Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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viernes, 18 de enero de 2019

Ultima Thule: A ISLANDIA, de Jorge Luis Borges

"Eres la más remota y la más íntima, Última Thule, Islandia de las naves..."
 
De las regiones de la hermosa tierra
Que mi carne y su sombra han fatigado
Eres la más remota y la más íntima,
Última Thule, Islandia de las naves,
Del terco arado y del constante remo,
De las tendidas redes marineras,
De esa curiosa luz de tarde inmóvil
Que efunde el vago cielo desde el alba
Y del viento que busca los perdidos
Velámenes del viking. Tierra sacra
Que fuiste la memoria de Germania
Y rescataste su mitología
De una selva de hierro y de su lobo
Y de la nave que los dioses temen,
Labrada con las uñas de los muertos.
Islandia, te he soñado largamente
Desde aquella mañana en que mi padre
Le dio al niño que he sido y que no ha muerto
Una versión de la Völsunga Saga
Que ahora está descifrando mi penumbra
Con la ayuda del lento diccionario.
Cuando el cuerpo se cansa de su hombre,
Cuando el fuego declina y ya es ceniza,
Bien está el resignado aprendizaje
De una empresa infinita; yo he elegido
El de tu lengua, ese latín del Norte
Que abarcó las estepas y los mares
De un hemisferio y resonó en Bizancio
Y en las márgenes vírgenes de América.
Sé que no lo sabré, pero me esperan
Los eventuales dones de la busca,
No el fruto sabiamente inalcanzable.
Lo mismo sentirán quienes indagan
Los astros o la serie de los números...
Sólo el amor, el ignorante amor, Islandia.
 
 
Jorge Luis Borges (Argentino fallecido en Suiza, 1899-1986).

miércoles, 16 de enero de 2019

ULTIMA THULE, de Vladimir Nabokov

 
"... su reino, entre las nieblas marítimas, en una isla remota y melancólica..."

(Fragmento)

Tú lo entiendes, desde luego. En la condición en la que yo me encontraba, la gente sin imaginación, quiero decir carente de su apoyo y de su espíritu inquisitivo, recurre a los reclamos de todo tipo de prodigios milagrosos; a los quirománticos de turbantes dramáticos que combinan sus destrezas mercantilistas en el mundo de la magia con los negocios de matarratas o de condones; a gordas y atezadas adivinas; pero especialmente a los espiritistas, que simulan una fuerza todavía sin identificar concediéndole los rasgos lechosos de un fantasma que consiguen que se manifieste en estúpidas formas físicas. Pero yo tengo mi cota de imaginación, y por lo tanto se abrían ante mí dos posibilidades: la primera era mi trabajo, mi arte, el consuelo que me proporciona mi arte; la segunda consistía en dar el salto y creer que una persona como Falter, bastante común en realidad, e incluso un tanto vulgar, a pesar de los juegos de salón de su ingeniosa mente, había llegado a conocer real y de modo concluyente aquello que ningún vidente, ningún brujo había alcanzado jamás.

¿Mi arte? Te acuerdas, ¿no es cierto?, de aquel extraño sueco o danés —o quizá islandés en lo que a mí respecta—, en cualquier caso aquel tipo rubio larguirucho, de tez anaranjada con pestañas de caballo viejo que se presentó como «un conocido escritor» y que, por un precio que te alegró (ya estabas confinada en la cama sin poder hablar, pero todavía me escribías notas divertidas con tiza en una pizarra, por ejemplo que las cosas que más te gustaban en la vida eran «los versos, las flores silvestres y la moneda extranjera»), me encargó que hiciera una serie de ilustraciones para el poema épico Ultima Thule, que acababa de componer en su lengua. Ni que decir tiene que no venía al caso que yo me familiarizara con su manuscrito porque el francés, idioma en el que nos comunicábamos con denodado esfuerzo, sólo lo conocía de oídas, y era incapaz de traducirme sus imágenes. Conseguí tan sólo entender que su héroe era algún rey nórdico, desgraciado y huraño; que su reino, entre las nieblas marítimas, en una isla remota y melancólica estaba infestado de intrigas políticas de algún tipo, de asesinatos, de insurrecciones y que un caballo blanco que había perdido a su jinete volaba por el páramo brumoso... Le gustó mi primer bosquejo en blanco y negro, y decidimos los temas de los otros dibujos. Cuando no volvió a la semana siguiente como me había prometido, llamé a su hotel, y me enteré de que se había ido a América.

Te oculté la desaparición de mi cliente, pero no seguí con los dibujos; luego, de nuevo, te pusiste tan enferma que no me apetecía ni pensar en mi pluma dorada ni en mis trazos de tinta china. Pero tras tu muerte, cuando las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde se hicieron especialmente insoportables, entonces, con febril y dolorosa avidez, cuya conciencia provocaba lágrimas en mis ojos, continué aquel trabajo que ya no tenía destinatario, y esa carencia, precisamente, era lo que concedía valor a mi tarea; su naturaleza intangible, espectral, la falta de objetivo o de remuneración me transportaban hasta regiones como aquella en la que tú, mi objetivo fantasma, existes, mi amada, una creación terrenal tan maravillosa y querida, que nadie vendrá nunca a reclamar; y como todo me distraía de mi tarea, engañándome con la pátina de la temporalidad en lugar de con el diseño gráfico de la eternidad, atormentándome con tus huellas en la playa, con las piedras de la playa, con tu sombra azul sobre la odiosa playa luminosa, decidí volver a nuestras habitaciones de París a instalarme a trabajar en serio. Ultima Thule, aquella isla nacida en el desolado mar gris de mi congoja ante tu muerte, ejercía ahora sobre mí la atracción de un hogar donde acoger mis pensamientos inefables.


 Vladimir Nabokov (Ruso nacionalizado estadounidense, 1899-1977).

martes, 15 de enero de 2019

Ultima Thule: LOS JARDINES DE AFRODITA, de Francisco Villaespesa

"... su anhelo lanza al aire, como un halcón hambriento, tras la ideal paloma de una Thule lejana."
 
Enferma de nostalgias, la ardiente cortesana,
al rojizo crepúsculo que incendia el aposento,
su anhelo lanza al aire, como un halcón hambriento,
tras la ideal paloma de una Thule lejana.

Sueña con las ergástulas de la Roma pagana;
cruzar desnuda el Coso, la cabellera al viento,
y embriagarse de amores en el Circo sangriento
con el vino purpúreo de la vendimia humana.

Sueña... Un león celoso veloz salta a la arena,
ensangrentando el oro de su rubia melena.
Abre las rojas fauces... A la bacante mira,

salta sobre sus pechos, a su cuerpo se abraza...
¡Y ella, mientras la fiera sus carnes despedaza,
los párpados entorna y sonriendo expira!
 
 
Francisco Villaespesa (España, 1877-1936).

lunes, 14 de enero de 2019

ULTIMA THULE, de Henry Wadsworth Longfellow

"¿No son estas las Orcadas del embrujo de las tempestades...?"

 Ultima Thule: dedicatoria a G. W. G*
 
Con los vientos a favor, sobre los mares del sol
Navegamos por las Hespérides,
La tierra donde crecen las manzanas doradas;
Pero eso, ¡ah! Eso fue hace mucho tiempo.
 
Hasta dónde, desde entonces, las corrientes oceánicas
Nos han barrido, de esa tierra de sueños,
La tierra de la ficción y de la verdad,
¡La Atlantis perdida de nuestra juventud!
 
¿Adónde, eh, adónde? ¿No son estas
Las Orcadas del embrujo de las tempestades,
Donde las gaviotas gritan, y las rompientes rugen
Y naufragios y algas marinas se alinean en la orilla?
 
¡Ultima Thule! ¡La isla más lejana!
Aquí en sus bahías por un rato
arriamos nuestras velas; mientras descansamos
De la interminable búsqueda sin fin.
 
(With favouring winds, o'er sunlit seas,
We sailed for the Hesperides,
The land where golden apples grow;
But that, ah! that was long ago.

How far, since then, the ocean streams
Have swept us from that land of dreams,
That land of fiction and of truth,
The lost Atlantis of our youth!

Wither, ah, wither? Are not these
The tempest-haunted Orcades,
Where the sea-gulls scream, and breakers roar,
And wreck and sea-weed line the shore?

Ultima Thule! Utmost Isle!
Here in thy harbors for a while
We lower our sails; a while we rest
From the unending, endless quest
.)
 
 
Henry Wadsworth Longfellow (Estados Unidos, 1807-1882).
 
(Traducido del inglés por Jules Etienne).
* Las siglas de la dedicatoria, G. W. G., corresponden a George Washington Greene.
La ilustración corresponde a una de las islas del archipiélago de las Orcadas frente a la costa de Escocia.

domingo, 13 de enero de 2019

Ultima Thule: EL REY DE THULE, de J. W. von Goethe


Hubo en Thule un rey constante
con su amada, la que un día,
al morir, dejó a su amante
áurea copa que tenía.
 
Fue, de allí, la taza de oro,
don de mágica riqueza,
y al beber, la real tristeza
la humedecía con lloro.
 
Cuando el rey vio su partida
cercana, dio al heredero
la ciudad y un mundo entero,
menos su copa querida.
 
Sentóse luego a la cena
en medio de sus magnates,
y al pie rugen los embates
del mar que la sala atruena.
 
Allí el bebedor anciano
brinda última vez su copa,
la echa al mar y el mar la arropa
en su lecho soberano.
 
La ve hundirse; que se llena
y se pierde en lo profundo…
Y el rey llora su pena
no bebió más sobre el mundo.
 
 
Johann Wolfgang von Goethe (Alemania, 1749-1832).
 
La ilustración corresponde a La copa del rey de Thule (1896), de Camille Metra-Hubbard.

sábado, 12 de enero de 2019

Ultima Thule: EL PÉNDULO DE FOUCALT, de Umberto Eco



(Fragmento del capítulo 6: Tifieret)

- Tranquilo, ¿cuándo hemos inventado? Siempre hemos partido de hechos objetivos, o en todo caso de datos de dominio público.
 
- También ahora. En 1912, nace una Germanenorden que propugna una ariosofía, o sea una filosofía de la superioridad aria. En 1918, un tal barón von Sebottendorff funda una secta derivada de esa orden, la Thule Gesellschaft, una sociedad secreta, enésima variante de la Estricta Observancia Templaria, pero con fuertes componentes racistas, pangermanistas, neoarios. En 1933, este von Sebottendorff dirá que él ha sembrado lo que luego Hitler cultivará. Por lo demás, en la Thule Gesellschaft es donde aparece la cruz gamada. ¿Y quién se adhiere en seguida a la Thule? ¡Rudolf Hess, el ángel malo de Hitler! ¡Y después Rosenberg! ¡Y el propio Hitler!
 
Además, como sabrán por los periódicos, aún hoy, en su cárcel de Spandau, Hess sigue ocupándose de ciencias esotéricas. En 1924, von Sebottendorff escribe un libelo sobre la alquimia, y afirma que los primeros experimentos de fisión atómica demuestran la verdad de la Gran Obra. ¡Y escribe una novela sobre los rosacruces! Además dirigirá una revista de astrología, el Astrologische Rundschau, y Trevor-Roper ha escrito que los jerarcas nazis, empezando por Hitler, no daban un paso sin antes hacerse un horóscopo. Parece que en 1943 se consultó a un grupo de videntes para averiguar dónde estaba preso Mussolini. En suma, todo el grupo dirigente nazi está  vinculado con el neoocultismo teutónico.
 
 
Umberto Eco (Italia, 1932-2018).

martes, 25 de enero de 2011

La mítica isla de Thule



Ultima Thule, que traducido del latín significa el norte más distante, según explica Michel Lamy es la mítica -aunque real- isla de Hiperbórea, un lugar donde se enfrentan el hielo y el fuego en una batalla eterna. Se dice que la primera referencia que existe de dicho lugar proviene del geógrafo y explorador griego Piteas, quien la ubicó a seis días de navegación al norte de Inglaterra. Como advertía que durante la época veraniega no se pone el sol, se puede inferir que se refería a lo más septentrional de la península escandinava. Aunque algunos historiadores la suponen las islas Feroe, Islandia o Groenlandia, en el año 2007 un grupo de investigadores se dedicó a estudiar antiguos mapas de Ptolomeo y llegaron a la conclusión de que se trata de la isla de Smola, en la costa noruega, que además era sede de la realeza tribal de los escandinavos al principio de la era cristiana.

Lamy, además, identifica a la madre de los hombres con el nombre de Thule, y menciona que los toltecas erigieron Tula como centro de su cultura y resguardo de sus creencias religiosas. Bajo la mirada de los imponentes atlantes, los arqueólogos la identifican como Tollan, la última morada de Quetzalcóatl -tanta mitología para que tal vez acabe en una prosaica refinería-. La misma palabra en sánscrito significa balance, lo cual la relaciona con la estrella polar. Según los estudiosos de la lengua griega, Thule proviene de Tholos o Tolos, que significa niebla. La tierra más allá de la niebla, de la diosa blanca, Thula es la niebla.

Aquí podría establecerse una relación entre el nombre de la Sociedad de la Niebla, de la que formaban parte Alexandre Dumas y Jules Verne. Además de que los expertos en la obra de éste suelen resaltar el hecho de que el personaje que emprende La vuelta al mundo en ochenta días se llama Phileas Fogg.

Thule, como sería predecible, tiene una larga relación con la poesía. Goethe escribió El rey de Thule, que dice en su primer cuarteto:

Hubo en Thule un rey constante
con su amada, la que un día,
al morir dejó a su amante
áurea copa que tenía.

La copa de oro equivaldría al santo Grial. Por su parte, Edgar Allan Poe culmina su poema Tierra de sueños con la frase: "Desde esta última nebulosa Thule" (From this ultimate dim Thule). Y Henry W. Longfellow es autor de un poema titulado precisamente Ultima Thule, que concluye:
 
¡Ultima Thule! ¡La isla más lejana!
Aquí en sus bahías bajamos por un rato
nuestras velas; para reposar
de la interminable búsqueda perpetua.

J. R. R. Tolkien, en su popular saga de El señor de los anillos, también utiliza la palabra Thule en el lenguaje de los elfos, pero con el significado de espíritu.

Rudolf Glauer nació en Sajonia, en el último cuarto del siglo XIX, y después de un breve paso por Egipto, se afincó en Turquía, adquirió dicha nacionalidad y fue adoptado por el barón von Sebottendorf. A partir de entonces cambió su nombre por el de Rudolf von Sebottendorf. Durante su estadía en esos países se interesó en el estudio de la cábala, e influido por un mercader judío de apellido Termudi, también se acercó a los rosacruces y a los iniciados drusos, e ingresó a la logia masónica del rito de Memphis. Una vez de regreso en Alemania, entra en contacto con la Orden de los Germanos, es nombrado su dirigente para la región de Bavaria, y en 1918 funda la Sociedad Thule.

Para no prolongar en demasía este texto que ya se ha extendido más de lo planeado, abriré un paréntesis y en futuras ocasiones pienso reproducir algunos párrafos de la novela El péndulo de Focault, de Umberto Eco, en que se hace referencia a dicha sociedad, para más adelante finalizar abordando el importante vínculo que estableció con la doctrina nacional socialista.

Jules Etienne

La ilustración corresponde a una fotografía de las Islas Lofoten, en Noruega,
al norte del círculo polar ártico.