Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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viernes, 5 de julio de 2024

Mirándolas dormie: SON MÁS LOS QUE MUEREN DE DESAMOR, de Saul Bellow

"
Mientras dormía, sólo podía verse su perfil; la criatura de la fortuna purificada, al fin, para el descanso total."

(Fragmento)

La única incuestionable afinidad que tenía en ese lugar, era con la azalea que estaba a sólo dos metros y medio de distancia. La otra afinidad, con Matilda, estaba -eso esperábamos- en sus estadios de formación. Ella necesitaba ahora dormir y había que tolerárselo. Él procuraba no molestarla y por eso colgaba los pantalones en la puerta del baño para que el tintineo de las llaves y las monedas no la alcanzasen. Durante toda la mañana, la cocinera cocinaba, la limpiadora limpiaba, la señora Layamon grababa a Marianne Moore o a Wallace Stevens, y Matilda, en su habitación de soltera, yacía envuelta en su edredón de seda. Mientras dormía, sólo podía verse su perfil; la criatura de la fortuna purificada, al fin, para el descanso total. Después de mucha agitación, de desafíos, de vagabundeos pródigos o neuróticos, se había reconciliado con su hogar. Era aquí donde entraba el tío Benn. El matrimonio con B. Crader la había restablecido. Encontró la paz. Reasumió su modo de vida anterior y sus privilegios, sean los que fueren. Dormía. Era una durmiente extravagante y lujuriosa, totalmente abandonada al sueño. Se podía pensar en Psique abrazando a Eros en una ciega oscuridad. Para mi sorpresa, así fue como el tío la describió. Psique también era de ese poema de Poe que tenía al tío obsesionado, como más tarde se obsesionaría con la viñeta de Charles Addams. Al principio, pensé equivocadamente: «Otra vez ese loco de Edgar Allan Poe con su Psique de mármol. Sólo que este pobre tonto, que casualmente es un tonto al que quiero mucho, podría volverse loco con ese poema. Todas esas imágenes de segunda clase, tanta autocomplacencia. Y lejos, tan lejos de la botánica en la que debiera invertir lo mejor de sí mismo».

En cuanto a eso, yo estaba completamente equivocado. Él tenía un destello de la verdad. Si ella era Psique, el Eros que abrazaba en sus sueños no era su marido. Él me lo decía indirectamente. Él era me lo decía la causa de ese descanso, pero la sustancia bien podía ser otra cosa. ¿Otro hombre? No, claro que no. Algo, no alguien. No había otro hombre. Sólo que esa cosa, su Eros, no era Benn Crader. Claro que la Psique de Poe era toda de mármol y representaba la belleza ideal. La señora de Poe estaba para ser contemplada, no abrazada, la Belleza en contemplación. (Sea como fuere, ¿qué hacen unos judíos metidos en todo este asunto griego?).

- Bueno, déjala que recupere su sueño. Veo que lo necesita. No quiero preguntarle: ¿por qué duermes tanto?

- Eso te da la oportunidad de ponerte al día de lo que pasa en el mundo -dije.

- Déjala que duerma todo lo que quiera -dijo él-. En sentido último, nadie descansa todo lo que le hace falta salvo con la muerte. Así que cuando ella recupere el sueño perdido, yo espero obtener algún beneficio.

Saul Bellow
(Estadounidense nacido en Canadá, 1915-2005). Obtuvo el premio Nobel en 1976.

(Traducido al español por María Mir).

domingo, 15 de enero de 2023

Enero: TODO CUENTA, de Saul Bellow

"... con escamas blancas y grises, bloques de hielo arrastrados por los fuertes vientos hacia la orilla."

(Fragmento)

En este día de enero, el termómetro marca menos de veinte bajo cero, y el lago Michigan parece la bahía del Hudson, con escamas blancas y grises, bloques de hielo arrastrados por los fuertes vientos hacia la orilla. Buques transatlánticos, que no zarparon a tiempo de Calumet Harbor, parecen inmovilizados en el horizonte, lo mismo que los guardacostas que han salido en su auxilio. En este tiempo, Chicago, que tanto ha cambiado en los últimos cuarenta años, recobra su antiguo aspecto con su helada armadura de mugre, la sal blanqueando guardabarros y puertas de coches, el humo que sale despacio de las chimeneas, el rostro y el alma encogidos frente a la furia del frío, todo igual que en los viejos tiempos. Luego aparecen otras similitudes: pirámides de naranjas tras los escaparates surcados de escarcha, olor a sangre frente a la carnicería, el negro y blanco de los periódicos haciendo juego con el blanco y negro de las calles. Trato de recordar quién dijo que abrir el periódico era como arrancar la venda de una herida. Este invierno me recuerda aquella época, cuando me iniciaba en la vida, cuando había una Gran Depresión, cuando cuadrillas de parados, contratados provisionalmente para trabajar en obras públicas, aparecían al amanecer bajo la tenue escarcha que, como motas de polvo, flotaba en el aire frente el pálido sol. En su precario trabajo, los desempleados cogían los adoquines, los limpiaban a martillazos y los volvían a colocar.

Saul Bellow (Estadounidense nacido en Canadá, 1915-2005).
Obtuvo el premio Nobel en 1976.

(Traducido al español por Benito Gómez Ibáñez).

martes, 4 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: HERZOG, de Saul Bellow

"Madeleine, creí que habías dejado de ser católica. Pero ¿no es ceniza lo que veo entre tus ojos?"

(Fragmento)

- Y desde luego -dijo el doctor- por lo que me cuenta usted, no ha dejado de tener alguna culpa. Además, me da la impresión, cuando su mujer me habla, de que se siente ofendida. ¿Cuándo abandonó nuestra religión?

- No estoy seguro. Creo que hace mucho tiempo. Pero el último Miércoles de Ceniza se sometió a la imposición de la ceniza en la frente. Le dije: «Madeleine, creí que habías dejado de ser católica. Pero ¿no es ceniza lo que veo entre tus ojos?» y ella me respondió: «No sé de qué me hablas.» Trató de que pareciera que yo sufría una de mis ilusiones o algo así. Pero no había tal ilusión. Era, sencillamente, una mancha en la frente. Puedo jurar que le quedaba la mitad de la ceniza. Pero su actitud parecía decir que un judío como yo no podía darse cuenta de esas cosas.

Herzog veía que Edvig estaba fascinado por todo lo que él decía de Madeleine. Movía la cabeza afirmativamente a cada frase de él, como diciéndole que comprendía y se daba golpecitos en su acicalada barba. Le brillaban los lentes.

- ¿Cree usted que es una cristiana de verdad?

Sólo sé que ella me cree un fariseo. Así lo dice siempre.

- ¿Ah? -fue el conciso comentario de Edvig.

- Ah, ¿qué? —dijo Moses—. ¿Acaso está usted de acuerdo con ella?

- ¿Cómo puedo estarlo? Apenas los conozco a ustedes. Pero ¿qué opina usted de lo que le he preguntado?

- ¿Cree usted que hay algún cristiano en el siglo XX que tenga el derecho de hablar de los fariseos judíos? Desde un punto de vista judío, como usted sabe muy bien, ese no ha sido uno de nuestros mejores períodos.

- Pero, ¿cree usted que su esposa tiene una verdadera actitud cristiana?

- Creo que tiene un punto de vista casero sobre el otro mundo. -Herzog estaba sentado muy derecho en su silla y daba quizás a sus palabras un tono engreído-. No estoy de acuerdo con Nietzsche en que Jesús hizo enfermar al mundo entero infestándolo con su moralidad de esclavo. Pero lo cierto es que el propio Nietzsche tenía un punto de vista cristiano de la historia pues siempre veía el momento presente como una crisis, como alguna caída desde la grandeza clásica, como una corrupción o mal del que había que salvarse. A eso lo llamo yo cristiano. Y Madeleine piensa así, desde luego. En cierto modo, muchos de nosotros también. Creemos que hemos de curarnos de los efectos de algún veneno, que necesitamos ser salvados, rescatados. Madeleine necesita un salvador, y es evidente que no me considera a mí como su salvador.

Saul Bellow (Nacido en Canadá y ciudadano estadounidense, 1915-2005). Obtuvo el premio Nobel en 1976.

domingo, 10 de enero de 2021

Año nuevo: HENDERSON, EL REY DE LA LLUVIA, de Saul Bellow

"Fue un estallido de ruidos, como en Coney Island o Atlantic City o Times Square en Año Nuevo."
 
(Párrafo del capítulo XII)

¡Qué gritos! ¡Qué animación! ¡Qué retumbar los bombos, como si volvieran a hablar los animales por medio de los pellejos que en otro tiempo recubrieran sus cuerpos! Fue un estallido de ruidos, como en Coney Island o Atlantic City o Times Square en Año Nuevo. Al salir el rey por la puerta, aquella enorme cacofonía sepultó mis palabras anteriores.
 
Saul Bellow (Estadounidense nacido en Canadá, 1915-2005).
Obtuvo el premio Nobel en 1976.
 
(Traducido al español por Vera Ozores).
La ilustración corresponde al festejo de año nuevo en Times Square a finales de los años cincuenta.
La novela se publicó en 1958.

martes, 5 de febrero de 2019

Febrero: EL HOMBRE EN SUSPENSO, de Saul Bellow

"De niños, cuando vivíamos en Montana, decíamos que en el cielo estaban desplumando gansos."

5 de febrero
 
(Fragmento)
 
Pero en febrero mejoró la situación. En nuestros encuentros, cuando entrábamos y salíamos de la casa, empezamos a saludarnos de nuevo. Pagamos el alquiler, la calefacción aumentó, volvimos a tener agua caliente. Un día entré con un cheque en la mano y me encontré a los Gesell desayunando, sentados a una mesa que no desentonaría en una cabaña de troncos. El dálmata se acercó y se restregó contra mí embarazosamente… el pobre animal era un complemento y no tenía vida propia. Gesell tomó el cheque, me dio las gracias y se puso a extender un recibo. Beth, con el mentón apoyado en el dorso de la mano, miraba por la ventana, contemplando la nieve. Era una mujer gruesa, de cabello rojizo cortado en forma cuadrada, como una caja, a la manera masculina. Empecé a pensar que aún estaba enfadada y no quería hablar conmigo, pero contemplaba la caída de los copos suaves y densos, y de repente me dijo:
 
- De niños, cuando vivíamos en Montana, decíamos que en el cielo estaban desplumando gansos. No sé si todavía dirán eso.
 
- Nunca había oído tal cosa -repliqué, totalmente dispuesto a hacer las paces.
 
- Tal vez ya no lo diga nadie. Ha pasado mucho tiempo.
 
- No puede ser tanto -le dije generosamente, y obtuve una sonrisa entristecida.
 
- Oh, sí, mucho tiempo.
 
Gesell seguía escribiendo, también sonriente, tal vez pensando en la infancia de su mujer o en dichos similares de la suya. El perro bostezó y cerró las mandíbulas con un chasquido.
 
 
Saul Bellow (Estadounidense nacido en Canadá, 1915-2005).
Obtuvo el premio Nobel en 1976.
 
La ilustración corresponde a la fotografía de una pluma de ganso sobre el suelo congelado, de Ines Mondon.

viernes, 16 de marzo de 2018

Nieve: LA BANDEJA DE PLATA, de Saul Bellow

"... con la nieve que les llegaba por el viento desde la plataforma de atrás cuando se abrían las puertas..."
 
(Fragmento)

Cuando pararon de sonar las campanas, Woody se dio cuenta de que un gran lago de tranquilidad se había instalado en sus dominios, el almacén de baldosas Selbst. Lo que oía y veía era un viejo tranvía de Chicago, uno de aquellos del color de un novillo de corral. Los tranvías de ese tipo funcionaban antes de lo de Pearl Harbor: eran torpes, con asientos de enea y unas asas de metal para los pasajeros que iban de pie. Aquellos tranvías solían hacer cuatro paradas cada kilómetro y medio, y corrían con un movimiento bamboleante. Apestaban a ácido fénico u ozono y vibraban con fuerza cuando se cargaban los compresores de aire. El revisor tenía que tirar de la cuerda para dar la señal, y el conductor apretaba fuerte el pedal con el talón.
 
Woody se reconocía a sí mismo en la línea de la avenida Western, y en el hecho de atravesar cabalgando la ventisca con su padre, los dos con chaquetas de piel de cordero y con las manos y las caras al aire, con la nieve que les llegaba por el viento desde la plataforma de atrás cuando se abrían las puertas y entraban en las ranuras longitudinales del suelo. En el interior no había bastante calor para fundir esa nieve. Y la avenida Western era la línea de tranvía más larga del mundo, según los anuncios, como si fuera algo por lo que fanfarronear. Treinta y siete kilómetros de largo, hecha por un dibujante con una escuadra, bordeada de fábricas, almacenes, talleres, negocios de coches de segunda mano, cocheras de tranvías, gasolineras, funerarias, edificios de apartamentos baratos y chatarrerías, alternando con las praderas que había desde el sur hasta Evanston, en el norte. Woodrow y su padre iban al norte, a Evanston, a la calle Howard, y después un poco más lejos, a ver a la señora Skoglund. Al final de la línea aún tendrían que subir alrededor de cinco manzanas. ¿El objeto del viaje? Conseguir dinero para papá. Papá lo había convencido para que hiciera esto. Cuando lo averiguaran, mamá y la tía Rebeca se pondrían furiosas, y Woody tenía miedo, pero no podía evitarlo.
 
Saul Bellow (Estadounidense nacido en Canadá, 1915-2005).
Obtuvo el premio Nobel en 1976.
 
(Traducido al español por Beatriz Ruiz Arrabal).

domingo, 5 de noviembre de 2017

Eclipse: EL LEGADO DE HUMBOLDT, de Saul Bellow

"Así lo había predicho Einstein, reflexionando sobre las cosas. Y las observaciones llevadas a cabo por Arthur Eddington durante un eclipse lo probaron."
 
(Fragmento)

Desde el rascacielos podia contemplar el aire de Chicago de esta tarde corta de diciembre. Un desteñido sol esparcía desde occidente una luz anaranjada sobre las sombras oscuras de la ciudad, sobre los brazos del río y los negros armazones de los puentes. El lago, áureo, plata y amatista, estaba preparado para su cobertura invernal de hielo. Se me ocurrió pensar que si Sócrates tenía razón en que nada se podía aprender de los árboles y que únicamente los hombres que encontrábamos a nuestro paso podían enseñarnos algo sobre nosotros mismos, yo andaba por mal camino al escaparme hacia el escenario en lugar de escuchar a mis compañeros humanos. Evidentemente, no tenía un buen estómago para los compañeros humanos. Para aliviar la intranquilidad y la pesadez de mi corazón, divagaba sobre el agua. Sócrates me habría dado muy mala nota. Parecía más bien estar en el modo final de las cosas de Wordsworth: árboles, flores, agua. Pero eran la arquitectura, la ingeniería, la electricidad y la tecnología las que me habían llevado a ese piso sesenta y cuatro. Escandinavia había colocado este vaso en mi mano, Escocia lo había llenado de whisky, mientras yo permanecía allí sentado recordando ciertos hechos maravillosos sobre el sol, es decir, que la luz de otras estrellas, al entrar en el campo gravitacional del sol, se curvaba. El sol se arropaba con un chal hecho de esta luz universal. Así lo había predicho Einstein, reflexionando sobre las cosas. Y las observaciones llevadas a cabo por Arthur Eddington durante un eclipse lo probaron. El encuentro antes de la búsqueda.
 
 
Saul Bellow (Estadounidense nacido en Canadá, 1915-2005).
Obtuvo el premio Nobel en 1976. 

jueves, 14 de mayo de 2015

Tu boca y Madeleine: HERZOG, de Saul Bellow


(Fragmento)
 
Su rostro afeitado, murmurando ante el espejo, tenía grandes ojeras. Está muy bien, pensó... A pesar de que no hay mucha luz, se ve que eres un hombre muy guapo. Todavía puedes pasar bastante tiempo conquistando mujeres. Conquistándolas a todas menos a esa bruja, Madeleine, cuya cara no se sabe si es hermosa o muy desagradable. Anda, pues, que Ramona te alimentará, te dará vino, te quitará los zapatos, te halagará, te besará, y te dará mordisquitos con sus lindos dientes. Luego abrirá la cama, apagará las luces, e irá a lo esencial...  Estaba medio elegante, medio fachoso. Siempre había sido ése su estilo. Así, si se anudaba la corbata con gran cuidado, tenía sueltos los cordones de los zapatos. Su hermano Shura, inmaculado con sus trajes hechos por los mejores sastres, con afeitados, pelados y manicura de Palmer House, le decía que su descuido era a propósito. En tiempos quizá fuese un desafío juvenil a las conveniencias, pero ahora ese descuido de las apariencias formaba ya parte de la comedia diaria de Moses E. Herzog. Ramona solía decirle: «No eres un verdadero y puritano americano. Para lo que tú tienes talento es para la sensualidad. Tu boca te traiciona.» Y cuando le oía esto, Herzog no podía evitar ponerse los dedos sobre los labios. Pero luego se reía mucho. Sin embargo, le fastidiaba que ella no le reconociese como un verdadero americano. Eso le dolía. ¿Qué era él, pues, sino un norteamericano? En el servicio militar, sus compañeros también le consideraban como un extranjero.

 

Saul Bellow
(Estadounidense nacido en Canadá, 1915-2005).
Obtuvo el premio Nobel en 1976.
 
 
 
 La ilustración corresponde a la portada del libro en la edición italiana de Oscar Mondadori, colección Clásicos Modernos.