Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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lunes, 14 de agosto de 2023

Tampico: VIVA, de Patrick Deville

"Grúas y pontones, puntales de carga y plataformas, palmeras y cocodrilos. Y el olor a petróleo..."

En Tampico

Todo comienza y acaba con el ruido que hacen aquí los picadores de herrumbre. Los capitanes y los armadores desconfían de los marineros desocupados en los muelles. De ahí la pica, el bote de pintura y el pincel. El paisaje portuario es el de un filme de John Huston, El tesoro de la Sierra Madre. Grúas y pontones, puntales de carga y plataformas, palmeras y cocodrilos. Y el olor a petróleo y a suciedad grasiente, a brea y a alquitrán. Y una llovizna caliente que lo moja todo esta tarde, y la silueta furtiva de un hombre que no es Bogart, sino Sandino. A punto de cumplir los treinta, parece que tiene veinte; es frágil y de baja estatura. Sandino lleva atuendo de mecánico, con la llave inglesa en el bolsillo; comprueba que no le están siguiendo, se aleja de los diques rumbo al barrio de las cantinas, donde tiene lugar la reunión clandestina. Tras haber abandonado Nicaragua y corrido mundo durante bastante tiempo, el mecánico marinero Sandino deja su petate y descubre el anarcosindicalismo. Es obrero en la Huasteca Petroleum de Tampico.

Al fondo de los callejones del puerto se encienden las lámparas, los conspiradores se reúnen en la penumbra de una trastienda alrededor de Ret Marut, el más agueriido. Éste ha llegado a México como fogonero a bordo de un navío noruego. Dice ser marino polaco o alemán, un revolucionario. Bajo la gorra proletaria se ve un rostro común, con un pequeño bigote que le da aspecto de anarquista de la banda del francés Bonnot. Al término de la Primera Guerra Mundial, Ret Marut participó en el intento de insurrección de Múnich. Condenado a muerte, desapareció y cambió de nombre con frecuencia, comenzó a escribir poemas y novelas, a combatir la soledad con el lápiz y a acumular cuadernos. Muy pronto enviará a Alemania El tesoro de la Sierra Madre, cuya acción transcurre en Tampico, y que firma con uno de sus seudónimos: Traven. Utilizará decenas de ellos. Para la fotógrafa Tina Modotti, en México, él será Torsvan.

En cuanto a Sandino, sale de la cantina en plena noche, fortalecido por esos consejos polacos o alemanes, con la cabeza llena de llamas revolucionarias, y se apresura en la lluvia bajo los conos naranjas de las farolas de sodio. Bien que podríamos seguirle. Le veríamos regresar a Nicaragua, cambiar el mono de obrero de la refinería por la vestimenta de jinete, con las cartucheras cruzadas sobre el pecho y el sombrero Stetson, tomar el mando de la guerrilla y convertirse en el glorioso general Augusto César Sandino, el «general de los hombres libres», en palabras de Henri Barbusse. Le veríamos cabalgar al frente de su batallón de plebeyos que nunca será vencido, empujando hasta el mar al ejército de ocupación de los gringos y prosiguiendo la gran obra de Bolívar. La cabalgata de las tropas sandinistas levanta sobre el horizonte el polvo amarillo de la Nueva Segovia de Nicaragua. Pero no le seguiremos. En la bruma del calor, otro petrolero noruego, una gran muralla rojo y negro, atraviesa el golfo de México y se acerca al puerto de Tampico. A bordo de él, otro revolucionario escucha el ruido de los picadores de herrumbre y los gritos de las aves marinas.

De Tampico a ciudad de México

(Fragmento inicial)

Al pie de la escala de desembarco del Ruth, petrolero noruego en lastre, al proscrito Trotski le devuelven la pequeña pistola que le confiscaron al embarcar, tres semanas antes. Quien comandó a uno de los ejércitos más importantes del mundo desliza en su bolsillo toda la potencia de fuego que le queda. Es un hombre de alborotados cabellos blancos y edad madura, cincuenta y siete años, y a su lado, con el cabello gris, está su mujer: Natalia Ivánovna Sedova. Están pálidos, deslumbrados por el sol después de la penumbra del camarote.

Patrick Deville (Francia, 1957).

(Traducido al español por José Manuel Fajardo).

domingo, 18 de junio de 2023

Tampico: EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS, de Leonardo Padura

"Mientras el barco se acercaba al puerto de Tampico, se hizo visible la multitud que se congregaba..."

(Fragmento del capítulo 16)

Liev Davídovich y Natalia pasaron los días leyendo los pocos libros sobre México que habían conseguido gracias a Konrad Knudsen, tratando de vislumbrar lo que les aguardaba en aquel Nuevo Mundo, siempre violento y exaltado, donde el precio de la vida podía ser una simple mirada mal recibida y donde, según sabían, nadie los esperaba.

Cuando la costa cobró toda su nitidez, sus temores salieron a flote, y Liev Davídovich lanzó a Die una postrera exigencia: solo abandonaría el petrolero si venía en su busca alguna persona que le inspirara confianza. ¿Quién?, pensaba, cuando Jonas Die le dio la sorprendente respuesta de que iban a complacerlo, y él también se concentró en la observación de la costa.

Mientras el barco se acercaba al puerto de Tampico, se hizo visible la multitud intranquila que se congregaba en sus alrededores, punteada por los uniformes azules de la policía mexicana. Aunque hacía mucho que Liev Davídovich había superado el temor a la muerte, los gentíos exaltados siempre le obligaban a recordar el que había rodeado a Lenin en septiembre de 1918 y del cual había salido la mano armada de Fanny Kaplan. Pero un manto de alivio cayó sobre sus aprensiones cuando descu- brió, en un extremo del espigón, las facciones de Max Shachtman, la estampa maciza de George Novack y la levedad irradiante de una mujer que no podía ser otra que la pintora Frida Kahlo, la compañera sentimental de Diego Rivera.

Apenas atracaron, los Trotski cayeron en un torbellino de júbilo. Varios amigos de Frida y Rivera, sumados a los correligionarios norteamericanos venidos con Shacht- man y Novack, los envolvieron en una ola de abrazos y congratulaciones que obraron el milagro de hacer correr las lágrimas de Natalia Sedova. Conducidos a un hotel de la ciudad donde les habían organizado una comida de bienvenida, los recién llegados fueron oyendo el tropel de informaciones retenidas por Jonas Die, sin duda molesto por el carácter de las noticias: el general Lázaro Cárdenas no solo había concedido a Liev Davídovich asilo indefinido, sino que lo consideraba su huésped personal y, con el mensaje de bienvenida, le enviaba el tren presidencial para que los trasladara a la capital. A su vez, Rivera, que se disculpaba por no haber podido desplazarse hasta Tampico, les ofrecía, también indefinidamente, una habitación en la Casa Azul, la edificación que ocupaba con Frida en el barrio capitalino de Coyoacán.

Los vinos franceses y el rudo tequila mexicano ayudaron a Liev Davídovich y a Natalia en el empeño de saltar del mole poblano a las puntas de filete a la tampiqueña, del pescado a la veracruzana a la consistencia rugosa de las tortillas, coloreadas y enriquecidas con pollo, guacamole, ajíes, jitomates, frijoles refritos, cebollas y cerdo asado al carbón, todo salpicado con el fogoso chile que clamaba por otra copa de vino o un trago de tequila capaces de aplacar el incendio y limpiar el camino hacia la degustación de aquellas frutas (mangos, piñas, zapotes, guanábanas y guayabas) pulposas y dulces, insuperables para coronar el festín de unos gustos europeos deslumbrados por texturas, olores, consistencias y sabores que se revelaban exóticos para ellos. Abrumados por aquel banquete de los sentidos, Liev Davídovich descubrió cómo sus prevenciones se esfumaban y la tensión dejaba paso a una invasiva voluptuosidad tropical capaz de arroparlo en una molicie benéfica que su organismo y su cerebro agotados recibieron golosamente, según escribió.

Leonardo Padura (Cuba, 1955).

sábado, 17 de junio de 2023

Tampico: CÓMO SE EXPUSIERON LOS JUICIOS DE MOSCÚ, de George Novack

"... para saludar a los Trotsky en el puerto de Tampico."

(
Fragmento)

Apenas al desembacar, me dijo que su primera garantía llegó cuando el operador del radio inalámbrico del barco le trasmitió un despacho con la noticia de que dos de sus amigos, Shachtman y yo, habíamos salido de Nueva York para reunirnos con él a su llegada al nuevo hogar.

A través de Rivera, el secretario de comunicaciones, general Mújico (sic)* puso el tren presidencial con un destacamento militar a disposición de nuestro partido y, junto con la compañera de Rivera, la pintora Frida Kahlo, viajamos con esplendor para saludar a los Trotsky en el puerto de Tampico. Fue una transformación sorprendente para un par de revolucionarios de la tierra del dólar yanqui ser tratados tan ceremoniosamente por un gobierno vecino; No estábamos acostumbrados a tal grandeza. El propio Trotsky se mostraba de alguna manera deslumbrado por la repentina transición de su encarcelamiento y maltrato en la nevada Noruega a la cálida hospitalidad que se le brindaba en la atmósfera semitropical de México.

George Novack (Estados Unidos, 1905-1992).

* Se refiere al general Francisco J. Múgica.
(Traducido del inglés por Jules Etienne).

sábado, 6 de mayo de 2023

Tampico: DECLARACIONES DE TAMPICO, de León Trotsky

"Estaba Frida Rivera, esposa del famoso artista, el cual no había podido acudir por encontrarse enfermo..."

(Fragmento)

En la cálida mañana tropical el buque tanque entró en el puerto de Tampico. Ignorábamos lo que nos esperaba. Nuestros pasaportes y revólveres seguían bajo custodia del policía fascista, quien, dentro de las aguas territoriales mexicanas, mantenía el régimen creado por el gobierno “socialista” noruego. Advertí al policía y al capitán que mi esposa y yo nos negaríamos a desembarcar voluntariamente si nuestros amigos no estaban allí para recibirnos. Los vasallos noruegos de la GPU no nos inspiraban más confianza en el trópico que en el paralelo de Oslo.

Pero todo estaba dispuesto. El buque se detuvo y poco después se aproximó una chalupa con representantes de las autoridades locales, periodistas mexicanos y extranjeros y -lo más importante de todo- amigos dignos de confianza. Estaba Frida Rivera, esposa del famoso artista, el cual no había podido acudir por encontrarse enfermo en un hospital; Max Shachtman, periodista marxista y camarada, quien nos había visitado en Turquía Francia y Noruega: y George Novack, secretario del Comité Norteamericano de Defensa de León Trotsky. Tras cuatro meses de cárcel y aislamiento la recepción resultó sumamente cordial. El policía noruego, quien finalmente nos entregó nuestros pasaportes y revólveres, observaba avergonzado la actitud cortés del jefe de policía mexicano.


Desembarcamos y pisamos el suelo del Nuevo Mundo con cierta emoción. Aunque estábamos en enero, la tierra misma exudaba calor. Las torres petroleras de Tampico nos recordaban a Bakú. En el hotel no tardamos en sufrir las molestias ocasionadas por nuestro desconocimiento del idioma. A las diez de la noche partimos de Tampico hacia la capital en un tren especial enviado por el ministro de Comunicaciones, general Mujica.

León Trotsky: Lev Davídovich Bronstein
(Ruso nacido en Ucrania y fallecido en México, 1879-1940).

La ilustración de Trotsky con su esposa Natalia y Frida Kahlo fue coloreada por Marco Zozaya.