Luz del verano sobre la bahía en Vancouver. (Fotografía de Jules Etienne).

lunes, 31 de mayo de 2021

Venecia: OTELO, de William Shakespeare


(Fragmento del primer acto, escena tercera)

Brabancio: Lo agradezco humildemenete a Vuestra Gracia. He aquí al hombre, este moro, a quien ahora, por mandato especial, habéis traído aquí, parece, por asuntos de Estado que preocupan a Venecia.

Dux y Senadores: Sentimos por ello el más profundo pesar.

Dux (a Otelo): ¿Qué podéis responder a esto en defensa propia? 

Otelo: Muy poderosos, graves y reverendos señores, mis muy nobles y muy amados dueños; es por demás cierto que me he llevado la hija de este anciano; es cierto que me casé con ella: la verdadera cabeza y frente de mi crimen tiene esta extensión, no más. Soy rudo en mis palabras, y poco bendecido con el dulce lenguaje de la paz, pues desde que estos brazos tuvieron el desarrollo de los siete años, salvo durante las nueve postreras lunas, han hallado siempre sus más caros ejercicios en los campos cubiertos de tiendas. Y fuera de lo que concierne a las acciones guerreras y a los combates, apenas puedo hablar de este vasto universo. Por consiguiente, poco embelleceré mi causa hablando de mí mismo. No obstante, con vuestra graciosa autorización, os haré llanamente y sin ambages el relato de la historia entera de mi amor. Os diré qué drogas, qué encantos, qué conjuros, qué mágico poder (pues de tales procedimientos se me acusa) he empleado para seducir a su hija.

Brabancio: Una virgen nunca desenvuelta, de un carácter tan apacible y tímido, que al menor movmiento enrojecía; y, a despecho de su naturaleza, de sus años, de su país, de su reputación, de todo, ¡caer enamorada de quien tenía miedo de mirar! Mostraría un juicio mutilado y muy imperfecto quien declarase que la perfección puede errar a tal punto contra todas las reglas de la naturaleza; y ante un hecho parecido, debe buscarse la explicación en las prácticas astutas del infierno. Manten- go, pues, de nuevo que ha operado sobre ella con algunas poderosas mixturas sobre la sangre, o por alguna poción conjurada a este efecto.

Dux: Mantenerlo no es probarlo. Necesitáis testimonios mucho más precisos y más claros que esas ligeras aserciones y las probabilidades superficiales de esas ordina- rias apariencias.

Senador primero: Pero hablad, Otelo. ¿Habéis conquistado y emponzoñado por medios indirectos y violentos las afecciones de esta joven doncella? ¿O ha sucedido ello por plegarias y esas bellas instancias que el corazón dirige al corazón?

Otelo: Os lo suplico, enviad a buscar la dama al Sagitario y que se explique respecto de mí delante de su padre. Si en el relato me halláis culpable, no os contentéis con retirarme la confianza y el cargo que os debo, sino que vuestra sentencia caiga sobre mi propia vida.

Dux: Traed acá a Desdémona.

Otelo: Alférez, guiadles; vos conocéis mejor el sitio. (Salen Iago y acompañantes). Y mientras llega, tan sinceramente como confieso al cielo los vicios de mi sangre, así explicaré, con la misma franqueza, a vuestros graves oídos, cómo conquisté el amor de esta bella dama, y ella el mío.

Dux: Referidlo, Otelo.

Otelo: Su padre me quería; me invitaba a menudo; interrogábame siempre sobre la historia de mi vida, detallada año por año; acerca de las batallas, los asedios, las diversas suertes que he conocido. Yo le contaba mi historia entera desde los días de mi infancia hasta el momento mismo en que mandaba hablar. Le relación de muchos azares desastrosos, de accidentes patéticos por mar y tierra; de cómo había escapa- do por el espesor de un cabello a una muerte inminente; de cómo fui hecho prisionero por el insolente enemigo y vendido como esclavo; de cómo me rescaté y de mi manera de proceder en mi historia de viajero. Entonces necesitaba hacer mención de vastos antros y de desiertos estériles, de canteras salvajes, de peñascos y de monta- ñas cuyas cimas tocaban el cielo, y hacía de ellos la descripción. Luego hablaba de los caníbales, que se comen los unos a los otros (los antropófagos), y de los hombres que llevan su cabeza debajo del hombro. Desdémona parecía singularmente interesa- da por estas historias, pero las ocupaciones de la casa la obligaban sin cesar a levantarse; las despachaba siempre con la mayor diligencia posible, luego volvía y devoraba mis discursos con un oído ávido. Habiéndolo yo observado, elegí un día una hora oportuna y hallé fácilmente el medio de arrancarle del fondo de su corazón la súplica de hacerla por entero el relato de mis viajes, de que había oído algunos fragmentos, pero sin la debida atención. Accedí a ello, y frecuentemente le robé lágrimas, cuando hablaba de alguno de los dolorosos golpes que habían herido mi juventud. Acabada mi historia, me dio por mis trabajos un mundo de suspiros. Juró que era extraño, que en verdad era extraño hasta el exceso, que era lamentable, asombrosamente lamentable; hubiera deseado no oírlo, no obstante anhelar que el cielo le hiciera nacer de semejante hombre. Me dio las gracias y me dijo que si tenía un amigo que la amara me invitaba a contarle mi historia, y que ello bastaría para que se casase con él. Animado con esta insinuación, hablé. Me amó por los peligros que había corrido y yo la amé por la piedad que mostró por ellos. Ésta es la única brujería que he empleado. Aquí llega la dama; que sea testigo de ello.

Entran Desdémona, Iago y acompañantes.

Dux: Pienso que un relato así hubiera vencido también a mi hija. Mi buen Brabancio, tomad por el lado mejor este asunto hecho trizas. Los hombres se defienden más seguramente con armas rotas que con sus manos desnudas.

Brabancio: Oídme, os ruego. ¡Que ella confiese que recorrió la mitad del camino, y entonces que la destrucción caiga sobre mi cabeza si mi más fuerte censura se dirige contra este hombre! Venid acá, linda señorita. ¿Descubrís entre toda esta noble compañía a quién debéis sobre todo obediencia?

Desdémona: Mi noble padre, noto aquí un deber compartido. Os estoy obligada por mi vida y mi educación; mi vida y mi educación me enseñan qué respeto os debo. Sois el dueño de mi obediencia, ya que hasta aquí he sido vuestra hija. Mas he aquí mi esposo; y la misma obediencia que os mostró mi madre, prefiriendo a vos sobre su padre, reconozco y declaro deberla al moro, mi marido.


William Shakespeare (Inglaterra, 1564-1616).

La ilustración corresponde al acto primero, escena tercera, de la obra escenificada en el teatro Guthrie, en 2014, con Peter Macon como Otelo, dirigida por Marion McClinton.

domingo, 30 de mayo de 2021

Venecia: EL MORO DE VENECIA, de Giambattista Giraldi Cinthio


(Fragmento inicial)
 
Hubo un tiempo en Venecia un moro que, por sus hazañas y por haber dado en la guerra pruebas de gran prudencia e ingenio, era muy apreciado por los dogos, los cuales superan a los gobernantes de cuantas repúblicas ha habido en premiar las acciones virtuosas de los hombres.
 
Aconteció que una mujer virtuosa y de maravillosa belleza llamada Desdémona, se enamoró de él, atraída no por simple sensualidad sino más bien por la virtud del Moro; y éste, sojuzgado por la belleza y por los nobles sentimientos de la dama, también quedó prendado de ella, con tan buen fortuna que se unieron en matrimonio, aún cuando los parientes de la mujer hicieran lo posible porque ella tomara otro marido. Durante su estancia en Venecia vivieron juntos con tanta armonía y tranquilidad que nunca surgió entre ellos, no digo un disgusto, sino una palabra que no fuera amorosa.
 
Ocurrió que los señores venecianos hicieron relevo de los soldados que tenían en Chipre y eligieron al moro como capitán de los soldados que allí enviarían. Éste, aunque muy contento del honor que se le rendía (porque ese cargo de gran dignidad se otorgaba sólo a hombres nobles, fuertes, fieles y de probado valor), se entristeció al considerar lo largo e incómodo del viaje, suponiendo que Desdémona se fastidiaría: la mujer, que no tenía otra felicidad en el mundo que el Moro, estaba muy contenta por el reconocimiento al valor de su marido por parte de la poderosa y noble república, no veía la hora de que se embarcara con sus tropas para acompañarlo en su honorable encomienda, pero le apenaba ver al moro preocupado y desconociendo el motivo, un día, cuando se encontraban comiendo, le dijo:
 
- ¿Cómo es posible, Moro, que cuando su Señoría te ha conferido un puesto tan importante te encuentres así de melancólico?
 
Contestó a Desdémona:
 
- El amor que te tengo altera mi alegría, porque es forzoso que ocurra una de estas dos cosas: que yo te lleve conmigo exponiéndote a los peligros del mar o que, para evitarte esas incomodidades te deje aquí en Venecia.
 
 
Giambattista Giraldi Cinthio o Cinzio (Italia, 1504.1573).

La ilustración corresponde al Palazzo Contarini Fasan, conocido como La casa de Desdémona, en Venecia.

sábado, 29 de mayo de 2021

Venecia: LOS RELATOS DE GIRALDI CINTHIO, REITERADA FUENTE DE INSPIRACIÓN

"Nativo de Ferrara, distante poco más de ochenta kilómetros de Venecia..."

A pesar de que en la actualidad es un escritor muy olvidado, Giambattista Giraldi Cinthio o Cinzio, según una variante italiana fue, durante su vida, un autor prolífico y bastante popular. Nativo de Ferrara, distante poco más de ochenta kilómetros de Venecia, no resulta extraño que ésta haya sido el escenario de numerosos relatos suyos.

Uno de ellos, tal vez el más famoso, es El moro de Venecia -también conocido como Un capitano moro, storia di Otello e del perfido Alfiere-, en el que se basó William Shakespeare para elaborar el andamiaje dramático de su famoso Otelo, como indica con precisión Irene Romera Pintor en un acucioso estudio sobre el autor italiano "Shakespeare traspuso punto por punto en su drama de Othello el cuento «Il moro di Venezia», conservando incluso el nombre que Giraldi con gran acierto de auténtico helenista atribuyó a la desdichada heroina: Desdémona".

No será el único caso, puesto que otro de sus relatos también sirvió como base para El piadoso veneciano, de Lope de Vega, según lo establece Franco Meregalli en el ensayo Venecia en las letras hispánicas:

«El argumento procede de un cuento de Giraldi Cintio (Ferrara, 1504-73) y la acción se coloca, según parece, en la época de éste. Se trata de un caso humano causado por causado una peculiaridad de la justicia veneciana, representada en la obra de manera coherente con la divulgada imagen de severidad, una severidad, sin embar- go, justa y moderada. Sidonio, noble veneciano, mata a Fulgencio, también noble veneciano , que insidia a su esposa, Lucinda. Huye a Ferrara; el senado le proscribe y confisca todos sus bienes. Pasan seis años, en que Sidonio trata "sincero amor" con una pastora del campo ferrarés (el duque de Ferrara no puede hospedarlo por consi- deraciones diplomáticas); cuando recibe una carta de Lucinda, en que ésta le pide socorro (la hija Elisa se ha hecho mujer; es "hermosa y pobre, dos cosas ocasionadas a cualquier deshonra": vuelve a Venecia, a pesar de la proscripcion: se presentara a la autoridad veneciana y pedirá los dos mil escudos de la talla puesta sobre él: de tal forma perderá la vida, pero salvará la honra de su hija y de su esposa. Llega a su casa en el momento en que dos jóvenes tienen una pendencia, causada precisamen- te por Elisa. Sidonio salva la vida del que corre más peligro, y resulta que se trata de Otavio, hijo de Fulgencio, que se ha enamorado de Elisa. Sidonio pierde los dos mil escudos, porque la policía lo descubre antes de que él se entregue a la autoridad; pero el senado hace "un hecho cristiano /digno de la gran Venecia", como se lo pedía Lucinda: si Otavio, hijo de Fulgencio, perdona a Sidonio por la muerte de su padre, puesto que Sidonio le ha salvado, el Senado está conforme. Otavio acepta, con una condición: que Elisa se case con él.

No es preciso decir que los resortes psicológicos de los personajes de Lope son más españoles que venecianos: ni Lope hubiera podido hacer de otra forma, ni el público español hubiera podido comprender a venecianos auténticos; pero la obra es de las buenas de Lope, por lo compacto y claro, a pesar de los muchos golpes de escena, del desarrollo; y la Venecia representada en ella es una Venecia conocida indirecta- mente pero bastante exacta y específica.»

En los días subsecuentes tendremos oportunidad de explorar, aunque sólo sea de manera superficial, tanto el texto original de Giraldi que inspiró Otelo como, en fecha posterior, algunos parlamentos de El piadoso veneciano de Lope de Vega.

Jules Etienne

viernes, 28 de mayo de 2021

Venecia: LA CORTESANA, de Pietro Aretino

 
(Fragmento del tercer acto, escena VII)

Flaminio: Tal vez me vaya a Venecia, donde he estado ya, y enriqueceré mi pobreza con su libertad, porque al menos allí no está en las manos del primer favorito o favorita el matar a cualquier pobrete; únicamente en Venecia tiene la justicia su balanza en equilibrio; allí el solo temor a la caída de otro, no te induce a adorar a quien el día anterior reñías por un miserable; y el que de su mérito dude, mire de qué manera Dios la exalta. Verdaderamente, Venecia es la ciudad santa, el paraíso terrenal. La dulce comodidad de aquellas góndolas es deleitoso recreo para los ratos de ocio. No se hable allí de cabalgar. ¿Para qué? Cabalgar, es azote de calzas, desesperación de criados y quebradero de cuerpos.
 
Valerio: Dices bien, y además la vida está allí más asegurada y en potencia de ser más larga que en ninguna otra parte; pero hallo que los días se hacen pesados e interminables.
 
Flaminio: ¿Por qué?
 
Valerio: Por faltar la conversación de virtuosos.
 
Flaminio: Estás mal enterado. Los virtuosos y la gentileza de espíritu residen sin duda en Venecia, como la villanía y la envidia en Roma.
 
Pietro Aretino (Italia, 1492-1556).
  
(Traducido de la lengua toscana por Fernán Xvarez en 1607).

jueves, 27 de mayo de 2021

Venecia: ASIENTO, de Juan de Timoneda

"Viendo el veneciano que para él faltaba silla, quitóse una ropa de majestad que traía de brocado hasta el suelo..."

Venido un embajador de Venecia a la corte del Gran Turco, dándole audiencia a él juntamente con otros muchos que habían en su corte, mandó el Gran Turco que no le diesen silla al embajador de Venecia, por cierto respecto. Entrados los embajadores, cada cual se sentó en su debido lugar. Viendo el veneciano que para él faltaba silla, quitóse una ropa de majestad que traía de brocado hasta el suelo, y asentose encima de ella. Acabando todos de relatar sus embajadas y hecho su debido acatamiento al Gran Turco, saliose el embajador veneciano, dejando su ropa en el suelo. A esto dijo el gran turco:

- Mira, cristiano, que te dejas tu ropa.

Respondió:

- Sepa su majestad que los embajadores de Venecia acostumbran dejarse las sillas en que se sientan.

Juan de Timoneda (España, entre 1518 y 1520-1583).

miércoles, 26 de mayo de 2021

Venecia: PIETRO EL BOTICARIO, de Matteo Bandello

"... la riña entre nuestros dos soldados no aconteció por otro motivo que el juego de estos malditos dados..."

(Fragmento inicial)

Puesto que, señores míos, la pelea y la peligrosa riña entre nuestros dos soldados no aconteció por otro motivo que el juego de estos malditos dados que son causa de grandísimos males, como también lo son las malditas barajas -y cada uno de vosotros nos dio ya su opinión-, yo mismo os narraré un caso que viene a cuento. Y aunque todos los días se diga que este juego es malo y frecuentemente se ven mil ejemplos de su malignidad, sin embargo he decidido contaros un caso raro, cruel y lamentable que aconteció no hace mucho en mi patria, Venecia. Como todos sabéis, no existe huerto que, por bien y asiduamente cultivado que esté y por pequeño que sea, no albergue entre las hierbas buenas y provechosas unas inútiles y a veces nocivas y venenosas, por lo que muy a menudo entre las acelgas y el perejil también brota la mortal cicuta. Aunque el jardinero diligente cave y revuelva toda la tierra, siempre crecerán de esas hierbas en abundancia. Así que no sorprenderá a nadie que en una ciudad grandísima como lo es mi patria, Venecia, tan bella, tan rica, tan poblada y poderosa por mar y tierra, a veces se encuentren matones y malhechores que cometen infinidad de crímenes. Pero, gracias a Dios, no tardan en recibir el sapientísimo senado que con sus oficiales tanto vigila los delitos, que al fin los malhechores y los criminales son muy severamente castigados. Regresando a nuestro tema sobre las fechorías y los crímenes que todos los días se cometen, me parece que la mayoría de las veces estos provienen del juego. Por eso os cuento que, no hace muchos meses, vivió en Venecia un tal Pietro, hijo menor del dueño de aquella botica que tiene como insignia una poma de oro.
 
Pietro se dio a jugar desde niño y con la edad creció en él tan desbordada pasión por el juego, que se entregó enteramente a él y no hacía otra cosa sino andar siempre con los dados en la mano. Cuando Pietro era todavía jovencito, jugando un día a los dados con un compañero surgió entre ellos una pelea y Pietro le clavó un puñal en el pecho y lo mató. Se descubrió el homicidio y Pietro tuvo que huir; como no acudió al llamado de la justicia, fue pregonado como homicida por desobediencia y contumacia. No estuvo mucho tiempo fuera de su patria puesto que, según las leyes que llamamos «partes», logró ser absuelto y regresó a Venecia. Pero no por eso dejó de jugar, sino todo lo contrario: jugaba cuanto tenía, de manera que no había objeto en casa del que no echara mano. Hasta en la bodega de la botica faltaban a menudo muchas cosas. El padre, muy dolido del vicio de su hijo, quiso ver si dándole esposa podría sacarlo del juego; pero fue en vano, porque Pietro seguía jugando como de costumbre.

 
Matteo Bandello (Italia, 1485-1561).

La ilustración corresponde a Soldados jugando (Soldaten beim Würfelspiel), de Max Gaisser.

martes, 25 de mayo de 2021

Venecia: PASOS, de Lope de Rueda


(Parlamento del segundo paso: La carátula)

Salcedo: Hermano Alameda, no sé qué te diga, sino que fuera mejor que se te cayeran las pestañas de los ojos antes que te acontesciera una desdicha tan grande.

Alameda: ¿Desdicha es hallarse el hombre una pieza como ésta?

Salcedo: ¡Y cómo si es desdicha! No quisiera estar en tu piel por todo el tesoro de Venecia. ¿Tú conosces este pecador?

Alameda: ¿Pecador es éste?

Salcedo: Parésceme a mí que lo quiero conoscer.

Alameda: Yo también.

Lope de Rueda: Antonio Susillo de Lope de Rueda (España, 1510-1565).

La ilustración corresponde a un detalle del cartel promocional para la puesta en escena de Pasos, de Lope de Rueda, en Antequera, España, que incluye La Carátula, bajo la dirección de Jordi Aguilera, en octubre de 2020..

lunes, 24 de mayo de 2021

Venecia: HONESTO Y AGRADABLE ENTRETENIMIENTO DE DAMAS Y GALANES (Le piacevole notti), de Gianfranceso Straparola

"... en la ínclita Venecia, una deshonesta viudilla llamada Policena, moza hermosa y bien dispuesta..."

(Fragmento de la noche octava, fábula quinta)

Hubo, virtuosas damas y honestos caballeros, no mucho tiempo ha en la ínclita Venecia, una deshonesta viudilla llamada Policena, moza hermosa y bien dispuesta, tan baja en linaje como vil en condición y trato. La cual durante el matrimonio tuvo un hijo llamado Pánfilo, mancebo ingenioso, de buenas costumbres e inclinado a la virtud. Y porque, como arriba dije, Policena era moza hermosa y de buena gracia, agradable a la vista y en extremo bizarra, aunque en traje y hábito de viuda, era asimismo solicitada de los más principales de la ciudad, y a pocas tretas entregaba su belleza al que la amaba o pretendía. Ciega la pobre en este torpe vicio, no solamente se contentaba de uno ni dos amadores, (yerro y maldad casi digna de perdón por ser cometida en la floreciente juventud y loca fantasía) mas era tan disoluta y fácil en el libidinoso pecado que verdaderamente era retrato natural de la torpe y venérea lujuria, posponiendo esta malvada el honor del ya difunto marido y la codiciosa honra del virtuoso hijo.
 
Tenía ya noticia y verdadera inteligencia Pánfilo del torpe vicio y trato de su perversa madre, y metido el pobre gentilhombre en apasionada imaginación sobre el remedio de este vicio, muchas veces se hallaba alcanzado de paciencia con supuesto de cometer un grave y atroz delito que satisficiera su honor y vengase su afrentosa deshonra, que gravemente atormentaba su corazón y afligía su ánima. 
 
Engolfado algunos días en el tempestuoso mar de este tormento y cuidado el desdichado mozo, no pudiendo sufrir ni soportar el ignominioso descuerno, muchas veces determinó matar a su madre. Pero considerando el racional ser que de ella había recibido y que el gusano de la conciencia labraba, y remordiendo en su corazón le iba a la mano determinó, apartado ya de todo punto de esta engañosa y mala imaginación, el cuitado Pánfilo apartarla con palabras y amorosas reprehensiones de su vicio.

Gianfrancesco Straparola:
Giovanni Francesco Straparola (Italia, 1480-1557)
 
(Versión al español actual de Jules Etienne sobre la traducción original de Francisco Truchado, de 1578, que reduce la obra a doce noches luego de expurgar todo lo que se consideraron obscenidades e irreverencias. Su título debió ser Las noches de placer o Las noches placenteras. En inglés se le conoce como The Pleasant Nights).

domingo, 23 de mayo de 2021

Venecia: PANTAGRUEL, de François Rabelais

"... cuando los señores diablos querían pasearse por el agua como hacen (...) los gondoleros de Venecia."

(Fragmento del capítulo 30)

Lanzarote del Lago (Lancelot du Lac) era descuartizador de caballos muertos.

Todos los caballeros de la Mesa Redonda eran pobres ganapanes que manejaban el remo para atravesar los ríos  Cocito, Flegetonte, Estigio, Aqueronte y Leteo, cuando los señores diablos querían pasearse por el agua, como hacen los bateleros de Lyon o los gondoleros de Venecia; pero por cada viaje no ganaban más que un papirotazo, y al anochecer algún pedazo de pan duro amasado con pajas.

François Rabelais (Francia, 1494-1553).

sábado, 22 de mayo de 2021

Venecia: LA LOZANA ANDALUZA, de Francisco Delicado

"... había más putas que frailes en Venecia, y filósofos en Grecia..."

(Fragmento de un diálogo de la segunda parte, mamotreto XXVIII)

Despensero: Y fue ella en mejor tiempo que no esta sinsonaderas, que fue tiempo de Alejandro VI, cuando Roma triunfaba, que había más putas que frailes en Venecia, y filósofos en Grecia, y médicos en Florencia, cirúgicos en Francia, y maravedís en España, ni estufas en Alemania, ni tiranos en Italia, ni soldados en Campaña.
 
Francisco Delicado: Francisco Delgado (España 1480*-1535).

Hay quienes consideran a Juan del Encina (España, 1468-1529), como su verdadero autor.
* También se dice que nació en 1475, pero 1480 es el año que proporciona la Real Academia de la Historia.

viernes, 21 de mayo de 2021

Venecia: EL FALSO ARCÁNGEL GABRIEL, de Giovanni Boccaccio

"... con los perifollos que había llevado, en ángel se transfiguró, y entró en la recámara de la mujer."

(Fragmentos)

En otro tiempo, hubo en Imola un hombre de mala reputación, llamado Berto della Massa, con fama tal de trapacero y pícaro redomado, que nunca se daba crédito a lo que decía, y de haber sido capaz alguna vez de una buena acción, se le hubieran atribuido malos designios, a pesar de todo.
 
Viendo que era tan conocido en dicha población, resolvió dirigirse a Venecia, refugio ordinario de bandidos y libertinos. Esperanzado de proseguir allí con más libertad sus perversas inclinaciones, creyó deber cambiar de nombre y usar de más política en sus cosas.
 
Así pues, comenzó por mostrarse muy distinto de lo que era, fingiendo probidad, amor a la religión y acabando por hacerse fraile franciscano bajo el nombre de hermano Alberto de Imola, no porque se hubiese convertido, sino para ponerse al abrigo de la miseria y procurarse los medios de satisfacer sus pasiones bajo el manto de la religión. ¡Cuántos hombres han abrazado el estado religioso con iguales miras!

(...)
Fray Alberto dijo:

- Señora, pues que ahora que me perdonaste se lo diré, pero una cosa le recuerdo, que lo que yo le diga no puede decirlo a ninguna persona del mundo, si no quiere estropear estos asuntos, que es la más afortunada mujer que hay hoy en el mundo. Este ángel Gabriel me pidió que le dijera que le gusta tanto que muchas veces habría venido a estar por la noche con usted si no hubiera sido por no asustarla. Ahora, le manda decir por mí que quiere venir una noche a verla y quedarse con usted un buen rato; y porque como es un ángel y viniendo en forma de ángel no lo podrá tocar, dice que para deleite suyo quiere venir en figura de hombre, y por ello dice que le mande decir cuándo quieres que venga y en forma de quién, y que lo hará; por lo que usted, más que ninguna mujer viva, se podrá tener por feliz.

(...)

La mujer repuso que lo haría. Fray Alberto se fue y ella se quedó con tan gran alborozo que no le llegaba la camisa al cuerpo, mil años pareciéndole hasta que el arcángel Gabriel viniera a verla. Fray Alberto, pensando que caballero y no ángel tenía que ser por la noche, con confites y otras buenas cosas empezó a fortalecerse, para que no pudiera fácilmente ser arrojado del caballo; y conseguido el permiso, con un compañero, al hacerse de noche, se fue a casa de una amiga suya de donde otra vez había arrancado cuando andaba corriendo las yeguas, y de allí, cuando le pareció oportuno, disfrazado, se fue a casa de la mujer y, entrando en ella, con los perifollos que había llevado, en ángel se transfiguró, y entró en la recámara de la mujer. La cual, cuando aquella cosa tan blanca vio, se le arrodilló delante, y el ángel la bendijo y la hizo ponerse en pie, y le hizo señal de que se fuese a la cama; lo que ella, deseosa de obedecer, hizo prestamente, y el ángel después con su devota se acostó.
 
Giovanni Boccaccio (Italia, 1313-1375)

La ilustración corresponde a Encuentro Romántico, de Mihaly von Zichy.

jueves, 20 de mayo de 2021

Venecia: SELVA DE AVENTURAS, de Jerónimo de Contreras


(Fragmento del Libro Primero)

Y porque ya era hora de cenar dio a Luzmán de lo que tenía para sí. Y reposó ahí esa noche y otros ocho días, y al cabo dellos se partió con lágrimas de entrambos. Y así Luzmán, yendo pensando siempre en Arbolea, llegó a Barcelona y dende a diez días se embarcó en una nave que iba para Italia, y así, dio en un puerto en la tierra de Toscana, y hallándose allí acordó de irse a Venecia, por ver aquella ciudad que tan mentada era; y así, se despidió de los marineros y se fue su camino. Y tanto anduvo que llegó a Venecia en un día que en la plaza de San Marcos se representaba aquella tarde la memoria de la edificación y fundamento de aquella ciudad, y siendo desto muy alegre, se fue al lugar donde se hacía esta representación.

Estaba la plaza toda cubierta de paños de oro y seda, y a una parte della, sobre mu- chos pilares armado, un teatro cubierto de ricos paños, y en medio dél una rica silla; y estando así mirando estas cosas se abrió una puerta y por ella salieron muchos hom- bres viejos con ricos cetros en las manos, y en medio dellos una doncella, vestida la más ricamente que ver jamás Luzmán pensó, la cual se sentó en la rica silla y todos se pusieron alrededor della.

Jerónimo de Contreras (Español fallecido en Italia, 1505-1582).

miércoles, 19 de mayo de 2021

Venecia: LAS MARAVILLAS DEL MUNDO, de Marco Polo


De cómo los dos hermanos llegaron a la ciudad de Acre

Y dejaron Laias para llegar a la ciudad de Acre, y esto sucedió en el mes de agosto del año 1200 de la Encarnación. Allí se enteraron que el Papa había fallecido, y cuando supieron que el Papa, que tenía por nombre Clemente, había muerto, se encaminaron en busca del Legado de la Iglesia romana en el reino de Egipto. Este varón ilustre, de mucha autoridad, se llamaba Tealdo de Plasencia. Le expusieron de qué importante misión eran mandatarios de parte del Gran Khan al Papa, y cuando el Legado les hubo oído, le pareció gran maravilla y que lo que los hermanos decían era de gran honra y provecho para la cristiandad. «Señores -les dijo-, ya que veis que el Papa ha muerto, os aconsejo esperar que haya otro Papa, y entonces le lleváis vuestra embajada.» Viendo que el Legado les decía cosa razonable, pensaron que en ese intervalo irían a Venecia a ver a sus familias. Y fueron de Acre a Negroponte. Y en Negroponte se embarcaron en una galera, que les llevó a Venecia. Micer Nicolás encontró que en este interregno su mujer había muerto y le quedaba un hijo con edad de quince años, que se llamaba Marco, y éste es el que habla en este libro. Micer Nicolás y micer Mafeo quedaron cerca de dos años en Venecia, en espera de la elección de un nuevo Pontífice.

Marco Polo (Nació y falleció en Venecia, 1254-1324).

La ilustración corresponde a la casa de Marco Polo en Venecia.

martes, 18 de mayo de 2021

Venecia: VIAJE A JERUSALEM (sic), de Juan de la Encina

"Ciudad excelente, del mar rodeada (...) tan única en el mundo y tan peregrina que cierto parece ser cosa soñada."

(Fragmentos)

En esta Venecia se encierra y empoza
el tracto y riqueza del orbe universo,
y tiene su sitio tan modo diverso
que, en si se reviendo, muy más se enferoza.

(...)

Y luego otro día, en la madrugada,
salí por la tierra, por tierra y por barco,
y fuime a la iglesia del rico San Marco
y, oída mi misa, mudé de posada.
Ciudad excelente, del mar rodeada,
en agua zanjada de lanza tan fina,
tan única al mundo y tan peregrina
que cierto parece ser cosa soñada.

No sé quién la pueda saber comparar,
según el extremo que en ella se encierra,
que estáis en la mar y andáis por la tierra,
y estáis en la tierra y andáis por la mar.
Las más de las calles se pueden andar
por mar y por tierra, por suelo y por agua;
de Palas es trono, de Marte gran fragua
que bien cien galeras y aun más puede armar.

Atónito andando, vagando por ella,
y en éxstasis puesto y en admiración,
yo mismo a mí mismo, por contemplación
ajeno, extrañado me vía de vella.
Potente, muy rica, muy sabia, muy bella,
república diva, de gran regimiento,
de grande Consejo, de tal Parlamento,
que en su tiempo Atenas igual no era de ella.


Juan de la Encina: Juan de Fermoselle
(España, 1468-1529).

lunes, 17 de mayo de 2021

Venecia: VENECIA EN LAS LETRAS HISPÁNICAS, de Franco Meregalli


(Fragmento)

Más acentuado interés tiene, obviamente, la investigación si la importancia del objeto va más allá del horizonte local y más aún si se trata de una ciudad de notoria importancia histórica y de singular carácter y prestigio cultural. Que Venecia sea uno entre los objetos más interesantes en este sentido pocos podrán negarlo.

Sin embargo, tampoco de Venecia como objeto literario se escribió mucho. Existe un estudio, más diligente que agudo, sobre Venecia como tema en la poesía italiana, predominantemente veneciana; pero lo que particularmente interesa en el caso de Venecia, ciudad constitucionalmente cosmopolita y conocida universalmente, es lo. que pensaron, sintieron y expresaron literariamente, durante los siglos, los no vene- cianos, particularmente los no italianos. Un balance de lo que se ha hecho a este propósito resulta sorprendentemente reducido, sobre todo si lo comparamos con lo mucho que se escribió sobre la historia política, económica, pictórica, arquitectónica, musical de la misma ciudad. Tenemos un estudio muy amplio, pero limitado a la parte más antigua, de Venecia en la literatura francesa; otro bastante satisfactorio sobre Venecia en la poesía alemana; una conferencia todavia inédita, muy documentada pero necesariamente sumaria, sobre Venecia en la literatura inglesa. Y es casi todo. Se trata en todo caso de escritos que, si bien valiosos, sufren de su limitación a un ámbito monolingüístico. La realidad es que Venecia fue contemporáneamente objeto del interés de muchas naciones, y que este interés se alimentaba de viajes, y por lo tanto implicaba constitucionalmete contactos interlingüísticos. El estudio de una ciudad como Venecia como tema literano es vocacionalmente un estudio de carácter comparatista.

Franco Meregalli (Filólogo italiano fallecido en Venecia, 1913-2004).

domingo, 16 de mayo de 2021

Venecia: UNA CELEBRACIÓN


El pasado 25 de marzo, fecha establecida por la tradición, tuvo lugar un singular festejo conmemorando la fundación de Venecia. En Mitos y reincidencias lo consig- namos en su momento con un breve texto titulado Venecia: 16 siglos de historia.

Maquiavelo señalaba la importancia que tuvo su independencia original en las páginas de El Príncipe: "Si se consideran los procedimientos de los venecianos, se verá que obraron con seguridad y gloria mientras hicieron la guerra con sus propios soldados, lo que sucedió antes que tentaran la suerte en tierra firme, cuando contaban con nobles y plebeyos que defendían lo suyo; pero bastó que empezaran a combatir en tierra firme para que dejaran aquella virtud y adoptaran las costumbres del resto de Italia".

De manera que por ese motivo damos paso a una celebración literaria, procurando reunir la mayor variedad posible de autores en cuyas obras refieren en algún pasaje y desde la perspectiva de una gran diversidad de géneros, a dicha ciudad como esce- nario y a su legado histórico.

Jules Etienne

sábado, 15 de mayo de 2021

Venecia: EPÍSTOLAS, de Diego Hurtado de Mendoza

"Revueltos los criados con señores, todos fueron llamados Venecianos."

Epístola VI

(Fragmento)
A la misma*, sobre la fundación de Venecia

Pues yo, señora Peña, conocido
El valor de vuestra ama, como indino,
Me contento con ser de vos oído.

No es empresa de humilde peregrino
Allegar con sus votos á ofrecer
Al principal sagrario de contino.

Gracia, favor y ayuda y parecer
Me dad, pues que sabéis cuánto os desea
Mi voluntad en todo obedecer,

Haciendo de manera que se vea
Allegar esta carta torpe y necia
A manos de vuestra ama, y que la lea.

Que si saber extrañas cosas precia,
En ella verá escrita la verdad
Del principio y costumbres de Venecia.

En el año de la Natividad
De cuatrocientos y cincuenta y uno,
Tiempo de general adversidad,

Atila, rey de Ostrogodo y Hunno,
Que el azote de Dios era llamado.
Por no hallarse más cruel otro alguno.

Vino con grueso ejército y armado
A Italia, y todo el mundo amenazando.
Sin perdonar profano ni sagrado.

LLegan sobre Aquileya braveando,
Y á fuerza de combate la asolaron,
Una piedra sobre otra no dejando.

Los que en Pádua y Altino se hallaron,
Por excusar las bárbaras saetas
Con otros que de Italia se juntaron,

Vinieron á poblar ciertas isletas
Entre el Sil y la Brenta, y los pantanos
Que antiguamente se decían Vénetas.

Con pobres caballeros los villanos,
Revueltos los criados con señores,
Todos fueron llamados Venecianos.


Diego Hurtado de Mendoza (España, 1504-1575).

* Las cartas de su epistolario están dedicadas a una señora Peña, quien incluso figura en algunas estrofas. 

jueves, 13 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: LA INAGOTABLE REINCIDENCIA

 

El hecho de que Miércoles de ceniza, de T. S. Eliot, sea una obra tan apreciada, distrae la atención que pudieran tener otras expresiones en diferentes géneros con el mismo título. La abundancia de novelas y relatos que coinciden en ese aspecto resulta tan profusa que sería casi imposible intentar una referencia exhaustiva. Sin embargo, aunque limitada, esta es una breve lista.

Reconocido más bien en el ámbito teatral, el francés Léon Chancerel escribió su novela Miércoles de ceniza, parcialmente autobiográfica, en 1919, por la cual la Academia Francesa le otorgó el premio Sobrier-Arnould al año siguiente. También autor en la misma lengua, aunque de nacionalidad belga, Alexis Curvers es autor de otro Miércoles de ceniza que forma parte de la antología Veinte novelas belgas, publicada en 1958. Para terminar con los autores en ese idioma, el canadiense Jacques Meillon es autor de Un miércoles de ceniza: crónicas y aventuras en la Patagonia, de 2009.

Miércoles de ceniza (1985), escrita por el español Jose María Latorre, es una trama de suspenso protagonizada por dos parejas agobiadas en una atmósfera de sequía. La novela con el mismo título del estadounidense Chet Williamson, cuya primera edición apareció en 1989, pertenece al género del horror. Su paisano Ralph McInerny, es autor de otro caso más en la copiosa lista de los misterios del padre Dowling, publicado en 2008. Y a propósito de misterios, uno que no me ha sido posible resolver es el relativo a la autoría de cierto Miércoles de ceniza (Ash Wednesday), que se promueve en varios sitios de internet con la misma portada en la que destaca la bandera de las barras y las estrellas, con fecha de edición 1 de junio de 1990, pero cuya autoría se atribuye indistintamente a Frederik Lanor, y a Schubert Lannor, por lo que infiero podría tratarse de seudónimos.

Miércoles de ceniza '45, es una novela que recoge la experiencia de su autor, Frank R. Westie, cincuenta años después (su primera edición corresponde a 1995), como piloto de un bombardero B-17 durante la segunda guerra mundial. También es un soldado el protagonista del Miércoles de ceniza (2002) que escribió Ethan Hawke, el famoso actor de Hollywood.

Ese mismo título lo lleva un volumen de dieciséis relatos de Miguel Antxo Jurado, escritos originalmente en gallego y publicados en 1998. Y por último, la obra teatral Un miércoles de ceniza: diálogos de difuntos (2015), de José Domingo Garzón, recrea la toma del Palacio de Justicia en Colombia por parte de un comando guerrille- ro del M-19 en noviembre de 1985.

Otros Miércoles de ceniza de los que ya hemos dado cuenta en Mitos y reinciden- cias son: El miércoles de ceniza, de Johann Georg JacobiEl miércoles de ceniza, de Joaquín José CervinoMiércoles de ceniza, de Joan MaragallMiércoles de ceniza, de Alfred LichtensteinMiércoles de ceniza, de José Antonio Ramos SucreMiércoles de ceniza, de Luis G. Basurto; y finalmente, Miércoles de ceniza y la conversión de T. S. Eliot.

Jules Etienne 

miércoles, 12 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: CALITIPIA (del poemario Mitología del olvido)

"... figuras de niebla vagando en un solitario andén cuando el tren ha partido."

No hay nada qué hacer
ya nos acostumbramos a vivir
bajo la luz de un sol moribundo
como siluetas sin sombra,
figuras de niebla vagando
en un solitario andén
cuando el tren ha partido.
Sobre el pardo asfalto de las calles,
cualquier miércoles la ceniza
sepulta el carnaval urbano
transcurren los siglos y los días
entre ayer y ninguna parte
simulacro de noches sin fin,
fotografías en sepia que se irán deslavando.

Jules Etienne

martes, 11 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: ESTROFAS DE CENIZA EN EL TINTERO


El poeta inglés Lionel Johnson (1867-1902) se convirtió al catolicismo en 1891, tal como lo hiciera T. S. Eliot casi cuarenta años después, aunque a diferencia de éste, fue la muerte de un amigo el motivo que le impulsó a escribir su poema también titulado Miércoles de ceniza.

¡Memento, homo, quia pulvis es!
Hoy la cruz de cenizas marca mi frente:
Ayer, durmiendo solemne yacías tú,
¡Oh de antaño querido para mí, y más querido ahora!
¡Memento, homo, quia pulvis es!

(Memento, homo, quia pulvis es!
Today the cross of ashes mark my brow:
Yesterday, laid to solemn sleep wert thou,
O dear to me of old, and dearer now!
Memento, homo, quia pulvis es!)

Como nota al calce cabe señalar que fue él quien introdujo a Lord Alfred Douglas con Oscar Wilde, cuya intimidad escandalizó a la rígida sociedad victoriana, relación que criticó sin piedad en El destructor de un alma (The Destroyer of a Soul, 1892).
Estas son un par de estrofas con tono un tanto necrófilo, del poema dedicado al miércoles de ceniza escrito por Louise Levêque de Vilmorin (Francia, 1902-1969):

Iré gustoso, el Miércoles de Ceniza,
Borrando de tu frente el anuncio de la muerte,
Para traerte la muerte lenta al abrigo de mis brazos.

Con mucho gusto iré, el miércoles de ceniza, a
darte esa muerte que el amor sigue esperando.

(J’irai bien volontiers, le Mercredi des Cendres,
Effaçant de ton front l’annonce du trépas,
Te porter la mort lente à l’abri de mes bras.

J’irai bien volontiers, le Mercredi des Cendres,
Te donner cette mort que l’amour fait attendre.)

Contemporáneo y de notoria raigambre religiosa es Marcado por cenizas, incluido en Oraciones para gente privilegiada (Prayers for a Privileged People, 2008), de Wal- ter Brueggemann, más bien una plegaria con aliento poético:

Este miércoles está muy lejos del miércoles de ceniza,
pero todos nuestros miércoles están marcados por las cenizas -
comenzamos este día con ese sabor a ceniza en la boca:
de esperanza fallida y promesas rotas,
de niños olvidados y mujeres temerosas,
nosotros mismos somos cenizas a las cenizas, polvo al polvo:
podemos saborear nuestra mortalidad mientras hacemos rodar la ceniza en nuestras lenguas.

(Marked by Ashes
This Wednesday is a long way from Ash Wednesday,
but all our Wednesdays are marked by ashes -
we begin this day with that taste of ash in our mouth:
of failed hope and broken promises,
of forgotten children and frightened women,
we ourselves are ashes to ashes, polvo al polvo:
we can taste our mortality as we roll the ash around on our tongues.)

En cuanto a nuestra lengua, en 1928, el argentino Raúl González Tuñón publica un poemario que lleva por título Miércoles de ceniza, y al mismo autor también corresponde «Aquí yacen ceniza y polvo y nada», que figura en Morir en Madrid.

Aunque la referencia al miércoles de ceniza se limita a una breve estrofa, no deja de ser importante mencionar el Poema del otoño, de Rubén Darío, que apareciera publicado por primera vez en El Cojo Ilustrado, de Caracas, en 1908. Tras mencionar el Eclesiastés bíblico procede:

El domingo de amor te hechiza;
mas mira como
llega el miércoles de ceniza;
Memento, homo...

Jules Etienne

Las traducciones del inglés tanto de Lionel Johnson como de Walter Brueggemann,
lo mismo que del francés, de Louis Levêque de Vilmorin, son de mi responsabilidad. 

lunes, 10 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: HISTORIAS DE CRONOPIOS Y DE FAMAS, de Julio Cortázar

"... la naranja recorrió el pasillo (...) se veía en análogo reposo un cuarto de litro de té cargado (...) podía ver además una bocanada de humo..."

(Fragmento de Posibilidades de la abstracción)

El miércoles era de ceniza, día en que los procesos digestivos me parecieron ilustración adecuada a la circunstancia, por lo cual a las nueve y media fui mohíno espectador de la llegada de centenares de bolsas llenas de una papilla grisácea, resultante de la mezcla de corn-flakes, café con leche y medialunas. En la cantina vi cómo una naranja se dividía en prolijos gajos, que en un momento dado perdían su forma y bajaban uno tras otro hasta formar a cierta altura un depósito blanquecino. En ese estado la naranja recorrió el pasillo, bajó cuatro pisos y, luego de entrar en una oficina, fue a inmovilizarse en un punto situado entre los dos brazos de un sillón. Algo más lejos se veían en análogo reposo un cuarto de litro de té cargado. Como curioso paréntesis (mi facultad de abstracción suele ejercerse arbitrariamente) podía ver además una bocanada de humo que se entubaba verticalmente, se dividía en dos translúcidas vejigas, subía otra vez por el tubo y luego de una graciosa voluta se dispersaba en barrocos resultados. Más tarde (yo estaba en otra oficina) encontré un pretexto para volver a visitar la naranja, el té y el humo. Pero el humo había desapa- recido, y en vez de la naranja y el té había dos desagradables tubos retorcidos. Hasta la abstracción tiene su lado penoso; saludé a los tubos y me volví a mi despacho. Mi secretaria lloraba, leyendo el decreto por el cual me dejaban cesante. Para consolar- me decidí abstraer sus lágrimas, y por un rato me deleité con esas diminutas fuentes cristalinas que nacían en el aire y se aplastaban en los biblioratos, el secante y el boletín oficial. La vida está llena de hermosuras así.

Julio Cortázar (Argentino nacido en Bélgica y fallecido en Francia, 1914-1984).

domingo, 9 de mayo de 2021

Leyendo MIÉRCOLES DE CENIZA, de T. S. Eliot

 
En El mago de Viena, el mexicano Sergio Pitol, se ocupa de la poesía de T. S. Eliot en un episodio al que denomina Suite colombiana para Darío Jaramillo:

"Los tés de las cinco fueron parte importantísima de la educación sentimental para varios jóvenes mexicanos de mi generación. Doña Rosario tenía cinco hijas, la menor era Lucy, dos de las otras, Esperanza, que vivía en Bogotá, y Marta, en Nueva York, pasaban largas temporadas con su madre; las dos restantes no tienen ningún interés para esta historia. Esperanza era también filósofa, y había hecho un posgrado en una universidad norteamericana. Durante el té se hablaba constantemente de fenomeno- logía y existencialismo, de Heidegger, Jaspers y Sartre, pero también de las sórdidas noticias recibidas de Colombia, aunque siempre, omnipotente, estaba en el aire la poesía. Bastaba una alusión a ella para que la reunión se iluminara. La poesía era el reino, el jardín, el auténtico paraíso de esas damas estudiosas. Aun en la conversa- ción cotidiana, la más rudimentaria, se entreveraban los versos, a veces se ampliaban en estrofas o aun en poemas completos. Esperanza Bonilla, la doctorada en los Estados Unidos, decía largos trozos de Miércoles de ceniza, de La tierra baldía, y con mucha frecuencia Los hombres huecos en inglés o en castellano en la sonora traducción de León Felipe..."

También el español Javier Marías en Berta Isla, publicada en 2017, describe a un grupo de lectores interesados en Eliot, quienes coinciden entre los estantes de una librería:

"Eso decía uno de los últimos versos, y entonces salió de su ensimismamiento y levantó la vista y descubrió que había no uno, sino dos hombres, hojeando sendos libros de Eliot: To Criticize the Critic, tenía entre las manos el de la raya diplomática; Ash Wednesday, sostenía otro que no había advertido, un recién llegado. No quiso volver la cara para mirarlo, se apartó  un poco para observarlo con discreción, muy parcialmente: era un individuo corpulento y ancho y alto, mucho más alto que él.

No había tenido la delicadeza de descubrirse pese a estar bajo techado, y figuraba inverosímilmente embebido en aquel otro poema, Miércoles de ceniza (Ceniza en la manga de un viejo, se le había quedado a Tom ese verso y varios otros). Estaba a su derecha y el funcionario presumido a su izquierda (también podía ser un ejecutivo inexperto de la City tratando de asimilarse a los veteranos en su atildamiento), no daban la impresión de ir juntos y Tomás se preguntó cuál sería Mr. Tupra, era mala suerte que a un tercer bibliófilo se le hubiera ocurrido hojear algo de Eliot allí y en aquel instante."

Procedo a concluir con Signos vanos, donde el poeta sevillano Fernando Ortiz refiere: "Y un estertor de Mozart era Eliot, esperando en su desolado/ Miércoles de Ceniza que el fuego y las rosas fueran uno".

Jules Etienne