Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

lunes, 21 de marzo de 2016

Exilio: PRIMAVERA CON UNA ESQUINA ROTA, de Mario Benedetti

"Uno de esos asombros fue en una tienda con máscaras, de colores un poco abusivos, hipnotizantes."

DON RAFAEL (Derrota y derrotero)

Lo esencial es adaptarse. Ya sé que a esta edad es difícil. Casi imposible. Y sin embargo. Después de todo, mi exilio es mío. No todos tienen un exilio propio. A mí quisieron encajarme uno ajeno. Vano intento. Lo convertí en mío. ¿Cómo fue? Eso no importa. No es un secreto ni una revelación. Yo diría que hay que empezar a apoderarse de las calles. De las esquinas. Del cielo. De los cafés. Del sol, y lo que es más importante, de la sombra. Cuando uno llega a percibir que una calle no le es extranjera, sólo entonces la calle deja de mirarlo a uno como a un extraño. Y así con todo. Al principio yo andaba con un bastón, como quizá corresponda a mis sesenta y siete años. Pero no era cosa de la edad. Era una consecuencia del desaliento. Allá, siempre había hecho el mismo camino para volver a casa. Y aquí echaba eso de menos. La gente no comprende ese tipo de nostalgia. Creen que la nostalgia sólo tiene que ver con cielos y árboles y mujeres. A lo sumo, con militancia política. La patria, en fin. Pero yo siempre tuve nostalgias más grises, más opacas.

Por ejemplo, ésa. El camino de vuelta a casa. Una tranquilidad, un sosiego, saber qué viene después de cada esquina, de cada farol, de cada quiosco. Aquí, en cambio, empecé a caminar y a sorprenderme. Y la sorpresa me fatigaba. Y por añadidura no llegaba a casa, sino a la habitación. Cansado de sorprenderme, eso sí. Tal vez por eso recurrí al bastón. Para aminorar tantas sorpresas. O quizá para que los compatriotas que iba encontrando, me dijeran: «Pero, don Rafael, usted allá no usaba bastón», y yo pudiera contestarles: «Bueno, tampoco vos usabas guayabera.» Sorpresa por sorpresa. Uno de esos asombros fue una tienda con máscaras, de colores un poco abusivos, hipnotizantes. No podía habituarme a las máscaras, aunque siempre fueran las mismas. Pero junto con la recurrencia de las máscaras, se repetía también mi deseo, o quizá mi expectativa, de que las máscaras cambiaran, y diariamente me asombraba encontrar las mismas. Y entonces el bastón me ayudaba. ¿Por qué? ¿Para qué? Bueno, para apoyarme cuando me asaltaba esa modesta decepción de todas las tardes, quiero decir cuando comprobaba que las máscaras no habían cambiado. Y debo reconocer que mi expectativa no era tan absurda. Porque la máscara no es un rostro. Es un artificio, ¿no? Un rostro cambia sólo por accidente. Quiero decir en su estructura; no en su expresión, que ésta sí es variable. En cambio, una máscara puede cambiar por miles de motivos. Digamos: por ensayo, por experimentación, por ajuste, por mejoría, por deterioro, por sustitución. Sólo a los tres meses comprendí que no podía esperar nada de las máscaras. No iban a cambiar esas empecinadas, esas tozudas. Y empecé a fijarme en los rostros. Al fin de cuentas, fue un buen cambio. Los rostros no se repetían. Venían hacia mí, y dejé el bastón. Ya no tenía que apoyarme para soportar el estupor. Quizá cada rostro no cambiara con los días, sino con los años, pero los que venían a mí (con excepción de una mendiga huesuda y tímida) eran siempre nuevos. Y con ellos venían todas las clases sociales, en autos impresionantes, en autitos modestos, en autobuses, en sillas de ruedas, o simplemente caminando. Ya no eché de menos el camino, montevideano y consabido, de vuelta a casa. En la nueva ciudad había nuevos derroteros. Derrotero viene de derrota, ya lo sé. Nuestra derrota no será total, pero es derrota. Ya lo había comprendido, pero lo confirmé plenamente cuando di la primera clase. El alumno se puso de pie y pidió permiso para preguntar. Y preguntó: «Maestro, ¿por qué razón su país, una asentada democracia liberal, pasó tan rápidamente a ser una dictadura militar?» Le pedí que no me llamara maestro. No es nuestra costumbre. Pero se lo pedí solamente para organizar la respuesta. Le dije lo consabido: que el proceso empezó mucho antes, no en la calma, sino en el subsuelo de la calma. Y fui anotando en el pizarrón los varios rubros, los períodos, las caracterizaciones, los corolarios. El muchacho asintió. Y yo leí en sus ojos compren- sivos toda la dimensión de mi derrota, de mi derrotero. Y desde entonces regreso cada tarde por una ruta distinta. Por otra parte, ahora ya no vuelvo a una habitación. Tampoco es una casa. Es simplemente un apartamento, o sea, un simulacro de casa: una habitación con agregados. Pero la nueva ciudad me gusta, ¿por qué no? Su gente -menos mal- tiene defectos. Y es muy entretenido especializarme en ellos. Las virtudes -por supuesto también las poseen- generalmente aburren. Los defectos, no. La cursilería, por ejemplo, es una zona prodigiosa, en la que nunca acabo de especializarme. Mi bastón, sin ir más lejos, era un amago de cursilería, y sin embargo tuve que abandonarlo. Cuando me siento cursi, me desprecio un poquito, y eso es malísimo. Porque nunca es bueno despreciarse, a menos que existan fundadas razones, que no es mi caso.

Mario Benedetti (Uruguay, 1920-2009).

jueves, 3 de marzo de 2016

Marzo: LAS CAMPANAS, de H. P. Lovecraft

"Hacia las viejas torres donde tañían badajos enloquecidos. Tañían... pero desde las corrientes sin sol..."

Hongos de Yuggoth

XIX. Las campanas

Año tras año oí aquel tañido débil y lejano
De graves campanas traído por el viento negro de medianoche;
Extraños repiques, que no venían de ningún campanario
Que pudiese descubrir, sino como de más allá de un gran vacío.
Busqué una pista en mis sueños y recuerdos,
Y pensé en todos los carillones que albergaban mis visiones;
Los de la apacible Innsmouth, donde las blancas gaviotas planeaban
En torno a una aguja que conocí antaño.

Siempre perplejo seguí oyendo caer aquellas notas
Hasta una noche de marzo en que la lluvia fría y desapacible
Me hizo franquear de nuevo las puertas del recuerdo
Hacia las viejas torres donde tañían badajos enloquecidos.
Tañían... pero desde las corrientes sin sol que fluyen
Por valles profundos hasta verter al lecho muerto del mar.


Howard Philips Lovecraft (Estados Unidos, 1890-1937).

(Traducido al español por Juan Antonio Santos y Sonia Trebelt).

Marzo: IN MEMORIAM, de Alfred Tennyson

"... se desliza y vuela, azul marino, el pájaro de marzo..."

Cuando rosadas plumas al alerce coronan,
y gorjea primores el tordo en una cima,
o bajo el matorral estéril se desliza
y vuela, azul marino, el pájaro de marzo,

ven, toma aquella forma por la cual reconozco
a tu espíritu a tiempo, entre tus pares:
y brille la esperanza de los años futuros,
anchurosos en tu frente.

Cuando va madurando, de hora en hora, el verano
y en muchas rosas de dulzura alienta,
y sobre las mil ondas de los trigos
que en torno a la alquería solitaria murmuran:

ven entonces, no cuando velamos en la noche,
sino con luz de sol, que cálida se tiende:
vente con la hermosura de esa tu nueva forma,
y dentro de la luz, como una luz más clara.


Alfred Tennyson (Inglaterra, 1809-1892).

(Traducido al español por Marià Manent).

miércoles, 2 de marzo de 2016

Marzo: EL CONDE DE MONTE- CRISTO, de Alexandre Dumas

"... el verdadero banquete de bodas se aplaza para el 2 de marzo."

(Fragmento del capítulo V: El banquete de boda)

- Pero ¿y las formalidades? -preguntó tímidamente Danglars- ¿el contrato... ?

- El contrato -le interrumpió Dantés riendo-, el contrato está ya hecho. Mercedes no tiene nada, yo tampoco; nos casamos en iguales condiciones; conque como verán ni se ha tardado en escribir el contrato, ni costará mucho dinero.

Esta broma excitó una nueva explosión de alegría y de enhorabuenas.

- Conque, es decir, que ésta es la comida de bodas -dijo Danglars.

- No -repuso Dantés-, no se la perderán, por eso pueden estar tranquilos. Mañana parto para París: cuatro días de ida, cuatro de vuelta y uno para desempeñar puntualmente la misión de que estoy encargado; el primero de marzo estoy ya aquí; el verdadero banquete de bodas se aplaza para el 2 de marzo.

La promesa de un nuevo banquete aumentó la alegría hasta tal punto, que el padre de Dantés, que al principio de la comida se quejaba del silencio, hacía ahora vanos esfuerzos para expresar sus deseos de que Dios hiciera felices a los esposos.


Alexandre Dumas (Francia, 1802-1870).

La ilustración corresponde a la adaptación cinematográfica dirigida por Claude Autant-Lara en 1961,
con Louis Jourdan en el papel de Dantés e Yvonne Furneaux como Mercedes.

martes, 1 de marzo de 2016

Marzo: DEUTSCHES REQUIEM, de Jorge Luis Borges


(Fragmento sobre lo acontecido el 1 de marzo de 1939*)

Aseveran los teólogos que si la atención del Señor se desviara un solo segundo de mi derecha mano que escribe, esta recaería en la nada, como si la fulminara un fuego sin luz. Nadie puede ser, digo yo, nadie puede probar una copa de agua o partir un trozo de pan, sin justificación. Para cada hombre, esa justificación es distinta; yo esperaba la guerra inexorable que probaría nuestra fe. Me bastaba saber que yo sería un soldado de sus batallas. Alguna vez temí que nos defraudaran la cobardía de Inglaterra y de Rusia. El azar, o el destino, tejió de otra manera mi porvenir: el primero de marzo de 1939, al oscurecer, hubo disturbios en Tilsit que los diarios no registraron; en la calle detrás de la sinagoga, dos balas me atravesaron la pierna, que fue necesario amputar. Días después, entraban en Bohemia nuestros ejércitos; cuando las sirenas lo proclamaron, yo estaba en el sedentario hospital, tratando de perderme y de olvidarme en los libros de Schopenhauer. Símbolo de mi vano destino, dormía en el reborde de la ventana un gato enorme y fofo.

En el primer volumen de Panerga und Paralipomena releí que todos los hechos que pueden ocurrirle a un hombre, desde el instante de su nacimiento hasta el de su muerte, han sido prefijados por él. Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda muerte un suicidio. No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas; esa teleología individual nos revela un orden secreto y prodigiosamente nos confunde con la divinidad. ¿Qué ignorado propósito (cavilé) me hizo buscar ese atardecer, esas balas y esa mutilación? No el temor de la guerra, yo lo sabía; algo más profundo. Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre. La batalla y la gloria son facilidades.; más ardua que la empresa de Napoleón fue la de Raskolnikov.


Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)

* El relato incluye una nota de pie de página, supuestamente del editor, como ingenioso recurso narrativo, que dice: Ni en los archivos ni en la obra de Soergel figura el nombre de Jerusalem. Tampoco lo registran las historias de la literatura alemana. No creo, sin embargo, que se trate de un personaje falso. Por orden de Otto Dietrich fur Linde fueron torturados en Tarnowitz muchos intelectuales judíos, entre ellos la pianista Emma Rosenzweig. “David Jerusalem” es tal vez un símbolo de varios individuos. Nos dicen que murió el primero de marzo de 1943; el primero de marzo de 1939, el narrador fue herido en Tilsit.

No es la única coincidencia respecto a la fecha. También El aleph, del propio Borges, tiene una posdata correspondiente al 1º de marzo de 1943.

El texto íntegro ha sido publicado por Material de lectura de la UNAM:

viernes, 5 de febrero de 2016

Unicornios y febrero: SHIBBOLETH, de Paul Celan

"Unicornio: sabes de las piedras, sabes de las aguas..."

Junto a mis piedras
crecidas bajo el llanto
tras las rejas,
 
me arrastraron
al medio del mercado,
allá,
donde se iza la bandera, a la que
no he prestado nunca juramento.
 
Flauta,
flauta doble en la noche:
piensa el sombrío
y doble rojo
en Viena y en Madrid.
 
Pon tu bandera a media asta,
recuerdo.
A media asta
hoy para siempre.
 
Corazón:
dalo también aquí a conocer,
aquí, en medio del mercado.
Haz que resuene, el shibbólet,
en lo extranjero de la patria.
Febrero. No pasarán.
 
Unicornio:
sabes de las piedras,
sabes de las aguas,
ven,
te llevo
hacia las voces
de Extremadura.
 

Paul Celan: Paul Antschel
(Poeta en lengua alemana nacido en Rumania y muerto en Francia, 1920-1970)

(Traducido al español por José Ángel Valente)

jueves, 4 de febrero de 2016

UNICORNIO (del poemario Mitología del olvido)

"... flotan sobre los libros de sus bibliotecas y van a incrustarse entre libros amarillentos..."
 
De sueño en sueño vive,
más allá del arte rupestre
y de anónimos pergaminos
que consignan su longevidad.
Sólo los puros de corazón saben que existe,
lo ubican en mapas hechizados
que no requieren clavos porque flotan
sobre los muros de sus bibliotecas
y van a incrustarse entre libros amarillentos
de alquimia o leyendas medievales.
Cabalga libre por bosques imaginarios
y su galope es invisible a simple vista,
está hecho con la misma materia
que les da cuerpo a las quimeras.
La realidad es como los unicornios:
se alimenta de sueños.
  
Jules Etienne 

miércoles, 3 de febrero de 2016

Unicornios: VOTO, de Marta Cywinska

"Mi memoria pretende ser un unicornio que sabrías domesticar..."

Que las páginas de los viejos manuscritos
hagan una muralla
con el fin de separarnos
de la yema del agua
con la idea de las monedas de oro
repetidas incluso por las bocas
de los mudos
cuando ronronean
los relojes mimosos
que agarran a tontas y a locas
los gatos de nuestros recuerdos
Y ya otra cortina
descubre tus cuadros
desesperados de haber perdido
de vista
la Dama Blanca robada
por el propietario
de una empresa onírica
que vende y revende
duendes
al lindero del bosque de Brocelianda
para revivir juntos
toda nuestra Bretaña
en la perplejidad más alta
árboles que alcanzan
nuestros brazos petrificados como menhires
Mi memoria pretende ser un unicornio
que sabrías domesticar...
 
 
Marta Cywinska (Escritora bilingüe polaca y francesa, nacida en Polonia en 1968)
 
(Traducido al español por Patrick Cintas)

martes, 2 de febrero de 2016

Unicornios: LA PROTECCIÓN INÚTIL, de Julio Cortázar

"¿Tengo la culpa yo, oh tierra poblada de espinas, de ser un unicornio?"

Lo sé muy bien, soy de una timidez enfermiza,
estar en el mundo me es hierro, me es guijarro.
Hasta el agua, casi siempre mi aliada,
resbala seca y hostil contra estos labios
que la quisieran almendra y encaje;
al atardecer, bajo la luz
ambigua que todavía me permite
errar por la ciudad, el perfil de las nubes,
ese perfil suavísimo,
lacera brutalmente mi piel y me obliga
a huir gritando, a refugiarme bajo los portales.
Me aconsejan que viaje en subterráneo
para mayor seguridad,
o que me compre un sombrero de alas flotantes.
De nada vale que me hablen
con el tono que suscitan los niños,
yo miro hacia lo lejos donde sin embargo hay
una golondrina esperando para afilar sus tijeras en mi cuello.
Los consejeros municipales
han llegado a votar créditos para mi protección
la gente se preocupa por mí.
Gracias, señoras y señores, me gustaría retribuir tanta gentileza
con ternura y civilidad; desgraciadamente ustedes 
estarán siempre allí y eso es acantilado a pique, máquina para moler la sombra,
insoportable exageración de una bondad armada a garras de coral.
Cada vez me parece más penoso complicar la existencia ajena, pero
no queda ninguna isla desierta, ninguna arboleda de mala fama,
ni quisiera un corralito para encerrarme en él, y, desde allí, mirar
a los demás bajo la luz de la alianza.
¿Tengo la culpa yo, oh tierra poblada de espinas, de ser un unicornio?
 
 
 Julio Cortázar (Argentino nacido en Bruselas, Bélgica en 1914; y fallecido en París, Francia en 1984).

lunes, 1 de febrero de 2016

Unicornios: EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO (Por el camino de Swann), de Marcel Proust

"... transformado en un ser ajeno a la humanidad, desprovisto de facultades lógicas, casi un fantástico unicornio..."

(Fragmento del libro primero: Por el camino de Swann)

Y al mirar el rostro que ponía Swann, cuando la oía, se hubiera dicho que estaba absorbiendo un anestésico que le ensanchaba la respiración. Y en aquellos momentos el placer que le daba la música y que no iba a tardar en crear en él una autentica necesidad, se parecía, en efecto, al que habría sentido al percibir perfumes, al entrar en contacto con un mundo para el que no estamos hechos, que nos parece sin forma, porque nuestros ojos no lo perciben, y sin significado, porque escapa a nuestra inteligencia y lo alcanzamos con un sólo sentido. Para Swann -cuyos ojos, aunque delicados gustadores de pintura, y cuyo entendimiento, aunque fino observador de las costumbres, llevaban para siempre la marca indeleble de la aridez de su vida-, era gran reposo, misteriosa renovación, sentirse transformado en un ser ajeno a la humanidad, ciego, desprovisto de facultades lógicas, casi un fantástico unicornio, un ser quimérico que sólo percibía el mundo por el oído. Y, como en la frasecita (de la sonata de Vinteuil) buscaba, sin embargo, un sentido hasta el que su inteligencia no podía descender, experimentaba una extraña embriaguez al despojar su alma más recóndita de todos los auxilios del razonamiento y hacerla pasar sola por el pasadizo, por el filtro obscuro, del sonido. Empezaba a darse cuenta de todo el dolor -y tal vez la insatisfacción secreta incluso- que encerraba la dulzura de aquella frase, pero no por ello sufría.


Marcel Proust (Francia, 1871-1922) 

domingo, 31 de enero de 2016

Unicornios: EL AÑO DEL COMETA, de Álvaro Cunqueiro


(Fragmento)

¿Vamos a negar la existencia del unicornio porque lo más del tiempo sea animal invisible, oculto como un sueño? Por ese camino llegaríamos a negar la existencia del alma humana. ¡Invisibilidad no quiere decir irrealidad!


Álvaro Cunqueiro (España, 1911-1981) 

sábado, 30 de enero de 2016

Unicornios: EL PEQUEÑO CABALLO BLANCO, de Elizabeth Goudge

"... cuando el caballo volvió su cabeza hacia ella advirtió un pequeño cuerno de plata sobresaliendo de su frente…"

(Fragmento)

Y entonces lo vio. Un pequeño caballo blanco galopaba delante de ellos, marcando el camino, y de su cuerpo perfecto tan blanco como la leche, brillaba la luz igual que si surgiera de una lámpara. Iba bastante más avanzado que ellos, pero en el soplo de un instante pudo verlo claro como un camafeo contra la oscuridad, la orgullosa curva de su cuello, la blanca melena de su crin y su cola alborotadas por el viento, el resplandor de sus cascos de plata, eran absolutamente extraños y a la vez familiares para ella, como si sus ojos lo hubiesen visto con frecuencia antes de mirarlo ahora con toda su belleza; ni siquiera se sorprendió cuando el caballo volvió su cabeza hacia ella y advirtió un pequeño cuerno de plata sobresaliendo de su frente… Su pequeño caballo blanco era un unicornio.


Elizabeth Goudge (Inglaterra, 1900-1984)

viernes, 29 de enero de 2016

Unicornios: PARAÍSO INHABITADO, de Ana María Matute


(Fragmento del primer capítulo)
 
Uno de mis recuerdos más lejanos se remonta a la noche en que vi correr al Unicornio que vivía enmarcado en la reproducción de un famoso tapiz. Con asombrosa nitidez, le vi echar a correr y desaparecer por un ángulo del marco, para reaparecer enseguida y retomar su lugar; hermoso, blanquísimo y enigmático.
 
Nunca supe por qué razón el Unicornio había intentado escapar del cuadro y durante mucho tiempo me intrigó, y aun me atemorizó un poco. Por aquellos días yo no debía de tener más de cinco años -quizá sólo cuatro-, pero ese recuerdo tiene un lugar relevante entre los primeros de mi vida. A veces, los recuerdos se parecen a algunos objetos, aparentemente inútiles, por los que se siente un confuso apego. Sin saber muy bien por qué razón, no nos decidimos a tirarlos y acaban amontonándose al fondo de ese cajón que evitamos abrir, como si allí fuéramos a encontrar alguna cosa que no se desea, o incluso se teme vagamente.
 
 
Ana María Matute (España, 1925-2014) 

jueves, 28 de enero de 2016

Unicornios: ENCANTAMIENTO, de Czeslaw Milosz

"La noticia llegó hasta las montañas por vía del unicornio y del eco."

La razón humana es bella e invencible.
No hay reja, alambre de púas, pulpa de libros,
Sentencia de destierro que prevalezcan en su contra.
Establece en el lenguaje las ideas universales
Y nos lleva la mano al escribir Verdad y Justicia
Con mayúsculas, mentira y opresión con minúsculas.
Pone lo que debe ser por encima de las cosas como son,
Es enemiga de la desesperación y amiga de la esperanza.
No distingue al judío del griego o al esclavo del amo,
Nos deja en resguardo los bienes del mundo.
Salva a las frases austeras y transparentes
Del sucio desacuerdo de las palabras torturadas.
Dice que todo es nuevo bajo el sol.
Abre el gélido puño del pasado.
Bellas y muy jóvenes son Filosofía
Y Poesía, su aliada al servicio del bien.
Sólo ayer Naturaleza celebró su nacimiento.
La noticia llegó hasta las montañas
Por vía del unicornio y del eco.
Su amistad será gloriosa: sin límites, su tiempo.
Sus enemigos se han entregado a la destrucción.
 
 
Czeslaw Milosz (Polaco de origen lituano, 1911-2004). Obtuvo el premio Nobel en 1980.

(Traducido al español por Pura López Colomé)

miércoles, 27 de enero de 2016

Unicornios: ELFLEDA, de Vonda N. McIntyre

"... de su frente surge un delgado cuerno en espiral. Su copete plateado oculta la cicatriz donde nace..."
 
(Fragmento inicial)
 
La amo. Y la envidio, porque es tan lista, tan desafiante como para burlarse de nuestros creadores. O de la mayoría de ellos. Ella no es un verdadero unicornio: muchos de nosotros tenemos partes humanas y ella no es la excepción. De otra manera las conexiones serían demasiado complicadas. Nuestros brillantes creadores no lo son tanto como para integrar los nervios directamente desde el cerebro.
 
Así que Elfleda* es como yo, casi enteramente humana en la parte superior del cuerpo. Debajo de mis caderas soy un equino: un centauro. Ella es unicornio, tiene pezuñas, su cola es la de un león y de su frente surge un delgado cuerno en espiral. Su copete plateado oculta la cicatriz donde nace y la cabellera de plata cae sobre sus hombros y la espalda. Su cuerpo es de un gris pálido con grandes manchas en los costados. La punta de su cola es de color negro. Durante mucho tiempo creí que algún cirujano había cometido un error o le había jugado una broma pesada, pero eventualmente comprendí porqué estaba hecha de esa manera, cuando desde lejos la observé crispar como un gato su larga cola de punta negra. Mi cuerpo carece de esa originalidad artística. Odio como soy casi tanto como amo todo en Elfleda.


Vonda N. McIntyre (Estados Unidos, 1948)
 
* Elfleda es un relato futurista en el que los protagonistas han sido creados por la ingeniería genética, como es el caso del unicornio que da su nombre al texto.

martes, 26 de enero de 2016

Unicornios: LA GUERRA DEL UNICORNIO, de Angelina Muñiz-Huberman

"... vieron al Unicornio en el claro del bosque, camino a la Montaña de Nieve."
 
(Fragmentos)

Fue entonces cuando lo vieron. Ahí estaba, tras de las buenas llamas de la hoguera: acostado con sus patas delanteras dobladas como en rezo también. El largo cuerno blanco, marfil tallado, se retorcía en finas espirales. Supieron que habían entrado en la morada del Unicornio y que éste era un don que deberían agradecer. (Página 55)
 
Fue ahí donde lo vieron por primera vez, Yuçuf y Alor. Sí, Yuçuf y Alor vieron al Unicornio en el claro del bosque, camino a la Montaña de Nieve. Y quedaron fascinados, como dos imanes, como cisnes ante el espejo, como Narciso y el agua. (Página 66)

 
Angelina Muñiz-Huberman (Mexicana de origen español nacida en Francia, 1936)

lunes, 25 de enero de 2016

Unicornios: LA CONDICIÓN HUMANA, de André Malraux


(Fragmento de la Quinta Parte)

El cambio que había comprobado al entrar le inquietó de nuevo. Miró con toda atención, y quedó estupefacto de no haberlo visto antes: una de sus pinturas taoístas «como un ensueño» y sus dos estatuas más bellas habían desaparecido. Encima de la mesa, una carta. Letra de Chpilewski. Lo adivinó. Pero no se atrevió a leer la carta. Chpilewski le había prevenido que Kyo estaba amenazado: si cometía la imprudencia de hablar de él, no podría por menos de contarlo todo. Cogió la carta y se la echó al bolsillo.

En cuanto hubieron salido, encontraron los autos blindados y los camiones llenos de soldados.
 
Clappique casi había recobrado su calma; para ocultar su turbación, a la cual no podía sustraerse aún, se hizo el loco, como de costumbre.

- Quisiera ser encantador y enviar al califa un unicornio (un unicornio le digo) que apareciese del color del sol, en el palacio, gritando: «¡Sabes, califa, que la primera sultana te engaña! ¡Ni una palabra!» ¡Yo mismo, de unicornio, estaría asombroso, con mi nariz! Y, por supuesto, no sería verdad. Diríase que nadie sabe cuán voluptuoso es vivir, con los ojos de un ser, otra vida distinta de la suya. De una mujer, sobre todo...
 
- ¿Qué mujer no está dotada de una falsa vida, por lo menos para cada uno de los hombres que se le han acercado en la calle?
 
 
André Malraux (Francia, 1901-1976)
(Traducido al español por César A. Comet)

domingo, 24 de enero de 2016

Unicornios: ENTRE, de Vladimir Holán

"El pensamiento perdido en los ojos del unicornio..."

Entre la idea y la palabra
hay más de lo que somos capaces de entender.
Hay ideas para las cuales no hay palabras.

El pensamiento perdido en los ojos del unicornio
reaparece de nuevo en la risa del perro.
 
 
Vladimir Holán (República Checa, 1905-1980)
 
(Traducido al español por Clara Janés) 

sábado, 23 de enero de 2016

Unicornios: Y LA MUERTE PERDERÁ SU DOMINIO, de Dylan Thomas


Y la muerte perderá su dominio.
Los muertos desnudos serán un solo muerto.
Con el hombre en el viento y la Luna de occidente;
cuando se descarnen los huesos y desaparezcan los huesos.
Donde hubo codos y pies aparecerán estrellas.
Y aunque se sumerjan en profundas aguas tendrán que resurgir.
Y aunque los amantes se extravíen perdurará el amor.
Y la muerte perderá su dominio.

Y la muerte perderá su dominio.
Bajo los remolinos del mar
aquellos que yazgan largamente no morirán en la tempestad
retorciéndose en el tormento, cuando cedan los tendones
atados a una rueda no podrán destrozarse;
entre sus manos la fe se romperá en dos
y el Unicornio del mal los atravesará.
Y hendidos por todas partes no se desmembrarán.
Y la muerte perderá su dominio.

Y la muerte perderá su dominio.
Nunca más las gaviotas gritarán en sus oídos
o se romperán las olas tumultuosamente en la ribera;
allí donde se abrió una flor nunca más otra flor
ofrecerá su cabeza a los golpes de la lluvia.
Y aún locas o muertas como clavos
atravesarán la margaritas con sus cabezas de señoras;
irrumpiendo sobre el Sol hasta que el Sol se desprenda.
Y la muerte perderá su dominio.



Dylan Thomas (Inglaterra, 1914-1953)

(Traducido al español por Waldo Rojas)

viernes, 22 de enero de 2016

El unicornio de Confucio que inspiró a Borges

el unicornio herido que regresa para marcar su fin...

En el prólogo de Cuentos breves y extraordinarios, sus autores, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, explican:
 
Uno de los muchos agrados que puede suministrar la literatura es el agrado de lo narrativo. Este libro quiere proponer al lector algunos ejemplos del género, ya referentes a sucesos imaginarios, ya a sucesos históricos. Hemos interrogado, para ello, textos de diversas naciones y de diversas épocas, sin omitir las antiguas y generosas fuentes orientales. La anécdota, la parábola y el relato hallan aquí hospitalidad, a condición de ser breves.
 
Entre dichos textos se incluye uno del misionero francés Évariste Régis Huc, quien pasó la mayor parte de su vida viajando por Asia, donde aprendió a hablar el idioma chino, fue escrito en 1850 y lleva por título Vidas paralelas:
 
"Cuando nació Confucio, un unicornio recorrió la comarca. Por la forma y el tamaño parecía un buey. La madre del Maestro ató en el cuerno del animal una cinta. Setenta y siete años después el unicornio reapareció y lo mataron; la cinta estaba rota. Confucio dijo:
 
- El unicornio ha vuelto; han pasado los años; el día de mi muerte está próximo."
 
En su poema El guardián de los libros, que publicó en el volumen Elogio de la sombra, en 1969, Borges escribe en su primera estrofa:
 
Ahí están los jardines, los templos, y la justificación de los templos,
la recta música y las rectas palabras,
los sesenta y cuatro hexagramas,
los ritos que son la única sabiduría
que otorga el Firmamento a los hombres,
el decoro de aquel emperador
cuya serenidad fue reflejada por el mundo, su espejo,
de suerte que los campos daban sus frutos
y los torrentes respetaban sus márgenes,
el unicornio herido que regresa para marcar su fin,
las secretas leyes eternas,
el concierto de orbe;
esas cosas o su memoria están en los libros
que custodio en la torre.

No hay duda que la referencia “el unicornio herido que regresa para marcar su fin”, debió inspirarse en el relato de Huc sobre Confucio.

 
Jules Etienne