Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Tu boca: CARINA o la joven loca por su alma, de Fernand Crommelynck

"Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón."

(Fragmento de un diálogo entre Federico y Carina)

(Baja la mirada, pero él pone la cabeza de ella contra su hombro y prosigue, con más ternura). Tú tienes veinte años. ¿De qué nostalgias de garras y de terciopelo te sientes atravesada, si te vuelve de entre los años la frescura de tu primer beso? Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón. ¿Te hablaré del inocente amor que está contenido en una frágil forma humana, en un rostro pequeño, en el círculo de un ojo. En toda una región, con sus montañas, sus desfiladeros de sombras y rumores, sus aldeas y villorrios, en un continente y en el universo sin contornos, del inocente amor que quiere ver una mirada tierna, ilimitada como el azul, bañando los cabos, ciñendo las islas, ahogando a las constelaciones? De suerte que felicidades o infelicidades no tienen ya sino un solo o mismo nombre: Arturo, si tú quieres, o España, o Milán... y que, en mi recuerdo, semejantes a estatuas, mis amantes con nombres de ciudades lleven en ofrenda o sobre su mano tendida, en una un campanario fino, la otra un barco ornado. O que entre las ciudades con nombres de mujer, ésta, maquillada, empolvada, eleve su brisa carnal, mientras que aquélla, lánguida bajo la cortina negra y oro, aviente mi corazón de sus pesados párpados.


Fernand Crommelynck (Dramaturgo belga nacido y muerto en Francia, 1886-1970).
La ilustración corresponde a la puesta en escena de la obra dirigida por Michaël Delaunoy, con Charlotte Villalonga como Carina y Damien De Dobbeleer.

Tu boca: EL INTRUSO, de Delmira Agustini

"... y tiemblo si tu mano toca la cerradura..."

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.
 
Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura;
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.
 
¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;
y si duermes, duermo como un perro a tus plantas!
¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;
 
y tiemblo si tu mano toca la cerradura;
y bendigo la noche sollozante y oscura
que floreció en mi vida tu boca tempranera.
 
 
       Delmira Agustini (Uruguay, 1886-1914).

Tu boca: MADRIGAL DE VERANO, de Federico García Lorca


Junta tu roja boca con la mía,
¡oh Estrella la gitana!
Bajo el oro solar del mediodía
morderá la manzana.

En el verde olivar de la colina
hay una torre mora,
del color de tu carne campesina
que sabe a miel y aurora.

Me ofreces en tu cuerpo requemado
el divino alimento
que da flores al cauce sosegado
y luceros al viento.

¿Cómo a mí te entregaste, luz morena?
¿Por qué me diste llenos
de amor tu sexo de azucena
y el rumor de tus senos?

¿No fue por mi figura entristecida?
(¡Oh mis torpes andares!)
¿Te dio lástima acaso de mi vida,
marchita de cantares?

¿Cómo no has preferido a mis lamentos
los muslos sudorosos
de un San Cristóbal campesino, lentos
en el amor y hermosos?


Danaide del placer eres conmigo.
Femenino Silvano.
Huelen tus besos como huele el trigo
reseco del verano.

Entúrbiame los ojos con tu canto.
Deja tu cabellera
extendida y solemne como un manto
de sombra en la pradera.

Píntame con tu boca ensangrentada
un cielo del amor,
en un fondo de carne la morada
estrella de dolor.

Mi pegaso andaluz está cautivo
de tus ojos abiertos;
volará desolado y pensativo
cuando los vea muertos.

Y aunque no me quisieras te querría
por tu mirar sombrío,
como quiere la alondra al nuevo día,
sólo por el rocío.

Junta tu roja boca con la mía,
¡oh Estrella la gitana!
Déjame bajo el claro mediodía
consumir la manzana.
 

Federico García Lorca (España, 1898-1936).

martes, 10 de septiembre de 2019

Tu boca: MUNDOS DE CRISTAL, de Eliodoro Puche

"¡Quién deshojará mis canciones enrojecidas sobre las rosas blancas!"

III

Has dejado en la tarde
el cuadro de la dicha…
La rosa del ocaso
ha perdido su vida
al caer en el fondo
verde, de tus pupilas…

Crepúsculo,
entre beso y sonrisa ¡tu boca!...
Y en ella, el alma fugitiva,
tiemble un momento,
herida.

Pone la noche
nuestra carne sonora de caricias…
nuestra carne que sabe
la música infinita
del último silencio
que la pone marchita.

Llueven estrellas
en el espejo de la fuente limpia…
y sobre el césped luminoso,
hay desperezos de la brisa.

¡Quién deshojará mis canciones
enrojecidas
sobre las rosas blancas!

Posa tu mano amiga
en mi deseo muerto
por ver si resucita.
 
 
Eliodoro Puche (España, 1885-1964).

lunes, 9 de septiembre de 2019

Tu boca: MAÑANA, de Marià Manent

 
Has salido del sueño como del mar. Aún húmeda,
a los sueños sonríe tu boca, dulcemente.
Brilla el sol en la hierba, pero tu ves la plata
de la luna, que en el agua duerme-.
 
Una luz de esmeralda casi nubla tus ojos;
perfumes de aquel mar tiene tu fina arcilla;
y una gran perla pálida llevas bajo los bucles,
ondulados como alga tranquila.
 
 
Marià Manent i Cisa (Español, poeta en lengua catalana, 1898-1988).
 
(Traducido del catalán por José Corredor Matheos).

Tu boca: MUJERES ENAMORADAS, de D. H. Lawrence

"Tu boca es tan dura -dijo él con débil reproche. -Y la tuya es tan suave y agradable -dijo ella..."
 
(Fragmento del capítulo 29: Continental)

El rió más mientras besaba su pelo delicado y perfumado.

- ¿Me amas?

- Sí -repuso él riendo.

Ella levantó de repente la boca para ser besada. Sus labios eran tensos, temblorosos y agotadores; los de él, suaves, profundos y delicados. Él esperó unos pocos momentos en el beso. Luego, una sombra de tristeza penetró en su alma.

- Tu boca es tan dura -dijo él con débil reproche.

- Y la tuya es tan suave y agradable -dijo ella alegremente.

- Pero, ¿por qué pones siempre tiesos los labios? -preguntó él pesaroso.

- No te preocupes -dijo ella rápidamente-. Es mi modo.

Ella sabía que él la amaba; estaba segura de él. Pero no podía abandonar cierto control sobre sí misma, no podía tolerar que él la supiese en cuestión. Se daba a sí misma con placer para que él la amase. Sabía que, a pesar de su júbilo, cuando ella se abandonaba, él estaba también un poco entristecido. Ella podía abandonarse a la actividad de él; pero no podía ser ella misma, no se atrevía a adelantarse desnuda a la desnudez de él. Ella se abandonaba a él o bien se apoderaba de él y reunía su júbilo desde él. Y lo disfrutaba plenamente. Pero nunca estaban del todo juntos, en el mismo momento. Uno de los dos quedaba siempre un poco marginado. Sin embargo, estaba alegre de esperanza, gloriosa y libre, llena de vida y libertad. Y estaba inmóvil, suave y paciente por el momento.

 
 D. H. Lawrence: David Herbert Lawrence (Inglaterra, 1885-1930).

domingo, 8 de septiembre de 2019

Tu boca: LA LLUVIA ES TU VESTIDO, de Corrado Govoni


La lluvia es tu vestido.
El fango son tus zapatos.
Tu pañuelo es el viento.
Pero el sol es tu sonrisa y tu boca,
y la noche del heno son tus cabellos.
Pero tu sonrisa y tu cálida piel
son el fuego de la tierra y las estrellas.

(La pioggia è il tuo vestito.
Il fango è le tue scarpe.
La tua pezzuola è il vento.
Ma il sole è il tuo sorriso e la tua bocca
e la notte dei fieni i tuoi capelli.
Ma il tuo sorriso e la tua calda pelle
è il fuoco della terra e delle stelle
.)


 Corrado Govoni (Italia, 1884-1965).
 
(Traducido del italiano por Jules Etienne).

sábado, 7 de septiembre de 2019

Tu boca: LOS HAIDUCS (Bandidos del pueblo), de Panait Istrati

 
(Fragmento del capítulo El refugio en el Valle Negro)
 
- ¡Pobre de mí! ¡Pobre de mí! Esa boca es la fuente misma de la que los viejos dioses retiraron su néctar embriagador. Es una boca creada no para decir las cartas del alfabeto, sino para repartir la vida y la muerte. Seguramente fue sobre esta joven que el sabio embelesado dijo: Mi paloma, en las hendiduras de la roca, en el lugar secreto de la ruta empinada, déjame ver tu forma, y déjame oír tu voz… Sí, tu forma, tu voz y tu boca también -debió haber dicho-. Pero, oh Salomón, ¿de qué sirve tener un corazón pidiendo escuchar y ver estas cosas espléndidas cuando uno se encuentra tan sin forma como una marmota? ¿Y de qué soy culpable si mi corazón, está a mi izquierda, como el de los locos, en lugar de a mi derecha, como dices que debe estar el del sabio? ¡Oh, Señor! Conoces mi locura, y mis pecados no están ocultos de Ti.
 
En este punto, Joakime volvió rápidamente hacia mí y, con palabras que cortó y elaboró de la manera en que suelen hacerlo los nobles, me dijo:
 
- Corimou! ¡Coritzakimou! ¡No me insultes pensando que soy vulgar! Mi locura no es peligrosa y mi pecado son sólo mis palabras. Mi crimen no es nada más… Así que no me prives de ver tu belleza. Ahora, vete con buena salud y vuelve a mí con buena salud. Te enseñaré griego con la fluidez de un erudito y la imparcialidad de un amigo. Y estarás armado con una espada que sólo unas cuantas personas pueden empuñar.
 
Besé al cantor en sus mejillas y le dije:
 
- Joakim, eres el primer hombre que he besado.
 
 
Panait Istrati (Rumania, 1884-1935).

viernes, 6 de septiembre de 2019

Tu boca: AQUELLA VEZ EN EL LAGO, de Evaristo Carriego

"... en la leve ironía de tu boca, yo me quedé pensando en una loca degollación de cisnes en la orilla."

La góndola volvía. Frente a frente
estábamos, en esa inolvidada
vieja tarde de otoño, purpurada
por la sangre del sol en el poniente
.
 
Y porque te mostrabas displicente
a tu mismo abandono abandonada,
se me antojó decir, sin decir nada,
lo que quiero ocultar inútilmente
.
 
Callaste, y como al agitar el rico
blasonado marfil de tu abanico
hubo una muda negación sencilla
 
en la leve ironía de tu boca,
yo me quedé pensando en una loca
degollación de cisnes en la orilla.
 
 
Evaristo Carriego (Argentina, 1883-1912).

jueves, 5 de septiembre de 2019

Tu boca: CARTAS A MILENA, de Franz Kafka

"Me limito a vagar entre líneas, a la luz de tus ojos, en el aliento de tu boca, como en un bello día de felicidad."
 
(Fragmentos)
Martes

No sé qué escribir. Me limito a vagar entre las líneas, a la luz de tus ojos, en el aliento de tu boca, como en un bello día de felicidad. No sé cómo abarcar toda esta dicha en palabras, ojos, manos y este corazón. No sé cómo abarcar la felicidad de tenerte aquí, la alegría de que me pertenezcas. No solo te amo a ti. Es más lo que amo: amo la existencia que tú me otorgas.
 
Lunes por la tarde

Yo te quiero como el mar desea a un diminuto guijarro hundido en sus profundidades. De igual manera te envuelve mi amor. Y ojalá yo sea para ti ese guijarro. Amo al mundo entero y a ese mundo pertenecen también tus hombros y tu rostro sobre mí en el bosque y ese descansar mío sobre tu pecho casi desnudo.
 
Martes

Antes de conocerte creía no poder soportar la vida, no poder soportar a los hombres Y eso me avergonzaba. Pero tú Milena me confirmas ahora que no era la vida lo que me parecía insoportable. Hoy me bastan unas pocas líneas tuyas, dos líneas, una sola palabra. Lo único cierto es que lejos de ti no puedo vivir.

Miércoles

No deseo otra cosa que hundir mi rostro en tu regazo, sentir tu mano sobre mi cabeza y permanecer así hasta la eternidad.
 
 
Franz Kafka (Escritor checo en lengua alemana, 1883-1924).
 
La ilustración corresponde a una fotografía de Milena Jesenská, destinataria de las cartas de Franz Kafka.
(Traducido al español por Nélida Mendilaharzu de Machain).

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Tu boca: COCOTTE, de Guido Gozzano


"Yo sólo amo las rosas que no cogí. Yo sólo amo las cosas que podían ser y no han sido…"
 
(Fragmentos)
 
I
 
Volví a ver el jardín, el jardincito
contiguo, las palmeras del vial,
la verja tosca desde la cual
me extendió el caramelo y la mano…
 
IV
 
Entre alegrías muertas y desengaños,
después de veinte años, hoy se reaviva
tu sonrisa… ¿Mas dónde estás, malvada
Señorita? ¿Estás viva? ¿Cómo engañas
(¡para ti es mejor ya no estar viva!)
el descenso terrible de los años?
 
¡Ay de mí! Desde que ni el colorete
ni el cosmético ya te favorecen
y el último amante de ti se fuera…
Uno, sólo uno: el duende pequeño
Al que diste un beso y un caramelo,
Tras veinte años, ahora te reencuentra
 
en sueños, te ama, en sueños, dice: ¡Te amo!
Desde aquella mañana de infancia pura
Sólo te he amado a ti ¡oh, criatura!
¡Quizá sólo a ti te amé! ¡Y te reclamo!
Si lees estos versos de reclamo
retorna a quien te espera, ¡oh, criatura!
 
Ven, ¿Qué importa si ya no eres aquella
que me besó de niño? Hoy te anhelo,
¡oh vestida de tiempo! ¡Te volveré a hacer bella
como Carlota, como Graciela,
cual todas las mujeres de mi sueño!
 
Mi sueño de abandono está nutrido,
de añoranza. Yo sólo amo las rosas
que no cogí. Yo sólo amo las cosas
que podían ser y no han sido…
Veo la casa, ¡ahí están las rosas
del bello jardín veinte años perdido!
 
Tras los barrrotes tu jardín intacto
entre eucaliptos ligures se ensancha…
¡Ven! Te acogerá el alma saciada.
Haz que yo vuelva a ver tu rostro ajado;
te besaré; florecerá en el acto,
en tu boca la última gracia.
 
 
Guido Gozzano (Italia, 1883-1916).
 
(Traducido al español por José Muñoz Rivas).

martes, 3 de septiembre de 2019

Tu boca: FIN DE VIAJE, de Virginia Woolf

"... de duda entre las expresiones «afectuosamente» y «sinceramente» eligió aquélla y firmó la carta."
 
(Fragmento del capítulo XXII)
 
Acabó la frase que había dejado interrumpida en su carta -una frase torpe y estúpida-, y añadió que los dos se sentían muy dichosos y se casarían, probablemente, en el otoño; se proponían vivir en Londres «donde esperamos encontrarnos y volver a ver a nuestro regreso». Tras unos momentos de duda entre las expresiones «afectuo- samente» y «sinceramente» eligió aquélla y firmó la carta. Se disponía a empezar otra cuando Terence la interrumpió para citarle algunos trozos del libro que estaba leyendo. Se trataba de una novela en la que el protagonista, Hugh, hombre de letras también, no había comprendido exactamente la índole de las relaciones entre hombre y mujer hasta que llega al matrimonio. Al principio, fue feliz con su esposa; pero después de darle ésta un hijo, empieza a distanciarse, a hastiarse de ella, hasta olvidarla por completo. «Eran distintos entre sí. Tal vez en un lejano futuro, cuando generaciones de hombres se hayan combatido y engañado como nos engañamos y combatirnos nosotros, las mujeres lleguen a ser, en lugar de lo que ahora parece constituir la razón de su existencia, no la enemiga y el parásito del hombre, sino su verdadera amiga y compañera».
 
- Al final, Hugh vuelve de nuevo a su mujer. Era su obligación como hombre casado. ¡Señor! -concluyó Terence-, ¿tú crees que podrá sucedemos algo semejante a nosotros
 
Ella, en lugar de responder, preguntó:
 
- ¿Por qué no se escriben las cosas que se sienten? ésa es la dificultad –contestó Terence dejando el. libro.
 
- Bien; entonces, ¿qué crees tú que será de nosotros cuando nos casemos?...
 
- Ven, siéntate en el suelo -le dijo él- y déjame que te miré.
 
Rachel apoyó el mentón sobre las rodillas y se quedó mirándole fijamente. Él la contempló con detenimiento.
 
- No eres hermosa, pero me gustas como eres. Adoro tus cabellos, tus ojos... Tu boca es demasiado grande, y a tus mejillas les falta color. Pero me subyugas de tal modo, que al mirarte es como si me arrebataras el aliento.
 
Se acercó tanto a ella, contemplándola fijamente, que ella retrocedió un poco sus espaldas.
 
- Hay momentos -continuó Terence- en los que, si estuviéramos juntos sobre un acantilado, harías que me arrojase al mar.
 
Hipnotizada por aquel mirarse entrambos fijamente a los ojos, ella repitió: «Si estuviéramos juntos sobre un acantilado...» Ser arrojado al mar, ser llevado de aquí para allá. La idea le sonó extrañamente sugestiva. Se puso en pie de un salto. Se movió por la habitación apartando sillas y mesitas, como si en realidad nadase. Él la miró gozoso. Parecía abrirse camino, saliendo triunfante de los obstáculos que se interponían en su vida.
 
Virginia Woolf (Inglaterra, 1882-1941).

lunes, 2 de septiembre de 2019

Tu boca: ROMANZA DE LAS TRES INTERROGACIONES SENTIMEN- TALES, de Ricardo Rojas

"Iba en la floresta, mi suntuosa amante vestida de fiesta."

II

Ella, la que adoro.
La que en rimas canto
Y al lirio encanto
De mis rimas lloro.
Preguntóme un día
Por qué la quería...

(Era en la floresta
Propicio el instante
para la respuesta:
Iba en la floresta,
Mi suntuosa amante
Vestida de fiesta.)

Y le dije: -Tiene
mi amor peregrino
Todo lo divino
Que de ti le viene.

Y te amo por esa
razón paradójica
De la clara lógica
que el amor profesa:

¡Te amo porque te amo!
Por nada y por todo;
Porque sí... De modo
Que "mía" te llamo,

-Puente de mi abismo
Nimbo de mi gloria-,
Por ejecutoria
de mi pecho mismo...

A veces me inquieta
si tu boca linda,
Tu labio de guinda
Tu ojera violeta;

O si tu fragancia
de aromado nardo
Que en el alma guardo;
O si la elegancia

Con que te consagra
tu chal de etamina
Fina figurina
de un ideal Tanagra,

No serán, en veras,
Mi "por qué" de amores;
Pero en sus dolores
Saben mis quimeras

Que mi alma y la tuya,
Concertando grimas,
Cesan en sus rimas
trovas de aleluya.

(Era en la floresta
Propicio el instante:
La tarde... la amante...
El rumor de la fiesta...)

Ella alzó la frente:
Y ardida en sonrojos,
Dolorosamente
Me miró en los ojos...
 
 
Ricardo Rojas (Argentina, 1882-1957).

domingo, 1 de septiembre de 2019

Tu boca: ULISES, de James Joyce

"Blancas tus manos, roja tu boca y tu cuerpo es delicado."

(Fragmento del episodio tercero: Proteo)

Bésala, tíratela en jerga de pícaros, porque ¡Ay, mi linda gachona amorosa! Blancura satánica bajo sus rancios harapos. En Fumbally's Lane aquella noche: los tufos de la curtiduría.
Blancas tus manos, roja tu boca
y tu cuerpo es delicado.
Ven conmigo a la alcoba.
En la noche besoy abrazo.

Morosa delectación llama el Aquino barrigón a esto, frote porcospino. Adán sin mancha cabalgaba sin brama. Llámale déjale: tu cuerpo es delicado. Lengua ni chispa peor que la suya. Palabras frailunas, chirlería de rosarios marianos en sus cordones: picardías, pepitas que se entrechocan en sus bolsillos.
 
Pasan ahora.
 
Ojeada de soslayo a mi sombrero de Hamlet. ¿Si estuviera repentinamente desnudo aquí tal como estoy sentado? No lo estoy. Por las arenas de todo el mundo, seguida por la espada llameante del sol, hacia el oeste, emigrando a tierras del lubrican.
 
 
James Joyce (Irlanda, 1882-1941).

sábado, 31 de agosto de 2019

Tu boca: FRAGMENTOS DE TRES POEMAS, de Víctor Domingo Silva

"¡Para que luzcan en tu frente flores ha de resucitar la Primavera!"

Acción de gracias
(estrofas iniciales)

A ti, mujer, que me amaste
un minuto de tu Vida,
cuando a mi alero llegaste
como una alondra perdida;
 
y a ti, amable vendedora
de besos, que no quisiste
con tu boca pecadora
beber de mi vino triste;
 
y a ti, musa de mi infancia
que siento en mi alma vibrar
con la dulce resonancia
de una campana escolar;
 
y a ti, hermosa, a quien un día
con muda sorpresa oí
decir una poesía
escrita antaño por mí;
 
El beso
(estrofas finales)
 
Mustio, vencido,
sin voluntad, sin voz, heme a tu lado.
Los años que he vivido
son como abismos por donde he rodado,
¡Necesito de tí! Calor de nido,
paz de virtud es lo que tienes, y eso
lo que mi corazón desconsolado
busca en tu boca: ¡olvido!
 
¡Un beso! Cede al ímpetu inconfeso
de la pasión... ¡Un beso! Yo lo pido,
a tu ternura.... ¡un beso!
¡Un beso! Dame un beso.
Vuelca tu corazón, déjalo impreso
sobre mi boca torva y recogida,
¡Dame tu corazón! Dámelo, y dame
con él tu amor; y con tu amor, la vida...
 
Que se derrame
tu juventud sobre mi frente, en flores;
que de tu boca fluya
tu juventud sobre mi angustia... y luego
de la suprema confesión «¡soy tuya!»
váyanse consumiendo mis dolores
como en una vorágine de fuego...
 
¡Un beso! ¡Dame un beso!
Gesto de gloria en actitud de gracia;
signo que sella el íntimo embeleso
de dos almas; hoguera
que va alumbrando nuestros pasos, hacia
la eternidad de amor que nos espera…
 
La última serenata
(fragmento)
 
iQué bien así! Los éxtasis, el ansia,
las eclosiones bruscas del delirio...
¡Qué bien así se cimbra tu elegancia!
|Qué bien así para esparcir fragancia
abre tu boca su botón de lirio!
 
¡Ven! Porque no nos turben sus dolores,
ya le dije al Invierno que se fuera...
¡Ven! Acércate. Bésame. No llores...
¡Para que luzcan en tu frente flores
ha de resucitar la Primavera!
 
 
Víctor Domingo Silva (Chile, 1882-1960).