Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
Mostrando las entradas con la etiqueta Carnaval. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Carnaval. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de marzo de 2022

Día de reyes: DOS CARNAVALES DE EPIFANÍA, de Alejo Carpentier

"... había estallado el carnaval, el gran carnaval de Epifanía..."
 
Tal vez se deba a la influencia de haber crecido en Cuba donde se festeja el peculiar carnaval de la Epifanía durante el denominado día de los santos reyes, además del otro -tradicional en todo el mundo-, que precede al miércoles de ceniza, pero el caso es que Alejo Carpentier nos obsequia un par de vívidas y exuberantes descripciones, la primera de las cuales corresponde a su novela El reino de este mundo: 

Pero el día de su sepelio, un alegre estrépito de tambores llenaba la ciudad. Los negros, bien enterados de que algo había cambiado en Francia, habían pensado, aunque tardíamente, en celebrar su Carnaval de Epifanía, olvidado durante los años del ateísmo oficial. Desde temprano se habían disfrazado de Reyes y Reinas del África, de diablos, hechiceros, generales y bufones, echándose a las calles con calabazos, sonajas y cuanto pudiera golpearse y sacudirse en honor de Melchor, Gaspar y Baltasar. Los sepultureros, cuyos pies se agitaban impacientemente al compás de las músicas lejanas, cavaron a toda prisa una fosa exigua, donde metieron a empellones el ataúd de tablas rajadas, cuya tapa, además, estaba medio desclavada. A mediodía, mientras se bailaba en todas partes...

Y ahora un párrafo carnavalesco que tiene lugar en Venecia, el cual proviene de su maravillosa y breve alucinación Concierto Barroco: "había estallado el carnaval, el gran carnaval de Epifanía, en amarillo naranja y amarillo mandarina, en amarillo canario y en verde rana, en rojo granate, rojo de petirrojo, rojo de cajas chinas, trajes ajedrezados en añil, y azafrán, moñas y escarapelas, listados de caramelo y palos de barbería, bicornios y plumajes, tornasol de sedas metido en turbamulta de rasos y cintajos, turquerías y mamarrachos, con tal estrépito de címbalos y matracas, de tambores, panderos y cornetas, que todas las palomas de la ciudad, en un solo vuelo que por segundos ennegreció el firmamento, huyeron hacia orillas lejanas".
 
Después de eso, en cierto momento los protagonistas, el mexicano Montezuma (sic) y su criado cubano Filomeno, se encuentran en una sala de música con los mismísimos Vivaldi y Haendel, acompañados por una orquesta de huérfanas del Ospedale della Pietá, "y llegaban otras y otras más, trayendo perfumes en las cabelleras, flores en los escotes, zapatillas bordadas, hasta que la nave se llenó de caras jóvenes -¡por fin, caras sin antifaces!-, reidoras iluminadas por la sorpresa, y que se alegraron más aún cuando de las despensas empezaron a traerse jarras de sangría y aguamiel, vinos de España, licores de frambuesa y ciruela mirabel". Para que después de que Filomeno, al fin cubano, se tope con un cuadro en el que la serpiente está tentando a Eva, empiece a cantar "Mamita, mamita, ven, ven, ven. Que me come la culebra, ven, ven, ven". Y luego de hacer el ademán de que va a matar a la serpiente con un cuchillo, sigue: "La culebra se murió, calaba-són-son-son", y en un alarde de anacronismos, "Kábala-sum-sum-sum -coreó Antonio Vivaldi, dando al estribillo, por hábito eclesiástico, una inesperada flexión de latín salmodiado", de inmediato lo siguen Doménico Scarlatti, Jorge Federico Haendel y las setenta huérfanas: "Y, siguiendo al negro que ahora golpeaba la bandeja con una mano de mortero, formaron todos una fila, agarrados por la cintura, moviendo las caderas, en la más descoyuntada farándula que pudiera imaginarse -farándula que ahora guiaba Montezuma, haciendo girar un enorme farol en el palo de un escobillón al compás del sonsonete cien veces repetido. Kábala-sum-sum-sum".
 
Narración a la que sólo le faltaría la respectiva banda sonora. No en vano Carpentier tenía fama de ser un gran melómano -fue autor del ensayo La música en Cuba-, sino que se cuenta que solía escribir sus textos en la máquina de escribir, de esas que ahora ya no existen desplazadas por el ordenador: ¡en papel pautado!
 
Jules Etienne

Alejo Carpentier (Cubano nacido en Suiza y fallecido en Francia, 1904-1980).

domingo, 2 de enero de 2022

Año nuevo y Venecia: DÉBIL ES LA CARNE, de Lord Byron

"El Carnaval está empezando y hay mucho jolgorio por todas partes..."

(Débil es la carne. Correspondencia veneciana 1816-1819, de Lord Byron)

A John Murray.
Venecia, 2 de enero de 1817.
 
Estimado señor. Muchas gracias por sus noticias y por el optimismo de su carta. Venecia y yo nos avenimos mucho, pero no tengo nada que agregar, salvo lo referen- te a la última Ópera, a lo que ya le conté en mi última carta. El Carnaval está empe- zando y hay mucho jolgorio por todas partes, y también muchas componendas porque todo el mundo está urdiendo sus intrigas para la temporada que empieza -mudándose o prorrogando sus arriendos-. Yo estoy muy bien con Marianna, que no es en absoluto persona que me canse, en primer lugar porque yo no me canso de una mujer por mi propia inclinación, sino porque ellas suelen ser de natural aburridas; en segundo lugar, porque es afable y tiene un tacto poco común entre la parte más bella de la creación, y 3º, porque es muy guapa, y 4º… pero no es momento de entrar en detalles. Desde que llegué a Venecia he pasado con ella buena parte de mi tiempo, y nunca veinticuatro horas sin dar y recibir de una a tres (y a veces más) pruebas ine- quívocas de nuestro mutuo agrado. Hasta el momento nos hemos llevado muy bien, y en cuanto al futuro, yo nunca hago vaticinios. "Carpe Diem", al menos el pasado es nuestro -lo que es una buena razón para asegurarse el presente-. Y basta ya de mis propias relaciones.
 
Por lo que hace al estado de las costumbres aquí, poco difiere del tiempo de los Dux: se considera virtuosa (según el código) a la mujer que se limita a un marido y un amante -la que tiene dos, tres o más, es un poco "alocada"-, pero sólo se considera que faltan al decoro del matrimonio las que son indiscriminadamente difusas y establecen relaciones de bajo rango, como la Princesa de Gales con su Recadero (a quien, por cierto, han hecho Caballero de Malta). En Venecia, la Nobleza es proclive a casarse con bailarinas y cantantes, y, a decir verdad, las mujeres de su propia clase no son guapas. En cambio la raza común, las mujeres de segundo orden y los siguientes, las esposas de los abogados, comerciantes y propietarios, y las clases sin título, son por lo general "bel' sangue", y con éstas es con las que se suelen establecer lazos amatorios. También se dan casos de admirable constancia. Conozco a una mujer de cincuenta años que sólo tuvo un amante, que murió pronto, tras o cual se volvió devota y renunció a todo salvo a su marido. Como cabe suponer, se vanagloria de su milagrosa fidelidad, refiriéndose a ella en un tono de moralidad fuera de lugar que resulta bastante divertido. Aquí no hay forma de convencer a una mujer de que se desvía un ápice de la norma o de la conveniencia de las cosas si tiene un "Amoroso". El mayor pecado parece ser mentir para ocultarlo, o tener más de uno, a menos, claro está, que esta extensión de la prerrogativa sea entendida y aprobada por el anterior causahabiente. En mi caso, no sé si hubo algún predecesor, y estoy seguro de que no hay un copartícipe. Me inclino a pensarlo debido a la juventud de la otra parte, y a la forma franca y sin disimulo con que todos lo admiten todo en esta parte del mundo cuando hay algo que admitir, así como por otras circunstancias, a saber, que el matrimonio es reciente, etcétera, etcétera. Que esta ocasión sea el "premier pas" no significa gran cosa.

Queda suyo afectísimo
Byron

Lord Byron 
George Gordon Byron (Inglés fallecido en Grecia, 1788-1824)

(Traducido al español por Eduardo Mendoza).

sábado, 14 de agosto de 2021

Venecia: EL CARNAVAL, de Gustavo Adolfo Bécquer

"Las góndolas, vacías, se balancean amarradas a los postes del Rialto..."

(Fragmento)

En vano has llamado a las puertas de Roma, la ciudad clásica para las fiestas; el pueblo se ha reunido en el Foro, pero no alegre, bullicioso y llamado por el repiqueteo de tus sonajas, sino grave como sus ruinas, silencioso como sus sepulcros y convocado por incógnitos agitadores de una revolución terrible; y has tenido que huir. ¿A dónde? ¿A Venecia? ¿Al seno de la desolada reina del Adriático, donde antes tenías mil palacios por trono y todo un pueblo, ebrio de placeres y goces, por vasallo? No; no vayas allí. Las góndolas, vacías, se balancean amarradas a los postes del Rialto, con cadenas de hierro que al moverlas el agua parece que gimen. Ni una antorcha refleja en el mar su larga cabellera de chispas; ni se oye una voz, ni el acento lejano de una música. ¡Pobre carnaval! ¡Pobre Venecia...!

Gustavo Adolfo Bécquer
Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida (España, 1836-1870).

miércoles, 12 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: CALITIPIA (del poemario Mitología del olvido)

"... figuras de niebla vagando en un solitario andén cuando el tren ha partido."

No hay nada qué hacer
ya nos acostumbramos a vivir
bajo la luz de un sol moribundo
como siluetas sin sombra,
figuras de niebla vagando
en un solitario andén
cuando el tren ha partido.
Sobre el pardo asfalto de las calles,
cualquier miércoles la ceniza
sepulta el carnaval urbano
transcurren los siglos y los días
entre ayer y ninguna parte
simulacro de noches sin fin,
fotografías en sepia que se irán deslavando.

Jules Etienne

viernes, 7 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA, de Gabriel García Márquez

"... y desde el Miércoles de Ceniza pasaba por la calle de la Divina Pastora con una caja de chocolates ingleses para ella."

(Fragmento)

Para Florentino Ariza aquella era una noche de regreso a los desmanes cándidos de la adolescencia, cuando aún no lo había desgraciado el amor. Pero sabía, más por escarmiento que por experiencia, que una felicidad tan fácil no podía durar mucho tiempo. Así que antes de que la noche empezara a decaer, como ocurría siempre después de la repartición de los premios a los mejores disfraces, le propusoa la muchacha que se fueran a contemplar el amanecer desde el faro. Ella aceptó complaicida, pero después que acabaran de repartir los premios.

A Florentino Ariza le quedó la certeza de que aquella demora le salvó la vida. En efecto, la Muchacha le había hecho una seña de que se fueran para el faro, cuando dos cancerberos y una enfermera del manicomio de la Divina Pastora le cayeron encima. La buscaban desde que se escapó, a las tres de la tarde, no sólo ellos sino toda la fuerza pública. Había decapitado a un guardián y herido mal a otros dos con un machete que le arrebató al jardinero, porque quería salir a bailar en el carnaval. Pero a nadie se le había ocurrido que estuviera bailando en la calle, sino escondida en alguna de tantas casas que habían registrado hasta en las cisternas.

No fue fácil llevársela. Se defendió con unas tijeras de podar que tenía ocultas en el corpiño, y se necesitaron seis hombres para ponerle la camisa de fuerza, mientras la muchedumbre atascada en la Plaza de la Aduana aplaudía y rechiblaba de júbilo, creyendo que la captura sangrienta era una de tantas farsas del carnaval. Florentino Ariza quedó desgarrado, y desde el Miércoles de Ceniza pasaba por la calle de la Divina Pastora con una caja de chocolates ingleses para ella. Se quedaba viendo a las reclusas que le gritaban toda clase de improperios y piropos por las ventanas, las alborotaba con la caja de chocolates, por si acaso tenía la suerte de que también se asomara ela por entre las barras de hierro. Pero nunca la vio. Meses después, al bajarse del tranvía de mulas, una niñita que iba con su padre le pidió una bolita de chocolate de la caja que él llevaba en la mano. El padre la regañó y le pidió excusas a Florentino Ariza. Pero él le dio la caja completa a la niña pensando que aquel gesto lo redimía de toda amargura, y calmó al papá con una palmadita en el hombro.

- Eran para un amor que se lo llevó el carajo -le dijo.

Gabriel García Márquez

(Colombiano fallecido en México, 1927-2014). Obtuvo el premio Nobel en 1982.

lunes, 3 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: EL HONOR PERDIDO DE KATHARINA BLUM, de Heinrich Böll

"... se dieron cuenta de que el arma hallada junto a Tötges de ninguna manera podía ser la misma..."

 (Fragmento del capítulo 4)

Durante mucho tiempo se consideró probable que también hubiera sido víctima de la Blum el periodista Adolf Schönner, al cual se encontró muerto de un disparo el miércoles de ceniza, en un bosquecillo al oeste de la alegre ciudad. Pero, más tarde, cuando se logró reconstruir los hechos por orden cronológico, aquello resultó inexacto. Un taxista declaró haber conducido hasta el bosquecillo a Schönner, que también iba disfrazado de jeque, en compañia de una joven vestida de andaluza. Tötges murió el domingo al mediodía, y Schöner el martes a la misma hora. A pesar de que pronto se dieron cuenta de que el arma hallada junto a Tötges de ninguna manera podía ser la misma que sirvió para dar muerte a Schöner, se sospechó durante unas horas de la Blum, a causa de los motivos. Si ella los tuvo para vengarse de Tötges, tampoco le faltaban para desquitarse de Schönner. Por otra parte, a las autoridades que investigaron el caso les parecía poco probable que la Blum tuviera dos armas. Katharina consumó su sangriento crimen con toda frialdad. Cuando le preguntaron si había matado a Schöner, dio una contestación siniestra disfrazada de pregunta:

- Sí. ¿Por qué no también a él?

Pero luego renunciaron a imputarle ese segundo asesinato, sobre todo porque su coartada era prácticamente perfecta. Ninguna de las personas que conocía a Katharina Blum o que, en el transcurso de los interrogatorios, llegó a conocer su carácter, dudaba que ella, en el caso de haber asesinado a Schönner, lo hubiera reconocido sin rodeos. El taxista que condujo a la pareja al bosquecillo («Yo lo llamaría más bien matorral cubierto de maleza»), desde luego que no reconoció a la Blum en unas fotografías.

Heinrich Böll (Alemania, 1917-1985). Obtuvo el premio Nobel en 1972.

domingo, 2 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: GENTE INDEPENDIENTE, de Halldór Laxness

"... pero ahora aparentemente, debía pasar todo el mes de Porri y todo el mes de Góa..."

(Fragmento del capítulo 48)

Pero Asta Sóllilja había estado esperando el miércoles de ceniza, porque le parecía recordar que el miércoles de ceniza era una cumbre desde la cual podía divisar la Pascua, pero ahora, aparentemente, debía pasar todo el mes de Porri y todo el mes de Góa, y después vendría... el ayuno de nueve semanas. ¿El ayuno de nueve semanas? ¿Nueve semanas? ¿Quién podría sobrevivir a un ayuno así? Pero cobró nuevos ánimos y expresó la esperanza de que cuando el ayuno de las nueve semanas hubiese terminado, el miércoles de ceniza no estuviese ya tan lejos.

- Oh, yo siempre entendí que primero venía el martes de carnaval.

- Pero el miércoles de ceniza debe llegar alguna vez, abuela, y entonces no faltará mucho para Pascua.
 
- Será una novedad, entonces -replicó la anciana, echando la cabeza hacia atrás y lanzando una mirada oblicua, hacia abajo, a sus agujas-. En mis tiempos el miércoles de ceniza era siempre seguido del ayuno.
 
- ¿Qué ayuno?
 
- ¡Pues, el largo ayuno, la Cuaresma mujer... la Cuaresma! ¡Habrase visto tamaña ignorancia! ¡Tiene casi dieciséis años de edad y cree que la Pascua viene inmediata- mente después del miércoles de ceniza! En mi época se te habría considerado una boba por no conocer la Cuaresma y las más importantes festividades que hay en ella, las témporas, por ejemplo, y la Anunciación.
 
- Pero conozco el Viernes Santo -dijo la joven con repentina inspiración-. Alguna vez llegará, ¿no es cierto?
 
- Oh, creo que San Magno viene antes -replicó la anciana-. Y el Jueves Santo.
 
Esto terminó con la tentativa de centrar la Pascua. Se rindió. Se había extraviado en los desiertos del calendario, perdió todo el sentido de dirección, la lana repen- tinamente pegajosa en sus dedos, todos los vellones convertidos de pronto en masas enmarañadas que jamás lograría peinar. ¿Por qué estos jóvenes no podían consolar- se con el pensamiento de que todo pasa, de un modo o de otro, tal como mejor le place al Hacedor?
 
Halldór Laxness (Islandia, 1902-1998). Obtuvo el premio Nobel en 1955.

sábado, 1 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: DOCTOR FAUSTUS, de Thomas Mann

 "... esas semanas alegres y fraternales que median entre la epifanía y el miércoles de ceniza..."

(Fragmento inicial del capítulo XXIX)

El carnaval de Munich de 1914, esas semanas alegres y fraternales que median entre la epifanía y el miércoles de ceniza y que dan lugar a tantas fiestas públicas y privadas, en las que yo, joven profesor recién trasladado a Freising, tomé parte por mi propia cuenta o en compañía de Adrián, no se ha borrado de mi memoria. Quedó, al contrario, profundamente grabado en ella. Fue el último carnaval anterior a la guerra de cuatro años, que ahora llamamos, a la luz de los horrores de nuestro tiempo, la primera guerra mundial, y que puso término definitivo a la atmósfera de inocente estetismo y dionisíaco bienestar que durante tanto tiempo caracterizó a la ciudad del Isar. Fue entonces también cuando empezaron a perfilarse, entre el círculo de nues- tras relaciones, ciertos destinos individuales, cuya evolución había de provocar fatales desenlaces -sucesos a los que el mundo apenas prestó atención-, pero de los que habré de hablar aquí porque, en parte, se enlazan con la vida y con el destino de mi héroe, Adrián Leverkühn, y más aún porque Adrián, obrando de modo fatal y misterio- so, contribuyó a provocarlos. De ello estoy íntimamente convencido.

Thomas Mann
(Alemán primero nacionalizado checoslovaco y más tarde estadounidense, 1875-1955).
Obtuvo el premio Nobel en 1929.

viernes, 30 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: EL HUÉSPED REAL, de Henrik Pontoppidan

 "... comienza la cuaresma, lo que le da a la gente una especie de justificación para aparecer bajo una máscara..."

(Fragmento)

- Gracias. Para ir directo al grano, mi señor: vine esta tarde a Osterbol, su ciudad vecina, donde el sacerdote es un viejo conocido mío. No lo había visto en muchos años y ha pasado el tiempo. Mi deseo era sorprenderlo un día por acá, en su idilio rural, pero resulta lamentable que se acaba de ir con su familia... no había nadie en casa más que un hombre y un par de jovencitas. Comprenderá mi desesperación cuando le diga que he hecho un largo viaje sólo con el fin de esta visita y en el camino estaba ansioso por celebrar una alegre llegada de la cuaresma con mi viejo amigo, quien en su juventud -lo que tal vez resulte un poco difícil de entender- era muy alegre y, en general, un tipo espléndido. En cambio, acabo de encontrarme con cuartos vacíos y fríos, e incluso su biblioteca está inundada de libros edificantes y escritos socialmente útiles sobre la cría de pollos y la educación de los niños, que ni siquiera son la literatura de mi vida. Sí, fue entonces cuando se me ocurrió la descarada idea de hacer una visita por la región e invocar la misericordia humana. Los sirvientes me dijeron que una amable familia de médicos vivía a una milla de distancia; y aquí me tiene ahora, señor doctor, humildemente le pido permiso para permanecer unas horas bajo su hospitalario techo y pasarla con usted sin que se sienta obligado.

- Dios no lo quiera. Por supuesto, será un placer tanto para mi esposa como para mí si puede encontrar con nosotros alguna compensación por la ausencia de su amigo. Pero permítame, señor...  

- Le comprendo, piensa que no es una explicación suficiente de por qué le pido que me demuestre la confianza suficiente para permanecer en el anonimato frente a usted. Sin embargo, muy amable señor doctor, si ahora me imaginara como el comerciante Petersen de Aarhaus o el arquitecto Hansen de Copenhague, entonces sabría un poco más sobre mí, cuando en realidad sólo quisiéramos iniciar nuestra conversación, llevarla a un punto en el que suene alta, sin privar a nuestro arte de la palabra del encanto que acaba de obtener, cayendo sin control entre el cielo y la tierra. ¿No es cierto? También comienza la cuaresma, lo que le da a la gente una especie de justificación para aparecer bajo una máscara y romper con las formas habituales de la vida cotidiana. Un capricho tonto, una idea ingeniosa, cuando sólo debe entender, querido señor, que yo... seriamente deprimido como lo estoy, con esta urgencia, me siento mucho más libre si me mantengo anónimo, esto es, disfrazado.

El joven médico se echó a reír. Había algo irresistible y contagioso en la alegría del extraño.

Henrik Pontoppidan (Dinamarca, 1857-1943). Obtuvo el premio Nobel en 1917.

Las ilustraciones corresponden a una escena de la ópera de Hakon Borresens, inspirada en este relato homónimo de Pontoppidan, en la que aparecen Tenna Kraft como Emmy Hoyer, Arnold Hoeberg es el huésped y Poul Wiede- mann, el doctor Hoyer; y a la portada del libro en danés.

jueves, 29 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: LAS DOS CARETAS, de José Echegaray

"... y más arriba nubes de polvo que esperan su miércoles de ceniza, y allá en las alturas el cielo azul..."

(Fragmento inicial)

Era un Domingo do Carnaval; pero no de los anémicos de hoy, sino de los pletóricos de los buenos tiempos.

Carnaval pictórico de locura, que llenaba calles y plazas y paseos de la heroica villa.

Todo era ruido y regocijo y movimiento y fíebre; risas fingidas de caretas burlonas; llantos fingidos de caretas con lágrimas de cartón; dominós ruines, ocultando personas decentes; dominós lujosos disimulando gente ruin; borracheras envueltas en sudarios; esqueletos repartiendo bombones y caramelos; hombres con faldas y mujeres con pantalones, promiscuidad grotesca de sexos; colchas viejas en forma de cucurucho y mantones de Manila redondeándose sobre senos postizos; bebés de cincuenta años con sonajero, y caballeros con sombrero de copa y frac, de la mano del ama; máscaras que tan pronto van por el arroyo como se amontonan en un coche; máscaras que van a caballo gallardamente y otras que van siempre en su burro de gitano; quién que finge ser enano, quién que finge ser gigante; el mamarracho eterno de la caña repartiendo el higuí y alrededor las eternas bocas abiertas de los chicuelos procurando morderlo; unos que se disrazan con andrajos como si la conciencia se los desbordase, otros que se disfrazan con encajes, como escaparate de tienda y anuncio de venta; comparsas que llevan miserias entre músicas y cornetines de murga pidiendo limosna; el tradicional hombre de los cucuruchitos de papel y el hombre vestido de esferas, acaso simbolismos carnavalescos de ciertas almas; y abajo barro, y más arriba nubes de polvo que esperan su miércoles de ceniza, y allá en las alturas el cielo azul, inmensa careta de resplandores que cubre las negruras del espacio infinito y misterioso, como si quisiera formar parte en no sé qué Carnaval apocalíptico.

José Echegaray (España, 1832-1916).

Obtuvo el premio Nobel en 1904, compartido con Frédéric Mistral.

Aquí es posible leer el texto íntegro de Las dos caretas.

martes, 13 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: EL BESO DE LA MUJER ARAÑA, de Manuel Puig

"Tiene unas monedas sobre la frente, una blusa amplia de esas con el escote con un elástico, que se pueden bajar del hombro..."

(Fragmento)
 
- Es en México, en un puerto, muy tropical. Los pescadores esa madrugada están saliendo en sus barcas, falta poco para que despunte el día. Les llega una música de lejos. Lo único que ven desde el mar es una casa suntuosa, toda iluminada, con unos grandes balcones que se asoman a un jardín hermoso, exclusivamente de jazmines, después viene un cerco de palmeras, y después la playa. Ya quedan pocos invitados en ese baile de disfraz y fantasía. La orquesta toca un ritmo muy cadencioso, con maracas y bongós, pero lento, una especie de habanera. Hay pocas parejas bailando, y una sola con antifaces todavía puestos. Ya se está terminando el famoso carnaval de Veracruz, y por desgracia el sol que está saliendo en ese momento anuncia el miércoles de ceniza. La pareja de los antifaces es perfecta, ella disfrazada de gitana, muy alta, con una cinturita de avispa, morocha, con raya al medio y el pelo suelto largo hasta la cintura, y él muy fuerte, también morocho, con unas patillas y el peinado para un lado con un poquito de jopo, y un bigotazo. Ella tiene una naricita muy chica, recta, un perfil delicado pero que revela carácter al mismo tiempo. Tiene unas monedas de oro sobre la frente, una blusa amplia de esas con el escote con un elástico, que se pueden bajar del hombro, o de los dos hombros, de esas blusas gitanas (...)
 
Manuel Puig (Argentina, 1932-1990).

domingo, 11 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: DÍA DE CENIZA, de Salvador Garmendia

"... y algunas máscaras de pasta, frías y tristonas, que cuelgan del techo."

(Fragmento)

Perucho enciende por tercera vez su tabaco. Es una mañana pesada, sin ruidos, quieta como un líquido transparente en completo reposo. Las ocho mesas del saloncito permanecen vacías y el piso, que ha sido lustrado con empeño, luce todavía húmedo y brillante. Un escueto adorno de carnaval enlaza las columnas con tiras de papel entorchado y algunas máscaras de pasta, frías y tristonas, que cuelgan del techo. Perucho mira con una mueca inamistosa la brasa tapiada de ceniza; sorbe y escupe al piso después de carraspear acremente. El isleño se mantiene aferrado a las palancas de la cafetera, y por su boca entreabierta, recorrida por un imperceptible temblor, se cuela un canto tenue, un falsete aniñado que no obstante flota con toda nitidez en el silencio y parece que viniera de muy lejos.

En la puerta apareció la mujer con su cartera negra bajo el brazo. Ahora lucía una piel limpia y desteñida a la manera de una tela vieja recién lavada; también se había peinado con cierta coquetería dulzona, esponjando sus secos cabellos sobre la frente. Sonrió a medida que se aproximaba al mostrador, y su andar aparentaba cierta livian- dad, una tensión entrecortada o reprimida. El isleño se dedicó a observarla fijamente, mientras ella venía a recostarse al mostrador.

- Buenos días -dijo.

No hubo respuesta. Tal vez Perucho quiso decir algo, pero se limitó a morder de nuevo su tabaco. Eran las diez de la mañana y la actividad normal del Miércoles de Ceniza no había cobrado todavía suficiente vigor; ella era la primera en entrar esa mañana, y se quedó allí un buen rato sin decir palabra, aunque a veces parecía volver a sonreír con una flexión de las comisuras. Ese gesto podía ser involuntario, pues lo repitió siempre en forma idéntica. Pronto empezarían a bajar de las oficinas. Entonces la mujer se despegó del mostrador y se dejó llevar hacia la puerta con su andar pau- sado y flotante que se apoyaba en un suave arrastrar de tacones.

Salvador Garmendia (Venezuela, 1928-2001).

miércoles, 7 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: RESTOS DEL CARNAVAL, de Clarice Lispector

"... la calle tan extremadamente vacía que sigue al carnaval."
 
(Fragmento)

No, no del último carnaval. Pero éste, no sé por qué, me transportó a mi infancia y a los miércoles de ceniza en las calles muertas donde revoloteaban despojos de serpentinas y confeti. Una que otra beata, la cabeza cubierta por un velo, iba a la iglesia atravesando la calle tan extremadamente vacía que sigue al carnaval. Hasta que llegase el próximo año. Y cuando se acercaba la fiesta, ¿cómo explicar la agitación íntima que me invadía? Como si al fin el mundo, de capullo que era, se abriese en gran rosa escarlata. Como si las calles y las plazas de Recife explicasen al fin para qué las habían construido. Como si voces humanas cantasen al fin la capacidad de placer que se mantenía secreta en mí. El carnaval era mío, mío.
 
Clarice Lispector (Escritora brasileña nacida en Ucrania, 1920-1977).

lunes, 5 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: LA TIENDA DE LOS MILAGROS, de Jorge Amado


"Si alguien ha de juzgar a Bahía por el carnaval, ni puede dejar de ponerla a la par de África..."
(Fragmento)
Donde se da cuenta de carnavales, peleas callejeras y otros hechizos, con mulatas, negras y una sueca (que en realidad era finlandesa)
En 1903, trece afoxés de negros y mulatos hicieron retumbar los aires con sus portentosos cortejos («Rompieron el desfile atronando el aire con estridentes notas de sus instrumentos, dos clarines, los que visten lindos vestidos de Túnez como prueba de que la civilización no es una utopía en el continente negro como sostienen los maldicientes»; así comenzaba el manifiesto al pueblo de uno de los afoxés). Luego del carnaval, el periodista se cubrió la cabeza de ceniza y vergüenza: «Si alguien ha de juzgar a Bahía por el carnaval, no puede dejar de ponerla a la par del África y, considérese, para nuestra vergüenza, que se halla aquí hospedada una comisión de sabios austríacos, quienes naturalmente, ofendidos por el bochorno, van registrando estos casos para difundirlos en los diarios de la culta Europa».
¿Dónde estaba la policía?, ¿qué hacía «para demostrar que en esta tierra existe la civilización?» De continuar la escandalosa exhibición del África: las orquestas de atabaques, las alas de mestizas y de todos los grados de mestizaje –desde las opulentas criollas hasta las elegantes mulatas blancas, el samba embriagador, ese encantamiento, ese sortilegio, ese hechizo, ¿dónde irá a parar entonces nuestra latinidad? Pues somos latinos, lo saben bien, y, si lo ignoran, lo van a aprender a costa de yugo y de golpes.
Finalmente, la policía reaccionó en defensa de la civilización y la moral, de la familia, del orden, del régimen, de la sociedad amenazada y de las Grandes Sociedades, con sus carros y sus graciosos desfiles de élite; se prohibieron los afoxés, el batuque, la samba, la exhibición de clubes de costumbres africanas.
Por fin, mejor tarde que nunca. Ahora pueden desembarcar sabios austríacos, alemanes, belgas, franceses, o de la rubia Albión. Ahora, sí pueden venir.
Pero quien llegó fue Kirsi, la sueca, que, por otra parte, corríjase pronto, no era sueca como todos pensaban, decían y terminó por ser; y sí finlandesa de trigo y de asombro. Poseída por el miedo y la lluvia, en la puerta del Mercado do Ouro, en la mañana del miércoles de ceniza, ofrecía una mueca de terror y los ojos de azul infinito.
Pedro Archanjo se levantó de la mesa de cuscús y ñame, sonrió con los labios amplios, se dirigió a ella con paso directo y firme, como si lo hubieran designado para recibirla, y le extendió la mano:- Véngase a tomar café.
Jamás se supo si comprendió o no la matinal invitación, pero la aceptó; se sentó a la mesa del puesto de Terência y golosamente devoró mandioca, ñame, torta de puba, cuscús de tapioca. La impetuosa Ivone rumió sus celos en la tienda de Miro, murmurando insultos: «Cucaracha descarada». Terência posó sus ojos tristes sobre la mesa, quién sabe si no más tristes. La invitada, harta de comer, dijo una palabra y se rió en dirección a todos. El moleque Damião, hasta allí en silencio y de pie al fondo, se entregó finalmente y también se rió:
- Blanca más blanca, de albayalde.
- Es sueca -aclaró Manoel de Praxedes, que acababa de llegar por un café y un trago-. Saltó del barco sueco, ese carguero que está recibiendo madera y azúcar, vino en el mismo remolcador que yo -Manoel de Praxedes trabajaba en la carga y descarga de barcos-. De vez en cuando una mujer rica y loca se embarca para conocer el mundo.
No tenía cara de rica ni de loca; por lo menos allí, en el puesto, todavía mojada, los cabellos pegados al rostro, tan inocente y frágil. Dulce niña.
- El barco sale a las tres, pero ella sabe que tiene que embarcarse antes. Cuando bajé, vi que el comandante conversaba con ella.
Tocándose el pecho con el dedo, dijo:
- Kirsi –y lo repitió estirando las sílabas.
Ella se llama Kirsi –comprendió Archanjo y pronunció-: Kirsi.
La sueca batió palmas con alegre aprobación, y le tocó el pecho a Archanjo, preguntándole algo en su lengua. Manoel de Praxedes desafió:
- Descifre la charada, vamos, mi compadre sabihondo.
- Pues ya la descifré. Me llamo Pedro –respondió dirigiéndose a la muchacha; había adivinado la pregunta y, repitiendo lo que había hecho la gringa, le contestó-: Pedro, Pedro, Pedro Archanjo, Ojuobá.
- Oju, Oju –lo llamó ella.
Era el miércoles de ceniza.
Jorge Amado (Brasil, 1912-2001).

sábado, 27 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: CANCIÓN PARA MORIR DE AMOR EN TIEMPO DE CARNAVAL, de Louis Aragon

"El miércoles me hacen un signo de la cruz..."

Domingo y
Lunes limpio
París
El domingo lloro que el martes río
Lunes dominó sin polvo de arroz
El amor se perderá en su magia
Martes
Carnaval todos los techos se fríen
Martes
Carnaval
Martes
Martes gris
Por donde vienes
Miércoles de
Ceniza
 
Martes
Miércoles
Mi corazón se pierde
 
El miércoles me hacen un signo de la cruz
Miércoles mentiroso quieres que te crea
Que el amor está en la tierra y ya todo frío
Es mío
Señor y yo soy su presa
La noche será larga y la cama estrecha
El cielo está abierto todo rojo en el lugar
Por donde te iras lejos
El miércoles desciende
 
Martes
Miércoles
Mi corazón se pierde
 
(Dimanche et
Lundi nettoyez
Paris
Dimanche pleurons que mardi je rie
Lundi domino sans poudre de riz
L'amour se perdra dans ta féerie
Mardi
Mardi gras tous les toits sont frits
Mardi
Mardi gras
Mardi
Mardi gris
Par où t'en viens-tu
Mercredi des
Cendres

Mardi
Mercredi
Mon cœur s'y perdit

Mercredi me fait un signe de croix
Mercredi menteur veux-tu que je croie
Qu'Amour est en terre et déjà tout froid
Il est mon
Seigneur et je suis sa proie
La nuit sera longue et le lit étroit
Le ciel est ouvert tout rouge à l'endroit
Par où tu t'en vas
Mercredi descendre
Mardi
Mercredi

Mon cœur s'y perdit)
Louis Aragon (Francia, 1897-1982).
 
(Traducido del francés por Jules Etienne).

domingo, 7 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: CENIZA, de Federico Balart

"... tu licencioso carnaval renuevas cubierto de careta fermentida..."

(Fragmento inicial)

Ya se apaga confuso el vocerío
del pueblo que a la crápula se entrega:
como murmullo de profundo río,
ya a mis oídos indistinto llega
el lejano rumor de gran gentío.
¡Locura que horroriza!
¡aun no ha dos horas, turba tornadiza,
que, al pie de los altares prosternada,
sobre la frente de pavor helada,
temblando recibiste la ceniza!
«Recuerda que eres polvo, polvo vano»-
te dijo al extenderla el sacerdote-
«y en polvo pararás»,
¡Mortal liviano!
y ya, olvidando el anunciado azote,
tu licencioso carnaval renuevas
cubierto de careta fermentida,
¡cual si no te bastara la que llevas
en el curso ordinario de la vida!
Deja tu mascarada escandalosa,
y ven a meditar donde te espero:
aquí, lejos del mundo vocinglero;
aquí donde, siniestra y misteriosa,
habla la muerte su lenguaje austero.
Aquí, contra esos fúnebres umbrales,
se estrellan las humanas saturnales;
con silencio profundo
callan, aquí las locas bacanales;
aquí se ve la pequeñez del mundo
al través de esas losas sepulcrales.


Federico Balart Elgueta (España, 1831-1905).

miércoles, 3 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: FAUSTO, de J. W. von Goethe

"Pasemos, pues, el tiempo en medio del regocijo y en muy buena hora, llegue el miércoles de ceniza."

(Fragmento)

El Emperador: Esos los dejo para ti. ¿Para qué pueden servir las tinieblas? Si alguna cosa tiene valor, muéstrelo a la luz del sol. ¿Quién distingue lo suficiente al bribón en la noche oscura? Negras son las vacas, como pardos son los gatos. Maneja tu arado, y labrando la tierra, saca a luz esas jarras llenas de oro que están ahí abajo.
 
Mefistófeles: Empuña el azadón y la pala; cava tú mismo. El trabajo de campesino te va a engrandecer, y del suelo surgirá un rebaño de becerros de oro. Entonces, sin reparo alguno, con embeleso podrás engalanarte a ti mismo y engalanar a tu amada. Una pedrería radiante de color y luz da realce tanto a la belleza como a la majestad.
 
El Emperador: Pues ¡al momento! ¡al momento! ¿Hasta cuándo hay que esperar?
 
El Astrólogo (Como antes): Modera, Señor, tan apremiante anhelo. Deja pasar primero la abigarrada fiesta. Un ánimo distraído no nos conduce al fin propuesto. Ante todo, es menester purificarnos en el recogimiento, merecer lo inferior por medio de lo superior. Quien quiera el bien, empiece por ser bueno; quien ansíe el gozo, aquiete su sangre; quien apetezca vino, estruje racimos maduros; quien milagros espere, fortalezca su fe.
 
El Emperador: Pasemos, pues, el tiempo en medio del regocijo y en muy buena hora, llegue el miércoles de ceniza. Entretanto, sea como fuere, celebremos con más alegría que nunca el bullicioso carnaval.

(Toque de trompetas. Se van).
 
Johann Wolfgang von Goethe (Alemania, 1749-1832).

martes, 16 de febrero de 2021

Miércoles de ceniza: ESTE LOCO CARNAVAL DEL AMOR, de Heinrich Heine

"Mañana será miércoles de ceniza y entonces desde tu frente la cruz de cenizas hablará: «Mujer, recuerda que eres polvo.»"

Este loco carnaval del amor,
Este frenesí de nuestros corazones,
Llega a su fin, y decepciona
¡Mirándonos bostezar el uno al otro!
 
El cáliz está vacío
Y estaba lleno hasta el borde
Burbujas de embriaguez seductora;
El cáliz está vacío.
 
Y los violines también callaron
Tocaron con intensidad la danza,
La danza de la pasión;
Sí, los violines también callaron.
 
También se extinguen las luces,
Se habrá vertido la luz salvaje
Sobre los colores de la mascarada,
Sí, las luces también se extinguen.
 
Mañana será miércoles de ceniza
Y entonces desde tu frente
La cruz de cenizas hablará:
«Mujer, recuerda que eres polvo.»
 
(Dieser Liebe toller Fasching,
Dieser Taumel unsrer Herzen,
Geht zu Ende, und ernüchtert
Gähnen wir einander an!
 
Ausgetrunken ist der Kelch,
Der mit Sinnenrausch gefüllt war,
Schäumend, lodernd, bis am Rande;
Ausgetrunken ist der Kelch.
 
Es verstummen auch die Geigen,
Die zum Tanze mächtig spielten,
Zu dem Tanz der Leidenschaft;
Auch die Geigen, sie verstummen.
 
Es erlöschen auch die Lampen,
Die das wilde Licht ergossen
Auf den bunten Mummenschanz,
Auch die Lampen, sie erlöschen.
 
Morgen kommt der Aschenmittwoch,
Und ich zeichne deine Stirne
Mit dem Aschenkreuz und spreche:
Weib, bedenke, daß du Staub bist.)
 
Heinrich Heine
(Alemán fallecido en Francia, 1797-1856).

(Traducido del alemán por Jules Etienne).