Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

sábado, 24 de octubre de 2026

Otoño: LOS EXCLUIDOS, de Elfriede Jelinek

"... sólo perduran los círculos luminosos que las lámparas proyectan desde el interior de las viviendas." 

 (Fragmento)

Con frecuencia uno puede leer que para un chico es problemático crecer sin un padre, para una chica no tanto. Como esto lo afirman personas más inteligentes que la madre de Hans, tendrá que ser cierto. Pero el sol no hace causa común y se oculta definitivamente. En la Kochgasse sólo perduran los círculos luminosos que las lámparas proyectan desde el interior de las viviendas. Esto no quiere decir que aquello que no se ve no exista. A no ser que el pasado se perdone y se olvide seguirá existiendo. Y sigue existiendo y en él se desarrollan muchos destinos, aunque rara vez sean interesantes. Para escapar de esto, Hans se acaba de forjar un destino más interesante y en él se abre camino.

El otoño siempre se ha sentido culpable, sobre todo cuando incide en una persona joven. Los viejos piensan en la muerte continuamente, los jóvenes sólo en otoño cuando se inicia la total decadencia de la fauna y de la flora. Rainer dice que en las noches de otoño despliega las alas de su propio encanto. «Luego gatos sangrando encadenados se lamen el grito en el desván del pellejo lastimado». Esto es una poesía. Cuando Rainer piensa en la marchitez otoñal la asocia involuntariamente con las mujeres, como por ejemplo con su madre, que se está marchitando a pasos agigantados. La mujer siempre quiere tener algo dentro de sí, o si no dar a luz a un hijo que salga de ella. Esta es la imagen que Rainer tiene de las mujeres. En su poesía sobre el otoño Rainer dice que apes-ta excesivamente a luz. Es decir, no se ha acabado del todo, pero casi. El padre está todavía de buen ver, pero la madre ya no. La madre quiere más a su hermana que a él. Dice que a ella le hace más falta porque corre más peligro desde el punto de vista espiritual. Por el contrario, el padre le quiere más a él porque es el primogénito y porque perpetúa el apellido.


Elfriede Jelinek
(Austria, 1946). Obtuvo el premio Nobel en 2004.

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