Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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martes, 25 de julio de 2023

Tampico: EL POETA NIÑO, de Homero Aridjis

"... ella se publicaba joven y bella, virgen y culta, desamparada y triste, en la revista Confidencias..."

(
Fragmento)

Para tener éxito en sus anuncios ella se publicaba joven y bella, virgen y culta, desamparada y triste, en la revista Confidencias, canjeando con sus pretendientes retratos tomados quince años atrás, historias íntimas y promesas de matrimonio. Y si no se anunciaba en un número, conseguía la revista con urgencia, para ser una de las primeras en contestar solicitudes.

En un cajón con candado guardaba su correspondencia, para que no fuera a caer en manos de mis tíos o mis primos, y la leyeran.
 
Ella sacaba algún dinero de sus pretendientes, quienes ansiosos de conocerla, y fatigados y excitados por tantas cartas, pedían a como diera lugar un encuentro, mandándole un giro postal para el viaje a Tampico. Sitio al que mi tía no iba a última hora, a causa de mala salud o por enfermedad de un hermano, posponiendo la partida para el año próximo.

Y ocupada en sus cartas y sorda iba por la calle entre los camiones ruidosos. Y leyendo junto a la ventana, acercaba cada vez más el libro a sus ojos, y fruncía el ceño si pasaba algún conocido, teniendo trabajo en distinguir sus rasgos.

Un olor a polvo, a animales y a plantas parecía haberse instalado en el corral de su casa. Heredando de mi abuela macetas con geranios, rosas y pensamientos; y un burro, un chivo y una docena de gallinas, que ponían huevos en la cocina y en las recámaras, sobre las camas.

Homero Aridjis (México, 1940).

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Septiembre: TE AMO AHÍ CONTRA EL MURO DESTRUIDO..., de Homero Aridjis


Te amo ahí contra el muro destruido
contra la ciudad y contra el sol y contra el viento
contra lo otro que yo amo y se ha quedado
como un guerrero entrampado en los recuerdos

Te amo contra tus ojos que se apagan
y sufren adentro esta superficie vana
y sospechan venganzas
y muertes por desolación o por fastidio

Te amo más allá de puertas y esquinas
de trenes que se han ido sin llevarnos
de amigos que se hundieron ascendiendo
ventanas periódicas y estrellas

Te amo contra tu alegría y tu regreso
contra el dolor que astilla tus seres más amados
contra lo que puede ser y lo que fuiste
ceremonia nocturna por lugares fantásticos

Te amo contra la noche y el verano
contra la luz y tu semejanza silenciosa
contra el mar y septiembre y los labios que te expresan
contra el humo invencible de los muertos.


Homero Aridjis (México, 1940).

sábado, 17 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: 1492, VIDA Y TIEMPOS DE JUAN CABEZÓN DE CASTILLA, de Homero Aridjis

"Cada noche allí estaba Isabel, desnuda, abierta, urgente; sin más ansias que las de su propio deseo..."

(Fragmento)

Siempre las campanas llamaban a misa. Lo mismo durante las fiestas de Reyes y de la Candelaria, en las que nos entreteníamos mirando las estrellas desde el corral a oscuras o la larga procesión de candelas camono de la iglesia, hacia la misa.

Del Miércoles de Ceniza nos dábamos cuenta sólo por las cabezas cenicientas que pasaban delante de la ventana de la calle como rumbo a una tumba. En clausura estricta pasábamos los días públicos, más callados cuanto más ruido había en la calle, más solitarios cuanto más fuegos se encendían en las plazas, cuantos más gritos de algarabía traspasaban nuestras paredes. A menudo, el único esplendor que compartíamos con la demás gente de la villa era el de los relámpagos y la única fiesta la de la lluvia, que caía sobre nuestro tejado con la misma furia que caía sobre los tejados de otros.

Encerrados o no encerrados lo mismo nos daba, nos amábamos como si en nuestros abrazos convergieran todos los espíritus desamparados de Castilla, todos los finados incorpóreos que flotaban en el aire sin lugar fijo en el espacio, todas las ánimas que andaban desde hace siglos buscando su nacimiento, sin poder conformarse en ningún cuerpo.

Cada noche allí estaba Isabel, desnuda, abierta, urgente; sin más ansias que las de su propio deseo ni más triunfo que el del amor cumplido; mientras nuestros cuerpos, tal vez, en la mente de los inquisidores polvoreaban en la ceniza, en la memoria de la muerte.

Homero Aridjis (México, 1940).

sábado, 8 de diciembre de 2018

Día de los muertos: LA MONTAÑA DE LAS MARIPOSAS, de Homero Aridjis

"Allí andaba Marina entre las tumbas, vestida de negro, con un ramo de flores rojas en la mano."

(Primeros párrafos del capítulo 29: Día de muertos)

Allí andaba Marina entre las tumbas, vestida de negro, con un ramo de flores rojas en la mano. Era 2 de noviembre y buscaba la sepultura de su abuela Micaela. Pero la difunta no tenía cruz ni monumento, quizás ni nombre ni sitio de reposo.
 
Marina pensaba que su abuela había sido muy importante en Contepec, pero en el pueblo nadie se acordaba de ella. En las historias que la madre le había contado, Micaela era la protagonista principal, pero narradas por otra gente ella no existía o era una espectadora marginal.
 
Para los locales, la misma nieta era una desconocida, una recién llegada. Eso no tenía importancia; para Marina, niña anónima residiendo en la capital de la república, Contepec formaba parte de su mitología personal y de su herencia materna. Una herencia vaga, es cierto, pero al fin y al cabo una herencia que contenía el bagaje cultural de su madre.
 
A veces, sobre todo cuando se sentía sola en la ciudad multitudinaria, Marina intentaba recobrar el paraíso perdido de su progenitora, que por derecho de sangre también era el suyo, aunque fuera un paraíso compuesto de anhelos fallidos y recuerdos inexactos. Si bien era un paraíso inventado por el deseo de pertenecer a alguna parte, o por la necesidad subjetiva de disponer de una almohada moral, en donde recargar la cabeza, ella quería hacerlo real.
 
El caso es que allí andaba Marina entre las tumbas, buscando a la importantísima Micaela con la intención de ponerle flores y de rendirse homenaje a sí misma, al rendírselo a su ilustrísimo ancestro. Y si ese antepasado resultaba demasiado inasible, al menos honraría el sueño perpetuo que cubre la existencia humana en forma de lápida.


Homero Aridjis (México, 1940). 

martes, 29 de mayo de 2018

Mayo: CUANDO LA SOMBRA DUERME SU CUERPO SE ILUMINA..., de Homero Aridjis


Cuando la sombra duerme su cuerpo se ilumina
su rostro reflejado atraviesa cristales
y finalmente se instala en todo brillo

Sus dedos trenzan en el aire
los bellos frutos de los días de mayo

Muda en la respiración de las cosas
la voz de una mujer pasa buscándola

Desnuda en el esplendor irreparable
sus ojos se abren como un río
de luz y de sonido


Homero Aridjis (México, 1940).

domingo, 29 de abril de 2018

Abril: ABRIL ES ELLA QUIEN HABLA POR TUS LABIOS, de Homero Aridjis

"... como el fuego nocturno de los frutos del viento donde vibran los pájaros. Manzana del amor..."

Abril es ella quien habla por tus labios
como un joven sonido desnudo por el aire

En la noche ha volado con tu vuelo más alto
con risa de muchacha
como el fuego nocturno de los frutos del viento
donde vibran los pájaros

Manzana del amor
su voz bajo la lluvia es un pescado rojo

Embarcada en sus cuencos con los ojos absortos
es la virgen gaviota que ha bebido del mar
en el agua su sol mariposa de luz
 
 
Homero Aridjis (México, 1940).

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Eclipse: TERCER POEMA DE AUSENCIA, de Homero Aridjis

"... y nadie de nosotros pensaba en el eclipse..."

Tú has escondido la luz en alguna parte
y me niegas el retorno,
sé que esta oscuridad no es cierta
porque antes de mis manos volaban las luciérnagas,
y yo te buscaba
y tú eras tú
y éramos unos ojos
en un mismo lecho
y nadie de nosotros pensaba en el eclipse,
pero nos hicimos fríos y conocidos
y la noche se hizo inaccesible
para bajarla juntos.
Tú has escondido la luz en alguna parte,
la has plantado en otros ojos,
porque desde que ya no existes
nada de lo que está junto a mí amanece.


Homero Aridjis (México, 1940).

viernes, 24 de abril de 2015

Tu boca: MIRÁNDOLA DORMIR, de Homero Aridjis

"... sonríes con negligencia, con esfuerzo estás ahí, extraña para la luz precaria de la lámpara..."

(Fragmento)
 
Ágil, azul, irreversible desciendes a tu cuerpo; el insomnio de alguien te despierta; dócil miras tu desnudez, los  objetos vestidos de sí mismos; tus cabellos tocan la punta de tus hombros; hay un ojo rosado que se asoma más abajo de ti; se te oye respirar, mirar, ser tú; no argumentas, recomienzas enervada; hay una suspensión de todo, hay una pausa: sonríes con negligencia, con esfuerzo estás ahí, extraña para la luz precaria de la lámpara; puedo llevar mis dedos a la sábana, al tapete gris, eso es tocarte; nada te apremia; por hoy se ha hecho el sueño, lo que separa, el juego sutil: que duermas bien; no estás ahí, me estoy pensando desde adentro de algo que te mueve, te estoy llamando sin sentirlo; hay un ojo rosado que se apaga, unos párpados negros que miran sin mirar;  lo que une es lo diferente que se sueña; puedo llevar mis dedos a tu cuello, a la mesurada, blanda noche de tu boca, y no te toco: eso es matarme.
 

Homero Aridjis (México, 1940)