Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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viernes, 14 de julio de 2023

Tampico: CUERPO PRESENTE, de Sergio Pitol

"Lo último que vie de México, unas horas después de haber partido de Tampico..."

(Fragmento)

Y ella, Eloísa Martínez, con una voz vibrante había despuntado:

- Lo último que vi de México, unas horas después de haber partido de Tampico, fue un horizonte de montañas. Una línea lejanísima, donde las cimas se veían clara, nítidamente dibujadas, y, sin embargo, había algo tan irreal en aquella presencia que se tenía la sensación de contemplar un telón de teatro. Usted lo ha sabido advertir, tienen aquellas montañas, como dice la canción yucateca, el sabor del ensueño. Un camarero alemán, un muchachito apenas, descubrió mi emoción y me dijo que era lo último que vería de México, que unos minutos más tarde la nave abandonaría el litoral. Yo apenas resistía las lágrimas. Acababa de suceder la derrota. Venía tras las huellas del maestro. Me juraba ante aquella última vislumbre de la patria que había de volver únicamente para limpiarla, para combatir a quienes nos pisoteaban.

Sergio Pitol (México, 1933-2018).

domingo, 9 de mayo de 2021

Leyendo MIÉRCOLES DE CENIZA, de T. S. Eliot

 
En El mago de Viena, el mexicano Sergio Pitol, se ocupa de la poesía de T. S. Eliot en un episodio al que denomina Suite colombiana para Darío Jaramillo:

"Los tés de las cinco fueron parte importantísima de la educación sentimental para varios jóvenes mexicanos de mi generación. Doña Rosario tenía cinco hijas, la menor era Lucy, dos de las otras, Esperanza, que vivía en Bogotá, y Marta, en Nueva York, pasaban largas temporadas con su madre; las dos restantes no tienen ningún interés para esta historia. Esperanza era también filósofa, y había hecho un posgrado en una universidad norteamericana. Durante el té se hablaba constantemente de fenomeno- logía y existencialismo, de Heidegger, Jaspers y Sartre, pero también de las sórdidas noticias recibidas de Colombia, aunque siempre, omnipotente, estaba en el aire la poesía. Bastaba una alusión a ella para que la reunión se iluminara. La poesía era el reino, el jardín, el auténtico paraíso de esas damas estudiosas. Aun en la conversa- ción cotidiana, la más rudimentaria, se entreveraban los versos, a veces se ampliaban en estrofas o aun en poemas completos. Esperanza Bonilla, la doctorada en los Estados Unidos, decía largos trozos de Miércoles de ceniza, de La tierra baldía, y con mucha frecuencia Los hombres huecos en inglés o en castellano en la sonora traducción de León Felipe..."

También el español Javier Marías en Berta Isla, publicada en 2017, describe a un grupo de lectores interesados en Eliot, quienes coinciden entre los estantes de una librería:

"Eso decía uno de los últimos versos, y entonces salió de su ensimismamiento y levantó la vista y descubrió que había no uno, sino dos hombres, hojeando sendos libros de Eliot: To Criticize the Critic, tenía entre las manos el de la raya diplomática; Ash Wednesday, sostenía otro que no había advertido, un recién llegado. No quiso volver la cara para mirarlo, se apartó  un poco para observarlo con discreción, muy parcialmente: era un individuo corpulento y ancho y alto, mucho más alto que él.

No había tenido la delicadeza de descubrirse pese a estar bajo techado, y figuraba inverosímilmente embebido en aquel otro poema, Miércoles de ceniza (Ceniza en la manga de un viejo, se le había quedado a Tom ese verso y varios otros). Estaba a su derecha y el funcionario presumido a su izquierda (también podía ser un ejecutivo inexperto de la City tratando de asimilarse a los veteranos en su atildamiento), no daban la impresión de ir juntos y Tomás se preguntó cuál sería Mr. Tupra, era mala suerte que a un tercer bibliófilo se le hubiera ocurrido hojear algo de Eliot allí y en aquel instante."

Procedo a concluir con Signos vanos, donde el poeta sevillano Fernando Ortiz refiere: "Y un estertor de Mozart era Eliot, esperando en su desolado/ Miércoles de Ceniza que el fuego y las rosas fueran uno".

Jules Etienne