Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

martes, 19 de febrero de 2019

Tu boca: RAMAYANA, de Valmiki

"... tus mejillas, tan frescas cual tu boca, son de brillante, nítido color..."

(Fragmento)

¡Oh, mujer cuyos ojos son estrellas,
cuya sonrisa es magia singular,
cuyo rostro es hermoso y placentero,
del vergel de la India tulipán!

¿Quién eres tú, cuya flotante túnica
de seda, resplandece como el sol,
y es áurea como el cáliz que contiene
del nenúfar azul el corazón?
¿Eres la Gloria acaso? ¿La Fortuna?
¿La Belleza, la Dicha, o el Placer?
¿Eres tal vez la Vida que se encarna
en tu forma perfecta de mujer?

Blanquísimos e iguales son tus dientes
y es tu talle flexible, escultural:
tus cejas arqueadas y sedosas
sombrean de tus ojos el ardor,
tus mejillas, tan frescas cual tu boca,
son de brillante, nítido color,
inspirando tu célica belleza
a nuestros ojos muda admiración.

Se adornan tus orejas pequeñitas
con pendientes de oro y de coral,
más no aumentan las joyas la hermosura
de su concha rosada natural.
Tus manos transparentes, de las venas
nos dejan ver la fina red azul,
que recuerdan los pétalos del loto
cuando los baña matutina luz.

Tiene tu risa armónicos acentos,
todo es en ti simétrico y gentil;
tus diminutos pies, que ahora se cruzan,
conservan en su forma la infantil
delicadeza de tus lindos dedos.
Por su forma y purísimo blancor
aparecen cual bellas flores níveas
que surgen del sendero en el verdor.

Tus piernas tan derechas y tan finas
cual columnas de rosa capitel,
sostienen de tu cuerpo la estructura
armonizando fuerza y esbeltez,
y tus ojos estrellas de azabache,
que el blanquísimo esmalte hacen lucir,
resaltan con sus círculos de púrpura
que un pincel dibujara con carmín.

Magnífica es tu negra cabellera
que miro con sus rizos ondular;
tu cintura flexible y diminuta
con las manos se puede circundar.
No, no he visto jamás sobre la tierra
tan admirable y tan perfecto ser,
y las ninfas y diosas no igualaron
tu atractivo infinito de mujer...


Valmiki (India, en fecha imprecisa).
Se ubica la escritura del Ramayana entre el año 500 y el 100 a. de C.

lunes, 18 de febrero de 2019

Tu boca: EL BANQUETE, de Jenofonte

"... me doy por vencido, pues si se ha hecho para morder, con tu boca puedes dar mordiscos más grandes que yo, y, por el hecho de tener labios gruesos, ¿no crees que también deben ser más dulces tus besos?"

V

(Fragmento del diálogo entre Sócrates y Critobulo)

«¿Tú crees que la belleza se da únicamente en el hombre, o también en otras cosas?». «Yo creo, ¡por Zeus!, que también existe en un caballo, en un toro y en muchas cosas inanimadas. Sé, por ejemplo, que también puede ser bello un escudo, una espada y una lanza». «¿Y cómo es posible», preguntó, «que estas cosas, que no se parecen en nada, sin embargo sean bellas?» «¡Por Zeus!», dijo Critobulo, también estas cosas son bellas si están bien fabricadas con vistas a las actividades para las que adquirimos cada una o bien dotadas por la naturaleza para nuestras necesi- dades» «¿Sabes entonces para qué necesitamos los ojos?». «Evidentemente, para ver». «En ese caso, mis ojos son ya más hermosos que los tuyos». «¿Cómo es eso?». «Porque los tuyos sólo ven en línea recta, mientras que los míos, por ser muy saltones, ven también de lado».  «¿Quieres decir», respondió, «que el cangrejo tiene los ojos más bellos?». «Sin duda», respondió, «pues tiene los ojos mejor confor- mados para su fuerza». «De acuerdo, pero ¿qué nariz es más hermosa, la tuya o la mía?». «Yo creo», dijo, «que la mía, si efectivamente los dioses nos pusieron la nariz para oler, pues las ventanas de la tuya miran hacia tierra, mientras que las mías son respingonas hacia arriba, de modo que pueden captar los olores de todas partes». «¿Y cómo va a ser una nariz chata más hermosa que una nariz recta?». «Porque no levanta barrera, sino que permite a los ojos ver directamente lo que desean. En cambio, una nariz alta levanta con arrogancia una muralla entre los ojos». «Pues en cuanto a la boca», dijo Critobulo, «desde luego me doy por vencido, pues si se ha hecho para morder, con tu boca puedes dar mordiscos más grandes que yo, y, por el hecho de tener labios gruesos, ¿no crees que también deben ser más dulces tus besos?». «Oyéndote hablar», dijo Sócrates, «da la impresión de que tengo la boca más fea que los burros. Pero como prueba de que soy más bello que tú ¿no incluyes el hecho de que las náyades, diosas como son, dan a luz a los silenos, que se parecen a mí mucho más que a ti?».


Jenofonte (Grecia, 431 a. de C.-354 a. de C.)

La ilustración corresponde a una estatua de Sócrates en la biblioteca de Trinity College.

domingo, 17 de febrero de 2019

Tu boca: CANTAR DE LOS CANTARES, del rey Salomón

"Y el olor de tu boca como de manzanas..."
 
Capítulo 7: versículos 6 al 10

Qué hermosa eres y cuán suave, ¡Oh amor deleitoso! ¡Y tu estatura es semejante a la palma, y tus pechos a los racimos! Yo dije: Subiré a la palma, asiré sus ramas: Y tus pechos serán ahora como racimos de vid. Y el olor de tu boca como de manzanas; y tu paladar como el buen vino, que se entra a mi amado suavemente, y hace hablar los labios de los viejos. Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contento.
 
 
Rey Salomón (Israel, nacido alrededor del año 1000 a. de C.-931 a. de C.)
 
(Versión corregida al español por Cipriano de Valera basada en la traducción previa de Casiodoro de Reina).

sábado, 16 de febrero de 2019

Tu boca: SAFO A CLEIS, de Safo de Lesbos

"... belleza que amo, seda que acaricio en tus mejillas."

Me amo en ti,
y
en tu figura,
me miro,
transformada
con la forma de mi sueño.
 
Al acariciarte
es mi reflejo
el que acaricio
narciso
en el espejo de tu cuerpo.
 
Me miro, así,
toda yo
vuelta carne tuya,
belleza que amo,
seda que acaricio
en tus mejillas.
Sabor de tu piel
en la blanca corola
de tus senos
y en la oscura y dulce fruta
de tu sexo.
 
Lenta y deleitosa
te recorro
con mis dedos
más sabios en formas
que los de Fidias,
y vuelvo
un cinturón de oro
mis brazos en torno
a tu cintura,
mientras
ávidas
mis piernas
-como lianas-
se enredan en las tuyas
al tiempo que no hay límite
entre tu boca y la mía.
 
¿Tú o yo?
¿Cuál soy?
¿o cuál tú eres?
 
Fundidas en el placer
todo se borra,
y sobre el lecho, entre
los deshojados jacintos
de las rotas guirnaldas
-con que nos adornamos
para el íntimo festejo-
sólo sé
que soy llama
encendida en tu aliento.
 
Enajenada en ti
sin tiempo
y sin fronteras.
Perdido el borde
de mi cuerpo,
en las oscuras aguas
del orgasmo,
me entrego hasta morir
en tu belleza.
 
 
Safo de Lesbos: Σαπφώ, Ψάπφω (Grecia, 630 o 612 a. C.- 570 a. C.)

viernes, 15 de febrero de 2019

Tu boca: HIMNO DE PTAH, en la piedra de Shabako



(Fragmento)

Saludos a ti, el que está al frente de los dioses primordiales, los cuales hiciste después de que tú vinieras en existencia como un dios, cuerpo que se ha modelado su propio cuerpo, cuando el cielo aún no existía, cuando la inundación aún no había subido.

Tú has atado la tierra, Tú has ensamblado tu cuerpo y has contado tus miembros. Tú te has hallado a ti mismo como el único, que ha hecho su lugar, dios que ha diseñado las Dos Tierras. Tú no tenías padre que te engendrara cuando viniste en existencia, no tuviste madre que te pariera, tú que eres tu propio Khnum, el proveedor de quien cada provisión ha venido. Tú estabas de pie en la tierra cuando ésta estaba inerte, tú por quien fue puesta junta posteriormente, ti en tu forma de Tatenen, en tu forma de unificador de las Dos Tierras que tu boca ha engendrado y tus manos han diseñado, tú le has formado desde el nun, por medio de tus manos en imitación de tu belleza.


Anónimo egipcio
El Himno de Ptah se conserva en un papiro en el museo de Berlín.
Proviene de una estela pétrea edificada por encargo del faraón Shabako en el siglo VIII a. de C.

La ilustración corresponde a los restos de una escultura dedicada a Shabako (Neferkara Shabaka o Sabaco).

jueves, 14 de febrero de 2019

El romance está en tu boca


"Tú y yo en la boca sentimos nacer lo que no vive,
lo que es el beso indestructible cuando la boca son alas,
alas que nos ahogan mientras los ojos se cierran,
mientras la luz dorada está dentro de los párpados."
 Vicente Aleixandre

Ahora que se celebra el tradicional festejo del día de San Valentín, y que todo gira en torno a corazones y labios en forma de beso, tratar de recordar la poesía romántica sería tarea inagotable, en cambio es más factible concentrar ese esfuerzo sobre un tema específico, alrededor de una de sus expresiones más típicas. El pez por su boca muere”, decía el refrán tradicional, luego las voces anónimas de la sabiduría coloquial añadieron: “y el enamorado con la boca quiere.

¿Cuántas veces las canciones y los poemas se han referido a “tu boca”? Tal vez la más afortunada entre tantas sea aquella que corresponde al capítulo 7 de Rayuela, de Julio Cortázar: “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.”

Ramón de Campoamor, publicó en el lejano 1838 el poemario Ternezas y flores, del que forma parte el titulado precisamente Tu boca. Estas son tres de sus estrofas rimadas:

Y si con sombras de bien
tal vez el mal se divisa,
es porque en ella se ven
guardar la miel de su risa
las flechas de su desdén.

Si a mí su rigor alcanza,
al ver su hermosura, siente
el corazón doble holganza;
y aunque un desdén me atormente,
déme una risa esperanza.

¡Bien haya la dulce boca,
que sólo sus frescos labios
el aura pasando toca;
que haciendo el ámbar agravios,
su miel a gustar provoca!

Casi contemporáneo es el trágico Poeta, di paso, del colombiano José Asunción Silva, quien en determinado momento escribe: “desnuda tú en mis brazos, fueron míos tus besos”, para culminar ante el ataúd de la amada:

Tú, mustia yerta y pálida entre la negra seda,
la llama de los cirios temblaba y se movía,
perfumaba la atmósfera un olor de reseda,
un crucifijo pálido los brazos extendía
¡y estaba helada y cárdena tu boca que fue mía!

Más recientes, del siglo pasado, son los poemas Hiperestesia, del ecuatoriano Miguel Ángel León, y Palabras para algo más que un dolor, del español Luis Rosales. Dice el primero: “Mi boca como un sello en tu boca se graba”, mientras que éste último concluye así: 

"... y el beso que te doy deje de ser una caricia
y sea más bien una pregunta,
esa pregunta destituyente
que no me atrevo a hacer sino en tu boca,
pues todo lo que soy depende de ella,
depende de saber que nuestro amor pudo resucitarnos
-ésta fue su misión y la ha cumplido--
pero
sólo puede durar
mientras que dura un beso
."

En los día subsecuentes y aprovechando el pretexto que proporciona la fecha, emprenderé en Mitos y reincidencias una exploración por el ámbito poético de "Tu boca", desde los sudamericanos Jorge Luis Borges o Mario Benedetti, y sus respectivas paisanas Alfonsina Storni y Delmira Agustini, hasta el otro lado del océano, con Federico García Lorca y Manuel Machado, o los ganadores del premio Nobel de literatura Pablo Neruda y Vicente Aleixandre.

Así sean bocas de ceniza, como la que refiere Juana de Ibarbourou, o de fresa, como la princesa de Rubén Darío, los labios han sido siempre una representación simbólica del romance.

Jules Etienne

miércoles, 13 de febrero de 2019

Febrero y Tu boca: A ESTE LADO DEL PARAÍSO, de F. Scott Fitzgerald

"...el silencio muerto; el sonido aún no había despertado. ¡La vida crujía como el hielo! "

(Fragmento del capítulo Tom, el censor)

Las calles de febrero, barridas por el viento de noche, se llenan de extraños charcos casi intermitentes; las paredes..., arruinadas bajo el brillo de la nieve que chapotea bajo los faroles como aceite dorado de una divina máquina en una hora de estrellas y deshielo.

Extraños charcos, llenos de ojos de muchos hombres, saturados de una vida en un momento de calma... Oh, yo era joven, porque podía volver a ti, más finita y más bella, para gustar los sueños apenas recordados, dulces y nuevos en tu boca:

Hubo un murmullo en el aire de la medianoche: el silencio muerto; el sonido aún no había despertado. ¡La vida crujía como el hielo! Una nota brillante, y aparecías tú, radiante y pálida..., e irrumpía la primavera... (Los pequeños carámbanos, en los aleros; y la vacilante ciudad se desvanecía.)

Nuestros pensamientos eran una helada niebla a lo largo de las cornisas; nuestros espectros se besaron allá en lo alto, entre un laberinto de cables; el eco de una risa apagada que sólo deja el vano suspiro de un deseo juvenil; a las cosas que ella amaba siguió una gran pena que sólo dejó su cascara.


Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940). 

martes, 12 de febrero de 2019

Febrero: LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL, de Gustave Flaubert

"... exhaló un suspiro a la vez que volvía los ojos, y la cabeza cayó de lado sobre la almohada."
 
(Fragmento del capítulo IV de la tercera parte)

El 12 de febrero, a las cinco, se le declaró una espantosa hemoptisis. El médico de guardia avisó del peligro, e inmediatamente se fue en busca de un sacerdote.

Durante la confesión del señor Dambreuse, su señora lo miraba de lejos, con curiosidad. Terminada aquélla, el joven médico le puso un vejigatorio y aguardó.

La luz de la lámparas, semioculta por los muebles, iluminaba desigualmente la habitación. Frédéric y la señora de Dambreuse, al pie de la cama, observaban al moribundo. En el alféizar de una ventana, el médico y el sacerdote hablaban a media voz; la hermana de la Caridad, de rodillas, musitaba unas oraciones.

Se oyó un estertor. Se enfriaban las manos, y el rostro empezaba a palidecer. A veces se le escapaba una profunda espiración; de tiempo en tiempo se hacían más raras; articuló confusamente dos o tres palabras; exhaló un suspiro a la vez que volvía los ojos, y la cabeza cayó de lado sobre la almohada.

Todos, durante un minuto, permanecieron inmóviles.

La señora de Dambreuse se aproximó, y sin esfuerzo, con la sencillez del que cumple un deber, le cerró los párpados.


Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880).

lunes, 11 de febrero de 2019

Febrero: ÉSTE ES UN AMOR QUE TUVO SU ORIGEN..., de Efraín Huerta

"... llega el amor y luego las manos -esas terribles manos delgadas como el pensamiento- se entrelazan..."

(Fragmento)

Éste es un amor que tuvo su origen
y en un principio no era sino un poco de miedo
y una ternura que no quería nacer y hacerse fruto.

Un amor bien nacido de ese mar de sus ojos,
un amor que tiene a su voz como ángel y bandera,
un amor que huele a aire y a nardos y a cuerpo húmedo,
un amor que no tiene remedio, ni salvación
ni vida, ni muerte, ni siquiera una pequeña agonía.

Éste es un amor rodeado de jardines y de luces
y de la nieve de una montaña de febrero
y del ansia que uno respira bajo el crepúsculo de San Ángel
y de todo lo que no se sabe, porque nunca se sabe
por qué llega el amor y luego las manos
-esas terribles manos delgadas como el pensamiento-
se entrelazan y un suave sudor de -otra vez- miedo,
brilla como las perlas abandonadas
y sigue brillando aún cuando el beso, los besos,
los miles y millones de besos se parecen al fuego
y se parecen a la derrota y al triunfo
y a todo lo que parece poesía -y es poesía.


Efraín Huerta (México, 1914-1982).

domingo, 10 de febrero de 2019

Febrero: MEMORIAS DE ADRIANO, de Marguerite Yourcenar

"Alrededor de la duodécima hora, en un frío amanecer de febrero..."

(Fragmento de Disciplina augusta)

Aquella misma noche tomé mis precauciones. Nuestro enemigo había vivido demasiado, y yo quería dejar a Lucio una herencia libre de peligros. Alrededor de la duodécima hora, en un frío amanecer de febrero, un tribuno portador de la sentencia de muerte de Serviano y de su nieto se presentó en casa de mi cuñado; tenía la consigna de esperar en el vestíbulo hasta que la orden que llevaba fuese cumplida. Serviano mandó llamar a su médico y todo transcurrió decorosamente. Antes de morir, me deseó que expirara lentamente, atormentado por un mal incurable, sin gozar como él del privilegio de una breve agonía. Sus votos ya se han cumplido.

No había ordenado con alegría aquella doble ejecución, pero más tarde no sentí la menor lástima ni el menor remordimiento. Una vieja cuenta quedaba liquidada; eso era todo. Jamás he creído que la edad sea una excusa para la malignidad humana; ante bien, me parece una circunstancia agravante. La sentencia de Akiba y sus acólitos me había hecho vacilar mucho más; viejo por viejo, prefería el fanático al conspirador. En cuanto a Fusco, por mediocre que fuera y por más que su odioso abuelo lo hubiera prevenido contra mí, era el nieto de Paulina. Pero por más que se diga, los lazos de la sangre son harto débiles cuando no los refuerza el afecto; basta ver lo que ocurre entre las gentes cada vez que hay una herencia en litigio.


Marguerite Yourcenar* (Escritora francesa nacida en Bélgica, educada en Francia y afincada en Estados Unidos, donde falleció; 1903-1987)
 
* El apellido Yourcenar era un seudónimo literario, anagrama del verdadero apellido: Crayencour. Su nombre completo fue Marguerite Antoinette Jeanne Marie Ghislain Cleenewerck de Crayencour, al que podrían añadirse al final Cartier de Marchienne, sus apellidos maternos.

sábado, 9 de febrero de 2019

Febrero: TARDE DE FEBRERO, de Henry W. Longfellow


Está terminando el día
desciende la noche;
la ciénaga está congelada,
muerto el río.

A través de las nubes como ceniza
el rojo sol parpadea
sobre las ventanas de la aldea
que rojo brillan.

Recomienza la nieve;
las cercas enterradas
ya no marcan
el camino en la llanura;

Mientras que por los prados,
como sombras temerosas,
lentamente pasa
un cortejo funerario.

Repican las campanas,
y cada sentimiento
dentro de mí responde
a la sentencia desolada;

Las sombras nos siguen,
y mi corazón se lamenta
con un tañido fatal,
como campanas del funeral.
 
(Afternoon in February
 
The day is ending,
The night is descending;
The marsh is frozen,
The river dead.

Through clouds like ashes
The red sun flashes
On village windows
That glimmer red.

The snow recommences;
The buried fences
Mark no longer
The road o'er the plain;

While through the meadows,
Like fearful shadows,
Slowly passes
A funeral train.

The bell is pealing,
And every feeling
Within me responds
To the dismal knell;

Shadows are trailing,
My heart is bewailing
And tolling within
Like a funeral bell
.)
 
 
Henry Wadsworth Longfellow (Estados Unidos, 1807-1882).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

viernes, 8 de febrero de 2019

Febrero: EL GENERAL EN SU LABERINTO, de Gabriel García Márquez

"Sus oficiales, con los uniformes más deslumbrantes que se vieron en la ciudad, secundaron su ejemplo..."

(Fragmento)

«¿Te acuerdas de ese vals?»
 
Silbó varios compases para revivir la música en la memoria del mayordomo, pero éste no lo identificó. «Fue el vals más tocado la noche que llegamos a Lima desde Chuquisaca», dijo el general. José Palacios no lo recordaba, pero no olvidaría jamás la noche de gloria del 8 de febrero de 1826. Lima les había ofrecido aquella mañana una recepción imperial, a la que el general correspondió con una frase que repetía sin falta en cada brindis: «En la vasta extensión del Perú ni queda ya ni un solo español». Aquel día estaba sellada la independencia del continente inmenso que él se proponía convertir, según sus propias palabras, en la liga de naciones más vasta, o más extraordinaria, o más fuerte que ha aparecido hasta el día sobre la tierra. Las emociones de la fiesta se le quedaron asociadas al vals que había hecho repetir cuantas veces fueron necesarias, para que ni una sola de las damas de Lima se quedara sin bailarlo con él. Sus oficiales, con los uniformes más deslumbrantes que se vieron en la ciudad, secundaron su ejemplo hasta donde les alcanzaron las fuerzas, pues todos eran valseadores admirables, cuyo recuerdo perduraba en el corazón de sus parejas mucho más que las glorias de guerra.
 

Gabriel García Márquez (Colombiano fallecido en México, 1927-2014).
Obtuvo el premio Nobel en 1982.

jueves, 7 de febrero de 2019

Febrero: MÁS ALLÁ DEL OLVIDO, de Patrick Modiano

"Me detenía delante de los ventanales y miraba a través del cristal..."

(Fragmento)
 
He vuelto allí algunas veces en mis sueños. La otra noche, el sol de un atardecer de febrero me cegaba, caminando por la Rue Dante, y nada había cambiado después de todo este tiempo.
 
Me detenía delante de los ventanales y miraba a través del cristal la barra, el flipper y las pocas mesas dispuestas en círculo, como si rodearan una pista de baile.
 
Cuando llegué a la mitad de la calle, el gran edificio del Boulevard Saint-Germain proyectaba su sombra. Pero a mis espaldas la acera todavía estaba soleada.
 
Al despertar, el período de mi vida en el que conocí a Jacqueline se me presentó bajo el mismo contraste de luz y sombra. Calles descoloridas, invernales, y también el sol filtrándose a través de los postigos.
 
 
Patrick Modiano (Francia, 1945). Obtuvo el premio Nobel en 2014.
 
(Traducido al español por María Fasce).

miércoles, 6 de febrero de 2019

Febrero: NIEVE, de Orhan Pamuk

"¿... esa nevosa noche de febrero en aquella ciudad olvidada?"

(Fragmento del capítulo 1: El silencio de la nieve)
 
El viaje a Kars

En cuanto se bajó del autobús y sus pies se posaron en la blanda tierra un intenso frío le subió por la pernera de los pantalones. Mientras preguntaba por el hotel Nieve Palace, donde había reservado habitación por teléfono desde Estambul, vio caras conocidas entre los pasajeros a los que les entregaba el equipaje el auxiliar del conductor, pero no pudo descubrir de quiénes se trataba bajo la nieve.
 
Volvió a verles en el restaurante Verdes Prados, al que fue después de instalarse en el hotel. Un hombre avejentado y cansado pero todavía apuesto y atractivo con una mujer gruesa pero activa que por lo que se veía era su compañera en la vida. Ka los recordaba de Estambul, de las obras de teatro políticas, tan llenas de consignas: el hombre se llamaba Sunay Zaim. Mientras les contemplaba absorto se dio cuenta de que la mujer se parecía a una compañera de clase de la escuela primaria. Ka vio también la piel pálida y muerta tan propia de los ambientes teatrales en los otros hombres que les acompañaban a la mesa. ¿Qué hacía aquella pequeña compañía de teatro esa nevosa noche de febrero en aquella ciudad olvidada? Antes de salir del restaurante, que veinte años antes se mantenía gracias a funcionarios encorbatados, Ka creyó ver en otra mesa a uno de los héroes izquierdistas de la revolución armada de los setenta. Pero parecía que sus recuerdos se hubieran borrado bajo una capa de nieve, como Kars y el restaurante, cada vez más empobrecidos y pálidos.
 
¿No había nadie en la calle a causa de la nieve o de hecho nunca había nadie en aquellas congeladas aceras? Leyó cuidadosamente los carteles electorales de los muros, los anuncios de academias y restaurantes y los pósters en contra del suicidio que la delegación del Gobierno acababa de fijar y en los que estaba escrito «El Ser Humano es una Obra Maestra de Dios y el Suicidio una Blasfemia». Ka vio a un grupo de hombres que contemplaban la televisión en una casa de té medio llena con las ventanas cubiertas de escarcha. Le alivió un tanto ver los antiguos edificios de piedra de construcción rusa que en su memoria convertían a Kars en un lugar especial.
 
 
Orhan Pamuk (Turquía, 1952), Obtuvo el premio Nobel en 2006.
 
(Traducido al español por Rafael Carpintero).
La ilustración corresponde a un hotel en la ciudad de Kars, Turquía, durante el invierno. 

martes, 5 de febrero de 2019

Febrero: EL HOMBRE EN SUSPENSO, de Saul Bellow

"De niños, cuando vivíamos en Montana, decíamos que en el cielo estaban desplumando gansos."

5 de febrero
 
(Fragmento)
 
Pero en febrero mejoró la situación. En nuestros encuentros, cuando entrábamos y salíamos de la casa, empezamos a saludarnos de nuevo. Pagamos el alquiler, la calefacción aumentó, volvimos a tener agua caliente. Un día entré con un cheque en la mano y me encontré a los Gesell desayunando, sentados a una mesa que no desentonaría en una cabaña de troncos. El dálmata se acercó y se restregó contra mí embarazosamente… el pobre animal era un complemento y no tenía vida propia. Gesell tomó el cheque, me dio las gracias y se puso a extender un recibo. Beth, con el mentón apoyado en el dorso de la mano, miraba por la ventana, contemplando la nieve. Era una mujer gruesa, de cabello rojizo cortado en forma cuadrada, como una caja, a la manera masculina. Empecé a pensar que aún estaba enfadada y no quería hablar conmigo, pero contemplaba la caída de los copos suaves y densos, y de repente me dijo:
 
- De niños, cuando vivíamos en Montana, decíamos que en el cielo estaban desplumando gansos. No sé si todavía dirán eso.
 
- Nunca había oído tal cosa -repliqué, totalmente dispuesto a hacer las paces.
 
- Tal vez ya no lo diga nadie. Ha pasado mucho tiempo.
 
- No puede ser tanto -le dije generosamente, y obtuve una sonrisa entristecida.
 
- Oh, sí, mucho tiempo.
 
Gesell seguía escribiendo, también sonriente, tal vez pensando en la infancia de su mujer o en dichos similares de la suya. El perro bostezó y cerró las mandíbulas con un chasquido.
 
 
Saul Bellow (Estadounidense nacido en Canadá, 1915-2005).
Obtuvo el premio Nobel en 1976.
 
La ilustración corresponde a la fotografía de una pluma de ganso sobre el suelo congelado, de Ines Mondon.

lunes, 4 de febrero de 2019

FEBRERO, de Boris Pasternak

"Conseguir un calés. Por unos copeks, y con el traqueteo y toque a misa correr adonde la tormenta se oye..."

¡Febrero!, conseguir tinta y llorar,
escribir con desgarro, de febrero;
mientras incendia el crepitante cieno
la primavera con su oscuridad.

Conseguir un calés. Por unos copeks,
y con el traqueteo y toque a misa
correr adonde la tormenta se oye
con más fragor que lágrimas y tintas.

Donde miles de grajos como peras
carbonizadas caerán a plomo
desde los árboles; y la tristeza
se expandirá en el fondo de los ojos.

Abajo, es negro el claro del deshielo
y el viento viene hendido con reclamos;
cuanto más al azar, con más acierto,
los versos se componen con desgarro.


Boris Pasternak (Rusia, 1890-1960). Obtuvo el premio Nobel en 1958.

(Traducido al español por Javier Mateo con revisión de Xénia Dyakonova;
hay otra versión que concluye: "los versos más precisos son los más casuales/
se componen sollozando").

domingo, 3 de febrero de 2019

Febrero: SILJA, de Frans Eemil Silanpää

"... cuando la espera evoca, en el paisaje glacial de febrero, el perfume de una pradera estival."
 
(Fragmento de la segunda parte: La hija)

La vida le traía siempre nuevos acontecimientos bruscos y rápidos. Iba de prisa por el camino helado; la huella del beso se retrasaba en su conocimiento; se sentía llena de ardor, como si la nieve y el hielo hubiesen desaparecido, y se creía de nuevo en la colina de Kulmala, en una noche de verano, en el sendero del prado, cuando se abrían las flores. El joven desconocido, llegado no se sabía de dónde y desaparecido, le había robado un beso para llevárselo al sitio donde adivinaba que se encontraría su amigo en la noche de verano. Se encontraba seguramente allá abajo, ya que no estaba aquí. Estaba allá abajo y regresaría, y se volverían a ver mejor que en el pasado verano… Ambos habían esperado y sabrían encontrarse de nuevo sin vacilación ni timidez. En la noche más hermosa del verano, irían derecho hacia la pradera lejana, a la orilla del bosque… Era delicioso esperar, cuando lo que va a llegar es hermoso y cuando la espera evoca, en el paisaje glacial de febrero, el perfume de una pradera estival.
 
El alma de Silja se incendiaba en aquel paseo nocturno. La nieve resplandecía…
 
 
Frans Eemil Silanpää (Finlandia, 1888-1964).
Obtuvo el premio Nobel en 1939.

sábado, 2 de febrero de 2019

Febrero: BABBITT, de Sinclair Lewis


(Párrafo del capítulo XIX)
 
2

Babbitt volvió andando por las frías calles de febrero. Los camiones esparcían salpicaduras de fango y el cielo estaba oscuro sobre las oscuras cornisas de ladrillo. Entró en su oficina muy abatido. Él, que tanto la respetaba, había faltado a la ley ocultando el Crimen Federal de interceptar el correo. Pero no podía ver a Graff en la cárcel y a su mujer sufriendo. Sin embargo, tenía que despedir a Graff, y ésta era una parte de la rutina oficinesca que le causaba terror. Quería tanto a todo el mundo, y deseaba tanto que le quisieran a él, que no tenía fuerzas para ofender a nadie.

 
Sinclair Lewis (Estados Unidos, 1885-1951). Obtuvo el premio Nobel en 1930.

viernes, 1 de febrero de 2019

Febrero: LA ÚLTIMA ALEGRÍA, de Knut Hamsun

"... el taller de Nicolás, bien surtido de cepillos, sierras, taladros y un torno; me entretengo fabricando curiosidades."

(Fragmento del capítulo XXXIV)

Estamos en el mes de febrero. Me ha asaltado un pensamiento insinuante del que me apodero, para que no se me escape: esperar hasta que reblandezca el hielo en los campos y haya menos nieve, para atravesar la montaña y emigrar a Suecia. Cosa resuelta.
 
Para poner en ejecución mi proyecto, preciso que mi ropa esté a punto; pero Petra es tan escrupulosamente limpia, que la lava en varias aguas distintas. Mientras tanto, yo distraigo mis ocios en el taller de Nicolás, bien surtido de cepillos, sierras, taladros y un torno; me entretengo fabricando curiosidades. Para un chico de una alquería vecina, estoy construyendo un molino de viento, impulsado, naturalmente, por el viento, que rechina y zumba que es un encanto. Recuerdo que cuando era niño designábamos este artefacto con el nombre onomatopéyico de carracas de viento.
 
También paso el tiempo merodeando por las cercanías de cuando en cuando, y procuro desentumecer mi cabeza invernal lo mejor que puedo. No le echo la culpa al invierno, no se la atribuyo a nadie, no; pero me faltan el hierro candente, la juventud y el poder supremo. ¡Oh, Señor! Si durante horas enteras avanzo por la senda que se interna en el bosque, con las manos sobre mis viejas espaldas, puede acontecer que, de pronto, me asalte un repentino recuerdo dorado, que perdura unos instantes; entonces me detengo enarcando las cejas y penetro la lejanía con mirada atónita. ¿Va a surgir un hierro candente? ¡Nada, evaporación, no más! Y me quedo atrás, tristemente sosegado.
 
 
Knut Hamsun (Noruega, 1859-1952). Obtuvo el premio Nobel en 1920.
 
(Traducido al español por Luis Molins).