora bebo y todavía tengo lleno.
Mi alma tiene más fuego que ceniza.
Mi corazón tiene más amor que olvido.

 
 
(Puisque j'ai mis ma lèvre à ta coupe encor pleine;
Puisque j'ai dans tes mains posé mon front pâli;
Puisque j'ai respiré parfois la douce haleine
De ton âme, parfum dans l'ombre enseveli;

Puisqu'il me fut donné de t'entendre me dire:
Les mots où se répand le coeur mystérieux;
Puisque j'ai vu pleurer, puisque j'ai vu sourire
Ta bouche sur ma bouche et tes yeux sur mes yeux;

Puisque j'ai vu briller sur ma tête ravie
Un rayon de ton astre, hélas ! voilé toujours
Puisque j'ai vu tomber dans l'onde de ma vie
Une feuille de rose arrachée à tes jours;

Je puis maintenant dire aux rapides années:
- Passez! passez toujours! je n'ai plus à vieillir!
Allez-vous-en avec vos fleurs toutes fanées ;
J'ai dans l'âme une fleur que nul ne peut cueillir!

Votre aile en le heurtant ne fera rien répandre
Du vase où je m'abreuve et que j'ai bien rempli.
Mon âme a plus de feu que vous n'avez de cendre!
Mon coeur a plus d'amour que vous n'avez d'oubli!
)
 
 
Víctor Hugo (Francia, 1802-1885).
 
(Traducido del francés por Jules Etienne).

jueves, 14 de noviembre de 2019

Tu boca: LA ESPOSA DEL VENGADOR, de José Echegaray

"Yo vi su dulce sonrisa, y pensé en aquel momento (...) ¿si en tu boca así es la risa, qué será en tu boca un beso?"

(Fragmento de la escena IV del primer acto)

Parreño: ¿Y es eso todo? ¡Ilusiones
de enamorado mancebo!

Carlos: Eso es todo, porque es vida,
y es esperanza, y es cielo.
Escúchame y no te burles.
Suponme presa de un sueño,
poblado de mil fantasmas,
de la calentura engendro,
e imagina que, por fin,
tras largo luchar, despierto,
corro al balcón, y de un valle
perfumado, alegre, fresco,
sobre mi abrasada frente
brisas matinales siento.
¿Comprendes la sensación
de bienestar, de consuelo,
que hubiese experimentado
mi ser en aquel momento?
Pues esto mismo sentí
cuando mis ojos lo vieron.
Meditando en mi venganza,
ante mí pasando tercos
el cadáver de mi padre
y la espada de Pacheco,
alumbrados de esa luz

por los últimos reflejos,
marchaba yo por las calles
soñando más que despierto,
cuando la vi de repente
tan de cerca, que su aliento
sobre mi abrasado rostro
sentí perfumado y fresco.
Yo vi su frente purísima,
a la que rubios cabellos
coronaban, como suele
con sus dorados reflejos
coronar el sol que nace
monte de nieve cubierto.
Yo vi sus ojos azules,
que en verdad me parecieron
más celestiales que aqueste
bellísimo firmamento,
que al fin este cielo es uno
y aquellos eran dos cielos.
Yo vi su dulce sonrisa,
y pensé en aquel momento
con la rapidez del rayo,
y del rayo con el fuego,
¿si en tu boca así es la risa,
qué será en tu boca un beso?
Y al ver tan divina mezcla,
y conjunto tan perfecto,
de cuanto hay de más hermoso
en la tierra y en el cielo,
sentí... yo no sé, ¡Dios mío!,
lo que sentí; sólo siento
que hay más luz en el espacio,
más aromas en el suelo,
más frescura en el ambiente,
y que están los aires llenos
de divinas armonías
y celestiales conciertos.


Parreño: ¡Buena ocasión es, don Carlos,
de pensar en devaneos!
iPobre Marqués de Quirós!


Carlos: ¡Calla, calla!...

Parreño: ¡Pobre dueño!
Tú descansas bajo el mármol
desgarrado el noble seno,

el que te arrancó la vida
su triunfo goza, soberbio,
y el hijo que tanto amabas,
aquí, do cayó tu cuerpo,
celestiales armonías
está sin cesar oyendo.
¡Bien haya por la ventura
que goza, el noble mancebo!


Carlos: Dije que será esta noche.

Parreño: ¿Me lo juras? 

Carlos: Lo prometo.
 

(Sale de la iglesia Fernando y camina con lentitud).



José Echegaray (España, 1832-1916).
Obtuvo el premio Nobel en 1904 compartido con Frédéric Mistral.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Tu boca: POEMA CUBISTA, de Pablo Picasso

 
4 de noviembre de 1935
 
(II)

espejo en tu marco de corcho - tirado al mar entre las olas - no ves sólo el relámpago - el cielo - y las nubes - con tu boca abierta dispuesta - a tragarse el sol - mas si un pájaro pasa - y por un instante vive en tu mirada -  al instante se queda sin ojos - caídos al mar - ciego y qué carcajadas - en ese preciso momento - brotan de las olas.
 
 
Pablo Picasso (Español fallecido en Francia, 1881-1973).
 
La ilustración corresponde a un collage de obras cubistas de Pablo Picasso.

viernes, 25 de octubre de 2019

Tu boca: EL VACÍO, de Georges Bataille



 Llamas nos rodearon
bajo nuestros pasos se abrió el abismo
un silencio de leche de hielo de huesos
nos envolvía con un halo

eres la transfigurada
mi destino te ha roto los dientes
tu corazón es un hipo
tus uñas han hallado el vacío

hablas como la risa
los vientos alisan tu cabello
la angustia que el corazón oprime
precipita tu burla

tus manos tras mi cabeza
no agarran sino la muerte
tus besos rientes no se abren
sino a mi pobreza de infierno

bajo el baldaquino sórdido
del que penden los murciélagos
tu maravillosa desnudez
no es más que una mentira sin lágrimas

mi grito te llama en el desierto
al que no quieres venir
mi grito te llama en el desierto
en el que se cumplirán tus sueños

tu boca sellada a mi boca
y tu lengua en mis dientes
la inmensa muerte te acogerá
caerá la inmensa noche

entonces habré hecho el vacío
en tu cabeza abandonada
tu ausencia estará desnuda
como una pierna sin medias

esperando el desastre
en que se extinguirá la luz
seré yo suave en tu corazón
como el frío de la muerte.
 
 
Georges Bataille (Francia, 1897-1962).