Vancouver: atardecer en la bahía al final de la primavera. (Fotografía de Jules Etienne).

martes, 4 de junio de 2024

Mirándolas dormir: SINUHÉ, EL EGIPCIO, de Mika Waltari

"... estoy cansada y temo quedarme dormida (...) Se desnudó y me abrió los brazos."

Libro primero: La cesta de cañas

(Fragmento del capítulo 5)

- Me llamo Tabubué. Ahora que lo sabes, vete y no vuelvas nunca más a fin de que no te pueda hacer daño. Pero si te quedas no podrás reprocharme nunca los contra- tiempos que te puedan ocurrir.

Me dejó tiempo para reflexionar, pero no me marché. Entonces lanzó un leve suspiro como si estuviese cansada de este juego y dijo:

- De acuerdo. Debo, ciertamente, darte lo que has venido a buscar. Pero no seas demasiado ardiente, porque estoy cansada y temo quedarme dormida en tus brazos.

Me llevó a su dormitorio. Su lecho era de marfil y madera negra. Se desnudó y me abrió los brazos. Yo tenía la sensación de que mi cuerpo y mi corazón y todo mi ser estaban reducidos a cenizas. Pero no tardó en bostezar y dijo:

- Estoy verdaderamente cansada y creo realmente que no has tocado mujer, porque eres muy inhábil y no me causas el menor placer. Pero un hombre que viene por primera vez a casa de una mujer le hace un don irremplazable. Por esto no te pido nada más. Vete ahora y déjame dormir, porque has recibido ya lo que viniste a buscar.

Quise besarla de nuevo, pero ella me rechazó, de manera que regresé a mi casa. Pero mi cuerpo estaba inflamado; en mí bullía todo, y sabía que no podría olvidarla jamás.

"Le di un calmante y acabó durmiéndose, pero yo velé a su lado hasta el alba..."

Libro séptimo: Minea

(Fragmento del capítulo 4)

Así me era imposible contentarla, a pesar de mi esfuerzo, y aquella noche no acudió a mi lado como de costumbre, sino que se llevó su alfombra a otra habitación y se cubrió la cabeza para dormir. Entonces la llamé y dije:

- Minea, ¿por qué no calientas mi cuerpo como antes, puesto que eres más joven que yo y la noche es fría y tiemblo bajo mi alfombra?

- No dices la verdad, porque mi cuerpo está ardiendo como si estuviese enferma, y no puedo respirar con este calor asfixiante. Por esto prefiero dormir sola, y si tienes frío pide una estufa o ponte un gato al lado y no me molestes más.

Me acerqué a ella y le toqué el cuerpo y la frente, y estaba verdaderamente febril y temblaba bajo su alfombra, de manera que le dije:

- Quizás estés enferma; déjame que te cuide. Pero ella rechazó su manta con el pie y dijo con cólera:

- Vete; no dudo de que mi dios curará mi enfermedad.

Pero al cabo de un momento dijo:

- Dame de todos modos un remedio, Sinuhé, porque me ahogo y tengo ganas de llorar.

Le di un calmante y acabó durmiéndose, pero yo velé a su lado hasta el alba, cuando los perros comenzaron a ladrar en el crepúsculo lívido. Y llegó el día de la marcha y le dije a Kaptah:

- Recoge todos nuestros efectos, porque embarcamos hacia la isla de Keftiú, que es la patria de Minea.

Mika Waltari (Finlandia, 1908-1979).

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