Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

jueves, 7 de enero de 2016

Unicornios: UN LUGAR SALUDABLE, de W. H. Auden

"Tal como observan el mundo en sus periódicos de la mañana (...) habrían deseado tanto ver un unicornio..."

Son estupendos -a uno nunca se le ocurriría revisar
Cualquier contrato de ellos con
Lupa o poner bajo llave las cartas propias- también
Amables y eficaces -uno consigue lo que pide.
¿Sólo lo que está mal, entonces, lo que, viviendo entre ellos,
A uno le impresiona constantemente, el número de
Matrimonios felices y de gente infeliz?
Todos acuden a las conferencias sobre Problemas de Posguerra,
Porque ellos se interesan, honradamente quieren ayudar; pero
Tal como observan el mundo en sus periódicos de la mañana,
¿Qué sentido le dan a su locura y horror
Los que nunca, uno está convencido, han sentido súbito
Deseo de torturar al gato o hacer un strip-tease
En un lugar público? ¿Alguna vez, uno se pregunta, habrían
Deseado tanto ver un unicornio, incluso
Uno muerto? Probablemente. Pero no lo dirán,
Ignorando por tácito consentimiento nuestra hambre
De vida eterna, esa enjaulada y censurada cuestión
Ocasionalmente expresada en fiestas al aire libre
O en las reuniones de Facultad, y cuya historia de sala de fumadores,
Asaz irónicamente, se sostiene sola.
 
 
Wystan Hugh Auden (Inglés nacionalizado estadounidense fallecido en Austria, 1907-1973).
 
(Traducido al español por Margarita Ardanaz).

miércoles, 6 de enero de 2016

Unicornios: PÁLIDO FUEGO, de Vladimir Nabokov

"... transformando peones en unicornios de marfil..."

 (Fragmento del Canto Tercero)
 
¡Vida Eterna... basada en una errata!
Mientras volvía a casa reflexioné:
¿aceptar la sugestión  y dejar de investigar mi abismo?
Pero de pronto vi que allí estaba
la verdadera cuestión, el tema en contrapunto;
nada más que esto: no el texto sino la textura; no el sueño
sino la coincidencia invertida,
no el absurdo fútil sino una trama de sentido.
¡Sí! Bastaba que yo pudiera encontrar en la vida
algún vínculo laberíntico, una especie
de estructura concordante en el juego,
un arte plexiforme y algo del mismo
placer que quienes lo jugaban encontraban.
 
No importaba saber quiénes eran. Ningún ruido,
ninguna luz furtiva salía de su intrincada
morada, pero allí estaban, apartados y mudos,
jugando a un juego de mundos, transformando peones
en unicornios de marfil y faunos de ébano;
manteniendo aquí una larga vida, extinguiendo
allá una breve; matando a un rey balcánico;
haciendo caer del cielo un gran trozo de hielo formado
en un avión que vuela a gran altura
y causando la muerte de un granjero; escondiendo mis llaves,
mis anteojos o mi pipa. Coordinando estos
acontecimientos y estos objetos con sucesos lejanos
y objetos desaparecidos. Haciendo ornamentos
de accidentes y posibilidades.
 
 
 Vladimir Nabokov (Ruso nacionalizado estadounidense, 1899-1977).

martes, 5 de enero de 2016

Unicornios: CINCO ÚLTIMOS POEMAS PARA CRIS, de Julio Cortázar

"Pero no soy Tiresias, tan sólo el unicornio que busca el agua de tus manos..."

 IV
 
Quisiera ser Tiresias esta noche
y en una lenta espera boca abajo
recibirte y gemir bajo tus látigos
y tus tibias medusas.
 
Sabiendo que es la hora
de la metamorfosis recurrente,
y que al bajar al vórtice de espumas
te abrirías llorando,
dulcemente empalada.
 
Para volver después
a tu imperioso reino de falanges,
al cerco de tu piel, tus pulpos húmedos,
hasta arrastrarnos juntos y alcanzar abrazados
las arenas del sueño.
 
Pero no soy Tiresias,
tan sólo el unicornio
que busca el agua de tus manos
y encuentra entre los belfos
un puñado de sal.

 
Julio Cortázar (Argentino nacido en Bruselas, Bélgica en 1914; y fallecido en París, Francia en 1984).

lunes, 4 de enero de 2016

Unicornios: UNICORNIOS DE MAR Y UNICORNIOS DE TIERRA, de Marianne Moore


(Fragmento)

Esta es una extraña fraternidad –la de esos leones marinos y leones terrestres,
unicornios terrestres y unicornios marinos:
el rampante león domesticado,
concesivo como el oso de larga cola del Ecuador-
el león se mantiene de pie contra la pantalla de aire tejido
que es el bosque:
también lo hace en reciprocidad el unicornio, sobre sus patas traseras.
Un acertijo para los cazadores, es esta bestia oronda,
que se distingue de aquellas que nacieron sin cuerno,
como el león manso de San Jerónimo,
y se rebela orgulloso contra los perros
que juegan consternados con la cadena de luz
que surge desde su cuerno-
los perros persisten en su busca como si pudieran atraparla,
«derivando un agradable terror» desde «el rayo de luna de su garganta»
en fuego, esa blanca capa suya no consumida como piel de salamandra.
Tan receloso para desaparecer por siglos y reaparecer,
sin haber sido capturado todavía,
el unicornio se ha preservado
gracias a un dispositivo sin igual
forjado como si fuera el trabajo de expertos herreros,
con el que nada se puede comparar-
este animal de un solo cuerno
es capaz de arrojarse de cabeza desde lo alto de un risco
para luego alejarse ileso caminando;
consciente de su hazaña y del que, como Herodoto,
sólo he podido ver su imagen.
Así, a este extraño animal de milagrosa elusividad,
se le considera único,
«imposible capturarlo vivo»,
domesticado sólo por una dama tan inofensiva como él-
curiosamente, a la vez, salvaje y gentil.


Marianne Moore (Estados Unidos, 1887-1972)

domingo, 3 de enero de 2016

Unicornios: EL UNICORNIO Y EL OCÉANO, de Lucian Blaga


Receloso, el unicornio se acerca a las orillas,
mira hacia la alta mar, en el horizonte, las olas.

Retrocedería al alcanzarle las aguas,
pero el misterio con espuelas de plata lo atraviesa.
 
Sobre la orilla, el unicornio, un instante como un año,
se enfrenta en el cuento con el océano.
 
¿Es agua u otro ser con olas
en las que se sumerge hasta los tobillos?
 
Se alza por el miedo de entre las ruinas
cuando el misterio se quiebra en los bordes.
 
 
Lucian Blaga (Rumania, 1895-1961)

viernes, 1 de enero de 2016

Unicornios: LA PARADOJA DEL UNICORNIO, de Manuel de Lope

"El cuerno del unicornio ahora es colmillo de narval."

(Fragmento)

La realidad es opaca, decía Nabokov. La doble relación del hombre con el territorio de la realidad y con el territorio de la imaginación queda resumida en lo que llamaré la paradoja del unicornio. Durante muchos siglos aparecían en las playas nórdicas largos cuernos de marfil que en ocasiones alcanzaban dos o tres metros de envergadura, suavemente torneados, perfectos en su afilada forma. Eran tan apreciados que pasaban a ser propiedad de reyes y a formar parte del tesoro de las catedrales. Se dice que Carlos el Temerario, duque de Borgoña, llegó a pagar por uno de esos cuernos su peso en oro. Se le atribuían poderes mágicos. Su posesión era algo más que un emblema del lujo y del poder. Era el contacto con una joya inexplicable, ya que el origen de tales piezas resultaba misterioso. Se suponía  que pertenecía al unicornio, un caballo que llevaba un largo cuerno en la frente, animal tan tímido que nunca se dejaba ver. Junto con el león, el unicornio pasó a formar parte del escudo de Gran Bretaña, procedente de las armas de Escocia. Así pues, el unicornio habitaba un territorio desconocido, del que fácilmente pasaba al mundo de los símbolos. La heráldica de uno de los países más poderosos del planeta no dudaba en utilizar su impacto sobre la imaginación. Pero su anclaje con la realidad, con lo palpable, con las tres dimensiones del mundo físico, era evidente. Allí estaba el precioso cuerno para dar fe de la existencia del caballo. Así eran las cosas, y el unicornio siguió siendo uno de los motivos predilectos de la iconografía siempre que se quisiera representar lo sublime y las aspiraciones de perfección. Mientras tanto el caballo pastaba en sus bosques umbríos y acudía a morir a las playas. Sin dejarse ver.
 
Al siglo XIX, al que debemos la ciencia positiva y la literatura de tipo catastral, le debemos también haber revelado el secreto del unicornio. Sucedió que con el desarrollo de las artes de pesca, se descubrió en los mares fríos un nuevo cetáceo, uno de cuyos colmillos se desarrollaba desmesuradamente formando una especie de lanza de marfil. A este mamífero pariente de las ballenas se le llamó narval. Desde tan interesante descubrimiento sabemos que los cuernos de unicornio son en realidad colmillos de narval. El tímido caballo de los bosques se convierte científicamente en un cachalote odontoceto, un gran pez chato, no demasiado raro, tampoco abundante, una curiosidad de la naturaleza siempre debido al fascinante colmillo. Así quedaba el unicornio definitivamente anclado en la realidad.
 
Sin embargo, no por eso desaparece la imagen del caballo unicornio, que prosigue su existencia autónoma, simbólica, al tiempo que el narval inicia la suya, científica, numérica (se pueden estimar los ejemplares capturados, se les puede medir y pesar). El cuerno del unicornio ahora es colmillo de narval. De ser mercancía sagrada o real, los colmillos de narval han pasado a ser un estimado objeto de anticuario o de comerciante de curiosidades naturales. Ahora se puede contemplar un cuerno de unicornio en el tesoro de la catedral de Ratisbona y un colmillo de narval en la tienda de un comerciante de Portobello. Los dos ámbitos coexisten, el territorio imaginario y el territorio científico, el territorio simbólico y el territorio real.
 
Sin embargo, cuerno o colmillo, las cosas pueden apreciarse de otro modo. La obra de arte siguen siendo la inusitada pieza de marfil en nuestras manos. Poco le interesa al novelista trazar la frontera que la ciencia y la mitología trazan con tanta facilidad. El unicornio sigue en el escudo de Gran Bretaña y el narval retoza por esos mares. Para el escritor la realidad es opaca, decía Nabokov, a quien hemos citado antes. Mi ambición es describir al cetáceo con palabras de unicornio. Es una paradoja que el novelista asume probablemente porque le ha sido otorgado el don de no comprender y la curiosidad de querer saber más.
 
 
Manuel de Lope (España, 1949) 

jueves, 31 de diciembre de 2015

Unicornios: VEINTE MIL LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO, de Jules Verne

"... el unicornio será lo bastante amable como para llevarme hacia las costas de Francia."

(Fragmento del capítulo 3 de la primera parte: Como el señor guste)

Tres segundos antes de la recepción de la carta de J. B. Hobson, estaba yo tan lejos de la idea de perseguir al unicornio como de la de buscar el paso del Noroeste. Tres segundos después de haber leído la carta del honorable Secretario de la Marina, había comprendido ya que mi verdadera vocación, el único fin de mi vida, era cazar a ese monstruo inquietante y liberar de él al mundo. 

Sin embargo, acababa de regresar de un penoso viaje y me sentía cansado y ávido de reposo. Mi única aspiración era la de volver a mi país, a mis amigos y a mi pequeño alojamiento del jardín de Plantas con mis queridas y preciosas colecciones. Pero nada pudo retenerme. Lo olvidé todo, fatigas, amigos, colecciones y acepté sin más reflexión la oferta del gobierno americano. 

«Además –pensé-,  todos los caminos llevan a Europa y el unicornio será lo bastante amable como para llevarme hacia las costas de Francia. El digno animal se dejará atrapar en los mares de Europa, en aras de mi conveniencia personal, y no quiero dejar de llevar por lo menos medio metro de su alabarda al Museo de Historia Natural.»
 
 
Jules Verne (Francia, 1828-1905)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Unicornios: REYES DE LA TIERRA, de Gonzalo Rojas Flores


El camahueto

Era un animal parecido a un ternero, de color plomizo brillante, con un cuerno en la frente. Este cuerno estaba seguramente vinculado a las creencias europeas en el unicornio. Para que naciera un Camahueto, era necesario enterrar un pedazo de su cuerno. A medida que éste crecía, empezaba a brotar una pequeña vertiente de agua, que luego se transformaba en arroyo. Ciertas versiones indican que durante su etapa de crecimiento, el Camahueto permanecía enterrado. Otros aseguran que en ese período vivía en ríos y lagunas fangosas. Al alcanzar su madurez -a los veinticinco años aproximadamente-, emergía violentamente de su refugio y emprendía viaje hacia el mar, destruyendo bosques, sembradíos, cercas y todo lo que encontraba a su paso, dejando profundos surcos en la tierra. Una vez en el mar, embestía y hundía las embarcaciones y acababa con los peces.

Para evitar estas destrucciones, debía ser capturado antes de que llegara al mar. Sólo los brujos y machi podían hacerlo, pues eran los únicos que podían verlo. En noches de plenilunio, lo laceaban con una soga de sargazo, un alga fucacea capaz de soportar la fuerza del animal, sin romperse. Según otra versión, la cuerda debía ser de voqui. una enredadera de tallo flexible. Una vez laceado, el brujo, con un machete, le arrancaba el cuerno. Sin él, perdía toda su fuerza y podía ser conducido fácilmente hacia el mar.

Las raspaduras del cuerno eran utilizadas en la fabricación de ungüentos mágicos que servían para sanar afecciones a la piel, el reumatismo, la enfermedad del susto, enfermedades nerviosas, la anemia y el desgano. También servía para elaborar briznas que se aplicaban sobre las quebraduras. Una sobredosis de estos polvos podía «encamahuetar» al paciente, dotándolo de una poderosa fuerza y tornándolo violento. Debido a que del cuerno podía nacer otro Camahueto, los brujos debían tener cuidado en hervir las raspaduras. En ciertas ocasiones, sin embargo, el brujo no lo hacía y, para vengarse de alguien, enterraba un pedazo de cuerno, engendrando un nuevo animal.


Gonzalo Rojas Flores (Chile, 19?)
 
La ilustración corresponde a Camahueto, de Rodrigo Verdugo.

martes, 29 de diciembre de 2015

Unicornios: FÁBULA DEL UNICORNIO, de Wilfredo Machado

"El unicornio se arrojó a la oscuridad y al tocar el líquido comenzó a hundirse..."
 
Cuando Noé vio el cuerno que sobresalía de la espesa crin en la frente, no dudó ni un instante sobre la identidad del animal que pedía humildemente ser aceptado en el Arca ante la inminencia del Diluvio.
 
Jamás había visto a un unicornio, pero los libros antiguos lo describían como un animal más bien pequeño, semejante a una cabra y de carácter huidizo; con un largo cuerno rematado en una afilada punta, parecido a ciertas especies de caracol no muy abundantes en estos días.
 
Cuenta la tradición que, finalizado el Diluvio y agotados los pájaros por el ir y venir a través de la tormenta y de la noche, Noé envió al Unicornio a comprobar si había bajado el nivel de las aguas. El unicornio se arrojó a la oscuridad y al tocar el líquido comenzó a hundirse. Ante la cercanía de la muerte rogó a un Dios por su vida. Éste lo transformó en un narval, dejándolo conservar sólo el cuerno como memoria de un pasado que desaparecía en el océano del tiempo.
 
En las noches claras, cuando el viento rompe el crepúsculo del agua en ondas oscuras, añora galopar bajo el vientre de una doncella desnuda con la luna como una pecera de fondo.
 
A veces atraviesa a algunos bañistas con su afilado cuerno buscando a Noé desde tiempos remotos.
 
 
Wilfredo Machado (Venezuela, 1956)

lunes, 28 de diciembre de 2015

Unicornios: CAÍN, de José Saramago

"... si consiguiese convencer a uno de estos animales para que entrara en el arca, el unicornio preferentemente..."

(Fragmento del capítulo 12)

El señor le preguntó también a noé cómo llevaba lo de seleccionar a los animales que irían en el arca, y el patriarca dijo que una buena parte ya estaba reunida y que, en cuanto la obra del arca estuviera acabada, conseguirían los que todavía faltaban. No era verdad, era, tan sólo, una pequeña parte de la verdad. Realmente tenían unos cuantos animales, de los más comunes, en un cercado instalado al otro lado del valle, poquísimos si los comparamos con el plan de recogida establecido por el señor, es decir, todos los bichos vivientes, desde el panzudo hipopótamo hasta la más insignificante pulga, sin olvidar lo que hubiese desde ahí para abajo, incluyendo los microorganismos, que también son gente. Gente, en este amplio y generoso sentido, son también ciertos animales de los que mucho se habla en ciertos círculos restringidos que cultivan el esoterismo, pero que nunca nadie podrá presumir de haber visto. Nos referimos, por ejemplo, al unicornio, al ave fénix, al hipogrifo, al centauro, al minotauro, al basilisco, a la quimera, a todo ese animalario desemejante y heterogéneo que no tiene más que una justificación para existir, haber sido producido por dios en una hora de extravagancia, aunque creados del mismo modo que hizo al asno ordinario, de los muchos que pueblan estas tierras. Imagínese el orgullo, el prestigio, el crédito que noé ganaría ante los ojos del señor si consiguiese convencer a uno de estos animales para que entrara en el arca, el unicornio preferentemente, suponiendo que lo consiguiera encontrar alguna vez. El problema del unicornio es que no se le conoce hembra, luego no hay manera de que pueda reproducirse por las vías normales de la fecundación y la gestación, aunque, bien pensado, tal vez no se necesite, pues la continuidad biológica no lo es todo, basta con que la mente humana cree y recree aquello que oscuramente profesa.

(Fragmento del capítulo 13) 

Fue entonces cuando noé dio un grito, El unicornio, el unicornio. Efectivamente, galopando a lo largo del arca corría aquel animal sin par en la zoología, con su cuerno en espiral, todo él de una blancura deslumbrante, como si fuera un ángel, ese caballo fabuloso de cuya existencia tantos habían dudado, y ahora estaba ahí, casi al alcance de la mano, bastaría pedir que bajaran el arca, abrirle la puerta y atraerlo con un terrón de azúcar, que es el mimo que la especie equina más aprecia, es casi su perdición. De repente, el unicornio, así como apareció, desapareció. Los gritos de noé, Bajen, bajen, fueron inútiles. La maniobra de aterrizaje habría sido logísticamente complicada, y para qué, si el animal ya se había esfumado, quién sabe en qué tierras andará en este momento.


José Saramago (Portugal, 1922-2010). Obtuvo el premio Nobel en 1998.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Unicornios: DICE DIOS, de Alain Bosquet

"... al ángel y al unicornio; pero para evitar algunos malentendidos he creído conveniente volverlos invisibles."
 
Dice Dios:
 
Era un asunto urgente; me pregunté
para que servían mis criaturas
más extrañas:
el dragón, el ángel, el unicornio.
Convoqué aquellos en los que creía,
reales, poderosos, incontestables;
el baobab, el caballo de labor, la montaña acodada en el mar.
 
Celebraron diez conferencias
sin ponerse de acuerdo.
Así que he conservado
al dragón, al ángel y al unicornio;
pero para evitar algunos malentendidos
he creído conveniente volverlos invisibles.
 
 
Alain Bosquet: Anatoliy Bisk (Francés nacido en Ucrania, 1918-1998)

sábado, 26 de diciembre de 2015

Unicornios: LOS UNICORNIOS, de Julio Torri

"... se negaron a entrar en el arca. Con gallardía prefirieron extinguirse."

Creer que todas las especies animales sobrevivieron al diluvio es una tesis que ningún naturalista serio sostiene ya. Muchas perecieron; la de los unicornios entre otras. Poseían un hermoso cuerno de marfil en la frente y se humillaban ante las doncellas.

Ahora bien, en el arca, triste es decirlo, no había una sola doncella. Las mujeres de Noé y de sus tres hijos estaban lejos de serlo. Así que el arca no debió de seducir grandemente al unicornio.

Además Noé era un genio, y como tal, limitado y lleno de prejuicios. En lo mínimo se desveló por hacer llevadera la estancia de una especie elegante. Hay que imaginárnoslo como fue realmente: como un hombre de negocios de nuestros días: enérgico, grosero, con excelentes cualidades de carácter en detrimento de la sensibilidad y la inteligencia. ¿Qué significaban para él los unicornios?, ¿qué valen a los ojos del gerente de una factoría yanqui los amores de un poeta vagabundo? No poseía siquiera el patriarca esa curiosidad científica pura que sustituye a veces al sentido de la belleza.

Y el arca era bastante pequeña y encerraba un número crecidísimo de animales limpios e inmundos. El mal olor fue intolerable. Con su silencio a este respecto el Génesis revela una delicadeza que no se prodiga por cierto en otros pasajes del Pentateuco.

Los unicornios, antes que consentir en una turbia promiscuidad indispensable a la perpetuación de su especie, optaron por morir. Al igual que las sirenas, los grifos, y una variedad de dragones de cuya existencia nos conserva irrecusable testimonio la cerámica china, se negaron a entrar en el arca. Con gallardía prefirieron extinguirse. Sin aspavientos perecieron noblemente. Consagrémosles un minuto de silencio, ya que los modernos de nada respetable disponemos fuera de nuestro silencio.


 Julio Torri (México, 1889-1970).

viernes, 25 de diciembre de 2015

Unicornios: EL ÚLTIMO PASAJERO, de C. S. Lewis

"... por tu mezquindad el arca debe partir sin llevar al unicornio."

Del mortecino cielo caía densa y negra la lluvia resonante.
Mientras a la ventana del arca del Diluvio se asomaban los hijos de Noé.

Ya guardadas las bestias, observó Jafet: "una criatura veo
Que con grave retraso y sin pareja viene a llamar a la puerta."

"Pues déjala llamar," dijo Cam, "que se ahogue o que a nadar aprenda.
Ya estamos apiñados como estamos, y lugar para él no tenemos."

"Está llamando aún, y terrible es su modo," dijo Sem, "son sus patas
Duras como los callos, oh, sin embargo afable se muestra su figura."

Dijo Cam: "ya calla, despertarás a papá y enseguida verá
Al que llama a la puerta, y para ambos de cierto más trabajo nos trae."

Sonó la voz potente de Noé, del vientre oscuro del arca tronando,
"Toca algún animal a nuestra puerta. Recíbanlo antes de partir."

Contestó a gritos Cam, a sus propios hermanos empujando con furia,
"Lo que oyes es tan sólo Jafet que está clavando la suela de un zapato."

Dijo Noé: "muchachos, parecido a pezuñas de caballo oigo un ruido."
Dijo Cam: "De la lluvia retumban los tremendos tambores en el techo."

Se abalanzó Noé sobre cubierta y asomó la cabeza;
Palideció, temblaron sus rodillas y barba en mano profirió:

"¡No esperó, miren, miren! Ya se aleja. Escapa de nosotros.
¡Bonita jugarreta le hicieron entre todos esta noche, mis hijos!

"Incluso si pudiera detenerlo y hablarle, ya no volvería...
No después de esto. Nuestra grosería merece que así nos desdeñe.

"Noble bestia sin par, fueron mis hijos todos insensibles a ti;
En la enorme negrura ¿qué cuadra y qué pesebre podrías encontrar?" ¡Oh, cascos deslumbrantes! ¡Oh, crines en cascada! ¡Oh, ollares dilatados
De despecho! ¡En tu cuello arqueado se eriza sublime altanería!

"Largos serán los surcos por erosión labrados en el alma del hombre
Antes de que podamos verte volver un día a la caballeriza,

"Y siempre seguirá nuestra raza caminos oscuros y torcidos,
Cargando una bravura toda marchita como flor con el tallo roto, "Y la tierra entera, oh, Cam, tendrá por maldita la hora en que naciste;
Pues por tu mezquindad el arca debe partir sin llevar al unicornio."



Clive Staples Lewis (Irlanda, 1898-1963)
 
(Traducido al español por Georgina Blanco)

jueves, 24 de diciembre de 2015

Unicornios: FRAGMENTO DE FRESCO ANTIGUO, de Vasile Voiculescu

"En su aburrimiento hizo una criatura esmaltada de flores..."

El paraíso estaba muerto: reloj sin cuerda.
Leones lánguidos dormían junto a los corderos,
tigres y gacelas cabeceaban entre las flores,
el unicornio parecía hecho de tamos hilados,
los caballos de goma, los toros de pereza,
los perros habían dejado de ladrar
y bajo la espesa sombra dormía como una piedra
un mono feo -¿Adán?
Harto de este mundo inmóvil,
el Padre mismo languideció soñando otro ser.
En su aburrimiento hizo una criatura esmaltada
de flores, de fresas, de manzanas,
estrambótica,
ardiente,
turbadora,
con garras de pétalos en las manos y en los pies,
con tierno y fresco olor a pecado.
Los leones han dejado de bostezar,
las fieras la han circundado todas de una vez,
los centauros se han acercado al galope para mirarla
y una bandada de ángeles ha bajado a toda prisa
para alabarla en sus canciones de plata.
Blanda, desnuda, sin vergüenza,
Eva sonreía a todos dulcemente,
y el corazón del paraíso comenzaba por fin a latir.


Vasile Voiculescu (Rumania, 1884-1963)

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Unicornios: DESDE EL GÉNESIS, de Ana Muela Sopeña

"Soy la mujer de viento y sin fronteras, la virgen que persigue al unicornio..."

Soy ésa que se muere por los pórticos
y la que baila en mundos de la sombra,
la que saluda al sol cada mañana,
la que vierte una lágrima de exilio.
 
También la que te cuida y que te abraza,
que habita en lupanares de la noche,
que busca entre mil nombres clandestinos,
que sueña con susurros de la especie.
 
Soy la mujer de viento y sin fronteras,
la virgen que persigue al unicornio,
la hetaira perversa en el silencio.
 
Soy todos esos rostros de la historia
unidos en mi caja de cristal,
en mi memoria antigua, desde el génesis.
 
 
Ana Muela Sopeña (España, 1961)

martes, 22 de diciembre de 2015

Unicornios: SONETO, de Stéphane Mallarmé

"... fábula de ninfa alanceada por llamas de unicornios..."

El de sus puras uñas ónix, alto en ofrenda,
la Angustia, es medianoche, levanta, lampadóforo,
mucho vesperal sueño quemado por el Fénix
que ninguna recoge ánfora cineraria:
 
Salón sin nadie en las credencias conca alguna,
espiral espirada de inanidad sonora,
(El Maestro se ha ido, llanto en la Estigia capta
con eso solo objeto nobleza de la Nada.)
 
Mas cerca la ventana vacante al norte, un oro
agoniza según tal vez rijosa fábula
de ninfa alanceada por llamas de unicornios
 
Y ella apenas difunta desnuda en el espejo
Que ya en las nulidades que clausura el marco
Del centellar se fija súbito el septimino.

 
 
Stéphane Mallarmé (Francia, 1942-1898)

lunes, 21 de diciembre de 2015

Unicornios: EL UNICORNIO, de Iris Murdoch


(Fragmento del capítulo 12)

- Eso, entre otras cosas. De modo que no podemos evitar usarla como chivo expiatorio. En cierta manera, esa es su función y reconocerlo supone hacerle un honor. Ella es nuestra representación de la importancia del sufrimiento. Pero debemos verla también como algo real. Y eso es lo que también nos hará sufrir. 
 
- No estoy seguro de que lo entiendo -dijo Effingham-. Sé que uno no debe pensar en ella como una criatura legendaria, un hermoso unicornio.

- El unicornio es también la imagen de Cristo. Pero también lo tenemos que hacer con un culpable ordinario.

- ¿En verdad la ves como expiando un crimen?

- No soy cristiano. Pero diciendo que es culpable, sólo significa que es como nosotros. Y si no siente culpa, pues mucho mejor para ella. La culpa mantiene a la gente prisionera de sí misma. Lo que no debemos olvidar es que hubo un crimen. Exactamente de quién, es probable que no importe por el momento.

Iris Murdoch (Irlanda, 1919-1999)

domingo, 20 de diciembre de 2015

Unicornios: MOMO, de Michael Ende

"Lo llevaba un unicornio blanco y en él se leía: La casa de ninguna parte."

(Fragmento del capítulo X: Una persecución alocada y una huida tranquila)

Pero en el mismo momento se abrieron solos los dos grandes batientes.
 
Momo se quedó parada un momento, porque encima de la puerta había descubierto otro cartel. Lo llevaba un unicornio blanco y en él se leía: “La casa de ninguna parte”.
 
Como Momo no sabía leer demasiado aprisa, los dos grandes batientes ya estaban cerrándose cuando acababa de deletrearlo. Tuvo el tiempo justo para pasar, antes de que los batientes se cerraran tras ella con un suave trueno.
 
 
Michael Ende (Alemania, 1929-1995) 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Los unicornios de García Lorca

 
La referencia al mítico Unicornio es constante y variada a lo largo de la obra de Federico García Lorca. Desprovisto de cualquier intención crítica y sin el afán de emprender un análisis sobre su valor simbólico o alguna otra minuciosa consideración acerca de sus reiteradas alusiones, me limito a consignar una breve recopilación -lo más exhaustiva posible-, sujeta a la brevedad del presente texto. En pocas palabras, a dejar constancia de las reincidencias del mito en su poética.

En sus Narraciones se encuentra el Pequeño homenaje a un cronista de salones: "Es preciso que el elefante tenga ojos de perdiz y la perdiz pezuñas de unicornio". Este es su poema Procesión:

Por la calleja vienen
extraños unicornios.
¿De qué campo,
de qué bosque mitológico?
Más cerca,
ya parecen astrónomos.
Fantásticos Merlines
y el Ecce Homo,
Durandarte encantado.
Orlando furioso.

Entre sus Canciones se incluye esta Fábula:

Unicornios y cíclopes.
 
Cuernos de oro
y ojos verdes.
Sobre el acantilado,
en tropel gigantesco,
ilustran el azogue
sin cristal, del mar.
 
Unicornios y cíclopes.
 
Una pupila
y una potencia.
¿Quién duda la eficacia
terrible de esos cuernos?
¡Oculta tus blancos,
Naturaleza!

Otra de sus Canciones se titula Segundo aniversario:

La luna clava en el mar
un largo cuerno de luz.
 
Unicornio gris y verde,
estremecido, pero extático.
El cielo flota sobre el aire
como una inmensa flor de loto.
 
(¡Oh, tú sola paseando
la última estancia de la noche!)

Al Romancero gitano pertenece esta Burla de don Pedro a caballo:
 
Por el camino llano
dos mujeres y un viejo
con velones de plata
van al cementerio.
Entre los azafranes
han encontrado muerto
el sombrío caballo
de Don Pedro.
Voz secreta de tarde
balaba por el cielo.
Unicornio de ausencia
rompe en cristal su cuerno.
La gran ciudad lejana
está ardiendo
y un hombre va llorando
tierras adentro.
Al Norte hay una estrella.
Al Sur un marinero.

Para concluir con unas cuantas estrofas de su poema Mundo:
 
Noche de rostro blanco. Nula noche sin rostro.
Bajo el sol y la luna. Triste noche del mundo.
Dos mitades opuestas y un hombre que no sabe
cuándo su mariposa dejará los relojes.
 
Debajo de las alas del dragón hay un niño.
Caballitos de cardio por la estrella sin sangre.
El unicornio quiere lo que la rosa olvida,
y el pájaro pretende lo que las aguas vedan.
 
Sólo tu Sacramento de luz en equilibrio
aquietaba la angustia del amor desligado.
Sólo tu Sacramento, manómetro que salva
Corazones lanzados a quinientos por hora.
 

Jules Etienne