Vancouver: atardecer en la bahía al final de la primavera. (Fotografía de Jules Etienne).

lunes, 3 de junio de 2024

Mirándolas dormir: ALGODÓN EN HARLEM y EL FIN DE UN PRIMI- TIVO, de Chester Himes

"Cerró la puerta, se acercó al teléfono y marcó un número."

Algodón en Harlem

(Párrafo del capítulo 6)

Esperó hasta que sintió que estaba dormida y abrió la puerta sin hacer ruido. Escuchó el murmullo uniforme de su respiración. Luego encendió la luz de la sala para poder verla mejor. Si ella se hubiera despertado, él habría fingido que estaba buscando el baño, pero ella dormía profundamente con la mano izquierda apretada entre las piernas y la derecha sobre los pechos expuestos. Cerró la puerta, se acercó al teléfo- no y marcó un número.

"Ella parecía estar dormida. Él se movió hacia ella. «Quizá no se despierte», pensó esperanzado."

El fin de un primitivo

(Fragmento del capítulo 6)

Ella parecía estar dormida. Él se movió hacia ella. «Quiza no se despierte», pensó esperanzado. Medio riendo evocó una parodia burlesca, de un individuo que en un hotel escuchaba secretamente a una pareja en su luna de miel que en la habitación de al lado estaba intentando cerrar una maleta demasiado llena.

- No, así no -decía él cuando ella intentaba cerrarla con las manos-. La pondremos en el suelo y tú te subirá encima.

Las orejas del espía se aguzaron. Pero aún así no se cerraba, de manera que ella dijo:

- ¡Oh, Dios mío, todavía no, prueba a ponerte tú encima!

El oído del escucha se aguzó más. Pero aún así no se cerraba, de manera que él dijo:

- Subamos los dos.

Fue entonces cuando el espía derribó la puerta.

- ¡Esto tengo que verlo! -gritó...

Pero en eso Kriss lo empujó maliciosamente y dijo con una voz fría y dictatorial:

- Jesse, tengo que ir a trabajar. Tú no tienes otra cosa que hacer entodo el día sino rondar por los bares de Harlem o dormir.

- ¡Estupendo! -dijo él volviéndose como si quisiera dormirse de nuevo.

- ¡No puedes dormir aquí! -dijo ella, tratando de sacarle de la cama a empujones-. Esta mañana tiene que venir la mujer de la limpieza -le mintió; entonces, para hacerlo rabiar añadió:

- Vuelve con tu esposa, ella te dejará dormir todo el día. Además, siempre lo hace.

Y cuando él se levantó diciendo «¡Vete al infierno!», ella se rió.

Chester Himes
(Estadounidense fallecido en España, 1909-1984).

No hay comentarios.:

Publicar un comentario