Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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viernes, 25 de junio de 2021

Venecia: CONFESIONES, de Jean Jacques Rousseau

"Allí, solo, encerrado en mi palco, (...) me entregaba, al placer de gozarlo a mi gusto hasta el fin."

(Fragmento)
 
No dejemos a Venecia sin decir algo de las célebres diversiones de esta ciudad o a lo menos de la pequeña parte que en ellas tomé durante mi permanencia. En el transcurso de mi juventud ya se ha visto cuán poco he gustado los placeres de esta edad o a lo menos los tenidos por tales. En Venecia no cambié de gustos; pero mis ocupaciones, que por otra parte me los hubieran impedido, hicieron más picarescos los sencillos recreos que me permitía. El primero y más grato era la compañía de las personas de mérito, los señores Le Blond, Saint-Cyr, Carrió, Altuna, y un noble de Forli, cuyo nombre siento mucho haber olvidado, y cuyo amable recuerdo nunca deja de conmoverme; de cuantos hombres he conocido en mi vida era el que poseía un corazón más semejante al mío. Éramos también amigos de dos o tres ingleses muy despejados e instruidos, apasionados por la música como nosotros. Todos estos señores tenían mujer, amiga o querida; estas últimas, casi todas eran jóvenes de ingenio, en cuyas casas se daban conciertos o bailes. También se jugaba, aunque muy poco; nos hacían insípido este entretenimiento los placeres vivos, las diversiones y los espectáculos. El juego no es más que un recurso de las personas que se fastidian. Yo había traído de París la preocupación que allí domina contra la música italiana, mas también había recibido de la Naturaleza la sensibilidad contra la cual nada pueden las preocupaciones. Pronto me inspiró la pasión que alienta a los que han nacido para comprenderla. Al escuchar las barcarolas, conocí que nunca había oído cantar hasta entonces, y de tal modo me aficioné a la ópera que, fastidiado de charlar, comer y jugar en los palcos, cuando no hubiera querido hacer otra cosa que escuchar, me apartaba a menudo de la compañía para ir a otro lado. Allí, solo, encerrado en mi palco, me entregaba, a pesar de la duración del espectáculo, al placer de gozarlo a mi gusto hasta el fin.
 
 
Jean Jacques Rousseau (Escritor suizo en lengua francesa, 1712-1778).
 
La ilustración corresponde a un palco del teatro La Fenice, en Venecia..

sábado, 9 de septiembre de 2017

Eclipse: EMILIO O DE LA EDUCACIÓN, de Jean Jacques Rousseau

"... llegar desde una revolución diurna al cálculo de los eclipses..."

(Fragmento del Libro III)
 
Como siempre procedemos lentamente de una idea sensible a otra idea sensible, como nos familiarizamos durante mucho tiempo con una antes de que pasemos a otra, y como nunca forzamos a nuestro alumno a que esté atento, mucho tendrá que andar desde esta primera lección hasta conocer el curso del sol y la configuración de la tierra, pero como todos los movimientos aparentes de los cuerpos celestes están basados en el mismo principio, y la primera observación nos lleva a todas las demás observaciones, nos cuesta menos, aunque se necesite más tiempo, llegar desde una revolución diurna al cálculo de los eclipses que entender bien la causa de la sucesión del día y de la noche.
 
Puesto que el sol gira alrededor del mundo, describirá un círculo, y todo círculo es necesario que tenga un centro, y nosotros ya lo sabemos. Este centro no podemos verlo porque está en el interior de la tierra, pero en su superficie podemos señalar dos puntos opuestos que le correspondan. Una aguja que pase por los tres puntos y se prolongue hasta el cielo por una y otra parte será el eje del mundo y del movimiento diurno del sol. Una peonza redonda que ruede representará el cielo dando vueltas sobre su eje; los dos puntos de la peonza son los dos polos, y el niño tendrá una gran satisfacción en conocer uno, pues yo se lo muestro en la cola de la osa menor. Ya tenemos diversión para las estrellas, y de aquí nace la primera afición por conocer los planetas y observar las constelaciones.
 
Nosotros hemos visto salir el sol el día de San Juan; vamos también a verle salir por Navidad, o cualquier otro día sereno de invierno, puesto que ya es sabido que no tenemos pereza y que no nos asusta el frío. Tengo mucho cuidado de realizar esta observación en el mismo sitio en que hicimos la primera y mediante alguna habilidad para lograr que se fije en ello, uno de los dos exclama: «¡Qué sorpresa!, el sol no sale por el mismo sitio. Aquí están nuestros sitios de antes, y ahora ha salido por allí; luego existe un oriente de verano y otro de invierno...» Maestro joven, ya estás en el camino. Estos ejemplos te deben ser suficientes para poder enseñar con mucha claridad la esfera, representando el mundo por el mundo y el sol por el sol.
 
 
Jean Jacques Rousseau (Escritor suizo en lengua francesa, 1712-1778).