Cuando el pintor francés Paul Émile Chabas por fin terminó un ingenuo desnudo que tituló Mañana de septiembre (Matinée de Septembre) en 1912, luego de tres veranos de trabajar en él, lo presentó en el Salón de París y recibió una medalla sin que su obra tuviera mayor repercusión. Fue hasta el año siguiente que Carter Harrison Jr., por entonces alcalde de Chicago, se topó con una reproducción del mismo en una galería de arte y procedió a demandar al dueño por indecencia. Por supuesto que el juicio no prosperó, ni siquiera en la puritana Norteamérica, pero el cuadro recibió una inmerecida notoriedad.
Aquí es donde aparece el legendario personaje Harry Reichenbach, quien según se narra en el libro biográfico Fantasma de la fama, de David Freedman, al verlo en el aparador de una tienda especializada en la venta de litografías en Nueva York, le propuso al dueño un trato peculiar: le garantizó que se venderían las dos mil copias que tenía en bodega a cambio de una comisión, luego procedió a denunciar el cuadro por su evidente inmoralidad con Anthony Comstock, quien encabezaba la organiza- ción denominada Sociedad contra el vicio, y el mismo día en que lo llevó para mostrarle la imagen en cuestión, contrató a un par de jóvenes para que permanecie- ran frente al aparador mirando con lascivia la reproducción al momento en que el sujeto en cuestión llegara. Como era predecible, un iracundo Comstock procedió a demandar al negocio. Además de que perdió el caso ante la corte, el escándalo atrajo la atención pública de manera que se agotaron sus existencias. Reichenbach se acreditó su comisión y el original del cuadro terminaría siendo exhibido en el Museo Metropolitano de Arte en el mismo Nueva York, como un ejemplo notable del arte kitsch.
Jules Etienne
La ilustración corresponde a Mañana de septiembre (Matinée de Septembre, 1912), de Paul Émile Chabas.

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