Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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lunes, 28 de febrero de 2022

Día de reyes: LOS REYES MAGOS, de Edmond Rostand

"... trazaron círculos en el suelo. Hicieron cálculos, se rascaron la barbilla, pero la estrella había huido..."

(Versión rimada)

Perdieron la estrella una noche; ¿Por qué perdemos
la estrella? Porque demasiado a veces la vemos.
Los dos reyes blancos, siendo eruditos de Caldea,
trazaron círculos en el suelo, con toda su sabiduría.

Hicieron cálculos, y la barbilla se rascaron,
pero la estrella había huido, como huye una idea.
Y aquellos hombres cuyas almas estaban sedientas de guía
mientras armaban sus tiendas de algodón, lloraron

Pero el pobre rey negro, por los otros dos despreciado,
"Pensemos en una sed que no es la nuestra -se dijo, preocupado-
la de los animales, todavía debemos darles de beber a ellos".

Y, mientras su balde de agua por el asa tomaba,
En el humilde círculo de cielo donde bebían los camellos
vio la estrella dorada, que en silencio danzaba.

(Traducción libre del soneto original)

Perdieron la estrella una noche; ¿Por qué perdemos
la estrella? Por haberla mirado a veces demasiado,
los dos reyes blancos, siendo eruditos de Caldea,
con una vara trazaron círculos en el suelo.
Hicieron cálculos, se rascaron la barbilla,
pero la estrella había huido, como huye una idea.
Y aquellos hombres cuyas almas estaban sedientas de guía
lloraron, mientras armaban sus tiendas de algodón.
Pero el pobre rey negro, por los otros dos despreciado,
se dijo: "Pensemos en esa sed que no es la nuestra,
todavía debemos dar de beber a los animales".
Y, mientras sostenía su balde de agua por el asa,
En el humilde círculo de cielo donde bebían los camellos
vio la estrella dorada, que danzaba en silencio.


(Ils perdirent l'étoile, un soir ; pourquoi perd-on
L'étoile? Pour l'avoir parfois trop regardée,
Les deux rois blancs, étant des savants de Chaldée,
Tracèrent sur le sol des cercles au bâton.

Ils firent des calculs, grattèrent leur menton,
Mais l'étoile avait fui, comme fuit une idée.
Et ces hommes dont l'âme eût soif d'être guidée
Pleurèrent, en dressant des tentes de coton.

Mais le pauvre Roi noir, méprisé des deux autres,
Se dit "Pensons aux soifs qui ne sont pas les nôtres,
Il faut donner quand même à boire aux animaux."

Et, tandis qu'il tenait son seau d'eau par son anse,
Dans l'humble rond de ciel où buvaient les chameaux
Il vit l'étoile d'or, qui dansait en silence).

Edmond Rostand (Francia, 1868-1918).

(Traducido del francés por Jules Etienne).

lunes, 27 de septiembre de 2021

Venecia: LA ÚLTIMA NOCHE DE DON JUAN, de Edmond Rostand


Primera parte

(Diez años después. Un palacio en Venecia. Una gran sala abierta al Adriático, donde se sumergen los escalones de mármol. En el medio, una mesa servida, iluminada por antorchas).

Escena primera

Don Juan:
¡Venecia! ... ¡Ah! la ciudad de la fragilidad, es ella.
La columna es de estuco, la piedra es de encaje,
¡El muro es un reflejo y la calle es de agua!
Y cuando dos amantes intercambian un anillo,
¡Este anillo, Sganarelle, tiene el espíritu de cristal!

Sganarelle:
Han pasado diez años y tú ...

Don Juan:
Yo persevero...

Sganarelle:
¿Esta noche?

Don Juan:
Baile.

Sganarelle:
¿Vuelves?

Don Juan:
No. Más fuerte que Aníbal,
Aprovecho la victoria… ¡después del baile!

Sganarelle:
Señor, si llega la hora, tanta bella insolencia...

(Suena un reloj).

Don Juan:
Cuando hablamos de la hora, suena.

Sganarelle:
¡Oh!

Don Juan:
¡Silencio!
Desde el campanario escuchémosla desprenderse.

Sganarelle:
El placer de llamar a un campanario
¿Vale la pena que bajo este cielo, señor, siga por siempre?

Don Juan:
Me gustan los zapatos blancos de las mujeres de Venecia,
Y, como casamentero, tener un gondolero
Que canta, hace versos y se torna familiar.
Las damas de Venecia usan un baño de cedro
¡Quién pondría a Hipólito a merced de Fedra!
Venecia es un lugar repleto de ocasiones,
De regatas, bailes… y procesiones.
¡Amo Venecia! Y luego, su león se parece a mí
Al pie del cual se aglomera un vuelo de palomas,
Y quien se rinde, con un gran desdén amargo,
¡Reinar sobre el amor, reinar sobre el mar!
Sí, como tú, ciudad loca y profunda,
¡Vivo sobre mi reflejo, que se forma sobre la ola!

Sganarelle:
Esta ciudad es mortal.

Don Juan:
Y aunque así lo sea,
Ciudad a la que vienen a terminar todos los aventureros
¿Quién quiere al morir romper el cristal más hermoso?,
Me niego a huir bajo un cielo más severo.
Una ciudad del amor he visto mi primer día
Mi último día deseo ver también una ciudad del amor.
Solo se permite un epitafio para Don Juan:
"¡Nació en Sevilla y murió en Venecia!"
Lo que digo, además, es sólo para asustarte:
¡Creo que el diablo nos ha olvidado!

Edmond Rostand (Francia, 1868-1918).

La ilustración de La dernière nuit de don Juan es de George Barbier (1921).