Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

domingo, 18 de agosto de 2019

Tu boca: COMO SE SEDUCE A LAS MUJERES, de Filippo Tommaso Marinetti

"!Me gustas!... !Te quiero!... !No pienses en nada!... !Deliciosa, divina tu boca!...."
 
(Fragmento de La mujer y la estrategia)

Después de un violentísimo bombardeo de frases incendiarias lanzo con decisión la infantería de las manos. Esta vez sin embargo el asalto final se produce a pocos metros del timbre. Ante la amenaza del beso ya inevitable sus ojos lánguidos y risueños debajo de mí se dirigen graciosamente hacia el timbre libertador. “!Eres divinamente vil!”, murmuro y la beso. Un salto, se suelta y se precipita a contestar. Yo, inmóvil, con aire de desaliento, con una pizca de ironía en los ojos. - Riiiiiiin – La criada no llega - Riiiiiiiin - Desmedido estupor de la hermosa mujer… !Habrá salido! A algún recado. - !No es posible!... – Voy a ver - Voy yo también - No, quédese aquí. - Sale. La sigo. !Estara en la cocina! -!Imposible, no está sorda! !En el dormitorio! !No entre! !Si! !No! .Por qué? !No! !Me gustas!... !Te quiero!... !No pienses en nada!... !Deliciosa, divina tu boca!... !No! no - .Por que? !Es una locura! !No quiero! -!Dulce, dulce, dulce, amor mío!... - (Flautas, clarinetes, borboteo de sangre feliz, alegría de los nervios y de los músculos todos a la mesa a modo de oficiales en la casa segura como un fuerte cuando los centinelas vigilan bajo la luna...) - !Malo, lo has preparado todo!
 
- !Echaré a María a la calle! - En los ojos la hermosa polaca tenia una brillante admiración por mi ingenio estratégico.
 
 
Filippo Tommaso Marinetti (Italiano nacido en Egipto, 1876-1944).

sábado, 17 de agosto de 2019

Tu boca: CARTAS A GÉNICA ATHANASIOU, de Antonin Artaud


Cavalaire, 17 de agosto de 1922.

No, Génica, no, no estoy enojado. Conozco demasiado bien el esfuerzo que me veo obligado a hacer para  ponerme en estado de escribir. El alma del hombre no está en las palabras. Y además tengo confianza. Tu carta, tus postales me revelan sentimientos de una intensidad, de una cualidad tan rara que me hacen por fin poseer el ideal del amor perfecto, celeste, que tanto soñé. Y esta clase de amor no se experimente dos veces. En consecuencia, creo en ti. Hay en tu alma y en mi alma cosas que necesitan encontrarse.

Y si alguna vez la vida nos separara, nuestras almas, con el tiempo, podrían cicatrizarse, pero serían iníeriores. Sí, me haces gustar cosas que pocos hombres tienen el privilegio de gustar, que la mayoría ignora. Y después del alma de mi espíritu, eres el alma de mi vida, tan diferente de ti misma que ni siquiera puedes llegar a imaginarlo. Entonces tranquilízate, sé silenciosa, si el silencio te complace, nos amamos más cuando no escribimos porque todas las  palabras son una mentira. Cuando hablamos, traicionamos a nuestra alma. Bastaría con mirarse. Sentimos cosas, pero el solo esfuerzo que hacemos para expresarlas es ya una traición.

Esta mañana, un poco antes de recibir tu carta, una calma, una certidumbre, una dulzura me invadieron ; con los ojos en el aire, bajo un techo de paja, con el mar delante, vi tu rostro dentro mío y por sobre mí, lo sentí con los ojos de mi alma, durante muchos segundos no se movió, veía la expresión de tu boca, el tinte mate de tu piel, y tus ojos como el agua a través de las hojas frescas, brillantes, por eso me sorprendí cuando descubrí en tus palabras que me veías de la misma manera que tú me veías. En general cuando se contempla una visión desaparece enseguida, y tú, tú te quedaste.

Una noche, el 14 de agosto, asistí a un anochecer maravilloso, muy japonés, sobre el mar, con pinos muy negros como en el Japón, la luna grande, triste, y dulce, un poco enferma, amarilla, sucia, la calma sobre las aguas oscuras y esa gran flor de luz enferma, otoñal, que había nacido sobre las aguas. Tuve el espíritu muy enfermo durante cinco días, un regreso a la neuropatía, en el que la expresión sensible de mi conciencia me fue arrancada, no podía leer, ni escribir, ni pensar, no tenía pensamientos materiales, por dentro yo era más profundo pero incapaz de expre- sarme, paralizado, ahora mi alma material ha regresado, y pensar que la locura hace perder hasta el alma espiritual. Difícil problema.

Soy un poco obscuro, tal vez me comprendas con dificultad.

Ninguna noticia de Dullin. Yo también pienso que el Atelier no va a seguir adelante. ¿Qué va a ser de mí? ¿Encontraré algún trabajo en París? Pregunta angustiante... ¿Cómo nos volveremos a encontrar? De todos modos sabes mi dirección.

Siempre. Contigo.
Mi alma sobre tus labios.

Nanaqui.

Antonin Artaud (Francia, 1896-1948).

viernes, 16 de agosto de 2019

Tu boca: CANCIONES A GUIOMAR, de Antonio Machado

"No sabía  si era un limón amarillo lo que tu mano tenía..."

I

No sabía
si era un limón amarillo
lo que tu mano tenía,
o un hilo del claro día,
Guiomar, en dorado ovillo.
Tu boca me sonreía.
Yo pregunté: ¿qué me ofreces?
¿Tiempo en fruto, que tu mano
eligió entre madureces
de tu huerta?
¿Tiempo vano
de una bella tarde yerta?
¿Dorada ausencia encantada?
¿Copia en el agua dormida?
¿De monte en monte encendida,
la alborada
verdadera?
¿Rompe en sus turbios espejos
amor la devanadera
de sus crepúsculos viejos?


Antonio Machado (España, 1875-1939).

jueves, 15 de agosto de 2019

Tu boca: CARLOTA EN WEIMAR, de Thomas Mann

"A continuación dijo: El amor y la música, los dos son breves y eternos, son locuras."

(Párrafo del capítulo VII)

Cantaba “Conoces tú el país…”; yo tenía lágrimas en los ojos; también ella, la amable amada que he ataviado con turbante y chal. Ella dijo: “De qué manera la música modera la marcha de las horas, cuántos múltiples acontecimientos e impresiones concentra en un breve instante, cuando el interés de la audición hace creer que ha transcurrido un largo tiempo. ¿Qué es el instante y la duración?”. Le alabé su observación, y en el fondo del alma le daba la razón. A continuación dijo: “El amor y la música, los dos son breves y eternos, son locuras”. Le leí Los siete durmientes, La danza macabra, y luego, Sólo este corazón tiene duración, No quiero perderte nunca, Dime, querida, ¿qué es un murmullo?, y Sobre las alas de la aurora, fui arrojada contra tu boca. La noche de luna llena estaba avanzada. Alberto se durmió, se durmió Weimar con las manos cruzadas sobre su estómago, y el buen hombre fue escarnecido. Nos separamos a la una de la madrugada. Estaba de tan buen humor, que quise hacer a Boisseré, en mi balcón, mi demostración de la sombra coloreada. Ella nos espiaba desde su terraza; la vi muy bien.

Thomas Mann
(Escritor alemán nacionalizado primero checoslovaco y más tarde estadounidense, 1875-1955).
Obtuvo el premio Nobel en 1929.

(Traducido al español por R. Coll Robert).

miércoles, 14 de agosto de 2019

Tu boca: CELOS, de Pedro Mata

"Celos de la sonrisa de tu boca celos de las miradas de tus ojos."

Tengo celos de ti, ¿por qué negarlo?
Tengo celos de ti; celos rabiosos
Celos de la sonrisa de tu boca
celos de las miradas de tus ojos.


Cuando yo no te oigo, ¿cómo hablas?
Cuando yo no te veo ¿cómo miras?
Cuando no estoy delante ¿cómo suenan
los aúreos cascabeles de tu risa?


Tú sabes que en los ojos de los hombres
hay miradas impuras
que unas veces parece que acarician
y otras veces parecen que desnudan.


Cuando un hombre te mira de ese modo
cuando te envuelve una mirada de esas
y sientes que resbala por tu cuerpo
¿qué es lo que piensas,dí, qué es lo que piensas?


Cuando tengo mis manos entre tus manos
yo sé como tu carne se estremece
cuando es la otra mano que te oprime,
¿qué es lo que sientes, dí, que es lo que sientes?


Yo puedo adivinar qué pensamientos
laten en ti cuando de mí te acuerdas
cuando es de otro el recuerdo que te asalta
¿qué es lo que sueñas, dí, qué es lo que sueñas?


Yo te he visto mil veces temblorosa
ante el fervor de mis ardientes frases,
con los divinos ojos entornados
y los húmedos labios anhelantes.


Embaída de amor, desvanecida
cuando yo soy el que de amor te habla,
si las palabras son las mismas, dime;
¿cómo te suenan de otros las palabras?


Tú juras que me has dado
tu corazón, tu cuerpo y tu cariño
pero nunca sabré si tras tus ojos
se esconde un pensamiento que no es mío.


¡Y qué me importa tu cariño entonces!
¿Qué vale la escultura de tu cuerpo?
¡Si son los pensamientos de tu alma
como villanos que arrebata el viento!


Pedro Mata Domínguez (España, 1875-1946).

El poeta es nieto del reconocido médico Pedro Mata y Fontanet (1811-1877), a quien,
debido a la homonimia, con frecuencia se le atribuye por error la autoría de este poema.

lunes, 12 de agosto de 2019

Tu boca: EL DIABLO SE APARECE, de Rainer María Rilke

"Desde entonces siempre, en cualquier parte, tenía cerca una copa de vino..."

(Fragmento inicial)

Al conde Paul lo tenían por irascible. Cuando la muerte le arrebató antes de tiempo a su joven esposa, le arrojó a la cara todo lo que poseía: sus bienes, su dinero, e incluso a sus favoritas. Aún formaba parte del cuerpo de los dragones de Windischgrätz. Allí, en ocasiones, se encontraba con el barón Sterowitz.

- Tu boca es casi como la de la difunta condesa.

El viudo se emocionó. Desde entonces siempre, en cualquier parte, tenía cerca una copa de vino; pues ésta le parecía la única posibilidad de ver venir siempre a su encuentro la boca adorada. El hecho es que dos años después al conde Paul no le quedaba ni una octava parte de sus posesiones.

A pesar de todo nos pidió, en una ocasión en que, casualmente, estábamos cerca de una de las propiedades de los Felderode, que fuéramos con él.

- Tengo que mostrarles la cuna de mi dicha -nos aseguró volviéndose hacia las damas-, el lugar donde se me permitió ser un niño.

Hacía una buena tarde de agosto y nos encontrábamos un pequeño grupo en Gross-Rohozec. Que se hiciera tan larde tuvo que ver con el estado de ánimo del conde. Estaba radiante. Nadie se movía del sitio de puro encanto. Al final acordamos visitar el palacio y el parque a la mañana siguiente (puesto que en ese momento ya no era hora de visita), y ver ponerse el sol desde lo alto de las ruinas.

- Mis ruinas -exclamó el conde, y fue como si su voz envolviera las viejas murallas igual que una gabardina su delgada figura.


Rainer María Rilke
(Escritor en lengua alemana nacido en Praga, 1875-1928).

(Traducido al español por Isabel Hernández).

domingo, 11 de agosto de 2019

Tu boca: LA ESFERA Y LA CRUZ, de G. K. Chesterton


(Fragmento del capítulo XV: El sueño de MacIan)

- ¿La disciplina para la sociedad -repetía, recalcando- es más importante... que la justicia para el individuo?

Tras un largo silencio, exclamó:

- ¿Quién y qué es usted?

- Un ángel -dijo el del ropaje blanco sin volverse.

- Usted no es católico -dijo Evan.

El otro, como si no le hubiese oído, volvió al tema principal:

- En nuestros ejércitos celestiales, sabemos infundir en los subordinados un temor saludable.

MacIan tendía el cuello hacia adelante con ansiedad extraordinaria e inexplicable.

- ¡Prosiga! -gritó, enlazando y desenlazando sus largos y huesudos dedos-. ¡Adelante!

- Por otra parte -continuó el otro, en la proa-, debe usted admitir en los tipos superiores cierta altivez y elevación de ánimo.

- ¡Prosiga! -dijo Evan, ardiéndole los ojos.

- Lo mismo que la vista del pecado ofende a Dios -dijo el desconocido-, la vista de lo feo ofende a Apolo. Lo bello y lo egregio se impacientan necesariamente con lo mezquino y...

- ¡Cómo grandísimo loco! -grito MacIan, enderezándose en toda su tremenda estatura-. ¿Piensa usted que solamente he dudado a causa de ese golpe con la espada¡ Bien sé que órdenes muy nobles tienen malos caballeros, que buenos caballeros tienen mal carácter, que la iglesia tiene curas brutos y cardenales groseros; lo sé desde que nací. ¡Loco! Con que hubiese dicho: "Sí, es una vergüenza", habría yo olvidado ese asunto. Pero vi en tu boca la huella de una sofística infernal; conocí que había algo malo en ti y en tus catedrales. Algo de malo; todo es malo. No eres un ángel. Es decir, no eres una iglesia. El rey que ha vuelto no es el rey legítimo.

- Es una lástima -dijo el otro, con voz tranquila, pero ruda-, porque vamos a ver a Su Majestad.

- No -dijo MacIan-; a donde voy es a saltar por la borda.

- ¿Deseas morir?

- No -dijo Evan con entera calma-. Deseo un milagro.

- ¿A quién se lo pides? ¿A quién acudes? -dijo su compañero, severamente-. Has sido traidor al rey, renegado de la cruz en la catedral e insultado a un arcángel.

- Recurro a Dios -dijo Evan, y de un salto se puso en pie sobre la borda de la nave, que se bamboleaba. El ser que estaba en la proa se volvió lentamente; miró a Evan con ojos que parecían dos soles, y se tapó la boca con una mano, un poco tarde para mostrar una sonrisa horrible.

- ¿Y cómo sabes -dijo- que no soy Dios?

MacIan dio un grito.

- ¡Ah! -exclamó-. Ahora ya sé quien eres, en efecto. No eres Dios. No eres un ángel de Dios. Pero lo has sido.

El ser dejó caer la mano de la boca y MacIan cayó fuera del navío.


Gilbert Keith Chesterton (Inglaterra, 1874-1936).

(Traducido al español por Manuel Azaña).

sábado, 10 de agosto de 2019

Tu boca: EL CANTO DE LA ANGUSTIA, de Leopoldo Lugones

"Tu boca, donde suspira la sombra interior habitada por los sueños..."

Yo andaba solo y callado
Porque tú te hallabas lejos;
Y aquella noche
Te estaba escribiendo,
Cuando por la casa desolada
Arrastró el horror su trapo siniestro.

Brotó la idea, ciertamente,
De los sombríos objetos;
El piano,
El tintero,
La borra de café en la taza,
Y mi traje negro.

Sutil como las alas del perfume
Vino tu recuerdo.
Tus ojos de joven cordial y triste,
Tus cabellos,
Como un largo y suave pájaro
De silencio.
(Los cabellos que resisten a la muerte
Con la vida de la seda, en tanto misterio.)

Tu boca, donde suspira
La sombra interior habitada por los sueños,
Tu garganta,
Donde veo
Palpitar como un sollozo de sangre,
La lenta vida en que te meces durmiendo.

Un vientecillo desolado,
Más que soplar, tiritaba en soplo ligero,
Y entretanto,
El silencio,
Como una blanda y suspirante lluvia
caía lento.
Caía de la inmensidad,
Inmemorial y eterno.

Adivinábase afuera
Un cielo
Peor que oscuro:
Un angustioso cielo ceniciento.

Y de pronto, desde la puerta cerrada
Me dio en la nuca un soplo trémulo
Y conocí que era la cosa mala
De las casas solas, y miré el blanco techo,
Diciéndome: "Es una absurda
Superstición, ridículo miedo."
Y miré la pared impávida,
Y noté que afuera había parado el viento.

Oh, aquel desamparo exterior y enorme
Del silencio.
Aquel egoísmo de las puertas cerradas.
Que sentía en todo el pueblo.
Solamente no me atrevía
A mirar hacia atrás, aunque estaba cierto
De que no había nadie; pero nunca,
Oh, nunca habría mirado de miedo.
Del miedo horroroso
De quedarme muerto.

Poco a poco, en vegetante
Pululación de escalofrío eléctrico,
Erizándose en mi cabeza
Los cabellos.
Uno a uno los sentía,
Y aquella vida extraña era otro tormento.

Y contemplaba mis manos
Sobre la mesa, qué extraordinarios miembros
Mis manos tan pálidas,
Manos de muerto.
Y noté que no sentía
Mi corazón desde hacía mucho tiempo.
Y sentí que te perdía para siempre,
Con la horrible certidumbre de estar despierto.

Y grité tu nombre
Con un grito interno,
Con una voz extraña
Que no era la mía y que estaba muy lejos.
Y entonces, en aquel grito

Sentí que mi corazón muy adentro,
Como un racimo de lágrimas,
Se deshacía en un llanto benéfico.
Y que era el dolor de tu ausencia
Lo que había soñado despierto.


Leopoldo Lugones (Argentina, 1874-1938).

viernes, 9 de agosto de 2019

Tu boca: ORIENTACIONES, de Somerset Maugham

"... no pasarán muchos años antes de que tu adorable piel se vuelva gruesa y fangosa, y tus dientes amarillos, y las arrugas aparezcan sobre tu boca y tus ojos."

De amicitia

(Fragmento del capítulo V)

A la mañana siguiente Valentina recibió la respuesta del señor Rollo a su carta, en la que éste se disculpaba por el retraso para responderle.

«Tú eres un filósofo», le dijo –y ella podía ver la risita con la que él habría escrito esas palabras-. «Tú eres un filósofo, y temía que mi respuesta pudiera perturbar el curso de tus reflexiones sobre la amistad. Confieso que no entendí cabalmente tu carta, pero asumo  que los sentimientos son correctos, y me ha dado un gran placer saber que tu experimento haya tenido tan excelentes resultados. Veo que aún no has descubierto que hay algo más que una conexión verbal entre la amistad y el amor.»

La referencia es de los equivalentes franceses para esos estados de ánimo.

«Para hablar en serio, querida niña. Ahora eres joven y hermosa, aunque no pasarán muchos años antes de que tu adorable piel se vuelva gruesa y fangosa, y tus dientes amarillos, y las arrugas aparezcan sobre tu boca y tus ojos. Tampoco quedan muchos años antes de que comiences a recolectar sensaciones y el recuerdo de los amores es, tal vez, el mayor placer que queda a la vejez. Ser virtuosa, querida, es admirable, pero hay tantas interpretaciones de la virtud. En lo que a mí concierne, puedo decir que nunca he lamentado las tentaciones a las que he sucumbido, y a menudo las tentaciones a las que he resistido. Por lo tanto, ¡amor, amor, amor! Y recuerda que si el amor a los sesenta en un hombre es a veces patético, en una mujer a los cuarenta siempre es ridículo. Por lo tanto, toma tu juventud con ambas manos para decirte a ti misma: la vida es corta, ¡pero déjenme vivirla antes de morir!».


Somerset Maugham (Inglés nacido y fallecido en Francia, 1874-1965).

jueves, 8 de agosto de 2019

Tu boca: EL QUERER, de Manuel Machado

"... que en la sed de este amor loco tu eres mi sed y mi agua."

En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.

Me he enamorado de ti
y es enfermedad tan mala,
que ni la muerte la cura,
¡bien lo saben los que aman!

Loco me pongo si escucho
el ruido de tu charla,
y el contacto de tu mano
me da la vida y me mata.

Yo quisiera ser el aire
que toda entera te abraza,
yo quisiera ser la sangre
que corre por tus entrañas.

Son las líneas de tu cuerpo
el modelo de mis ansias,
el camino de mis besos
y el imán de mis miradas.

Siento al ceñir tu cintura
una duda que me mata
que quisiera en un abrazo
todo tu cuerpo y tu alma.

Estoy enfermo de ti,
de curar no hay esperanza,
que en la sed de este amor loco
tu eres mi sed y mi agua.

Maldita sea la hora
en que contemplé tu cara,
en que vi tus ojos negros
y besé tus labios grana.

Maldita sea la sed
y maldita sea el agua,
maldito sea el veneno
que envenena y que no mata.

En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.


Manuel Machado (España, 1874-1947).

miércoles, 7 de agosto de 2019

Tu boca: LA NIÑA DE LOS CUENTOS, de Lucy Maud Montgomery

(Fragmento del capítulo IX: La semilla mágica)

- Beverley King, ¿qué tienes ahí?

Guardé apresurada la caja en mi baúl y confronté a Dan.

- Nada que te importe –le dije desafiante.

- Sí, "tis" -Dan era demasiado en serio para resentir mi respuesta cortante-.

- Mira, Bev, ¿es una semilla mágica? ¿Y la conseguiste con Billy Robinson?

Dan y yo nos miramos, con la sospecha rondando en nuestros ojos.

- ¿Qué sabes de Billy Robinson y su semilla mágica?

- Sólo esto. Le compré una caja para… para algo. Me dijo que ya no la iba a vender a nadie más. ¿Te la vendió también a ti?

- Sí, lo hizo -dije con asco-, porque empezaba a entender que Billy y su semilla mágica eran fraudes redomados.

- ¿Para qué? Tu boca tiene un tamaño decente -dijo Dan.

- ¿Boca? ¡No tenía nada que ver con mi boca! Dijo que me haría crecer. Y no lo ha hecho, ¡ni un centímetro! ¡No veo para qué la querías tú! Eres lo suficientemente alto.

- La tengo para mi boca -dijo Dan con una sonrisa avergonzada-. Las chicas de la escuela se ríen de su forma. Kate Marr dice que es como una herida en un pastel. Billy me dijo que con seguridad esta semilla la encogería.

Bueno, ¡ahí estaba! Billy nos había engañado a los dos. Aunque tampoco éramos las únicas víctimas. No enteramos de toda la historia al mismo tiempo. De hecho, el verano ya casi había terminado y de una u otra manera, se nos reveló toda la medida de la iniquidad del desvergonzado Billy Robinson. Todos los alumnos de la escuela Carlisle, como nos iríamos enterando, habían comprado semillas mágicas, bajo solemne promesa de guardarlo en secreto. Félix había creído que lo haría felizmente delgado. El pelo de Cecilia se volvería naturalmente rizado, y Sara Ray ya no le tendría miedo a Peg Bowen. Era para hacer a Felicity tan inteligente como la Niña de los Cuentos y que la Niña de los Cuentos fuera tan buena cocinera como Felicity. El motivo por el que Pedro había comprado la semilla mágica se mantuvo en secreto más tiempo que cualquiera de los demás. Finalmente -la noche anterior a lo que esperábamos sería el Día del Juicio-, me confesó que la había tomado para que Felicity se fijara en él. Hábilmente, sin duda, el astuto de Billy había jugado con nuestras respectivas debilidades.


Lucy Maud Montgomery (Canadá, 1874-1942).

martes, 6 de agosto de 2019

Tu boca: LA LECCIÓN PARA HOY, de Robert Frost


(Fragmentos)

Cualquier edad es igual que otra para el alma.
Te lo estoy diciendo. Tú no has dicho nada,
a menos que ponga en tu boca algo para decir.
Estoy sosteniendo toda la discusión a mi manera-
pero en tu favor –agradeceré que se lo digas a tu rey-
acepto que todas las edades brillan
con igual oscuridad, la tuya tan oscura como la mía.
Soy liberal. Tú, tú eres aristócrata,
no sabrás con exacritud que trato de decir con eso.
Me refiero a una moral tan altruista
nunca tomo partido de mi propio lado en una disputa.
Mi  mano dejo sobre su mano en el cetro,
me apoyo en la espalda y tengo en confidencia mi risa,
y dile que he leído su epitafio.
(...)

Sostengo tu doctrina de Memento Mori.
Y si un epitafio será mi historia
tengo uno breve listo para mí.
Quisiera que en mi lápida escribieran:
tuve con el mundo una querella de amantes.


(One age is like another for the soul.
I’m telling you. You haven’t said a thing,
Unless I put it in your mouth to say.
I’m having the whole argument my way-
But in your favor –please to tell your King-
In having granted you all ages shine
With equal darkness, yours as dark as mine,
I’m liberal. You, you aristocrat,
Won’t know exactly what I mean by that.
I mean so altruistically moral
I never take my own side in a quarrel.
I’d lay my hand on his hand on his staff
Lean back and have my confidential laugh,
And tell him I had read his Epitaph.
...
I hold your doctrine of Memento Mori.
And were an epitaph to be my story
I’d have a short one ready for my own.
I would have written of me on my stone:
I had a lover’s quarrel with the world
.)


Robert Frost (Estados Unidos, 1874-1963).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).