Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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miércoles, 21 de febrero de 2024

Un paréntesis: SEISCIENTOS MIL VISITANTES


El pasado 5 de agosto -fecha que siempre he considerado le pertenece a Marilyn, porque es el aniversario luctuoso de su suicidio- consignaba la cifra de 555,555 visitantes en
Mitos y reincidencias. Hace apenas un rato que hoy, 21 de febrero, se detuvo a leerlo el internauta número seiscientos mil.

Sin que se trate, de ninguna manera, de una cantidad extraordinaria, puesto que ha tomado varios años alcanzarla, no deja de ser satisfactorio y gratificante que conti- núen sumándose lectores a este espacio literario. He abierto un paréntesis con el fin de agradecer a aquellos que nos frecuentan y de paso ofrecer una disculpa por lo escaso que suelen ser mis respuestas a sus comentarios. Me apena no poder hacerlo como se merecen, pero entre mis actividades cotidianas, la novela que ahora escribo y tratar de mantener más o menos al día cinco blogs simultáneos, pocas veces me queda oportunidad para hacerlo.

Regreso entonces a las reincidencias literarias de las que suele ocuparse Mitos y reincidencias -como su nombre lo indica-, en esta ocasión con un tema que me ha resultado particularmente divertido: Mirándolas dormir. Aprovecho para comentar el hallazgo de algunos textos que considero debiera añadir, aunque al estar escritos por mujeres, más bien tendría que hacerlo bajo la denominación de «Mirándolo dormir».

Ese sería el caso de Tú dormías, poema incluido por Delmira Agustini en el volumen Los cálices vacíos, prologado por Rubén Darío en 1913, quien le pronosticaba una dimensión extraordinaria a su poesía:

"De todas cuantas mujeres hoy escriben en verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini", y más adelante asegura: "Si esta niña bella continúa en la lírica revelación de su espíritu como hasta ahora, va a asombrar a nuestro mundo de lengua española".

 Como es de sobra conocido, eso no fue posible puesto que la poeta fue asesinada a los veintisiete años de edad por su ex marido, quien así cometió uno de los femini- cidios más escandalosos de principios del siglo pasado -el 6 de julio de 1914-, y de paso nos privó a sus lectores la posibilidad de disfrutar una obra más extensa.

De nuevo reitero mi agradecimiento y con renovado entusiasmo recupero nuestro tema en desarrollo.

Jules Etienne

domingo, 18 de febrero de 2024

Mirándolas dormir: DE INVIERNO (soneto), de Rubén Darío

"... y en tanto cae la nieve del cielo de París."

En invernales horas mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Alençón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño:
entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos, mírame con su mirar risueño,
y en tanto cae la nieve del cielo de París.

Rubén Darío
Félix Rubén García Sarmiento (Nicaragua, 1867-1916).

sábado, 26 de febrero de 2022

Día de reyes: LOS TRES REYES MAGOS, de Rubén Darío


IV

- Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

- Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!

- Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

- Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!


Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916).

domingo, 26 de julio de 2020

Epidemias: AUTOBIOGRAFÍA (La vida de Rubén Darío escrita por él mismo), de Rubén Darío


(Párrafos iniciales del capítulo XVII)

Al llegar a este punto de mis recuerdos, advierto que bien puedo equivocarme, de cuando en cuando, en asuntos de fecha, y anteponer o posponer la prosecución de sucesos. No importa. Quizás ponga algo que aconteció después en momentos que no le corresponde y viceversa. Es fácil, puesto que no cuento con más guía que el esfuerzo de mi memoria. Así, por ejemplo, pienso en algo importante que olvidé cuando he tratado de mi primera permanencia en San Salvador.

Un día, en momentos en que estaba pasando horas tristes, sin apoyo de ninguna clase, viviendo a veces en casa de amigos y sufriendo lo indecible, me sentí mal en la calle. En la ciudad había una epidemia terrible de viruela. Yo creí que lo que me pasaba sería un malestar causado por el desvelo, pero resultó que desgraciadamente era el temido morbo. Me condujeron a un hospital con el comienzo de la fiebre. Pero en el hospital protestaron, puesto que no era aquello un lazareto; y entonces, unos amigos, entre los cuales recuerdo el nombre de Alejandro Salinas, que fue el más eficaz, me llevaron a una población cercana, de clima más benigno, que se llamaba Santa Tecla. Allí se me aisló en una habitación especial y fui atendido, verdadera- mente, como si hubiese sido un miembro de su familia, por unas señoritas de apellido Cáceres Buitrago. Me cuidaron, como he dicho, con cariño y solicitud, y sin temor al contagio de la peste espantosa. Yo perdí el conocimiento, viví algún tiempo en el delirio de la fiebre, sufrí todo lo cruento de los dolores y de las molestias de la enfermedad; pero fui tan bien servido, que no quedaron en mí, una vez que se había triunfado del mal, las feas cicatrices que señalan el paso de la viruela.


Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916).

jueves, 18 de julio de 2019

Tu boca: ¡OH MI ADORADA NIÑA!, de Rubén Darío

"La ensangrentada huella del filo de un puñal:" 

¡Oh mi adorada niña!
Te diré la verdad:
Tus ojos me parecen
brasas en un cristal;
tus rizos, negro luto,
y tu boca sin par,
la ensangrentada huella
del filo de un puñal.


Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916).

martes, 12 de junio de 2018

Rusalka: ELEGÍA PAGANA, de Rubén Darío

"La llamaron las voces de un coro de rusalcas..."
 
¿Sabéis? La rusa, la soberbia y blanca rusa
que danzó en Buenos Aires, feliz como una musa
enamorada, y sonrió mucho, y partió luego
a dar sol a sus rosas al Paraguay de fuego.
 
La rusa más hermosa de las rusas viajeras,
manzana matutina, flor de las primaveras,
diamante de los popes y perla de los zares;
la rusa que tenía su ramo de azahares
fresco para la fiesta nupcial, Mima, no existe...
Que Menalcas, llorando, rompa la flauta triste;
que en desagravio a Venus se maten mis palomas;
rómpase el vaso alegre y los frascos de aromas;
y vierta el dulce Véspero su elegía nocturna,
su elegía de oro dolorosa, en la urna
en que descansa aquella gentil carne divina.
No descansa. En el lago de la muerte patina
la regia rusa, brillan sus patines de plata
al halago lunar. Mágica serenata
hacer sonar un ruiseñor en lo invisible,
y Mima es ya princesa de un imperio imposible.

La llamaron las voces de un coro de rusalcas;
partió, y echó en olvido la flauta de Menalcas,
los azahares y las tórtolas sonoras.
¿Recuerdas aquel día, amante que la lloras,
en que gozosa y orgullosa fue mi rima
encadenada al libro con un guante de Mima?

Propiciatoriamente, yo invocaba a Himeneo...
Aún veo el libro todo blanco y oro. Aún veo
una noche a la eslava que tú adoraste ciego,
digna de amor latino, como de culto griego,
pues la petersburguesa, parisiense y latina
tuvo todas las gracias, y además, la argentina.
 
Como la Diana de Falguière, ella ha partido,
virgen a lanzar flechas al bosque del olvido.
Como la Diana de Falguière, blanca y pura
a cazar imposibles entre la selva obscura.


Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916).

lunes, 29 de mayo de 2017

Carnaval: CANCIÓN DE CARNAVAL, de Rubén Darío

 
"... y suene, como una lira, tu carcajada."

Musa, la máscara apresta,
ensaya un aire jovial
y goza y ríe en la fiesta
del Carnaval.

Ríe en la danza que gira,
muestra la pierna rosada,
y suene, como una lira,
tu carcajada.

Para volar más ligera
ponte dos hojas de rosa
como hace tu compañera
la mariposa.

Y que en tu boca risueña
que se une al alegre coro
deje la abeja porteña
su miel de oro.

Únete a la mascarada,
y mientras muequea un clown
con la faz pintarrajeada
como Frank Brown;

mientras Arlequín revela
que al prisma sus tintes roba
y aparece Pulchinela
con su joroba,

di a Colombina la bella
lo que de ella pienso yo,
y descorcha una botella
para Pierrot.

Que él te cuente cómo rima
sus amores con la luna
y te haga un poema en una
pantomima.

Da al aire la serenata,
toca el áureo bandolín,
lleva un látigo de plata
para el spleen.

Sé lírica y sé bizarra;
con la cítara sé griega;
o gaucha, con la guitarra
de Santos Vega.

Mueve tu espléndido torso
por las calles pintorescas
y juega y adorna el corso
con rosas frescas.

De perlas riega un tesoro
de Andrade en el regio nido
y en la hopalanda de Guido
polvo de oro.

Penas y duelos olvida,
canta deleites y amores;
busca la flor de las flores
por Florida:

Con la armonía le encantas
de las rimas de cristal,
y deshojas a sus plantas,
un madrigal.

Piruetea, baila, inspira
versos locos y joviales;
celebre la alegre lira
los carnavales.

Sus gritos y sus canciones,
sus comparsas y sus trajes,
sus perlas, tintes y encajes
y pompones.

Y lleve la rauda brisa,
sonora, argentina, fresca,
la victoria de tu risa
funambulesca!
 

Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916).

jueves, 10 de diciembre de 2015

Unicornios: DIVAGACIONES, de Rubén Darío

"Y junto a mi unicornio cuerno de oro..."

(Fragmento)
 
Amor, en fin, que todo diga y cante,
amor que encante y deje sorprendida
a la serpiente de ojos de diamante
que está enroscada al árbol de la vida.

Ámame así, fatal cosmopolita,
universal, inmensa, única, sola
y todas; misteriosa y erudita:
ámame mar y nube, espuma y ola.

Sé mi reina de Saba, mi tesoro;
descansa en mis palacios solitarios.
Duerme. Yo encenderé los incensarios.
Y junto a mi unicornio cuerno de oro,
tendrán rosas y miel tus dromedarios.
 
 
Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916)

martes, 7 de enero de 2014

En lugar de regalos, los reyes magos trajeron nieve

"En el invierno un cruel frío/ que hace llorar..."

Cuando éramos niños solían repetirnos la amenaza proverbial de que había que portarse bien porque de lo contrario los reyes magos no nos traerían ningún regalo. Con el tiempo, los reyes dejaron de cumplir mis deseos. Sin embargo, se me arraigó la costumbre -desprovista de cualquier matiz religioso-, de suponer que el mal comportamiento tarde o temprano acarrea sus propias consecuencias. O por decirlo a manera de eufemismo: dicha conducta se erige como el pretexto para que los reyes magos no cumplan deseos y pasen de largo sin entregar los obsequios esperados.
 
Este año que recién comienza, 2014, ha visto como se nos ha castigado con un frío polar inusual -curiosamente, en Vancouver la temperatura no ha descendido bajo cero, sólo hemos tenido una hermosa nevada antes de navidad y ayer hacía más frío en la ciudad de México-, los reyes repartieron nieve y clima gélido en nuestra porción septentrional del continente.
 
Nueva York amaneció hundido en la nieve. Con lo malhumorados que de por sí son sus habitantes, no envidio a quienes tienen que permanecer allí. Las notas de las agencias noticiosas son tan típicas, todo lo vuelven cifras: "Nueva York registra una temperatura de catorce grados centígrados bajo cero, la menor desde hace 118 años para un siete de enero", y así por el estilo. No ofrecen más que hipérboles y números.
 
Por eso los estadounidenses reinventaron el uso de la palabra billones. En todos los idiomas se emplea la palabra con esa misma raíz etimológica para denominar un millón de millones, incluso los ingleses -que son los padres de esa lengua-. Sin embargo, para ellos son mil millones y no los vamos a sacar del error. De esa manera suena más contundente, tiene un efecto mayúsculo. Y luego se ven forzados a expresarse con un barbarismo coloquial: zillions, porque rebasaron los límites verbales y ya han agotado el repertorio. El problema es que el uso del término es contagioso y aunado a la ignorancia provoca confusiones. Conversando en español un amigo me decía: "el mundo tiene diez billones de habitantes", yo le cuestionaba la imposibilidad, le decía que "diez millones de millones ni siquiera cabrían en el planeta", y en un principio no captaba la diferencia, suponía que hablábamos de la misma cantidad hasta que tuve que explicárselo, y por lo menos aceptó que en español el término billón se refiere a un millón de millones. En caso contrario debe decirse mil millones. Es así y punto. No es negociable.

Desde el momento en que leí la noticia sobre Nueva York empezó a rondarme, como si se tratara de una canción, una vieja rima: "Y millones de habitantes/ pequeños como guisantes/ vistos desde un rascacielos./ En el invierno un cruel frío/ que hace llorar..." Pero no estaba seguro de donde provenía. Escribí la primera frase en el buscador y apareció su autor: Enrique Jardiel Poncela.
 
Eso me ha conducido a otra rima, de Rubén Darío, cuando presenta a cada uno de los tres reyes magos:
 
- Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

- Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!

- Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.


Sólo faltaría, entonces, que los reyes en su versión 2014, además de anunciar cómo Gaspar portaba el incienso, Melchor la mirra y Baltasar el oro, advirtieran el hecho de que irían esparciendo nieve a su paso hasta que la prodigalidad de tanto afán alcanzara el calificativo de cruel. Aunque, por otra parte, también me parece que la humanidad ha hecho lo suficiente para merecerlo.

Jules Etienne