Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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martes, 2 de abril de 2024

Mirándolas dormir: EL AIRE SEMILLAS MUEVE, de Lucian Blaga

"... adormecida por los rayos de sol, por el murmullo de las ramas, por el rumor venido de las profundidades como una ola fresca..."

Aquella vez en la cumbre de la montaña
inmóviles bajo los abetos,
anonadados por el ardiente azul
de la proximidad del otoño,
te acurrucaste a mi lado
adormecida por los rayos de sol,
por el murmullo de las ramas,
por el rumor venido de las profundidades
como una ola fresca, lentamente.

En el valle que dejamos atrás se extinguió
ha tiempo el último rumor.
Una hoja, como una llamarada,
se posó en tu cabello.
Caía dando vueltas la hoja y soñaba
que podría de nuevo
ser adorno dorado en otro árbol.
En la cumbre de la montaña se extinguió
ha tiempo el último rumor.

Traídas de otro siglo por invisibles hilos
diáfanas semillas aladas
volaban sobre nosotros.
Nos tienta así el deseo algunas veces
hacia el cruel, sagrado asombro.
Mas la naturaleza no agota su sustancia
y en el inefable derroche
de la imaginación, entre un tiempo y otro tiempo
todo no puede ser engaño.

El aire semillas mueve
hacia destinos sólo en los mitos
vislumbrados.
Y mientras dormida sonreías
besé tu mano en dulce ceremonia.
Nunca lo sabrás,
besé la caliente palidez de tu mano
en la nítida línea de la vida.

Lucian Blaga
(Rumania, 1895-1961).

(Traducido al español por Omar Lara y Gabriela Capraroiu).

martes, 12 de diciembre de 2023

Solsticio de invierno: SOMBRAS, de D. H. Lawrence

"... y así hacia el solsticio y el silencio de los días cortos, el silencio del año..."

(Fragmento)

Y si, igual que el otoño se ahonda y se oscurece
siento el dolor de las hojas al caer y tallos que se rompen en las tormentas
y turbulencias y disolución y la zozobra
y luego, suaves sombras profundas plegándose, plegándose
sobre mi alma y mi espíritu, sobre mis labios
dulcemente, como un letargo, o más bien el estupor de una grave, triste canción
cantada más opacamente que el ruiseñor, y así hacia el solsticio
y el silencio de los días cortos, el silencio del año, la sombra,
sabré entonces que mi vida aún se mueve
con la oscura tierra y se humedece
en un profundo olvido, en el lapso de la tierra y su renovación.
 
 
D. H. Lawrence: David Herbert Lawrence (Inglaterra, 1885-1930).

martes, 7 de noviembre de 2023

Eclipse solar: ULISES, de James Joyce

"... se paró delante del escaparate de Yeates e Hijo, calculando el precio de los prismáticos."
 
(Fragmento del episodio 8: Lestrigones)

Cruzó por la esquina de Nassau Street y se paró delante del escaparate de Yeates e Hijo, calculando el precio de los prismáticos. ¿O me dejo caer por donde el viejo Harris y charlo con el joven Sinclair? Tipo educado. Seguramente almorzando. Tengo que llevar mis viejos prismáticos a arreglar. Lentes Goerz seis guineas. Los alemanes abriéndose camino por todas partes. Venden con facilidades para atrapar el mercado. Malvendiendo. Podría con suerte encontrar un par en la oficina de objetos perdidos de los ferrocarriles. Asombroso las cosas que la gente se olvida en los trenes y en consigna. ¿En qué estarán pensando? Las mujeres también. Increíble. El año pasado en el viaje a Ennis tuve que recoger el bolso de la hija de aquel granjero y dárselo en el empalme de Limenck. Dinero sin reclamar también. Hay un pequeño reloj allá arriba en el tejado del banco para probar esos prismáticos.

Los párpados bajaron hasta los bordes inferiores de los iris. No lo veo. Si imaginas que está allí casi lo ves. No lo veo. Dio media vuelta y, de pie bajo los toldos, alargó la mano derecha con todo el brazo extendido hacia el sol. He querido probar eso a menudo. Sí: completamente. La punta del dedo meñique tapó el disco solar. Debe de ser el foco donde se cruzan los rayos. Si tuviera unos cristales negros. Interesante. Se hablaba mucho de esas manchas solares cuando estábamos en Lombard Street West. Mirando al cielo en el jardín de atrás. Son explosiones tremendas. Habrá un eclipse total este año: algún día del otoño.
 
James Joyce
(Irlandés fallecido en Suiza, 1882-1941).

lunes, 9 de octubre de 2023

Otoño: CUANDO ESTABAS, LAS FLORES LLENABAN LA CASA..., de Li Bai (Li Po)

"... pero tu fragancia no se disipa. Te añoro, y de los árboles caen hojas amarillas."

Cuando estabas, las flores llenaban la casa.
Al irte, dejaste el lecho vacío.
La manta bordada, doblada,
permanece intacta.
Tres años ya han transcurrido,
pero tu fragancia no se disipa.
Te añoro, y de los árboles caen hojas amarillas.
Lloro, y sobre el verde musgo brilla el rocío.

Li Bai también conocido como Li Po (China, 701-762).

martes, 15 de noviembre de 2022

Noviembre: OTOÑO TARDÍO, de Tudor Arghezi

"... y la sangre de las viñas y los castaños flota sobre la superficie cobriza del agua."

En la soledad de noviembre,
y en cuanto alcanza la vista, el parque se hunde
envuelto en el sueño fúnebre
de los espejos humeantes.

Y es que entre los árboles, milenariamente enfermo,
oscuro en sus profundidades, se extiende un lago,
y la sangre de las viñas y los castaños
flota sobre la superficie cobriza del agua.

Por entre los árboles, mi tristeza mira el horizonte
como un cuadro que no entendiera:
¿Detiene el sendero en lo hondo la arboleda o la espera?
El silencio es el eco de las ramas peregrinas.

Hospital de la tristeza, del remordimiento,
donde lloras tu amor incumplido
y recuerdas, con nostalgia y sufrimiento,
su imagen jamás encontrada.

Algunos alerces se han reunido a lo lejos,
mientras el parque reza en un murmullo…
Se cierra el anochecer como un libro
y el alma queda en prenda entre sus hojas.
 
 
Tudor Arghezi (Rumania, 1880-1967).
 
(Traducido al español por Darie Novacèanu).

martes, 8 de noviembre de 2022

Noviembre: CAMINOS, de Antonio Machado

"Lejos, los montes duermen envueltos en la niebla, niebla de otoño..."

De la ciudad moruna
tras las murallas viejas,
yo contemplo la tarde silenciosa,
a solas con mi sombra y con mi pena.

El río va corriendo,
entre sombrías huertas
y grises olivares,
por los alegres campos de Baeza.

Tienen las vides pámpanos dorados
sobre las rojas cepas.
Guadalquivir, como un alfanje roto
y disperso, reluce y espejea.

Lejos, los montes duermen
envueltos en la niebla,
niebla de otoño, maternal; descansan
las rudas moles de su ser de piedra
en esta tibia tarde de noviembre,
tarde piadosa, cárdena y violeta.

El viento ha sacudido
los mustios olmos de la carretera,
levantando en rosados torbellinos
el polvo de la tierra.
La luna está subiendo
amoratada, jadeante y llena.

Los caminitos blancos
se cruzan y se alejan,
buscando los dispersos caseríos
del valle y de la sierra.
Caminos de los campos...
¡Ay, ya no puedo caminar con ella!

Antonio Machado (Español fallecido en Francia, 1875-1939).

domingo, 30 de octubre de 2022

Noche de brujas: TEMA EN AMARILLO, de Carl Sandburg


Yo distingo las colinas
con bolas amarillas en otoño.
Ilumino los campos de maíz en la pradera,
racimos anaranjados con un dorado rojizo
y me llaman calabazas.
Al final de octubre
cuando cae el atardecer
los niños se toman de la mano
y en círculo me rodean
entonando canciones de fantasmas
y de amor a la luna de la cosecha;
soy la linterna de la noche de brujas
con dientes espantosos
y los chiquillos lo saben:
estoy bromeando.

(I spot the hills
With yellow balls in autumn.
I light the prairie cornfields
Orange and tawny gold clusters
And I am called pumpkins.
On the last of October
When dusk is fallen
Children join hands
And circle round me
Singing ghost songs
And love to the harvest moon;
I am a jack-o’-lantern
With terrible teeth
And the children know
I am fooling.)

Carl Sandburg (Estados Unidos, 1878-1967).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

viernes, 28 de octubre de 2022

Octubre: EL ÁNGEL QUE NOS MIRA, de Thomas Wolfe

"Pensó en los hombres que habían sido enterrados aquel día, y en todas las mujeres que lloraban..."

(Fragmento del capítulo 37)

Era octubre, y las hojas tiritaban. Empezaba el crepúsculo. El sol se había hundido en el horizonte, las montañas del oeste se desvanecían en una fría niebla purpúrea, pero el cielo ardía todavía en melladas franjas de color naranja. Era octubre.

Eugene andaba rápidamente, siguiendo el curso sinuoso y pavimentado de la calle Rutledge. Flotaba un olor a niebla y a cena en el aire: un cálido vapor empañaba los cristales de las ventanas, y se oía el fuerte siseo del yantar puesto a cocer. Había voces confusas y lejanas, y olor a hojas quemadas, y un cálido fulgor amarillo de luces.

Se adentró en un camino sin pavimentar, junto al gran sanatorio rodeado de árboles. Oyó las risas frescas de las negras en la cocina, el mantecoso susurro de la comida en la sartén, las toses secas de los enfermos de los pulmones en la galería.

Caminó vivamente por el camino lleno de hoyos, entre un seco arrastrar de hojas. El aire era frío, perlino, crepuscular; en lo alto, brillaban pálidamente unas pocas estrellas. La villa y la casa habían quedado atrás. Había canciones en los grandes pinos del monte.

Dos mujeres bajaron por el camino y se cruzaron con él. Vio que eran campesinas. Vestían viejas prendas negras, y una de ellas estaba llorando. Pensó en los hombres que habían sido enterrados aquel día, y en todas las mujeres que lloraban. ¿Volve- rán?, se preguntó.

Cuando llegó a la puerta del cementerio la encontró abierta. Entró rápidamente y anduvo a paso vivo por el ondulado camino que serpenteaba alrededor de la cresta de la colina. Las hierbas estaban secas y marchitas; una ajada corona de laurel reposaba sobre una tumba. Al acercarse a la parcela de su familia, su pulso se acele- ró un poco.

Thomas Wolfe (Estados Unidos, 1900-1938).

La ilustración corresponde al detalle de una fotografía de Jolene Hansen.

jueves, 27 de octubre de 2022

Otoño: NACIMIENTO DEL AMOR, de Vicente Aleixandre

"Llegaste alegre, ligeramente rubia (...) Sin beso pero con dientes claros..."

¿Cómo nació el amor? fue ya en otoño.
Maduro el mundo,
no te aguardaba ya. Llegaste alegre,
ligeramente rubia, resbalando en lo blando
del tiempo. Y te miré. ¡Qué hermosa
me pareciste aún, sonriente, vívida,
frente a la luna aún niña, prematura en la tarde,
sin luz, graciosa en aires dorados; como tú,
que llegabas sobre el azul, sin beso,
pero con dientes claros, con impaciente amor!


Vicente Aleixandre (España, 1898-1984).
Obtuvo el premio Nobel en 1977.

miércoles, 26 de octubre de 2022

Otoño: LA BROMA, de Milan Kundera


(Fragmento)
 
El otoño en octubre...

Como para escarnio, de pronto mejoró la temperatura, el cielo estaba azul y el mes de octubre se puso precioso. Las hojas de los árboles eran de colores y la naturaleza (la mísera naturaleza de Ostrava) festejaba la despedida del otoño con un éxtasis enloquecido. No podía dejar de considerarlo un escarnio porque no llegaba ninguna respuesta a mis desesperadas cartas y junto a la alambrada únicamente se detenían (bajo un sol provocativo) gentes horriblemente ajenas. Al cabo de unas dos semanas recibí devuelta una de mis cartas; la dirección estaba tachada y con un lápiz de tinta habían añadido: el destinatario cambió de domicilio.
 
Me quedé horrorizado. Desde mi último encuentro con Lucie me había repetido mil veces a mí mismo todo lo que entonces le dije y lo que ella me dijo a mí, cien veces me maldije y cien veces me justifiqué ante mí mismo, cien veces me convencí de que había perdido a Lucie para siempre y cien veces me convencí de que Lucie me com- prendería y sabría perdonarme. Pero la nota del sobre sonaba como una condena.
 
Era incapaz de controlar mi intranquilidad y al día siguiente hice una locura. Digo locura, pero en realidad no fue nada más peligroso que mi anterior huida del cuartel, de modo que el calificativo de locura es más bien producto de su posterior fracaso que del riesgo. Sabía que Honza lo había hecho antes que yo, cuando estuvo liado con una búlgara cuyo marido trabajaba por las mañanas. Así que lo imité: llegué por la mañana con los demás a la galería, cogí la contraseña, la lámpara, me manché la cara de hollín y me despisté disimuladamente, corrí al internado de Lucie y le pregunté a la portera. Me enteré de que Lucie se había ido hacía unos catorce días con un maletín en el que metió todas sus pertenencias; nadie sabe a dónde fue, no le dijo nada a nadie. Me asusté: ¿no le habrá pasado nada? La portera me miró e hizo un gesto despectivo con la mano: «Qué va, estas eventuales suelen hacerlo. Llegan, se van, no le dicen nada a nadie». Fui hasta su empresa y pregunté en el departamento de personal; pero no averigüé nada más. Anduve dando vueltas por Ostrava y regresé a la mina al final del turno, para mezclarme con mis compañeros que salían del pozo; pero seguramente se me escapó algo del método que empleaba Honza para este tipo de fugas; me descubrieron. A las dos semanas estaba ante un tribunal militar; me cayeron diez meses por deserción.
 
Sí, fue aquí, en el momento en que perdí a Lucie, donde en realidad comenzó esa larga época de desesperanza y vacío, en cuya imagen se me convirtió por un momento el turbio escenario periférico de mi ciudad natal, a la que he venido a hacer una breve visita. Sí, a partir de aquel instante comenzó todo: durante los diez meses que pasé en la cárcel se murió mi madre y yo ni siquiera pude asistir al entierro. Luego regresé a Ostrava con los negros y estuve otro año entero en el servicio. En esa época firmé el compromiso de quedarme, después de la mili, tres años trabajando en las minas, porque corrió la noticia de que los que no firmasen se quedarían en el cuartel algún año más. Así que seguí de minero otros tres años, ya de civil.
 
 
Milan Kundera (escritor checo nacionalizado francés, 1929).

La ilustración corresponde al parque Landek durante el otoño en Ostrava, República Checa.

martes, 25 de octubre de 2022

Otoño: LAMENTACIÓN DEL GUARDAFRONTERAS, de Li Bai (Li Po)


En la puerta del norte
el viento gime enarenado, solo
desde el principio de los tiempos.
Caen los árboles
la hierba se marchita bajo el otoño.
Subo a la torre
a vigilar el territorio bárbaro:
castillos desolados, firmamento,
vastedad del desierto.
No queda muro en pie en toda la aldea.
Mil heladas blanquearon las osamentas.
Bajo arbustos y hierba se deshacen
los montones de huesos.
¿Quién es el responsable de esta ruina?
¿Quién despertó la cólera imperial
y atrajo a huestes enemigas
con atabales y tambores?
Fueron los reyes bárbaros.
La dulce primavera se transformó
en el otoño ávido y sangriento.
En el Reino Central ardió la guerra.

Somos pasto del tigre los guardianes.


Li Bai también conocido como Li Po (China, 701-762).

(La versión en español es de José Emilio Pacheco basada en la traducción al inglés de Ezra Pound).

sábado, 22 de octubre de 2022

Otoño: BAJO EL YUGO, de Iván Vazov

"... el abad caminó cabizbajo de un lado a otro. Disfrutando de la belleza de este romántico lugar..."

(Fragmento del capítulo XIII: El camino a Silistra)

Tal era el nombre dado a un delicioso prado cubierto de hierba en el valle del monasterio, rodeado de ramificados sauces y altos nogales y olmos, aunque ya era finales de otoño, este dulce y umbrío lugar aún conservaba intacto todo su verdor y frescura, como la isla de Calipso donde reinaba la eterna primavera. se podían ver, al norte de este feliz valle, dos picos de los Montes Balcanes entre los que se extendía la cordillera principal, con sus agudos precipicios y rocas dentadas, debajo de las cuales murmuraba y centelleaba el riachuelo. La fresca brisa de la montaña avivaba suavemente las hojas y acercaba el olor de los Balcanes y el murmullo de los molinos. Al otro lado brillaban los lechos secos y blanquecinos de los torrentes que las inundaciones invernales habían excavado y vaciado. El sol estaba en su punto más alto y sus rayos, atravesando los árboles, llovían sobre la hierba una lluvia de copos temblorosos, redondos y dorados.

Una frescura y una quietud maravillosas reinaban en aquel lugar poético, que sin embargo llevaba un nombre tan prosaico como inexacto. Porque ningún camino, ni a Silistria ni a ninguna otra parte, había atravesado nunca el prado solitario, que anidaba tan graciosamente bajo la inaccesible Stara Planina. No debió su designación a su situación geográfica, sino a una circunstancia totalmente diferente y, por así decirlo, histórica.

(Fragmento del capítulo XX: El fugitivo)

Por la mañana Ognyanov salió hacia el pueblo. Atravesó el pasadizo que lo llevaba fuera del monasterio. En la pradera, bajo un gran almendro frente al monasterio, el abad caminó cabizbajo de un lado a otro. Disfrutando de la belleza de este romántico lugar y embebido por la fragancia de la montaña. El paisaje otoñal tenía un nuevo encanto, las hojas doradas de los árboles, las amarillas y aterciopeladas colinas del horizonte balcánico, y la atmósfera de la dulce y tierna melancólica decadencia...
 
Iván Minchov Vazov (Bulgaria, 1950-1921).

viernes, 21 de octubre de 2022

Otoño: CANCIÓN DE OTOÑO, de Paul Verlaine


Los largos sollozos
De los violines
Del otoño
Hieren mi corazón
Con monótona
Languidez

Todo sofocante
Y pálido, cuando
Suena la hora,
Yo me acuerdo
De los días de antes
Y lloro

Y me voy
Con el viento malvado
Que me lleva
De acá para allá,
Igual que a la
Hoja muerta.

Paul Verlaine (Francia, 1844-1896).

miércoles, 19 de octubre de 2022

Otoño: POEMA SEIS, de Pablo Neruda

"Eras la boina gris y el corazón en calma."

Te recuerdo como eras el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma.
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.


Pablo Neruda: Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto (Chile, 1904-1973).
Obtuvo el premio Nobel en 1971.

lunes, 17 de octubre de 2022

Otoño: EL JOVEN ARQUÍMEDES, de Aldous Huxley

"... estábamos envueltos en un blanco vapor en donde los olivos color de bruma, que bajaban ante nuestras ventanas, hacia el valle, desaparecían..."

(Fragmento)

Había días de otoño en que todos los valles estaban llenos de neblina y las crestas de los Apeninos emergían, oscuras, de un liso largo blanco. Había días en que esa niebla invadía nuestras alturas y en que estábamos envueltos en un blando vapor en donde los olivos color de bruma, que bajaban ante nuestras ventanas, hacia el valle, desaparecían, fundidos, se diría, en su propia esencia; y las dos únicas cosas firmes y definidas del pequeño mundo vago en que estábamos confinados eran los dos altos cipreses negros que se elevaban sobre una pequeña terraza en saliente a unos cien pies cuesta abajo. Se levantaban negros, agudos y sólidos, gemelas columnas de Hércules en el confín del mundo conocido; y más allá sólo había nubes pálidas y alrededor nebulosos olivares.

Aldous Huxley (Inglaterra, 1894-1963).

(Traducido del inglés por Leonor de Acevedo).

domingo, 16 de octubre de 2022

Otoño: DÍA DE OTOÑO, de Rainer María Rilke

"... deambulará por las avenidas inquieto como el rodar de las hojas."

Señor: es hora. Largo fue el verano.
Pon tu sombra en los relojes solares
y suelta a los vientos por las llanuras.

Haz que sazonen los últimos frutos;
concédeles dos días más del sur,
úrgeles a su madurez y mete
en el vino espeso el postrer dulzor.

No hará casa el que ahora no la tiene,
el que ahora está solo lo estará siempre,
velará, leerá, escribirá largas cartas,
y deambulará por las avenidas,
inquieto como el rodar de las hojas.

Rainer María Rilke (Alemán fallecido en Francia, 1797-1856).

sábado, 15 de octubre de 2022

Octubre: EL MAESTRO Y MARGARITA, de Mijaíl Bulgákov

"Eso ocurrió al anochecer, a mediados de octubre, (...) Mi reloj de bolsillo maarcaba las dos de la mañana."

(Fragmento del capítulo 13: La aparición del héroe)


Le dije que tenía miedo de los ladrones y le pedí que lo guardara hasta el día de mi partida. Cogió el dinero, lo guardó en su bolso y me dijo, abrazándome, que le parecía más fácil morirse que abandonarme en aquel estado; pero que la estaban esperando y que no tenía más remedio que marcharse. Prometió venir al día siguiente. Me pidió que no tuviera miedo de nada.

Eso ocurrió al anochecer, a mediados de octubre. Se fue. Me acosté en el sofá y dormí, sin encender la luz. Me despertó la sensación de que el pulpo estaba allí. A duras penas pude dar con la luz. Mi reloj de bolsillo marcaba las dos de la mañana. Me acosté sintiéndome ya mal y desperté enfermo del todo. De pronto me pareció que la oscuridad del otoño iba a romper los cristales, a entrar en la habitación y que yo me moriría como ahogado en tinta. Cuando me levanté era ya un hombre incapaz de dominarse. Di un grito y sentí el deseo de correr para estar con alguien, aunque fuera con el dueño de mi casa. Luchaba conmigo mismo como un demente. Tuve fuerzas para llegar hasta la estufa y encender fuego. Cuando los leños empezaron a crujir y la puertecilla dio varios golpes, me pareció que me sentía algo mejor. 


Mijaíl Bulgákov (Ruso nacido en Ucrania, 1891-1940).

jueves, 6 de octubre de 2022

Octubre: POEMA DE OCTUBRE, de Dylan Thomas

"... en el mediodía del verano aunque la villa al fondo se cubriera de hojas por la sangre de octubre."

Cumplía treinta años, mi aniversario despertó hacia el cielo
cuando oí cómo hacía señales la mañana
con la oración del agua y el grito de cornejas y gaviotas
y el roce de las barcas en el muro trenzado por las redes
desde el puerto y los bosques vecinos
y los mejillones en sus charcas y la playa con garzas clericales
para que en un segundo me pusiera de pie
y echara a andar en el pueblo todavía dormido.

Mi cumpleaños empezó con los pájaros acuáticos
y con pájaros de árboles alados que volaban mi nombre
sobre las granjas y los blancos caballos
y yo me levanté en el lluvioso otoño
y eché a andar en el chaparrón de todos mis días,
Era en la pleamar y las garzas buceaban
cuando tomé el camino fronterizo
y aún cerrados los portales del pueblo mientras se iba despertando.

Toda una primavera de alondras en una nube rodante
y las matas a orillas del camino desbordaban de mirlos silbadores
y el sol de octubre a la manera del verano
sobre el hombro del cerro
fueron climas amigos y hubo dulces cantores
que llegaron de pronto en aquella mañana por la que yo vagaba
y escuchaba cómo se escurría la lluvia;
frío, el viento soplaba
en el bosque, muy lejos, a mis pies.

Pálida lluvia sobre el puerto encogido
sobre la iglesia mojada por el mar, tan pequeña
que semejaba un caracol con sus cuernos a través de la niebla
y del castillo pardo como los búhos;
pero todos los jardines de primavera y de verano
florecían en los cuentos fantásticos
detrás de la frontera y abajo de la nube invadida de alondras.
Allí podía yo maravillarme
mi cumpleaños se iba yendo pero el tiempo giraba alrededor.

Girando me apartaba del país jubiloso
bajaba por el aire cambiado y por el cielo alterado de azul
fluía de nuevo una maravilla de verano
con manzanas y peras y grosellas rojas:
y vi tan claro en el rodar del tiempo
aquellas olvidadas mañanas cuando un niño paseaba con su madre
por entre las parábolas del sol
y las leyendas de las verdes capillas

y por los campos de la infancia ya dos veces contados
porque sus lágrimas quemaron mis mejillas y su corazón se conmovió en el mío.
Estos eran los bosques y era el río y el mar
allí donde un muchacho
en el verano atento de los muertos
murmuraba la verdad de su gozo
a los árboles, las piedras y el pez en la marea.
Y el misterio cantó vivo
en el agua y en el gorjeo de los pájaros.

Y allí podía yo maravillarme
mientras mi cumpleaños se alejaba aunque el clima diera vuelta en redondo
y el gozo verdadero del niño muerto hace tanto tiempo
cantaba ardiendo bajo el sol.
Cumplía treinta años hacia el cielo y en el mediodía del verano
aunque la villa al fondo se cubriera de hojas por la sangre de octubre.

Oh la verdad de mi corazón
se cantará todavía
desde esta alta colina a la vuelta de un año.

Dylan Thomas (Inglaterra, 1914-1953).

La ilustración corresponde al otoño en Littondale, Yorkshire Dales, Inglaterra. Fotografía de David Noton.

lunes, 26 de septiembre de 2022

Equinoccio: NINFOLEPSIA, de William Faulkner

"... para ver como ella, chorreando, ascendía oscilante por la orilla."

(Fragmento)

El agua turbia chocaba contra su boca tratando de entrar en ella, y la luz del día aprisionada bajo el arroyo saltó de nuevo sobre la superficie en forma de ondas. Relucientes planos de luz incidían y quebraban la superficie, y se alejaban de él; y, pisoteando agua, sintiendo los zapatos empapados lo mismo que el pesado mono de trabajo, percibiendo el pelo pegado a su cara, para ver cómo ella, chorreando, ascendía oscilante por la orilla.

Avanzó agitando el agua, persiguiéndola. Parecía nunca alcanzar la orilla opuesta. Sus ropas empapadas, se pegaban a él como sirenas inoportunas, como mujeres; hasta ver el agua quebrada de su empeño coronada de estrellas. Al fin pudo alcanzar la sombra de los sauces y sintió bajo su mano la tierra húmeda y resbaladiza. Aquí y allá, raíces y ramas. Se incorporó con el agua escurriendo de su ropa, sentía que ésta se volvía primero liviana y después pesada. Sus zapatos avanzaban aplastándose dóciles pero la indumentaria anodina, adherida a la piel, obstaculizaba su carrera. Podía ver cómo su cuerpo, fantasmal en el crepúsculo sin luna, ascendía por la colina. Y corrió, maldiciendo, el agua todavía chorreando de su pelo, con un lamento húmedo de ropas y zapatos, maldiciendo esa suerte y su destino. Creyó que podría desenvolverse mejor sin los zapatos, y mientras seguía mirando la apagada llama de la mujer que corría, se los quitó y prosiguió la marcha tras ella. La ropa mojada le pesaba como plomo; jadeaba cuando alcanzó la cima de la colina. Y allí estaba ella, en un campo de trigo, bajo la ascendente luna llena del equinoccio de otoño, como un barco en un mar de plata.

William Faulkner (Estados Unidos, 1897-1962).
Obtuvo el premio Nobel en 1949.

domingo, 25 de septiembre de 2022

Equinoccio: EQUINOCCIO DE OTOÑO, de Lucian Blaga

"... vamos a gritar a las grullas para que vayan y retumben su estruendo de redención cuando vuelan..."

(Fragmento)

Cedidos al destino,
extraños para nosotros mismos, cargando en los hombros una patria-
un cuerpo muerto,
es verdad que lo hemos visto muchas veces,
poderes alados viajando entre las nubes
cegados por un lejano objetivo
atravesando encrucijadas en el aire –como una flecha,
aunque allá abajo no alcanzan el aleteo
de una señal o sus noticias.
Todavía iremos a las cumbres y subiremos gritando,
vamos a gritar a las grullas para que vayan
y retumben su estruendo de redención
cuando vuelan rumbo a esa orilla por encima de todos los seres.

En la balanza y en el desgarro
de esta hora que nos rodea
ven, la profundidad oscura, el rumor que nos ahoga
abandonémoslos bajo nosotros y desde la última colina,
imaginando con signos en los vientos de libertad,
gritemos en pos del triángulo viajero. 

Lucian Blaga (Rumania, 1895-1961).