Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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sábado, 15 de junio de 2024

Mirándolas dormir: HOMO FABER, de Max Frisch

"Era una cabeza de muchacha, de piedra (...) la podía mirar por encima como se mira el rostro de una mujer dormida..."

(
Fragmento de la primera etapa)

Cabeza de una Erinia dormida

Éste sí que fue un descubrimiento (en la misma sala lateral de la izquierda) sin la ayuda de ningún sacerdote bávaro, de todos modos, yo no sabía el título, pero no me importaba; al contrario, muchas veces me estorban los títulos porque, en general, tampoco me dicen nada los nombres clásicos; más bien me dan la sensación de que me estoy examinando... Aquello era magnífico, verdaderamente, magnífico, impresio- nante, muy impresionante, Era una cabeza de muchacha, de piedra, colocada de tal forma que se la podía mirar por encima como se mira el rostro de una mujer dormida cuando uno se apoya sobre el codo.

«¿Qué debe de estar soñando?»

Es posible que ésa no sea la buena manera de contemplar una obra de arte, pero a mí me interesaba más eso que saber si era del siglo cuarto o del siglo tercero antes de Jesucristo... Cuando me acerco de nuevo a mirar el nacimiento de Venus, dice ella, de pronto: «¡No te muevas!» Tengo que quedarme donde estaba. «¿Qué pasa?», pregunto. «¡No te muevas!», repite. «Cuando tú estás ahí, la Erinia es mucho más hermosa, parece mentira lo que cambia.» Tengo que convencerme por mí mismo. Sabeth insiste en que cambiemos de sitio. Efectivamente, no es lo mismo, pero no me extraña: cuestión de iluminación. Cuando Sabeth (o cualquier otra persona) está junto al nacimiento de Venus se producen unas sombras y el rostro de la Erinia dormida, al que le llega la luz por un solo lado, parece de pronto mucho más animado, más viviente, casi salvaje.

Max Frisch (Suiza, 1911-1991).

(Traducido al español por Margarita Fontseré).
La ilustración corresponde a Erinia dormida, también conocida como Furia de Ludovisi,
pieza esculturórica romana del siglo II que se encuentra en el Palazzo Altemps, de Roma. 

sábado, 24 de junio de 2023

Tampico: HOMO FABER, de Max Frisch

"Rumbo Tampico, mientras el aparato vuela tierra adentro (...) yo observaba los tres discos resplandecientes, que a veces parecían detenerse, lo cual es debido a una ilusión óptica..."

(
Fragmentos de la primera etapa)

Apenas despierto, me hice cargo de la situación: Debajo de nosotros, el mar...

Era el motor de la izquierda el que estaba averiado; una hélice formando una cruz estática en el cielo sin nubes; eso era todo.

Debajo de nosotros, como ya he dicho, el golfo de México.

Nuestra azafata, una muchacha de veinte años, una niña a juzgar por su aspecto, me había tomado del hombro izquierdo para despertarme, pero yo me di cuenta de todo antes de que ella me lo explicara, mientras me ofrecía un salvavidas verde; mi vecino se estaba abrochando el salvavidas, con aire de buen humor como se acostumbra a tener en los ensayos de alarma de ese tipo.

En aquel momento estábamos volando a dos mil metros de altura, por lo menos.

Naturalmente, no se me habían caído las muelas, ni siquiera el diente de espiga, el cuarto de arriba a la derecha; me sentí aliviado, verdaderamente satisfecho.

Delante, en el pasillo, el capitán:

There is not danger at all... (No hay el menor peligro...)

Se trata sólo de una medida de precaución, nuestro aparato puede volar incluso con sólo dos motores, nos hallamos a 8,5 millas de la costa mexicana, rumbo a Tampico, se ruega a todos los pasajeros que no se muevan y que, de momento, no fumen.

Thank you. (Gracias.)

(...)

Los otros tres motores marchaban perfectamente; ni hablar de peligro; vi que manteníamos la altura, luego apareció la costa envuelta en niebla, una especie de laguna, más allá pantanos. Pero todavía no se vislumbraba Tampico. Yo conocía Tampico de otra vez, en ocasión de una intoxicación por pescado que no olvidaré hasta el fin de mis días.

- Tampico -dije- es la ciudad más sucia del mundo, un puerto petrolífero, ya verá usted; cuando no apesta a petróleo, apesta a pescado...
Mi vecino se tocó el salvavidas.

- Le aconsejo de verdad -dije-, que no coma pescado, pase lo que pase...

El hombre intentó una sonrisa.

- Los indígenas, naturalmente, están inmunizados -le dije-, pero lo que es nosotros...

Asintió sin escucharme. Parece que yo pronuncié toda una conferencia sobre amibas y sobre los hoteles de Tampico. En cuanto vi que el individuo de Düsseldorf no me escuchaba, le agarré de la manga, cosa que no acostumbro, al contrario: odio esta manía de agarrarse mutuamente de la manga. Pero si no era así, no me escuchaba. Y le conté toda la historia de mi aburrida intoxicación en Tampico, en 1951, o sea hace seis años. Entre tanto, no volábamos, como se demostró, a lo largo de la costa, sino súbitamente tierra adentro. De manera que no nos dirigíamos a Tampico. Yo estaba asombrado, dispuesto a pedir información a la azafata.

(...)

Un buen mapa como los ofrece la Swissair, aquí no lo hay, y lo que me pone nervioso es sencillamente esa información idiota: Rumbo Tampico, mientras el aparato vuela tierra adentro... subiendo, como ya he dicho antes, con tres motores; yo observaba los tres discos resplandecientes, que a veces parecían detenerse, lo cual es debido a una ilusión óptica: una sacudida negra, como de costumbre. No había motivo de alarma, lo único que resultaba extraño era ver la cruz fija de una hélice parada en pleno vuelo.

Nuestra azafata me daba lástima.

Max Frisch (Suiza, 1911-1991).

(Traducido al español por Margarita Fontseré).

domingo, 13 de mayo de 2018

Mayo: HOMO FABER, de Max Frisch

"Era la noche del 13 de mayo, y había un eclipse de luna, que nos sorprendió..."
 
Primera parada
 
(Fragmento)

Recuerdo exactamente lo que sucedió. Era la noche del 13 de mayo, y había un eclipse de luna, que nos sorprendió; yo no había leido ningún periódico y no lo esperábamos. Le dije: «¿Qué pasa con la luna?» Nos habíamos sentado al aire libre y eran casi las diez, hora de irnos a acostar, ya que al día siguiente queríamos continuar el viaje de madrugada. El mero hecho de que tres cuerpos celestes, el sol, la tierra y la luna, coincidieran en una línea recta, lo cual produce irremisiblemente el oscurecimiento de la luna, me puso inquieto como si no supiera con relativa exactitud lo que es un eclipse de luna; tan pronto como vi la sombra redonda de la tierra sobre la luna pagué la cuenta de nuestros cafés y caminamos del brazo por la terraza del Rhône; donde pasamos una hora entera, todavía del brazo, parados en la noche mirando ese fenómeno perfectamente comprensible.
 
 
Max Frisch (Suiza, 1911-1991).