Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
domingo, 27 de marzo de 2022
Día de reyes: DOS CARNAVALES DE EPIFANÍA, de Alejo Carpentier
domingo, 2 de enero de 2022
Año nuevo y Venecia: DÉBIL ES LA CARNE, de Lord Byron
(Débil es la carne. Correspondencia veneciana 1816-1819, de Lord Byron)
A John Murray.
Lord Byron
(Traducido al español por Eduardo Mendoza).
sábado, 14 de agosto de 2021
Venecia: EL CARNAVAL, de Gustavo Adolfo Bécquer
miércoles, 12 de mayo de 2021
Miércoles de ceniza: CALITIPIA (del poemario Mitología del olvido)
ya nos acostumbramos a vivir
bajo la luz de un sol moribundo
como siluetas sin sombra,
figuras de niebla vagando
cuando el tren ha partido.
cualquier miércoles la ceniza
transcurren los siglos y los días
entre ayer y ninguna parte
simulacro de noches sin fin,
fotografías en sepia que se irán deslavando.
viernes, 7 de mayo de 2021
Miércoles de ceniza: EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA, de Gabriel García Márquez
(Fragmento)
Para Florentino Ariza aquella era una noche de regreso a los desmanes cándidos de la adolescencia, cuando aún no lo había desgraciado el amor. Pero sabía, más por escarmiento que por experiencia, que una felicidad tan fácil no podía durar mucho tiempo. Así que antes de que la noche empezara a decaer, como ocurría siempre después de la repartición de los premios a los mejores disfraces, le propusoa la muchacha que se fueran a contemplar el amanecer desde el faro. Ella aceptó complaicida, pero después que acabaran de repartir los premios.
A Florentino Ariza le quedó la certeza de que aquella demora le salvó la vida. En efecto, la Muchacha le había hecho una seña de que se fueran para el faro, cuando dos cancerberos y una enfermera del manicomio de la Divina Pastora le cayeron encima. La buscaban desde que se escapó, a las tres de la tarde, no sólo ellos sino toda la fuerza pública. Había decapitado a un guardián y herido mal a otros dos con un machete que le arrebató al jardinero, porque quería salir a bailar en el carnaval. Pero a nadie se le había ocurrido que estuviera bailando en la calle, sino escondida en alguna de tantas casas que habían registrado hasta en las cisternas.
No fue fácil llevársela. Se defendió con unas tijeras de podar que tenía ocultas en el corpiño, y se necesitaron seis hombres para ponerle la camisa de fuerza, mientras la muchedumbre atascada en la Plaza de la Aduana aplaudía y rechiblaba de júbilo, creyendo que la captura sangrienta era una de tantas farsas del carnaval. Florentino Ariza quedó desgarrado, y desde el Miércoles de Ceniza pasaba por la calle de la Divina Pastora con una caja de chocolates ingleses para ella. Se quedaba viendo a las reclusas que le gritaban toda clase de improperios y piropos por las ventanas, las alborotaba con la caja de chocolates, por si acaso tenía la suerte de que también se asomara ela por entre las barras de hierro. Pero nunca la vio. Meses después, al bajarse del tranvía de mulas, una niñita que iba con su padre le pidió una bolita de chocolate de la caja que él llevaba en la mano. El padre la regañó y le pidió excusas a Florentino Ariza. Pero él le dio la caja completa a la niña pensando que aquel gesto lo redimía de toda amargura, y calmó al papá con una palmadita en el hombro.
- Eran para un amor que se lo llevó el carajo -le dijo.
Gabriel García Márquez
(Colombiano fallecido en México, 1927-2014). Obtuvo el premio Nobel en 1982.
lunes, 3 de mayo de 2021
Miércoles de ceniza: EL HONOR PERDIDO DE KATHARINA BLUM, de Heinrich Böll
(Fragmento del capítulo 4)
Durante mucho tiempo se consideró probable que también hubiera sido víctima de la Blum el periodista Adolf Schönner, al cual se encontró muerto de un disparo el miércoles de ceniza, en un bosquecillo al oeste de la alegre ciudad. Pero, más tarde, cuando se logró reconstruir los hechos por orden cronológico, aquello resultó inexacto. Un taxista declaró haber conducido hasta el bosquecillo a Schönner, que también iba disfrazado de jeque, en compañia de una joven vestida de andaluza. Tötges murió el domingo al mediodía, y Schöner el martes a la misma hora. A pesar de que pronto se dieron cuenta de que el arma hallada junto a Tötges de ninguna manera podía ser la misma que sirvió para dar muerte a Schöner, se sospechó durante unas horas de la Blum, a causa de los motivos. Si ella los tuvo para vengarse de Tötges, tampoco le faltaban para desquitarse de Schönner. Por otra parte, a las autoridades que investigaron el caso les parecía poco probable que la Blum tuviera dos armas. Katharina consumó su sangriento crimen con toda frialdad. Cuando le preguntaron si había matado a Schöner, dio una contestación siniestra disfrazada de pregunta:
- Sí. ¿Por qué no también a él?
Pero luego renunciaron a imputarle ese segundo asesinato, sobre todo porque su coartada era prácticamente perfecta. Ninguna de las personas que conocía a Katharina Blum o que, en el transcurso de los interrogatorios, llegó a conocer su carácter, dudaba que ella, en el caso de haber asesinado a Schönner, lo hubiera reconocido sin rodeos. El taxista que condujo a la pareja al bosquecillo («Yo lo llamaría más bien matorral cubierto de maleza»), desde luego que no reconoció a la Blum en unas fotografías.
Heinrich Böll (Alemania, 1917-1985). Obtuvo el premio Nobel en 1972.
domingo, 2 de mayo de 2021
Miércoles de ceniza: GENTE INDEPENDIENTE, de Halldór Laxness
- Oh, yo siempre entendí que primero venía el martes de carnaval.
- Pero el miércoles de ceniza debe llegar alguna vez, abuela, y entonces no faltará mucho para Pascua.
sábado, 1 de mayo de 2021
Miércoles de ceniza: DOCTOR FAUSTUS, de Thomas Mann
(Fragmento inicial del capítulo XXIX)
El carnaval de Munich de 1914, esas semanas alegres y fraternales que median entre la epifanía y el miércoles de ceniza y que dan lugar a tantas fiestas públicas y privadas, en las que yo, joven profesor recién trasladado a Freising, tomé parte por mi propia cuenta o en compañía de Adrián, no se ha borrado de mi memoria. Quedó, al contrario, profundamente grabado en ella. Fue el último carnaval anterior a la guerra de cuatro años, que ahora llamamos, a la luz de los horrores de nuestro tiempo, la primera guerra mundial, y que puso término definitivo a la atmósfera de inocente estetismo y dionisíaco bienestar que durante tanto tiempo caracterizó a la ciudad del Isar. Fue entonces también cuando empezaron a perfilarse, entre el círculo de nues- tras relaciones, ciertos destinos individuales, cuya evolución había de provocar fatales desenlaces -sucesos a los que el mundo apenas prestó atención-, pero de los que habré de hablar aquí porque, en parte, se enlazan con la vida y con el destino de mi héroe, Adrián Leverkühn, y más aún porque Adrián, obrando de modo fatal y misterio- so, contribuyó a provocarlos. De ello estoy íntimamente convencido.
viernes, 30 de abril de 2021
Miércoles de ceniza: EL HUÉSPED REAL, de Henrik Pontoppidan
- Gracias. Para ir directo al grano, mi señor: vine esta tarde a Osterbol, su ciudad vecina, donde el sacerdote es un viejo conocido mío. No lo había visto en muchos años y ha pasado el tiempo. Mi deseo era sorprenderlo un día por acá, en su idilio rural, pero resulta lamentable que se acaba de ir con su familia... no había nadie en casa más que un hombre y un par de jovencitas. Comprenderá mi desesperación cuando le diga que he hecho un largo viaje sólo con el fin de esta visita y en el camino estaba ansioso por celebrar una alegre llegada de la cuaresma con mi viejo amigo, quien en su juventud -lo que tal vez resulte un poco difícil de entender- era muy alegre y, en general, un tipo espléndido. En cambio, acabo de encontrarme con cuartos vacíos y fríos, e incluso su biblioteca está inundada de libros edificantes y escritos socialmente útiles sobre la cría de pollos y la educación de los niños, que ni siquiera son la literatura de mi vida. Sí, fue entonces cuando se me ocurrió la descarada idea de hacer una visita por la región e invocar la misericordia humana. Los sirvientes me dijeron que una amable familia de médicos vivía a una milla de distancia; y aquí me tiene ahora, señor doctor, humildemente le pido permiso para permanecer unas horas bajo su hospitalario techo y pasarla con usted sin que se sienta obligado.
- Dios no lo quiera. Por supuesto, será un placer tanto para mi esposa como para mí si puede encontrar con nosotros alguna compensación por la ausencia de su amigo. Pero permítame, señor...
- Le comprendo, piensa que no es una explicación suficiente de por qué le pido que me demuestre la confianza suficiente para permanecer en el anonimato frente a usted. Sin embargo, muy amable señor doctor, si ahora me imaginara como el comerciante Petersen de Aarhaus o el arquitecto Hansen de Copenhague, entonces sabría un poco más sobre mí, cuando en realidad sólo quisiéramos iniciar nuestra conversación, llevarla a un punto en el que suene alta, sin privar a nuestro arte de la palabra del encanto que acaba de obtener, cayendo sin control entre el cielo y la tierra. ¿No es cierto? También comienza la cuaresma, lo que le da a la gente una especie de justificación para aparecer bajo una máscara y romper con las formas habituales de la vida cotidiana. Un capricho tonto, una idea ingeniosa, cuando sólo debe entender, querido señor, que yo... seriamente deprimido como lo estoy, con esta urgencia, me siento mucho más libre si me mantengo anónimo, esto es, disfrazado.
El joven médico se echó a reír. Había algo irresistible y contagioso en la alegría del extraño.
Henrik Pontoppidan (Dinamarca, 1857-1943). Obtuvo el premio Nobel en 1917.
jueves, 29 de abril de 2021
Miércoles de ceniza: LAS DOS CARETAS, de José Echegaray
(Fragmento inicial)
Era un Domingo do Carnaval; pero no de los anémicos de hoy, sino de los pletóricos de los buenos tiempos.
Carnaval pictórico de locura, que llenaba calles y plazas y paseos de la heroica villa.
Todo era ruido y regocijo y movimiento y fíebre; risas fingidas de caretas burlonas; llantos fingidos de caretas con lágrimas de cartón; dominós ruines, ocultando personas decentes; dominós lujosos disimulando gente ruin; borracheras envueltas en sudarios; esqueletos repartiendo bombones y caramelos; hombres con faldas y mujeres con pantalones, promiscuidad grotesca de sexos; colchas viejas en forma de cucurucho y mantones de Manila redondeándose sobre senos postizos; bebés de cincuenta años con sonajero, y caballeros con sombrero de copa y frac, de la mano del ama; máscaras que tan pronto van por el arroyo como se amontonan en un coche; máscaras que van a caballo gallardamente y otras que van siempre en su burro de gitano; quién que finge ser enano, quién que finge ser gigante; el mamarracho eterno de la caña repartiendo el higuí y alrededor las eternas bocas abiertas de los chicuelos procurando morderlo; unos que se disrazan con andrajos como si la conciencia se los desbordase, otros que se disfrazan con encajes, como escaparate de tienda y anuncio de venta; comparsas que llevan miserias entre músicas y cornetines de murga pidiendo limosna; el tradicional hombre de los cucuruchitos de papel y el hombre vestido de esferas, acaso simbolismos carnavalescos de ciertas almas; y abajo barro, y más arriba nubes de polvo que esperan su miércoles de ceniza, y allá en las alturas el cielo azul, inmensa careta de resplandores que cubre las negruras del espacio infinito y misterioso, como si quisiera formar parte en no sé qué Carnaval apocalíptico.
José Echegaray (España, 1832-1916).
Obtuvo el premio Nobel en 1904, compartido con Frédéric Mistral.
Aquí es posible leer el texto íntegro de Las dos caretas.
martes, 13 de abril de 2021
Miércoles de ceniza: EL BESO DE LA MUJER ARAÑA, de Manuel Puig
domingo, 11 de abril de 2021
Miércoles de ceniza: DÍA DE CENIZA, de Salvador Garmendia
(Fragmento)
Perucho enciende por tercera vez su tabaco. Es una mañana pesada, sin ruidos, quieta como un líquido transparente en completo reposo. Las ocho mesas del saloncito permanecen vacías y el piso, que ha sido lustrado con empeño, luce todavía húmedo y brillante. Un escueto adorno de carnaval enlaza las columnas con tiras de papel entorchado y algunas máscaras de pasta, frías y tristonas, que cuelgan del techo. Perucho mira con una mueca inamistosa la brasa tapiada de ceniza; sorbe y escupe al piso después de carraspear acremente. El isleño se mantiene aferrado a las palancas de la cafetera, y por su boca entreabierta, recorrida por un imperceptible temblor, se cuela un canto tenue, un falsete aniñado que no obstante flota con toda nitidez en el silencio y parece que viniera de muy lejos.
En la puerta apareció la mujer con su cartera negra bajo el brazo. Ahora lucía una piel limpia y desteñida a la manera de una tela vieja recién lavada; también se había peinado con cierta coquetería dulzona, esponjando sus secos cabellos sobre la frente. Sonrió a medida que se aproximaba al mostrador, y su andar aparentaba cierta livian- dad, una tensión entrecortada o reprimida. El isleño se dedicó a observarla fijamente, mientras ella venía a recostarse al mostrador.
- Buenos días -dijo.
No hubo respuesta. Tal vez Perucho quiso decir algo, pero se limitó a morder de nuevo su tabaco. Eran las diez de la mañana y la actividad normal del Miércoles de Ceniza no había cobrado todavía suficiente vigor; ella era la primera en entrar esa mañana, y se quedó allí un buen rato sin decir palabra, aunque a veces parecía volver a sonreír con una flexión de las comisuras. Ese gesto podía ser involuntario, pues lo repitió siempre en forma idéntica. Pronto empezarían a bajar de las oficinas. Entonces la mujer se despegó del mostrador y se dejó llevar hacia la puerta con su andar pau- sado y flotante que se apoyaba en un suave arrastrar de tacones.
Salvador Garmendia (Venezuela, 1928-2001).
miércoles, 7 de abril de 2021
Miércoles de ceniza: RESTOS DEL CARNAVAL, de Clarice Lispector
lunes, 5 de abril de 2021
Miércoles de ceniza: LA TIENDA DE LOS MILAGROS, de Jorge Amado
sábado, 27 de marzo de 2021
Miércoles de ceniza: CANCIÓN PARA MORIR DE AMOR EN TIEMPO DE CARNAVAL, de Louis Aragon
Lundi nettoyez
Paris
Dimanche pleurons que mardi je rie
Lundi domino sans poudre de riz
L'amour se perdra dans ta féerie
Mardi
Mardi gras tous les toits sont frits
Mardi
Mardi gras
Mardi
Mardi gris
Par où t'en viens-tu
Mercredi des
Cendres
Mardi
Mercredi
Mon cœur s'y perdit
Mercredi me fait un signe de croix
Mercredi menteur veux-tu que je croie
Qu'Amour est en terre et déjà tout froid
Il est mon
Seigneur et je suis sa proie
La nuit sera longue et le lit étroit
Le ciel est ouvert tout rouge à l'endroit
Par où tu t'en vas
Mercredi descendre
Mercredi
Mon cœur s'y perdit)
domingo, 7 de marzo de 2021
Miércoles de ceniza: CENIZA, de Federico Balart
miércoles, 3 de marzo de 2021
Miércoles de ceniza: FAUSTO, de J. W. von Goethe
(Fragmento)


















