Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

domingo, 20 de junio de 2021

Venecia: LOS VIAJES DE GULLIVER, de Jonathan Swift

"... sino también que en lejanas épocas debió haber gigantes (...) ¿elegido por votación a la manera de Venecia?

(Fragmento del capítulo 7)

El estilo de aquellas gentes es claro, masculino y cuidado, pero no florido, pues nada evitan con tanto escrúpulo como multiplicar palabras innecesarias o emplear para el mismo fin varias expresiones. He leído atentamente muchos de aquellos libros, especialmente de historia y de moral. Entre los demás me divirtió mucho un pequeño tratado antiguo que estaba siempre en el dormitorio de Glumdalclitch y pertenecía al aya de ésta: una dama de alcurnia, grave y entrada en años, que mantenía estrecho comercio con los textos de moral y devoción. El libro trata de la debilidad de la condición humana, y no goza de gran estima, salvo entre las mujeres y el vulgo. Era, sin embargo, curioso para mí ver lo que un autor de aquel país podía decir sobre tal materia. El escritor recorría todos los tópicos corrientes en los moralistas europeos mostrando cuán diminuto, despreciable e indefenso animal es el hombre por su propia naturaleza; cuán incapaz de defenderse por sí mismo de la inclemencia del aire y de los ataques de las bestias feroces; cómo un ser le aventaja en fuerza, otro en ligereza, un tercero en previsión, un cuarto en industria. Añadía que la Naturaleza había degenerado en estas decadentes edades últimas del mundo y hoy sólo producía pequeñas criaturas abortivas en comparación con las nacidas en los tiempos antiguos. Decía que era lógico pensar no sólo que las especies de hombres eran en su origen mucho mayores, sino también que en lejanas épocas debió de haber gigantes, así como la tradición y la historia lo atestiguan y ha sido confirmado por los enormes huesos desenterrados  por casualidad en diversas partes del reino, y que pasan en mucho los de la mermada raza del hombre de nuestros días. Argumentaba que las mismas leyes de la Naturaleza exigían, sin dejar lugar a duda, que en un principio hubiésemos sido creados de más alto y robusto talle, no tan sujetos a ser destruídos por cualquier pequeño accidente, como el desprendimiento de una teja desde una casa, o el lanzamiento de una piedra por la mano de un niño, o la caída en cualquier arroyuelo donde perecer ahogado. De esta índole de razones sacaba el autor varias normas morales útiles para conducirse en la vida, pero que no es necesario copiar aquí. Por mi parte, no pude dejar de reflexionar en lo universalmente extendido que está el talento de hacer discursos de moral, o más bien de descontento y condolencia por las contiendas que con la Naturaleza nos empeñamos en imaginar. Y creo que con una seria averiguación que- daría evidenciado que esas contiendas son tan infundadas por lo que toca a nosotros como por lo que toca a aquel pueblo.

En cuanto a cuestiones militares, se hace gala allí de que el ejército del rey consiste en ciento setenta y seis mil infantes y treinta y dos mil caballos, si es que puede lla- marse ejército el formado por comerciantes en varias ciudades y por agricultores en los campos, bajo el único mando de la nobleza y las gentes principales, que no reciben paga ni recompensa ninguna. Cierto que alcanzan bastante perfección en el ejército y observan muy buena disciplina. Pero yo no veo en ello gran mérito; porque ¿cómo podría ser de otro modo en un sitio donde cada campesino está bajo el mando del propio señor de las tierras y cada ciudadano bajo el de un hombre principal de su misma edad elegido por votación, a la manera de Venecia?

Jonathan Swift (Irlanda, 1667-1745).

sábado, 19 de junio de 2021

Venecia: LAS AVENTURAS DEL CAPITÁN SINGLETON, de Daniel Defoe

"... tomamos pasaje a bordo de aquel navío y nos hicimos a la vela, rumbo a Venecia..."

(Fragmento del capítulo 31: Retorno a la patria)

No sabíamos adónde ir y vacilábamos respecto a nuestra futura residencia, cuando un buque veneciano fondeó en el puerto de Alejandría, para recoger carga con destino a su patria. Aprovechamos la ocasión, hablamos con el capitán del buque, tomamos pasaje a bordo de aquel navío y nos hicimos a la vela, rumbo a Venecia llegando sanos y salvos al cabo de veintidós días. Desembarcamos con nuestro tesoro, nuestro dinero y nuestros fardos, que formaban en conjunto un cargamento tan valioso como no creo que jamás viera otro igual aquella ciudad, al menos siendo propiedad de sólo dos hombres.

Nos hicimos pasar por mercaderes armenios, igual que habíamos hecho antes. En Basora y Bagdad aprendimos a chapurrear el persa y el armenio, de suerte que podíamos hablarnos uno a otro sin que nadie nos entendiera, y a veces ni nosotros mismos. Fuimos vendiendo nuestro cargamento, hasta que el tesoro que poseíamos quedó íntegramente reducido a dinero. Nos instalamos en la ciudad como si qui- siéramos pasar allí una larga temporada. William y yo vivimos juntos del modo más fraternal y con amistad inquebrantable. No nos separaban intereses ni pasiones. Nunca nos despojamos de nuestros trajes de armenios, y seguíamos firmes en nuestro propósito de restituir lo que robamos. En Venecia nos llamaban «los dos griegos».

Daniel Defoe (Inglaterra, 1660-1731).

(Traducido al español por Nicolás Ferrante).

La ilustración corresponde a una vista de la basílica de San Marcos desde la isla de San Giorgio Maggiore, de Michele Marieschi.

viernes, 18 de junio de 2021

Venecia: NEPTUNO ALEGÓRICO, de Sor Juana Inés de la Cruz

"... si ya no providencia misteriosa émula de Venecia la hizo hermosa..."

III

(Tercer lienzo)

Allí, Señor, errante peregrina,
Delos, siempre en la playa cristalina
con mundanza ligera,
fue de su misma patria forastera;
pero apenas la toca
el Rector de las Aguas, cuando roca
ya en fijo centro estriba,
de ondas y vientos burladora altiva;
que a bienes conmutado ya sus males,
patria es de los faroles celestiales:
en quien México está representada,
ciudad sobre las ondas fabricada,
que en césped titubante
ciega gentilidad fundó ignorante:
si ya no providencia misteriosa
émula de Venecia la hizo hermosa
porque pudiese en su primera cuna
consagrarse al Señor de la Laguna;
en quien, por más decoro,
nace en plata Diana y Febo en oro,
que a vuestras plantas postren a porfía
cuanto brilla la noche y luce el día.


Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1648-1695).

jueves, 17 de junio de 2021

Venecia: EL PEDANTE BURLADO, de Cyrano de Bergerac


(Acto segundo, fragmento inicial de le cuarta escena)

Corbineli, Grangier y Paquier.

Corbineli: ¡No es sólo maliciosa, está furiosa! ¡Ay! Todo está perdido, vuestro hijo ha muerto.

Granger: ¡Mi hijo ha muerto! ¿Estás delirando?

Corbineli: No, hablo en serio: vuestro hijo, en verdad, no ha muerto, pero ha caído en manos de los turcos.

Granger: ¿En manos de los turcos? Sujétame, me muero.

Corbineli: Apenas habíamos entrado en el barco para pasar de la puerta de Neslé al muelle de la Escuela...

Granger: ¿Y qué ibas a hacer en la Escuela, borrico?

Corbineli: Mi señor se acordó de la petición que le habíais hecho, de comprar alguna bagatela que fuera poco habitual en Venecia, y de poco valor en París, para regalársela a su tío. Había pensado que podía llevarle una docena de vasijas, que no son muy caras y en toda Europa no se encuentran tan bonitas como las de esta ciudad. Por eso fuimos hacia la Escuela, para comprarlas. Pero apenas nos alejamos de la costa, fuimos apresados por una galera turca.

Granger: ¡Ay! Por el cuerno retorcido de Tritón, el dios marino, ¿quién ha oído decir jamás que el mar llegara a Saint-Cloud, o que ahí hubiera galeras, piratas o escollos?

Corbineli: Por ello la cosa es todavía más extraordinaria. Aunque nadie los haya visto jamás en Francia, ¿quién sabe si no han venido desde Constantinopla hasta aquí, entre dos aguas?

Paquier: En efecto, los topinambures, que viven cuatrocientas o quinientas leguas más allá, antaño llegaron a París. E incluso el otro día los polacos raptaron a la princesa María, en pleno día, en el Hotel de Nevers, sin que nadie osara ni moverse.

Corbineli: Pero no se conformaron con eso, han querido apuñalar a vuestro hijo...

Paquier: ¿Cómo? ¿Sin confesión?

Corbineli: Si no se paga un rescate.

Granger: ¡Ah, miserables! Quieren meter miedo en su joven corazón.

Paquier: En efecto, los turcos no se guardan de tocar el dinero de los cristianos porque tenga una cruz.

Corbineli: Mi señor no podía decir otra cosa más que: "Ve a ver a mi padre y dile..." Con las lágrimas que casi ahogaban sus palabras, me explicó bien que nunca os había sabido decir la ternura que siente por vos...

Granger: ¿Qué diablos hacíais en la galera de un turco? ¡De un turco!

Corbineli: Esos despreciables despiadados no me querían dejar en libertad para venir a veros, si no me hubiera puesto de rodillas ante el más importante de ellos. "¡Ay!, Señor turco", le dije "permitidme que vaya a avisar a su padre, quien os enviará al momento el rescate que pedís".

Granger: No debiste hablar de rescate, se burlarán de ti.

Corbineli: Al contrario. Al oír esta palabra su cara se serenó un poco: "Ve", me dijo "pero si no estás de regreso dentro de un momento, iré a apresar a tu señor en su Colegio y os colgaré a los tres en los mástiles de nuestra nave." Tenía tanto miedo de oír algo aún más enojoso, o de que el diablo viniera a llevarme si me quedaba en compañía de esos excomulgados, que me metí rápidamente en un esquife para avisaros de las funestas particularidades de este encuentro.

Granger: ¿Qué diablos hace en la galera de un turco?

Paquier. ¿Es que no se ha confesado desde hace diez años?

Granger: ¿Pero tú crees que está decidido a ir a Venecia?

Corbineli: No anhela otra cosa.


Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac (Francia, 1619-1655).

(Traducido al español por Montserrat Nofre Alaíz).

miércoles, 16 de junio de 2021

Venecia: ¡LÁSTIMA QUE SEA UNA PUTA!, de John Ford

"... cuando Sannazaro celebró en su breve Encomium a Venecia, la reina de las ciudades..."

(Parlamento del Acto segundo, escena II)

Escena II, habitación en la casa de Soranzo

Soranzo (Entra con un libro y lee): "La medida del amor es extrema; el consuelo, dolor; la vida, inquietud; y la recompensa, desdén..." ¿Qué diablos significa esto? "La medida del amor..." Y sin embargo es así. Así ha escrito el dulce poeta de las rimas licenciosas. Y bien, mientes Sannazaro, porque si tu corazón hubiese sentido una opresión pareja de la mía, hubieras necesitado besar el látigo que te castigaba. Al trabajo, pues, dichosa Musa, y contradigamos lo que escribe el odio del poeta. (Escribe): "La medida del amor es relativa, dulcísimos son sus problemas, vida sus placeres y goces de toda índole su recompensa". De haber vivido Annabella cuando Sannazaro celebró en su breve Encomium a Venecia, la reina de las ciudades, con seguridad no hubiera escrito este verso que le valió semejante suma de dinero. Una sola mirada de Annabella, y hubiera celebrado sus divinas mejillas. Oh... hasta qué punto mis pensamientos son...

John Ford (Inglaterra, 1586-1639).

La ilustración corresponde a Stephano Brasci como Soranzo durante la puesta en escena dirigida por Michael Longhurst en el Shakespeare's Globe de Londres, en 2014 y a un cartel de la obra dirigida por Timothy Askew.

martes, 15 de junio de 2021

Venecia: EL HONROSO ATREVI- MIENTO, de Tirso de Molina

"... ni mientras el furor que tenéis pasa de Venecia os podrán sacar caballos..."

(Parlamentos iniciales: primer acto, escena I)

Sale Lisauro, como en su casa; Honorato, viejo; Diódoro y Verino, desenvainadas las espadas.

Lisauro: Cogido nos habéis de sobresalto,
y del son que venís tanto me pesa
cuanto me hallo de socorro falto.

Honorato: El peligro, Lisauro, nos da priesa;
siguiéndome vendrán desde Rialto
mis enemigos, que tendrán la presa
por cierta, y su venganza por sin duda,
si no nos dais para huir ayuda.   

Lisauro: Acostados están todos en casa,
y no os será seguro el despertallos,
ni mientras el furor que tenéis pasa
de Venecia os podrán sacar caballos,
porque en ella la tierra es tan escasa
cuanto pródigo el mar por excusallos;
que es tan casero y manso aquí que fragua,
cual veis, en vez de piedras, calles de agua.
Mas ¿qué ocasión la ha dado a que el consejo
de vuestras canas no haya reprimido
vuestro enojo, Honorato?
 
Tirso de Molina (España, 1583-1648).

domingo, 13 de junio de 2021

Venecia: DOCUMENTO SOBRE EL AVISO DE PARNASO, de Francisco de Quevedo

"...de lo sucedido en la guerra de Asti de 1615."

Documento LXVI

Al serenísimo e invitísimo Carlos Emanuel, duque de Saboya, etc.

- Serenísimo señor: Es tan grande el odio de la nación española contra vuestra alteza y contra la república de Venecia, que adonde no puede llegar (como quisiera) á ofender con las armas, procura de acometer con la pluma y con la lengua. De aquí provino aquella falsa relación de lo sucedido en la guerra de Asti el año de 1615. De aquí nació aquella descomedida carta del duque de Osuna escrita al Sumo Pontífice. De aquí salió á luz la Relación, con título de verdadera, llena de mil mentiras, sobre el negocio de los uscoques. Y de aquí ha tenido su origen este Aviso de Parnaso, que tira, como á su blanco, á herir derechamente á la reputación de la República y juntamente á la de vuestra alteza. Este modo de pelear con palabras paréceme á decir verdad cosa mujeril, indigna de hombres que se precian de guerreros, y señal muy cierta de vanidad y flaqueza. Pero lo que es flaqueza en el agresor, en el defensor es virtud; que si aquél procura ofender con la lengua, porque no puede más con las armas, éste responde con la pluma, así bien como lo hizo con la espada, porque conozca el mundo que de cualquier manera puede y sabe defender su honra. Por esto me he determinado de hacer algunas anotaciones, que servirán de res- puesta á este Aviso de Parnaso, por donde se echará de ver la malicia de quien lo compuso, la falsedad de lo que contiene, y la verdad de las cosas, como es razón que se entienda. Las envío á vuestra alteza, porque á nadie pueden ser mejor dirigidas que á aquel príncipe que con el propio valor ha defendido su libertad, y la reputación de toda Italia; que es el mayor amigo que hoy día tenga la República de Venecia; que conoce hasta en las entrañas la nación española; que tiene particular noticia de las historias del mundo, y á quien yo debo, como humilde y muy obligado vasallo, cuanto yo tengo, cuanto yo valgo, y cuanto yo soy. Reciba vuestra alteza esta pequeña demostración del grande obsequio de mi ánimo, con el cual suplico á Dios, nuestro Señor, guarde la persona de vuestra alteza los años de mi deseo, como sus estados y toda Italia ha menester.

Francisco de Quevedo (España, 1580-1645).

La ilustraciones corresponden a un detalle de la recreación de Jordi Bru de la batalla de Asti en la guerra del Monferrato y a la portada original del opúsculo Aviso de Parnaso.

sábado, 12 de junio de 2021

Venecia: CORTE EN ALDEA, de Francisco Rodrigues Lobo

"... la de Venecia un León con un libro en las uñas..."

(Fragmento del Diálogo II)

Tienen del mismo modo las Provincias sus Armas. Primeramente las quatro partes, en que el mundo se divide. Asia tres Serpientes, África un Elefante, Europa un Cavallo, la América un Cocodrilo. Italia tenía por armas antiguamente un Cavallo, Tracia un Marte, Persia un Arco, Scitia un Rayo, Armenia un Cabrón, Fenicia un Hércules, Cicilia una Cabeza armada, Armenia un Galápago, Frisia una Puerca, Castilla un Castillo, Lusitania una Ciudad. Las Repúblicas tienen también sus armas particulares: la de Venecia un León con un libro en las uñas, la de Sena una Loba, la de Génova un San Jorge, la de Florencia un León con un libro de oro.

Francisco Rodrigues Lobo (Portugal, 1580-1621).

viernes, 11 de junio de 2021

Venecia: EL DIABLO COJUELO, de Luis Vélez de Guevara

"Estuve en la plaza de San Marcos, platicando..."

(Fragmento del tranco quinto)

Fui a Venecia, por ver una población tan prodigiosa, que esta fundada en el mar, y de su natural condición tan bajel de argamasa y sillería, que, como la tiene en peso el piélago Mediterráneo, se vuelve a cualquier viento que le sopla. Estuve en la plaza de San Marcos, platicando con unos criados de unos clarísimos, esta mañana, y hablando en las gacetas de la guerra, les dije que en Constantinopla se había sabido, por espías que estaban en España, que hay grandes prevenciones de ella, y tan prodigiosas, que hasta los difuntos se levantan, al son de las cajas, de los sepulcros para este efecto, y hay quien diga que entre ellos había resucitado el gran Duque de Osuna; y apenas lo acabe de pronunciar, cuando me escurrí, por no perder tiempo en mis diligencias...
 
Luis Vélez de Guevara: Luis Vélez de Santander (España, 1579-1644).

La ilustración corresponde a una perspectiva lateral de la Plaza de San Marcos retratada por Canaletto.

jueves, 10 de junio de 2021

Venecia: VOLPONE, de Ben Jonson


(Fragmento del acto V)

Presidente (Interrumpe): Sobre la base de todo lo declarado hoy en la corte, y de lo expuesto en esta audiencia por el señor Volpone, este tribunal considera reunidos los elementos necesarios para dictar sentencia.

Voltore: ¡Es que...!

Presidente (Lo ignora): Primero. Visto: que cualquier revisión del proceso sería una mancha de ignominia para la ciudad, pues al hacerse público lo ocurrido aquí, se pondría de manifiesto que en Venecia hay padres desnaturalizados... Abogados sin conciencia... Y maridos sin dignidad: Decreto que no ha lugar a revisión alguna. (Murmullos de desaprobación). ¡Silencio! Y considerando: Que en nada honraría a la nobleza Veneciana saber que uno de los suyos, el caballero Volpone, ha llevado la vida de un malhechor, de un vulgar comediante que transformó esta casa en un antro de estafa y depravación; y por todo lo antes expuesto, este tribunal decreta: que el señor Volpone ha muerto. De los bienes que deja, se costearán las solemnes honras fúnebres que corresponden a su rango.

MoscaYo me encargaré de que los funerales tengan la pompa apropiada...

PresidenteComo resulta de esta decisión y ante la imposibilidad de aceptar el libre tránsito por esta ciudad de un muerto insepulto, el cuerpo del señor Volpone es condenado a la pena de destierro, debiendo abandonar por sus propios medios ésta, su ciudad natal, hoy mismo antes de la medianoche. (Murmullos). En cuanto a ustedes: señor Corvino, señor Corbaccio, señor Voltore... Adelántense. Por el delito de falso testimonio este tribunal los condena a la pena de reclusión forzada en la cárcel de la ciudad, con más las accesorias y costas.

CorbaccioGracias... ¿Qué dijo...?

Voltore: ¡Injusto...! Señor presidente... (Por Mosca) ¿Cuál es el castigo entonces para este individuo, coautor, e inspirador incluso, de todos estos fraudes?

Mosca¿Por qué a mí...?

Presidente: ¡Silencio! (A Mosca). Adelántate. Por el delito de estafas reiteradas, en calidad de partícipe necesario, y por el de usurpación de títulos y propiedades a un Noble Veneciano en carácter de tentativa, quedas condenado a la pena de azote pú- blico, y prisión perpetua en el Presidio de Venecia.

Ben Jonson (Inglaterra, 1572-1637).

(Traducido al español por David Amitín y Mauricio Kartun).

La ilustración corresponde al quinto y último acto de la puesta en escena dirigida por Elizabeth Freestone en 2019.

miércoles, 9 de junio de 2021

Venecia: EL BALDE RAPTADO (La secchia rapita), de Alessandro Tassoni


IV
 
Salve la reina del mar Adriático, vuelve
del Oriente a las provincias, a los reinos:
disuelta y libre de las discordias ajenas,
sentada tramaba altos designios:
y a gran parte de Grecia había sometido
de la mano de indignos usurpadores:
otros festejan al son de los anillos
para despojar a los pueblos vecinos.


Alessandro Tassoni (Italia, 1565-1635).

martes, 8 de junio de 2021

Venecia: EL PIADOSO VENECIANO, de Lope de Vega

 
(Fragmento del tercer acto, escena VIII)

Sidonio:
Válgame Dios, no creyera 
Gerardo, que aqueste mal
Me faltaba.


Gerardo:
En daño igual,
Lo que has de hacer considera.

Sidonio:
Vénte Gerardo conmigo.

Gerardo:
¿Dónde?

Sidonio:
A Venecia.

Silvia:
Detente;
Que no te vas solamente,
Pues que me llevas contigo.

Sidonio:
¡Silvia!

Silvia:
No hay Silvia, traidor.

Sidonio:
¿Cómo?

Silvia:
La carta he escuchado.

Sidonio:
¿Pues?...

Silvia:
Ya sé que eres casado.

Sidonio:
¿Qué te debo?

Silvia:
Sólo amor.

Sidonio:
Pues no te quejes de mí,
Si es que sólo amor te debo;
Que a despreciar no me atrevo
Mis hijos y honor por ti.
Silvia, yo soy veneciano,
Casado en Venecia estoy;
Que por una muerte, voy
Huyendo el rigor tirano.
Los años que estuve aquí,
Sincero amor te traté,
Porque agradecí tu fe
Y tu pena agradecí.
Forzosa me es la ausencia,
No puedo más.

Silvia:
Soy mujer...

Sidonio:
No llores.

Silvia:
Siento perder
Tu honrado trato y presencia.
Detente aquí sólo un día.

Sidonio:
Ni un punto puedo, Por Dios;
Que hoy hemos de ver los dos
El mar de la patria mía.
No me detangas; recelo
Mi muerte. Voyme.


Félix Lope de Vega y Carpio (España, 1562-1635).

lunes, 7 de junio de 2021

Tenochtitlan: LA VENECIA DEL NUEVO MUNDO


Es bien sabido que cuando los conquistadores españoles vieron por primera vez la capital del imperio azteca, de inmediato establecieron comparaciones con Venecia de donde surgió la expresión que da su título al presente texto. Fray Bernardino de Sahagún en su Historia de las cosas de la Nueva España, la describía de la siguiente manera:
 
"En lo que toca a la antigüedad de esta gente tiénese por averiguado que ha más de dos mil años que habitan en esta tierra que ahora se llama la Nueva España: porque por sus pinturas antiguas hay noticia que aquella famosa ciudad que se llamó Tula ha ya mil años o muy cerca de ellos que fue destruida, y antes que se edificase, los que la edificaron estuvieron muchos poblados en Tulantzinco, donde dejaron muchos edificios muy notables; pues en lo que allí estuvieron y en lo que tardaron en edificar la ciudad de Tula, y en lo que duró en su prosperidad antes que fuese destruida, es cónsono a verdad que pasaron más de mil años, de lo cual resulta que por lo menos quinientos años antes de la Encarnación de nuestro Redentor esta tierra era poblada. Esta célebre y gran ciudad de Tula, muy rica y decente, muy sabia y muy esforzada, tuvo la adversa fortuna de Troya. Los chololtecas, que son los que de ella se escaparon, han tenido la sucesión de los romanos, y como los romanos edificaron el Capitolio para su fortaleza, así los cholulanos edificaron a mano aquel promontorio que está junto a Cholula, que es como una sierra o un gran monte, y está todo lleno de minas o cuevas por de dentro. Muchos años después los mexicanos edificaron la ciudad de México, que es otra Venecia, y ellos en saber y en policía son otros venecianos. Los tlaxcaltecas parecen haber sucedido en la fortuna de los cartagineses. Hay grandes señales de las antiguallas de estas gentes, como hoy día parece en Tula y en Tulantzinco, y en un edificio llamado Xochicalco, que está en los términos de, Quauhnahuac; y casi en toda esta tierra hay señales y rastro de edificios y alhajas antiquísimos."
 
En el siglo XVI, el italiano Porracci Tommasso, fue todavía más lejos al calificarla como "Otra Venecia en el mundo, fundada por Dios... con su santísima mano, donde otras son fundadas por los hombres". Pasando por alto, claro está, que sus habitantes todavía eran paganos y la labor de los misioneros católicos era inducirlos en el monoteísmo cristiano para facilitar la conquista.
 
Más tarde, en 1613, Miguel de Cervantes escribiría en El licenciado Vidriera que: "Desde allí, embarcándose en Ancona, fue a Venecia, ciudad que, a no haber nacido Colón en el mundo, no tuviera en él semejante: merced al cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese. Estas dos famosas ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo antiguo; la de América, espanto del mundo nuevo."
 
Apenas unos cuantos años después, en 1638, Lope de Vega también estableció su propia alusión al respecto en la obra teatral El piadoso veneciano:
 
Méjico y Venecia son,
Dos ciudades celebradas
Porque sobre el mar fundadas
Con notable perfecion (sic),
Son ciudades y son naves...

Venecia sigue flotando, como un pez, diría Tiziano Scarpa. En tanto que la antigua Tenochtitlan se transformó en la actual ciudad de México y cubrió bajo tierra sus canales -con la excepción de Xochimilco-, como si se avergonzara de ellos.
 
Jules Etienne

domingo, 6 de junio de 2021

Venecia: EL LICENCIADO VIDRIERA, de Miguel de Cervantes

"... de su famoso Arsenal, que es el lugar donde se fabrican las galeras..."

(Fragmento)

Desde allí, embarcándose en Ancona, fue a Venecia, ciudad que, a no haber nacido Colón en el mundo, no tuviera en él semejante: merced al cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese. Estas dos famosas ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo antiguo; la de América, espanto del mundo nuevo. Parecióle que su riqueza era infinita, su gobierno prudente, su sitio inexpugnable, su abundancia mucha, sus contornos alegres, y, finalmente, toda ella en sí y en sus partes digna de la fama que de su valor por todas las partes del orbe se estiende, dando causa de acreditar más esta verdad la máquina de su famoso Arsenal, que es el lugar donde se fabrican las galeras, con otros bajeles que no tienen número.
   
  Miguel de Cervantes (España, 1547-1616).

La ilustración corresponde a El Arsenal, en Venecia, de Bernardo Bellotto.

sábado, 5 de junio de 2021

Venecia: RIMAS, de Verónica Franco

"... sobre las aguas que el mar sereno de ellas se aleja para contemplar su belleza..."
 
"Lejos del amante sufre, llora y suspira por Venecia,
donde apenas haya vuelto le dará a él
que la espera, en amorosa lucha,
dulce satisfacción por las penas pasadas."
Verónica Franco
 
 
Desde que el destino me obligó a abandonarte, ¡Oh, Venecia!
En mi memoria regreso a ti constantemente,
oh amigable y leal refugio patrio.
 
Ninguna dulzura puede aliviar mi amargura
por el dolor que me causó dejarte atrás,
oh tierra nativa tan amada.
 
Abandoné a Venecia, patria sin par,
abandoné las doradas mansiones y tallas de mármol,
tan altas sobre las aguas que el mar sereno
de ellas se aleja para contemplar su belleza;
que las olas, aliviando su furia
fluyen hasta aquí para bañar la sagrada ciudad,
reina del mar, engastada en el mar.
Y el agua humildemente retrocede a sus pies,
y tomando los variados y sinuosos canales
va encontrando su ruta por incontables caminos.
 
Todo el mundo viene a admirarla
como el más singular milagro de Natura,
más bella mientras más se mira,
y aunque está desnuda de muralla exterior,
es menos accesible que una fortaleza,
muros o troneras, fuerte y segura.
Todo lo que contiene el universo
de uso y necesidad para la vida humana
es traído aquí desde el universo entero
a rendirle lo que ella merece,
abunda en territorios bien ordenados
para producir todo lo que en ella no fructifica
y así la rodea una eterna abundancia,
sus arenosas playas son las más fértiles tierras
sobre toda la Tierra.
 
Los altos adornos y el inmortal esplendor
de mi famosa y magnífica patria
me hacen odiar estos bosques y estas landas.
 
Oh, amado refugio, la pena me embarga.
 
 
Verónica Franco (Italiana nacida y muerta en Venecia, 1546-1591).

viernes, 4 de junio de 2021

Venecia: LA CORTESANA HONESTA, de Margaret Rosenthal


(Fragmento del capítulo Acerca de Venecia: las cartas familiares de Franco)

Si bien los poemas ocasionales de Verónica Franco celebran la armonía social, la pureza, y la virtud colectiva exaltada por los humanistas venecianos en sus elegías de la república serenísima, las alabanzas patrióticas en sus misivas personales revelan, en cambio, un doble filo. En el centro de sus Cartas familiares a diversos, denuncia de manera vehemente la hipocresía de una retórica política y social que aboga en favor de las restricciones personales y la autodisciplina colectiva con el propósito del bien común, mientras que simultáneamente niega libertades personales cruciales para los ciudadanos venecianos. En su carta 22, Franco escribe de cortesana a cortesana; desafía esas creencias indirectamente al exponer las dificultades que una mujer veneciana empobrecida tiene que enfrentar cuando se trata de decidir el futuro de su hija. En la carta de Franco se advierte implícito el hecho de que dichas mujeres carecen de la libertad necesaria, los medios económicos y la posición social para poder tomar las decisiones correctas. Las inequidades, sugiere Franco, están camu- fladas por la idealización de códigos de conducta que se mantienen ciegos a las necesidades individuales. Perteneciendo a una clase inferior y por razones de género, sostiene, muchas mujeres venecianas son puestas en una posición moralmente precaria que compromete su dignidad humana, su libertad personal y sus creencias individuales. Pero lo más esclavizante de la condición humana, según ella, no sólo proviene del hecho de convertirse en el objeto de la voluntad de otro, sino también al ser despojado de la propia libertad de elección.

 
Margaret F. Rosenthal (Estadounidense nacida en Roma, 1953)
 
La ilustración corresponde a Verónica Franco en Retrato de una dama (1575), de Jacopo Tintoretto.

jueves, 3 de junio de 2021

Venecia: LA VENECIANA (La Venexiana), obra teatral anónima


(Fragmento de la Escena I del primer acto)
 
Diálogo entre Giulio (joven dandy extranjero, todavía imberbe) y Oria (sirviente de Valeria).
 
Giulio: Por favor, se lo suplico, deténgase un momento de manera que pueda decirle algunas palabras. Y disculpe si sueno presuntuoso, pero su gentileza me da la confianza de dirigirme a usted.
 
Oria: A sus órdenes, señor.
 
Giulio: Soy un caballero extranjero, he venido a ver la nobleza de un lugar tan distinguido y singular como lo es Venecia. Pero, más allá de todo lo placentero que he encontrado en esta ciudad, nada lo es más que sus distinguidas y hermosas mujeres, y entre todas ellas ninguna lo es más que su joven ama –se ha robado mi corazón y me ha vuelto un esclavo eterno de su belleza y de sus gentiles maneras. Por favor, dígale que soy suyo, y  le ruego me recomiende con ella.
 
Oria: Perdóneme señor, tenga paciencia. No quisiera ser la embajadora de su amor.
 
Giulio: Por favor, ¡se lo suplico!
 
Oria: Váyase, ahora, usted parece decidido a burlarse de mí.

 
Obra teatral anónima del siglo XVI
(Según Giorgio Padoan, debió ser escrita y representada por primera ocasión en el carnaval de 1535).
 
(Traducido del italiano por Jules Etienne).

miércoles, 2 de junio de 2021

Venecia: EPITAFIO DE ANDRÉ NAUGER, de Jean-Antoine de Baïf

"... que te recuerdo en mi lectura solemnizar, esta hiedra, este laurel, estas flores, este vino nuevo..."

No todos, Nauger, no todos hemos muerto,
No, no, la muerte no usa su autoridad
Sobre nosotros, Nauger, que tenemos la seguridad
de los gusanos porque vivos permanecemos, es cierto.

Todavía vivías cuando recordamos
Tus canciones bien hechas, tú, que de Francia
tendrías la tumba, y del nacimiento a Venecia.
Muerto, mejor que vivo, quienes vivimos te honramos.

Ronsard, y yo Baïf, que te recuerdo en mi lectura
Solemnizar, esta hiedra, este laurel,
Estas flores, este vino nuevo, esta miel.

Ronsard cuida tu gloria viviente,
Yo, tu Baïf, nacido en la misma simiente,
Con nuestras lágrimas te entregamos a tu sepultura.


Jean-Antoine de Baïf (Francés nacido en Venecia, 1532-1589).

Margaret de Schweinitz en Los epitafios de Ronsard se refiere a André Nauger como André Navagero.

martes, 1 de junio de 2021

Venecia: LA MIRADA DE WILLIAM SHAKESPEARE


Tanto expertos en la obra de Shakespeare como sus biógrafos ponen en duda la posibilidad de que hubiese visitado Italia, donde transcurre la acción de una buena parte de sus dramas. El aspecto económico sería señalado como el principal motivo. De acuerdo con Fynes Moryson -en 1593-, un viaje por Europa durante la época isabelina debía costar entre 50 y 60 libras esterlinas. El pago por cada obra teatral lo estableció la propia reina en 6£, de tal manera que habría sido bastante complicado viajar con base en dicho ingreso. Sin embargo, Carol Rutter de la universidad de Warwick, cita varias obras de aquella época que Shakespeare bien pudo haber leído para documentarse, como sería el caso de los escritos de Gasparo Contarino sobre la república veneciana que fueron traducidos al inglés en 1543; años después John Florio publicó el primer diccionario italiano-inglés y Cesare Vecellio una obra ilustrada sobre la sociedad veneciana y sus costumbres, incluyendo los tipos de vestuario. Si a eso le añadimos el hecho de que una pieza escénica no demanda la misma minuciosidad descriptiva que una novela, resulta factible un cierto grado de verosi- militud para escribir sobre Venecia sin haberla visitado.

Por otra parte, así como abrevó en el relato Julieta y Romeo, de Luigi da Porto, para escribir el clásico romántico de todos los tiempos, se inspiró a su vez en El moro de Venecia, de Giambattista Giraldi Cinthio o Cinzio, para escribir la tragedia de Otelo.

Su obra más representativa sería El mercader de Venecia, debido a que se establece desde el título mismo. Al final de la escena con que da principio el acto tercero, tiene lugar este diálogo entre Shylock y Tubal, en que se refiere la ruina de Antonio, quien esperaba la llegada de varios barcos procedentes de Trípoli, la India, Inglaterra, Lisboa y México, pero todos naufragaron.
 
Tubal: Han venido en mi compañía, camino de Venecia, diversos acreedores de Antonio, que juraban que no podría evitar la bancarrota.

Shylock: Me alegro mucho de eso; le haré padecer, le torturaré. Estoy gozoso.

Tubal: Uno de estos acreedores me ha enseñado un anillo que había recibido de vuestra hija a cambio de un mono.

Shylock:¡Maldita sea! Me atormentas, Tubal. Era mi turquesa. La adquirí de Leah cuando era muchacho; no la habría dado por todo un desierto lleno de monos.

Tubal: Pero Antonio está ciertamente arruinado.

Shylock: Sí, sí, es verdad; es muy cierto. Anda, Tubal; tenme a sueldo un corchete; prevenle con quince días de anticipación. Si no está puntual en el día fijado, quiero tener su corazón; porque, una vez fuera de Venecia, podré hacer todo el negocio que se me antoje. Anda, Tubal, y ven a reunirte conmigo en nuestra sinagoga; anda, mi buen Tubal; a nuestra sinagoga, Tubal.

(Ambos salen).
 
En cuanto a Otelo, la llamada tragedia del pañuelo que, como ya hemos visto, se le conoce con el subtítulo El moro de Venecia, todo el primer acto acontece en dicha ciudad, el resto en la isla de Chipre. "Estamos en Venecia. Mi casa no es una granja en pleno campo", le responde Brabancio a Rodrigo. Es durante el tercer acto cuando Yago comienza a infundir los celos en Otelo: "Conozco bien el carácter de nuestro país: en Venecia las mujeres dejan ver al cielo las tretas que no se atreven a mostrar a sus maridos. Toda su conciencia estriba, no en no hacer, sino en tener oculto."
 
Por último, en la segunda escena del acto cuarto en Trabajos de amor perdidos, (Love’s Labour’s Losttiene lugar este parlamento de Holofernes en el que, haciendo gala de pedantería, alude a Venecia:
 
¡Ah, buen viejo mantuano! De ti puedo decir lo que el viajero de Venecia:
                 - Venetia, Venetia,  Chi non te vede, non te pretia.
¡Viejo mantuano! ¡Viejo mantuano! Quien no te comprende no te ama. Ut, re, sol, la, mi, fa. Con perdón, señor, ¿qué contiene esta carta; o más bien, como dice Horacio en su... ¡Cómo! ¡Por mi alma! ¿Versos?

No sólo Venecia corrobora y destaca la presencia de Italia en el teatro de William Shakespeare, Romeo y Julieta acontece en Verona los mismo que Los dos hidal- gos de Verona; por su parte, La fierecilla domada tiene lugar en Padua, mientras que Cimbelino desarrolla su acción en Bretaña e Italia y La comedia de equi- vocaciones entre Éfeso y Siracusa, en Sicilia. El contexto histórico tanto de Julio César como de Antonio y Cleopatra, es el imperio romano. Es evidente la preferen- cia del dramaturgo inglés por escenarios en la península itálica y, por lo mismo, habría sido imposible que ignorara el trazo del imponente estilo veneciano.

Jules Etienne

La ilustración corresponde a Otelo y Desdémona (acto V escena II), de Antonio Muñoz Degrain.