Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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domingo, 31 de diciembre de 2023

Año nuevo: GUERRA Y PAZ, de León Tolstói

"Una tercera parte de los invitados había llegado ya..."

(
Fragmento inicial del capítulo IV)

El 31 de diciembre, víspera del Año Nuevo de 1810, se celebraba un baile en casa de un gran señor del tiempo de Catalina. El cuerpo diplomático y el Emperador habían de asistir a él.

Una tercera parte de los invitados había llegado ya y en casa de los Rostov, que habían de asistir a la fiesta, se estaban ultimando los preparativos a toda prisa.

María Ignatevna Perouskaia, amiga y pariente de la Condesa, una señorita de honor, delgada y pálida, iba al baile de los Rostov y guiaba a aquellos provincianos por el gran mundo de San Petersburgo.

Los Rostov debían ir a buscarla a las diez en las cercanías del jardín de Taurida, y a las diez y cinco minutos las muchachas aún no estaban vestidas.

A las diez y cuarto se metieron en el coche y se marcharon. Pero todavía tenían que dar la vuelta por el jardín de Taurida.

La señorita Perouskaia ya estaba a punto. A pesar de su edad y de su fealdad, había ocurrido en su casa lo mismo que en la de los Rostov, aunque sin tanto trajín; ya estaba acostumbrada a ello. También su persona envejecida estaba limpia, perfuma- da, empolvada, y, como en casa de los Rostov, la anciana criada, entusiasmada, admiró el atuendo de su ama cuando salió del salón, con su vestido amarillo adornado con el distintivo de las damas de honor de la Corte.

La señorita Perouskaia elogió los vestidos de los Rostov, y los Rostov elogiaron el gusto y el vestido de la Perouskaia y, con todas las precauciones por los peinados y las ropas, a las once se instalaron en el coche y se marcharon.

León Tolstói
Lev Nikoláievich Tolstoi (Rusia, 1828-1910).

La ilustración corresponde a un fotograma de la adaptación cinematográfica
de la novela, dirigida por Sergéi Bondarchuk en 1967.

viernes, 29 de diciembre de 2023

Diciembre: LOS DIARIOS DE FRANZ KAFKA, 29 de diciembre


(29 de diciembre de 1911)

Las dificultades en la terminación de un ensayo, por pequeño que sea, no se deben a que nuestro sentimiento exige para el final de la obra un fuego, que el auténtico contenido no ha sido capaz de producir hasta ahora, sino que más bien nacen de que incluso el más pequeño trabajo del autor exige en sí mismo una autosatisfacción y un abandono a sí mismo, a partir del cual resulta difícil salir al aire del día sin una fuerte decisión y un aliciente externo, de forma que antes de que el trabajo quede finalizado, uno huye llevado por la intranquilidad, de forma que el final ha de ser acabado prácticamente desde fuera y con las manos, que no sólo trabajan, sino que también han de agarrarse.
   
Franz Kafka (Escritor checo en lengua alemana, 1883-1924).

jueves, 28 de diciembre de 2023

Día de los inocentes: LOS NIÑOS FELICES, de Arthur Machen

"Y también entraron en el templo todos los niños de tierna edad de Banwick, todos ataviados con túnicas blancas."

(Fragmento final)

La procesión pasó ante mí, y oí cantar a los niños mientras seguían ascendiendo por la colina hacia la antigua iglesia. Regresé a la posada, y al atravesar el puente me asaltó de repente la idea de que era el día de los Santos Inocentes. Sin duda, acababa de presenciar una confusa reliquia de alguna tradición medieval, por lo que al llegar a mi destino le formulé al posadero unas preguntas al respecto.

Entonces comprendí el significado de la extraña expresión que antes había observado en su rostro. Empezó a temblar y a estremecerse de horror y luego se alejó de mí como si yo fuese un mensajero de la muerte.

Unas semanas más tarde estaba leyendo un libro titulado Los antiguos ritos de Banwick. Lo había escrito, en el reinado de la reina Isabel I de Inglaterra, un autor anónimo que había conocido el esplendor de la antigua abadía y la desolación que la asoló. Y hallé este pasaje:

«En el Día de los Inocentes, a medianoche, se celebró un maravilloso y solemne servicio religioso. Ya que cuando los monjes terminaron de cantar el Tedeum en los maitines, subió al altar el abad, espléndidamente ataviado con una vestidura de oro, por lo que era una maravilla contemplarle. Y también entraron en el templo todos los niños de tierna edad de Banwick, todos ataviados con túnicas blancas. Luego, el abad empezó a cantar la misa de los Santos Inocentes. Y cuando terminó la consagración de la misa, se adelantó hasta el Santo Libro el niño más pequeño de cuantos se hallaban presentes y podían estar de pie. Y este niño llegó al altar, y el abad lo instaló en un trono de oro reluciente, y se inclinó y lo adoró, entonando: Talium Regnum Celoerum, Aleluya. De este es el Reino de los Cielos, Aleluya. Y todo el coro cantó en respuesta: Amicti sunt stolis albis, Aleluya, Aleluya. Vestidos están con túnicas blancas, Aleluya, Aleluya. Y el prior y todos los monjes, por orden, adoraron y reveren- ciaron al niño que se hallaba sentado en el trono.»

Yo había presenciado la procesión de la Orden Blanca de los Santos Inocentes. Había visto a los que salían cantando de las aguas profundas donde se hallaba el Lusitania; había visto a los mártires inocentes de los campos de Flandes y Francia regocijándose ante la idea de oír misa en su morada espiritual.

Arthur Machen (Inglés originario de Gales, 1863-1947).

El texto íntegro puede leerse en Ciudad Seva.

lunes, 25 de diciembre de 2023

Navidad: NOCHEBUENA (24 de diciembre), de Ana Ajmátova

"Creo que los pinos de Komorovo hablan en su propia lengua..."

El cierre de un ciclo reciente
es tan difícil para el corazón,
he abandonado muchos hábitos en la vida
y ya casi nada me falta.

Creo que los pinos de Komarovo
hablan en su propia lengua
y como primaveras aisladas
se yerguen en los charcos, bebiéndose el cielo.


Ana Ajmátova (Rusia, 1899-1966).

La ilustración corresponde a los pinos de Komarovo, en Rusia.

domingo, 3 de diciembre de 2023

Diciembre: CANCIÓN MENOR, de Federico García Lorca

"... con tristeza de Cyrano y de Quijote redentor de imposibles infinitos con el ritmo del reloj."

Diciembre de 1918
 (Granada)

Tienen gotas de rocío
las alas del ruiseñor,
gotas claras de la luna
cuajadas por su ilusión.

Tiene el mármol de la fuente
el beso del surtidor,
sueño de estrellas humildes.

Las niñas de los jardines
me dicen todas adiós
cuando paso. Las campanas
también me dicen adiós.
Y los árboles se besan
en el crepúsculo. Yo
voy llorando por la calle,
grotesco y sin solución,
con tristeza de Cyrano
y de Quijote,
redentor
de imposibles infinitos
con el ritmo del reloj.
Y veo secarse los lirios
al contacto de mi voz
manchada de luz sangrienta,
y en mi lírica canción
llevo galas de payaso
empolvado. El amor
bello y lindo se ha escondido
bajo una araña. El sol
como otra araña me oculta
con sus patas de oro. No
conseguiré mi ventura,
pues soy como el mismo Amor,
cuyas flechas son de llanto,
y el carcaj el corazón.

Daré todo a los demás
y lloraré mi pasión
como niño abandonado
en cuento que se borró.


Federico García Lorca (España, 1898-1936).

viernes, 1 de diciembre de 2023

Diciembre: CANCIÓN 19 HORAS, de Luis García Montero

"Hay ciudades que son fotografías nocturnas de ciudades. Yo quiero ser diciembre."

¿Quién habla del amor? Yo tengo frío
y quiero ser diciembre.

Quiero llegar a un bosque apenas sensitivo,
hasta la maquinaria del corazón sin saldo.
Yo quiero ser diciembre.

Dormir
en la noche sin vida,
en la vida sin sueños,
en los tranquilizados sueños que desembocan
al río del olvido.

Hay ciudades que son fotografías
nocturnas de ciudades.
Yo quiero ser diciembre.

Para vivir al norte de un amor sucedido,
bajo el beso sin labios de hace ya mucho tiempo,
yo quiero ser diciembre.

Como el cadáver blanco de los ríos,
como los minerales del invierno,
yo quiero ser diciembre.


Luis García Montero (España, 1958).

La ilustración corresponde al reloj de vapor en Gastown (Vancouver, Canadá). 

jueves, 1 de junio de 2023

Tampico: EL NORTE, de Juan de la Cabada

"Junto a uno de los muelles de Coatzacoalcos la Perlita pasa inactiva más de un mes (...) Su ruta va mucho más arriba, hasta Tampico."

(
Fragmento del capítulo I)

Abunda y se bebe café con ron. Entonces el vocerío arrecia de tono y , con intermi- tencias y entremezclados párrafos sueltos, viene a proa en diálogo extraño de pinto- resca jerigonza:

- Pues ahora voy a la Laguna, a ver qué tal se nos presentan la Navidad y el Año Nuevo .. . Siempre yendo y viniendo de aquí para allá, de allá para acá; de barlovento a sotavento; de Tampico a Progreso .. . Paseo a las autoridades . .. Visito al señor gobernador. . Pienso montar allí una nueva tienda .. . Gastó su buen pico y nada que se le arregló el negocito. Don Conrao.

(Fragmento del capítulo V)

Junto a uno de los muelles de Coatzacoalcos la Perlita pasa inactiva más de un mes. Por fin, al reanudarse las labores del puerto, le llenan sus bodegas con sacos de azúcar para el viaje de retorno hacia Campeche. Zarpa -sin pasajeros, por fortuna en la tarde del 21 de diciembre. De capitán abajo todos esperan festejar en casa la Nochebuena de aquel año.

Galletero significa ir en harapos de harapos, sudando sangre de infancia a cambio de las sobras de la comida únicamente. Hay, sin embargo, una alegría de inocencia y simpleza extremas, que ni el galletero siquiera olvida nunca. Es la visión de tres, cinco, diez embarcaciones a motor y vela en fila, con las velas izadas a todo viento y máquina, a todo correr, en competencia. Salvo El Dictador -120 caballos- y La Polar -100- nadie nos gana. Pero ni La Polar ni El Dictador están en nuestra línea. Su ruta va mucho más arriba, hasta Tampico; así, pues la Perlita vence constantemente. La Perlita sólo tiene un buen motor Volverine 62. Difícilmente podría tacharse de servil a un tripulante, y algunos se preguntan: «¿Qué ganamos?». Pero entonces, ¿por qué esta ansia, esta satisfacción de ser los primeros donde vamos?

Juan de la Cabada (México, 1899-1986).

viernes, 30 de diciembre de 2022

Enero: EL PALACIO DE LOS SUEÑOS, de Ismail Kadaré

"El último viernes de diciembre. El primero de enero. El segundo de enero. Ah, por fin el que buscaba (...) Lo leyó con dificultad, como si tuviera los ojos tapados con un trapo blanco..."

(Fragmento del capítulo: La aproximación de la primavera)

Un día, movido por un impulso repentino, se levantó de la mesa de su despacho y con paso lento descendió al Archivo. Reinaba el mismo olor pesado a carbón que había respirado tiempo atrás. Los funcionarios permanecían a su lado como sombras, dispuestos a servirle. Pidió el cartapacio de los Sueños Maestros de los últimos meses y, cuando se lo trajeron, después de ordenar a los funcionarios que lo dejaran trabajar tranquilo, comenzó a hojearlo con calma. Sus dedos le transmitían un creciente desasosiego a medida que pasaba las hojas. Los latidos de su corazón se habían tornado extremadamente lentos. En la cabecera de las hojas, a la derecha, estaban escritas las fechas y otras anotaciones de referencia. El último viernes de diciembre. El primero de enero. El segundo de enero. Ah, por fin el que buscaba, el Sueño Maestro fatal que había llevado a su tío a la tumba y lo había elevado a él a la dirección del Tabir. Lo leyó con dificultad, como si tuviera los ojos tapados con un trapo blanco que dejara pasar apenas ramalazos de luz lechosa. Era justo aquel sueño del vendedor de verduras de la capital que había pasado dos veces por sus manos, acompañado de la interpretación aproximativa que ya conocía: Puente-Koprü-Qyprilli. Instrumento musical-epopeya albanesa. El toro rojizo que, incitado por ella, embestía contra el Estado. ¡Oh, Dios!, se dijo. Conocía de sobra todo aquello, sin embargo el hecho de verlo escrito lo hizo estremecerse de la cabeza a los pies. Cerró el cartapacio y se marchó con el mismo paso parsimonioso.

Ismail Kadaré (Albania, 1936).

(Traducido al español por Ramón Sánchez Rizarralbe).

lunes, 19 de diciembre de 2022

Navidad: AL SUR DE LA FRONTERA, AL OESTE DEL SOL, de Haruki Murakami

"Nat King Cole cantaba Preterid. Yo, claro está, no entendía ni una palabra de la canción en inglés."

(Fragmento del primer capítulo)

Un día del mes de diciembre, próxima ya la Navidad, me encontraba con Shimamoto en la sala de estar de su casa. Escuchábamos música, en el sofá, como de costumbre. Su madre había salido por alguna razón y estábamos los dos solos. Era una tarde de invierno oscura, nublada y gris. La luz del sol resaltaba las micros- cópicas partículas de polvo y asomaba tímidamente a través de unas nubes plomizas. Todo cuanto se reflejaba en mis pupilas carecía de contornos definidos y movimiento. El atardecer se acercaba y la habitación estaba tan oscura como si fuera de noche. Creo que no había ninguna luz encendida. Sólo la placa al rojo vivo de la estufa de gas iluminaba tenuemente las paredes. Nat King Colé cantaba Preterid. Yo, claro está, no entendía ni una palabra de la canción en inglés. A mis oídos sonaba como un conjuro. Pero a nosotros nos gustaba y, como la habíamos escuchado tantas veces, nos habíamos aprendido de memoria los primeros versos.

Preterid you're happy when you're blue
It isn 't very hard to do.

Ahora sí entiendo lo que significa. «Cuando estés triste, finge que eres feliz. No es tan difícil»: igual que la sonrisa que ella esbozaba siempre. Ésa es, desde luego, una manera de ver las cosas. Pero a veces cuesta.

Haruki Murakami (Japón, 1949).

lunes, 12 de diciembre de 2022

Diciembre: RETRATO DE UNA DAMA, de T. S. Eliot

"... y cuatro velas tenues en la sala oscurecida, cuatro círculos de luz dibujándose en el techo..."

I

Entre el humo y la niebla de una tarde de diciembre
dejas que la escena se arme sola -como ha de parecer-
con un “He reservado esta tarde para usted”;
y cuatro velas tenues en la sala oscurecida,
cuatro círculos de luz dibujándose en el techo,
un atmósfera de tumba de Julieta
preparada para todas las cosas a decir, o no decir.
Fuimos, digamos, a escuchar al polaco de moda
transmitir los Preludios, por el cabello y los dedos.
“Tan íntimo, este Chopin, que creo que su alma
debería resucitar sólo entre amigos,
dos o tres, que no tocaran la frescura
manoseada y cuestionada en las salas de concierto.”
- Y la charla así va derivando
entre deseos vacíos y lamentos elegidos con cuidado
sobre un fondo de atenuados tonos de violines
mezclados con débiles cornetas,
y comienza.

“No sabe cuánto significan mis amigos para mí,
y qué raro, qué raro y extraño es encontrar,
en una vida hecha de tantos, tantos fragmentos
(y eso por supuesto no me gusta... ¿lo sabía? ¡Usted no es ciego!
¡Es tan perceptivo!),
encontrar un amigo que tenga esas cualidades,
que tenga y ofrezca
esas cualidades de las que vive la amistad.
Cuánto significa para mí decirle esto...
sin esas amistades... la vida, ¡qué cauchemar!”

Entre el devaneo de los violines
y los solos fugaces
de cornetas entrecortadas,
un sordo tambor en mi cerebro
empieza a martillear absurdamente
su propio preludio,
caprichoso y monocorde,
que es al menos una clara, definida “nota falsa”.
- Tomemos aire, en un trance de tabaco,
admiremos los monumentos,
discutamos los últimos sucesos,
pongamos en hora nuestro reloj con un reloj de la calle
y sentémonos un rato a tomar nuestra cerveza.

Thomas Sterns Eliot
(Estadounidense nacionalizado inglés, 1888-1965). Obtuvo el premio Nobel en 1948.

(Traducido al español por Gerardo Gambolini).

domingo, 11 de diciembre de 2022

Diciembre: BAJO LAS ESTRELLAS DE OTOÑO, de Knut Hamsun

"... me puse a escribir a Falkenberg sin gastar preámbulos."

(Fragmento inicial del capítulo XXXI)

Algunos días después, me puse a escribir a Falkenberg sin gastar preámbulos. Tenía yo un dispositivo de sierra, que había quedado en Oevreboe -escribí-; pudiera suceder que algún día llegase a tener alguna importancia para los propietarios de bosques y tenía la intención de ir a buscarlo cualquier día. «Haz el favor de vigilar que no se estropee».

Así fue mi carta de correcta. Era lo más digno. Como Falkenberg hablaría de la carta en la cocina, y aun era posible que la enseñase, el escrito tenía que ser serio aunque cortés. Sin embargo, no todo era benignidad y sólo benignidad; también señala una fecha concreta, para dar un sello de conformidad a la cosa: «El lunes, 11 de diciembre, iré a buscar la máquina». Así pensaba yo: el término era claro y preciso; si el lunes no estuviese allí la máquina, podría suceder algo muy gordo.

Llevé la carta al correo personalmente, y, otra vez, pegué en lo alto del sobre una tira de sellos.

Knut Hamsun (Noruega, 1859-1952).
Obtuvo el premio Nobel en 1920.

(Traducido al español por Luis Molins Correa).

sábado, 10 de diciembre de 2022

Diciembre: A OVIDIO, de Aleksandr Pushkin

"Ya a las praderas rusas el diciembre sombrío, cubre con blancos mantos de un insondable frío."

(Fragmento)

Estoico esclavo yo, soy avaro del llanto,
mas lo entiendo; proscrito por mi pensamiento
libre, harto de mí, del mundo y del momento
que me toca vivir, helada el alma, visité
la tierra donde a oscuras el tiempo se te fue,
y al revivir tus sueños nuevamente aquí
tu cántico inspirado, Ovidio, repetí
sintiendo como mías tus tristes realidades;
mas la mirada traiciona al sueño con verdades,
mis ojos quedaron por tu dolor cautivos
hechos a las nevadas de mis campos nativos.
Aquí alumbra siempre un sol celestial,
aquí es breve la cruel tempestad invernal,
aquí por las orillas escitas, cual hija emigrante
del sur, crece la uva en su púrpura deslumbrante.
Ya a las praderas rusas el diciembre sombrío
cubre con blancos mantos de un insondable frío;
allá es invierno, mas huele a primavera
aquí donde el sol entibia la pradera;
los campos marchitos anuncian un verdor,
en ellos ya trabaja temprano el labrador;
sopla como una brisa la tarde refrescando;
sobre el lago los hielos se van transparentando
cual pálido cristal del agua en su fluir.

Aleksandr Pushkin (Rusia, 1799-1837).

viernes, 9 de diciembre de 2022

Diciembre: AL FILO DEL AGUA, de Agustín Yáñez

"... venablos metálicos del violoncello, venablos vegetales de los violines, quebradizos..."

(Fragmento que alude a la noche del 8 al 9 de diciembre)

Cuántas heridas abiertas por el rebullicio de los músicos, por las nunca oídas melodías -amor, ensueño, tristeza dulce, íntimo júbilo, hallazgo de buscadas expresiones- que desvelaron al pueblo y revelaron a los adolescentes un mundo, un lenguaje nuevos, en la noche del ocho al nueve de diciembre; mundo y lenguaje presentidos muy cerca, mas inasibles; llenos de celestiales encantos y al mismo tiempo humanísimos; mundo y lenguaje de los deseos cotidianos, hasta entonces oscuros, de pronto iluminados con magnificencia por el concierto de instrumentos y voces, por las voces que hacían volar palabras de amor y de melancolía, palabras corrientes que alcanzaban en el vuelo la expresión de lo inefable, transfigurados como cohetes de luces; mundo y lenguaje de los deseos, liberados por primera vez en la noche del pueblo, en la noche gratamente sobrecogida, transverberada con saetas vibrantes, luego hechas arrullos en los ámbitos de soledad, estremecidos; estremecidos como el ahora deleitable desvelo de viejos y adolescentes, que nunca oyeron música igual, distinta de la consuetudinaria música eclesiástica; transfixión del desvelo por los venablos melodiosos, que atraviesan los muros más espesos, aciertan al pecho, clavan su dulce ponzoña; venablo metálico del violoncello, venablos vegetales de los violines, quebradizos, disparados sobre las azoteas; venablos de aire, frágiles de la flauta, con escalas para trepar hacia las cruces y caer sobre los corazones; venablos punzantes, en plétora explosiva -tenores, barítonos y bajos-, venablos de las palabras cantadas, que ni una quieren perder en la noche sonora...

Agustín Yáñez (México, 1904-1980)

jueves, 8 de diciembre de 2022

Diciembre: PEDRO PÁRAMO, de Juan Rulfo

"Era la mañana del 8 de diciembre. Una mañana gris. No fría, pero gris. El repique comenzó con la campana mayor."

(Fragmento)

Después sintió que la cabeza se le clavaba en el vientre. Trató de separar el vientre de su cabeza; de hacer a un lado aquel vientre que le apretaba los ojos y le cortaba la respiración; pero cada vez se volcaba más como si se hundiera en la noche.

- Yo. Yo vi morir a doña Susanita.

- ¿Qué dices, Dorotea?

- Lo que te acabo de decir.

Al alba, la gente fue despertada por el repique de las campanas. Era la mañana del 8 de diciembre. Una mañana gris. No fría, pero gris. El repique comenzó con la campana mayor. La siguieron las demás. Algunos creyeron que llamaban para la misa grande y empezaron a abrirse las puertas; las menos, sólo aquellas donde vivía gente desmañanada, que esperaba despierta a que el toque del alba les avisara que ya había terminado la noche. Pero el repique duró más de lo debido. Ya no sonaban sólo las campanas de la iglesia mayor, sino también las de la Sangre de Cristo, las de la Cruz Verde y tal vez las del Santuario. Llegó el mediodía y no cesaba el repique. Llegó la noche. Y de día y de noche las campanas siguieron tocando, todas por igual, cada vez con más fuerza, hasta que aquello se convirtió en un lamento rumoroso de sonidos. Los hombres gritaban para oír lo que querían decir. «¿Qué habrá pasado?», se preguntaban.

A los tres días todos estaban sordos. Se hacía imposible hablar con aquel zumbido de que estaba lleno el aire. Pero las campanas seguían, seguían, algunas ya cascadas, con un sonar hueco como de cántaro.

- Se ha muerto doña Susana.

- ¿Muerto? ¿Quién?

- La señora.

- ¿La tuya?

- La de Pedro Páramo.

Comenzó a llegar gente de otros rumbos, atraída por el constante repique. De Contla venían como en peregrinación. Y aun de más lejos. Quién sabe de dónde, pero llegó un circo, con volantines y sillas voladoras. Músicos. Se acercaban primero como si fueran mirones, y al rato ya se habían avecindado, de manera que hasta hubo serenatas. Y así poco a poco la cosa se convirtió en fiesta. Comala hormigueó de gente, de jolgorio y de ruidos, igual que en los días de la función en que costaba trabajo dar un paso por el pueblo.

Las campanas dejaron de tocar; pero la fiesta siguió. No hubo modo de hacerles comprender que se trataba de un duelo, de días de duelo. No hubo modo de hacer que se fueran; antes, por el contrario, siguieron llegando más.

Juan Rulfo (México, 1917-1986).

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Diciembre: EL CUERVO, de Edgar Allan Poe

"... aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre; espectros de brasas moribundas..."

(Estrofas iniciales)

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es -dije musitando- un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Edgar Allan Poe (Estados Unidos, 1809-1949).

(Traducido al español por Julio Cortázar).

lunes, 5 de diciembre de 2022

Diciembre: EL HOMBRE QUE RÍE, de Víctor Hugo

"Diciembre lo había despojado con el frío, la medianoche con el espanto..."

(Fragmento de la primera parte: El mar y la noche)

5. El árbol de la invención humana

En este mundo existen realidades que son como salidas a lo desconocido por las que parece posible que salga el pensamiento y por las que se precipita la hipótesis. La conjetura tiene su compelle intrare, si se pasa por ciertos lugares y delante de ciertos objetos no se puede hacer otra cosa que detenerse presa de los sueños y dejar que la mente divague. Hay en lo invisible oscuras puertas entreabiertas. Nadie habría podido encontrar a aquel difunto sin meditar.

La vasta dispersión lo consumía silenciosamente. Había tenido sangre que le habían bebido, piel que le habían comido, carne que le habían robado. Nada había pasado sin quitarle algo. Diciembre lo había despojado con el frío, la medianoche con el espanto, el hierro con el orín, la peste con los miasmas, la flor con los perfumes. Su lenta disgregación era un peaje, el peaje del cadáver a la ráfaga, a la lluvia, al rocío, a los reptiles, a las aves. Todas las manos sombrías de la noche habían excavado a aquel muerto.

Era un habitante extraño, el habitante de la noche. Estaba en una llanura y en una colina y no estaba allí. Era palpable y se había desvanecido. Era una sombra que completaba las tinieblas. Después de la desaparición de la luz del día, en la vasta oscuridad silenciosa, se ponía lúgubremente de acuerdo con todo. Aumentaba, sólo por estar allí, el duelo de la tempestad y la calma de los astros. Lo indecible que hay en el desierto se condensaba en él. Resto de un destino desconocido, se agregaba a todas las feroces reticencias de la noche. Había en su misterio una vaga reverberación de todos los enigmas.

 Víctor Hugo (Francia, 1802-1885).

(Traducido al español por Luis Echávarri).

domingo, 4 de diciembre de 2022

Diciembre: RICARDO II, de William Shakespeare

"¿... o revolcarse desnudo en las nieves de diciembre tan sólo imaginando el calor del verano?"

(Fragmento del segundo acto, escena III)

Bolingbroke:

Mi corazón suspirará con ese falso nombre,
al darse cuenta de que es una peregrinación forzada.

Juan de Gante:

Considera la triste procesión de tus pasos fatigados
como una montura en la que habrás de engastar
la muy preciosa joya de tu regreso a casa.

Bolingbroke:

Ah, ¿quién puede sostener un fuego entre las manos
pensando solo en el helado Cáucaso,
saciar el voraz filo del hambre }
con la simple ilusión de un gran festín,
o revolcarse desnudo en las nieves de diciembre
tan solo imaginando el calor del verano?
¡Ah, no!, anticipar el bien futuro
solo realza el dolor del mal presente.
El diente de la feroz congoja nunca infecta más
que cuando muerde sin dejar herida abierta.

William Shakespeare (Inglaterra, 1564-1616).

(Traducido al español por Juan Fernando Merino).

La ilustración corresponde a Julian Glover en el papel de Juan de Gante y Jasper Britton como Henry Boloingbroke, durante la puesta en escena de la Royal Shakespeare Company en el teatro Baerbican, dirigida por Gregory Doran en 2016. La fotografía es de Keith Pattison.

sábado, 3 de diciembre de 2022

DICIEMBRE, de George Bacovia

"La puerta y el patio se han cubierto de nieve, mira como nieva en diciembre..."

Mira como nieva en diciembre.
Observa la nieve por la ventana, querida-
Pide que traigan más leña
Para poder escuchar al fuego crepitar.

Empuja el sillón cerca del brasero,
Y entonces habremos de oírlo, por la chimenea.
La tormenta o mis días -es lo mismo-
Debo aprender su sinfonía.

Pide que nos traigan el té,
Y acércate más tú también, por favor,-
Léeme algo sobre los polos,
Deja que nieve… que nos sepulte la nieve.

Qué cálido es aquí, en tu casa,
Para mí es totalmente sagrada,-
Mira como nieva en diciembre…
No te rías… sigue leyendo en voz alta.

Es de día y qué oscuro está…
Necesitamos una lámpara, ¿la pedirás?-
Mira, la nieve está tan alta como la cerca
Y la manija de la puerta se atascó por la escarcha.

No voy a ir a casa ahora…
La puerta y el patio se han cubierto de nieve,
Mira como nieva en diciembre…
No te rías, sigue leyendo en voz alta.

George Bacovia:
Gheorghe Andone Vasiliu (Rumania, 1881-1957).

sábado, 21 de diciembre de 2019

EL SOLSTICIO DE INVIERNO SEGÚN TRES POETAS: D. H. Lawrence, Ezra Pound y Octavio Paz


El día de hoy tiene lugar el solsticio de invierno, y para no dejarlo pasar desapercibido incluyo las referencias al mismo de tres poetas, dos en lengua inglesa, D. H. Lawrence y Ezra Pound, y otro en español, Octavio Paz, quienes se ocupan de este solsticio que ocurre en el hemisferio boreal durante el mes de diciembre.

Sombras, de D. H. Lawrence

(Fragmento)

Y si, igual que el otoño se ahonda y se oscurece
siento el dolor de las hojas al caer y tallos que se rompen en las tormentas
y turbulencias y disolución y la zozobra
y luego, suaves sombras profundas plegándose, plegándose
sobre mi alma y mi espíritu, sobre mis labios
dulcemente, como un letargo, o más bien el estupor de una grave, triste canción
cantada más opacamente que el ruiseñor, y así hacia el solsticio
y el silencio de los días cortos, el silencio del año, la sombra,
sabré entonces que mi vida aún se mueve
con la oscura tierra y se humedece
en un profundo olvido, en el lapso de la tierra y su renovación.

Canto LII, de Ezra Pound

(Fragmento)

El primer mes del invierno es ahora
el sol en la cola de Scorpio
al alba en Hydra, el hielo empieza
el faisán se zambulle en el Howai (el agua grande) y se convierte en una ostra
el arcoíris está escondido por algún tiempo.
El Hijo del Cielo se alimenta de cerdo asado y mijo,
gris acero son los corceles.
Este mes el invierno gobierna.
El sol está en el hombro del arquero
en la cabeza del cuervo al alba
el hielo se engruesa. La tierra se raja. Y los tigres ahora andan en celo.
Cortad los árboles en el solsticio y varas de flechas de bambú.
Tercer mes, patos silvestres van al norte, la urraca empieza a edificar.
El faisán alza el grito al Espíritu de las Montañas la temporada de la pesca se abre,
ríos y lagos profundamente helados
poned ahora hielo en vuestras hieleras,
el gran concierto de los vientos
llama a las cosas por sus nombres. El buen soberano por la distribución
El mal rey es conocido por sus impuestos.

El poema Solo a dos voces, de Octavio Paz, es muy extenso y sus alusiones al solsticio de invierno son constantes. Esta es una selección arbitraria de diversos fragmentos del mismo:
Si decir No
al mundo al presente
hoy (solsticio de invierno)
no es decir
decir es solsticio de invierno
hoy en el mundo
no
es decir
decir mundo presente
no es decir
¿qué es
Mundo Solsticio Invierno?
¿Qué es decir?
Desde hace horas
oigo caer, en el patio negro,
una gota de agua.
Ella cae y yo escribo.
Solsticio de invierno:
sol parado,
mundo errante.
Sol desterrado,
fijeza al rojo blanco.

***

Hoy es solsticio de invierno:
canta el gallo,
el sol despierta.
Voces y risas, baile y panderos,
sobre el suelo entumido
rumor de faldas de muchachas
como el viento corriendo entre espadañas,
como el agua que brota de la peña.

***

El diccionario
es un mundo no dicho:
de solsticio de invierno
a pascua de resurrección,
en dirección inversa
a las agujas del cuadrante...

***

La letra no reposa en la página:
memoria la levanta,
monumento de viento.
¿Y quién recuerda a la memoria,
quién la levanta, dónde se implanta?
Fuente de claridad, alumbramiento,
la memoria es raíz en la tiniebla.
Come tiniebla,
come olvido:
no lo que dices, lo que olvidas,
es lo que dices:
hoy es solsticio de invierno
en el mundo
hoy estás separado
en el mundo
hoy es el mundo
ánima en pena en el mundo.


Jules Etienne

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Día de los muertos: ASESINATO EN LA CATEDRAL, de T. S. Eliot


(Fragmento del primer coro)

Desde que el dorado octubre declinó en sombrío noviembre
y las manzanas fueron recogidas y guardadas, y
la tierra se volvió ramas de muerte, pardas
y agudas, en un erial de agua y lodo,
el año nuevo espera, respira, espera y murmura en la sombra.
Mientras el labriego arroja a un lado la bota lodosa y tiende las manos al fuego,
el año nuevo espera, el destino espera su advenimiento.
¿Quién ha acercado las manos al fuego sin
recordar a los santos en el Día de Todos Santos,
a los santos y mártires que esperan? y ¿Quién tendiendo
las manos al fuego, negará a su maestro: y quién, calentándose junto al fuego, negará a su maestro?
Siete años, y ha terminado el verano,
siete años hace que el arzobispo nos dejó,
él, que siempre fue bueno con su rey.
Pero no estaría bien que regresara
el rey gobierna o gobiernan los señores,
hemos sufrido diversas tiranías;
pero casi siempre se nos deja a nuestros propios recursos,
y vivimos contentos si nos dejan en paz.
Tratamos de mantener nuestras casas en orden,
el mercader, tímido y cauto, se afana por reunir una modesta fortuna,
y el labriego se inclina sobre su pedazo de tierra, color de tierra su propio color,
y prefiere pasar inadvertido.
Ahora temo disturbios en las apacibles estaciones: el
invierno vendrá trayendo del mar a la muerte;
la ruinosa primavera llamará a nuestras puertas,
raíz y vástago nos comerán ojos y orejas,
el desastroso verano aplastará el lecho de nuestros arroyos
y aguardarán los pobres otro octubre moribundo.
¿Por qué el verano habría de consolarnos
de los fuegos del otoño y las nieblas invernales?
¿Qué haremos en el sopor del verano
sino esperar en estériles huertos otro octubre?
Alguna dolencia viene sobre nosotros. Esperamos, esperamos,
y los santos y mártires esperan a quienes serán mártires y santos.
El destino espera en la mano de Dios, no en las manos de los estadistas,
quienes, unas veces bien, otras mal, hacen proyectos y conjeturas
y abrigan propósitos que giran en sus manos en la trama del tiempo.
Ven, feliz diciembre, ¿quién te observará, quién te preservará?
¿Nacerá otra vez el Hijo del Hombre en el pesebre del escarnio?
Para nosotros, los pobres, no hay acción, sino sólo esperar y dar testimonio.



Thomas Stearns Eliot
(Estadounidense nacionalizado británico, 1888-1965). Obtuvo el premio Nobel en 1948.

La ilustración corresponde al reparto del Quarry Theatre, para la pueste en escena de Asesinato en la Catedral (Murder in the Cathedral) en la Casa de la Resurrección, Mirfield, West Yorkshire, poco después de 1935.