Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

sábado, 19 de octubre de 2019

Tu boca: LA CANCIÓN DE LA NOVIA, de Tristan Tzara

"Te he encerrado yo también en la noche del cementerio..."

Amado mío se acerca el desierto
Aparta resoplando la arena ardiente
Siento cómo se aferran las garras de la quemadura
en el gris de la roca del alma

¡Oh! Amado mío, junta tus manos al rezar
escucha cómo zumba el fin en los oídos
espera que se te escurra la sangre del anochecer de tu boca
y los recuerdos te muerdan el cuerpo
los recuerdos con olor íntimo de escondites remotos

En los llantos del atardecer se ha apagado la luz de tu boca
La sombra del bosque sigue vibrando
Hago del corazón sendero para tus dolores, muñeca
Mi corazón con tantas bellas manchas
Con bordes de heridas como los vestidos de las mozas
y arcoíris de ceniza

La flor de los faroles se ha marchitado
Se le ha doblado el tallo en la humedad de la oscuridad
La luna se ha encerrado por encima de las nubes
como el corazón de la abadesa en la antigüedad de un monasterio

Te he encerrado yo también en la noche del cementerio
donde vuelan pájaros de hierro
frágil amor arrancado en silencio de una lápida de una azucena tímida
los árboles son crisantemos de hielo
y tú te has helado en el cielo al lado de una bella oración.


Tristan Tzara: Samuel Rosenstock
(Francés nacido en Rumania, 1896-1963).

viernes, 18 de octubre de 2019

Tu boca: A ESTE LADO DEL PARAÍSO, de F. Scott Fitzgerald

"Por favor no te enamores de mi boca (…) Todo el mundo se enamora de mi boca,"

(Fragmento del libro segundo: La educación de un personaje)

Ella: A la mayoría de la gente le gusta como beso.

Él (Recordando): ¡Dios mío, ya lo creo! Bésame otra vez, Rosalind.

Ella: No; mi curiosidad por lo general queda satisfecha con una vez.

Él (Desanimado): ¿Se trata de otra norma?

Ella: Yo fabrico las normas según vienen al caso.

Él: Tú y yo nos parecemos en algo; excepto en que yo tengo mucha más experiencia.

Ella: ¿Qué edad tienes?

Él: Casi veintitrés años. ¿Y tú?

Ella: Diecinueve justos.

Él: Yo supongo que eres el producto de un colegio elegante.

Ella: No, todavía soy materia bruta. Me expulsaron de Spence, y no recuerdo porqué.

Él: ¿Cuál es tu forma natural de ser?

Ella: Oh, soy brillante, egoísta, emocional -si me emocionan-, me encanta ser admirada...

Él (De repente): No quiero enamorarme de ti...

Ella (Levantando las cejas): Nadie te lo ha pedido.

Él (Con la misma frialdad): Pero lo haré probablemente. Me gusta tu boca.

Ella: ¡Buf! Por favor no te enamores de mi boca; enamórate de mi pelo, de mis ojos. de mis hombros, de mis zapatillas, pero no de mi boca. Todo el mundo se enamora de mi boca.

Él: Es muy, bonita.

Ella: Demasiado pequeña.

Él: No es verdad. Vamos a ver.

(La besa de nuevo con la misma intensidad.)

Ella (Conmovida): Di algo dulce.

Él (Asustado): El cielo me asista.

Ella (Retirándose): No lo hagas... si te es tan duro.

Él: ¿Nos engañamos? ¿Tan pronto?

Ella: Nosotros no tenemos la misma idea del tiempo que las otras personas.

Él: Ya están aquí... las otras personas.

Ella: Vamos a engañarnos.

Él: No, no puedo: mis sentimientos...

Ella: ¿No serás sentimental?

Él: No, soy romántico. Una persona sentimental cree siempre que las cosas han de durar; un romántico espera contra toda esperanza. El sentimiento es emocional.

Ella: Y tú, ¿no lo eres? (Con los ojos casi cerrados.) Probablemente tú te halagas creyendo que es una actitud superior.

Él: Está bien, Rosalind, no discutamos; bésame otra vez.

Ella (Muy fría): No, no tengo el menor deseo de besarte ahora.

Él (Manifiestamente desconcertado): Hace un minuto querías besarme.

Ella: Ahora es ahora.

Él: Será mejor que me vaya.

Ella: Creo que sí.

(Él se va hacia la puerta).


Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940).

jueves, 17 de octubre de 2019

Tu boca: ANTIGUO (del poemario Mediterráneo), de Eugenio Montale

"... como tú cuando arrojas a tus playas entre estrellas de mar, corchos y algas..."
 
Antiguo, estoy embriagado por la voz
que brota de tus bocas cuando se abren
como verdes campanas y se repelen
hacia atrás, disolviéndose.
La casa de mis veranos juveniles
-lo sabes- estaba a tu lado
allá en la tierra donde el sol calcina
y oscurecen el aire los mosquitos.
Hoy como entonces ante ti permanezco
inmóvil, mar, mas no me creo
digno ya de la solemne admonición
de tu aliento. Me dijiste primero
que el pequeño fermento
de mi corazón no era sino un instante
del tuyo, que en el fondo de mí
estaba tu arriesgada ley: ser enorme y diverso
y fijo al mismo tiempo,
para librarme así de toda suciedad,
como tú cuando arrojas a tus playas
entre estrellas de mar, corchos y algas
las inútiles sobras de tu abismo.
 
 
Eugenio Montale (Italia, 1896-1981).
Obtuvo el premio Nobel en 1975.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Tu boca: TRES SOLDADOS, de John Dos Passos

"... con un piano y un millón de hojas de papel pautado."
 
(Fragmento del capítulo III de la segunda parte: El metal frío)
 
- ¿Sabes una cosa? -dijo Andrews, hablando rápidamente y con excitación mientras se apartaba de la frente un mechón de pelo rubio-. Me dejaría matar con gusto por gozar de un año de estancia aquí, con un piano y un millón de hojas de papel pautado. Creo que vale la pena ofrecer la vida por una temporada así.
 
- Este lugar no es para quedarse, sino para volver. Imagínate que regresas de un viaje a las montañas del Tibet, donde estuviste a punto de que te arrancaran el cuero cabelludo o de perecer ahogado y donde pudiste hacerle el amor a la hija de un jefe afgano, una muchacha cuyos labios perfumados con loukoumi dejaron en tu boca un sabor dulcísimo -dijo Henslowe acariciando suavemente su bigotito castaño.
 
- Pero, ¿de qué sirve ver las cosas y sentirlas si uno no sabe expresarlas?
 
- ¿De qué sirve vivir, al fin y al cabo? ¿Qué sacamos de la vida aparte de la diversión, amigo?
 
- Para mí, la única diversión posible es... -empezó a decir Andrews-. ¡Dios! daría todas las alegrías del mundo por componer una sola página de música inspirada. ¿Sabes que hace muchos años no hablaba así con nadie?
 
Los dos miraron silenciosamente al exterior. La niebla era espesa y formaba nubes que parecían de algodón en rama; sólo que la niebla era todavía más suave que el algodón y tenía un tono dorado verdoso.
 
 
John Dos Passos (Estados Unidos, 1896-1970).

lunes, 14 de octubre de 2019

Tu boca: EL CUENTO DEL ALMIRANTE, de Michael Arlen

"... ella te mira como el conejo al armiño. La vida era el armiño de Mañana Cohen."

(Fragmento)

Sabía que estaba equivocado. Lo sabía. De manera que no discutí, pero me mantuve en mi punto. La chica debía salir antes de que tuviera lugar la redada. Si la policía la encontraba allí, la encerrarían en la cárcel -tal vez durante años-. Simplemente no podía permitirlo. La chica estaba apenas comenzando a vivir. Encarcelarla ahora podría arruinar el resto de su vida.

Tarlyon, por supuesto, no necesitaba que lo convenciera, él siempre me seguía. Tarlyon no habría entregado a una chica a la policía por tratar de hervirlo en aceite. Pero tenía razón sobre Mañana Cohen. ¡Dios santo!, vaya que tenía razón. Esa había sido su vida, era su vida, estas calles tristes, estos callejones sucios. Julian Raphael la había encontrado, la deslumbró, la sedujo, la acosó, hasta romperla. ¿Qué oportunidad tuvo ella alguna vez? Era timorata, se podía ver. Una joven tímida. No importa que tan amable le hayas hablado, ella te mira como un conejo al armiño. La vida era el armiño de Mañana Cohen. ¿Quién sabe cuánto habrá sufrido en su corta vida, qué infierno? Tal vez ella había amado a Julian Raphael, tal vez ella lo amaba ahora. Eso no estaba en su contra. Los santos aman a los sinvergüenzas. Es la única manera en la que puedes reconocer a un santo, casi siempre. Algunas de las mujeres más lindas que tú y yo conocemos, Hilary, se han divorciado, por el amor de algún canalla. Bueno, si Mañana amaba a Raphael sería suficiente castigo tener que visitarlo en prisión por una larga temporada. Uno podía fácilmente encontrarle trabajo en el escenario, con su aspecto y esa figura. Dios mío, la forma en que esa chica te miraba cuando apenas abrías tu boca, sus ojos negros temblaban como si le doliera el corazón.
 

Michael Arlen: Dikran Kouyomdijan
(Británico de origen armenio nacido en Bulgaria y fallecido en Estados Unidos, 1895-1956).

domingo, 13 de octubre de 2019

Tu boca: PRIMERAMENTE, de Paul Éluard

"... Y es por tu boca, detrás del vaho de nuestros besos..."
 
XXVII

Los cuervos aletean por los campos
La noche se apaga
Para una cabeza que se despierta
Los blancos cabellos el último sueño
Las manos se hacen luz de su sangre
De sus caricias
Una estrella llamada azul
Y cuya forma es terrestre
Enloquecida por los aullidos
Enloquecida por los sueños
Enloquecida por los capelos del ciclón fraterno
Infancia enloquecida por los fuertes vientos
Cómo harías la hermosa la coqueta
No se reirá más
La ignorancia la indiferencia
No revelarán su secreto
Tú no sabes saludar a tiempo
Ni compararte con las maravillas
Pero me oyes
Tu boca comparte mi amor
Y es por tu boca
Detrás del vaho de nuestros besos
Por donde estamos unidos.
 
 
Paul Éluard (Francia, 1895-1952).

sábado, 12 de octubre de 2019

Tu boca: EL VELLOCINO DE ORO, de Robert Graves

"¡Bésame otra vez, Jasón, bésame! Sólo en tu boca puedo hallar el valor necesario..." 

(Fragmento)

-  Ahí está la cama en la que has de tumbarte. Las mantas te taparán. ¡No dejes que se te vea la espada! Podría ser que trajera consigo una lámpara.

Jasón respondió con una sonrisa:

- Melas me ha dicho que se tragó tu historia con la misma avidez con que Butes se tragó la miel venenosa.

Medea suspiró y se mordió la uña del pulgar.

- Debimos abandonar al colmenero a su suerte –dijo–. Su avidez nos ha llevado a cometer crimen tras crimen.

- Somos inocentes en cuanto a la sangre derramada –dijo Jasón apresuradamente–. No te muestres débil, hermosa mía, porque sólo unos corazones implacables conseguirán que el vellocino vuelva nuevamente a Grecia. ¿Acaso no deseas regresar con nosotros? Tu camino de regreso a Cólquide aún está abierto. Si decides volver, sea por piedad o por temor, yo no me pondré en tu camino, por muy amarga que me sea tu pérdida. Pero hay algo de lo que estoy convencido: tengo que retener a toda costa el vellocino.

- ¡El vellocino, siempre el vellocino! –exclamó Medea–. Podría odiarte como odio a las Furias si no te amara de este modo insufrible. No, no, te seguiré hasta el fin del mundo, y ni la sangre de mi padre ni la de mi hermano correrá entre los dos para impedir nuestro matrimonio. ¡Bésame otra vez, Jasón, bésame! Sólo en tu boca puedo hallar el valor necesario para la ineludible acción que tengo ante mí.

Él la besó una y otra vez, aspirando ansiosamente el aromático perfume de su cabello y de su cuerpo. Medea cerró los ojos y gimió de placer como un perrito.

Luego Jasón se separó de ella, y, tumbándose sobre la cama, se cubrió con las man- tas. Allí, solo, con la espada al alcance de la mano, aguardó la entrada de Apsirto.


Robert Graves (Inglés fallecido en España, 1895-1985).

La ilustración corresponde a Jasón jurando amor eterno a Medea, de Jean Francois Detroy.

viernes, 11 de octubre de 2019

Tu boca: VIEJA ROMANZA, de León de Greiff

"Perfume de tu tórrida cabellera nocturna! Y tu boca! ( En tu boca naufragó mi albedrío)..."

 
Oh gracia de tu rítmico cuerpo gozado un día!
Oh misterio inasible de tus ojos sedeños!
(Me persiguió tu hechizo por ilusos y lueños
países encantados que holló mi fantasía...)

Oh gracia de tu cuerpo que ritmó la alegría
para danzar la Danza Única de mis Sueños!
(Cuando adivino la dura negación de tus ceños
me refugié en las nébulas de la Melancolía...)

Perfume de tu cuerpo, que lo sexual integra!
Perfume de tu tórrida cabellera nocturna!
Y tu boca! ( En tu boca naufragó mi albedrío)

No perfuma tu boca mi inútil noche negra!
(Tal vez con ella tope mi boca taciturna
en algún ilusorio lunario señorío...)
 
 
León de Greiff (Colombia, 1895-1976).

jueves, 10 de octubre de 2019

Tu boca: LIRIO Y SERPIENTE, de Nikos Kazantzakis

 "Sé qué quieres decir cuando entreabres Tu boca..."

10 de octubre
 
Se rindieron las líneas de Tu cuerpo a mis caricias y Tus labios se secaron succionados por los míos. Te echaste sobre mí y profané todos los secretos y los escalofríos y las ondulaciones de Tus carnes. Sellé con el beso de mi deseo todos los nidos de Tu cuerpo. Y el hastío crece, crece a la par que el amor.
 
Te he analizado toda al microscopio de mi alma perversa. Sé lo que dicen Tus ojos tras sus largas pestañas y lo que dice la opresión de Tu mano y lo que grita Tu silencio en la penumbra. Sé, cuando arqueas Tu cuerpo, de qué forma se aprietan y se arrugan Tus carnes y cuántos hoyitos se forman en Tus pechos y cómo de Ti sale caliente y profundo Tu aliento. Todo, lo sé todo. Tu cuerpo cae sobre la cama con la palidez de los lirios y con la gracia de los nenúfares. Y Tus labios se aprietan y atardecen blancos los bulbos de Tus ojos. Y Tu brazo derecho, rendido y blanco, se enreda en mi cuello. Sé qué quieres decir cuando entreabres Tu boca y sé qué ves cuando cierras tus ojos y qué piensas cuando tímidamente se van sonrosando Tus mejillas.
 
Por Tu andar cuando llegas y la temperatura de Tu mano al saludar, sé cuántos besos has de darme y qué palabras me vas a decir. Te he analizado toda, ¡oh, infeliz!, al microscopio de mi alma perversa... Y he aquí, he aquí como crece el hastío a la par que el amor.
 
Nikos Kazantzakis (Griego fallecido en Alemania, 1883-1957).

(Traducido al español por Pedro Olalla).

martes, 8 de octubre de 2019

Tu boca: ORIENTAL, de E. E. Cummings

"... tu boca es un acorde de música carmesí..."

I

te hablé
con una sonrisa y no
respondiste
tu boca es
un acorde de música carmesí
Acércate
tu, ¿no es la vida una sonrisa?

te hablé con
una canción y
no escuchaste
tus ojos son como un ánfora
de divino silencio
Ven acá
tú, ¿acaso no es la vida una canción?

te hablé
con un alma y
no te preguntaste
tu cara pareciera un sueño cerrado
en una fragancia pálida
Acércate
tú, ¿no es el amor la vida?

te hablo
con una espada
y te quedas en silencio
tus pechos como tumbas
más suaves que flores
Ven acá
tú, ¿acaso no es muerte el amor?
 
 
E. E. Cummings: Edward Estlin Cummings
(Estados Unidos, 1894-1962).

lunes, 7 de octubre de 2019

Tu boca: CONTRAPUNTO, de Aldous Huxley

"... mientras él prende fuego a los periódicos sobre ella y le deja caer las cenizas calientes sobre el cuerpo."

(Fragmento del capítulo XXV)

Quai Voltaire.
  
Sufro de un catarro y de un intenso aburrimiento, sólo momentáneamente aliviado por tu carta. En el fondo, París es terriblemente triste. Tengo unas ganas locas de tomar un avión que me lleve a algún otro lado, pero no sé adónde. Eileen vino a verme hoy. Quiere separarse de Tim, porque se empeña en que permanezca desnuda sobre la cama mientras él prende fuego a los periódicos sobre ella y le deja caer las cenizas calientes sobre el cuerpo. ¡Pobre Tim! Parece injusto privarlo de sus placeres inocentes. Pero Eileen tiene pánico a que la asen a la parrilla... Se tornó furiosa contra mí por echarme a reír y no darle muestras de mayor simpatía. Yo lo he tomado todo a broma. Como lo es. Una broma muy floja, sin embargo. Porque, como le ocurría a la Reina, no nos hace ninguna gracia. ¡Cómo te odio por no estar aquí para distraerme! Todo se puede perdonar, salvo la ausencia. Imperdonable Walter ausente, adiós. Tengo envidia de ti esta noche, de tus manos y de tu boca... ¿Y tú? ¿Lo recuerdas?
 L.

Aldous Huxley (Inglaterra, 1894-1963).

domingo, 6 de octubre de 2019

Tu boca; CENICIENTO, de Florbela Espanca

"¡... me recuerdan el humo leve de mis sueños, la niebla de las nostalgias que dejaste!"
 
Polvareda de crepúsculos cenicientos.
Lindos, viejos bordados en pedazos,
sujetan mis cabellos y mis brazos,
como blancos fantasmas soñolientos.

Lúgubres monjes a paso lento
despacio, en misteriosos pasos...
Se extingue la luz en lánguidos cansancios...
¡Y surge mi cruz de desalientos!

¡Polvareda de crepúsculos tristes
me recuerdan el humo leve de mis sueños
la niebla de las nostalgias que dejaste!

La hora en que tu mirada me deslumbró...
La hora en que tu boca me besó...
La hora en que en humo y niebla te extinguiste...
 
 
Florbela Espanca (Portugal, 1894-1930).

viernes, 4 de octubre de 2019

Tu boca: VASO, de Vicente Huidobro

"El planeta vacío que dormía en la copa está en mi garganta...".

La puerta
                    abierta hacia la noche,
y el pájaro sonámbulo en los bosques
Bebe
                        Esas auroras rojas.
      Los dioses blancos de tu boca
      ahogándose en el vaso.
Aquel mar es tan profundo
Que temblaban los barcos.
                                                   Sigamos.
 Mis ojos entre el humo
Y a la orilla del mundo
Tu mano
                  tendida a los naufragios.
                       Ahora nadie canta
El planeta vacío que dormía en la copa
Está en mi garganta.
                                           Pequeño ruiseñor
POR QUÉ MURIÓ
He buscado en tu cuerpo la canción
Alguien lleva un tesoro entre las manos
                 ES UN ASTRO APAGADO
                                        Ó
                UNA ROSA MADURA
Tantas plumas
                              Tantas plumas
Y mi pecho desierto
                                         Ayer henchido de versos


Vicente Huidobro (Chile, 1893-1948).

martes, 1 de octubre de 2019

Tu boca y Otoño: NARCISO Y GOLDMUNDO, de Hermann Hesse

"... de los árboles se desprendían incesantemente hojas amarillas que quedaban flotando en el aire."

(Fragmento del capítulo XV)

- ¿Por qué me sigues? -le preguntó la dama-. ¿Qué deseas de mí?

- Ah -profirió él-, más quisiera dar que recibir. Quisiera ofrecerme a ti como presente, hermosa mujer; haz de mí lo que te plazca.

- Bien; veré lo que se puede hacer contigo. Mas si has creído que podías tomar aquí afuera, sin peligro, una flor, te has engañado de medio a medio. Sólo puedo amar a hombres que sean capaces de arriesgar su vida llegado el caso.

- No tienes más que mandarme. Lentamente, ella se quitó del cuello una fina cadena de oro y se la entregó.

- ¿Cómo te llamas?

- Goldmundo.

- Perfectamente, Goldmundo, "boca de oro"; he de gustar tu boca para comprobar si es, en verdad, de oro. Atiende. Al anochecer, te presentarás en el palacio y, enseñando esta cadena, dirás haberla encontrado. No la darás a nadie porque quiero recobrarla de tus manos. Irás tal como estás ahora, aunque te tomen por mendigo. Si alguno de la servidumbre te trata con grosería no te alterarás. Conviene que sepas que en el palacio sólo cuento con dos personas de confianza: el palafrenero Máximo y mi doncella Berta. Procurarás ver a alguno de los dos y le dirás que te conduzca a mi presencia. Con los demás del castillo, incluido el conde, procede con cautela, son enemigos. Quedas advertido. Puede costarte la vida.

Le tendió la mano y él se la tomó sonriendo, la besó con dulzura y la rozó levemente con su mejilla. Luego se guardó la cadena y partió cuesta abajo, hacia el río y la ciudad. Las colinas de viñedos estaban ya peladas, de los árboles se desprendían incesantemente hojas amarillas que quedaban flotando en el aire. Al mirar, desde lo alto, la ciudad y encontrarla tan amable y cordial, Goldmundo sonrió meneando la cabeza. Pocos días antes estaba muy triste, triste también porque hasta la miseria y el sufrimiento fuesen pasajeros. Y ahora habían ya pasado realmente, habían caído como el dorado follaje de la rama. Le parecía que jamás había irradiado el amor sobre él como a través de aquella mujer cuya erguida figura y rubia y sonriente vitalidad le recordaba la imagen de su madre tal como la llevara en el corazón en los tiempos que estudiaba en el convento. Anteayer mismo hubiese estimado increíble que el mundo pudiera volver a sonreírle tan gozoso y sentir otra vez en la sangre el torrente de la vida, la alegría, la juventud, tan pleno e impetuoso. ¡Qué suerte que aún estuviese vivo, que en aquellos meses terribles la muerte lo hubiese respetado!


Hermann Hesse (Alemania, 1877-1962).
Obtuvo el premio Nobel en 1946.